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 Invaders

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Aengus Kean

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MensajeTema: Invaders   Dom Ene 16, 2011 9:11 pm

El arroyo de la Luna, la pequeña comarca de Vo Astur. La agricultura, ganadería y la minería sustentan la economía. Una pequeña muralla de madera rodea la aldea protegiéndola de que entren los animales salvajes. Solo una única entrada permite el paso al pueblo, de esta forma los habitantes tienen controlados a los viajeros que entran y que salen.

Dentro de la aldea existen pocos lugares significativos: La capilla donde los fieles se reúnen a adorar a su dios, la herrería que trabaja las materias primas que traen los mineros para ayudar al pueblo a crecer en tecnología y las materias sobrantes las exportan para ganarse unas coronas, el mercado donde cada uno intercambia los bienes para su beneficio. Sin embargo, el lugar más transitado por los aldeanos y los viajeros es la posada “El cochino borracho”. Sin más importancia, las casas agrupadas todas en la misma zona como un gran vecindario.
El interior del “Cochino borracho” era la apariencia de una simple taberna. La barra donde estaban los bienes alimenticios y alcohólicos. Mesas y sillas, agrupadas de 6 en seis, por toda la habitación. Había grandes cantidades de ellas, pues los logros de la villa, lo celebraban allí. En la segunda planta, estaban las habitaciones para los viajeros que llegaban, buscando alojamiento.

Nadie gobernaba, tal era la paz y el tiempo que llevaban juntos que nadie deseaba el mal, solo buscaban como mejorar y desarrollarse como pueblo. Si alguien necesitaba algo, lo intercambiaba y si no tenía nada que poder dar a cambio, trabaja en la mina o en cualquier otro lugar del que todos pudieran sacar beneficio. Las decisiones importantes las dejaban para los más ancianos y expertos ciudadanos, consideraban el paso de los años como una gran sabiduría que los dioses les otorgaban.

La felicidad no es eterna, y los rumores comenzaron a llegar. Vo Wacune quería aprovecharse de ellos y rivalizarlos contra la otra potencia de Arendia. Vo Mimbre también buscaba lo mismo. Ambos querían llevar la corrupción y el ansia de poder a la pequeña comarca, oprimiéndolos bajo sus estandartes y estableciendo allí un pequeño puesto militar avanzar. No había pruebas que pudiera corroborar todos los rumores, así que ante la amenaza, los aldeanos preferían andarse con cautela, siguiendo con su humilde vida pero dispuestos a defender su libertad.

Primer día:

Con el cantico del gallo, los aldeanos se levantaban para trabajar. Los hombres se iban al trabajo despidiéndose de su familia en el desayuno. Las mujeres hacían las tareas del hogar y los niños correteaban por las calles de la aldea, los más curiosos hacían preguntas a los ancianos que se sentaban en la plaza céntrica del pueblo.
Con el avance del día, la actividad se paraba durante una hora y media, y todos acudían a la capilla a rezar por su dios. Nunca faltaba nadie, salvo por enfermedades, y ese día todos pedían que mejorara para que pudiera estar entre ellos. Los rezos comenzaron y el minero Wicket no apareció. Algo importante debía de haber descubierto en la mina para fallar a la cita diaria, pero el resto de los mineros estaban allí. Su familia se preocupó esperando que volviera a casa en la noche. Los mineros fueron a buscarlo a la mina, sin éxito…

Tercer día:

Ni rastro del minero Wicket por ningún lado. Llevaba dos días desaparecido y parecía que hubiera sido devorado por la tierra. No había rastro de su cuerpo, ni de su pico. Tampoco señales de forcejo, ni huellas que indicaran nada del sujeto. Pero no iba a ser la única tragedia de lugar en la misma semana. Las ovejas entraron solas por la puerta de la ciudad. Su color blanco e inmaculado había desaparecido, ahora el rebaño estaba teñido de rojo. Los habitantes que vieron llegar a las ovejas, se acercaron a ver quien les había hecho esa atrocidad, sin encontrar ninguna prueba concluyente. Su ganadero no estaba entre ellas. Tres hombres salieron a buscarlo, y lo hallaron en las inmediaciones de del bosque, muerto. Su cuerpo estaba atravesado por una lanza, y clavado en el suelo como fuera un espantapájaros, completamente empalado. Su cabeza cercenada, descansaba debajo de sus pies. Su sangre estaba esparcida por todo el lugar, y con ella habían manchado la piel de las ovejas. Nuevamente, no había rastro de quien había podido ser…

Quinto día:

Ocultar la terrible muerte del ganadero era imposible, pero si ocultar la terrible desgracia de su cuerpo. Wicket tampoco había aparecido y todos se temían lo peor. La incertidumbre y el miedo vagaban por todo El Arroyo de la Luna. La gente deseaba que no ocurrieran más incidentes, y que todo volviera a la normalidad. Los ancianos debatían entre ellos, intentando hallar el motivo de tales actos. Pero fuera quien fuera el autor de las desdichas, se había molestado en no dejarse descubrir….


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Nikolay

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MensajeTema: Re: Invaders   Lun Ene 17, 2011 5:42 am

Hacía poco que había iniciado su viaje por el mundo para divulgar sus conocimientos y su credo por Neeshraush, la diosa de la Luz y el Sol y ya sentía espanto por las cosas que escuchaba. Es verdad que pasó prácticamente toda su vida en el claustro, en el Templo de su Orden, formándose para hacer un mundo mejor, pero no recordaba que el “exterior” fuera así…

No muy lejos de su lugar de origen, el gran hombre Nikolay conseguiría la ayuda de unos buenos campesinos que lo llevarían en su carreta hasta el siguiente pueblo. Caminando y cargando con su pesada armadura y su inmensa maza de guerra era un viaje de casi un día, pero andando sobre un transporte tirado por dos caballos sería prácticamente la mitad. Además podría aprovechar el tiempo para conversar, leer y contemplar la naturaleza. Sería entonces que, mientras leía unas poesías de su inmenso libro, los campesinos sacarían tema de conversación.

- ¿Así que es un caballero? –preguntaría uno de ellos.

- Exactamente mi buen señor. Fui instruido en la Orden de los Caballeros de la Luz –respondería calmado con su voz poderosa.

- Nunca escuché de ese grupo… -comentaría con un tono de voz extraño, siendo imposible diferenciar si estaba sorprendido o aburrido por lo que escuchaba.

- La Orden mantenía a sus miembros en el Templo, por eso no escuchó sobre nosotros.

- ¿Y por qué ha salido?

A ello Nikolay no respondería instantáneamente. Decir que su Orden se había prácticamente extinto le daría mala fama a él y a su credo. Debía ocultar esa parte de la historia para otro momento…

- Tengo una misión que cumplir: Erradicar la maldad y formar nuevos caballeros –respondería finalmente, con valor y fuerza en su voz. Sin embargo los campesinos escucharían sin emitir opiniones. Habían visto ya a numerosos “guerreros” en sus viajes como mercaderes y uno más no haría la diferencia.

- Sabe algo, buen caballero, he escuchado que no muy lejos de aquí, en un pueblo cercano llamado El Arroyo de la Luna han desaparecido dos hombres. Uno parece que lo encontraron muerto, pero del otro no se sabe nada.

Y el corazón de Nikoay se aceleraría. Inspiraría profundo mientras de manera casi inconsciente se liberaba por todo su cuerpo la energía vital que lo caracterizaba. Sus ojos comenzaron a brillar con una luz celeste eléctrico y, si hubiera tenido su mazo o su armadura puesta estos elementos también habrían brillado.

- Pero qué lamentable. Aquél mal que trae desgracias a ese pueblo debe ser juzgado y eliminado para que la paz florezca. Por favor, señores, dejadme lo más cerca posible de aquél lugar para poder así yo ir.

Afortunadamente para el honorable caballero, el camino hacia dicho pueblo estaba cerca de donde se encontraban para ese momento, por lo que bajando del carruaje y despidiéndose de los campesinos, caminó a paso acelerado hacia el lugar. Con unos pantalones negros amplios, sus botas de la armadura que eran grandes con placas de metal y pesadas, una camisa blanca, una clase de chaqueta o túnica azul, su capa de color azul oscuro, una gran bolsa en la que estaba su armadura, el martillo atado a la espalda y el libro colgando del lado derecho del cuerpo, así llegaría el inmenso guerrero a El Arroyo de la Luna. La gente lo miraba extrañado, pues no solo era un hombre de gran talla que cargaba numerosas cosas, sino que también tenía esa aura, una sensación de nobleza y fuerza que muy pocos hombres logran emitir. Era como si su simple presencia fuera imponente pero a la vez pacífica.

Una vez en el pueblo, aprovecharía la tarde para buscar un lugar donde dormir, lo que encontraría en la taberna “El Cochino Borracho”, para limpiar su armadura, para colocársela y así, con todo, mazo, capa y libro colocado, volvería a dar vueltas por el poblado para intentar buscar información. Y si antes lo miraban raro, ahora era el doble: con su armadura azul y dorada, parecía aún más grande que antes, y con su martillo de guerra cargado sobre el hombro derecho su presencia era poderosa. Sin embargo, por más que preguntaba y preguntaba, la gente no sabía qué decir, por lo que al anochecer, ya cansado de tanto viaje y caminata, regresaría a la taberna para descansar y estudiar la situación.

Se sentaría en un rincón, aún con la armadura puesta, a leer de su gran libro mientras bebía algo de cerveza. Era gracioso pues, con tantas gemas y runas en su coraza, al leer los conocimientos arcanos su magia circulaba por su cuerpo y hacía brillar las piedras preciosas y los grabados, ahuyentando así a los curiosos y permitiéndole concentrarse en su labor.
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Goratharn

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MensajeTema: Re: Invaders   Lun Ene 17, 2011 9:25 pm

El joven y errante Góratharn salia por primera vez de la torre de hechicería y de la tutela de su maestro. Siguiendo su consejo, partió para buscar aventuras y experiencias y obtener ese toque de maduración que le faltaba.
- Recuerda hijo, un mago no es nada hasta que no ha experimentado por si mismo cientos de cosas. Yo te puedo dar mi conocimientos sobre teoría, pero la practica, y ese “algo” especial de la magia deberás obtenerlos por ti mismo. Sal, vive tu pequeña vida, relacionate y vive grandes aventuras. Pero recuerda, aquí siempre tendrás un hogar – le diría el anciano brujo antes de mandarlo a vagar por el mundo para que aprendiera lo que no puede ser enseñado. Estaba deseoso de poner todo su potencial a prueba. No solo su magia, si no su intelecto, capacidades físicas e intuición también. Aquellos cinco años de estudios le habían enseñado hasta que punto puede ser importante un buen instinto junto con una bien desarrollada lógica. Quisieron los dioses darle esa oportunidad pronto, y lo guiaron poco a poco al misterio que tanto quería y pedía.
Su primera parada fue, precisamente, en “El arroyo de la Luna”, una pequeña villa en la comarca de Vo Astur. Ya muy entrada la noche, el joven proyecto de clérigo divisó a lo lejos las luces del pequeño pueblo. Aunque algo cansado debido al tiempo que llevaba andando, comenzó a andar mas ligero hacia allí, animado por alguna razón ajena a a él. En su cabeza se formo la idea de tomar su primera cerveza, pero estaba claro que también necesitaría una cama. Debían de ser sobre las 11, y esa mañana se había despertado pronto para prepararse para su gran viaje, a las seis.

Llego a la posada mas visitada del pueblo ya muy entrada la noche. Aquella era una noche, tranquila en cierto modo, pero había algo en ella. Soplaba una brisa suave y cálida, había un cielo despejado y se podía ver las brillantes estrellas sin problemas y la plateada luz de Deóir lo bañaba todo a su alcance. Pero algo en el interior de Góratharn no estaba tranquilo. Su instinto era muy bueno prediciendo esos “algos”, pero era una persona demasiado lógica, y a pesar de que comprendía la importancia de una intuición, rara vez hacia caso a las que él mismo sentía Esta vez no fue una excepción, y tranquilo tras quitarle peso, entró en la posada.
En la posada había bastante gente, pero entre todo el tumulto podías fácilmente decir quién era de pueblo y quien estaba de paso. Un pequeño grupo de aldeanos estaba charlando animadamente en una larga mesa formada por otras dos más pequeñas. Góratharn no pudo evitar fijar un rato su mirada en un hombre de bastante edad sentado en una esquina que portaba un extraña armadura dorada con símbolos que, a simple vista, parecían rúnicos, pero no podía decirlo seguro. Tras un rato en el que se quedo como en blanco, aun extrañado por el atuendo del hombre del rincón, se acercó a la barra, pidió una habitación, una cerveza, y ya que estaba en ello y no había comido desde la una o las dos, pidió también un muslo de pollo. El tabernero le dijo que esperara en una mesa a que estuviera preparada la cena que había pedido, le dio la cerveza y le dijo el precio del conjunto. De uno de los bolsillos de su cinturón multiusos, Góratharn saco las coronas necesarias, recogió su cerveza y se sentó en la mesa que le habían señalado. Dio el primer sorbo de la cerveza y, aunque le supo algo amarga, no le desagradó del todo. Estaba saboreando aquel trago de la dorada bebida cuando su oído detecto la palabra “asesinado”. Puso disimuladamente una oreja en la conversación para saber de que iba aquella conversación que casualmente había oído.
-Ay, no lo quiera así Mithas – dijo a continuación una mujer
-Posiblemente poco tenga que ver en esto Mithas – contestó un hombre, algo escaso de fe en ese momento.
- Pero, ¿Quién podría querer raptar a un minero y matar a un ganadero? – fue la pregunta de un segundo hombre. ¿Una posible desaparición y un asesinato? La cosa se ponía interesante.
- Yo sigo pensando que Wicket ya esta muerto
- Bien, tu sigue siendo así de optimista. Cualquiera diría que lo querías ver muerto
-No, pero hay que ser realistas. Quizás simplemente no hayamos encontrado su cadáver aún.
Parecía que el reto estaba servido. En aquel momento también se le sirvió la cena, la cual comenzó a devorar tras dar las gracias cortesmente al camarero. Tras oír la conversación de los pueblerinos que ahora ya marchaban del local, sus oídos aun andaban atentos de la mención del tema por parte de alguna otra mesa. Mientras, aun fingiendo que no se había dado cuenta de toda aquella charla, empezó a roer los huesos de pollo que le habían servido.
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Tenebre di tempesta

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MensajeTema: Re: Invaders   Mar Ene 18, 2011 12:39 am

Después de salir bajo la Tierra en el alba, aquella Drow no sabía donde ir, simplemente salió a la aventura para apañárselas como puediera, como siempre hizo.
En el camino a Ningún sitio, un jovencísimo elfo, de unos 40 años, divisó a Tenebre, este totalmente desconocedor del odio hacia los de la raza Drow se quedó a su lado perplejo mirándola, ya que nunca había visto semejante ser.
Le sacaba por lo menos ocho cabezas de altura, y era de piel gris, al parecer el pensaba que era de su especie al ver que tenía las orejas en pico debajo de la capucha.
Tenebre se dió cuenta de su presencia, e intentando evadirlo comenzó a andar más rápido, el pequeño elfo con su curiosidad en mente no podía dejar de mirarla y aligeraba el paso para no perderla. La Drow cabreada se paró en seco y cogió al pequeño elfo del cuello y separándolo así de la tierra le dijo:
-¿Que buscas pequeño blanco? No puedes hacer nada contra mi, lárgate no quiero a nadie como tu en mi campo de visión.
-N-No....B-us...co...me...ahogo...t-te...di-r-ré...al..go- El joven elfo entre arcadas susurró.
- Si no es nada, te mataré. Nadie me hace perder mi tiempo.
Tenebre Interesada por la propuesta soltó al elfo y ese llorando dijo:
- Solo te seguía por que nunca había visto una elfa tan tan tan alta y y y tan gris- Dijo entre sollozos.
- ¿Elfa?- A Tenebre se le encendieron los ojos aún más y sacó rápidamente sus espadas de sus hermosas caderas para amenazar al chico.
- No me hagas daño porfavor, yo te puedo enseñar el camino a una cuidad cercana y otorgar un mapa!
De nuevo, interesada por esa oferta retira a "Shadow" y "Dark" hacia sus caderas y decide , a regañadientes, dejarse guiar por el Elfo.
- Yo cumplo mis amenazas, si en dos días no hemos llegado a la cuidad, te aseguro que tu estúpida familia no te echará más de menos.
Así pues, el pequeño elfo sin más remedio la condujo un día y una noche, sin descanso a través del sendero que parecía interminable.
Al caer el atardecer del día siguiente Tenebre empezó a divisar lo que parecía ser una muralla, al acercarse el elfo pidió permiso para entrar ya que a ella posiblemente le restringuieran el paso por su raza.
Ya dentro de la cuidad Tenebre se puso la capucha y se abrochó la capa para disimular su piel, al fin y al cabo no tenía ganas de problemas, aunque pudiera con ellos.
El joven elfo aliviado recuperó las esperanzas de volver a ver a su familia y pregunto a la Drow si le servía de más ayuda, esta pensando en los malos rumores que iría difamando el elfo contra ella por su pueblo se aseguró de llevarlo a un callejón bastante olvidado y con un estoque de "Dark" matarlo sin dejar prueba alguna.
Me sirvió de mucho en su momento, pero no puedo dejar que hable sobre mí.
Con la ayuda del Mapa que estaba increiblemente bien estructurado y detallado con todos los recintos de aquel pueblo, además de los pueblos y cuidades más cercanos, se cercionó de buscar una taberna para poder alojarse, no quería que la viesen por ahi fululando por la noche, sería demasiado sospechoso ver a una encapuchada a la luz de la luna, con el misterio del asesinato...
Mientras buscaba el lugar de la taberna notó que los aldeanos estaban un tanto alterados por algún tema en particular.
Curiosa, se paró a escuchar una conversación que detallaba lo que ese cuidadano sabía acerca del asesinato e informada sobre el tema continuo el camino a la taberna.
- Nada más que por el nivel de alarma de estos cuidadanos por un simple asesinato se ponen de esta manera, es posible que sea bastante pacífica. Pensó.
Por fin, Tenebre divisó una taberna un tanto peculiar a la que entró, la luz escandiló sus ojos rojos molestándola y al pasársele el efecto del destello, preguntó por una habitación, al instante se la dieron pero como aun era temprano y quería entretenerse fue a echarse algo en la boca.
Al ir al comedor observó a un gran hombre con destellos azules y a un chico que parecía muy inocente.
Mejor no acercarse mucho, no quiero me apetecen ahora unas batallitas
Se sentó lejos de la gente y la camarera se acercó para pedirle nota:
- Bienvenido al Arrollo de la Luna y porsupuesto bienvenido al "Cochino Borracho" ¿Que desea tomar?
Tenebre se quitó la capucha y respondió:
-Un buen filete y rápido.
-Disculpe, perdón, señorita, enseguida le sirvo.
Increible, no ha notado mi raza. Mejor estarán exentos de conocimientos.
Al instante le sirvieron un gran plato de un delicioso filete de cerdo, Tenebre empezó a degustarlo sentada.

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Fergus mac Roich

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MensajeTema: Re: Invaders   Mar Ene 18, 2011 4:12 am

A duras penas había conseguido infiltrarme en un barco mercante junto con mi hermana, habíamos decidido dejar nuestro pasado atrás y a medida que el viaja duraba y nos invadía de tedio, pude observar en el semblante de mi hermana que su vida no cambiaría y que seguiríamos siendo unos rastreros, ladrones y mercenarios. Por mí, excelente, si ese era el camino que ella quería escoger, yo la seguiría como un protector aunque en cierta forma sentía muy dentro de mí que mi propia hermana era como ese "señor" al cual los guerreros estamos destinados a servir, en Ulster yo había nacido como guerrero, no servía para mandar, sino para ser mandado y claro, hacer destrozos. Al fin el barco tocó puerto, ahí una serie de desafortunados eventos me separaron de mi hermana. Así fue, como solo yo, mi pésimo sentido de la orientación y Muirdris nos abrimos ante un nuevo continente y por ende ante nuevas posibilidades para vivir un vida digna, entre comillas, sin gastar mucho, claro está.

Caminaba junto a mi corcel en aquel puerto, la brisa marina invadía de sal mis narices y me hacía retorcerla o me obligaba a acercar mi dedo e introducirlo poco sutilmente en las fosas nasales afectadas por la poca costumbre al mar, yo soy un hombre de valle, de bosques, me repetía constantemente. El mismo viento helado acariciaba mis tiesos cabellos sin siquiera meserlos mucho, a diferencia de los crines oscuros de Muirdris que se alborotaban y en ocasiones, mientras caminaba a su lado, se introducían en mi boca, he de admitir que el pelo de caballo no es un plato gourmet, así, el maldito animal me obligaba a hacerle bajar la cabezota. En eso estaba, peleando con mi poco manso caballo para que agachase su maldita cabeza, cuando mis alcancé a oír una discusión que para mi se asemejaba al arrullo del viento que silba por las copas de los arboles vaticinando una buena aventura. Equivocado no estaría.

-Es cierto hombre, creéme en ese pueblo...¿cómo se llamaba?-
-Algo de la Luna- contesto un tipejo bajo, el otro era alto, no tanto como yo pero en comparación con el chaparrito, lo era.
-¡Bah!-escupió el larguirucho, mientras su interlocutor, un tipo que estaba arreglando una red de pesca, escuchaba incrédulo -lo que sea, el hecho es que en ese pueblucho la gente desaparece, y ¡por los Dioses!, prefiero que desaparezcan todos en vez de que vengan a pegarnos la maldición como la maldita sarna a los perros...-el hombre exaltaba cada palabra agitando los brazos hacia el aire, como si quisiera hacer mutar el semblante del pescador, pero este ni siquiera le respondió. Resignado, el "predicador de mal augurio", agitó un brazo por sobre su hombro y se retiro maldiciendo al cielo.

Acaricié la cabeza de mi porfiado caballo y se quedo totalmente tranquilo, le solté las riendas y me acerqué al misterioso pescador.

-Ejem...-aclaré mi garganta, por alguna razón me costaba hasta hablar en aquel puerto - me podría decir de que hablaba ese...prototipo de macho alfa-

-humhum- intentó reír el viejo pero la tos de la vejez salió por su garganta, ahí me percaté de que estaba hablando con alguien sabio, quizá más que cualquier erudito del pueblo, un hombre cuyas arrugas han grabado más caos del que veré en toda mi vida -no le creash josven-, le faltaban unos dientes y sus roídas encías producían silbidos incomodos, pero ni a mi ni a él nos importaba.

-No es cosa de creer venerable anciano, es cosa de ver- respondí.

-Je je je- esta vez si le salió algo más parecido a una risa, una risa igual a su mirada, incrédula- hablas con razón pero ni tú te crees chico, ¿arriesgarías tu vida por gente que no conoces?- preguntó sonriendo y alzando una ceja.

-Nooooo, cobraré por salvarles el pellejo, pero tu sabes, si mi vida corre peligro no cobro y me voy, aunque siempre pido la mitad por anticipado jajajaja-

-Je je je, con eso no te ganarás el cielo pero a lo menos tendrás una buena vida terrenal...-

-¡Qué! ¿Acaso es algún tipo de clérigo?, me dirá la direcc...-el pescador ya había levantado el brazo y apuntaba hacia el oeste.

Me volteé sin agradecerle y caminé hacia Muirdris, de un salto pasé mi pierna derecha por encima de la montura. Rugosa y áspera, como siempre, la montura me presionaba el entrepierna así que me levanté levemente, agité las riendas y Muirdris obedeció.

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Dos días de cabalgata y ante mí nuevamente una aldea, definitivamente este no era mi año, muchas aldeas y todas las que visitaba corrían la misma suerte de convertirse en cenizas o en una carnicería, sin importar cual de los dos destinos siempre era el único sobreviviente y nunca sacaba mucho dinero de trabajos en las aldeas. Me planteé seriamente en darme media vuelta y buscar a algún tipo con capa y un título que me pagase enserio, pero el camino de ida me había dejado más que cansado así que me tomaría un descanso en aquel pueblo maldito. Ni modo, entré por las murallas que delimitaban la ciudad del terreno circundante, la gente empezaba a adentrarse a sus casas, logré percibir un dejo de paranoia colectiva pues muchos corrían y otros se burlaban de los que parecían huir de algo.

Los miraba desde la altura y vi pasar a mi lado un jovensuelo que detuve con una pierna.

-¿Se-señor e-en que le p-puedo ayudar?-parecía sorprendido, al subir su cabeza pude ver como su mandíbula dibujaba un o, quizá era por mi estatura, por no vestir casi nada, por mis armas, o a los hechos que estaban ocurriendo recientemente en el lugar

-Dime, donde puedo pasar la noche niño...¿por favor?- Le dije mirando por el rabillo de los ojos.

-E-e-el ¡Puerco Borracho!- dijo exaltado, esquivando mi pierna y saliendo corriendo hacia la dirección opuesta a la mía sin mirar atrás ¡Dios y a mi me dicen loco! Se le había caído un saquito de cuero al suelo, me incliné y la recogí de las cuerdas, por su peso debía tener unas cuantas monedas.

Llegué al bar, amarré a Muirdris por ahí, sin mucho cuidado, realmente si alguien quería montar a Muirdris debía tener bastante valor. Entré dejando tras de mi el sonido de la puerta al cerrarse, en el bar todo estaba algo más animado, la gente no parecía asustada sino dubitativa, al parecer realmente no sabían que hacer. Tan concentrados estaban en su tarea especulativa que ni se percataron que entré armado hasta los dientes, con Caladbolg, Ulster y Rury.

Me senté en la barra, de espaldas a la misma, el hombre que estaba ahí preparando los tragos me atendió y me preguntó que deseaba. Le respondí que necesitaba un lugar donde alojar y le pasé la bolsita sin abrir del joven del centro del pueblo. Ahí el hombre me dijo que con eso me alcanzaba pero que si tenía hambre o sed necesitaría más, y le di más, al mismo tiempo que le pedía una cerveza. Y eso me dio. Eché un vistazo a todo el lugar, lo que decían no era nada nuevo, era lo mismo que yo sabía sobre el pueblo, la gente que se había reunido en aquel lugar era lo que me causaba cierta intriga. Un joven con rostro inocente, un encapuchado aislado del las demás personas y un adulto-viejo con gran armadura, y ya me empezaban a entrar ganas de degollarlo de dejarla para mí, le podía sacar un gran precio.
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Siobhan

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MensajeTema: Re: Invaders   Lun Ene 24, 2011 11:37 pm

Caminé durante todo el día disfrutando de la libertad que me ofrecía el haberme convertido en una viajera sin rumbo. Era consciente de que a partir del momento en que decidí abandonar el calor de mi hogar mi vida cambiaría por completo. Realmente poco me importaba ese, para mí, pequeño detalle. A pesar de tener una familia tan maravillosa como lo era la mía me sentía inquieta. Algo en mi interior me impulsaba a vivir de otro modo, me impulsaba a abandonar las comodidades para conocer mundo, como se solía decir.
El sol comenzó a ocultarse tras una colina, las sombras comenzaron a alargarse muy lentamente, fue en aquel momento cuando me dí cuenta que debía encontrar algún lugar donde pasar la noche. Cierto que muchos podrían haberme tachado de ser una muchacha inexperta en aquello de la supervivencia, pero no era, ni mucho menos, estúpida como para no darme cuenta que pasar una sola noche a la intemperie en un lugar desconocido era como ofrecerme a mí misma en bandeja de plata.
Hacía varias horas que el camino y las lindes de éste no habían cambiado en absoluto, únicamente a lo lejos en el horizonte podía verse la colina antes mencionada. Me detuve y miré al astro rey, al menos aún quedaban otras cuantas horas de luz o media luz para poder buscar refugio. Quizá hubiese sido muy buena idea aquello de aceptar la montura que me ofreció mi padre, pero me negué, tonta de mí. Y, desde luego, me negaba a provocar una transformación en mí...de ningún modo. Hacía meses que no lo hacía y no lo iba a hacer ahora, suspirando comencé de nuevo mi caminata por aquel camino.

Un par de horas más tarde me sorprendió un cambio en el paisaje que, hasta hacía poco, había estado observando en el horizonte. Varios campos de cultivo lindaban con la muralla de una aldea. Cuanto más me acercaba más concurrido estaba el camino que hasta entonces había estado prácticamente desierto. Aceleré el paso pues el sol ya casi estaba oculto y el atardecer estaba dejando paso a la oscuridad. Además, y ¿para qué engañarme a mí misma?, estaba cansada, muy cansada...y hambrienta también. Con la esperanza de encontrar alguna posada donde refugiarme y alimentarme me dirigí sin más demora a la aldea.

Los aldeanos que encontraba por el camino preparándose para volver a sus hogares me miraban...algunos de soslayo y otros...otros ni siquiera se tomaban la molestia de ocultarse. ¿Tanto se notaba lo que realmente era? Siempre había pensado que mi apariencia se asemejaba perfectamente a la de una humana corriente, pero muchas veces tenía la sensación de que algo había en mí que delataba mi “otra” naturaleza. Me encogí de hombros, en un principio no debía importarme demasiado, mientras me diesen alojamiento y comida en la posada del lugar.
No tardé mucho en averiguar el porqué de aquellas miradas desconfiadas. Sonreí para mí al darme cuenta de que realmente no era por mí, al menos no porque averiguasen qué era, si no por ser extranjera.

-¿Qué ha podido sucederle? – preguntaba una mujer de mediana edad a otra un poco más joven.
-No lo sé, pero sea lo que sea ha sido grave. Aún no ha regresado y dicen que no encuentran ninguna pista sobre su paradero – contestaba la otra encogiéndose de hombros.
-Desde luego esto es muy extraño, ya sabes que no es el primero en....desaparecer.

[...]

Continué caminado por la que parecía ser la calle principal de la aldea, pero prestando atención a la conversación. Por lo que pude deducir algo estaba pasando en el lugar, y nada bueno desde luego. Entendí, entonces, que los lugareños no confiasen en nadie de fuera. Poco más adelante vi, por fin, el cartel de una taberna....¿El cochino borracho? “No puedo creerlo”, pensé. Desde luego el nombre dejaba mucho que desear.
Sin más remedio me acerqué a ella, abrí la puerta y, bajo la atenta mirada de los presentes, me adentré en la taberna. No parecía muy sucia pero para mi olfato el fuerte olor a alcohol que inundaba el lugar fue como una bofetada. Traté de controlar las nauseas que sentí nada más entrar pues el alcohol no era algo que fuese muy de mi agrado, de echo prácticamente lo aborrecía. Varias mesas estaban sin ocupar por lo que opté por acercarme a una cercana y sentarme en una de las sillas más cercanas a la ventana. Al menos así la brisa que entrase por ella evitaría que las nauseas fuesen a peor. Cuando, tras un largo rato, la camarera reparó en mí le pedí que me sirviese un filete poco hecho y un poco de agua. Una vez saciase mi apetito pediría una habitación para pasar la noche. Tamborileé con las uñas sobre la madera de la mesa pensando aún en la conversación que había oído antes de entrar en la taberna, mi curiosidad a veces no conocía límites, ¿qué estaría ocurriendo que tuviese a los lugareños tan nerviosos?
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Aengus Kean

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MensajeTema: Re: Invaders   Miér Ene 26, 2011 12:43 am

El quinto día todavía no terminaba. La noche había devorado al día, como Phobos y su hermana habían desplazado al gran astro, siendo así las reinas de la noche. La mañana había estado despejada y el sol alumbrando cada rincón al que podía llegar, pero en el transcurso del día las nubes se había ido apoderando del cielo. No eran las nubes blancas como el algodón, agradables para la vista, eran nubes grises que anunciaban una tormenta. El viento también se había levantado, y soplaba bruscamente. El calor agradable que proporcionaba el sol había desaparecido. Ahora, el frio inundaba la región y el fuerte viento contribuía a hacérselo notar a los habitantes que circulaban por la calle. Era increíble como en cuestión de unas horas el tiempo podía cambiar tanto. La amenaza de la descarga de agua era inminente.
Los aldeanos dejaron sus preocupaciones a un lado, el tiempo había empeorado y tenían que preocuparse de sus cosechas para no pasar hambre. Los hombres corrían tapando con telas los huertos, llevándose a los animales a lugares seguros donde pudieran resguardarse sin problemas. Entre tanto ajetreo pocos se habían percatado de los nuevos extranjeros que habían llegado, pero esos pocos habían corrido la voz rápidamente a todo el pueblo, en cuanto tuvieron ocasión

- ¿Hoy ha llegado mucha gente a la aldea, espero que esto pare los acontecimientos que han ocurrido últimamente. Así no podemos seguir viviendo, asustados para saber cuál es el siguiente -

– Pero no te has dado cuenta que podrían ser ellos los causantes de todo. Ten cuidado con ellos, ya no podemos fiarnos de nadie. Quieren acabar con nuestra esencia, y nuestro bien hacer entre todos -

Numerosas conversaciones sobre los extranjeros ya estaban en circulación. Suposiciones, y en algunas ocasiones temas despectivos sobre ellos. La confianza era algo que se había perdido poco a poco con la gente que llegaba nueva. No se fiaban ya de su sombra. Un haz de luz recorrió el cielo encapotado, y al cabo de unos segundos, un gran estruendo lo siguió. Las nubes descargaron su ira sobre la tierra, dejando caer numerosas precipitaciones. El suelo se mojaba, la gente corría para refugiarse en sus casas, otros entraban a la taberna para entrar en calor con unas cuantas copas. Las gotas de agua repiqueteaban en los ventanales del “Cochino borracho”.
En su interior, el buen ambiente inundaba el lugar conforme entraba la noche. El alcohol hacia que olvidaran sus problemas y se divirtieran. Pero la fría y lluviosa noche no iba a ser tranquila. Un grito de auxilio resonó en el exterior, pero el ruido de todos gritando evito que nadie se enterara. La puerta de la taberna de abrió de par en par bruscamente, y por ella entraba un hombre empapado y acelerado. Cayo de rodillas al interior, exhausto y buscando con su mirada alguien que pudiera ayudarle. La taberna sucumbió a un terrible e incomodo silencio. Su labios articularon sus palabras que se atropellaban las una a los otras, costando diferenciar cada palabra: ”Soneellosestanaquisalvarosseloquebuscanydondeestan”
En el instante en el que acaba de terminar de articular palabra, el silbido de dos flechas penetro por la puerta, una impactó en la espalda, la otra en la nuca. El hombre cayó fulminado al suelo, muriendo en el acto. El pánico comenzó a reinar en la posada por lo que acaba de ocurrir. El sonido del agua golpeando el suelo quedo secundado por el relincho de varios caballos que huían al galope de la aldea. Sus jinetes iban cubiertos completamente de negro sin descubrir sus rostros y sin que nadie pudiera identificarlos.


Off: Nikolay no creo que postee, porque esta de vacas. Asi que el resto teneis una semana para postear. Los jinetes ya se han ido, asi que nada de atraparlos y esas cosas. Nos vemos, suerte.^^
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Goratharn

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MensajeTema: Re: Invaders   Miér Ene 26, 2011 8:53 pm

Góratharn ya había saltado hacia el hombre y había escuchado sus atropelladas palabras. Tardó un segundo en reaccionar cuando las flechas se clavaron en el cuerpo del hombre, e incluso retrocedió un tanto del cuerpo que yacía innerte en el suelo en aquel momento. Salió corriendo saltando agilmente el cuerpo tendido en el suelo y se asomó a la puerta de la taberna, apresurado y sin pensar en que se podría llevar un flechazo él mismo. Sin embargo los jinetes ya se alejaban a galope del lugar. Iban completamente encapuchados resultando imposible al menos para un humano normal saber al menos la raza de dichas criaturas. Las vio alejarse, sin poder hacer nada, durante unos segundos. Luego se dio la vuelta y se acercó al cuerpo del hombre. Aunque sabía que era inútil, le tomo el pulso. Coloco sus dedos indice y corazon en el cuello de la victima No sintió ni medio latido, tenía el corazón mas parado que el de un vampiro. Por si acaso a alguien le importaba dijo:
- No hay nada que hacer. Esta muerto - Bueno, era obvio. Un pequeño charco de sangre se extendia alrededor del palido cadaver. No hacia falta tener ni la más minima idea de anatomía para saberlo. Pero aun asi... Sintió que era algo que debía decir, por si algun conocido suyo se encontraba allí.
Le quitó al hombre las flechas y examinó las heridas. En el cerebelo y cerca del corazón. Si no eran asesinos y por tanto sabían lo que se hacían y a donde habia que apuntar, tenian mucha intuición, suerte y puntería. No podía hacer nada por el hombre, por el momento no podía traer de vuelta a un muerto. Así que se arrodillo sobre una sola rodilla y rezó una oración por él pobre hombre. Un conjunto de preguntas se arremolinaban en su cabeza. ¿Quíen o qué habria podido tener intereses en aquello? ¿Tendrían aquellos dos seres encapuchados algo que ver con el anterior asesinato y desaparición? Demasiadas preguntas, y no tenía ninguna respuesta clara en ninguna de ellas. ¿Qué demonios pasaba en aquel pueblo? Tres muertes en cinco dias. ¿Y qué significaba aquello que habia dicho justo antes de morir? Ya estan aqui...salvaros y... ¿Se lo que buscan? ¿Habría algo alli, en ese pueblo, y habría alguien dispuesto a matar por ello, fuera lo que fuera? Demasiadas preguntas que responder... Y demasiada curiosidad para no intentar resolver aquel misterio. Desde luego Góratharn iba a meter las narices, así eso le costara perderla
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Nikolay

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MensajeTema: Re: Invaders   Miér Feb 16, 2011 4:59 am

La lluvia comenzó a caer y el paladín de la justicia continuaba leyendo su libro, repasando todo lo que ya sabía mientras recordaba momentos de su juventud cuando las flores crecían en el Templo y los miembros de la orden se juntaban a debatir y generar conocimiento y cultura. Eran hermosos recuerdos para tener presente aquella noche en la que poco se podía hacer y donde el ruido y el olor a alcohol llenaban el ambiente. Tanto estaban tomando los pueblerinos que uno muy ebrio se le acercó violentamente y con palabras imposibles de entender por su borrachera le amenazaría con quitarle su armadura brillante y su mazo. Nikolay, como buen hombre de fe que era, le respondería amablemente pidiéndole que se marchase, pues se trataba de un pobre hombre que había perdido la noción de la realidad por la bebida, no un villano. Pero el borrachín seguiría en sus amenazas y tomaría los hombros del Paladín, mejor dicho las hombreras de la armadura que este cargaba.

Mala idea.

Inspirando y cerrándo los ojos velozmente, Nikolay necesitaría solo un instante para hacer fluir su energía por la armadura que cargaba, la cual brillaría intensamente a la vez que se saturaba de magia. El resultado de ello sería la generación de una moderada corriente eléctrica que el pobre borracho terminaría sintiendo subirle por sus manos. Pero la carga duraría apenas un segundo o dos, los cual más que dañar asustaría mucho al borracho que, en su ebriedad, saldría “corriendo” –si es que a su tambalear se le puede llamar así- hacía otro sector de la taberna.

Sin embargo, más allá de esta inocente escena, pronto las cosas darían un giro espeluznante: un hombre entraría en mitad de la tormenta, balbuceando palabras a gran velocidad. Todos, incluido nuestro Paladín, se girarían para verlo. Pero en un parpadeo dos flechas le ejecutarían con tal precisión que solo podría compararse con la de un experimentado soldado de los mejores Reinos.

La gente se asustaría, pero no nuestro Héroe, quien tomando fuertemente su mazo liberaría como la adrenalina que corría por sus venas en ese instante, un caudal de energía, cargando toda su armadura y mazo y haciendo que las gemas y las runas en estas brillaran con fuerza. Incluso sus ojos destellarían cual estrellas en la noche. Así Nikolay, cuando un muchachito se corrió de la puerta, saldría con su majestuoso porte hacia el exterior. La luz que irradiaba lo haría resaltar en medio de la tormentosa oscuridad, pero no tendría miedo a recibir una flecha pues su armadura la detendría. Lamentablemente, los asesinos se marcharían de allí velozmente a caballo, por lo que seguir afuera no valía la pena.

Una vez dentro, Nikolay se arrodillaría junto al muchacho que estaba haciendo una oración. “Que la Diosa Neeshraush lo tenga en su gloria” murmuraría simplemente, apoyando su gran mano enguantada en el hombro del muchacho. Su armadura, mazo y ojos ya no brillaban, pues la magia se había detenido. Luego se pararía y con voz poderosa ordenaría traer una manta para cubrir y trasladar al cuerpo. Debía respetarse la santidad del templo corpóreo dejándolo reposar en un lugar digno hasta encontrar el descanso final en la tierra, en el mar o en el fuego.

- Esto no debe quedar así –finalizaría diciendo a la vez que miraba al cuerpo muerto.
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Invaders
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