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 Un regalo desde la muerte

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Ziba Alouqua
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MensajeTema: Un regalo desde la muerte   Mar Ene 18, 2011 4:09 pm

El llamado había sido hecho y no tardaría en llegar.
Mientras en la soledad de su alcoba, de pie, descalza como solía estar la princesa de los Tremere; vestida con un inusitado vestido de tul azul extremadamente claro, con su cabello negro formando la cascada más brillante que ojo alguno podía observar, cayendo por su espalda descubierta, y recostada del marco del gran ventanal; jugaba la vampir con un broche de plata alargado que formaba preciosísimas flores de Liz, coronadas con brillantes.

Fuera Phobos su gran aliada y amiga de tantas noches, la única en quien ella confiaba ciegamente, la única a la que le había contado el terrible secreto del destino que la aguardaba… Esta tan alta, tan brillante, reposando grácilmente sobre nubes de algodón, opacando con su verde brillo la tenue luz de las estrellas de oriente que guiaban el paso de los peregrinos sin hogar, errantes, eso eran almas errantes.

A su espalda la magnánima habitación permanecia abierta a la espera de la pequeña Vampir que sin duda se convertiría un uno de los seres más poderosos, despiadado y a la vez piadoso, del mundo conocido…

No le hizo falta girarse pues conocía el aroma que se había apoderado de la estancia.

– Nirole, acércate y toma esto, es preciado para mi, es un recuerdo de familia, perteneció a Selene, mi madre, y ahora quiero que sea tuyo, en tus cabellos de ébano brillara como el sol, ese sol que jamás tus pupilas verán, pero que esta allí cada mañana… cada despertar de las almas mortales. Tómalo y úsalo con altivez y alegría, es lo único que puedo darte; a cambio necesito que le des la bolsa roja a una vampir llamada Astrid, su contenido solo le concierne a ella. Dile que lo use con cautela, y que la ame como a una hija…

Sobre la cama una bolsa pequeña de terciopelo rojo cerrada con un cordón dorado atado a su alrededor, dentro el Medallón que contiene la Sangre de Tremere.

Cuando Nirole diose la vuelta para tomar posesión del preciado objeto, Ziba desapareció tan efímeramente como había llegado hasta allí, no quedaban cabos sueltos, nada la ataba ya a lo terrenal.
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Nirole
Dulce Locura
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MensajeTema: Re: Un regalo desde la muerte   Mar Ene 18, 2011 11:28 pm


Una triste melodía, con una letra que al compás de la misma musicalidad resonaba en el interior de la cabeza de la vampiresa.Mientras sus ojos verdes miraban con inquietud las dos hermosas lunas que parecían tan unidas,tan cómodas en las esponjosas nubes sobre las que recostaban sin ningún esfuerzo y que junto a las estrellas que las rodeaban, como si se tratasen de miles de lagrimas esparcidas por el cielo,como si ya supieran de la triste noticia que en esa noche acontecía.

Volvió a levantar el rostro para echar el último vistazo a las lunas, mientras que de sus ojos se desprendían unas lagrimas rojizas, que al deslizarse dejaban el rastro, que unas cuantas lagrimas seguirían como patrón hasta deslizarse finalmente por su barbilla y de ahí caer a su pecho para finalmente chocar con el filo de lo que era el cuello del vestido.

Con un movimiento suave se llevo su mano derecha hacia su rostro para limpiarse las lagrimas que no tuvieron la oportunidad de deslizarse por su mejilla y caer junto al resto.Nuevamente miró al frente, pero esta vez tan solo unos segundos, para finalmente acercase casi al filo del tejado para saltar del mismo hacia el suelo, de manera que caía con sus piernas flexionadas una pierna un poco adelantada de la otra y su mano frente a ella,apoyandola parcialmente y así evitar perder el equilibrio ,pudiendo se levantar e incorporase para iniciar el corto paseo que le llevaría a su vista con Ziba.


Caminó por la callejuela a paso lento, haciendo resonar sus botas en los charcos que la noche anterior había dejado, por la gran llovizna y que el tímido sol aún no secaba en su totalidad.Las calles estaban desiertas,aunque era lógico pues la fría noche y el mal tiempo del día anterior cualquiera se atrevería a salir.Mientras observaba el desértico callejón pudo ver que incluso algunas gotas habían congelado en la suspensión quedando congeladas,formando estalactitas algunas tan duras que ni el fuerte viento lo destruiría.Aunque alguna de estas estalactitas se caían por si solas e impactaban contra el suelo haciéndose añicos y dispersándose en un pequeño radio de distancia.

Ya estaba dando la esquina, a escasos minutos de encontrase con Ziba,soloquedaba subir los peldaños que llevarían a su alcoba,donde al fin podría encontrarla y asi verla por última vez antes de su marcha.

Apresuró el paso para llegar mas rápido a su encuentro, quedando así frente a la puerta.Golpeó la puerta un par de veces para que con su permiso poder pasar, pero ella no contestaba.Esta se atrevió a entrar así que poso su mano en pomo de la puerta y la giró para abrir, haciendo un poco de fuerza.Cerró la puerta tras de sí y subió los peldaños con agilidad.

Por fin ya estaba frente a la puerta, la cual estaba entreabierta,pudiendose ver en el interior una cama con sabanas arrugadas, vacia.Nirole con su mano derecha termino de empujar la puerta para dejar la puerta totalmente abierta empujó la puerta-Zib....-dijo sin darle tiempo a terminar de pronunciar su nombre.Pues ella se adelantó de manera que llamó a la vampiresa para que se acercarse.

"Nirole, acércate y toma esto, es preciado para mi, es un recuerdo de familia, perteneció a Selene, mi madre, y ahora quiero que sea tuyo, en tus cabellos de ébano brillara como el sol, ese sol que jamás tus pupilas verán, pero que esta allí cada mañana%85 cada despertar de las almas mortales. Tómalo y úsalo con altivez y alegría, es lo único que puedo darte; a cambio necesito que le des la bolsa roja a una vampira llamada Astrid, su contenido solo le concierne a ella. Dile que lo use con cautela, y que la ame como a una hija%85"

Acercó su manos para recibirlo, mientras seguía escuchándola, mientras explicaba que debía darle a Astrid, alguien que por su forma de hablar de ella le era importante.Se giró para coger la bolsa para poder atárselo al cinto donde estaba su espada y que posteriormente guardaría en uno de los zurrones que llevaba Pétreos en su montura.



-Per don.....-decía mientras se giraba para preguntar donde se encontraba ella,donde podría hallarla, pero cuando había dado la vuelta completa ella había desaparecido, las cortinas del ventanal había succionadas con debilidad por la brisa que comenzaba a levantarse.

Se dirigió a la cama para sentarse,coloco ambas manos por delante apoyándolas en su regazo.Bajo su rostro y miro fijamente el regalo que le había regalado y que no tuvo tiempo de agradecer.No tardo mucho en colocárselo en sus cabellos,tal y como merecían.

-Gracias....Ziba-dijo en susurro mientras su manos volvían a posarse en su regazo.Con su mirada perdida en el horizonte,dejando que la brisa que entraba por el gran ventanal acariciara su rostro,que balancearan sus cabellos y que de forma aleatoria se movían delante de sus ojos.

Ahora se había convertido en una mensajera... una mensajera que debía encontrar....


Última edición por Nirole Eilen Evan el Sáb Feb 19, 2011 9:26 pm, editado 1 vez
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Astrid

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MensajeTema: Re: Un regalo desde la muerte   Lun Ene 24, 2011 11:59 pm

Di-Ardaoin de Tachwedd
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Aloria

A mi querida hermana Thábata:

Silencio, era lo único que escuchaba en mi cabeza. Los angostos caminos de la cordura serpenteaban entre mares de desconcierto, océanos de ira, rencor, tristeza... nostalgia. No hacía tanto de la pérdida de a quien pude considerar mi Sire, mi madre en mi nueva vida, Ziba Alouqua me había dejado en un mundo que aún no comenzaba a conocer, con un destino mucho más grande del que yo pudiese abarcar.

Esa estela que ella me había arrojado hacia el secreto de nuestra existencia, era la que había seguido hasta llegar a los Montes Helados, desde mi ahora hogar en Montclaire, tan lejano continente... El deseo de encontrar aquello que había venido a buscar era el único amparo que me quedaba, cumplir el mandato que en su muerte me pidió era el consuelo que tenía, la manera de pensar que aún ella vivía, que podría perpetuar su nombre en la historia.

Sabía qué hacía allí, sin embargo en cierto modo parecía inútil todo el esfuerzo que me había conformado llegar a las tierras heladas del Este, pues por mucho que descifrase los dos tronos de poder ocultos, el primero estaba ahora vacío, su silla no se ocuparía de momento, pues el descendiente que Ziba había dejado era aún una simple cría. Era por eso que debía apresurarme a encontrar el segundo trono alzado: el clan de la Rosa.

Y su rastro me llevó hasta un cementerio, un lugar tan lúgubre que jamás en mi vida hubiese deseado mostrarte hermana mía. Pues al contrario de la necrópolis de nuestra tierra natal, este era un campo desolador, arrasado por el tiempo, erosionado por el olvido.

Sólo el arco de entrada quedaba de los muros del cementerio, un vano ojival que contenía sobre él la nieve que caía, mansa y lacia, hasta mi capa negra, pues faltaba en la estructura la piedra cénit, no estaba resguardada bajo sus brazos. Mis únicos acompañantes eran pequeños roedores que corrían de un lado para otro, directos a sus escondrijos ahuyentados por su instinto. Les decía que se alejasen de mí... sensatas las ratas. 

Me detuve al cruzar el muro que tiempo atrás debió cercar el lugar. Ahora, triste final, sus piedras derruidas miraban los restos desde el suelo, agrupando musgo sobre sus caras más húmedas y polvo en las secas. Todo en aquel lugar presentaba un aspecto blanquecino, contando con sus distintas situaciones el paso de los años. La vegetación cubría ambos lados del sendero, mezclándose rosales y lirios con cardos y ortigas.. las malas hierbas crecían en los lugares más inhóspitos, allí donde las puras morían. Árboles que en su juventud lucían vigorosos, ahora imploraban la muerte con sus troncos retorcidos y sus hojas caducas, bañando el pie de cada uno de ellos. Un viento helado levantó la hojarasca, haciendo que me cubriese más con mi capa, aparté con el pie algunas hojas de olmo para evitar pisarlas. Cualquier ruido en aquel lugar delataría mi presencia, debía pasar inadvertida, hubiese habitantes o no.

De nuevo emprendí la marcha a través del jardín principal, comprobando cómo la dura piedra había sido quebrada por la mano de la naturaleza. Gruesas hiedras enroscaban en sus senos las rocas que una vez compusieron un pequeño templete. La mitad aún se sostenía, alzando media cúpula cubierta de telas de arañas y negrura. Fruncí el ceño algo impaciente. Todo allí inspiraba una melancolía asfixiante, incluso el aire que traté de inspirar supo a humedad, atravesó mis fosas nasales como agujas de hielo, pero fue aún peor el aroma de la cremación en él, resquicios de cenizas, muertes importantes para mí. Cubrí mi nariz con un pliegue de la capa y proseguí mi camino hacia el cementerio. Al final del camino unas escaleras, rotas y roídas, ascendían por un desnivel del terreno, dando por finalizado el jardín con una oxidada verja de hierro negro. Apenas me llegaba hasta medio muslo, sin duda era algo representativo una pequeña advertencia acerca del lugar que, después de unos chirridos y un golpe metálico de la puerta al cerrarse, profané. 

Ante mí se expandían hileras de lápidas, rotas en su mayoría, lamentando al cielo la piedad de quienes decidieron llenar sus nichos. Las inscripciones grabadas rezaban frases de héroes, demasiado grandes para ser dichas por quienes se pudrían bajo tierra. Pasé mi guante por el borde de una, examinando las esquirlas de polvo pétreo que descansaba sobre ella. El tiempo, tan longevo que solo yo podría calcularlo, no había perdonado ni a la dura roca, ni al frío hierro... ni siquiera a la propia memoria de los allí caídos. Con pasos vagos me detuve frente a un agujero vacío, mirando con expectación el pálido esqueleto incompleto de un pobre diablo. Habían saqueado la tumba, con tanta precisión y agonía que se habían llevado incluso el cráneo... Míseros humanos, se matan entre ellos y tampoco tras la vida se dejan de torturar. 

Un ruido me sacó de mis observaciones, haciendo que girase la cabeza muy lentamente hacia el lugar del que lo había oído proceder. Me encontré con un cuervo ladrón que rapiñaba los últimos recuerdos de un tal Borkhens. Debía ser alguien con más reputación, ya que lo que el ave trataba de llevarse eran las pocas letras de oro que los vándalos habían dejado en su lugar. Espanté al pájaro y continué mi camino, buscando algo que pudiese servirme antes de salir de allí. Y lo que hasta entonces no había atisbado siquiera, apareció en mi campo de visión. Mas allá de las últimas tumbas, de los majestuosos panteones familiares de gracio abolengo, se alzaba la fachada, la única pared de una basílica comarcal. El vano de la entrada había sido desprovisto de puertas, quizá las hubiesen robado, o la madera se había descompuesto tiempo atrás. Con paso lento me acerqué a las madreselvas que cubrían el muro. Se abrían paso entre las piedras que lo formaban, rodeaban las escasas decoraciones y no dejaban ver edificio más arriba de las ventanas, vacías como las cuencas de unos ojos ancestrales. A través de ellas podía ver el cielo negro, y media luna rodeada de niebla. Era una buena noche. 

Atravesando la entrada en silencio, llegué al final de mi estancia en aquel vacío y lúgubre lugar. Me encontraba en la principal, y única, nave de la basílica, arrasada por algún tipo de incendio, ocurrido mucho tiempo atrás. Se veía que las nieves y lluvias de las estaciones habían borrado las secuelas sobre las plantas, pero la piedra no mentía. Al otro lado del edificio un triste grupo de piedras ennegrecidas y encajadas representaban lo que tiempo atrás debió ser el altar de ritos. Lo miré con ojos laicos, dudando de su efecto.

_
Aquí es..._ susurré.


De pronto el aire cobró un nuevo olor, un perfume reconocible, la sangre hermana, alguien más observaba esas ruinas. Miré de soslayo sin revelar que sabía de la presencia de ese segundo vampiro. Con movimientos lentos y discretos llevé la mano a mi pecho para sacar del corsé mi pequeña y fiel amiga. Su hoja pasó inadvertida entre mis dedos...
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Nirole
Dulce Locura
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MensajeTema: Re: Un regalo desde la muerte   Mar Feb 22, 2011 2:53 pm

Ojos cerrados mientras la brisa seguía acariciando su rostro, secando las lagrimas que con delicadeza se deslizaban desde su mejilla, pasando por su fina barbilla hasta caer en uno de sus pechos ,donde dichas lagrimas se quedaba quietas, a no ser que ella se moviera, por lo que probablemente se dirigiría por propia inercia entre sus pechos. Otras al tener tan poca densidad era fácil que se deslizaran por si solas hacia el canalillo.

Ahora soy la mensajera..debo encontrar a quien ella me mando buscar, antes de su marcha
-pensaba para si, mientras sus ojos comenzaban a abrirse, tenia que iniciar la búsqueda antes que fuera demasiado tarde ,no tenia tiempo, pero como algunos decían, lo que tiene un vampiro es tiempo, ríe al recordar ese dicho que estaba en boca de casi todos los mortales e inmortales, ya fuese por leyendas escritas o pronunciadas por alguien. Pero hacia caso sumiso a ese tipo de leyendas que con descaro y desconocimiento de su raza usaban para ahuyentar y ensuciar el nombre de quienes poseían el Don Oscuro, el Don de La Eternidad.
 
Mantenía su postura, frente al ventanal, dejando que el aire tocara su rostro como una suave caricia, esta vez con los ojos abiertos, mostrando serenidad, tranquilidad. Se mordió el labio inferior mientras mientras a duras penas cerraba de nuevo sus ojos, para disfrutar del olor de la sangre que procedía de aquella bolsa que en su cinto colgaba. Esto le hacia cuestionarse una pregunta bastantes sencillas ¿por que la bolsa contenía ese…liquido en oro?¿ por que debía de entregar aquella sangre?, no entendía nada, pero tampoco quería meter el hocico donde no llamaban, aunque no pudo evitar que se despertara en ella la vena de la curiosidad ,de intriga de saber que había detrás de todo eso. Por el momento lo dejaría pasar, ahora esa no era de preocuparse, debía de entregar lo que mando Ziba, sin poner excusas baratas a la hora de entregarla, evitar chantajes que no la llevarían a nada, pues fuese lo que fuese la joven llamada Astrid no iba a revelar nada, al igual que haría ella si estuviera en su posición.


Silencio, silencio y solo silencio, conquistaba la estancia donde por última vez Ziba dirigió sus palabras de despedida, palabras en las que Nirole buscaba respuestas, pero que solo recibían respuesta huecas, sin sentido. Entrecerraba los ojos, mientras se negaba a si misma, mientras reprimía la rabia que sentía ante la perdida de alguien como ella, alguien que supo ganarse su respeto y admiración y que ahora no tendría tiempo para agradecérselo.



Bajo la mirada para observar la bolsa roja de terciopelo, en su interior un pequeño recipiente con líquido vital, sangre, miro de nuevo al frente .Sus mechones parecían luchar contra el viento frente a su rostro, dándose como pequeñas estocadas cuando se cruzaban en el camino. Finalmente decidió levantarse de la cama, colocando sus brazos a lo largo del cuerpo, acercándose al ventanal abierto, que con sumo cuidado pretendía cerrar, pero antes atrapo las cortinas para evitar que el viento se adueñara en su totalidad.Con su mano derecha las puso a un lado, justo por detrás de una de las puertas del ventanal. Con ágil movimiento, con ambas manos agarró los cierres del ventanal y cerró el ventanal.


Se colocó tras la oreja correspondiente sus mechones y se giro para dirigirse a la puerta que permanecía abierta de par en par y se dirigió al exterior del lugar del encuentro. Bajo las escaleras tal y como hizo para llegar a su alcoba. Se quedó en la puerta unos instantes.

Fué calle a bajo para dirigirse a donde se encontraban las caballerizas, donde dos calles mas atrás había dejado a Pétreos, su fiel acompañante de cabellos y crin negra y con su peculiar mancha blanca a un lado del lomo de él.

Nirole comenzaba a sentir sed, sed de sangre, escuchaba el latir débil de su corazón, parecía entonar una peculiar melodía, melodía que avisaba que no aguantaría demasiado su apariencia tranquila, que dejaría paso a ese otra personalidad, que era mucho más agresiva e impulsiva y que en momentos extremos tomaba posesión sobre su otra personalidad "frágil" en cuanto a contención de hambre a la sed de sangre que reprimía un poco más el impulso de atacar.

Se llevaba la mano al pecho donde se situaba el corazón y arrugaba las ropas que llevaba,- Ahora no, agh....-decía mientras aligera los pasos, haciendo resonar sus botas con mas rapidez, que retumbaba en las calles vacías por las que pasaba.

(...)

Llegó a la caballeriza y cuando estaba cerca de Pétreos, no pudo evitar caer de rodillas al suelo. Cerraba los ojos con fuerza, apretaba su mano que aún tenia en su pecho y que luego junto a la otra llevaba a su cabeza, colocándolo a ambos lados de la cabeza.


aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhh!!!-dijo sin contención, sin importarse ser escuchada.

Al abrir sus ojos, estos se habían oscurecido, se habían tornado a ese rojo rubí, señal de que ya la poca bondad y serenidad que había en ella se había desvanecido, dejando paso a su personalidad dominante, mas cruel y dañina.

Se incorporó agarandose de la crin del caballo .Le acarició el lomo, deslizó sus manos por el lomo de él hasta alcanzar su ancho cuello, acerco sus labios, abriendo con lentitud sus labios dejando visible sus colmillos blancos que iban a penetrar en la piel del animal.Miro de reojo a Pétreos y luego de nuevo al lomo e hincó los colmillos.


Se abalanzó sobre él, apretó sus colmillos mas y succionaba la sangre del animal, con lentitud.Notando como se deslizaba por su garganta como una frágil caricia en las paredes de su garganta y que bajaban, dando una sensación de frescura en su interior. Estaba exquisita, pero no mejor que la sangre humana.


Pétreos a pesar de su relincho, cesaron pausadamente, hasta que Nirole dejó de beber de él, es ahí cuando sus quejidos callaron. Esta llevo la mano al lomo de él y con los labios aún manchados de sangre, deslizándose por su barbilla, cayendo gotas a desorden en el suelo, formando huellas en el suelo, como lo haría las gotas de lluvia al impactar contra el suelo.


Se separó y miro a Pétreos, le dio un par de golpes secos, con la mano hueca- gracias amigo...- sonrió. Mientras que sus ojos aún se asomaban ese rojo rubí característicos, pero ahora con menos intensidad en los mismo. Observo luego el cuello del animal, pudiendo observar un par de mordidas mas, una separada de la otra, al mismo lado del cuello.Señal de que más de una vez Nirole se había visto en la necesidad de tomar de su acompañante, su fiel servidor, su transporte.
Sonreía mientras cerraba sus ojos, notando como cesaban el latir de su corazón, ya no estaba tan acelerado .Pero algo fallaba, la sed se había calmado pero su color de ojos no cesaban, no desaparecían como era de costumbre.¿Esto era señal de que se había esfumado su parte humana? o ¿aún no?.

Había dejado algo débil a su caballo, quizá aturdido, pero podía mantenerse de pié al menos. Esperaba que pudiese soportar el camino que la esperaba en busca de la joven Astrid, cerraba sus ojos y susurró-será complicado encontrarla, no se de ella, ni aspecto ni vestimenta...¿Como daré con ella?-dijo con un tono de voz algo distinta, algo "oscura".

(...)

Al fin había recompuesto la falta de vitae en su interior, por unos instantes se quedo mirando su reflejo en la gran pupila del equino, acercó incluso su cara observando como su rostro parecía deformarse, sonrió para si, se colocó bien sus ropas y se montó sobre Pétreos .Esperaba que pudiese caminar, apenas pesaba así que no sería gran esfuerzo el que tenía que hacer. Tomo de las riendas a su caballo, se aseguró que aún la bolsa roja de terciopelo estaba en su cinto, pego un tiron en una de las riendas, para que este girase, lo hacia con lentitud, era cuidadoso y tranquilo, así que tampoco le desesperaba, es más estaba acostumbrada. Se podía notar por sus torpes zancadas que estaba aturdido. Le acaricio la crin y pego un chistido para que parase. Bajo del lomo de Pétreos y lo tomo por la rienda con su mano derecha y comenzó a caminar hacia delante. Paso su mano izquierda sobre sus labios para limpiarse la sangre, luego paso su lengua para limpiar los restos de sangre de la palma de su mano. Deja caer su paralela a su cuerpo y mira al frente.


Notaba en su piel como la brisa acariciaba de nuevo sus mejillas, sus mechones con suavidad se movían, parecían contonearse al son del viento, pero al contrario que un mortal no sentía frió, por lo que pasaba inapercibido, es mas le gustaba la sensación de caricia que con mimo la tocaban. Siguió hacia delante, sin saber muy bien el rumbo que tomar, escogiendo como camino una calle al azar, que por la situación de las lunas que se postraba en los extensos cielos y que era como una brújula natural que los dioses habían colocado.


Noreste....ese sería el camino a seguir...

A paso lento en aquellas calles, notando bajo sus pies dura piedra, que a medida que avanzaba iba reblandeciendo, notando como bajos sus pies crujía a medida que pasaba hacia delante, pero no solo el terreno que pisaba cambiaba, también el paisaje que había frente a ella. Ruinas, que se confundían con enormes piedras sobre la hierva marrón y sin vida que en su tiempo podían ser grandes jardines con variedad de flores y plantas y que ahora se había quedado en nada, en un espectro.

A medida que avanzaba frente a ella una gran portón, a los laterales podía verse un lugar fúnebre, lleno de tumbas, con detalles fúnebres y algo peculiares en algunas de ellas, como como ern aquellas gárgolas que parecían vigilar las tumbas ,guardianes que protegían de los profanadores ,que se dedicaban a abrirlas para coger los oros de los ya muertos.

Solo veía tumbas a ambos lados, pero ahora no podía continuar así que dejó a Pétreos fuera del campo santo y se adentro ella sola, pues quería ver su interior, jamás estuvo en uno, ni siquiera el día de su propia muerte ya que
fue en una gran mansión, a la que en algún momento debía volver.

A un lado y a otro, unas lápidas descuidada incluso con los nombres casi emborronados, algunos les faltaba las iniciales, otros nombres completos, todo desolado con toque sombrío. No había nadie, solo ella y su equino, Pétreos, se quedo parada al visualizar en una de las tumbas, alguien permanecía parado. Esta cogio una ambas dagas y las coge del mango fuerte, con sigilo se acerca, mientras el aire frió rozaba aún sus mejillas sin ninguna peculiaridad. Pero eso cambiaba a medida que se acercaba a el u la desconocido, desconocida, ¿un profanador de tumbas?, le daría muerte.

-Huid, huid…no os atreváis a profanar la tumba los Alouqua- dijo con tono sombrío, mientras que delante de su rostro coloca sus dos dagas gemelas, una delante de la otra-¿quien sois?-hace una pausa-.....no os permitiré corromper el sueño…que eterno resguarda a Ziba....-dijo manteniendo su tono.


Última edición por Nirole Eilen Evan el Miér Mar 02, 2011 2:43 pm, editado 2 veces
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MensajeTema: Re: Un regalo desde la muerte   Sáb Feb 26, 2011 3:11 pm

La noche, amiga de mis hermanos, aquellos a quienes había de reconocer en mi lamento. Aullidos del viento, llanto de los murciélagos, y jazmín... jazmín y rosas traía a mí el dulce aroma de un perfume caro, exquisito, de una mujer. Aprendí en mis andanzas, hermana mía, que quien gasta en colonias demanda de suficiencia. Pero como ya dije anteriormente, no era aquella una mujer cualquiera.

Me mantenía junto al altar que tiempo atrás ostentase una poderosa forma. Las piedras amontonadas hacían recuerdo del pasado, un pasado mucho más limpio para todos nosotros... Las piedras, mi alma, todo se había carbonizado con el fuego de la destrucción... Y ellas, aún agrupadas, no querían perder la memoria de lo que fueron, al igual que yo en mi tinta y pluma rememoro mi vida, con cada palabra que te dedico.

Frente a mí las piedras, tras de mí la bruma nocturna, de donde procedía esa orgía de olores que formaban en mi cabeza una figura, una imagen de lo que podría haber venido a molestar mi búsqueda. Suspiré hastiada, pues había pasado demasiado tiempo desde que abandonase el bastión de Motclair y allí me esperaban algunos asuntos, los únicos que me ataban ya a ella... madre Alouqua habría sido un buen nombre, tierno y leal; pues una madre protege y enseña, como ella hizo conmigo...

No creas Thábata que reniego de nuestro lazo de unión. Madre siempre fue bondadosa y amable con nosotras, nos crió en equidad y amor. Sin embargo es otra la vida que vivo ahora, y otra es la madre que guió mis pasos en la “infancia” si es que en esta muerte eterna hay una. Ciertamente, mi ser había cambiado mucho desde aquel viaje en el que conocí a la Tremere; la seguridad de mis pasos aplastaban la tierra bajo mis pies, mi mente aleteaba sin cadenas de miedo ni confusión.

Y es que, cuando te sueltan la mano, no tienes tiempo para llorar o caer, sencillamente te das cuenta... de que sólo te queda caminar hacia el frente. Sobre tus propios pies.

Esa era mi meta: caminar. Caminar sobre el paseo de mi historia, en regreso a los tiempos pasados, para descubrir aquella verdad a medias que me había revelado Ziba Alouqua en su última voz. Los tronos, los tres tronos de poder. Uno: el Tremere, cuya heredera directa había caído, dejando la silla vacía. Volvía a estar perdido... Dos: el Clan de la Rosa. Había descubierto en la mansión de Alica alguna información de ese clan, aunque aún permanecía vacío su trono, debía ser yo quien encontrase al heredero directo para ocuparlo.

He aquí el motivo por el que me hallaba en el camposanto de ese viejo monasterio, usurpando el descanso eterno de los antepasados, cuando ese olor me indicó que alguien había venido a interponerse en mi hallazgo.

Daga en mano, miré de reojo a mi alrededor, la niebla era espesa, no veía demasiado mas allá de dos metros a la redonda. Pero si algo había aprendido de mi naturaleza maldita era que no eran los ojos mis únicas puertas a la realidad. Me erguí orgullosa, pues recordaba siempre las palabras de Madre Alouqua: “que la muerte nunca te sorprenda desaliñada, disponte siempre a recibirla con tu mejor pose, actitud altiva, y una sonrisa de viejas amigas…” Me entristecía pensar que no tuvo ella oportunidad de cumplir sus propias palabras, pues vilmente la habían tomado prisionera.

Pero era mi momento, y si alguien debía atacarme aquella noche, no me encontraría agazapada ni encapuchada. Así, incorporada, dejé resbalar la capucha de mi capa sobre mi melena negra; ésta no se distinguía en la oscuridad de la noche, pero en contraste relucía la piel blanca de mi rostro como una estatuaria de templo.

_
Huid, huid.. no os atreváis a profanar la tumba de los Alouqua...

Esbocé una siniestra sonrisa para mí, pues me hallaba de espaldas a esa voz que me amenazaba, la voz aterciopelada de una vampiresa.

Giré sobre mis talones para encararme con ella. Serena, altiva, callé. Esperé a que terminase de decir lo que quisiera. Era una joven muy hermosa, de cabellos castaños y mejillas coloreadas, por lo que no debía hacer demasiado que bebió.. quizá era aún una vástago, no lo sabía. Tampoco me importaba. Sus dagas me señalaban con grosería, pero no iba a dejar llevarme por la ira, no esta vez.

Inspiré profundamente en un gesto de molestia más que en necesidad de aire. Crucé las manos sobre mis piernas y esperé paciente.

_
¿Quién sois? No os permitiré corromper el sueño... que eterno resguarda a Ziba.


Un ladrido salió de mis labios como una risa tirante. No, definitivamente no pude mantener la compostura. Me crucé de brazos airada por la osadía de tal chiquilla de nombrar a mi maestra en vano. La miré irritada y con crueldad.

_
¿Quién soy? ¡Quién eres tú chiquilla, para nombrar a la gran Ziba Alouqua como si de su hija te tratases! ¿Acaso no sabes que no descansa aquí su cuerpo...? Vete, no me molestes con tus heroicidades absurdas niña, no estoy de humor esta noche...
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Nirole
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MensajeTema: Re: Un regalo desde la muerte   Miér Mar 02, 2011 8:51 pm



Firme y manteniendo la compostura. Ambas dagas frente a su rostro, con toda intención de atacar, si se viese en la necesidad de hacerlo .Le crispaban los nervios que el desconocido que tenia frente a ella y que descortés le daba la espalda, ni siquiera respondiese a sus comentarios. Seguía en silencio mientras Nirole la avasallaba con cortas preguntas, ninguna de ellas respondidas.

Pero cuando ella acabo, la situación cambio de manera repentina, ella se giro quedando cara a cara con Nirole, en su rostro podía notarse cierto enfado y contención de ira, al igual que cierto orgullo, quizás se equivocaba, pues las apariencias a veces eran engañosas.

Ella se cruzó de brazos, manteniendo su compostura al igual que su enfado y se dirigió de manera grosera a la joven vampiresa, Nirole."¿Quién soy? ¡Quién eres tú chiquilla, para nombrar a la gran Ziba Alouqua como si de su hija te tratases! ¿Acaso no sabes que no descansa aquí su cuerpo...? Vete, no me molestes con tus heroicidades absurdas niña, no estoy de humor esta noche...".

En ese momento Nirole retrocedió, tan solo un paso, y guardando de nuevos sus dagas, en el cinto, tenia intención de atacarla, pero había algo en aquellas palabras que hizo que aquellas ganas de atacarla por creerla capaz de profanar aquellas tumbas.Suspiró y cerró los ojos, estos se volvieron a la normalidad, dándole así tregua a esa parte gentil y amable que tenía mejores maneras de dirigirse sin abalanzarse antes sobre su presa.

Agacho su cabeza como si quisiere mostrarle sus disculpas de alguna manera y comenzó a hablar, se colocó las manos juntas por delante de su regazo y la sonrió.


- Nirole Eilen ...-dijo con tono tranquilo y directo, respondiendo a la única pregunta que hizo después de semejante groseria e irritación con la que la hablaba.

Por otro lado Nirole mantenía su postura tranquila, correcta ante ella, no ningún tipo de miedo, ante su forma de expresarse. Otros en el lugar de Nirole, se hubiesen puesto a su altura y se pondría a hablar de forma grosera en un tono bastante alto, hasta el punto que alguna de las dos se abalanzase sobre la otra.


Pero quería evitarlo de todas las maneras ya que si el mensajero muere el mensaje no llegaría a su destinatario. Suspiró y añadió-¿Como lo sabes....?-le dijo.

Y sin dejarla respondiera añadió- lo sé... se que aqui no descansa-dijo con tono sombrío a la vez que tranquilo, dulce.

Nirole cruzó sus brazos y sin apartarla la vista susurró- No pude despedirme…como... se merecía -cerró sus ojos unos instantes y finalmente habló con voz clara- Me convertí en su mensajera… una misión…me ecomendó-dijo manteniendo su tono aterciopelado, sombrío y dulce.


Se giró y miro o la tumba, acaricio con su mano izquierda, la tapa de aquella tumba y con los ojos cerrados se quedó unos minutos frente a ella. Reprimiendo la tristeza que la invadía.


- Mis disculpas….pero no…-se quedó callada pues no quería desvelar su secreto, su doble personalidad, continuó - debo ir en busca de quien me dijo…As…trid- dijo en susurro el nombre del destinatario de aquella bolsa roja aterciopelada.

Se giró de forma completa para dirigirse hacia donde encontraba su cabello Pétreos, para continuar el camino hacia la búsqueda de quien debía recibir aquél objeto. Dandole vueltas a la situación que pocos minutos antes habia teniado ¿ por que reaccionaba así?¿ le diría quien era ella?.


Última edición por Nirole Eilen Evan el Mar Mar 08, 2011 10:15 pm, editado 1 vez
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Astrid

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MensajeTema: Re: Un regalo desde la muerte   Mar Mar 08, 2011 1:44 pm

Off: Nirole en ningún momento puse que estaba gritando -.-U

On:
Caminando en la senda de la oscuridad, Thábata, encontré lo que realmente era un vampiro.

No era un asesino, como nos contaban cuando éramos pequeñas, ni tampoco eran seres de piedra tallados por la indiferencia. No eran demonios con poderes soñados por los dioses. No, los vampiros no eran... éramos, así. Eso es solo la punta del iceberg, lo que las leyendas han podido raspar de su personalidad, lo único comprensible por ojos humanos; ¿Qué éramos pues, si las leyendas no son ciertas? Ah, mi hermana, si fuese tan sencillo de explicar...

Cada vampiro era una rosa, todos iguales en apariencia, con sus espinas en el tallo y su atractivo tono en la corola; símbolos de hermosura y juventud eterna estas rosas... Pero en cada una de ellas, los pétalos son distintos, a medida que se van acercando al interior, pueden ser retorcidos, puros, marchitos o estar carcomidos por los insectos. Pueden volverse negros o brillar como el más expuesto. ¿Has visto alguna vez una rosa cuyos pétalos luzcan todos jugosos y coloridos? Tampoco yo he visto un vampiro cuyo interior siga puro tras los años. Todos nosotros guardábamos en nuestro interior un secreto, una intimidad que nos perturbaba y nos hacía enloquecer; queríamos mostrar al exterior una cara contraria a lo que en nuestra mente sucedía. Queríamos protegernos y a la vez no asustar a nuestras víctimas con nuestra locura, como las espinas del tallo y los pétalos exteriores.

Eso que yo comenzaba a intuir tras mi experiencia con los zares, con ese grupo tan grande y heterogéneo de vampiros, me lo confirmó la joven que tenía frente a mí. Unos instantes antes parecía amenazadora, con sus cuchillos casi rozándome la cara en una actitud irritante; y, de repente, sus ojos se tornaron mansos y ella misma relajó su cuerpo, dotándole a su rostro un brillo carismático y dulce. Lejos de relajarme yo también, desconfié más aún de ella, pues ese repentino cambio de humor me perturbaba.

Fue un simple detalle este que te cuento, pues era en sí un ser de lo más extraño: hermosa como todos nosotros éramos, con un roce entre la infancia y la edad adulta que la convertía en una criatura mucho más pura de lo que realmente podía ser un vampiro. Cualquier vampiro. Y entonces, en un alarde de dulzura y armonía que colapsó mis venas, dijo entre balbuceos su nombre. Nirole se llamaba, jamás había escuchado semejante chiquilla en los labios de Ziba, así es que saber su nombre no me resolvía nada.

Me mantenía firme en mi postura, arrogante debo decir.. En vida si me recuerdas, querida hermana, siempre pasé desapercibida, nunca quise darme alardes de grandeza... Pero ahora, era algo que te inyectaban en la sangre cuando los colmillos de marfil atravesaban tu garganta, algo innato en la nueva vida. Nuestra esencia, mayor o menor pulida. En mi caso, había tenido una buena maestra de este acto teatral que es la prepotencia.

La miraba con inclemencia, esperando que dijese algo que me fuese de interés mientras miraba una lápida allí habida no sabía cómo. Hasta que dijo algo que hizo temblar hasta la mas ínfima fibra de mi ser... ¿Ziba le había encomendado algo? ¿Cuándo, antes de ella conocerla? Con ansia di un paso hacia ella, mis ojos fueron heridos por la luz de Deòir que se burlaba de este baile de interpretaciones y verdades.

Y, sin saber por qué, dijo mi nombre... Ziba, no sabía cómo, le había dicho que debía buscarme. ¿A mí? ¿Qué quería mi maestra de mi...? Eso en realidad no era lo que estaba haciendo que mi interior ardiese en la agonía, sino el hecho de que esa chiquilla hubiese recibido noticias de la Tremere.

_
Tú... ¿ella ha hablado contigo? Pero eso no es posible, ella está....

Me quedé en silencio, aún no quería decir esa palabra, no quería enfrentarme a la realidad cara a cara. Si la vieja amiga de Ziba fue la muerte, la mía era la verdad.

_
Yo soy Astrid, y espero su mensaje, pero antes... Dime, ¿cómo se te presento esta misión?
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Nirole
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MensajeTema: Re: Un regalo desde la muerte   Jue Mar 17, 2011 8:30 pm

Primer paso...

Segundo paso....

Avanzando con lentitud, mirando a su alrededor, copiando en su retina el aspecto fúnebre del lugar, mientras que atravesaba la espesa niebla que envolvía en su totalidad al Campo Santo, fijándose en todo detalle que la rodeaba, evitando tropezar por querer llegar veloz a su montura, por ello miraba al frente y de vez cuando al suelo, haciendo crujir bajos sus pies la hierva muerta, y algún trozo de escombro minúsculo que con el peso de su pie rompía y hacia añicos.



En ese instante la voz de la joven con quien había cruzado unas palabras, irrumpía su camino, parecía que esa frases que formadas salieron de su la boca de Nirole la hicieron reaccionar, le sorprendió bastante el que aquella con la que pretendía atacar en un principio, fuese la destinataria de aquella bolsita que colgaba de su cinto.


Sonrió antes de girarse, llevándose sus manos a su regazo, poniendo su mano derecha sobre la izquierda, justo por delante de su estómago, con los brazos casi estirados. Bajo la mirada, finalmente se giraba sobre sus tobillos, quedando frente a ella, con el rostro aún bajado y que no tardó en levantar para hacer coincidir sus pupilas, pero esta vez sin gesto alguno en sus labios, ni una sonrisa.


Tú... ¿ella ha hablado contigo? Pero eso no es posible, ella está....”.En ese momentoNirole suspiraba, como quisiese coger aire para que llegasen a sus pulmones.La joven parecía que había perdido el habla por unos instantes, pues quedó en silencio, que luego supo rellenar," Yo soy Astrid, y espero su mensaje, pero antes... Dime, ¿cómo se te presento esta misión?"


Se humedeció los labios y llevo su mano derecha para arrasarse su mejilla, trago saliva y comenzó a responder a sus cortas cuestiones. Quizás la tomase por loca, pero tenia que decírselo de manera directa, y que esperaba que no se tomase a risa.

-Iré al grano…del asunto, pues supongo que no querrás que rodee la respuesta a tu cuestión- hace una pausa, mientras baja su mano, para volverla a colocar sobre su mano izquierda- ...Su llamado… a través de sueños abstractos días atrás,…. mostrándome la mansión… no muy lejos de estas tierras fantasmagóricas. Al encuentro con ella,..Allí su espectro en la ventana asomada... mientras yo en el tejado la observaba, llorando su perdida…tras saber de un enfrentamiento entre los de su propia sangre…, creyendo que no me veía,..Pero que de seguro sabia de mi presencia…que no andaría cerca- aclara la voz- … al llegar a su habitación hallé su espectro…por ningún lado su cuerpo… confirmando lo que ante mis ojos se mostraba, su imagen, solo su espectro- continua mientras relaja sus manos que luego coloca paralelo a su cuerpo, continúa- ella me dio algo algo que tú Astrid debes portar…Me dio dos objetos, pero solo uno ello, y no por ello menos importante, esto-dice manteniendo su tono aterciopelado y suave.


Lleva sus manos al cinto, justo al lado de donde portaba su espada, desatando la bolsita roja de terciopelo, la coge fuerte en su mano y la mira. Mientras alarga su mano para colocarlo delante de los ojos de la vampiresa, a la altura de la mano de ella, dejándolo agarrado en su mano derecha, esperando que ella adelantase su mano para cogerlo- …os diré su mensaje….que es simple y directo y que tu debes interpretar- parpadea una vez y la mira con el rostro serio - usadlo con cautela, ámalo como una hija… - Suspira- creo que aquí acaba mi...misión…- sonríe tímida- ... creo que no querrás tenerme muy cerca..Pues ahora que os lo entregué…buscaré mi forma…de saber de Ziba….-musitó, mientras se separaba y giraba sobre sus tobillos para volver a iniciar su camino hacia su compañero equino, para llevar a cabo , su búsqueda.
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MensajeTema: Re: Un regalo desde la muerte   Jue Mar 24, 2011 8:49 pm

Miré desconfiada aquella figura que se giraba hacia mí. Toda ella parecía una muñeca de porcelana, delicada y frágil, de rasgos suaves y ligeramente redondeados. Pero sus ojos hablaban de otro ser, una oscuridad que ni el más dulce timbre en su voz podría ocultar. El vampiro hablaba, por detrás de los labios inmortales; y curioso e irónico es que me fiase más de la voz del asesino que de la pura criatura. Lees bien, Thábata, yo que repudié mi condición, que juré jamás aceptarlo, me sentía segura frente a una igual, como un viajero en tierras extrañas, me hizo sentir el calor del hogar, si es que alguna vez tuve.

Avancé dos pasos hacia ella, también sus pies se adelantaron. Ahora quedábamos frente a frente, ninguna de las dos ocultó el rostro ni apartó la mirada. Seria, hierática casi podría decir, la observé a la espera de una respuesta verdadera, sin rodeos ni mentiras. Quería saber de Ziba, cómo se había presentado frente a Nirole... Debo confesarte, querida hermana, que sentí una punzada de celos y reproche al saber que aquella criatura desconocida pudo ver por última vez a mi maestra, sin embargo allí me encontraba yo entre los escombros, buscando lo que ni siquiera su sangre rozaba, pero era el último soplo del recuerdo que tenía de ella.

La voz de la vampiresa comenzó a relatar... Podía imaginarme bien la escena. Cerré los ojos y me dejé llevar por el ojo de la mente. Allí estaba ella, la vi desde la calle, una figura blanca y hermosa que resplandecía tocada con mimo por la luz de la luna. Las gasas etéreas de su vestido flotaban arremolinándose con las cortinas. Pero sus ojos ya no podían ver, sus labios ya no podían besar, sus colmillos ya no podían beber...

Arrullada por la dulce voz de la chiquilla, vislumbré cómo subía unas escaleras, y llegaba hasta ella, hasta la figura fantasmal de la que una vez fue la última Tremere. Quise hablarle, abrazarla en sueños, pero aquella imaginación sólo obedecía a lo que Nirole relataba; sólo pude ver que entregaba algo. Ese tono tierno que tenía la mensajera me envolvió en lo más irreal que pude haber contemplado nunca. El cuerpo de Ziba resplandecía blanco, más blanco incluso que su nívea piel inmortal. Sus ojos carecían de pupilas, y sus labios habían perdido el color que los hacía tan terriblemente hermosos. Aun acompañada de su amiga la muerte, Ziba Alouqua presumía radiante su final, como si nada hubiese sucedido.

Y supe, por el alma de vampiro de la narradora, que aquello sucedió de verdad.

Abrí finalmente los ojos, y allí estaba una bolsita de terciopelo rojo que Nirole me tendía esperando a que yo la recogiese. Avancé dos pasos más, tres, temblorosa, había sido un duro golpe esa última visión. Ahora que sabía, que Ziba permanecía en alma en Utopía tuve miedo, pues pensé... que debía estar siempre atenta, por si la veía aparecer.

Agarré el pequeño saco, y lo apreté contra mi pecho. Era una estructura dura, pero no quise abrirlo y averiguar su contenido con la mensajera delante... No, no debía saberlo ella. Sin embargo me había hecho un gran favor trayéndome esas palabras, y el legado de lady Alouqua. Incliné la cabeza en señal de respeto y volví a mirarla, pero las palabras no me salían. Por una vez, quise hablar y no pude, parecía que mi garganta se había acostumbrado demasiado a mi voto de silencio.

Y tan repentinamente como había llegado, Nirole se giró sobre sus pasos, anunciando su marcha. Dijo que iría tras Ziba, que la buscaría para saber de ella... Entonces, y solo entonces Thábata, comprendí que aquella era su misión, y no la mía. La última Tremere no me había encomendado buscarla por la faz de Utopía, sino completar otra búsqueda, una que ni Nirole ni cualquier otro vampiro podría haber cumplido. Así que, dejé que su decisión se cumpliese. Pero cuando se hubo subido al caballo, decidí darle algo a cambio.

_
Tu entrega ha sido dichosa para mí, me siento en deuda, y quizás mi relato pueda acompañarte en tu búsqueda de nuestra compañera perdida...

Me detuve, no sabía si contarlo realmente, tenía miedo de volver a sentir ese vacío dentro de mí, de caer en el desconsuelo y la flaqueza que me hundió en el preciso instante de su muerte.

_
Los zares fueron quienes la mataron, pero no quienes clavaron el puñal en su costado. Habíamos viajado juntos en la unión que solo un enemigo mayor puede bordar. Por unos instantes... unos, muy fugaces, sentí que quizás podríamos haber llegado a comprendernos. Pero ellos odiaban a lady Alouqua, y como tal, viles como serpientes, en cuanto el peligro soltó nuestros pescuezos, la hicieron prisionera.

¡Orgullosa Ziba la Tremere! Mujer de honra sin duda, que antes de caer en manos de falsos reyes, se dio a sí misma la muerte para no caer en la locura. Y aquel triste final, fue la última imagen que tuve de ella.... Sucedió muy lejos de aquí, en la Sierra de Alica. Me alegra ver que tras la muerte, su ambición sigue sin comprender fronteras...

Mirando al cielo rememoré su imagen, altiva como ella sola, impecable como la más vigorosa mujer, terrible como el más temido vampiro. Regresé la vista a la joven y me coloqué la capucha, ocultando de nuevo mis facciones.

_
Espero que encuentres lo que andas buscando, y tengas suerte en tu camino... Ahora cada quien debe seguir lo que le fue encomendado. Cuidate y no pierdas nunca el recuerdo de Ziba Alouqua mientras te quede una gota de vida...

Dicho esto, me giré dispuesta a continuar con mi labor, deseaba perder de vista su figura para descubrir qué era lo que tan insistentemente mi maestra me había querido dar...
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