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 El canto de la Locura

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Zíngara

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Localización : Donde la realidad pierde su nombre
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MensajeTema: El canto de la Locura   Mar Ene 25, 2011 2:47 am



El sanatorio. Una infame institución donde un grupo de hombres -siempre esa sub raza que se cree dominante- experimenta nuevas formas de tratar con los crecientes trastornos que el mundo va descubriendo día a día.

Ahora, quienes somos diferentes ya no somos llamados "excéntricos", si no Locos. Dementes. Chiflados. Peligrosos, para nosotros mismos y para la sociedad. La era de las grandes mentes enajenadas, de los grandes guerreros que hablaban con su dios antes de una batalla, de los druidas y sacerdotes que entonaban cánticos en medio de la nada se va desvaneciendo ante las luces de lo que muchos llaman "progreso".

En los Montes Helados de Drasnia, se suscitan cada día más desapariciones entre los viajeros errantes, los huespedes de posadas y sobre todo, entre los amantes de la naturaleza que duermen a la intemperie en tan antinatural ambiente gélido.

Todos vamos a parar al mismo lugar, enclavado en las faldas traseras de la montaña más alta, oculto a la vista del mundo, ignorados por todos aquellos que prefieren no ser involucrados -no quiera Sandre que terminen aquí encerrados por el resto de sus días-.

Todos estamos locos, unos mas que otros, pero al fin de cuentas, siempre locos.


Así reza la descascarada pared de la celda 34-D, cuya ocupante, una mujer de largos y negros cabellos lacios, ojos marrones y boca de cereza lleva recluida más de ocho meses sin posibilidades de mirar el exterior, dejándose observar con impasibilidad por toda aquella barahúnda de "especialistas" que prometen el cielo y unicamente le hacen descender al infierno.

El frío es insoportable, las desnudas paredes de piedra caliza rezuman humedad y moho, las ventiscas se cuelan por las ventanas sin cristales y las amplias chimeneas de los salones de estar nunca se hallan prendidas. En resumen: El requinto averno helado.

Pisos y más pisos conforman aquella estructura neogótica y barroca, los dinteles estan tallados y cubiertos de hiedra al igual que las fracturas de los muros y los pisos, antaño de mármol pulido y perfecto. Los pasillos son marañas interminables que conducen a todas partes y a ningún sitio; las puertas de roble y nogal macizo estan hinchadas y putrefactas, y sin embargo, aún son fuertes.

La recepción está protegida por una bellísima reja de acero élfico forjado por enanos -que seguramente enloquecieron, segun nuestros estimados anfitriones- y posee una cerradura infranqueable, de la cual unicamente existen dos llaves: Una del director del sanatorio, y la otra, del queridísimo payo Wrath.

El estrecho corredor desemboca en una amplia sala semi circular que posee un amplio ventanal sin ventanas, unicamente con barrotes oxidados y resistentes desde los cuales se puede apreciar un grupo de arqueros elfos en las almenas, vigilando las entradas a la luz intensa del día. Todos entran por "propio pie", nadie sale entero.

-Yo no estoy loca!!-

Jhon Wrath: -¿Ah no?, ¿y entonces, el ir haciendo lo.. lo que tu hiciste, es signo de alguien cuerdo?-

-Ahi te equivocas Wrath, estoy en lo correcto, YO NO ESTOY LOCA!, ustedes me volvieron loca!, claro, eso si así se le puede llamar a la profunda consciencia del encierro y las alas rotas. Nadie esta loco al cruzar esas puertas, todos son perfectametne lúcidos, es el encierro, la ironía y la desidia lo que les empuja irremediablemente al abismo infinito de la perdición y la dejadez. Aquí nada brilla, todo es penumbra y soledad, nadie está realmente con nadie, cada quien vive en su mundo privado, desgranando ilusiones que nunca son lo que parecen. Este sitio está lleno de espejismos, de engañosas imágenes que siempre resultan ser algo diferente-

La voz distante de aquella joven mujer va llenando el ambiente, la ocupante de la celda 34-D es llevada de nueva cuenta al interior, despues de la pequeña incursión mañanera que terminó con dos guardias heridos, un par de brazos rotos y la nariz sangrante del médico. Zíngara -la gitana escapista- se cruza de brazos y chasque la lengua sin mirar más que a la entrada, añorando los senderos libres y cálidos de un sitio que no es Aloria.

Esa es una simple mañana tranquila y normal en el sanatorio. Es día de nuevas remesas, de sangre fresca, de nuevos conejillos de indias.


********

Off: Bienvenidas señoritas. Su cometido, hasta ahora, es narrar su llegada al sanatorio, recuerden, NO son llevadas por la curiosidad ni por su propio pie. Son OBLIGADAS a ir ^^

Suerte!
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Halcón Torrido

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MensajeTema: Re: El canto de la Locura   Miér Ene 26, 2011 4:03 pm

Aún no sabía como había podido suceder...

Un día libre, un día de esparcimiento, Paulette sabe que los necesito para dar rienda suelta a mi interior, sabe que no puedo ser enjaulada, encerrada en mí misma, que eso, tan solo es un mecanismo de destrucción y que el único resultado es el caos que todo lo incendia, que todo lo consume.

Pero ella me entiende, ella siempre me entiende, cuando empieza a ver ese brillo en mis ojos, esa mirada que se entrecierra entre las negras largas pestañas sabe que ha llegado la hora. Me envía fuera, lejos de la isla, sin ninguna misión aparente, vacaciones las llama ¿Vacaciones? Ninguno de los demás Halcones las tienen ¿porque yo sí? Porque yo soy diferente.

Necesito dar rienda suelta a mi violencia, a mi salvajismo, a mi cabeza, escuchar las voces de mis padres, sus alaridos al ser consumidos por las llamas, ellos que siempre me piden que encienda nuevos fuegos para no partir solos a la otra vida, para que otros experimenten y comprendan.... Mis amados padres.

Pero esta maldita ciudad... ¿Porque de entre todas mis pies tenían que elegir el camino que conducía a donde ellos habían muerto?

No sabía ni como ni porque pero había llegado hasta ahí. No solo hasta ahí, si no hasta la casa.... Aún se podían ver los árboles que habían sobrevivido con la corteza ennegrecida, la hierba no había vuelto a crecer y en su lugar se encontraba un empedrado que conducía hacia donde debieran estar los cimientos calcinados de la estructura de la casa.

Pero no....

Una preciosa casita, no demasiado grande se haía levantado, era modesta por fuera, de dos plantas pero sin dimensiones u orlamentos que indicaran que perteneciera a un gran señor o a alguien acaudalado.

“ Leena... Lenna”

- ¿Si madre?.- Contesté a la nada mirando fijamente a la casa.

“¿Ya has visto lo que han echo con nuestra casa? ¿Ahora comprendes porque la incendiaron? ¡Querían nuestras tierras! Y nos mataron a padre y a mi. Ya sabes lo que has de hacer...”

- Venganza.....

Con determinación me acerqué a la puerta para llamar con la aldaba de bronce que golpeaba la puerta de madera. No me hicieron esperar mucho. Minutos después apareció tras la puerta una mujer menuda y barrigona que se limpiaba las manos manchadas de harina hasta los codos con un delantal que llevaba anudado a la cintura.

- ¿Si que desea?- la mujer me escrutaba con la mirada, sin duda poco acostumbrada a visitas de quienes no conocían, mucho menos de alguien con mis apariencias.
- Esta era la casa de los Stabilo.- No lo pregunto.
- No querida, esa casa se quemó esta es la casa de los Boss

“Maldita cabrona, ya se que esa casa se quemó, vosotros la quemasteis para quedaros con los terrenos de mis padres”

La fulmino con la mirada pero no digo nada, simplemente la observo preguntándome que desmembrar primero.

- ¿Leena?.- Pregunta de pronto.- ¿eres tú?
- ¿Cómo es que sabes me nombre?- Pregunto tajante.
- Así que eres tú. Te pareces a tu madre, solo que ella tenía el cabello negro. ¡Soy tu tía Maddi! ¿No te acuerdas de mí?
- No.

“De ninguna tía Maddi ni de ningún familiar de echo”

- Vaya niña, bueno, pasa, pasa, yo te haré recordar a tu tía Maddi. ¿donde has estado todos estos años?
- Por ahí.- Contesté escuetamente entrando en la casa. El recibidor tiene una moqueta gruesa y de un feo color verde. No me importará mancharla de sangre si es necesario.
- ¿Dónde está la cocina Maddi? Tengo sed.

La mujer, comenzó entonces una chachara incesante a la cual no presté atención mientras me conducía a la cocina donde estaba haciendo la cena. Sobre la mesa extendidas varias piezas de merluza que estaba harineando para poner al fuego sobre una sartén. Calculé por la cantidad que en la casa, había al menos tres personas, lo que no podía asegurar era si se encontraban en ella en ese instante o no.

Me acerqué al fuego encendido en medio de la cocina, con un hierro aparté la chapa que evitaba que las llamas saliesen fuera y las contemplé, quedándome absorta en ellas durante unos segundos, casi podía ver los ojos violeta de mi padre antes de gritarme que huyera, mientras él comenzaba a abrasarse atrapado por las llamas.

- ¿Sabes que les ocurrió a mis padres?- Pregunté aún mirando el fuego, con tono ausente.
- Claro... claro.... aquello fue una terrible desgracia. Un terrible accidente.

La miré entonces, con su rostro bonachón de espaldas a la mesa donde descansa el pescado. Me aproximé lentamente.

- Una terrible desgracia....un terrible accidente....- la mujer que no me conocía no podía leer el peligro que denotaba mi voz. En un segundo mi pecho estaba pegado a su espalda, un brazo la sujetaba por la barbilla mientras la otra mano había asido el puñal que se apretaba contra su yugular.- Un accidente muy beneficioso para ti. ¿No crees?

La mujer, asustada no atinaba a hablar, haciéndola girar la obligué a caminar hacia el fuego y aferrándola del cabello la sometí haciendo que acercase el rostro al fuego para que sintiese su calor sin llegar a quemarse. Instantáneamente la mujer soltó un alarido de terror.

- Si... grita...- siseé- es lo último que ellos hicieron. Sabrás lo que sintieron.

En mi cabeza podía escuchar la risa de mi madre, contenta por la venganza que estaba ejecutando en su nombre. La mujer, no dejaba de chillar y tuve que afianzar los pies para no resbalar con sus efluvios pues el terror había echo que descontrolase por completo la vejiga.

La acerqué un poco más al fuego y pude oler el aroma a cabello quemado, las pestañas y las cejas habían desaparecido de su rostro. Los gruñidos de satisfacción escapaban de mi garganta al tiempo que asaba a la condenada lentamente.

… Hasta que...

Un duro golpe en la parte de atrás de las rodillas me pilló desprevenida y me hizo caer, alguien había escuchado los gritos de la mujer y había venido a socorrerla. No llegué a verle el rostro, pero por sus piernas, jóvenes y fuertes podía asegurar que era un hombre. El siguiente golpe fue hacia la cabeza.

- Hijo de put...- no pude decir más un tercer golpe me dejó fuera de juego.

Desperté con el traqueteo tiempo después, con los ojos vendados y las manos atadas a la espalda. Me sacudí como pude, pero el nudo solo se endureció dañándome las muñecas, a todas, vistas, no, a todos los sentidos menos la vista en este caso, estaba en una carreta.

No sabía a donde nos dirigíamos, solo que en un determinado momento, se escuchó el chirrido de una verja al abrirse y más tarde el golpe de la misma al cerrarse.
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Greia

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MensajeTema: Re: El canto de la Locura   Jue Ene 27, 2011 12:56 am

Off: Voz de Greia
¿Estás seguro de que es por aquí?- dijo la muchacha perdida muy desorientada, estaba en medio de la nada, de la maldita y blanca nada. Ella de cuyo nombre Greia, pronunciado Greya, iba montada sobre una bestia de largos cabellos níveos y de gran envergadura, no supo el nombre cuando lo adquirió a las malas formas.
Parecía desesperada, es decir, desesperadamente helada hasta los huesos-Debimos haber parado en aquel pueblo, ese que nos dejamos atrás. Tu guardián se está congelando de frío, imbécil.- concluía ella, en lo que claramente era un reproche al aire sin receptor. Su diestra sujetaba el guardapelo sobre la palma de la mano, su zurda, soltó las pieles que “cogieron prestadas”, para señalar el objeto, era la típica imagen de cómo una madre regaña a su hijo y éste cabe en una mano.-Eres tú “las piernas” del equipo, ¿por que no paraste?¿ Acaso soy yo el cerebro?- en lo más recóndito de la cabeza de la muchachita, Greia escuchaba una voz joven, siempre joven a pesar de los años vividos en compañía, esa voz era de tono masculino, quien se excusaba de lo que parecía ser su culpa.

Por que tu me lo negaste y ahora estamos perdidos en un invierno sin principio ni final por tu cabezonería, eres patético.- chispeó la lengua con aires de enfado, retrasaba y adelantaba la cabeza exagerando su estado, negando con la misma.-De imbécil a patético en un momento. No te aclaras ni queriendo, bueno, eres tú la que aparenta hablar sola. La… loca, la que a nadie le importa.- el subconsciente de la joven le daba las punzadas le dolían, claro que le dolían, eran dos voces en una misma persona… Y la persona, en un acto valeroso para el dependiente, para la costumbre, para romper las barreras de lo monótono, lanzó a lo lejos el preciado objeto. El animal que anduvo recostado al rítmico paso de la montura, la cual se detuvo, saltó congelándose de frío y helándose las pequeñas patas.

Una mancha de tinta negra sobre un lienzo en blanco.

Y Greia rememoró todo lo que en aquellos dos años acontecieron. No todo eran malos modos, ni violentas maneras. La chica titubeó, parecía que un piojo le estaba picando por el interior del cerebro, al percatarse de lo que había hecho y de como se sentía al observar a ese animal correr desesperado por el frío.

Estuvo pensándoselo pero aquel bichito la convenció. Se disculparía con el guardapelo tras cogerlo. Hizo lo debido y el objeto personificado habló.- Patética...- cesó para proseguir.-Eres tan ... tan tan.... Greia..- la mirada de la pequeña humana y gran perturbada se deslizó hasta la pertenencia, tan gélida como el escenario, tan fugaz como el paso de un objeto sobre el hielo.
Volvamos al pueblo ese, comamos algo y resguardémonos del eterno invierno.- y los tarados se perdieron.

Vueltas y vueltas fueron las que dieron, hasta que el subconsciente de la chica, por el rabillo del ojo de la misma vislumbró (hay que matizar que ella cree que el objeto tiene vida propia, que ve por si mismo, incluso hace algunos descubrimientos antes que la misma chica) una columna de humo.-Tengo haaaambre- decía la humana acurrucada, posando los pies sobre la extensa bestia y hecha un ovillo sobre la misma.

Tira de las riendas a la derecha, anda...
¿Y quien eres tú para darme órdenes?
El que ha visto fuego...- decía solemne la voz de su cabeza.
Fueeeeeeegoooooooo- repetía ella delirando y sorbiendo mucosidad.Tan calentiiiiiitoooooo- su mente se tornaba en llamas. Hizo caso al objeto y tras un largo camino, encontraron la villa que dejaron atrás horas y horas antes.

Busquemos comida y fueeeeeeeeegooooooo.- dijo adentrándose en el pueblo. Muchos guerreros, viajeros, aventureros les hablan a sus animales, ella podría haber pasado desapercibida por el animal y el gato. Más estuvo en el punto de mira de los lugareños cuando Greia empezó a gritar y a atizar al guardapelo. Como si lo quisiera callar a golpes. ¿La conversación fue el pique, la molestia del objeto hacia ella. Solo eso.

Y unas sombras le siguieron hasta que hallaron la taberna de "El colgado sacrificado", la muchacha caminó hacia allí pero parecía incómoda, sentía la necesidad de mirar hacia atrás, sin embargo....

¡Ni se te ocurra!- exclamó-¿Quieres que nos maten?Tu sigue andando.-Su caminar era peculiar, las íngles le dolían, le escocían, la espalda le dolía al estirarla... Su estampa era un cuadro. En la taberna les perderemos de vista.- sucumbió al consejo y no miró. Ya dentro de la taberna, todo era aburrido. Ni un alma dando voces, ni gritos, todo el recinto estaba tranquilo.

Mierda, aquí no nos podemos refugiar de esos tipos.- susurraba ella, como si confesara algún secreto de estado.
Actúa con normalidad, es lo que te puedo aconsejar.

Pero las horas de montura peluda, (un Akuh), la hicieron el centro de todas las miradas, andaba con los pies abiertos de aguantas los estribos, casi caminaba con los talones, agachada levemente y dando pequeños saltitos al posar la palma de los pies contra el suelo, brazos dormidos y congelados, agarrotados con el tiempo de travesía. Si, verdaderamente, su figura era un cuadro.

Sentose en una banqueta de la barra doliéndose de cada movimiento forzado.-
Ca... ca ca ca caliente, por favor.

Cuando hubo recuperado movilidad y temperatura, posó a su compañero en la barra y preguntóle que qué quería de comer.- Hoy me siento generosa, ¿qué te apetece a tí? ¡Que te invito!- podría haber pasado desapercibida también en esta ocasión pero los ladeos de cabeza y los violáceos ojos miraban al objeto. Los habitantes, resignados llamaron a "los loqueros", quienes le hicieron sombra y la apresaron sin preámbulos.

Que no voy a correr-decía la muchacha intentando disimulo sin apenas mover los labios. Uno cogía a la chica y el otro se encargaba de llevar el objeto y el gato negro.
La guiaron a un edificio alto de ventanas altas con rejas...

Era una construcción para "los desviados", para los idénticos a Greia. Debería haber sido el lugar donde debería haber crecido. Su celda la M013. Austera, sucia, puerca hasta para Greia, sin más decoración que un jarrón con una rosa seca y agua pasada en su interior. Una cama, en la que podría ser perfectamente hundida, una mesa roída de polillas y una silla peor.
La niña de dieciséis años, se asomó y llamó al guardapelo.
...¿Esto... compiiiii?- no halló respuesta pero un llanto y unos gritos la respondieron. Greia retrocedió un par de pasos, asustadísima, luego otro paso más, y otro, hasta llegar a la pared paralela a la puerta. Allí encogióse y balanceóse enterrando la cara entre sus rodillas.-Este sitio no me gusta...Nu nu nu...
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Lydian

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MensajeTema: Re: El canto de la Locura   Jue Ene 27, 2011 2:08 am

Necesitaba encontrar un nuevo ritmo, eso es lo que hacemos los músicos cuando entendemos donde y como tocar cada nota. La música clásica era muy limitada en ritmo, desde que había salido del instituto comprendí aquello. El ritmo de la gente de las calles e incluso de la misma persona que me enseñó a ser trovadora. No solo el ritmo, cada intervalo de la escala cromática era utilizado en diversos modos, muchos que si bien podía entender no podía comprender del todo. Aparentemente la música tomaba un nuevo rumbo pero a un ritmo bastante lento.



Seguía tratando de improvisar aquel ritmo conforme me iba acercando a la nueva ciudad. No me preocupaba hacía donde iba como lo había comenzado a hacer desde hace algún tiempo. Tampoco me preocupaba mucho del dinero, simplemente tocaba lo que sabía en una nueva ciudad y lo conseguía. Como no sabía cazar me iba con grupos de cazadores hasta donde nuestros caminos se desviaran, muchas veces a mitad de camino. Ellos me daban la comida después de que los deleitase con mi música y me largaba. No me gustaba ver como cazaban en realidad, me recordaba mucho a esa noche cuando los licántropos atacaron.

La música cesó… Sacudí mi cabeza y seguí tocando despreocupada. No era un ritmo tan difícil, pero si algo melancólico, no podía entenderlo del todo pero me estaba acercando.

Llegué entonces a la plaza principal de la ciudad. Nada, no quería tocar más por ese día. Solo diez líneas bastaban para que volviese a recordar aquella noche… Algo me decía que era el ritmo, mas pensé en mis padres y en cómo me ponía cuando los extrañaba. No quise seguir improvisando más aquel ritmo así que entré en la primera posada que encontré.

(…)

Había comprado un cuaderno en el pueblo anterior, uno en blanco. Con este objeto me encontraba en una de las mesas de la posada, escribiendo partituras como siempre. Lo último que había tocado, no sabía porque me mantenía tan absorta en mis pensamientos. No podía comprender porque aquel día todo era más deprimente, pero no quería que fuese así. Pedí un trago del más suave al posadero sin darme cuenta de lo que hacía, pero claro este se reusó con el pretexto de que no era más que una niña. A regañadientes acepté entonces un vaso de agua. Luego me volví a la mesa y comencé a tocar dejando que mis dedos se movieran por si solos improvisando una suave y alegre melodía.

No había visto a nadie más, pero sabía que estaban ahí. Nunca me fijaba en el resto hasta que ellos me necesitaran o viceversa. Como sea, un hombre luego se acercó hacía mi mesa con dos vasos. No pude adivinar el contenido, pero deje de tocar y el hombre me tendió el vaso diciendo que era cerveza. Miré entonces al posadero casi como pidiéndole permiso para aceptarla, pero este me dio la espalda mientras hacía como que lavaba la vajilla. Tragué saliva y antes de beber me puse a conversar con el tipo. Bebí sin darme cuenta que él no había tomado de su cerveza, estaba ya algo mareada con la primera y entonces él me ofreció la suya, después…

(…)

No recordaba nada de la noche anterior… Apenas sabía… no, con suerte sabía mi nombre. La cabeza me ardía, daba vueltas y sentía unas nauseas horribles. Sentía una jaqueca que nunca antes había tenido en mi vida. Sentía que quería morirme en ese mismo instante, ¿era aquello lo que los hombres llamaban resaca? No quería beber de nuevo, lo único que recordaba era al hombre y los vasos que me ofreció, mas no de lo que hablamos. Me aferré a la almohada por inercia, acurrucándome en esta casi quedando en posición fetal. Sentía que ardía, necesitaba beber algo frío y a la vez la pura idea me daba nauseas. No quería ni saber donde me encontraba ni pensar en lo que me podría haber pasado en una sola noche borracha. Mi primera noche borracha y ya quería que fuese la última.
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