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 Compartiendo Conocimientos (Privada)

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Rose Atillart
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MensajeTema: Re: Compartiendo Conocimientos (Privada)   Mar Mar 15, 2011 9:45 pm

Seguíamos caminando por el túnel mientras que las dos figuras recortadas por la luz de los candiles. Aunque nosotros dos no hablábamos podía escucharse cada vez con mayor claridad el murmullo del hombre con su enorme interlocutor. El ambiente oscuro de la sala, la incapacidad de ver que era lo que ocurría, todo eso y muchas más emociones parecidas, sino idénticas, al miedo me hicieron llevarme las manos al pecho, en busca del colgante de Sophie.

A cada paso que dábamos podía escuchar con mayor claridad al hombre, y ver con mejor definición a su enorme interlocutor. Las palabras del mago de capa negra eran siniestras, pero en realidad me hicieron sentir mucha pena por él, por el tono en que le hablaba al otro ser parecía que su vida pendía de un hilo; constantemente usaba palabras como “siervo” o “mi señor”, que me hacían pensar que no era más que un pobre y desgraciado esclavo al que su amo estaba castigando, sentí pena por ese hombre.

Como había estado prestando más atención a donde ponía mi próximo paso que a las figuras no me pude dar cuenta hasta que ya casi los teníamos delante de la apariencia del ser con el que hablaba el mago de túnica negra. Era un ser alada, pero no con las bellas alas de un ángel, sino con las alas picudas y angulosas de un murciélago, de piel morena y potentes músculos que excedían lo sano para pasar a lo demente, se presentaba esa figura, apenas crucé una vez mi mirada con él y bastó para que volviese a mirar al que parecía ser su sirviente.

Zan golpeó una piedra que se cruzó en su camino, y a juzgar por la reacción del mago no debió de haberle gustado. Se giró con unos ojos rojos inyectados en sangre, mostrando dientes amarillentos y podridos que iba a juego con su infernal cara, cuya piel se caía a trozos. Me puse completamente blanca del miedo, mis músculos no respondían, mi boca se secó… no sabía qué hacer. Mi mente se quedó en blanco, a excepción del diabólico retrato que se había grabado a fuego en mi joven mente.

Fue el silfo quién hubo de sacarme de esa situación, miré a mi mano, tenía una estrella dorada, la forma perfecta del conjuro de suerte. Zan me dio una orden que cumplí sin vacilar, me deslicé con el mayor sigilo que pude bajo el amparo de una sombra, me pegué a la pared y esperé la siguiente orden del silfo, aunque quería ayudar, puesto que era posible que Zan me hubiese dicho eso para ponerme a salvo. Comencé a musitar de nuevo el hechizo de suerte, el miedo que me invadía me hizo errar dos veces en la palabra mágica, pero a la tercera, susurrando más que otra cosa, la magia recorrió mi cuerpo desde mi pecho hasta la mano derecha de Zan, donde una estrella apareció, pero no una estrella de color morado como las anteriores, esta vez me pareció ver un destello dorado… tal vez… el miedo hubiese conseguido que toda mi energía mágica se desviase en ese hechizo y este adquiriese su forma perfecta…
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Zan
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MensajeTema: Re: Compartiendo Conocimientos (Privada)   Miér Mar 16, 2011 12:10 am

Zan vio las esferas de oscuridad volar hacia el, el mago parecía haber concentrado su atención en el, olvidándose de la joven por alguna razón, probablemente la mezcla de desconocimiento de sus poderes junto a la suerte proporcionada por el silfo. El pequeño esperó al momento justo... mientras lo hacia una estrella dorada brillo en la palma de su mano, y al momento se echó a un lado haciendo gala de sorprendentes reflejos empezó a correr en dirección al mago, evitando las esferas negras que volaban hacia el en rumbo de colisión, pero evitadas con maestría chocaban con el suelo sin producir mayor daño. Zan tenia unos grandes reflejos, que habían sido mejorados con la suerte, lo que le hizo mas fácil llegar a donde se proponía sin sufrir demasiados daños, únicamente algún rasguño de los fragmentos de roca que saltaban cuando las esferas explotaban contra el suelo.

Una vez posicionado debajo las esferas se habían agotado, y mientras empezaban a aparecer lentamente mas de ellas, Zan tomó su libro y dio un salto lo mayor que pudo, impulsándose con sus alas para subir a mas altura, estas no podían mantenerle en el aire mucho tiempo, ni mucho menos volar, sin embargo eran un extra el altura que necesitaba en ese momento.
Al llegar a la parte mas alta, y empezar a notar como la fuerza de ascensión paraba, lanzó su libro hacia arriba con toda la fuerza que podía.

El libro ascendió lo que le quedaba de tramo hasta el mago, girando propulsado por la fuerza del silfo, mientras este empezaba a caer. El libro golpeó la mandíbula del mago, que no se había esperado ese tipo de ataque, y las esferas desaparecieron del aire mientras el mago se precipitaba al suelo junto con el libro, que tras chocar empezó a caer. Zan frenó su caída con las alas, y al tocar el suelo las sintió algo doloridas, pero lo ignoró, esperando la caída, que si había calculado bien...

El mago antes de encontrarse con el suelo, se encontró con uno de los grandes candiles, derribándolo y las llamas empezaron a propagarse por su túnica azabache. Zan le cogió como pudo el libro al vuelo, y mientras el mago intentaba apagar las llamas le golpeó, en el tobillo, haciéndolo caer rodando hacia el lateral donde estaba Rose.

-¡Átalo con sus ropas para que no pueda moverse!-Dijo Zan tras el golpe para inmovilizar al mago... aunque miraba de reojo al ser, que le devolvía la mirada, llena de furia, parecía no poder moverse por el símbolo de poder que había bajo el...
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Rose Atillart
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MensajeTema: Re: Compartiendo Conocimientos (Privada)   Miér Mar 16, 2011 7:06 pm

Me arrinconé los más que pude en las sombras tras lanzar mi hechizo, seguía sin saber si el destello dorado había sido cosa mía o una simple ilusión causada por el miedo y las ganas de salir de allí. El aire no se movía, pero era frío, mis escasas ropas apenas servían de nada contra él. Tenía que andar abrazándome a mí misma cada poco, frotando las palmas de mis manos contra mis brazos que en esos momentos tenía la carne de gallina.

Miraba alternativamente el combate y al ser que estaba en el circulo mágico. Su aspecto se quedó grabado en mi mente para siempre; aquellas alas moviéndose al ritmo de su pausada respiración, aquella piel morena y plagada venas hinchadas, haciendo ver cuán fuerte era el monstruo. Sus ojos, cargados de ira y odio, se clavaban en mi pequeño amigo y en su propio adulador, pero para suerte de todos algo le mantenía bajo control, no podía moverse para nada.

Desvié la mirada de él para evitar tener pesadillas en ese mismo instante y pude ver a Zan esquivando un par de bolas de oscuridad puras, los trozos de tierra suelta volaban por la estancia para ir a parar a mis pies, o a la otra punta, o a cualquier lugar de la zona. El hechicero de túnica negra continuaba repitiendo las arcanas palabras mientras que cada uno de los orbes oscuros salían despedidos en busca de Zan.

Me resistía a apartar la mirada, el miedo a que algo le ocurriese y por culpa de no mirar no pudiese llegar a tiempo a ayudarle me invadía. El combate era extraño, el hombre recitaba cada vez con más énfasis su conjuro, y Zan, para detenerlo, saltó lo más que pudo, que no fue poco, y lanzó su pesado libro al aire. Este golpeó al mago en cu caído y lo arrastró con él. El silfo salvó su libro, pero sin embargo el mago quedó tumbado sobre un candelabro. Su túnica comenzó a arder... sentí pena por él, malo o bueno al fin y al cabo era una persona. En ese instante la voz de mi amigo cortó el aire, me indicó que debía atarle con su propia ropa.

Mo moví todo lo rápida que pude y agarré su túnica por un extremo, hice un nudo y se la até a los pies, y luego hice lo propio con las manos. No me fiaba mucho de la fuerza de ese precario nudo, así que me dirigí hacia sus pies y los pasé por el centro de mis dos panderetas, subiendo con estas hasta sus espinillas con ella, de tal modo que le sirvieran de grilletes. Su ropa seguía ardiendo, apagué el fuego con un poco de tierra suelta que había salido disparado en la contienda. Lo miré, sus ojos rojos despedían odio en cantidades malsanas. Abrió la boca, y rápidamente busqué algo para tapársela, no podía dejarlo formular un nuevo conjuro. No había nada, me miré a mi misma - Esto servirá - dije quitándome rápidamente mi camiseta y quedando sólo con el ceñidor por la parte arriba. Hice una especie de pelota con mi camisa y se la puse en la boca, de tal modo que le fuese imposible pronunciar alguna palabra - ¿Qué debemos hacer ahora Zan? - le pregunté, miré hacia abajo para verlo y en la trayectoria mis ojos se cruzaron con el colgante, que ahora se veía que me caía hasta el ombligo, pasando por entre mis pechos - ¿Ahora iremos a por Sophie verdad Zan? - exclamé mucho más animada, pues sin darme cuenta me había colocado de espaldas al ser encadenado mágicamente, y me había olvidado de él.
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Zan
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MensajeTema: Re: Compartiendo Conocimientos (Privada)   Miér Mar 16, 2011 11:45 pm

-No podemos ir a por Sophie si no sabemos donde ir... el camino se detiene aquí, y traerla aquí para nada... no seria buena idea, no seria justo. Pero no hay mas salida... no habían bifurcaciones... ¿Como salimos?

Zan se sentó en el suelo a pensar como salir, pero no pudo pensar demasiado, pues por el rabillo del ojo vio titilar débilmente el símbolo que había bajo la criatura, antes de desvanecerse...
Cuando sucedió, hubo un silencio, el rostro del silfo palideció, casi imposible de notar debido al pelaje ya blanco que cubría su cuerpo, tragó saliva, girando lentamente la cabeza en dirección al ser... este arrastró su pie hasta el borde del escalón que había ante el, y al bajarlo se pudo notar un temblor... el otro pie... y otro temblor, la fuerza y el peso de ese ser debía ser...

Zan se levantó, alejándose lentamente del enorme ser, su mirada de odio ahora podía transmitir ese sentimiento incluso a distancia, como un aura maligna que se extendía. Zan intentó girarse para correr, pero antes de poder hacerlo, con velocidad sobrenatural para su tamaño el ser avanzó los metros que le separaban, convirtiéndose en una mancha borrosa, que atrapó al silfo con sus enormes manos y lo alzó. El pequeño intentaba liberarse, pero la presión era demasiado fuerte, y todo su cuerpo, a excepción de la cabeza estaba en el interior de la mano.

-¿Como osas adentrarte en mi territorio y molestarme? Pagarás cara esta afrenta silfo...-Dijo el ser un una voz que parecía sacada de las entrañas de la tierra, profunda, grave, cavernal...

El silfo estaba completamente paralizado por el miedo, y su libro se hallaba en el suelo, aunque tampoco le habría servido demasiado, pues no podía mover sus manos, estaba perdido...
Pero antes de acabar con el, el ser miró al mago, su mirada lanzó un destello rojo, y al momento el hombre empezó a retorcerse, hasta que algo salio de su boca, una especie de humo blanco que voló hacia la enorme criatura, metiéndose en su boca. El silfo sintió como tras eso la tensión muscular aumentaba en cantidad, y un débil chillido de dolor salio de su garganta.
Rose, pro su parta, vio que cuando el humo abandonó el cuerpo del mago, su piel empezó a deshacerse, cayéndose como polvo al suelo.

Pero algo sucedió, un haz de luz golpeó al monstruo en el pecho, produciéndole una enorme quemadura y haciendo que soltase a Zan, que calló al suelo sin poder frenar su caída, su cuerpo no le respondía y su cabeza le dolía mucho. En el pasillo apareció Sophie, la cual apuntaba con la diestra, que se encontraba brillando en un poderoso fulgor blanco, al ser, que la miraba con una mezcla de odio y miedo.

-Sabia que te habían liberado...-Dijo ella mostrando una seria faz.
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Rose Atillart
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MensajeTema: Re: Compartiendo Conocimientos (Privada)   Jue Mar 17, 2011 6:35 pm

Suspiré sin ganas de nada al oír a Zan, no podíamos volver a por Sophie porque sería hacerla caminar para nada. Estábamos los dos solos... o casi. Como me había dado la vuelta no pude verlo, pero la expresión de terror en la mirada del silfo me hizo girarme. Di un grito, me puse blanca del miedo e intenté no salir corriendo. El ser que anteriormente había estado encadenado mágicamente ahora se hallaba libre.

Lo miré horrorizada dar un paso para bajar uno de los escalones de su altar. Cuando la planta desnuda de su musculoso pie tocó el suelo de piedra maciza el suelo retumbó, y yo con él. Un nuevo paso produjo un nuevo temblor. Mis ojos estaban fijos en él, no sabía si se trataba de alguna magia o simplemente del miedo que me poseía en ese instante.

La figura seguía avanzando. Zan intentó correr, pero el monstruo hizo una demostración de cuan grande era su poder, y en un parpadeo estaba con el silfo en la mano. Quedé horrorizada, había pasado a mi lado y lo único que sentí en ese preciso momento junto con el peor miedo que jamás sintiera fue un potente ráfaga de aire frío dejada por sus alas demoníacas al pasar al lado de mi cuerpo semidesnudo.

Me quedé sin aliento, no podía hacer nada, ni decir nada que ayudase. Era inútil en esa situación, mi pequeño amigo era aplastado lentamente por la enorme y musculosa mano del demonio. El mago de túnica negra, maniatado y con mis panderetas por grillete murió presa de un mortal hechizo, uno de devorador de almas, o al menos eso supuse al ver salir un humo blanco de la boca del pobre hombre y que este iba lentamente flotando hasta que se introdujo en la boca del ser alado y el mago se hizo polvo. Mi camiseta quedó manchada por sus cenizas, y mis panderetas hicieron un leve sonido metálico al pasar de estar en los pies del mago a estar sobre un montón de polvo.

Lo daba todo por perdido, no había modo de que yo pudiese hacer algo por Zan, no tenía fuerzas para un nuevo hechizo y mis dotes para el combate eran menos que nulas. Comencé a sollozar en voz baja, temerosa de que el ser recordase mi presencia también me agarrase a mí, obligando a Zan a presenciar mi muerte... y cuando ya lo daba todo por perdido vi como una luz me devolvía la esperanza.

Una esfera de luz golpeó en el pecho del demonio haciéndole rugir de ira y soltar al silfo. Aproveché el momento, no podía dejarlo allí tirado en el suelo, reuní mi escaso valor, hinché el pecho en una respiración profunda y me lancé a la carrera. Cogí al silfo en brazos y me lo llevé conmigo tras una columna -¡Zan! ¡Zan! - lo zarandeé un poco para que despertase, pues yo esperaba que estuviese desmayado tan solo - Por favor Zan, no me dejes sola - lo apreté contra mi pecho con un poco de fuerza mientras algunas lágrimas resbalaban desde mis mejillas para ir rodando hacia el mentón desde donde cayeron a la peluda cabeza del silfo.
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Zan
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MensajeTema: Re: Compartiendo Conocimientos (Privada)   Jue Mar 17, 2011 9:59 pm



Rose se llevó a Zan a un rincón apartado, intentando despertarlo, el silfo se encontraba bien, solo necesitaba descansar, pero el ser no parecía querer permitírselo, ý derribó la columna tras la que se encontraban, pero un aura blanca rodeó a Rose y Zan, envolviéndolos en una esfera común, el ser se alejó de ella un paso (que era bastante dado su tamaño) y fue golpeado por otro rayo de luz salido de la mano de Sophie, ahora que la columna estaba derribada Rose podía ver lo que sucedía al otro lado del campo de luz.

-El colgante que te di... te protegerá de él Rose... es muy poderoso...-Dijo la anciana.

Pero en el momento de descuido de la mujer el ser, al igual que hizo con Zan, llegó a ella y la tomó, pero a ella la estampó contra la pared, sacándole un quejido, pero la mujer no parecía ser débil, y pronto su cuerpo empezó a iluminarse, de tal forma que se hizo cegador, una explosión de luz lanzó al ser contra el altar de nuevo, dejándolo sentado, y aun resplandeciendo, la mujer dijo algunas palabras en un idioma desconocido, las cadenas se recuperaron, volviendo a atar al ser, y tras otras palabras, el cuerpo de la mujer volvió a brillar con mas intensidad, y su luz voló en forma de un largo hilo hacia el altar, dejándose caer en el suelo, el sello que había volvió a brillar, con mas fuerza que antes, mucha mas, y el ser volvió a ser encerrado.

Sophie se cayó al suelo, y el amuleto de Rose dejó de brillar, Zan se había despertado justo para ver la muestra de enorme poder de la mujer, y tras caer al suelo empezó a correr hacia ella, probablemente seguido de Rose. Zan se dejó caer preocupado por la mujer, que le dedicó una débil sonrisa.

-Tranquilos... tenia que hacerlo, era mi deber... no estaré aquí mucho mas tiempo... pequeño...-Dijo dirigiéndose a Zan al final, el libro del empezó a flotar hasta las manos de Sophie, que lo abrió por la primera pagina, donde se hallaba el nombre del libro escrito en algún ancestral idioma y bajo el nombre del que escribía en el...-Lo que pensaba... Zan... Este libro ¿Donde lo encontraste? Da igual... apuesto a que no sabes como se llama... bueno... el primer símbolo es una G... el segundo una R... el tercero una... agh...

La mujer no podía continuar... su mano se dejó caer sin llegar a completar el nombre del libro... De pronto una luz cegadora les rodeó de nuevo, y se encontraron en la plaza, era de noche aun, estaban en el escenario de nuevo, y Rose ya no tenia el colgante, Zan estaba con su libro abierto en las manos... ahora sabia ya mas de el... Gr---r-- ese símbolo estaba repetido... Suspiró triste, aunque sabia mas de el, Sophie no se encontraba allí, era obvio que había muerto... Zan dedicó una mirada triste a Rose.

-Ya no está... pero... es un consuelo saber que lo hizo por ayudarnos...-Sacudió la cabeza y sonrió levemente.-¡Levantemos la cabeza y continuemos como si no hubiese pasado nada! A ella no le habría gustado que estuviésemos triste y pasásemos las fiestas así... disfrutemos de estos días que nos quedan como si nada, pero recordémosla en nuestros corazones...
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Rose Atillart
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MensajeTema: Re: Compartiendo Conocimientos (Privada)   Vie Mar 18, 2011 2:48 am

Contuve la respiración unos segundos. Zan no despertaba, lo apreté fuerte contra mí varias veces. Dejé escapar varios gemidos de pena, creía haberlo perdido. Pero fue entonces, cuando lo pegué por tercera vez a mi pecho con la cara, cuando pude sentir una suave respiración entrar y salir por la nariz. Casi di un grito de alegría, pero mi entusiasmo pronto fue truncado por un fuerte golpe a mis espaldas.

Me giré lo más rápido que pude. Craso error. Vi venirse encima de mí las pesadas piedra de la columna, creía que ese era mi fin. Apreté a Zan contra mí por culpa del miedo, pero cuando creía que mis días habían llegado a su fin sin tan siquiera conocer a mis verdaderos padres un campo de luz apareció a modo de escudo sobre mi cabeza, y pronto se transformó en una burbuja que nos envolvía a mí y a Zan. El colgante brillaba con el resplandor del sol, y tras la barrera pude presenciar un acto de enorme poder, más que el todos los magos que antes había conocido.

De la mano de Sophie brotó un rayó de color blanco puro que impactó de nuevo en la bestia, tiñendo la zona donde había impactado de intenso color negro, como una madera quemada. Pero eso no bastó para detener a ese infernal ser, que de nuevo hizo gala de su apabullante velocidad y atrapó a Sophie contra una pared, golpeándola salvajemente contra la misma y haciendo que la pobre anciana soltase un quejido.


No obstante aquello no bastó para hacer que la anciana, que me estaba demostrando que no era solo una viejecita cuyos años de trotamundos se habían pasado, se rindiese. Su cuerpo empezó a brillar de forma intensa, para al final liberar todo ese poder de un solo golpe, en una enorme explosión de luz que envió al demonio de nuevo a su oscuro y demoníaco altar, acompañado de su propio rugido de dolor.

Una nueva demostración de poder por parte de Sophie dejó ver que no era una anciana corriente. Apenas unas palabras en el arcano lenguaje de la magia bastaron para encadenar de nuevo al demonio en su mágica prisión, sellando después su estancia en esta con su propia vida.

El colgante dejó de brillar, la barrera mágica comenzó a palidecer poco a poco hasta desvanecerse en cientos de pequeños trozos de luz que se fueron perdiendo en la nada, fundiéndose de nuevo con la magia del lugar. Zan despertó y corrió hacia donde estaba Sophie. Yo le seguí, y me apoyé al lado de ella y de Zan. Unas pocas lágrimas recorrieron mi tez mientras ella hablaba... Sophie... iba a... iba a morir allí mismo.

No pude hacer nada para evitarlo, antes de que pudiera decirle nada me encontré de nuevo en la plaza, era de noche. Tenía mi camiseta puesta y mis panderetas en las manos... como si todo hubiese sido un sueño, pensé en eso durante un segundo hasta que Zan me confirmó que no era así. Pero tampoco podía quedarme sentada llorando, si algo aprendí en mi aldea es que las personas no vuelven por más que lloramos su perdida, como la de Kay.

Miré a Zan, en un principio sus palabras me dolieron, pero acabé entendiendo que llevaba razón - Seguro que no le hubiera gustado - dije enjugándome las lágrimas con mi puño. Me puse en pie y le ayudé a incorporarse - Por cierto Zan... - sonreí animada - ¿Aún quieres ese instrumento que te prometí? - añadí en un tono infantil y divertido

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Zan
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MensajeTema: Re: Compartiendo Conocimientos (Privada)   Dom Mar 20, 2011 8:00 pm

Cuando Zan escuchó las palabras de Rose y le entraron ganas de saltar de alegría y entusiasmo ¡El instrumento! se le había olvidado ya que Rose le iba a enseñar a tocar música. Con su sonrisa común respondió a Rose, alegre como siempre, intentando así apartar el tema de Sophie de la cabeza de Rose, pues si continuaban pensando en ella y su muerte no harían mas que seguir tristes, era mejor continuar la vida.

-¡Claro kupó! ¿De verdad me lo comprarás?-Dijo Zan, pero al terminar abrió la boca en un gran bostezo, estaba bastante cansado.-Pero... creo que deberíamos ir antes a dormir... tenemos las noches pagadas... podemos ir mañana

Juntos se dirigieron a la posada de nuevo, cuando entraron todo estaba en silencio, el tabernero estaba sentado en una silla en la barra, se notaba que tenia sueño, pero parecía querer atender a quienes llegasen, extrañamente las mesas de las tabernas estaban casi todas vacías, aunque era normal, en la fiesta no solían estar mucho tiempo en la taberna, y al acabar todos volvían a sus casas a dormir o a la posada, pocos se quedaban bebiendo, y los que lo hacían, quedaban dormidos sobre las mesas.

Zan saludó levemente al tabernero arrastrando sus piernas con claro signo de cansancio y subió a la habitación. Rose y el compartían cuarto, por lo que fueron junto, y al llegar a la cama, el silfo se dejó caer sobre ella y giró sobre si, envolviéndose así con las mantas, y quedando dormido casi al momento, su libro descansaba a un lado de la cama, sus adornos dorados relucían con la luz que entraba por la ventana.

La otra cama estaba justo en frente de la de Zan, y era en la que Rose debía descansar si así lo quería, aun quedaba bastante para el amanecer, y lo mejor seria descansar como hacia el silfo, que respiraba tranquilamente con su cara angelical soñando con... ¿quien sabe que cosas? por la mente del silfo podría pasar casi cualquier cosa, pero casi con toda seguridad tendría que ver con comida... Aunque no del todo, esa noche, la mente del silfo creaba imágenes de música e instrumentos musicales... bueno, eso durante una buena parte de la noche, al final acabó soñando con comida, como de costumbre...

Al llegar el amanecer Zan se despertó, y se estiró, repuesto de energías, se frotó los ojos y sonrió a Rose, que ya se hallaba despierta.

-¡Buenos días kupó!-Dijo Zan, y durante un momento, entre esas palabras y las siguientes escuchó el ajetreo de la gente de la calle.-Parece que la fiesta sigue kupó... ¿Bajamos a desayunar? ¡No sabes cuantas ganas tengo de comer tortitas con zumo!
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Rose Atillart
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MensajeTema: Re: Compartiendo Conocimientos (Privada)   Lun Mar 21, 2011 12:59 am

Asentí con energía a las palabras del silfo - Claro, que te lo compraré - le dije mientras lo abrazaba con las pocas fuerzas que me quedaba después de una aventura como esa - te lo prometí ¿recuerdas? - añadí animada. Me puse en pie junto a él.

La noche ya había caído desde hacía rato. Las estrellas brillaban en el cielo como infinitos luceros que alumbraban el manto oscuro de la noche. La luz de Deóir era pálida pero suficiente para alumbrar. Su gemela, Phobos, se mantenía, como de costumbre, oculta tras la enorme y relajante luna blanca.

Caminé al lado de Zan durante todo el rato, buscando su agradable compañía y su amena charla. Cuando entramos a la posada toda estaba e silencio. El posadero se hallaba sentado en un silla al lado de la barra. Se frotaba los ojos a cada segundo, y rumiaba con la boca cual vaca masticando hierba por largo rato, haciendo notorios signos del cansancio del que era presa.

Subimos a las habitaciones y me recosté en mi cama, sin deshacerla tan siquiera, buscando únicamente el abrazo del mullido colchó y el tacto de la almohada sobre el pelo de mi nuca. Fui cerrando lentamente los ojos, con bostezos cortos me iba despidiendo de mi vigilia mientras me dejaba llevar por las manos del cansancio al mágico mundo de los sueños.

(...)

Cuando desperté Zan todavía dormía, así que me decanté por dejarlo descansar, no quería molestarle, debía estar muy cansado. Pero no tardó mucho en despertar también. Bajamos a la posada para tomar un rico desayuno de tortitas de harina y un delicioso zumo de frutas dulces, y como las comidas iban incluidas en el precio que había pagado Zan por los dos no nos cobraron nada.

Una vez salimos a la calle había todo un regimiento de personas que iban de un lado para otro. Las calles del pequeño pueblo eran un hervidero de gente a esas horas de la mañana. Yo y Zan caminábamos por una calzada de piedra maciza. La cantidad de gente que había meobligaba a ir cogida de la pequeña mano del silfo, procurando no perderme.

Al cabo de una media hora de caminar encontramos una pequeña tienda, apartada del resto. La gente apenas prestaba atención a aquella tienda. Entramos dentro. Un señor de pelo blanco y más bien escaso se hallaba tras un mostrador de madera blanca con preciosos grabados rúnicos. Al vernos entrar nos sonrió - ¿Que deseáis pequeños? - preguntó de manera afable mientras se rascaba un poco la barbilla.

De las paredes colgaban muchos instrumentos, todos diferentes. Solté la mano de Zan y me fui directa a observar una panderetas de color azul que me enamoraron al primer vistazo - Guaau - dije asombrada tocando un poco el metal de sus anillas - son preciosas - suspiré, por desgracia solo tenía dinero para el instrumento de Zan - Chica - dijo el dependiente - ¿Eres bailarina cierto? - asentí con la cabeza - y seguro que usas panderetas para tus bailes ¿cierto? - nuevamente asentí - a ver, déjame ver las que llevas ahora - saqué con presteza mis dos panderetas rojas y las dejé sobre la madera blanca.


El hombre las examinó con detenimiento y sonrió - ¿Te gustan aquellas? - me señaló las que yo había mirado con gran interés - Sí, esas me gustan mucho, pero solo tengo dinero para un instrumento, el que le voy a regalar a él - dije algo apenada señalando a Zan. El viejecito sonrió de nuevo me dijo - Cógelas, te las cambio - me guiñó un ojo - yo me quedo estas y tu te llevas las azules. Y a tu amigo le haremos una rebaja - dijo sonriente mientras mi sonrisa crecía a cada momento, a cada paso que daba a las nuevas panderetas.

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Off: Las panderetas no tienen nada especial, simplemente las he usado para dar algo de juego Wink

Panderetas:
 




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Zan
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MensajeTema: Re: Compartiendo Conocimientos (Privada)   Lun Mar 21, 2011 1:31 am

Zan y Rose comieron tranquilamente el desayuno que estaba incluido en el precio, el cual pagó Zan al comienzo de la historia... ¿recuerdan?
Los dos las comieron charlando, y comentando multitud de cosas, contándose anécdotas y riéndose mientras devoraban las tortitas, al terminar salieron juntos, Zan iba a un nivel inferior, perdido en un bosque de pies, andaron durante varios minutos buscando la tienda de instrumentos, hasta que al final la hallaron.

En ella había un amable señor de cabellos canosos, y las paredes estaban repletas de instrumentos, tantos que Zan parecía perdido, los miraba todos encantado, con ojos maravillados, corriendo de un lugar a otro para contemplarlos todos, y soltando sus comunes "kupós". Mientras Zan peleaba con sigo mismo por decantarse por un instrumento, Rose cambiaba sus panderetas por otras nuevas que le habían gustado.

Tras unos minutos el silfo se acercó al mostrador y dio unos saltitos para llamar la atención, y señaló un instrumento colgado de una pared, similar a un laúd, se trataba de una Tiorba.
El hombre la tomó y se la entregó al silfo, que en sus manos parecía mirarla como si no se lo creyese aún, después de que Rose pagase salieron de la tienda felices, mientras Zan tocaba alguna cuerda para producir algún sonido, de manera algo torpe.

Pasaron el resto de las fiestas bastante tranquilos, no sucedió nada de destacable mención, solo se divertían, y Rose enseñaba a tocar a Zan, le enseñaba las dotes de música que conocía, y el pequeño silfo era un buen alumno, aprendía a gran velocidad, y demostró que era algo que le gustaba, había encontrado su nueva vocación, la música, con eso, desde ese momento, empezaría a ganarse la vida, se acabó el depender de la impresión que causaba junto a su chocobo y de divertir a los niños con alguna historieta, a partir de ese momento se convirtió en un bardo.
Siguió escribiendo y pintando si, y por supuesto, cocinando, sin embargo ahora tenia algo a lo que dedicar su vida, algo que le encantaba, le apasionaba, algo de lo que vivir.

Hasta que el ultimo día de fiesta llegó... el sol se escondía, haciendo una puesta del sol rojiza, el pequeño estaba ya dispuesto a marcharse del lugar, pero no quería irse sin despedirse ni dar las gracias a Rose. Se hallaba subido a su gigantesca montura, repasando con sus dedos la inscripción que había tras la tiorba... "Tiorba del Sol" y mirando su bella madera verde.

-Me voy Rose... kupó... pero antes... ¡Te enseñaré la canción que he compuesto! es para darte las gracias por el instrumento, y el tiempo que pasaste con migo... te la dedico kupó...



Empezó a mover los dedos sobre las cuerdas, haciéndolas vibrar con precisión, y las notas sonar en el aire, flotando y creando la bella melodía, maestría... así se podría definir como tocaba el silfo, como si lo hubiese echo toda la vida, como si la música hubiese estado esperándole, como si el don hubiese descansado en su sangre hasta que empezó a tocar. Los ojos del silfo se hallaban cerrados, dejándose llevar por el toque de la música. Tras unos momentos Popocho empezó a moverse hacia delante, y Zan no dejaba de tocar, despidiéndose con esa canción, mientras el ave se alejaba lentamente. Hasta que terminó, apartó sus dedos del instrumento y se despidió sonriendo amablemente.

-¡Adiós! ¡Espero verte de nuevo kupó!

Y así terminó la historia del pequeño silfo y la bella bailarina... Al menos, esta parte de la historia...

Fin
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Compartiendo Conocimientos (Privada)
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