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 Good Night Moon

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Draco Canamar

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MensajeTema: Good Night Moon   Mar Mar 01, 2011 10:25 am



Yelena despertó con frió pese a que la temperatura no era excesivamente baja, sobre sus provocativas ropas tenia una enorme piel de oso, también tenia un hermoso anillo con agua marina rosa con pequeños trozos de opalo incrustados el cual por su puesto tenia un conjuro y no se lo podría quitar...

La doncella del beso frio vio los carbones al rojo observaban engarzados iluminándola besando su rostro con su luz y otorgándole un color dorado

Aturdida, lo primero que vio fue la cabezota de un lobo a dos palmos de su cara. El animal permanecía tranquilo, mirándola indiferente y luego se fue

Era un claro del bosque rodeado de árboles y a cubierto de grandes peñascos.

No se veía, al menos a simple vista, refugio, cabaña o cueva; el murmullo de un arroyo llegaba apagado, repitaban los leños en una hoguera donde se cocía algo, olía a carne para ser precisos estofado de carne, patatas, bayas, sazonado con hierbas y hojas aromáticas. Un cántaro contenía agua muy fría; algunos cuencos, pan caliente y fruta componían el resto del ágape. Varios lobos, al menos unos cinco, estaban descansando indolentes, excepto uno, más allá, aparentemente de centinela.

Una vieja mujer estaba a unos metros enfrente, sentada en el gran tronco de un árbol centenario abatido. Envuelta en su capa, su bastón apoyado al lado, comía apaciblemente de un cuenco. La mujer le dirigió la palabra, fría y distante:

Anciana: Come, Yelena. Ese es tu nombre, ¿Verdad?

Disimuló una sonrisa.
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Yelena Kuzanovic

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MensajeTema: Re: Good Night Moon   Mar Mar 01, 2011 11:14 am


- !Yelena, despierta! !Debes despertar!

La vampiresa abrió los ojos lentamente, de forma precavida, no muy segura de cuál era la realidad y cuál el sueño. Había estado durmiendo - presentía que desde hace mucho rato- cuando la voz de su padre la había sobresaltado, impidiendo continuar con su descanso y, en consecuencia, con su bendita inconsciencia. Ahora que había despertado... le hubiera agradado saber en qué lugar estaba.
No intentó averiguarlo inmediatamente. A pesar del intenso frío, un poco inusual en su naturaleza, a la que rara vez afectaban los elementos del clima, estaba bastante cómoda allí, tapada por una especie de manta. Flotaba un agradable aroma en el ambiente, uno que no había percibido en mucho tiempo: comida humana y algo más... ¿Qué era aquella esencia primitiva, como una bestia aguardando cerca de ella?
Parpadeó. Mientras el helado aire de montaña llenaba sus pulmones, la mujer sentía un peso ligero, como si algo se hubiera posado sobre ella. Al cabo de un segundo más se dio cuenta que era un lobo. Era un ejemplar muy hermoso, ártico tal vez y de ojos tranquilos e indiferentes. A Yelena le sorprendió que se le acercara tanto, ya que los animales no solían sentirse cómodos cerca de ella desde su conversión, pero no experimentó temor: sentía cierta afinidad hacía el hermoso cazador, como si su asilvestrada naturaleza le permitiese asimilar el corazón de un lobo, la manera en que se desligaba hondamente de las molestas e incomprensibles tradiciones humanas.
Ambas criaturas intercambiaron una larga mirada. Luego el animal se apartó y la vampiresa fue incorporándose con lentitud.
De alguna manera, se sentía pesada y un poco aturdida, como si le hubiesen propinado un garrotazo en la cabeza; también percibía cierto calor proveniente de la manta que la cubría y que ella pronto identificó como de oso, por el pelaje de la que parecía constituida. Yelena la observó un momento antes de apartarla y ponerse en pie.
Inmediatamente, sintió el frío acentuarse sobre su piel y disfrutó quedamente con la textura del viento acariciando violentamente cada uno de sus miembros, sin querer impedirle el paso. En cierta forma, le agradaba mucho la brisa sacudiendo sus cabellos y aliviándola de las largas horas en inmovilidad, de manera que podía prestar atención a su alrededor.
Lo primero que Yelena observó era estar en una especie de claro, del que no tenía recuerdos previos. Luego se dio cuenta que no estaba sola, pues alguien había cocinado y aquellos aromas propios de la porción se filtraban en su olfato como una algarabía de hospitalidad que le parecía dulce y extraño a la vez.
Los ojos de la joven se trasladaron entonces a lo lejano y comprendió que estaba a cierta altura entre peñascos. Aquello la sorprendió, ya que su último recuerdo provenía de su sereno caminar por las faldas de la montaña, pero decidió tomárselo con calma hasta obtener más información.
Con aire ausente, sus largas manos palparon su silueta con delicioso cuidado para ver que todo estuviera en orden. Contrariamente a lo que esperaba, todas sus cosas estaban donde debían estar...
Incluidas las armas. Sin embargo, la bebedora de sangre se dio cuenta pronto de otra cuestión: un objeto que no se hallaba entre sus posesiones brillaba en su dedo anular, como un regalo flagrante y misterioso al que ella no podía dejar de mirar. La vampiresa alzo una pálida y elegante mano para mirar...
Era un anillo. Inquietantemente ajustado a su medida y de una preciosa piedra cristalina color del mar, estaba adornado con pequeños pedazos de una gema tornasol que Yelena identificó como ópalo. Nunca lo había visto antes, igual que el lugar y, a pesar de su belleza, la vampiresa no estuvo muy segura de sentirse complacidad de traerlo puesto. Pero, antes de que pudiera quitárselo o averiguar más al respecto, oyó una voz a unos metros de donde se encontraba parada.
Come, Yelena. Ese es tu nombre, ¿Verdad?
La vampiresa dirigió su mirada hacía la voz. Encontró entonces a la anciana que había hablado, de apariencia imperturbable y aún así poco tranquilizadora. Sus palabras no eran cálidas y, sin embargo, no reflejaban amenaza.
Además, comprendió Yelena, por muchas cosas que pudiera ser aquella achacosa mujer, no era omnisciente. Sabía su nombre...
Pero no su naturaleza.
Impulsiva, rápidamente, la vampiresa se sentó frente a su "anfitriona" con movimientos ágiles y fluidos de una palmera mecida por el viento. ¿Quién sabía lo que podría decirle? ¿Ella se atrevería a preguntar?
No sonrió, pero dijo:
- No tengo hambre, gracias. Pero dime ¿Debería saber quién eres?
Mientras esperaba una respuesta, la expresión de ese hermoso rostro era suave y reservado. Por algún motivo, Yelena tenía la sensación de que quizá hubiera algo raro. El qué, quizá debía pensar un poco más antes de definirlo...

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Draco Canamar

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MensajeTema: Re: Good Night Moon   Mar Mar 01, 2011 6:47 pm

Con aire aristocrático y con actitud serena y reservada, la sensual vampiresa se acerco, aunque la bruja parecia imnune a su aire de sexualidad, a esas formas que parecian pedir acariciadas y a ese hermoso rostro que parecia haber sido esculpido por los dioses.

La mujer comía con parsimonia. Negó con la cabeza cuando la marfileña Vampiresa preguntó Siguió comiendo de forma serena y luego hablo con la boca llena

Anciana: No no deberias, pero yo si te conozco a ti, se me olvidaba que los vampiros tiene otro tipo de dieta…. Y otra cosa debo informarte pesa sobre ti un conjuro. Cuanto más te resistas a él, más fuerte se hará. Pero en tal caso te debilitará y eso no nos conviene a ambas.

Poco despues se levanto la hechicera. Observó las llamas, que dibujaban fantasmas oscilantes en los arboles. Luego le sostuvo su fría mirada, impasible, como si llamas del odio que crecíeron como ascuas ira. Pero con una suttil sonrisa burlona en sus pupilas.

Anciana: Tus pensamientos me resultan insustanciales. Guárdatelos si así lo quieres. Me perteneces durante un año. Para lo que yo desee. Puede ser menos tiempo, depende de tu valor. Y solo para demostrarte de que hablo te enseñare quien manda

La mano que tenia el anillo le comenzó a doler, la bella Yelena se retorcia del dolor, el anillo le provocaba una agonía indescriptible

Anciana: Jajajajaja.

La maldita se reía solazándose en su impotencia. Por fin el insoportable dolor cedió

Anciana Si consigues algo para mí, podrás ser libre antes. Y obtener una buena recompensa Puedes perder la vida en el intento, pero esto no es lo peor. Oh no.

Sus ojos tomaron un negrísimo tinte, confundiendo iris con pupila. Su cabellera onduló ligeramente, su rostro adquirió una tonalidad más pálida, su expresión cambió a una mueca feroz de salvaje furia. Hasta el tono de su voz fue hueco, cavernoso.

Anciana: Puedes acabar siendo una esclava no muerto consciente de ello si fracasas. O sufrir una muerte durante cien años, día a día, en los pozos del abismo del sufrimiento . O todavía más dolor y tormento. Piénsalo. ¿Te crees capaz de robar a un Rey y desatar su cólera? ¿Aceptas el desafío?

Carbones al rojo la observaban engarzados en una máscara abyecta y malvada.
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Yelena Kuzanovic

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MensajeTema: Re: Good Night Moon   Jue Mar 03, 2011 12:19 am


Yelena había esperado muchas cosas. Puede que hubiese pecado de descuido e imprudencia al pensar que, quizá por haber sido arropada como una niña con aquella piel de oso y por haber sido invitada a comer de algo hecho por otra persona, las intenciones de la otra persona eran mejores que las que aquella extraña tenía en mente.
Una conocida pero poca duradera amargura ascendió por su esbelto cuello al darse cuenta de que se había equivocado. Como siempre que sucedía con los espíritus que querían ser libres, había alguien que deseaba ardientemente coartar esa libertad.
La idea la enfadó. ¿Qué había hecho para tener que ser hecha prisionera por seres a los que nunca había conocido y que jamás le habían interesado?
Sus ojos grises se helaron. Deseó a viva voz expresar todo su desdén y rencor, ya que, de todas las cosas que pudieron haber sucedido, de todas las aventuras que pudo haber experimentado, aquella era la más ignominiosa. ¿Ser la esclava de una vieja hechicera o lo que fuera esa mujer?
Se puso en pie de un fluido salto, queriendo negar vivamente cada palabra expresada. ¿Es que cabía pensar que cedería de ninguna forma, por muy intenso que fuese el odio que destellasen los ojos de aquella bruja?
Yelena trató de quitarse el anillo, dispuesta a arrojárselo a la mujer y tratar de defenderse como mejor estuviese en sus manos. Sin embargo, a pesar de tironear del aro con tanta fuerza que lastimó sus hermosos dedos, no pudo desprenderse de su cadena y sintió como el pánico iba ascendiendo por su espalda en la forma de un escalofrío.
Interiormente se preguntó qué debía decir. ¿Acaso las palabras serían suficientes para convencer a la desdichada de que debía dejarla libre?
Nuevas palabras de la hechicera la convencieron de que no. Las oyó, a medias espantada y a medias colérica:
Tus pensamientos me resultan insustanciales. Guárdatelos si así lo quieres. Me perteneces durante un año. Para lo que yo desee. Puede ser menos tiempo, depende de tu valor. Y solo para demostrarte de que hablo te enseñare quien manda
Un dolor intenso y terrible acosó la mano adornada con el anillo y Yelena tuvo que morderse los labios hasta hacerse sangre para no gritar. Jamás se le ocurriría darle esa satisfacción a su enemigo, por muchas ganas que tuviera de abrir sus rojos labios y sollozar...
Aún así, no pudo impedir que sus grandes ojos se llenaran de animadversión Sentía muchas ganas de lanzarse contra el cuello de la anciana, desangrarla hasta matarla, a pesar de ser consciente que probablemente no podría terminar su acción. Era una horrible sensación.
Al cabo de unos momentos, el dolor cedió y Yelena hizo una profunda inspiración, no necesitaba el aire pero si la paz que el gesto le proporcionaba. Lentamente, fue relajándose aunque su pecho ascendía y bajaba con callada turbación.
- ¿Qué es lo que quieres de mí, bruja?- espetó con desprecio, intentando conservar aún así, su donaire y compostura. Tenía que conservar la calma, averiguar las intenciones de su enemiga, hacer lo posible por salir de aquella situación tan inaguantable.
Porque de ningún modo querría ser esclava, ni de la anciana ni de nadie.
La mujer la torturó un momento más con su silencio. Yelena pudo advertir como su apariencia cambiaba sutilmente, haciéndola más amenazadora, como mostrándole su poder. La vampiresa sintió como su desdén crecía, quien tenía que imponer su voluntad para demostrar su poder no era sino escoria para ella.
En otros momentos no hubiera tenido reparo en decírselo pero estaba en juego su independencia y era algo que no quería perder. Por tanto permaneció callada y expectante, aunque el esfuerzo resplandeció en su mirada como una llama ardorosa y apasionada.
Al fin, la bruja habló.
Puedes acabar siendo una esclava no muerto consciente de ello si fracasas. O sufrir una muerte durante cien años, día a día, en los pozos del abismo del sufrimiento . O todavía más dolor y tormento. Piénsalo. ¿Te crees capaz de robar a un Rey y desatar su cólera? ¿Aceptas el desafío?
Ahora fue el turno de Yelena para guardar silencio. Presentía que el acuerdo era una trampa y que aquella sucia mujer no jugaría limpio y detestaba estar a su merced, más, por el momento, no le quedaba opción.
¿Existía alguna otra cosa que pudiera hacer?
La mirada de la vampiresa llegó a los lobos que esperaban en conjunto. De mala gana, reconoció que no. Y se irguió en toda su magnífica estatura, dominando desde esa altura toda la nobleza que le concedía su alma y su raza. Si los ojos de la hechicera eran como carbones al rojo, los de Yelena semejaban profundos pozos de ascuas encendidas.
- Acepto- respondió- Pero si paso la prueba y hago lo que me pides, deberás liberarme... o por Deiros que, no importa cómo, buscaré la forma de acabar con tu miserable vida.
De ese modo arrogante respondía la morena a la hechicera, olvidando su seguridad o importándole poco. En su interior, todavía le encolerizaba que hubiese alguien que quisiese dominarle de alguna manera.
¿Es que no podían dejarla en paz?
La vampiresa esperó en orgulloso silencio la respuesta de su captora.
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Draco Canamar

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MensajeTema: Re: Good Night Moon   Jue Mar 03, 2011 2:53 am

La anciana complacida escucho que había aceptado su “oferta” aunque torció su gesto ante la condicionante que había hecho

Anciana: Muy bien, cuando llegue el momento te volveré a buscar y no te preocupes siempre cumplo con mi palabra… para bien o para mal, ten cuidado con lo que deseas se puede hacer realidad

Dicho esto unos arbustos la rodearon, las ramas laceraban y arañaban su cara, su cuerpo, le hacían caer; le atacaban poseídas por la brujería engendrada en las manos de la Señora de esas tierras. Un tallo creció desmesuradamente, y se le clavó en el hermoso muslo izquierdo de Yelena, atravesándoselo. Aquello dolía como mil infiernos.

Pronto todo se lleno todo de neblina impidiendo ver nada la risa diabólica de la bruja se escucho por un buen rato la herida en el muslo le hizo perder sangre y fuerzas. Sintió que una mano masculina se poso en su trasero, luego se desmayo

Cuando despertó, la oscuridad era total, su mente trató de apartar la niebla del recuerdo, del cansancio y el dolor. Lo tenía mal, muy mal.

La luna se abrió paso a través de gordas nubes y despejó las tinieblas con su plata pálida.

El escultural cuerpo de la vampiresa, estaba recorrido por cardenales, arañazos, barro y sangre seca, incluso en las comisuras de su boca y en la barbilla, lo mismo que sus sedosos cabellos

Draco atravesaba cabalgando la llanura llena de nieve, la cual había descubierto que calmaba la sed, engañaba al hambre pero sentaba mal a su estómago, y a su cuerpo en general por ser un hijo de Bairack, estaba basta ensimismado buscando agua para su caballo y maldiciéndose asi mismo por cabalgar con armadura, que aunque ligera y resistente, por ser de piel de tiburón, después de horas de cabalgar se tornaba fastidiosa

En esas estaba cuando al ver una mujer tirada en la estepa, no pudo evitar desviarse y acercarse con prudencia, no daba crédito a lo que veían sus ojos, tan eclipsante y poco pudoroso cuerpo, piernas largas y pechos perfectos, como sus mas eróticos sueños se la habían dibujado y en tan indecorosa situación, el lord oscuro se quedo perplejo, su abundante y sugerente cabellera, su piel indómita tallada en cincel de marfil y sus ojos grises como la niebla, solo la herida en su muslo contrastaba con el quimérico cuadro, se quito el yelmo para verla mejor, parecía una trampa

Draco: ¿Que… o quien eres tu? ¿Acaso eres una dama de hielo?
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Yelena Kuzanovic

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MensajeTema: Re: Good Night Moon   Vie Mar 04, 2011 10:45 am


Muy bien, cuando llegue el momento te volveré a buscar y no te preocupes siempre cumplo con mi palabra… para bien o para mal, ten cuidado con lo que deseas se puede hacer realidad

Los sensuales labios rojos de Yelena se entreabrieron en una sonrisa de alivio. Era consolador saber que por lo menos podría pelear para ganar su liberación...
Pero, antes de que pudiera pronunciar una sola palabra, sintió como su vista se nublaba y su cuerpo era lacerado por zarzas y ramas, de forma tan encarnizada e inesperada que la vampiresa no pudo contener un grito de dolor.
El miedo casi la asfixió mientras era de este modo maltratada. ¿Había sido engañada? Alzó las manos hacía su rostro, en un intento de proteger su tersa piel de los ataques silvestres, más no sirvió de nada. Como si estuviera en medio de la creación de un árbol y atrapada entre sus frondosas ramas, Yelena se sintió caer y un sollozo irreprimible se escapó de su boca cuando un tallo laceró su carne, como un mazo enterrado entre su muslo.
Lo último que vio la vampiresa fueron las frías estrellas. Lo último que sintió fue el contacto de una áspera mano masculina acariciando sus glúteos.
Y entonces perdió la consciencia. La oscuridad que la rodeó se le hizo mucho mejor que el cruel sadismo de la bruja. Profanar un cuerpo tan exquisito, dañar tan delicada estructura corporal, constituía un crimen por si solo, uno más en la larga lista de las cosas que la muchacha tendría que hacerle pagar a aquella sádica.
Porque, más allá de la inconsciencia la risa de la anciana repiqueteaba por encima del dolor...

-!Yelena, despierta! !Tienes que despertar!

Por segunda vez en un tiempo implacablemente corto, la Brujah fue despertada de forma violenta. Esta vez, el recobrar la consciencia fue un acto mucho menos dulce. Cada una de las heridas provocadas por el poder de la bruja ardían como si la hubiesen sumergido en llamas y el frío del ambiente, en lugar de atenuar su sufrimiento, no hacía sino agravarlo. Sentía la boca seca y ardiente y sentía el rostro como si lo hubiesen calcinado.
Y la herida del muslo... ni siquiera mencionarla. De los hermosos ojos de Yelena casi saltaron lágrimas cuando sintió el terrible dolor de la pierna, tan insoportable que presintió que la rama había fracturado algún hueso. La muchacha soltó un gemido de dolor pero apretó los dientes al instante e hizo retroceder cada una de sus lágrimas, que sólo demostraban debilidad.
Luego trató de incorporarse empero, descubrió que experimentaba demasiado mareo y confusión para hacerlo y, además, su vista todavía no se aclaraba lo suficiente. Sus largas pestañas rozaron su mejilla por largos instantes. Posteriomente, cuando finalmente se advirtió con más fuerzas para moverse, abrió los ojos.
Era de noche y la luna Deóir relucía, plateada y hermosa, por encima de las sombrías nubes. El firmamento estaba delicadamente iluminado por tenues redes de plata y gris y ella contempló largamente el espectáculo, sintiendo como su belleza aliviaba un poco sus padecimientos y sin saber que aquel color plateado estaba ahora en sus iris, reluciendo como una preciosa luz pálida en aquel mundo tan oscuro.
Yelena pudo continuar así mucho tiempo, más una silueta obstaculizó su vista y le impidió seguir mirando las estrellas.
Ella abrió aún más los ojos. Era un hombre, un jinete. Inmediatamente experimentó una fuerte sensación y deseó poder empuñar sus cuchillos, que todavía sentía cercanos, aunque no efectivos en sus manos lastimadas.
Aquel hombre, ¿Sería el rey del que hablaba la bruja?
No lo sabía, pero Yelena decidió que no le importaba. Todo era tan intrascendente comparado con la mezcla de hielo y fuego que ascendía por su pierna....
Reprimió un gemido y, lejanamente, advirtió que el jinete hablaba.
¿Que… o quien eres tu? ¿Acaso eres una dama de hielo?

Atenazada por una agonía que ya no podía ocultar, Yelena se las arregló para torcer su encantadora boca en una sonrisa sarcástica.
- Pensé que los hombres eran inteligentes... ¿Crees que una dama de hielo estaría tendida sobre la nieve, sangrando? Deberías dejar de preguntar cosas tan elementales y mejor pregúntate qué vas a hacer ahora... sea lo que sea que decidas, apúrate y déjame en paz
Ni por un momento se le paso por la cabeza pedir ayuda. Orgullosa como era, prefería retraerse en si misma, como un gato lamiendo sus heridas y sin dejar que nadie le toque. Estaba demasiado débil para ahuyentar al extraño pero esperaba que sus palabras arrogantes pudieran alejarlo lo suficiente para poder arrastrarse a otro lugar y pensar en cómo resolver su apuro. Aún no sabía qué clase de labor debía cumplir para liberarse, ya que la bruja no le había dado demasiados detalles, sin embargo, era agradable saber que le quedaba tenacidad suficiente para afrontar lo que fuese que viniese.
Yelena cerró los ojos un instante más y sintió el escozor del anillo en su mano, advirtiéndole de su debilidad.
Frunció las cejas en un gesto de disgusto y se preguntó si podría ponerse en pie.
Sonaba peligroso...
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Draco Canamar

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MensajeTema: Re: Good Night Moon   Sáb Mar 05, 2011 9:35 am

No, no era un espejismo de nieve, por lo menos a al hijo de Bairack le habían dicho que los espejismos de nieve no hablaban, y con ¡Que voz! Suave, melodiosa y a la vez gótica. Tan blanca como proveniente de una garganta de plata, y tan oscura al mismo tiempo, era tan perfectamente propia de ella, al grado de poder estremecer alguien tan guarro y patán como Draco

Las palabras por otro lado eran otro cantar, era hasta cierto punto normal que fuese soberbia siendo tan bonita, pero el comentario lo hizo quedar como un estúpido, cosa que el lord no le agradaba mucho, pero tenía razón, las damas de hielo, no sangraban, no obstante no se equivocaba en intuir que aquella mujer no era humana, al mencionar que “creía que los hombres eran inteligentes” pero ¿que podría ser ella? Demasiado lóbrega tanto de color como de actitud para ser una elfa, y a la vez demasiado nívea de piel como para ser una Drow quizás sería una mezcla de ambas… Sin duda una combinación mortífera

Pero afortunadamente para él, ella estaba indefensa, si bien estaba intoxicado por su perfume, ella no tenía fuerzas para embaucarlo y pese a que exigía estar sola el Lord oscuro no iba a dejar ir a una mujer como ella, menos estando así

Draco: Estas herida Perfume de luna… déjame ayudarte…

La vampiresa necia y tozuda como ella sola intento pararse, sus piernas no le respondieron y en vez de eso un dolor intenso el castigo, quedando solo como recurso el fingirse desmayada. Draco mordió el anzuelo y se acerco mas Era su oportunidad, la Venus estaba ahí a su merced… No dudo en posar sus manos sobre sus muslos caderas y pechos, recorriéndolos con exagerada delicia, que suave era su piel.

El lord oscuro le hubiese hecho el amor ahí mismo si no fuera porque su vida corría peligro, se levanto rápidamente y uso uno de los delgados capote tipo sarape del caballo a modo de improvisado torniquete sobre su muslo, una vez cerciorado de que su herida ya no sangraba, la tomo en brazos y la trepo al caballo, e intrépidamente se subió a el también, tomando el mando del caballo. Buscando un lugar donde resguárdala, las estrellas iluminaron el camino.

Comenzó a agobiarlo la soledad extrema de los parajes helados, con las fortalezas de las montañas lejanas cubiertas de nieve como únicas testigos de su paso. Ni rastro de hombres, de animales, de vida alguna

Cuando Yelena despertó pudo sentir como el lord la tenia abrazada fuertemente de la cintura y que su pierna estaba vendada. Las llanuras heladas comenzaban a remitir y tímidas plantas y raquíticos arbustos dispersos salpicaron la blanca superficie, dando paso poco a poco a la tundra; despistadas liebres de las nieves asomaban la cabeza desde sus escondrijos en raras ocasiones. Guiados por una finísima voluta de humo hacia el oeste, cabalgaron hasta bien entrada la noche, cerca ya de la madrugada, para encontrar una aislada cabaña, en medio de la nada, de cuya chimenea la fumareda huía refugiándose en el cielo oscuro

Una vieja mujer encorvada y tapada hasta las cejas cargaba con un montón de leña. Los vio, se dirigió a la puerta, la abrió y la dejó así, en clara y extraña muestra de hospitalidad. Entonces salió una niña de ojos azules y les abrió auna pequeña techumbre que hacía las veces de granero, establo y almacén, por llamarlo de alguna manera, donde rumiaba una huesuda vaca y dormitaban un trío de gallinas. Le hizo un gesto para que entrara ahí a guardar el caballo, en lo que su abuela preparaba la bienvenida, el lord se acercaba cuando se dio cuenta que la hermosa y exótica chica estaba despierta supuso que si juntaba suficientes fuerzas opondría resistencia, así que le dijo algo para tranquilizarla

Draco: Parece que hemos encontrado un refugio Lourdes, esas personas se ven amigables, te llevare con ellos para que te atiendan… Pronto estarás bien

Sabía que no se llamaba Lourdes pero no sabía cómo se llamaba así que en vez de llamarla perfume de luna le puso así, Intuía que no le agradaría ser llamada así pero por lo menos distraería un poco su atención
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Yelena Kuzanovic

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MensajeTema: Re: Good Night Moon   Dom Mar 06, 2011 11:46 pm


El dolor de Yelena fue intenso al pararse pero no tanto como las palabras suaves del jinete tratando de seducirla.
¿Perfume de Luna? Que encantador apelativo, sobre todo cuando ella sabía bien que su aspecto no debía ser lo mejor, tan herida y maltratada por las espinas de la bruja...
Es curioso como los hombres, sin embargo, ceden ante cualquier muestra de las virtudes femeninas. Una suave caída de pestañas, la muestra de piel blanca y suave, todo esto los vuelve locos. Había de arrebatos a arrebatos, no obstante, y la vampiresa sintió la curiosidad renacer en algún rincón de su alma.
¿Hasta qué punto había encandilado al guerrero? ¿Su iniciativa de ayudarla era verdadera u obedecía a más oscuras intenciones?
Por alguna razón, ambas posibilidades eran agradables. Ella no era una mujer a la que le faltara el valor y no era inmune a los encantos masculinos, como muchos amantes habían tenido la oportunidad de descubrir. A pesar de ello, todavía ardía demasiado su cuerpo como para ser acariciado y Yelena comprendió que no quería ser tomada a un lado del camino, como una pobre campesina en los brazos del primer militar tosco que aparece.
Así pues, se fingió aún más herida de lo que estaba y aparentó desmayarse.
Era un recurso que en tiempos humanos le había sido de ayuda algunas veces, dada su alta estatura y su tendencia beligerante a meterse en problemas.
Esta vez, por supuesto, funcionó. El gallardo jinete se apresuró a acercarse a la figura inmóvil y rodeó a la dispuesta silueta voluptuosa para subirla al caballo, vendando con cuidado el muslo herido. A pesar de saber que debía quedarse quieta, lo cierto es que la vampiresa disfrutó con cierta serenidad saberse deseada de esa manera y tuvo que reprimir la repentina sonrisa que estuvo a punto de aflorar a su semblante, cosa que hubiera revelado la charada al instante.
Así pues, permaneció con los ojos cerrados mientras era subida al caballo y dejó que fuera el hombre quien la sostuviera, en lo que su mente dinámica y agotada calibraba la situación.
Aunque Yelena no era una mujer que se entregara a profundas reflexiones, a lo largo de toda una vida solitaria había aprendido que perder la concentración en un asunto importante podía salirle muy caro. Siendo como era ella una mujer y sabedora de que estaba en desventaja por este hecho (a menos que quisiera ser considerada como ramera o esposa amante) había tenido que idear con astucia e ingenio la manera de sobrevivir, allí donde la fuerza física le fallaba. El Abrazo había mejorado muchas cosas, pero no había hecho desaparecer ese instinto.
Y así pues, por muy excitante que resultase el tacto del varón, Yelena comprobó que conservaba sus cuchillos, que el anillo maldito seguía en su dedo y que su "salvador" iba solo.
No pudo, como es natural, comprobar la dirección en la que iban pero le tranquilizó sobremanera saber que el jinete estaba solo. Aún quedaba la incógnita de su misión pero igual podía averiguarlo más tarde...
Se estaba bien en aquel silencioso trote, en brazos de un atractivo desconocido. El escozor de sus heridas estaba remitiendo, pero la sed se agravaba y la llenaba de espumosos anhelos. Pronto, la vampiresa no pudo hacerse más la dormida y abrió los ojos, fijando su mirada nebulosa en el paisaje, blanco y propio de la tundra. Su propia imaginación, encendida por su pronta necesidad de sangre, vio dos cuerpos envueltos en nieve y rodando por el piso...
Yelena se apresuró a quitarse esa idea de la cabeza al advertir que la vegetación, aunque somera, empezaba a pintar el blanco helado de la nieve. Comprendió que quizá pudiera haber un refugio cerca y la idea la alegró. Detestaba pensar que tendría que enterrarse para huir de los rayos del sol.
Además, no quería revelar de ese modo su debilidad al desconocido, sobre todo porque ya estaba lo suficientemente vulnerable en aquel momento.
Permaneció pues, callada y dejó que el humo que asomaba a lo lejos la llenara de esperanza por un lugar para pasar el día.
En efecto, era una cabaña en medio de la nada. Una anciana - Yelena frunció el entrecejo, estaba harta de las mujeres mayores- les dio la bienvenida de forma harto peculiar y despertó sus sospechas. En cambio, una preciosa niña de ojos azules les dijo dónde poner el caballo y la expresión ceñuda fue cambiada por una sonrisa de alivio.
Aunque aún tenía sus dudas de la legalidad del recinto, poco podía hacer para externarlas. Si tenía que cargar con una maldición más, al menos lo haría acompañada...
Echó una mirada de reojo al hombre que se pegaba a su desnuda espalda. Observó que él ya había notado que estaba despierta y oyó sus palabras.
Parece que hemos encontrado un refugio Lourdes, esas personas se ven amigables, te llevare con ellos para que te atiendan… Pronto estarás bien
La sonrisa de alivio se desvaneció y fue reemplazada por una leve sombra de disgusto. ¿Lourdes? Aquel nombre era feo y vulgar...
Desmontó del caballo, deshaciéndose sin brusquedad del abrazo del moreno y aterrizando en el suelo. Yelena apretó los dientes al sentir el impacto en su herida y se apoyó un momento en el corcel, tratando de no gritar.
Luego miró al que tan misteriosamente la había ayudado. Su tez blanca y pálida estaba seria, pero no reservada. La brisa jugueteaba con sus cabellos de ébano y la tenue luz de las estrellas jugaba a poner matices en su suave piel.
Entonces habló la Caminante Nocturna, en un tono más suave y melodioso de lo que había sido su voz al encontrarla el extraño tendida en el suelo:
- Lourdes, no. Me llamo Yelena
La vampiresa fijó sus ojos grises en los castaños del varón y esbozó una sonrisa encantadora como el inicio del verano y seductora como el perfume de la lluvia al caer sobre la sedienta tierra.
Y es que sabía la mujer que debía mantener a ese hombre de su lado, si quería encontrar un poco de sangre con la cual curar sus heridas y salir del paso en aquel páramo desolado.
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Draco Canamar

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MensajeTema: Re: Good Night Moon   Lun Mar 07, 2011 4:34 am

El lord oscuro dudo si debía retener a aquella inquieta mujer por la fuerza o si debía dejarla desmontar, opto por lo segundo, no se vería bien ante tantas mujeres montar una escena, al bajar se dio cuenta de que estaba peor de lo que de la sensual mujer quería admitir, aunque resultaba agradable que se esforzara por aparentar lo contrario

Lucia fina y a la vez voluptuosa, sus formas resaltaban muy sutilmente desde aquella posición, le gustaba la forma en cómo lo miraba, relajando su semblante y como había cambiado su tono a uno más bajo, quería creer que estaba un poco agradecida, aunque en esencia seguía siendo tajante en sus palabras. Le contestó en un susurró

Draco: Bien Yelena, meteré el caballo, ahorita te alcanzo en la cabaña

Sabía muy bien que aun con sus piernas tan largas batallaría al caminar pero había sido su decisión desmontar toman el mando del caballo para rodearla e ir a la cuadra a la especie de granero y almacén, para ir a amarrar el caballo... Yelena...

Curioso nombre aunque era mejor que el que él le había puesto

Ya dentro de la cabaña todo cambiaba demasiado. Una cocina, una mesa redonda y solo dos cuartos al fondo, lucia lleno de trastos pero limpia, y era reconfortantemente mas cálida, una tosca chimenea era el elemento estrella de aquel lugar, la anciana estaba poniendo más leña mientras otra mujer que también atendía los fogones se giró con una cazuela humeante que llevó hasta la mesa. Superaba los treinta años, sus largos cabellos rizados, negros y no muy limpios enmarcaban un rostro marcado por las cicatrices del inclemente tiempo pero que conservaba parte de atractivo que tuvo en su juventud, dos ojos de un azul intensísimo semejaban zafiros engarzados en su piel de bronce.

No se inmutaron de los extraños muy al contrario parecían, recibir de tiempo en tiempo viajeros perdidos, en malas condiciones

Señora: Pasen forasteros, la cena está servida. Siéntense

El lord oscuro se sentó en la mesa, esperando que su compañera hiciera lo mismos mientras la mujer se prestó atenta a servir la mesa mientras la niña y la anciana también se sentaba

Draco: Muchas gracias por su hospitalidad: Ha sido una suerte encontrarlos

Señora: Coman. Está caliente, no es mucho pero es lo que tenemos. También hay queso tortas de pan, y agua; Mañana temprano muñiré a la vaca. Podréis dormir en el establo.

Draco: Es más que suficiente para mi, de verdad se lo agradezco, por lo menos yo traía mucha hambre

La anciana comía su plato con parsimonia aunque miraba con ojos inquisitivos a la Vampiresa, como si la conociera, aunque lo disimulaba muy bien, la niña y la señora en contraparte eran amables y sinceras

Señora: De vez en cuando solemos tener visitas en estos páramos ¿De dónde vienen y a donde se dirigen?

Draco : Yo vengo de Algarea. Me dirijo hacia la ermita de la “alianza” voy a ver al monje Félix para un asunto particular ¿sabe si queda muy lejos?

Señora ¿La Ermita de la Alianza? No está muy lejos como un día de camino todavía más hacia el norte el camino está muy accidentado, es raro que la gente vaya a ver a ese loco y ¿Qué hay de usted jovencita? ¿También va a ver al monje Félix?

La anciana dejo de comer poniendo mucha atención a lo que Yelena estaba por decir
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Yelena Kuzanovic

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MensajeTema: Re: Good Night Moon   Lun Mar 07, 2011 7:02 am


-Bien Yelena, meteré el caballo, ahorita te alcanzo en la cabaña-
Inútil decir que las palabras de aquel hombre le sonaron un soplo seductor. Yelena tuvo que reconocer para sus adentros que hacía mucho tiempo que su nombre no sonaba tan bien en labios de alguien y una sonrisa que la vampiresa no pudo evitar marcó sus labios en respuesta. Sus manos se escurrieron hacía sus costados como para señalar que ella no lo retendría y tanteó un par de pasos para ver si podía caminar.
En eso, lentamente, el hombre la rodeó para hacer lo que, en efecto, dijo que haría. Yelena notó entonces que tenían estaturas parecidas aunque ella seguía siendo más alta. Aquello la complació; no le gustaban los bajitos.
Con ese pensamiento en cabeza fue que inició el azaroso camino dentro de la cabaña, pero su complacencia duró poco. Cada paso le costaba un mundo y, a pesar de que no dejó que esto se transluciera en su rostro o en algún sonido, su respiración era pesada y su paso más lento al acostumbrado.
Al final consiguió penetrar en el umbral de la casa. Sus anfitrionas parecían ser tres mujeres, cada una de distinta edad y apariencia. A Yelena le llamó la atención una de ellas, cuyos rizos negros enmarcaban un hermoso rostro marcado por arrugas de preocupación y dos ojos de un azul poco acostumbrado, demasiado intenso para ser real. Ella recordó entonces un sueño que había tenido hace mucho tiempo y se sintió inquieta aunque no podría haber precisado la razón.
Ellas les dieron la bienvenida como si no fuera extraño ver desconocidos y Yelena percibió entonces la chimenea alrededor de la cual se afanaban las dueñas de la cabaña y la entrada del hombre que la había ayudado.
Le miró como en un acto reflejo y sintió deseos de decirle alguna cosa, pero no encontró palabras. Preguntas, en cambio, le sobraban. Sin embargo, aquel lugar no parecía ser el mejor para formularlas. Era mejor no llamar la atención y era consciente de que sus múltiples heridas y su aspecto desaliñado, así como su descuidada belleza y su altura la hacían destacar mucho más que aquel hombre, quien seguramente tenía razones legítimas para estar por allí.
Ella no, ya que ni siquiera tenía una idea clara de dónde estaba...
Y su nerviosismo creció al darse cuenta que habían preparado toda una comida para los recién llegados. ¿Qué hace una vampiresa en estas circunstancias? ¿Comer algo o fingir demencia?
Yelena se pasó las manos por su sedosa melena y se sentó sin decir palabra junto al hombre, que ya se había acomodado y parecía hambriento.
Para ser honestos, ella también lo estaba. Hacía mucho de su último trago y estaba herida y vulnerable, por lo que adoraría poder desangrar a alguien.
Pero no puedes atacar a alguien que tan amablemente te invita a su mesa y tampoco es cortés acabar con quien te ha vendado una pierna.
Aunque... ¿Eso importaba algo, en realidad?
Quizá no, pero puede que Yelena quisiera algo más que sangre del individuo que contestaba por ambos a las mujeres que momentáneamente los habían acogido...
Alzó la cabeza, dispuesta a afrontar los riesgos. Ya sabía que, aunque lo intentara, no podría comer lo que sus anfitrionas ofrecían. Y además, la mirada de la anciana no le gustaba, aunque procuró encararla con dignidad, preguntándose tan sólo a qué se debía.
¿Estaría de algún modo relacionada con la bruja? Aquella perspectiva le inquietaba tanto que, de estar en condiciones, se hubiera marchado sin vacilar del lugar. Aquello no entraba dentro de sus posibilidades, claro está y
prefirió mejor escuchar lo que los otros decían, con la débil esperanza de que no preguntaran...
De vez en cuando solemos tener visitas en estos páramos ¿De dónde vienen y a donde se dirigen?

Lo que estaban preguntando. El hombre fue rápido al responder y sus oraciones le llamaron la atención.
-Yo vengo de Algaria. Me dirijo hacia la ermita de la “alianza” voy a ver al monje Félix para un asunto particular ¿sabe si queda muy lejos?
Probablemente aquello era verdad, decidió Yelena, o una buena mentira, al menos. De todas formas carecía de relevancia, pues el mozalbete le hubiera interesado incluso a que fuera un bandido. Pero el hecho de que fuera a ver a un monje no encajaba. ¿Qué podría ofrecerle un hombre santo a un varón como aquel?
No estaba segura de poder decirlo pero era su turno de hablar. Y a decir verdad, Yelena experimentó cierta incomodidad, aguzada por la repentina atención de la anciana ante sus palabras.
¿Debía decir la verdad? ¿o mentir?
Apartó su plato sin tocar para decir, de la misma forma sucinta, aunque sin el encanto, con el que había hablado a su "Salvador":
- No, yo sigo mi propio camino. En realidad no nos conocemos. Él sólo decidió ayudarme a causa de mis heridas.. por lo cual le estoy agradecida.
Dejó de mirar a la anciana para lanzarle una breve mirada cálida de soslayo al varón. Luego se pasó una mano por el rostro, como si estuviera agotada, aunque estaba lejos de estarlo.
Les ruego me disculpen, pero estoy muy cansada y me gustaría dormir. Han pasado muchas cosas...
Su voz se interrumpió, pero esta vez su tono sensual tenía cierta aspereza. Presentía que no se hallaba segura en aquel sitio y aquella excusa era tan buena como cualquier otra.
Las miradas de las dueñas de la cabaña se posaron sobre ella. Sintiéndose observada, llevó una de sus manos al tosco vendaje de su muslo a pesar de que no trató de ponerse en pie.
Sus ojos, con todo, estaban en el hombre.
¿La apoyaría sin hacer preguntas? ¿O preguntaría cosas cuya respuesta en realidad no querría saber?
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Draco Canamar

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MensajeTema: Re: Good Night Moon   Lun Mar 07, 2011 7:56 am

Pese a que no habia tocado su plato, y el lord por el contrario lo dejaba mas que limpio, Canamar pudo percibir que la fria mujer se habia suavizado, su rostro duro había matizado sutilmente su semblante haciéndolo aun mas encantador y cautivador si es que eso era posible

Finalmente escucho aquellas palabras que fueron complacientes para sus oidos, estaba agradecida, bueno eso disminuía aun mas la sensación de que fuesen tan distantes, La miró con devoción, aunque la duda todavía le podía. ¿Quien o que era? y ¿hacia dónde se dirigía?

Manifestó estar cansada y aunque el lord se había quedado con algo de hambre y normalmente era lo suficientemente guarro como para comerse el plato que dejo ella, estaba demasiado agradecido como para mostrarse abusivo. Sobretodo porque la familia habia hecho un enorme esfuerzo al acojerlos

La señora esbozo una sonrisa donde amanecía la esperanza sobre un lienzo de tristeza, en tanto la anciana le había clavado una mirada penetrante a la exótica joven ante tal declaración

Draco: Ella tiene razón ya casi amanece sería bueno descansar un poco, les agradecemos su hospitalidad mi nombres es Draco y me siento muy satisfecho por la esplendida cena y por la información, que pasen buenas noches, nos vemos mañana

Luego de las despedidas, abandonaron la cabaña para ir a la cuadrilla donde dormirán en el granero junto con la huesuda vaca y las tres gallinas

Comenzó una pequeña tormenta la nieve empezó a golpear. El viento era frío El lord oscuro se puso de lado para cubrir con su cuerpo a la joven y que el viento la golpeara menos aunque no la cubría mucho ya que ella era ligeramente más alta, tuvo que aminorar su paso pues la hermosa perfume de luna seguía flanqueando de la pierna izquierda, haciendo mas lento y pesado el camino, cuando alcanzaron las cuadra estaban prácticamente congelados.

No era más que un establo mugriento con techo de lámina. El siseo constante del chaparrón y la corriente de aire sobre él, no aminoraba jamás, hasta convertirse en un ruido de fondo.

Como carecía de ventanas lucia umbría, era perfecto para la vampiresa, Aunque hacía casi el mismo frío que afuera. No había luz, pero gracias a las vistas raciales nocturnas de ambos ese no era problema, siendo capaces de reconocer todo que ahí había

El lord apuntó con el dedo la escalera que conducía al pajar.

Draco: Me parece que tendremos que compartir el lecho hay que ir a dormir allá arriba ya que aquí está muy húmedo y huele un poco mal…

Se giro hacia a ella quedando frente a frente y le susurro cerca de los labios

Draco: Pero no te preocupes soy un caballero y no te tocaría, no sin tu consentimiento claro está. Tu pierna al parecer todavía no está bien, creo que tendré que ayudarte a subir….


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MensajeTema: Re: Good Night Moon   Lun Mar 07, 2011 8:31 am


Había sido una muy larga noche y aún peor porque Yelena sabía de sobra que no sería la cabaña donde ambos descansarían. A pesar de saber que su seguridad era su prioridad, extrañaría la chimenea.
Aún así, dedicó una sonrisa de agradecimiento a las anfitrionas y se puso en pie, exagerando su dolor para que ellas pudieran entender por qué no podía seguir hablando.
Los dos compañeros de viaje salieron a la tempestad del ambiente y sintieron el frío aumentar por la pequeña tormenta. Yelena percibió con toda intensidad el golpeteo de la nieve sobre su cuerpo e hizo una mueca cuando los copos impactaron sobre su pierna herida.
A pesar de todo su orgullo era obvio que no podía disimular más y la caminata hacía el establo fue lenta. La vampiresa no perdió de vista que el hombre parecía preferir acompañarla que adelantarse, algo bastante amable pero poco práctico ya que llegaron a su destino totalmente congelados.
Al llegar, la hermosa Yelena apretó los labios. En aquel sitio pobre y sin ninguna luz, hacía casi el mismo frío que afuera. Ni una ventana, lo cual era algo por lo cual dar gracias pero el olor a animal era intenso y Yelena presintió que su lecho no sería precisamente de plumas.
En otro momento no le hubiera molestado y ya había pasado por demasiado como para arrepentirse de sus actos pero prontamente comprendió que no podría dormir sola y tranquila.
Había sólo una escalera que seguramente conduciría a un montón de heno, donde Draco y ella podrían acomodarse. Ella conocía bien los establos ya que un montón de experiencias interesantes habían sucedido entre sus cuatro paredes pero subir aquel precario instrumento no le parecía buena idea.
Aún así, su soberbia le impidió externarlo, cosa que de todas formas hubiese sido innecesario ya que su camarada (¿Podía llamarle así?) se le adelantó pronto.
Me parece que tendremos que compartir el lecho hay que ir a dormir allá arriba ya que aquí está muy húmedo y huele un poco mal…
Pero no te preocupes soy un caballero y no te tocaría, no sin tu consentimiento claro está. Tu pierna al parecer todavía no está bien, creo que tendré que ayudarte a subir….

Por tercera vez los grandes orbes de Yelena miraron a su acompañante. Era la primera vez, no obstante, que lo observaba de verdad.
El varón que la había ayudado era, ciertamente, uno de los más atractivos que Yelena había visto.
Su rostro era muy masculino, la nariz afilada, los ojos despiertos y pardos. El cabello era castaño y largo y el cuerpo el de un hombre que acostumbra viajar y pelear, al menos por lo que dejaba entrever la silueta de la armadura.
En silencio, la vampiresa le dio su aprobación. Incluso le gustaba aquel nombre, era Draco, ¿Verdad?
Aunque nunca había visto un dragón, siempre los había imaginado llenos de una belleza metálica que encarnaba un intenso color y una enorme fuerza, además de una astuta inteligencia. Y, aunque el varón que se dirigía a ella con aquellas palabras no tenía nada que ver con sus visiones del perfecto dragón, había algo en él que la había atraído desde que la había tocado para subirla al caballo.
No era algo que pudiese decirle, por supuesto, más su mirada era penetrante y profunda, llena del misterio que encerraba su naturaleza.
En aquel momento, parada en medio del establo, Yelena era una Visión esplendorosa, rodeada de oscuridad y, no obstante, visible y real.
La sonrisa con la que tanto había batallado en el viaje afloró entonces a la boca de Yelena y esta vez era solamente para Draco.
Que fuera Brujah no significaba que no tuviera encanto.
- Que tus deseos no se vean mermados por mi frialdad, Draco. Espero que sepas entender el por qué de ella, al sorprenderme tu presencia cuando yo me hallaba en tan funesta posición...
Una larga mano de espléndidos y finos dedos tocó el hombro del guerrero, desterrando de la tela copos de nieve. La mirada, empero, seguía fija en los ojos pardos de Draco.
- Hay muchas cosas que debo agradecerte, entre ellas haberme ayudado cuando podrías haber pasado de largo sus largas pestañas acariciaron las mejillas de la vampiresas al entornar ella los ojos. Y presiento que deberé agradecerte mucho más en el futuro. Así pues, no temas que pueda rechazar tu contacto...
Las manos de la vampiresa se alzaron como expectantes y ella alcanzó a dar otros dos pasos para poder situarse en el pie de la escalera, en una clara invitación para que Draco la ayudara a subir.
Sus ojos eran más plateados que grises. Y ahora Draco tenía dos posibilidades para apoyar a la vampiresa a ascender, si quería.
Yelena estaba curiosa por saber cuál escogería él, si tomarla en brazos o simplemente subiendo primero y jalarla hacía arriba.
Cual fuera su decisión, ella no pensaba poner reparos. La sed le había estimulado otros deseos y necesidades, además de que ella pensaba que podría ser divertido, en el frío que acicateaba su pierna y en la soledad de un día que todavía tardaba en llegar, encontrar una forma de entrar en calor.



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Draco Canamar

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MensajeTema: Re: Good Night Moon   Lun Mar 07, 2011 11:36 pm

Nuevamente su particular mirar, tan extático, místico e indescriptivamente emocionante lo lleno de jubilo, era como ver un diamante No se podía sostener mucho tiempo la mirada porque deslumbraba, sus escasas ropas y sus pequeños adornos, irresistiblemente erótica y exótica

Cuando ella hablo y lo toco, lo asalto una tormentosa pasión, apoderándose de el, la confianza del lord se reafirmo aunque de todos modos era algo que tenía pensado hacer

Draco: Lo entiendo lo dije porque mi intención es que no estés incomoda y no tienes nada que agradecer el servicio se ha pagado por si mismo, es imposible dejar ahí a una mujer como tu ¿que hombre podría hacerlo?

Cogió su cintura con el antebrazo izquierdo y con el derecho le alzo las piernas para que su pecho de manera que su vientre y caderas quedaran pegadas a su abdomen, su ligereza facilito la tarea la subió en sus brazos con suma delicadeza

Se regocijo al tener a la incomparable Yelena en sus brazos nuevamente, tocar su nívea piel era como tocar seda azul. Al llegar arriba la recostó con suavidad en el henil estaba seco y era cálido quizás no era el lugar mas romántico pero dadas las circunstancias era el lugar mas apropiado intimo y cálido, la deposito con suave cuidado y se irguió para comprobarla en todo su esplendo la magnificencia del mas perfecto cuerpo femenino que jamás haya visto



El lord oscuro al ver ahí también contorneadas formas recostadas, cayo en dulce redención, encontrándose en una especie de cielo paroxístico, su s formas era el más negro y dulce de los tormentos

Se quito la armadura, quedando solo en pantalones y botas con el torso desnudo moriría de frio con esas placas de metal sobre su cuerpo además la posibilidad de acurrucar y sentir tan esplendidas formas lo animaba

Con sutileza su mano toco su tobillo horadándolo y fue deslizándose lentamente por su pierna en tierna agonía, subyugado y rendido ante ella

Draco: Hasta que llegue el día, mi bella princesa, me declaro tu valiente caballero. Te protegeré hasta que aparezca un noble príncipe que ocupe mi sitio


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Yelena Kuzanovic

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MensajeTema: Re: Good Night Moon   Lun Mar 21, 2011 3:17 am


El guerrero no había dudado un solo instante. Yelena alcanzó a advertir el intenso brillo de emoción y expectativa en aquellos ojos pardos justo antes de sentir como sus fuertes brazos la alzaban para transportarla a sitios más elevados. Él lo hizo, en efecto, con mucho más cuidado del que cabía esperar, dado su tumultuoso deseo y fue algo que ella agradeció, ya que el escozor de sus heridas seguía tan presente como antes.
Era una verdadera molestia, se dijo ella, tener que soportar aquel dolor cuando un poco de sangre podía ayudar a sanar muchos de aquellos rasguños. Al pensar en ello la sed ascendió por su garganta y la vampiresa hubo de contenerse, con cierta dificultad. No debía ver, por lo menos ahora, a Draco como un aperitivo, cuando él la había salvado de una situación apurada y se estaba mostrando tan gentil. Fuera lo que fuera, Yelena no era desagradecida. Jamás cometería el error de desdeñar un gesto amigo, sobre todo cuando había aprendido por experiencia que rara vez una mano extendida y sincera era símbolo de buena voluntad.
Por tanto, se dejó conducir lánguidamente por el varón. En sus venas ardía una llama que bien podía ser considerada deseo, al incrementarse el anhelo de la sangre.
Draco la tendió en el montón de heno. Su mirada seguía llena de promesas y la mujer se encontró extrañando el breve calor que la armadura y la cercanía le habían proporcionado por breves momentos. El aire seguía silbando fuera del establo y la frialdad deseaba infiltrarse agudamente en sus huesos, apartando gasas y piel para apoderarse de ella inclemente.
Soltó un suave gemido, como si sintiera dolor, fijando sus profundos ojos en los de él y esperando que eso pudiera alentarlo aún más. Aparentemente, así fue, ya que advirtió como Draco iba despojándose de la aparatosa armadura, quedando sólo con los pantalones y las botas. La mirada de ella fue delineando suave y pensativamente el cuello y el torso de su “Salvador” despidiendo un aire tan enigmáticamente encantador que incluso su presencia resultaba un aliciente.
La mujer fue incorporándose lentamente sobre su lecho improvisado, enmarcados sus iris por las larguísimas pestañas que se curvaban para observar mejor al que deseaba sentir cerca.
Simultáneamente, el hombre movió suavemente su mano, tomando el tobillo de la vampiresa y ascendiendo en una caricia punzante y dolorosa en esa lentitud frustrante y deliciosa. Ella sintió un millar de sensaciones eclipsando su frío y llenándola de placer. Un nuevo sonido quedo y sensual se escapó de su boca y percibió como el gozo y el dolor se entremezclaban en una perfecta unión que la encendió.
El guerrero acariciaba su pierna herida. Aquello, en lugar de molestarse, la instó a alzar suavemente sus piernas, rozando sutilmente los pantalones del hombre y envolviéndolo en un abrazo seductor, dejando que la tela provocara escalofríos sobre el varón, haciendo también ascender a su pecho, acercándolo a él, provocándolo con su perfume.
Ella oyó sus palabras, sonrío divertida. ¿Qué era ella sino un espíritu asilvestrado? Pero no discutió aquellas oraciones, como en cualquier otro momento hubiese hecho. En lugar de ello, posó sus largos dedos en las mejillas de Draco y sus labios exhalaron un aliento fresco cerca de esa otra boca que pedía ser probada, que moría por tocarla.

-Entonces ven, mi caballero, déjame recompensarte por tu lealtad.-

susurró, ladeando el precioso rostro y completando el beso que sustentaba sus palabras.
Aquella boca, como pétalos de rosa, se apoderó de la de él con la gracia y la potencia que contenía su alma, fundiéndose, apremiando, invitando. Su lengua se refugió en el cálido refugio encontrado, jugueteó con su hermana, bailó con ella la danza del deseo. Yelena respiraba apenas un poco más rápido de lo normal, más sus fríos y delicados dedos bajaban por su cuello, dibujaban su pecho, se enredaban en su espalda, atrayéndolo.
Siguió besándolo, como devorando, hasta que interrumpió aquello para sumergir su cabeza en el cuello de Draco y, al hacerlo, permitiendo que su larga y espesa cabellera le llevara a su amante el más delicioso aroma.
Olía a lluvia, a libertad, a rosas silvestres. El perfume se unía a su aroma de mujer y lo llevaba a lugares lejanos y excitantes, mientras los dientes de ella mordían su piel.
Yelena luchaba contra su apetito de sangre, casi superior a su deseo del hombre, pero ella no estaba diseñada para negar lo que su interior le reclamaba. Respiró en su oído, deslizó su nariz por la cara interna de aquel cuello que la atormentaba y hundió finalmente sus colmillos en el manjar, otorgando un doloroso y hechicero beso, probando la sangre del mortal mientras lo hacía sentir la gloria del momento.
Las piernas de ella seguían sujetándolo y ella bebía. La vitae se apoderaba de su ser como un conjuro demasiado maravilloso, rogando continuar con tal deleite, suplicando por la muerte del bebido. Pero todavía había control en aquella mujer y pudo contener su sed, limitándose a tomar lo suficiente y echándose hacía atrás, igual que una delicada pluma, para que su espalda se apoyara en el henil y él pudiera hacer lo que quisiera con ella, su fantasía, su perdición, su delirio.
Aquel semblante mostraba la perfecta belleza de un sueño, ruborizado por la sangre ingerida, aunque sin el revelador destello de los colmillos que hubiesen revelado su naturaleza. Las pupilas ardían en la invitación y las manos de Yelena se acariciaban a sí misma para ofrendarse, pagando con su sublime cuerpo lo que de él había obtenido.
Apartó ella misma las gasas que adornaban su figura y se abandonó totalmente. Envuelta en la nube de su dicha e iluminada en todo su esplendor, se presentó como la más sugestiva Visión que ningún hombre podría haber conjurado para hacer realidad sus deseos.
¿La tomaría el nombrado caballero? ¿O se contentaría con lo ya conseguido?


Última edición por Yelena Kuzanovic el Sáb Abr 16, 2011 3:11 am, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: Good Night Moon   Lun Mar 21, 2011 6:07 am

Aquel venenoso contacto se sentí tan endemoniadamente bien, casi tan bien con su sorpresiva docilidad, esa extraña obediencia, esos gemidos y la redentora forma como lo miraba, su rostro transparentaba una belleza perpetua, ningún ángel, elfo o criatura de este mundo o terrenal podía comparársele, ahí yacía ante el, la reina de la noche y esa noche iba a ser de el y de nadie mas, como se había lucido la diosa fortuna con el, estaba agradecido, pletórico, flotando…Como en un sueño. El mismo Bairack envidiaría su gloria y su dolor

Guiado por un deseo meramente animal que crecía con los minutos plateados su piel comenzó a comer de su piel incluso a través de la tela de sus pantalones gesto que fue correspondido con sus fuertes manos sobre sus muslos, mientras sus pechos se acercaban a su rostro, respirando en todo su esplendor el perfume femenino en ebullición que de estos manaban, aquel lecho no era digno de ella, pero no pensaba en eso el tiempo y el lugar no significaban nada en aquellos momentos

“Entonces ven, mi caballero, déjame recompensarte por tu lealtad.”

Seguramente lo que el había dicho no era nada para una mujer acostumbrada a despertar apetitos de tamaña magnitud pero no importaba, su pasión hacia ella era sincera. No pudo dominar el frenesí que le embargaba, no pudo susurrarle aun más suavemente, aquel plateado ser de oscuridad ya se había apoderado de el, siguió el filo despiadado de su boca, una tormenta en forma de lengua y labios de mujer, después se perdió en un limbo, no se dio cuenta cuando ella lo mordía, estaba perdido, fuera del mundo mismo, evaporado, su nariz en su cuello, su sedosa epidermis, sus besos, sus hervores, sus largas piernas aprisionando su cintura, ella bebía de su sangre pero el bebía de su ser

Pero entonces ella lo libero, lo había dejado con vida, el hijo de Bairack siguió embrujado pero de una forma distinta, ahora tenia mas libertad, fue su voluntad devolverle su autonomía para que el pudiera tomarla, no se detuvo a pensar que todo aquello fue sobrenatural que había ido mucho mas allá que una cascada de sensaciones, el seguía embriagado esclavo de su piel mientras ella se ofrecía y mas aun, cuando ella lo libero entonces fue la emperatriz de las pasiones de todo lord quien tomo posesión, exigiéndola derrotarla y tomarla como suya

Con un ágil movimiento la despojo de la parte inferior de sus atavíos fue un momento de paz pura quitar esa suave envoltura de seda, no tardo mucho en arrodillarse y girarla boca abajo para leugo levantarla de las piernas para luego penetrar sosteniéndola de los muslos. El Lord llevaba el ritmo atrayendo el cuerpo de ella hacia el suyo. Le gustaba hacerlo de esa forma por toda la variedad de movimientos y sensaciones siempre asombrosa: circulares, ascendentes y descendentes, alternado con sus larga y perfectas piernas más cerradas o más abiertas...

Fue redención entrar y salir en su cuerpo para bailar la danza de fornicio, desfogadas ráfagas de ilusión, los cascos de su demente corcel profanando su marfileo valle

Y al final llego el final la soltó y luego la acuno en sus brazos, era tan inusual, normalmente terminaba y se largaba,pero por la sangre de Bairack quería estar con ella.

Descubrió que tenia heridas en su cuello hombro y brazos, pero no le dio importancia ¿Que seguiría ahora? el no podría dejarla ir ¿Se apartaría ella de el? Por la mente del lord paso el tomarla prisionera y llevarla con el por la fuerza, aunque después de aquello quizás solo quizás, ella querría ir con el, aunque no albergaba mucho esa esperanza

Luego de un rato de silencio se decidió por fin a decirle

Draco: ¿Hacia donde te dirigirás mañana? ¿Era cierto lo que le dijiste a la señora de que no tenias rumbo fijo? Yo tengo una encomienda pero a donde sea que vayas quisiera ir contigo
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