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Justin Scurvy

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MensajeTema: Conquests   Mar Mar 16, 2010 6:45 pm



Las montañas Drasnianas

Signadas por la incertidumbre y la superstición, cordillera lelna de cuevas y montes
No había concebido un lugar mejor que aquel, frío, recubierto de nieve, para tratar de curarse. La noche, cerniéndose sobre Justin, le ayudaba a ocultarse.

Justin venia huyendo, no era algo que le gustara hacer, pero eran demasiados, el problema en aquel pueblo se le salio de las manos había atravesado toda aquella cordillera en un muy mal momento. Después de varios días sin dejar de caminar, el exceso de esfuerzo hizo que todas aquellas cicatrices que ocultaba tan celosamente se abrieran una vez más. Jamás curarían, no si si seguía empeñándose en caminar, y era algo a lo que jamás se resignaría a dejar. Su orgullo era mucho más fuerte que el dolor, sobre todo cuando se jactaba de poder soportarlo hasta límites insospechados.

El lord oscuro caminó dificultosamente hasta uno de los árboles cubiertos de escarcha y se apoyó sobre él, observando sus piernas. La piel del pantalón negra no lo permitía ver, pero sus prendas chorreaban de sangre. Podía notarla por las piernas, calándole por dentro de las pesadas botas y congelándose en los pies, era un dolor extraño, difícil de catalogar, pero no podría detenerse ahora.
El Musculoso hijo de bairack apretó la mano contra el tronco helado del árbol, apretando los dientes y obligándose a dar un paso más, pero este le falló y cayó al suelo, dejando sus ropas extendidas sobre la nieve sucia y impregnando esta con su sangre oscura mientras farfullaba juramentos y maldiciones en voz baja...
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Shaiya de Rais

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MensajeTema: Re: Conquests   Mar Mar 16, 2010 8:39 pm

El frío viento de la noche juguetea con mi cabello y me eriza la piel, aún sigo sin saber porque mi camino me ha traído hasta este lugar, tal vez un par de cruces de destino, un par de decisiones equivocadas y el paisaje ha cambiado, repentinamente, abandonándome en medio de la nieve, en medio de las montañas, sin más abrigo que el de las finas gasas y mis manos que frotan los brazos continuadamente intentando calentarlos.

Pero se que no ha sido el destino, nunca lo es, no en mi caso. El azar existe, ciertamente, pero está en la mano de cada uno saber jugar sus cartas. Así que sé que he sido yo misma la que ha hecho que esté aquí. Mi eterna búsqueda, las siempre falsas pistas, errando en el camino que siempre me lleva a nuevas sendas y a insospechados momentos.

Y aquí estoy de nuevo, renaciendo, no es la primera vez, ni será la última.

Pero el viento no trae consigo tan solo copos de nieve. No, hay algo más, algo que no muchos pueden apreciar, un aroma, no, dos aromas, el primero no me importa, pertenece a alguien, sea quien sea, no es de mi interés, sin embargo, el segundo, el segundo ya es otra cosa. El magnetismo de ese olor hace que mis pasos tomen por fin un rumbo fijo. El olor de la sangre.

No, no tengo hambre, no hace mucho que me he alimentado, aún así, los instintos son los que me hacen acercarme a la posible presa. Pues nunca hay que desperdiciar una buena comida cuando es gratis.

Y ahí está tumbado en el suelo, la nívea nieve tenida por el carmesí líquido que se le escapa del cuerpo, maldice y grita, pobre. ¿Acaso no sabe que a los animales se les hace chillar para que se desangren antes?

Le contemplo curiosa, su cuerpo es fuerte, me acerco lo suficiente como para impregnarme de su olor, pero manteniéndome a una distancia prudencial, sonriendo.

-¿Pero que tenemos aquí?- Digo finalmente.- ¿Un hombre agonizante o un hombre luchador?

En cualquiera de los casos sería algo interesante.
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Justin Scurvy

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MensajeTema: Re: Conquests   Mar Mar 16, 2010 9:02 pm

Sentí como una presencia acompañada por un delicioso perfume se acercaba vagamente
La escucha a hablar con tono burlante, un luchador o un pobre diablo, la verdad es que ni yo lo sabia, supuse que era una dama de hielo por su forma, y por ese aire deliosamente maligno, ¿Como podía algo tan bello ser tan cruel? ¿porque se acercaba a mi? Acaso algo tan bello podía ser tan cruel?

Justin: No me toques!-

Repique pensado que la dama de hielo me iba a congelar con sus manso la acercarse
Me sentia desprotegido y me irritaba que me hubieses tomado pro sorpresa... mas alal de mis heridas estaba mi orgullo

Lejos de mostrar debilidad alguna me incorpora mi mismo, dándome la vuelta, sentado sobre la nieve y miró a la dama de hielo. Sólo cuando comprobé quen o pretendia congelarme me serene, Me aparte un poco para apoyar la espalda contra el tronco del árbol, incapaz de ponerme en pie en aquellos momentos. Instintivamente pose una de sus temblorosas manos en la bolsa de cuero que había robado que pendia de mi cinturón, pero no le quitó el ojo a la joven de piel marmórea.

Después de un momento mi respiración se reguló, calmándome de nuevo. Cerré los ojos un instante endureciendo sus rasgos por el dolor, el cual trató de olvidar rápidamente. Lleve la otra mano a una de mis piernas, tocándome el muslo, notando el pantalón de piel húmedo y helado, y la sangre tiñendo la nieve bajo él.

Justin: Creí que el frío haría que doliese menos...

Explicó con voz monocorde, como si le estuviera hablando en realidad a un fantasma. Después regrese a la realidad y mire de forma interrogativa, preguntándose que hacía aquella muchacha por aquellos parajes desérticos y desolados.
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Shaiya de Rais

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MensajeTema: Re: Conquests   Miér Mar 17, 2010 4:34 pm

El hombre clava su negra mirada en mí, parece asombrado de la súbita compañía. Pero hay algo más que se refleja en su mirada una mezcla de terror y enfado, una brusca frase escapa de sus labios confirmando mi teoría de que en realidad he perturbado su agonía.

Podría haberme enfadado ante la orden, podría haberme mostrado iracunda, pues no tolero que me hablen de esa manera, sin embargo sonrío, una pequeña mueca, una sonrisa cínica que no lleva a contagiarse a mi gélida mirada mientras observo como el hombre se sienta en la nieve regando esta de sangre y se apoya en el tronco del árbol. Pareciera como un ciervo a punto de morir ante los ojos de su cazador, intentando demostrar un poco de dignidad ante sus últimos momentos.

Me mantengo impasible, observándole, es un hombre fuerte, sus músculos se marcan en cada agónico movimiento al intentar incorporarse, probablemente, es un guerrero, de esos de flama indómita que se mueven más por su coraje que por los beneficios que puedan obtener. Un coloso del inframundo, un guardián. No puedo dejar de admirarlo y puede que si lo hubiera conocido en otra situación me hubiera dado lástima. Pero ahí tendido, aferrándose a la bolsa que lleva con él y desangrándose en la nieve son mis instintos los que hablan por mí.

Pues… ¿Qué vampiro joven puede resistirse a una presa tan fácil?

Cuando se aferra la pierna y habla de nuevo es cuando finalmente me muevo, saliendo del estado estático en el que me encontraba. Ha llegado la hora de jugar.

Me acerco a él, a su costado, cerca de la pierna sangrante y me agacho, quedando mi cabeza a la altura de la suya.

-El frío mantiene, pero no hace que desaparezca el dolor, solo que seas más consciente de tu cuerpo y de lo que le sucede.

Mis ojos vagan por su rostro, estudiando sus facciones mientras mis dedos se enredan en la nieve, dibujando surcos ahí donde ha dejado de ser blanca. Alzando una pequeña porción de escarcha me la acerco a los labios para saborearla como si se tratase de un helado.

La sangre está fría y no es de mi gusto así que dejo caer de nuevo la nieve que queda entre mis dedos.

-Sin embargo, la nieve si debe parar la hemorragia. Claro que es difícil si no se encuentra en contacto con la herida.

Cualquiera que contemplase la escena podría pensar que mi interés no es otro que ayudarle, curarle y puede que no hierren en sus suposiciones, pues la sangre me gusta más caliente, sobre todo cuando se puede extraer de la venda de un ser vivo como él. Cuando más sangre pierda, menos queda para mi.
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Justin Scurvy

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MensajeTema: Re: Conquests   Miér Mar 17, 2010 7:23 pm

No podía sentirme mas vulnerable, no había forma, todo conspiraba contra mi, las heridas el cruel frió.. ella, su gélida belleza y la forma tan cautivadora como me miraba, era como o contemplar a un astro maligno que te devolvía la mirada, Negro azabache y mármol plateado se encuentran pro primera vez, se mueve de forma distinguida ¿Que hacer una mujer como ella en un lugar como este?

La forma como me sonríe, me confunde, me peina con la mirada y se acerca, me quede inmóvil, impasible, sentir su presencia tan cerca... se siente tan bien

-El frío mantiene, pero no hace que desaparezca el dolor, solo que seas más consciente de tu cuerpo y de lo que le sucede.

Sonaba lógico, estúpidamente lo único que estaba haciendo era prolongar mas mi agonía
ella se entretiene con la nieve.. no se que hace, pero continua con su explicación

-Sin embargo, la nieve si debe parar la hemorragia. Claro que es difícil si no se encuentra en contacto con la herida.

En otras condiciones, incluso en el lecho de muerte, habría rechazado cualquier tipo de ayuda. Era acceder y admitir que estaba en problemas, pero en aquel caso sabía que ella tenía razón, y otra diferencia de morir en aquel momento o en cualquier campo de batalla, era que en aquel momento tenía aún cosas que hacer. Su vida no estaba realizada ni mucho menos.

Observe los finos rasgos de la venus plateada, fascinado como siempre con la belleza femenina.

Me levante como pude mis piernas se resintieron una vez más pero apreté la mandíbula tembloroso y vehemente, y me puso en pie. Mire a la chica, era alta casi de mi tamaña apenas la rebasa por unos centímetros, nunca había visto una mujer tan alta y eso la hacia mas atractiva aun

Justin: Si no te importa, te acompañaré hasta la ciudad más próxima. Necesito un curandero...

Dije apoyando una mano en el árbol y girando medio cuerpo, observando el charco de sangre que había dejado en la nieve y que calaba hasta las raíces de aquel viejo pino.
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MensajeTema: Re: Conquests   Vie Abr 30, 2010 3:23 pm

Me incorporo dejando que mi mirada vague por el cuerpo del hombre. Bien formado, bien musculazo, una verdadera lástima que tenga que todo tenga que acabar para él. Sin mal interpretarme, no es su vida lo que me importa, si no el calor de su sangre. Que se va derramando suavemente por sus heridas creando pequeñas estelas rojizas por su piel. Se va a quedar frío y poco hay en él que pueda aprovechar estando en ese estado. La sangre fría no me gusta y dentro de poco no va a quedar la suficiente dentro de él para saciarme.

Pero ¡Oh! ¡Sorpresa! Parece que me encuentre frente a un luchador. Ya que apoyándose la espalda en el árbol y in desprender un segundo su mirada de mí se incorpora, de forma lastimera debo añadir, pero al fin y al cabo se consigue mantener en pie. Podría haber avanzado hacia él, podría haber extendido un brazo o tal vez ambos para asir los suyos y ayudarlo, podría mirarle con expresión consternada y preguntarle i se encuentra bien. Podría hacer cualquier cosa que cualquier mujer que él antes hubiera visto haría en esa situación, pero entonces, dejaría de ser yo.

Así que me mantengo impasible y erguida cuando él se acerca a mí y me mira casi a la altura de los ojos. Intenta parecer fuerte, lo que indica que es orgulloso, incluso intenta ser galante preguntándome si puede acompañarme al pueblo, esto último casi me hace sonreír dada la situación.

-Creo que viendo el estado en el que te encuentras, será mejor que sea yo quien te acompañe al pueblo. Por otro lado, tampoco me viene mal el calor de un hogar.

Comienzo a girar para tomar el camino, inclinando la cabeza y echándole un rápido vistazo para que me siga, desde que he abrazado mi nueva vida, desde que las lunas son mis nuevas compañeras, mis eternas amantes y las estrellas mis guías más files nunca he tenido que visitar un doctor y las boticas se han quedado reducido casi al mínimo debido a mi falta de enfermedad y a mi pronta recuperación en el caso de ser herida, cosa que por otro lado, no ha sucedido por el momento.

Pero si una cosa no ha cambiado desde mi transformación, es mi curiosidad, tal vez lo contrario, ahora que dispongo de todo el tiempo que deseo se ha acentuado y me pregunto, como veré una clínica o a un curandero desde mi nueva perspectiva, si sus libros me parecerán ahora más interesantes si sus medicinas más o menos válidas, si su intelecto sigue pareciéndome importante. O si tal vez no valga la pena más que para convertirle en mí nueva cosecha.

Por otro lado, el guerrero se repondría y su sangre se mantendría caliente y en su cuerpo… hasta que yo se la sacara.
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Justin Scurvy

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MensajeTema: Re: Conquests   Vie Abr 30, 2010 6:22 pm

El lord oscuro comenzó a seguir a la misteriosa chica agradecía que le hubiese dado la espalda pro dos cosas, una para poder disfrutar de su espectacular anatomía trasera, la cual lucia impudica y descarada, sino para ya no tener que seguir aguardando las apariencias, fingiendo que no estaba tan lastimado

Avanzada la noche pudo afilar la vista sobre unas suaves columnas de humo. Las chimeneas de las casas funcionaban calentando el aire, incluso podía notar aquel agradable calor desde allí. Entonces fue cuando empezó a notar de nuevo el dolor en las piernas y el cuero rozándose contra ellas. Debía llegar, limpiar sus heridas así que avanzo rápidamente
quedando al parejoi de Shaiya

Justin: -¿Qué dijiste que estabas haciendo aquí? Pareces muy joven para vagar sola por estos parajes...-comentó observándola de reojo-. Incluso demasiado hermosa. Hay bandidos que ven más de valioso en una chica bonita que en una bolsa llena de monedas...

Comento con aire casual mientas llegaban al poblado ahi el aire cálido les acogió a ambos.

La aldea no podía ser más acogedora. Las casas se elevaban de sus cimientos de forma desordenada, abrazándose las unas a las otras por encima de los estrechos caminos entre ellas, protegiéndose del frío invernal y la nieve. Todas las chimeneas humeaban y las luces tibias y mortecinas iluminaban el camino y el interior de los hogares. Incluso para un hombre como Justin, en cuya mente solo existían las peleas y el espíritu combativo, aquello era un deleite para los sentidos.

Lo primero seria llegar a una posada esperando que ahí hubiese algún curandero, en primera porque a esas horas posiblemente solo en una posada pudiese ser atendido, en segunda le resultaba mas importante primero comer y descansar, sino había un galeno, sanitaria, yerbera alguien que le vendiera un remedio o similar, por la mañana iría a ser atendido….
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MensajeTema: Re: Conquests   Dom Mayo 09, 2010 7:23 pm

Mientras mis pies se hunden en la nieve al caminar escucho los propios susurros de los pasos del desconocido tras de mí. Probablemente, otra mujer lo hubiera ayudado a caminar, o tal vez tendría miedo de compartir camino con alguien como él, pues pese a estar herido, sigue siendo un hombre colosal, poco más alto que yo, pero fuerte, musculoso y armado.

Pero yo no le tengo miedo más que al vacío de las noches, a la ignorancia y al mar.

El vacío porque soy inmortal, amante de las lunas y las estrellas, la que vaga sin descanso cuando el sol se oculta, noche tras noche, bajo la misma etérea apariencia, no tener con que llenar esas noches sería como no tener que llevarse a la boca con el estómago lleno, triste, aburrido, con el pasar de los minutos transformados en horas. La ignorancia porque es la más peligrosa de las armas. Sin el conocimiento adecuado de las cosas es imposible ascender, es imposible fijarse metas, es imposible mirar hacia el mañana con cierta seguridad de que es lo que puede esperar de las cosas y eso, en mi condición, es meramente inaceptable. Y el mar. El mar porque es basto y profundo, porque es vacío e ignorancia, porque nunca voy a descubrir que es lo que se esconde en sus más oscuras y turbias aguas, pero sobre todo, porque no se nadar y ahogarme entre su oleaje después de luchar noche tras noche es algo que no me puedo plantear.

Siento el olor de su sangre cuando su acerca, mezclado con las especias de su propio aroma corporal, una mezcla de sudor frío y hombría, sangre y fuego. O puedo evitar cerrar los ojos al captar dicha esencia y llevarla hasta mi paladar para saborearla, deteniéndome un segundo, tan solo uno para que el guerrero herido consiga ponerse a mi paso.

Escucho sus palabras. ¿Por qué estoy aquí? Porque me ha traído la noche, porque su sangre me ha llamado, porque mi sed se ha proclamado, porque la bestia ha tirado de mi, encauzándome, haciéndome llegar hasta él, sin embargo, sabe ser paciente, sabe esperar su turno, sabe deleitarse en los detalles y refrenarse para un mayor placer más adelante.

Pero por supuesto, no puedo decirle eso.

-¿Bandidos?- Respondo sin embargo abriendo ampliamente los ojos y clavándolos en los de él.- ¡Oh! Ni siquiera me lo he planteado. Entonces… he tenido suerte de encontrarte, se que tú podrás socorrerme en el caso de que no necesite.

Y así comienza el juego. Las mascaras se colocan delante del semblante y donde una soberbia vampiresa se esconde aparece una mujer como cualquier otra a la que le asustan los bandidos. La cual es inofensiva aunque vague en soledad por las noches con extraños motivos y por otro lado, le doy la oportunidad a él de envalentonarse, de cuadrarse y de mostrarse viril ante una mujer que proteger. Los hombres tienen diferencias ínfimas, pero esta no es una de ellas. A todos les gusta crecerse y tiene la ocasión servida en una bandeja de plata.

El pueblo se acerca a nosotros a medida que caminamos. Se que no hay lugar alguno en este momento donde puedan atender las heridas de mi moreno acompañante. A estas horas nocturnas tan solo los burdeles y las posadas permanecen abiertas y por lo visto, a uno de esos dos lugares debemos acercarnos.
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Justin Scurvy

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MensajeTema: Re: Conquests   Lun Mayo 10, 2010 3:29 am

El lord oscuro se quedo mirando sorprendido ante el cometario de la vampir, ciertamente ella era una hembra muy especial, la mujer que cualquier hombre estaría honrado de proteger y cuidar aunque algo le decía, que ella sabia cuidarse mas que bien, pese a herido y cansado el lord oscuro podían otra como su caminar y ne general casi todo su lenguaje corporal, le gritaba que no era precisamente un cordero desamparado, y el …

Justin: Bueno yo en mis condiciones no tengo mucho para proteger…

Comento con aire casual mientas llegaban al poblado ahi el aire cálido les acogió a ambos. La aldea no podía ser más acogedora. Las casas se elevaban de sus cimientos de forma desordenada, abrazándose las unas a las otras por encima de los estrechos caminos entre ellas, protegiéndose del frío invernal y la nieve. Todas las chimeneas humeaban y las luces tibias y mortecinas iluminaban el camino y el interior de los hogares. Incluso para un hombre como Justin, en cuya mente solo existían las peleas y el espíritu combativo, aquello era un deleite para los sentidos.

Llegaron a una pequeña posada silenciosa y tranquila, a la luz de las brasas de una chimenea en el recibidor.

Era una estancia muy iluminada había muchas mesas y muchos feligreses festejando juntos con varios soldados chocando sus jarros y unos coreando Viva el general Vitola unas y otra vez… tres mujeres tocaban al centro una con un laud otra con una flauta y otra con una guitarra y las tres cantaban amenizando la fiesta
de pronto con aire hosco e impositivo un sujeto de mirada maligna y pelo largo vestido con una casaca de cuero, calzaba botas de cuero negro y vestía pantalones negros de lana, guantes negros de piel de cobra, apareció y todos callaron y las muchachas dejaron de tocar

Spoiler:
 


Vitola: Sigamos festejando… Para mis soldados más mujeres y mas cerveza, para mi otra copa y que sigan tocando las coplas

Muchedumbre: Larga vida al general Vitola!!

El general se sento en su mesa la música siguió y todos siguieron festejándose y divirtiéndose..

El lord oscuro chasqueo la lengua y volteo a ver a la vampiresa algo asqueado de ante esa demostración. Por fin se se sentaron en una mesa y esperaron ser atendidos

Justin : Pide lo que quieras, eres mi invitada yo iré al baño a asearme

Se levanto de la mesa, y fue al cuarto de aseo del grupo de soldados se levanto el mismísimo General Vitola y fuer hacia la vampir…

Camino hasta la mesa donde estaba sentada La venus marfilada y le hizo una reverencia

Vitola: Buenas noches, bella dama, le ruego me excuse pero no puede evitar verla desde que llego y no puede resistir venir a presentarme, permitame hacerlo soy el El gendarme Vitola vengo de un largo viaje de regreso a mi reino y estaría encantado de conocerla un poco mas...
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MensajeTema: Re: Conquests   Mar Mayo 11, 2010 4:33 pm

Por lo visto el guerrero no tiene ganas de jugar, suficientes es que acarreé su cuerpo herido paso tras paso o así me lo hace notar con su contestación. Ni siquiera me sigue el juego de la dama y el caballero. ¿Es que no me considera una dama? Bueno, tal vez no esté mal encaminado.

-¿Seré yo quien tenga que protegerte entonces?- Pregunto en tono jocoso con una media sonrisa bailando en mi rostro.

Seguimos avanzando, el pueblo nos da la bienvenida con su oscuridad, las piedras grises de las fachadas de las casas y el humo saliendo por las chimeneas, de vez en cuando llego a ver algún resplandor amarillo a través de las ventanas no cerradas, ahí donde la gente tal vez cena, conversa o hace el amor, ahí donde aún hay vida, donde no se han abandonado al sueño y no han dado por terminada la jornada.

El suelo, no está más sucio que el de cualquier otro pueblo, siempre son iguales, callejas oscuras, unas más anchas que otras, siempre en sombras salvo las escasas que tienen algún candil exterior para iluminar los porches de las entradas a los establecimientos.

Pero hay algo que siempre echo de menos cuando visito una ciudad, un pueblo, cada vez que indago en su historia y navego por sus bibliotecas. Y siempre es lo mismo. No hay vida, no hay luz. Jamás volveré ver a niños corriendo o jugando por la calle, jamás volveré a ver una calle iluminada de forma natural, ni el azul del cielo encapotando los tejados más altos. Jamás volveré a ver el ajetreado ir y venir de sus habitantes. Cosas comunes que jamás tuve en cuenta en mi existencia mortal, cosas que estaban al alcance de la mano, cosas que no valoras y que incluso te molestan en el día a día. Cosas que cuando se pierden se recuerdan con cierta nostalgia.

Todo tiene un precio. Este, es parte del que yo tengo que pagar.

Entramos en una posada, como esperaba el único sitio abierto al publico a esas horas de la noche, el lugar es cálido y está casi lleno, la gente festeja, al parecer, ha acontecido algún acontecimiento importante con militares de por medio, pues estos jalean, entrechocan sus jarras, sientan a mujeres en sus regazos, se emborrachan, cantan y tararean al so de la música que suena en el lugar.

El guerrero herido, mi desconocido acompañante y yo nos dirigimos a una mesa donde nos sentamos, desde ahí, puedo ver claramente la taberna, vitorean una y otra vez un nombre, cuando el hombre en cuestión hace su aparición estelar, el silencio irrumpe el lugar, no es para menos, por su porte, su gallardía, su seguridad y algo más algo temible que esconde su mirada, que hace que la mía se magnetice hacia él, un aura de poder y seguridad. No es hasta que él da su consentimiento que la fiesta sigue su curso y los vítores se alzan de nuevo, esta vez con más fuerza.

El hombre moreno que me acompaña dice algo, algo que no escucho aunque asienta con la cabeza dándole a entender que sea lo que sea que haya comentado me parece bien, así que cuando se levanta y se marcha tampoco le presto demasiada atención, pues esta está puesta únicamente en Vitola, el general a quien todos vitorean y que ya ha ocupado su propia mesa con su propia copa en la mano.

Tal vez motivado por mi atenta mirada o por mis innegables encantos, Vitola se levanta de su silla y se acerca hacia la mesa que yo ocupo.

- Vaya, con que el famoso general viene a verme.- Digo apoyándome en el respaldo de la silla y cruzando las piernas dejando que las gasas que las cubran caigan como cascadas a sus flancos.- Solo tenéis que sentaros para conocerme mejor.- Un gesto de mi mano señalando una silla libre secunda mis palabras.
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Justin Scurvy

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MensajeTema: Re: Conquests   Mar Mayo 11, 2010 5:36 pm

El general vitola vacilo un momento ante la respuesta entre airada y envanecida de la beldad vampirica y se sentó encantado fascinado con la belleza tan exótica de Shaiya y pro esos ropajes tan peculiares, bella como un beso negro, misteriosa como el mismo mar, plena e inabarcable… rehaciendo su forma incansablemente

General: Le agradezco mucho la Invitación, ¿por cierto que esta usted tomando yo tengo dos vicios el vino Lambrusco y las mujeres de ojos bonitos, asi como los suyos señorita… Oh temo que aun n ose su nombre... estaré encantado de saber como se llama y hacia donde se dirige usted? Por cierto espero no estar siendo inoportuno.. ¿Es su novio o su esposo el guerrero con el que llego?

En tanto en los cuartos de Lavado Justin salia después de asearse y se dirigía a donde estaba el mesonero para que pedir que fueses atendidos y que le reservan una habitación, aunque no estaba seguro de si pedir otra para la Vampiresa vio que el gallardo general esta hablando con la Exótica chica marmórea y llego a sentirse un poco celoso, no obstante el no presto mucho atención sabia que el y ella no llegarían muy lejos de todas formas, además estaba mas ensimismado en curar sus heridas, descansar y en encontrar aquel remedio exótico que lo llevaba a esas tierras

El general desde luego noto este hecho y miro hacia su mesa para ver que sus tenientes estaban al pendiente de el, cosa que efectivamente sucedía, los soldados miraban con soslayos mientras festejaban los movimientos de aquel general ya que sabia que si algo le pasaba, no podrían volver a ver a sus esposas ni a sus hijos jamás, el general por supuesto lucia desenfadado y complaciente con el mismo tono de galantería y toque de arrogancia de quien ha ganado batallas y la gloria todo un reino
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Shaiya de Rais

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MensajeTema: Re: Conquests   Miér Mayo 12, 2010 10:56 pm

Vacila, lo siento en sus ojos, en su expresión y en que tarda unos instantes en reaccionar y sentarse en la silla que le ofrezco. Esperaba encontrar una mujer bella y sin sentido, una beldad oscura que no tienen consciencia de si mismas, de las que se sonrojan y agachan la mirada ante la atenta mirada de alguien importante, pero me ha encontrado a mí. Alguien que no se avergüenza y no se rechaza a si misma, acostumbrada a tentar y captar la atención de los hombres y a aprovecharse de tales circunstancias.

Le observo en silencio unos minutos, mientras toma asiento e intenta hacerse cargo de la situación, mi mirada se torna intensa, mi comisura derecha asciende un milímetro con una sonrisa taciturna de quien sabe que en realidad tiene las riendas sobre sus manos pero que sin embargo, prefiere dejar que su partenaire piense que lleva el control. Pues después de todo, ante mi no se encuentra cualquier hombre. Es el general Vitola, un nombre que desconocía hasta esta noche pero que es jaleado y lo más importante, tiene a sus espaldas a un número groso de hombres que están dispuestos a saltar por él a la mínima ocasión.

Le escucho hablar, atragantándose casi con las palabras, ¿Cuántas preguntas se pueden hacer en una misma frase? O lo que es mejor ¿Cuántas estoy yo dispuesta a contestar? Sin embargo, le he invitado a sentarse a sabiendas de que esto iba a pasar así que muestro mi cara más amable cuando le respondo pausadamente y con la voz baja, dejando que ésta flote hacia sus oídos como una caricia.

- Shaiya, mi nombre es Shaiya. ¿Vitola es su nombre o su apellido? Disculpad, pero es imposible no haber escuchado el jaleo al entrar, por lo visto tenéis a vuestros subordinados contentos ¿cierto?

Escojo bien las palabras. Es alguien acostumbrado a mandar, lo puedo notar en su porte, alguien que no acepta desobediencias y estoy casi segura de que le gusta como a cualquiera jactarse de su rango social siempre que este es elevado.

-Mi acompañante no es mi esposo, de hecho no nos une más relación que unos minutos caminando por el misma camino, así que estaría encantada de aceptar la copa que me ofrecéis así como de escuchar mientras tanto que es lo que festejáis. Me temo que soy forastera y aún no tengo noticia de cual ha sido la gran proeza que habéis llevado a cabo.- Término la frase inclinándome hacia delante, como quien hace una confidencia, apoyando el codo sobre la mesa y mi barbilla sobre la palma de la mano. Mi expresión curiosa, mis ojos en los suyos, mis labios entreabiertos.

Y toda yo intentando captar su esencia, aspirando el aroma que desprende su piel, escuchando la sangre que corre por sus venas, deseando el momento en el que pueda cazar esta presa…

… Pues siempre los engalanados hombres que se sienten importantes, me han sabido mejor.
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MensajeTema: Re: Conquests   Miér Mayo 12, 2010 11:54 pm

Confinada sin duda, y casi mirándolo con desinterés cortes ante sus atropelladas preguntas
Escucho su respuesta y luego el penso la suya, hablándole con el mismo tono humilde y sereno que solo pueden tener los hombres con mucho poder

Vitola: Contentos están.. A los sirvientes hay que darles l oque ellos creen que ellos quieren, malo es cuando les das l oque verdaderamente quieren es entonces cuando los pierdes para siempre, Vitola es mi apellido, Mi nombre es Vardeskil a sus pies

Le dio un trago a su copa y prosiguió mientras los pajes se la volvia a llenar...

Vitola: Y nuestra victoria ha sido una de las mejores, logramos enemistar dos regimientos entre si ambos desertores del reino atraves del incendio de una de sus fortalezas ya sabe usted l oque se dice si utilizas al enemigo para derrotar al enemigo, serás poderoso en cualquier lugar a donde vayas. Aunque debo decir que si el pez muere por su boca... yo vivo de fiado

Lentamente el oriundo perfume de la Vampiresa comenzaba a intoxicarlo y empezó a perder algo de lucidez, le habia echado la culpa al vino

En eso uno de los paje, se acerca a la mesa y pide silenciosamente permios para hablar a lo que el general con un gesto se lo otorga...

Paje: Señor, ha llegado un mensajero.. El Concejal de Cereza, ah pedido su presencia y al de su ejercito con carácter urgente

Vacila un poco antes de contestar y asiente, haciendo con la mano que se retire luego le hizo una señal a uno de sus tenientes alzando la mano haciendo un fino aspaviento, este que estaba atento al mas minimo movimiento de su general asintió presuroso y se levanto de su mesa, luego el general vitola regresó su atención hacia su acompañante...

Vitola : Oh Señorita Shaiya, temo que tengo que ya regresar a mi reino, la labor de un General es ardua e interminable, me preguntaba si desearía acompañarme a la Ciudad de Cereza me sentiría muy honrado contar con su encantadora presencia, me encantaría conocerla un poco mas, ademas le aseguro que encontrara la ciudad casi tan fascinante como ya la encuentro a usted, si gusta también puede venir su acompañante...aunque preferirá algo mas de privacidad para poder seguir...conociéndonos mejor..

Por su parte Justin regresaba con dos platos hacia su mesa, ya se habai hecho el tonto lo suficiente y tenia hambre, n oera que n ole interesa la vampiresa pero el tenia una mision que cumplir, y n ose separaria de eso,asi que no le importaba mucho interrumpir cuando unos de los mozos lo intercepto

Paje: Señor, señor una mujer de unos treinta y cinco años pide verlo encarecidamente en la cocina, pide que vaya solo es urgente

Justin: ¿A mi? Vaya esto si que es extraño, bien lo sigo...

El lord oscuro s iguió al paje hacia las cocinas perdiéndose de vista, en tanto el general seguía esperando la respuesta de la Vampiresa
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MensajeTema: Re: Conquests   Vie Mayo 14, 2010 3:14 pm

Se toma su tiempo para responder, tal vez intentando afianzar su propio porte, pero cuando lo hace, su voz suena tranquila y ya no tan atropellada, suena como alguien que no tiene nada que demostrar, sin arrogancia ni petulancia, simplemente deja escapar las palabras de entre sus labios demostrando nuevamente que el estatus que posee lo tiene bien ganado. Pues realmente tan solo las personas inseguras y realmente no tienen tanto como parece en un primer instante, son las que hablan con arrogancia y despotismo. Nobles que adquieren sus títulos y rangos únicamente por nacimiento, gente a la que se le regala su estatus sin mayor triunfo que haber sido amante de alguien.

Pero el hombre que tengo ante mí no es nada de eso y aunque haya nacido en una buena familia como yo misma, que me crié entre la abundancia, parece de aquellos que han sido los que han marcado sus propios pasos.

Me reclino de nuevo sobre el respaldo de mi silla mientras me contesta, sin despegar los labios ante sus palabras, que de dicen su nombre, mis ojos le observan entornados, observo su semblante, sus pómulos marcados y sus labios, su mentón y más abajo su cuello. La vena que palpita suavemente y que se esconde después entre los pliegues de su camisa, tímida, como quien buscara un hogar donde refugiarse, puedo sentir su aroma o escuchar el fluir de su sangre, casi, imperceptiblemente, me muerdo el labio inferior imaginándome la suave piel del hombre en mi boca, mis colmillos perforándole y su vid derramándose en mi interior, caliente, fluyendo para darme alimento, saciando la bestia que ruge en mi interior y clama por ser atendida.

Pero la visión se desvanece cuando somos interrumpidos. Mi cabeza se gira hacia el nuevo interlocutor haciendo que mis negros cabellos hondeen a mi espalda cayendo cual cascada de ónice. Se trata de uno de los hombres de Vitola, alguien sin mucho rango a todas vistas dada su incomodidad al hablar. Yo misma entrecierro los ojos con el gesto algo fruncido, aunque consigo mantener la serenidad.

Vitola lo despacha, no han sido buenas noticias, pues lo reclaman en algún otro sitio. Un lugar con nombre de fruta el cual nunca antes he escuchado mentar. Pero el general lanza entonces una oferta al aire, algo que desde luego no me espero, pues ya le estaba imaginando levantándose de la silla y saliendo por la puerta corriendo a recibir las ordenes necesarias para una nueva misión.

Quiere que le acompañe, quiere conocerme mejor. Desde luego, no soy una necia y soy consciente de lo que su oferta esconde, se lo que busca y lo que quiere. Pero ¿Acaso no es lo que quieren la mayor parte de los hombres cuando me ven? Por mi parte, solo hay una cosa importante y eso es… Lo que quiero yo.

-¿Cereza decís?- contesto finalmente.- Si tan bien habláis de ella, sin duda será un paraje digno de ver y si es la mitad de interesante de lo que vos sois dudo que me desilusione el viaje. Pues como bien decís, tendremos tiempo para conocernos algo más. Acepto pues vuestra invitación. En cuanto a mi acompañante… Sabéis bien que no me unen a él lazos afectivos, pues yo misma os lo he dicho, sin embargo, le prometí que le ayudaría a encontrar un sanador, el pobre está algo herido y me sentiría profundamente desdichada si supiera que por abandonarle ha terminado de mala manera.- Compuse entonces un gesto de completa aflicción.- No podré ser feliz del todo si no se y veo con mis propios ojos que está en plenas facultades. Supongo que me entenderéis.

¿Qué es lo que quiero yo por tanto? Quiero la vid de Vitola, poco me importan sus acercamientos, si los desea los tendrá hasta que yo obtenga lo que ansío y una vez conseguido… Ya encontraré la forma de deshacerme de él.
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MensajeTema: Re: Conquests   Vie Mayo 14, 2010 4:58 pm

El general asintío a las palabras de la bella vampiresa muy ilusionado

Vitola: En ese caso mandare traer a su acompañante y me encargare que mi propio galeno personal lo vea señorita... Cabos... cabos venid..



Inmediatamente varios soldados acudieron a su llamado...

Soldado: A sus ordenes señor

Vitola: Tráiganme al compañero de la joven, vendrá con nosotros...

Los soldados hicieron una reverencia.. y fueron a buscarlo a las cocinas, como a los cinco minutos regresaron a la mesa..

Soldado: Señor, el guerrero musculado se acaba de ir con la cocinera del posadero.. un de los criados vio subirlos a ambos en un carruaje...iban.. tomados de la mano...

Se dibujo cierta sonrisa en el semblante del capitan, al parecer, la competencia, se habia ido con otro, tenai a Shaiya libre para el...

Vitola: Temo señorita que, su acompañante se fue a atender sus heridas personalmente..No creo que valga la pena esperarlo...

Hiizo un ademan a sus los soldados y estos asintieron y se fueron

Luego de pagar el general subio a Shaiya a su lujoso carruaje y las tropas coemnzaron a avanzar por un pequeño camino aparentemente cortado por arbustos y ramas caídas. Pero el carro, como todos los soldados que los acompañaban, atravesaron los arbustos como si estos no existieran.

Horas de camino después llegaron a un ducado mas allá de las montañas nubladas, lo suficientemente lejos como para ser conquistado. Iluminado por una anormalmente enorme Deoir en apogeo la ciudad a la que llegaron se llamaba “Cereza” la primera ciudad del reino, protegida por dos cordilleras a los costados y por detrás la cuenca de un rio era una bulliciosa ciudad localizada más al sur a lo largo del Reino de Valtorth Una ciudad amigable de artesanos que comercian extensamente con los grandes mercaderes de Valtorht. Sus relojes de agua y sus lámparas de tonalidades múltiples podian hallarse envarias regiones de Drasnia

Había esculturas de distintos materiales que formaban parte de la rica iconografía religiosa, en la fachada del templo mayor ya no existe la portada quedaba solamente la torre del campanario y un muro altísimo pintado de negro, elocuente testimonio de una grandeza pasada. La tapia igualmente estaba en ruinas

El castillo estaba al pie de una colina no era un sitio estratégico militar ya que Guado jamas había sufrido guerra alguna por lo tanto no fue concebido desde el punto de vista estratégico. En lugar de ello, nació de la pura fantasía: una bella y romántica composición de torres y muros en perfecta armonía con las montañas y los lagos. La combinación de varios estilos arquitectónicos

Empero no sólo no fue concebida como una estructura militar fría y oscura, sino que era un baluarte lujoso que impresionaba e intimidaba cualquier ejercito que intentara adentrase en Cereza

El castillo principal más que representar el centro de defensa del castillo, era una construcción de 7 pisos de altura, que contenía salones de audiencias, cuartos privados, Y bibliotecas las demás torres, tenían muros pintados de blanco o negro, estaba decoradas con dragones e hipogrifos pintadas, todas hechas con grandes piedras de granito

Mas que un castillo era un castillo-ciudad completo, con hogares bien definidos para los aristócratas residentes, y un templo a poca distancia a las orillas de un pequeño lago
Una vez llegado al castillo el gheneral Vitola llevo a Shaiya a una de las habitaciones del castillo principal, una bella estancia de piedra caliza con muebles de madera de cedro y una cama con sabanas de satén blanco donde la Vampiresa podría descansar, había un balcón altísimo, que tenia una vista preciosa, hacia una cascada y unos jardines los rayos anaranjados del astro rey se asomaban timidos en el horizonte comenzaba a amanecer

Vitola. Estos serán sus aposentos Señorita Shaiya, en la noche hare una gran fiesta en su honor por habermela conocido y celebrando mi próximo matrimonio, siéntase cómoda y no dude en pedir algo a la servidumbre que tiene instrucciones de seguir lo que usted disponga, yo ire a descansar, ha sido un largo viaje, nos veremos en la noche

Dicho esto cerro la puerta con una sonrisa y una reverencia
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MensajeTema: Re: Conquests   Mar Mayo 18, 2010 2:25 pm

Como no puede ser de otra manera, asiente y sonríe, satisfecho de mi respuesta y contento con la compañía. Al instante comienza a dar ordenes a diestro y siniestro, con completa naturalidad, me lo imagino en medio de una cruenta batalla, bramando con voz de oso e imperiosa potencia, fustigando y envalentonando a sus hombres, motivándoles para que terminen con el enemigo, guiándolos y sumando una estrategia tras otra para salir victoriosos de el reguero de sangre y la carnicería que toda batalla que se precie representa.

Preparados para partir, tan solo queda el cabo suelto del guerrero herido que me he encontrado en el camino, el cual se ha levantado de la mesa nada más llegar y ha desaparecido. Informan que ha salido de la taberna con una mujer. Al parecer ya ha encontrado quien le cure y quien le caliente la cama, por lo tanto ya no es asunto mío si es que en algún momento lo ha sido. Pues como bien le he dicho a Vitola, no nos une más que unos metros recorridos juntos, ni siquiera conozco su nombre y tan solo he encontrado algo interesante en él, la sangre que se derrama por sus heridas, habiendo encontrado una pesa mejor, como es el general, ya ni siquiera recuerdo su rostro, que se va desdibujando como mi interés por el hombre moreno y musculoso que ya se ha marchado.

-Vayamos pues, él ya ha encontrado su camino, es hora de que yo tome el mío.- Contesto a Vitola antes de salir junto a él de la festiva taberna.

Un lujoso carruaje nos espera en la calle, no pierdo en tiempo en volver la mirada hacia atrás, simplemente entro acomodándome entre los cojines satinados que engalanan la cabina y espero a mi acompañante.

El viaje, se realiza en silencio, Vitola parece cansado de la charla o del mundo en general y yo no gusto de hablar más de lo necesario con mis presas. Por supuesto, puedo alimentarme de él en ese mismo instante, se lo que debo hacer, pues nos encontramos en un carruaje cerrado, con tan solo las ventanas a cada lado, y unos pesados cortinajes descorridos para ver el exterior que fácilmente pueden cubrir el interior para darme la intimidad que necesito. Sé que tan solo tengo que insinuarme, usar mi cuerpo para tentarle enardecerle y porque no, divertirme yo misma, pues gusto de los placeres de la carne de la misma manera que los de la sangre, con la diferencia de que unos me sirven para subsistir y otros simplemente para gozar.

Sé que no me va a rechazar y sé perfectamente que cuando esté completamente obnubilado por mis encantos puedo drenar cada gota de su vid arrastrarla de su cuerpo al mío a través de mis labios y abandonar su cuerpo sin vida para que lo encuentren cuando el carruaje llegue a su destino.

Pero así como la naturaleza me ha dado dones físicos, me ha dado también psíquicos con los cuales cumplimentar un yo superior. Cuando el carruaje llegue a Cereza y se encuentren a su general muerto y ni rastro de la dama que le acompañaba se que voy a ser una cazadora convertida en presa, perseguida por un ejercito, no me gusta huir, no me gusta esconderme y es ese el único motivo por el cual prefiero esperar a encontrarme en la ciudad, lugar con seguramente más personas que quieran arrebatar la vida del alto mando del ejercito.

Tras un interminable traqueteo de ruedas y cascos de caballos la ciudad se divisa a lo lejos, la majestuosidad de la mano con la decadencia. Las ruinas de lo que parece el antiguo reino aún están vigentes, imperturbables y altaneras, se levantan contra todo pronóstico negándose a desaparecer, pese a los incendios, las guerras y la propia erosión del viento permanecen, legando una historia que desconozco pero que existe, manteniéndose para no ser nunca olvidadas, como una escultura de sí mismas, siempre presentes para quien visita la ciudad y aquellos que residen en ella.

La otra parte de la ciudad, el palacio, situado en lo alto, con magníficas torres y labrados por las paredes, parece más un sueño que una fortaleza, cuando dejamos atrás las ruinas, interpreto que la nueva construcción está en lo alto por estrategia, pues en la llanura, todo es alcanzable, sin embargo, abarcar el cielo es imposible.

Descubro cuando salgo del carruaje, que mi cuerpo se encuentra casi agarrotado, muchas horas en silencio y en la misma posición han tenido la culpa, el viaje se me ha antojado tedioso y tan solo la promesa de tener para mi a aquel general me mantiene con cierta esperanza de que todo esto no sea una pérdida de tiempo.

Vitola me acompaña hasta una majestuosa habitación, despidiéndose de mí y revelando un dato que hasta el momento desconocía. Su próximo enlace. No es que me importe demasiado dejar viuda antes de tiempo a su futura esposa, simplemente me resulta curioso el echo de que me haya invitado a acompañarle a la ciudad donde debe encontrarse con ella.

Tal vez esto sea más interesante de lo que en un principio se me plantea.

Dejo que las cortinas tapen los grandes ventanales donde se empieza a adivinar el anaranjado del amanecer, con lentitud, me desnudo, dejando que mis gasas y ropas caigan al suelo sobre la mullida alfombra de forma desordenada antes de introducirme en la cama, donde las sabanas de satén blanco acarician mi piel.

Mañana será otra noche…
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MensajeTema: Re: Conquests   Mar Mayo 18, 2010 5:12 pm

Caida la noche llegaron un par de mujeres negras con los cabellos larguísimos atados con múltiples trenzas con un vestido color marfil, lleno de pedrería sobre las hojas y flores que cubrían todo el talle de Shaiya. El escote era en forma corazón. Lleva unos lazos sobre el pecho izquierdo y sobre la cadera derecha. Le quedaba excelente, un vestido especial para mujeres delgadas y altas como ella

La obligaron a ponerle ese vestido y la peinaron y la condujeron a unos de los salones reales, había una orquesta de unos cuarenta y cinco músicos tocando bellas y melodiosas trovas, había unas setecientas personas en aquel gran salón, todos muy distinguidos. Todo era perfecto aquella noche aquel era un evento magnánimo, la crema y nata de Cereza andaba por ahí, todo estaba bien organizado, el salón era elegante y espléndido, la temperatura adecuada, la música, el escenario

Comenzaba la vampir a bajar los peldaños de la escalinata de mármol cuando la música callo, todos se pusieron de pie y comenzaron a aplaudirle, se oyó un murmullo procedente de las damas y nobles reunidos algunas de las damas la miraban con ojos envidiosos y otros caballeros con ojos lujuriosos, su belleza eclipsaba a todas las mujeres del lugar, una vez que bajo la escalera, las mujeres se retiraron y un joven paje la condujo hasta el estrado donde estaba sentado el general... una vez sentada Vitola le hablo

Vitola: Bienvenida, mi futura esposa.. No agaches la cabeza, pon la cabeza en alto de aquí en adelante....

Los músicos volvieron a tocar y unos bailarines vestidos de cisnes salen a la pista, los bailarines se movían en una larga cadena, ejecutando movimientos fluidos y graciosos
La gente murmuraba y gesticulaba comentarios alrededor de la Vampir
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MensajeTema: Re: Conquests   Jue Mayo 20, 2010 9:40 pm

Mis ojos se abren de par en par enfocando el alto dosel de una cama que no reconozco. ¿Dónde estoy? Muevo la cabeza y con ella los cabellos largos y negros que se desparraman por una satinada almohada blanca cual abanico abierto a punto de batirse. Las cortinas están cerradas, estoy sola en la cama, desnuda, con unas sábanas que rivalizan con el marfil de mi piel. Parpadeo mientras me incorporo sobre los codos deseando que las mantas resbalen por mi pecho hasta quedan arremolinadas en mi cintura.

No es hasta que pasan varios minutos que recuerdo todo, la nieve, el hombre herido, la taberna, la fiesta, Vitola, el viaje y Cereza. No es la primera vez que me pasa, sobre todo, si el día anterior no me he alimentado. Acostumbro a despertar en diversos sitios y por motivos bien diferentes en mi eterno deambular de noches de lunas y estrellas y no siempre el motivo que me ha llevado a determinado lugar es lo suficientemente interesante como para acordarme de el porque. Como es esta ocasión, que solo me ha traído a Cereza la lujuria de la sangre, una sangre que por otro lado, aun no he probado.

Aún observo la habitación mientras trato de despertarme cuando la puerta se abre dando entrada a dos mujeres, las observo, primero algo molesta por la intromisión, pues no se han dignado a llamar a la puerta, después con interés, pues no todos los días se ven mujeres con la tez tan oscura como la noche cerrada y largos cabellos trenzados laboriosamente, finalmente con curiosidad, pues en sus manos portan algo, lo que parece un vestido, de un bonito color perla, a simple vista se puede ver que su material es costoso, de seda probablemente o algún tipo de raso importado desde el otro lado del mundo.

Finalmente me levanto, sin pudor alguno por mi desnudez, dejando que ambas mujeres contemplen a su antojo el espectáculo de piel y curvas perfectas que tienen ante sí, pues aunque puedo mantenerle lánguidamente en la cama a la espera de que cierto general venta a mi busca, sospecho que ese vestido es para mí.

No estoy confundida, pues las mujeres, sin mediar palabra, se acercan a mí para poner manos a la obra, mientras una me cepilla los cabellos para que brillen lustrosos y suaves, sueltos como una cascada que se pierde más allá de mis caderas y da pequeños toques de perfume a mi piel que se funde en una afrodisíaca sinfonía con mi propio aroma, la otra me introduce el vestido por la cabeza anudando los suntuosos lazos sobre el pecho y la cadera y aprieta los cordones del corsé haciendo mi cintura más estrecha y mi busto más generoso en el amplio escote del traje.

Sin duda, el efecto, cual puedo observar delante de un espejo de cuerpo entero que hay en un rincón de la habitación solo se puede describir como espectacular.

Preparada y bella como un ángel de la noche que flota por el mundo cual aparición delante de los mortales, me conducen a través de diversos corredores y pasillos ricamente decorados con estatuas de mármol que asemejan a los dirigentes de la ciudad, cuadros de dudoso gusto y suntuosas alfombras de un gran grosor sobre las cuales, nuestros pasos quedan complejamente amortiguados.

Ante mí se abren dos colosales puertas que inundan el pasillo de luz y color, así como de música y risas, al parecer la fiesta que Vitola mentó la noche pasada. Como invitada que se que soy, a la cual le han cedido un esplendoroso vestido par la ocasión doy un paso adelante, con el porte altivo, dejando que los movimientos de mi cuerpo fluyan por si solos, al compás de los latidos de mi corazón, lentos, pausados y seguros…

El lugar, es el sueño de cualquier palacio real que se precie, arañas de cristal con diminutas velas penden de lo alto del cielo iluminando la estancia, una gran banda de músicos entre los cuales suenan del violín al arpa amenizan la velada con acordes perfectos, los vestidos de las damas se mueven con suntuosos crujidos al moverse en el baile, los esmóquines de los caballeros están perfectamente limpios y rectos, rivalizando entre ellos para ver quien es el más elegante entre un gentío vestido prácticamente de la misma manera.

Es cuando comienzo a bajar la escalinata de color crema con una esplendida alfombra de color carmesí en su centro cuando todo se torna estático, como si alguien hubiera echo una captura en un lienzo, la música deja de sonar, las mujeres dejan de reír y de bailar, los hombres dejan de beber, todas las miradas de la habitación tienen una misma dirección, todos me miran a mí. Entonces, comienza el clamor, los aplausos y los vítores de la gente ensimismada y complaciente.

Sin comprender, sigo bajando la escalera, interpretando mi papel, sonriente, etérea, lejana cual estrella, brillando entre la multitud que festeja mi llegada. Nunca he tendido una entrada tan triunfal en ningún lugar y aunque me guste la adulación, me gusta aún más saber el motivo por el cual me adulan. El cual, ahora mismo desconozco.

Al otro lado del salón, diviso a Vitola sentado, el paje que me ha abierto las puertas me conduce hasta él y hacia el asiento que se encuentra vacío a su lado, donde me siento con naturalidad, como una reina se sentaría sobre su trono delante de sus súbditos.

Las palabras de Vitola ante mi llegada se me antojan aún más extrañas, aunque no puedo evitar que la sonrisa siga permaneciendo en la mascara de porcelana que es mi rostros mientras mi voz refleja cierto matiz de risa al responderle.

- No hace falta que nadie me diga que permanezca con la cabeza en alto. Me temo que es algo innato en mi, de echo, más orgullosamente la alzo cuando alguien se empeña en hacer que mire el suelo.- Mis ojos vagan por el semblante del hombre mientras mi cuerpo se inclina sutilmente hacia el suyo para poder susurrar las siguientes palabras.- ¿Futura esposa? ¿Qué te hace pensar que me casaré contigo?
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MensajeTema: Re: Conquests   Jue Mayo 20, 2010 10:14 pm

La vampiresa como era natural le sentaba bien todo aquello que iba bastante bien con ella, pese a que estaba confundida, no dejaba de actuar con toda la naturalidad y con la elegancia que exigía la ocasión, barajando sus movimientos para embonar perfectamente en ese entorno

Sin problemas y con agreste apertura le manifiesta desdeñosa

No hace falta que nadie me diga que permanezca con la cabeza en alto. Me temo que es algo innato en mi, de echo, más orgullosamente la alzo cuando alguien se empeña en hacer que mire el suelo. ¿Futura esposa? ¿Qué te hace pensar que me casaré contigo?

El General oyo sus palabras, había sido muy clara pero eso a un príncipe le importaba un bledo

Vitola: ¿Que te hace pensar que te dare otra opcion? un general como yo nunca pierde las batallas mi mujer de mirada fria ¿Acaso no viste nuestros templos? ¿No viste las gloria de nuestros dioses? Yo solo el máximo conquistador de este Reino y tu seras mi máximo trofeo ¿ No ves como todos te observan? ¿Te das cuenta de cómo admiran tu belleza? Te adoran. Siéntete orgullosa de tus pechos y de tu bien formada figura

Hizo una pequeña pausa para que la Vampiresa viera como todos la miraban disimuladamente, pretendiendo que lo que miraban era el espectáculo de Cisnes en la pista

Vitola: Ya olvídate de tu vasallaje, de tu antigua vida o de aquel plebeyo musculoso que estaba contigo en esa posaducha. Todo el mundo aquí presente puede verte y contemplar tus encantos, seguro que eres consciente de ello. Pero quiero que seas verdaderamente consciente. Esto debería hacerte sentir orgullosa de ti misma. No vanidosa, sino orgullosa, por haberme complacido y por conseguir su admiración. Complacerme, en eso consiste tu vida ahora. ¿Cuántos en el mundo poseen un objetivo tan claro, tan sencillo? Complacedme y yo siempre os diré exactamente el modo de hacerlo.

Termino el Baile, la gente aplaudió el príncipe se paro y la música volvió a callar cuando el príncipe alzo su copa, todos desviaron su atención a el

Vitola: Todos los pueblos comprendidos entre este castillo y el reino de Valtorth nos han sido leales durante un siglo. En cada uno de ellos proclamaré la restauración de Valtorth y el nuevo gobierno. Esta primavera está siendo cálida me casare con esta mujer que esta a mi lado¡ Por Shaiya esposa del general Vitola y la gloria de Valtorth!!

Gentío: ¡¡¡Por Shaiya esposa del genera Vitola y la gloria de Valtorth!

La muchedumbre coreo al unísono el brindis del príncipe, el jolgorio regreso el príncipe le ordeno a los pajes..

Vitola: Llévensela a mi habitación....

Los pajes agarraron y se la llevaron la condujeron al aposento del general , ahí la desnudaron. Las velas desprendían una luz cálida, casi rosada, que iluminaba el cuerpo desnudo de la bellísima Vampir minutos después este entro con aire prepotente y los pajes se marcharon

Vitola: Tenéis el hábito modesto de mirar altanera y con soslayo debo reconocer que es encantador Pero ahora quiero que me miréis mas como mujer

El príncipe tomo su barbilla obligándola a verlo las tupidas y azules cejas de general se enarcaron la miro fijamente los ojos ojos negros de Shaiya que destellaban con humedad ejerciendo una magica dominancia sobre la vampir

Vitola: ¿Me encontráis guapo? le preguntó—. Ah, pero antes de contestarme, debéis saber que lo que me gustaría conocer es vuestra sincera opinión, no lo que vos creáis que desearía oír, o lo que os convendría contestar, ¿Me entiendes?

Él alargó la mano, le friccionó ligeramente el pecho derecho de Shaiya y luego le acarició las axilas v palpando la pequeña curvatura que formaba allí el músculo, bajo el menudo mechón de pelo dorado; y a continuación le acarició ese vello tupido y húmedo, entre las piernas,...

Vitola: ¿Y bien? —dijo él—, responde a mi pregunta y describe lo que ves. Describeme como si me acabaras de conocer y estuvierais hablando confidencialmente con alguna doncella.
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MensajeTema: Re: Conquests   Vie Mayo 21, 2010 1:07 am

Ahí, en su ambiente, rodeado de aquellos que lo admiran y agasajan, Vitola parece otro, si en la taberna parecía seguro de sí mismo como general que comanda a sus hombres y debe dar ejemplo, ahí se comporta como un príncipe ante su reino, acostumbrado a que lo miren, acostumbrado a hacer el bonito papel de alguien pagado de si mismo, un hombre de poder que solo necesita pedir lo que quiere para obtenerlo y no espera que absolutamente nadie le desobedezca.

Sin embargo, hay dos cosas importantes que matizar. La primera, es que yo, me doy cuenta de que esta última parte, lo que mis ojos contemplan, no es ningún papel, que el despliegue de opulencia y soberbia que desprende es el rostro bajo el antifaz. La segunda, es que él no se ha dado cuenta aún de que no soy una mujer normal, de las que agachan la cabeza cuando se lo piden y la alzan cuando se lo ordenan, de aquellas que se saben mantener en un segundo plano y calladas ante las bravuconerías de sus esposos, de aquellas que no son más que un jarrón vacío, que si, son bonitas, pero que por dentro solo tienen un enorme vacío para meter flores dentro. Pero sobre todo, aún no se ha dado cuenta, de que yo para ponerle el contrapunto a esta situación, si estoy actuando.

Y ese, es el único motivo por el cual le dejo hablar sin interrumpirle mientras observo la sala. La música flota nuevamente, regalando sensaciones a los oídos, las parejas, bailan de nuevo, en grupos apartados las mujeres hablan tras sus abanicos de carey haciéndose confidencias. Los hombres, observan a las presas cual gacelas, con un poco de suerte, algunos de ellos no dormirán solos esta noche, sin embargo, la mayoría de las miradas de la gente que no se encuentra lo suficientemente entretenida con su propio entretenimiento me observa a mí, las mujeres con el veneno verde rezumado por sus poros y dejándose entrever en sus ojos, a diferencia de los de los hombres, que muestran el carmesí del deseo intentando imaginar que se esconde bajo el satén de mi impresionante vestido.

Pero realmente, aunque mis ojos los observe e incluso mis dedos se muevan al compás del arpa que suena de fondo, mi cabeza está muy lejos de todos ellos, s encuentra en la voz del hombre que habla sentado a mi lado. El cual, parece haberse quedado satisfecho con sus palabras ya que finalmente hace una pausa dejándome espacio para mi intervención en esta obra de dudoso final.

-Conquistas, templos, dioses. Cosas materiales que perecen, cosas efímeras que como mucho te guardan un instante de gloria para los anales pero que no te sirven de mucho al final, pues los más grandes imperios han caído, siempre antes o después, vuestros templos, no se diferencian a cualquier otro templo que haya visto y me atrevo a decir que incluso los he visto más suntuosos y elegantes, en cuanto a los dioses, me temo que no compartimos los mismos. Los tuyos se encuentran en el firmamento y les rindes pleitesía, los míos aún están por descubrir pues solo me rindo culto a mi misma.

Pese a que mi semblante seguía siendo el exquisito reflejo del candor y la pureza, mi voz se había tornado apenas un susurro, suave y peligroso.

-No eres el primero que quiere tenerme cual trofeo a su lado, los hombres no me miran por el vestido que me has hecho poner o por lo magníficamente bien que quedo a tu lado. Los hombres siempre me han mirado, siempre me han deseado y siempre han caído rendido a mis pies. Al igual que harás tu, pues dices que mi único motivo para existir y mi siguiente meta en la vida es servirte y complacerte.- Mi sonrisa se ensancha mientras mis ojos abandonan la sala para centrarse en él.- Sin embargo, te puedo asegurar ahora que nunca me fijé la meta en un hombre y tu no vas a ser diferente a los demás.

Las intenciones están claras, el me quiere domar, pero yo soy indomable, ¿acaso se puede atrapar el viento dentro de una botella? ¿Acaso se puede evitar que sople? No, no se puede. Este hombre puede acabar conmigo, puede matarme pero jamás doblegarme.

El baile termina y Vitola se alza para realizar un brindis, por sus conquistas, la lealtad de su pueblo y su futura esposa, los coros de voces siguen su vitore sin ningún tipo de duda, cual borregos de una manada que no se dan cuenta que tienen como pastor y mando al lobo, que no duda en merendárselos si tiene hambre o se aburre.

Terminado el clamor popular, manda a un paje que me lleven a su habitación, sin diligencia, me levanto elegantemente de la silla siguiendo al hombre que me guía, se que no puedo hacer una escena delante de tanta gente no es inteligente y sobre todo, no es mi estilo, así que salgo del gran salón tal y como he llegado, en medio de un esplendor sobrenatural, dejando que mi vestido acaricie el suelo con su gran cola y que mis cabellos en contraste con la tela blanca hondeen cual aureola a mi espalda.

Una vez en la habitación de Vitola, los pajes me desnudan sin demasiados miramientos.

-Vaya.- Comento con un tono de desilusión en mi voz.- Y yo que penaba que vitola sería el que se encargaría de arrancarme las ropas, decidme ¿Acaso tiene los dedos entumecidos por la espada o es que no podíais evitar la tentación de observar mi cuerpo desnudo?- Mi intención, claramente importunar y hacer sentir incómodos a los dos hombres que no siguen más que ordenes.

Una vez sola en la estancia, ni siquiera busqué algo con lo que cubrirme, me limité a observar el lugar, con el leve y sutil resplandor de las velas que iluminaba la habitación con pequeños charcos de luz anaranjada, haciendo así mismo que mi piel desprendiese brillos imposibles.

Vitola no tardó demasiado en llegar. Mi gesto fue altivo al verle traspasar el umbral, con el mentón alzado, la mirada desafiante y una inequívoca sonrisa en los labios color borgoña. Dejo que se acerque a mí sin hacer ningún tipo de movimiento, simplemente escuchando su voz y sus pedidos. Mis ojos se encuentran con los suyos, saltando repentinamente una chispa que me hace obedecerle y querer contestarle. La esencia del vampiro, la bestia que llevo dentro y que se desata en los momentos más inesperados lo observan sin embargo con otros ojos. Más aún cuando sus manos dejan mi barbilla para ascender hasta mi pecho.

- Si quieres confesiones de doncella, no las vas a tener. Nunca he gustado del chismorreo. Me preguntas si eres guapo. ¿Guapo? Lo eres si, sin embargo, eso no es lo que atrae a una mujer como yo hacia un hombre.- Sigo mirándole a los ojos con flama en ellos sintiendo como su caricia desciende perdiéndose debajo de mi abdomen.- Es el poder, es la vitalidad y la fuerza lo que me puede atraer.- Mi mano asciende conducida por si misma, autómata, ascendiendo por su pecho y alcanzando su fuerte cuello, palpando para sentir bajo la yema de sus dedos la pulsante vena del hombre. Lo que empieza a despertar en mí un segundo instinto que no lleva demasiado tiempo callado.-Pero sobre todo algo más oculto, algo más profundo...
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MensajeTema: Re: Conquests   Vie Mayo 21, 2010 1:44 am

El general cada vez estaba mas fascinado con la Vampir como una potranca soberbia a la cual domesticar , su contestación no podia ser menos de ella, el que sea guapo n ovalia nada para ella, sino el poder y la fuerza, su mano ascendia sobre su pecho. Como un tiburón que huele la sangre, El general se acerco a ella y se susurro

Vitola: Ya veras lo poderoso y fuerte que puedo ser

Mientras ejercía un poder de dominación casi vampiríca sobre la Vampiresa, usando su poderosa magia, para poder someterla sin que esta pudiera hacer nada la levantó en brazos y, llevándosela hasta la cama, la tumbó allí.

Vitola: Eres preciosa, y esa dignidad en te escuda de mí, no es sino solo un pequeño inconveniente para mi

El General se inclinó sobre ella. Quitándola de su posición. Le separó las piernas. Notaba Le mimó los muslos. Luego, con el índice y el pulgar, exploró el sedoso y blanquecino vello húmedo de Shaiya, palpó aquellos pequeños labios tiernos e hizo que se separaran ampliamente.

Entonces el malvado de cabello azabache se abrió la ropa y extrajo su sexo erecto, Avido y ansioso y, subiéndose sobre ella, lo posó en su cadera mientras continuaba acariciándola y friccionándola.

Involuntariamente los pezones de sus pechos se veían tan duros como pequeñas piedras. Él no pudo contenerse ante ellos.Los mordió con los dientes, juguetón, sin hacerle daño. Los chupó con la lengua y luego le lamió también el sexo. Y mientras ella forcejeaba, se sonrojaba y gemía, volvió a colocarse encima, lentamente. Para introducir su órgano en ella, sintió que se estremecía con un indeseado placer.

Una vez que termino de violarla le paso la mano por la cara suavemente y la Vampiresa cerro los ojos y se quedo dormida en sus brazos... al no haber bebido la sangre la poderosa Vampira estaba mas que indefensa ante el general

A la Noche siguiente toda la corte estaba reunida en el gran vestíbulo para despedir al príncipe. El príncipe descendía por los peldaños con la clásica tanga y las vaporosas gasas habituales de Shaiya en sus brazos las botas del príncipe hacían sonido al pisar los gastados escalones de piedra. El príncipe la bajo para despedirse de la muchedumbre
la Vampiresa por supuesto seguia debil ante la falta de sangre....

Vitola: Es hora de despedirme mi trofeo y yo partiremos a la ciudad Máxima para que el mismo Rey, nos de su bendición en matrimonio... cuando eso suceda regresaremos

La muchedumbre aplaudió. Los caballos se mostraban inquietos sobre el puente levadizo. El corcel del príncipe, un semental negro, era especialmente difícil de refrenar, así que, despidiéndose de todos ellos una vez más...

El General alzó a la Vampira con facilidad situándola sobre su hombro derecho, estrechándola a su propia cintura por los tobillos. Cuando Shaiya cayó sobre la espalda del príncipe, él oyó un suave gemido y vio el largo cabello azul grisáceo que barría el suelo justo antes de subirse al corcel.

Todos los soldados se dispusieron en formación y el príncipe abrió la marcha para adentrarse en el bosque.

Pasaron las horas Los soldados iba canturreando para sí y cantando de vez en cuando en voz alta.

El cuerpo elástico y frio de la Vampir se balanceaba sobre el hombro del poderoso general, que percibía sus temblores y turbación. Las nalgas semi desnudas de la Vampriesa estaba expuestas y se imaginaba perfectamente cuán suculenta debía ser aquella visión para los hombres que cabalgaban tras él.

Cuando llegaron al pueblo situado en medio del bosque, la excitación era enorme ya que todo el mundo sabía que el General tenía una nueva mujer que tomaria pro esposa

Mientras Vitola avanzaba por las tortuosas callejuelas de altas casas entramadas que delineaban el cielo, la gente se agolpaba en las estrechas ventanas y puertas, y se apiñaba en las callejas empedradas.

Tras él, el militar oía a sus hombres que, en voz baja, explicaban a la gente del pueblo
Como conoció a la Vampiresa. Ésta forcejeaba con su cuerpo, pero Vitola la asía con firmeza.

Finalmente, rodeados de una enorme multitud, llegaron a la posada y el caballo del General entró en el patio haciendo sonar los cascos.

El escudero se apresuró a ayudarle a descender de la montura.

Vitola: Sólo nos detendremos para comer y beber. Aún podemos recorrer muchas millas antes de que amanezca

El joven dejó a Shaiya de pie en el suelo y contempló con admiración la forma en que su larguisima cabellera volvía a cubrirla. Luego le hizo dar dos vueltas, y se complació al observar que la Vampiresa mantenía las manos enlazadas en la nuca y la mirada baja mientras él la contemplaba.

La besó con devoción.

Una vez más, le sacó otro beso, mientras con la mano apretaba sus nalgas

Vitola: Ahora todo el mundo querrá echar una ojeada a mi nuevo trofeo —dijo el gendarme al capitán de su guardia—. Atadle las manos sobre la cabeza con una cuerda que cuelgue del letrero de la entrada de la fonda y dejad que todo el mundo se harte de ella. Pero que nadie la toque. Pueden mirar todo lo que quieran pero haced guardia para vigilar que nadie pueda tocarla. Haré que os saquen la comida fuera.

Capitan: Sí, mi señor

Mientras el general dejaba con sumo cuidado a Shaiya en manos del capitán, el príncipe decía

Vitola: Sois muy dulce, querida mí. Ahora comportaos humildemente y sed muy, muy buena. Me sentiría terriblemente desilusionado si toda esta adulación os envaneciera

Volvió a besarla y la entregó al capitán.

El General entró en la fonda, pidió carne y cerveza, y se dispuso a observar a través de las ventanas de paneles romboides.

El capitán de la guardia no se atrevió a tocar a la joven de Rais más que para atarle las muñecas. La condujo así hasta la puerta abierta del patio, lanzó la cuerda para hacerla pasar por la vara de hierro que sostenía el letrero de la fonda y le sujetó rápidamente las manos por encima de la cabeza, de manera que ella se quedó prácticamente de puntillas.
Luego ordenó a la gente que retrocediera y se apoyó en la pared con los brazos cruzados mientras los lugareños se apretujaban para mirarla.

Había mujeres rollizas con delantales manchados, hombres de tosco aspecto ataviados con pantalones y pesados zapatos de cuero, y también estaban allí los jóvenes prósperos del pueblo vestidos con sus capas de terciopelo y las manos apoyadas en la cintura mientras observaban a la vampir a cierta distancia, sin querer codearse con el gentío. Varias jovencitas lucían elaborados tocados blancos recién confeccionados. Habían salido de sus casas para contemplar a la venus de marfil, y se levantaban con fastidio el bajo de las faldas para no ensuciarlos.

Al principio todo eran susurros, pero al cabo de un instante la gente empezó a hablar más libremente.

El cabello de ebano le resguardaba el rostro, pero un soldado no tardó en salir con un comunicado del General para el capitán:

Soldado: El general Vitola ha dicho que le deis la vuelta y levantéis su barbilla para que puedan verla mejor.

En tanto el murmullo de aprobación entre la muchedumbre. Las voces sofocadas hablan en torno a ella

Joven Espectador: Muy, muy hermosa —dijo uno de los jóvenes espectadores.

Anciano Remendón: Es la mujer de piel marfieleada es la mas bella que jamas he visto- afirmó un viejo remendón.

El capitán de la guardia levantó la barbilla de Shaiya y le habló atentamente mientras sujetaba la cuerda que la sostenía.

Capitan: Debéis daros la vuelta. No se os ocurra ni hablar, señortia. Os lo ruego. Nuestro señor Vitola es muy estricto y puede llegar a ser muy muy cruel. Y es su deseo que todo el mundo os admire.


La muchedumbre continuaba piropeandola y elogiando la magnificencia de sus pechos y sus bien formadas piernas

Anciana : Vaya trasero....

Herrero: Deben de ser las piernas mas largas del mundo..

Finalmente el propio vitola salió de la posada dispuesto a partir y, al ver que la multitud seguía observando a la buena Vampiresa tan atenta como antes, bajó la cuerda y, sujetándola por encima de la cabeza de Shaiya como si fuera una traílla, la obligó a darse la vuelta. Parecía que le divertían los gestos de reconocimiento del gentío y los agradecimientos y reverencias que le dedicaban; se mostró muy gentil en su generosidad:

Vitola: Levantad la barbilla, yo tu nuevo dueño os lo exijo. No debería ser yo quien finalmente os la levante —le increpó frunciendo deliberadamente el entrecejo como muestra de decepción.

Vitola: Venid aquí, viejo —dijo el príncipe al anciano remendón—. ¿Habéis visto alguna vez una preciosidad como ésta?

Anciano: No, mi general ..

Dijo el viejo, que llevaba las mangas remangadas hasta los codos y mostraba unas piernas ligeramente dobladas. Su pelo era gris, pero sus ojos verdes brillaban con un deleite especial, casi nostálgico.

Anciano: Es una Mujer de magnífica estampa mi señor, digna de un Militar como usted

El Gendarme le dijo al viejo remendón que se acercara un poco más.

Vitola: Mirad. Os doy permiso, si lo deseáis, para que palpéis sus tesoros.

El viejo sonrió con agradecimiento, casi inocentemente. Alargó el brazo y, dudando por un momento, tocó los pechos de la magnifica Shaiya el viejo también le tocó el sexo.

Luego, el príncipe tiró del pequeño lazo obligando a la Vampiresa a quedarse de puntillas. Su cuerpo se estiró; parecía ponerse más tenso y al mismo tiempo más hermoso, con las nalgas y los pechos tiesos. Los músculos de sus pantorrillas se estiraron, la mandíbula y la garganta formaron una línea perfecta que descendía hasta su seno cimbreante.

Vitola: Eso es todo. Ahora debéis iros....

Los espectadores se retiraron obedientemente aunque continuaron mirándolos mientras el príncipe montaba a caballo, instruía a la joven de Rais para que entrelazara sus manos en la nuca y le ordenaba que caminara delante de él.

La venus de marfil inició la marcha saliendo del patio de la posada mientras el príncipe guiaba su caballo tras ella. La gente le abría paso, sin apartar la mirada de su encantador cuerpo vulnerable y apretujándose contra los estrechos muros de la ciudad para poder seguir el espectáculo hasta el límite del bosque...
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MensajeTema: Re: Conquests   Vie Mayo 21, 2010 2:12 pm

Su voz en mi oído hace que la bestia de mi interior gruña, no lo desea a él, así como tampoco lo desea mi cuerpo, mucho menos mi voluntad, sin embargo, siempre le ha gustado jugar con aquellos que van a ser su presa.

Pero… Algo sucede. ¿Cómo es posible? ¿Dominación? Algo ha hecho mella en mí, dejo de ser dueña de mis actos e incluso la bestia parece dormirse como si la hubiesen acunado en un dulce suelo. De pronto me encuentro en los brazos de Vitola que me alza para depositarme sobre el mullido colchón de la cama.

Sus intenciones son más que claras, quiere saciarse con mi cuerpo, quiere demostrar que es el quien manda, que no puedo hacer nada en contra de su poderío y ciertamente, así es, no puedo hacer nada contra él o contra su embrujo, mi cabeza está encadenada y mi cuerpo a su merced.

Quisiera reírme de él en voz alta, llamarle cobarde y poco hombre, decirle la lástima que me da que un hombre de su calibre tenga que recurrir a las artes de la dominación para conseguir que una mujer se rinda ante él. Escupirle en la cara que sus dotes de seducción son tan nulas como grande es su soberbia pues si las tuviera no tendría que verse obligado a forzar a una mujer.

Pero mis labios están tan sellados como anulada mi voluntad y lo único que puedo hacer es ceder bajo sus caricias, dejar que invada mi cuerpo, el cual disfruta a pesar de mi misma. Y tal vez por eso, por hacer que mi cuerpo se doblegue al suyo de forma involuntaria mi rojizo odio aumenta.

No será hoy, no será mañana, pero este hombre va a caer como todos los imperios han caído alguna vez, yo voy a estar ahí para presenciarlo y voy a disfrutar con ello.

Cuando todo termina, soy consciente de mi propia debilidad, el no haberme alimentado en dos días comienza a pasarme factura y sin poder evitarlo de la misma manera que no he podido evitar nada de lo acontecido caigo sumida en un profundo sueño del que no despertaré hasta la noche siguiente.

La noche siguiente, Vitola me trae mis habituales ropajes. No dudo en ponérmelos agradecida de encontrar algo familiar, algo mío, algo que por fin reconozco y me ayuda a darme cuenta si es que acaso no lo se ya, que soy Shaiya de Rais, aquella mujer vampiresa con la que no se puede jugar sin que ella te de permiso.

Soy arrastrada de pasillo en pasillo, ahora no tengo tiempo ni ganas de fijarme en su decorado, simplemente sigo mis pasos intentando parecer lo más regia posible dadas las circunstancias. Los cortesanos de palacio esperan en el patio para despedirnos a Vitola y a mí quien vocifera que va a pedir bendición para su futuro matrimonio.

Me carga en el hombro y monta su caballo y así emprendemos viaje, un viaje incómodo que hace que me duela la espalda y las costillas por la postura a la que soy sometida.

Esto es demasiado humillante, “permitir” que Vitola tome posesión de mi cuerpo la noche anterior es una cosa, pero servir de espectáculo a la panda de cerdos que le sirven de escolta, es algo completamente degradante; con fuerza casi renovada debido a los bríos que confiere la sensación de humillación, forcejeo con fuerza contra el ferreo brazo de Vitola, dispuesta a morderlo ahí mismo, si no fuera por la legión de soldados que nos custodia.

El camino se vuelve cada vez mas y mas opresivo, pintándome la desesperación que acompaña a aquellos que comprenden el significado de “eternidad”, ¿cuanto duraría eso?, ¿cuanto más seguiría a merced de alguien como él? Sin embargo, también soy consciente de que juega a mi favor, tan solo necesito que baje la guardia, un solo instante, un precioso minuto, en el que piense que su fiera ha sido domada para que minutos después se de cuenta de su error demasiado tarde y en el medio de los estertores de la muerte.

Frente a nosotros, una pequeña multitud comienza a agolparse, murmullos y susurros suben como una nube fétida, separando claramente la voz del populacho, de la fuerte y demandante de los guardias que, casi en suspiros, explican quien soy y donde he conocido -para mi desgracia- al general Vitola.

Una tenue sonrisa se dibuja en mis labios sonrosados, dándome cuenta de que si quiero salir de esta tengo que empezar a colaborar, ponerme de nuevo el antifaz y buscar mi mejor máscara de carnaval. Debo darle lo que quiere al príncipe, debo hacer que se confíe. Y sobre todo, no debe ver que me siento humillada y vencida, pues aunque lo primero puede ser cierto, lo segundo no ha ocurrido ni va a ocurrir jamás.

Vagamente me llega la voz de Vitola y las órdenes que impera a los guardias, una suave y atenta mano me ayuda a descender y permanezco de pie, colocando las manos tras la nuca, estirando un poco mi engarrotado cuerpo de sílfide nocturna, la espalda recta, los pechos turgentes en lo alto, dando muestras de poderío, la barbilla al mismo nivel, mirando a los ojos a aquel que quieres esclavizarme con una media sonrisa en los labios y fuego en la mirada.

-¿Quieres contemplarme? Aquí me tienes, sacia tu vista, enardece tu mente. Sabes lo que hay debajo, solo tienes que recordarlo.

Aferra mi mentón, clavando sus ojos en los míos; Quiere exhibirme, comienzo a preguntarme si realmente le excita que otros vean mis sinuosas curvas, que otros se las imaginen lascivamente o que incluso en algún momento ordene a la multitud que observe mientras toma posesión de mí. Sin embargo, dócilmente, representando mi nuevo papel, me dejo llevar y amarrar al letrero, mientras en mi interior, la chispa de odio va creciendo cada vez mas, mientras aquel guardia me ata.

Largo rato pasa sin que nada mas alterare los murmullos, hasta que el mismo guardia sale de nuevo e indica las nuevas órdenes, con voz firme aunque desinteresada, para él, solo soy una mujer más, la más bonita que ha visto, pero de una propiedad superior a sí mismo, perteneciente un hombre temido y venerado...

-Tu señor esta jugando con fuego… lo sabes ¿Verdad? Supongo que también sabes que le pasa a aquellos que juegan con él.- Susurro con descaro, sonriendo y clavando la mirada de soslayo en el hombre, levantando el mentón con dignidad y orgullo.

Sin embargo, pese a mis palabras que tan solo son una débil demostración de mi aun férreo orgullo me doy la vuelta dejando que se me exhiba. Los murmullos de aprobación de la multitud se elevan como un arrullante clamor dispuesto a pregonar mi perfección.

Y justamente, en ese momento, el príncipe sale de la posada, satisfecho y aparentemente complacido de la admiración que todos aquellos mirones me dispensan. Las palabras de Vitola son como suaves latigazos al orgullo herido.

La voz de mi captor es suave y modulada, la voz propia de quien es un pequeño dios para su gente, alguien que sabe lo que quiere y la forma de obtenerlo, alguien peligrosamente seguro. Sus palabras no son mas alentadoras que su timbre de voz, el vasallo al que se dirige tenia pinta, a primera vista, de un bonachón abuelo de muchas eras atrás: Cabello cano, cuerpo ligeramente doblado por el tiempo, que daba cuenta de ello en las arrugas que surcaban su rostro, lo único que delataba un alma mas viva que el cuerpo, era aquella mirada de jade, chispeante y nostálgica.

El anciano responde con reverencia, aquel joven príncipe tiene el respeto de los suyos y lo sabe, lentamente, comienzo a comprender una pequeña parte de todo aquel juego de poderío, levanté el mentón ligeramente y miro por encima de todos los ahí reunidos, nuevamente delante de él debo mostrar sumisión y parecer encantada de que otros admiren su pequeño trofeo.

El príncipe le da permiso de ir mas allá de la simple admiración, dándole vía libre para tocarme si así lo desea, una oleada de indignación se extendía desde mi pecho, mi interior se sacude y la bestia hambrienta clama por apoderarse de los ahí presentes, mancillar a cada uno de ellos de la misma forma que ella se siente mancillada, eliminarlos lentamente, dejar que vean como la figura que tanto admiran es una bestia negra que puede acabar con ellos rápidamente. Pero nuevamente no puedo hacerlo, debo seguir con el teatro. Un teatro humillante, indecente y que comienzo a no soportar, un teatro que debo llevar hacia delante con todas las consecuencias que deban acarrear, tan solo con un único fin, ser viuda antes de desposarme.

Finalmente la demostración termina, pero para mi desgracia, no asi el espectáculo que está montado; el príncipe ordena, como siempre, con ese tono que no admite réplicas, que inicie la marcha desde el patio de la posada; con suavidad, giro el torso hacia él dirigiéndole una mirada cargada de recelo, enfado y en el fondo, una tenue chispa de curiosidad, quiero ver hasta donde es capaz de llevar ese juego y quien, al final, será vencedor.

Sacudiendo la cabeza, dejo caer la cortina de cabello de forma que me cubra parcialmente, con delicadeza, levanto el mentón con fría dignidad y comienzo la marcha con paso suave y cadencioso, dispuesta a no mirar mas que el camino ante mi, mientras en mi mente, recreaba cientos de formas de devolverle al general, una por una, las vergüenzas pasadas…
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MensajeTema: Re: Conquests   Vie Mayo 21, 2010 5:04 pm

Llegaron a otro pueblo y a otra posada, los lugareños pegaban sus caras a las ventanas de vidrio emplomado de la fonda.

Los soldados devoraban la cena y la miraban en silencio a la luz del fuego.

Después el General se quedó mirando únicamente a la hija del tabernero,. Era una jovencita, muy guapa, aunque sin comparación desde luego con la magnifica Shaiya. Su pelo era negro, tenía unas mejillas redondas y una cintura muy estrecha, e iba vestida como muchas campesinas, con una blusa escotada con volantes fruncidos y una amplia falda corta que revelaba sus vistosos y pequeños tobillos.

Mostraba un rostro inocente, y contemplaba a la marfilada venus llena de intriga, sus grandes ojos marrones se desplazaban ansiosamente hasta el príncipe y luego volvían tímidamente hacia la cainita, que estaba de rodillas a sus pies, a la luz del fuego.

Vitola: Y bien, como ya te he dicho, aquí también es lo mismo todos te admiran y disfrutan viéndote, gozan de tus larguísimas piernas, de esos pechos que nadie pude evitar mirar. Estos lugareños os desean, anhelan vuestros encantos...

...Y creo que se merecen probarlos, lo que les deleitará enormemente. Pero debo aprovechar esta oportunidad, para recompensar sus leales atenciones. como para enseñarte que el castigo te llegará siempre que yo lo desee, sin necesidad de que me desobedezcas para merecerlo. Te castigaré cuando me apetezca. Habrá ocasiones en que éste será el único motivo....


Luego el General Vitola amablemente se dirigió a la hija del posadero

Vitola: Querida ¿En la cocina tendréis algún instrumento plano de madera para traspalar las cazuelas calientes dentro del horno, no es así?


En la estancia se produjo un leve murmullo al tiempo que los soldados se miraban unos a otros. Fuera la gente se apretujaba aún más contra las ventanas.

La muchacha asintió con la cabeza y regresó al cabo de un instante con una paleta de madera, muy plana y alisada por los muchos años de uso, y con un buen mango para asirla.

Vitola: Excelente...

Rápidamente, el soberano dio instrucciones a la hija del mesonero para que se sentara en el borde del piso de la chimenea, que era de la altura de una silla, y le ordenó a la Vampir, que estaba a cuatro patas, que se acercara a ella.

Vitola: Querida mía esta buena gente se merece un poco de espectáculo; su vida es dura y aburrida. Mis hombres también se lo merecen, y mi nueva esposa puede aprovechar muy bien este castigo. Poneos sobre su regazo, Shaiya de Vitola con las manos detrás del cuello, y apartad vuestro precioso pelo. ¡Inmediatamente!

Ordenó, casi con severidad

Vitola: Mantened alta la barbilla, así; sí, encantador. Ahora, querida mía quiero ver si podéis manejarla con tanta fuerza como un hombre. ¿Creéis que seréis capaz de hacerlo?

El General no pudo contener una sonrisa ante el deleite y el deseo que mostró la muchacha por agradar. Ella asintió con un gesto y murmuró una respuesta respetuosa. Cuando el General le dio la orden, bajó la pala con fuerza sobre las nalgas semidesnudas de Shaiya.
La muchacha de la taberna le zurró con más fuerza y Vitola disfrutó de ello, saboreándolo muchísimo
Finalmente, cuando las nalgas estuvieron muy rojas pero sin cardenales, el General mandó a la muchacha que parara.

Sus soldados estaban encantados, al igual que todos los lugareños. Luego, el príncipe chasqueó los dedos y ordenó a la Vampiresa que se acercara.

Vitola: Ahora, todos vosotros, disfrutad de la cena, hablad, haced lo que os plazca.

Durante un instante nadie le obedeció, pero luego, los soldados se miraron unos a otros, y la gente reunida fuera, comenzo a murmurar y a hablar desde las ventanas.
El general llamó a la hija del mesonero para que se acercara, le dijo que lo había hecho muy bien, le dio una moneda de oro y él se quedó con la pala.

Vitola: Mira bien esta pala preciosa Shaiya de Vitola ya que tu y ella seran amigaspor l o que resta de tus dias…

Finalmente, llegó la hora de subir al dormitorio, en un par de horas iba a amanecer. Tomo en brazos a la vampir que seguia debil sin probar sangre hasta arriba hasta la alcoba. Ahielo general amarro a la cainita a un pesado armario y le encadeno los tobillos con sendos grilletes y se dispuso a dormir...

Avanzada la noche se escucho que alguien forcejeaba la cerradura del cuarto una figura imponente y grande que trataba de entrar sin hacer ruido, pese a que intentaba tapar la luz exterior con su cuerpo y estirando su musculoso brazo, se podian apreciar a un musculado homre entrado a hurtadillas

Era Justin

Le hizo la seña de que guardara silencio con el dedo indice, luego urgo en las ropas del general y saco las llave de los grilletes, y tratando de hacer el menor ruido posible la libero…
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MensajeTema: Re: Conquests   Sáb Mayo 22, 2010 6:46 pm

Un momento de descanso, solo uno, el la siguiente taberna, soy consciente de que la próxima humillación no va a tardar en llegar, pero creo que Vitola está planteándose la forma de hacerlo. O simplemente barajando diferentes modalidades de vejación de entre una larga lista. Sin embargo, ahora tengo un respiro, un simple momento que pese a encontrarme arrodillada junto al asiento de Vitola me regalan varios minutos para mi misma.

Mi mirada se centra en el crepitar del fuego. En las llamas que bailan en el hogar de la taberna. Intento no pensar en lo que ha ocurrido ni en lo que está por acontecer. Se que hay muchos tipos de hombre en Utopia, sin embargo, hasta el día de hoy, no he conocido a ninguno con los instintos primarios tan bajos como los de el general. Aquel que se excita haciendo daño y exhibiendo lo que tiene a los demás, seguramente denotando la baja autoestima que realmente tiene enmascarada en una mortaja de superioridad.

Se que esto no ha terminado, se que aún me quedan penurias por superar, siempre con el mentón alto, no porque él me lo ordene, si no porque no puede impedirlo. Pero también se que en algún momento va a bajar la guardia y cuando eso ocurra, ahí estaré yo esperando para saltar sobre mi presa y despedazarla.

El interludio termina cuando Vitola hace llamar a una muchacha, por lo visto alguien que trabaja en la taberna, a estas alturas, me interesa poco el quien es quien, solo me importa el que continua después.

Continúa una pala de madera de gran tamaño. De las que se utilizan para hornear el pan en el fuego de carbón. Las instrucciones de Vitola son claras aunque no presto atención a su retahíla de hago lo que quiero y esta es mi demostración, simplemente me arrastro hasta la muchacha, ofreciendo un bonito espectáculo de elasticidad de mi cuerpo, mis largas piernas, se enredan sinuosamente con las gasas de mi falda y mi cabello cae a un costado dejando ver perfectamente la curva de mi espalda.

Se lo que sigue a continuación, mientras me subo al regazo de la muchacha y aparto mi cabello de ébano, cuando la muchacha suelta su primer golpe, agradezco mi suerte de haber abrazado el vampirismo, por suerte ella es humana y ni su fuerza ni su resistencia se compara a la mía. Sus golpes se sienten, sin embargo, son algo fácil de soportar. Mi mirada se clava en los ojos del general, que observa la escena con deleite y excitación, en mi semblante, no se refleja humillación, ni siquiera dolor, pues pese a sentirlo, el orgullo me sigue tentando demasiado alto por lo que soy capaz de interpretar un papel muy diferente, el de una mujer, que en realidad disfruta de la paliza, la de alguien a quien los golpes le enardecen y que está encantada con el castigo que le imponen.

-Debería ser tu propia mano la que golpee mis nalgas, verías que la situación hubiera sido más interesante.- Susurro hacia Viola.

Cuando todo termina, la muchacha recibe su recompensa y Vitola anuncia su retirada hacia los aposentos, donde me encadena los pies en un armario, ha sido inteligente, pues sabe que desde donde me encuentro no puedo alcanzar la cama ni destrozarle mientras duerme. Finalmente, me tumbo boca abajo en el suelo, intentando que mis nalgas no entren en contacto con nada pues están bastante resentidas, mientras sueño despierta el momento en el que pueda terminar con mi cautiverio y mi verdugo.

Pasan las horas y la respiración del general pasa del constante al profundo, así como su sueño, mis nalgas comienzan a dejar de sentir dolor por lo que consigo sentarme e intento forcejear con la cadenas de mis pies, por supuesto, es inútil. Por mucho que hubiera estado en condiciones físicas perfectas, cosa que no estoy debido a la ausencia de alimento, mi fuerza vampírica no es suficiente como para poder romper el acero que recubren mis tobillos.

En ello me encuentro, cuando escucho un ruido en la puerta, algo está intentando abrirla desde el otro lado, alguien está forzando la cerradura. Miro A Vitola con alarma, pero por suerte, su sueño es profundo y no se percata de nada. Seguramente duerme tranquilo a sabiendas de que alguien vigila la estancia y que ese alguien no dejaría que nadie entrase en la habitación, pero entonces…

¿Quién abre la puerta? Y ¿Con que fin?

Finalmente, en el marco de la puerta, se recorta una silueta oscura, en el tiempo que ha tardado en abrirla, me he agazapado junto al armario alejándome por si acaso todo lo que la cadena me lo permite, sin embargo, no puedo evitar que mi mandíbula se descuelgue con cierto estupor y asombro al darme cuenta de quien ha forzado la cerradura.

Se trata del guerrero herido que me encontré noches atrás en medio de la nada, apoyado en un árbol rodeado de nieve. El primer sujeto de aquella noche que me llamó la atención y por el cual acudí a la taberna donde empezó toda esta desgracia. Por lo visto, se ha recuperado de sus heridas, lo que no llego a comprender es que hace aquí, ni cuales son sus intenciones.

Su mirada está fija en mí, sus movimientos casi felinos y completamente silenciosos me indican que guarde silencio mientras saquea los bolsillos de Vítola. Tan solo tarda un minuto en encontrar lo que busca y acercarse a mí. En su mano, la llave de mi libertad, la cual introduce en el agujero para hacer que los grilletes salten de mis tobillos. ¿Acaso ha venido hasta aquí solo para rescatarme? Ni siquiera sabe mi nombre, pues no se lo he dicho, apenas hemos intercambiado unas palabras y no me ha dado tiempo de dejar una huella tan honda en él como para poner su vida en peligro por mí. Así que no, debe de tener otro motivo por haber llegado hasta este punto.

Sin embargo, ahora, soy libre y eso es lo que importa, eso y la Bestia que clama en mi interior, tres días sin ser alimentada, tres días haciendo que la sed me consuma, que la garganta se me seque, que me arda, que mis ojos vean en escalas de rojo, tres días llevo dominándola, tres días refrenándola y diciéndole que ese no es el momento, que debe esperar. Pues bien, ya no quiere esperar más, solo quiere que la sacien, solo quiere que la colmen, solo quiere que la satisfagan.

Sus miras puestas en un único individuo, que descansa plácidamente en la cama. Como una negra aparición me incorporo, una serpiente envenenada, mi piel se ha tornado más blanca durante estas noches, mi cabello, enredado y salvaje a causa de no poder cepillarlo cae sobre mis hombros como un manto que perfila la longitud de mis brazos, mis ojos, como dos pozos sin fondo brillan con un destello febril, mi lengua acaricia mis labios, mimándolos, relamiéndome a sabiendas de lo que está por venir.

Le hago un esto a mi salvador para que me espere fuera, ya hay tiempo para agradecimientos más tarde y no tiene porque ver lo que va a suceder a continuación, pero tampoco voy a refrenarme si se queda.

Mis pies han comenzado a moverse, sin hacer ruido, hundiéndose en la gruesa alfombra que cubre la madera del suelo, solo se detienen cuando mis rodillas rozan el lecho donde duerme Vitola. Su faz es casi risueña, contemplándole mientras descansa a la luz de las lunas, pocas personas pueden imaginar que bajo esos rasgos armoniosos pueda esconderse un hombre tan ruin.

Si embargo, ha llegado la hora de que pague por sus errores. No habrá una siguiente esposa a la que maltratar, ni engañará a nadie más con sus buenos modales y su aire de gloria.

Mi mano ha ascendido por la silla donde reposan sus pertenencias buscando una cosa, un pequeño instrumento metálico, una daga que Vitola lleva consigo a todas partes, su sueño es profundo, pero puede despertarse en cualquier momento y el filo de mis colmillos pueden no ser suficientes para detenerle hasta que me haya alimentado.

Con sumo cuidado, subo a la cama, moviéndome despacio, suavemente para llegar hasta él, la bestia ruge, sabe que se acerca el momento y está ansiosa, exige lo que es suyo, pide lo que necesita y yo, no soy nadie para desobedecerla. Mi rostro se inclina sobre el de él, aspirando su aroma, una roma que o voy a olvidar jamás, desciendo por su mandíbula hasta encontrar su arteria principal, donde sin miramientos ni delicadeza clavo mis incisivos con violencia para crear un desgarro importante.

Casi suelto la daga al sentir el sabor de su sangre en la garganta, sin embargo, soy capaz de levantar el brazo hasta colocar el arma al otro lado de su cuello, preparada por si es necesario, mientras succiono, mientras le arrebato lo más sagrado que tiene, la vida. Pues no pienso detenerme, no puedo detenerme, no quiero detenerme hasta que toda su esencia quede atrapada dentro de mí a través de su vitae.
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Justin Scurvy

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MensajeTema: Re: Conquests   Sáb Mayo 22, 2010 11:35 pm

La vampiresa silenciosa y sigilosa entiende que n o debe hacer mucho ruido, sin embargo una especie de aurea irreal la envuelve como si el instinto de cacería le diera una segunda fuerte, su cuerpo cambiaba de manera perceptible, de un gesto le pide que se retire,. Obviamente se va a vengar... aunque no entiende porque no quiere que se el vea, aunque posiblemente tenga que ver con sus reciente metamorfosis, el lord oscuro se sale pero ve el espectáculo por la rendecilla de la puerta..

Como si sus pies no tocaran el suelo la vampiresa procese al beso negro el general apenas reacciona cuando la vampiresa lo chupó literalmente luego de vaciarle toda la sangre... su cuerpo se enfrío.. había sido una muerte casi limpia. El lord Oscuro espero a que la joven de Rais terminara cuando regreso al corredor el lord oscuro fingió no haber visto nada, solo asintió silencioso para que ella lo siguiera, ella por su parte seguia actuando natural tan como si nada hubiese pasado, salvo esa satisfacción en su mirada

Caminaron al lado contrario del corredor, ya que no podian bajar y salir por la puerta principal ya que habai soldados custodiando, viendo si había un acceso a la azotea o algún ático al final del corredor había una puerta pero estaba atrancada, con sus poderosas manso forzo el picaporte..

Justin: Vamonos, si nos ven estamos muertos.....

Bajaron por unas escaleras accesorias que dabana a un callejón y de ahí huyeron del pueblo rumbo a la sierra, Justin no dijo nada en todo el trayecto solo volteaba para todos lados, cuidando que nadie lso siguiera, auqnue por supuesto a veces n opodia evitar acariciarla con la mirada disimuladamente, hasta que encontraron un lago como ya estaba lo suficientemente lejos, el lord oscuro pensó que seria un buen lugar para tomar un leve descanso

Aquella noche la luna brillaba en plata sobre la superficie del agua. El lord oscuro se sentó en la orilla, y avento una piedra... al lago viendo como hacia ondas al caer...

Justin: Lamento haberme ido, una señora me ofreció un remedio si la acompañaba a su casa, aunque l oque buscaba era otra cosa, cuando regrese a la taberna, unos lugareños me dijeron que te habías ido con el general Vitola y como se las gastaba el con sus mujeres.. decidí seguirlos suponiendo que estarías en problemas...

Hace una pausa aventando otra piedra al lago

Justin: Mas vale que huyamos de aqui, en cuanto hallen al general muerto, te perseguiran como la peste al pescado, yo voy hacia un puerto, me dirijo a ponerme bajos las ordenes de un capitán y que típicamente como todo capitán busca un tesoro... ¿que hay de ti? ¿Que harás ahora..?
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