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 Pesadillas en Fremburgo.

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Edriss

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MensajeTema: Pesadillas en Fremburgo.   Dom Mar 21, 2010 8:38 am

El rojizo atardecer estaba ya llegando a su fin, para dar paso a la blanca luna Deoír dominando sobre su hermana verde Phobos; algo que aseguraba el poco movimiento de las cosas durante aquella noche, pero una brisa caliente no era precisamente un buen presagio traído por la luna, al parecer Phobos quería hacer de las suyas antes de tiempo.

Un buque mercante había llegado hace unas cuantas horas con un cargamento de gente dispuesta a quedarse ya sea en Arkadia o Quatheos por diversos motivos. Un grupo de jóvenes aventureros al igual que experimentados mercenarios viajaban en aquel buque, algunos compraron su pasaje, otros se infiltraron como polizones. Solo humanos y criaturas del bien llegarían a Arkadia, el que seres de la noche se infiltraran en esa fortaleza militar era algo impensable debido a la gran experiencia de los guardias para detectarlos; todo ser de la noche y del mal que haya viajado en aquel buque, tarde o temprano sería enviado por la razón o la fuerza a la ciudad de rebeldes conocida como Quatheos.

Las cosas estaban divididas en las dos ciudades y dos cabecillas estaban dispuestos a juntar el bien y el mal de aquellas dos ciudades para la misión que un líder había dispuesto para las noches venideras conocido como Strider.

En Arkadia el lugar dispuesto para la reunión de mercenarios con el primer cabecilla era el cuartel general de la milicia. Varios pergaminos habían sido colgados al rededor de la ciudad, incluso habían sido repartido entre los marineros del buque mercante, antes de partir de Argos Nova para ser repartidos entre los tripulantes. Los guardias de la ciudad de Arkadia por su parte comenzaban a gritar a viva voz a los que venían recién llegando que las criaturas de la noche dispuestas a participar de la misión podían dirigirse ahora mismo a Quatheos, ya que a pesar de ser una misión importante no había cabida para ellos en la ciudad. La razón de esto era principalmente porque la ciudad ya había recibido cientos de ataques por parte de las criaturas que reinaban Argos Nova, no podían arriesgarse a dejar entrar a sus similares. Vampiros, Licántropos y Lords oscuros podían ir al lugar dispuesto en Quatheos. Humanos, elfos, felinos e icarios podían buscar refugio y cupos para la misión en Arkadia.

El cuartel general tenía solo la puerta sur abierta, la mas cercana a la puerta principal de la ciudad, la única accesible a esas horas de la noche y la mas protegida por los guardias. Un grupo de elite estaba apostado tanto en la puerta principal como en la puerta del cuartel, para detectar a aquellos seres de la noche que con testarudez deseaban infiltrarse donde no les correspondía. Mientras que en el patio principal del cuartel, donde generalmente se celebraban las ceremonias importantes frente a la tribuna, se encontraba el cabecilla de aquel grupo. Un hombre temible nacido en una de las casas de Arkadia, destacado por ser un gran luchador desde pequeño y por estar desde ese mismo periodo en la milicia de la ciudad, también por haber participado al mando de muchas expediciones como la que iba a tomar lugar dentro de poco. En resumen, Ryger, era el hombre perfecto para ser cabecilla del grupo que saldría de esa ciudad y se encontraba esperando al grupo de mercenarios que llegaría aquella noche desde el buque mercante.

Ryger:

Spoiler:
 

El cuartel general se encontraba protegido por cuatro grandes torres a cada punta de la edificación, mas paredes que las unían, claramente fortificadas con acero y piedra. Dentro, habían varios edificios distribuidos en diferentes zonas, las cuadras de los soldados en la zona este, los gimnasios y pequeños campos a la zona oeste, las oficinas de los altos mandos en la zona norte; y la tribuna junto con los comedores hacía la zona sur. Frente a la tribuna estaba el patio principal, conformado por dos calles pequeñas y una principal que se encontraba en el medio. La puerta sur estaba cerrada de momento, pero con cinco guardias apostados esperando a la espera de los mercenarios, mas el grupo de elite escondidos perfectamente para reconocer a los infiltrados.

En Quatheos, la ciudad de los rebeldes, no había ningún impedimento para cualquiera que quisiese entrar, debido a que los que viven ahí son principalmente rebeldes o mercenarios que han sido desterrados de Arkadia por diversos motivos.

El lugar de reunión para los mercenarios que fueron mandados a esta ciudad había sido elegido en el centro de peleas de la ciudad. Precisamente ubicado al centro de esta. El centro de peleas consistía en una gran casa que contaba con un gran techo, extrañamente es la edificación mejor construida de la ciudad, siempre llena de mercenarios y demás gente de esa índole, cuenta con muy pocas ventanas a poca altura del suelo y que abarcan un gran espacio, principalmente para que los espectadores pudiesen ver las peleas desde un lugar casi seguro. Aquella noche en especial habían soldados del ejército de Arkadia apostados a los alrededores para brindar seguridad por motivos de la misión. Dentro también habían guardias, pero solo alrededor del cabecilla de la misión; un gran lord oscuro, de tal vez exagerada complexión y músculos algo mas que marcados. Hasta los mismos guardias que estaban a su lado dudaban si su trabajo era necesario con un cuerpo como el que tenía, su pensamiento mas lógico era que ellos mismos necesitaban protección con un jefe como él, pues digamos que no era precisamente alguien que tuviese muchos amigos o más aún que respetara a la gente que estaba a su alrededor. Era cosa de estar incluso fuera del edificio para saber que ya estaba de mal humor. Así era conocido el poderoso lord oscuro llamado Xyger.

Xyger:

Spoiler:
 

Volviendo a la puerta principal de Quatheos, ahí también había gente de la milicia esperando por los nuevos mercenarios, gritando a viva voz para que los interesados en la misión que iban llegando se reunieran junto a ellos, para ser escoltados hacía el centro de pelea, donde Xyger tenía planeado una pequeña sorpresa para saber si estos nuevos mercenarios eran realmente merecedores y aptos para llevar acabo tal misión.

Las cosas ya habían comenzado a moverse, Strider por su parte era el único hombre que esperaba quieto pero impaciente el momento en que los cabecillas seleccionados para guiar los grupos, llegarán ante el para rendirle cuentas antes de poder dar comienzo con la misión. Más sin embargo, los terrenos inhóspitos de Argos Nova, junto a sus criaturas no estaban precisamente a favor de aquella calma y ya faltaba poco para que las cosas comenzarán a moverse mas rápido de lo que ya estaban.
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Serenna

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MensajeTema: Re: Pesadillas en Fremburgo.   Lun Mar 22, 2010 8:08 pm

Llevaba tanto tiempo sin un hogar fijo, una comida caliente y un lugar donde poder echarme sin que ningún imbécil me tomase por vagabundo y me empezase a apalear, que ya me había dado por vencido. Cuando iba en busca de algún trabajo o misión siempre me ponían la excusa de que estaba ciego y que no era muy recomendable, por lo que me cerraban las puertas.

En ningún momento me rendí pero sabía que si esto seguía así tendría que tomar medidas extraordinarias. Al menos ya había conseguido un pequeño trabajo, no era muy bien visto pero algo era algo, mi trabajo consistía en darle una paliza a un marido infiel a su esposa. Conseguiría el suficiente dinero como para poder viajar a otra ciudad con algunas provisiones.

Pero hubo un detalle que no me dijo la esposa ofendida en la taberna y era que su ex-esposo era un noble muy importante y que tenía como 5 guardias a su alrededor. Al principio creí que sería coser y cantar, pero cual fue mi sorpresa al llegar al muelle donde el marido infiel se encontraba con sus guardias en una taberna.

Como estaban en una taberna pensé que serían otra gente y que no tenían nada que ver con mi objetivo, así que entré desprevenido en ella. Había mucha gente a mi alrededor, todos brindando con su jarras y gritando hasta no mas poder, pero concentraba todo el eco en el marido, así podía ver mas detalles de su persona.

Mi bastón se abría paso entre los ebrios que soltaban carcajadas al verme, pero seguía con mi atención en el marido. Los guardias ni si quiera se giraron para ver si era peligroso ya que,¿Qué iba a hacer un pobre ciego con una extraña capa a su líder?. De repente a pocos centímetros de distancia me tiré contra el marido, provocando que su copa se calle se encima suya.

-¿Qué estas haciendo?-preguntó furioso el tipo mientras se giraba para verme y se intentaba secar su ropa.

-Perdóneme mi señor, si me permite le limpiare su traje.-dije mientras no podía parar de reírme en mi interior.

Ahí fue cuando cometí un error fatal, cuando se agachó para limpiarse le dí con el borde del bastón en la nuca, dejándolo tirado contra el suelo. Le dí unas pocas patadas antes de que pidiese auxilio y sus guardias se levantasen con sus armas desenvainadas, con mi bastón paré todos los golpes pero tenía que huir ya que se estaban ya empezando a cabrear y a rodearme.

Salí corriendo de la taberna con los guardias pegados a mí, como era de noche ya no podía volar solo podía correr y eso no se me daba bien por el gran peso de mis alas. Nada mas salir corrí guiándome por los ecos de mis pisadas y por los sonidos de mi boca, pero el eco no era muy fuerte por lo que solo podía imaginarme pocas cosas.

Tuve suerte de que me escondiese detrás de unas cajas llenas de suministros mercantes, me encontraba delante del muelle, se podía escuchar el golpear del agua en el casco de los barcos. Los guardias pasaron delante mía murmurando cosas de lo que me iban a hacer si me pillaban.

Me quedé varios minutos escondido entre las cajas, si hubiese querido podría haber matado a esos guardias pero si lo hacía sería la persona mas perseguida de esta ciudad y ya no me dejarían en paz. Debía de huir por un tiempo de esa ciudad, así que decidí alejarme por la vía mas rápida, uno de los barcos que habían atracados en el muelle.

Debía de esconderme en uno que fuese muy grande para que no me pillasen, muchos estaban protegidos por algunos marineros que formaban parte de una tripulación, todos menos uno. No sabía si es que estaban en el cambio de guardia, pero debía de aprovecharme de aquella situación.

Corrí todo lo que pude y me colé por la rampa de entrada en el barco, allí intenté situarme. Utilicé en ese momento el hechizo de Aguacero para crear todo el eco posible y así guiarme, a los pocos minutos empezó a llover. Con la mano y el bastón empecé a moverme por todo el barco, era bastante grande y por ahora no había nadie dentro, no se como pero bajando unas escaleras me encontré en lo que era la sala donde guardaban todo.

Gracias al eco encontré un sitio perfecto entre unas cajas, me senté entre ellas y moví algunas para que me tapasen del todo y con la capa me tapé todo el cuerpo. Pasé largo tiempo en ese barco, alimentándome de las migajas que caían de las bocas de las ratas, en esos momentos en lo que mi vida dependía de mi sigilo, intentaba no alimentarme para así no llamar la atención.

Por las mañanas me dedicaba a imaginar a los lugares que iba a visitar este barco, pero no me podía arriesgar así que iba a bajar en el siguiente puerto. No hubo muchas complicaciones durante el viaje, pero los marineros parecían muy nerviosos, no paraban de hablar sobre algunos pasajeros.

Al fin paró el barco y poco a poco los tripulantes o se marcharon o buscaban cosas en la bodega en la cual yo estaba. Tuve suerte de salir antes de que entrase alguno, con la capa puesta salí afuera, intentado pasar por los pasillos menos transitados.

Nada mas salir el que parecía el capitán empezó a gritar:

-¡Bienvenidos a Arkadia ratas de cloaca!En esta parada que bajen aquellos que buscan el trabajo que ofreció el capitán de la milicia, se encuentra en aquel cuartel. Las criaturas de la noche-empezó a golpear el suelo-no bajéis aquí, ya que no duraríais tres segundos.

Ya tenía trabajo en esa ciudad, salí corriendo del barco y me dirigí por la pasarela a la ciudad portuaria, donde la gente no paraba de comentar sobre aquello. Había el suficiente eco, como para guiarme por las primeras calles y preguntar donde mas o menos se encontraba, así que no tarde tiempo en situarme en una de las puertas.

Los guardias al verme dirigirme hacía ellos ya se temían lo que les iba a decir, por lo que nada mas estar enfrente suya me dijeron:

-Aquí no hay sitio para ciegos mendigos-dijo con tono de superioridad.

-Puede que sea ciego, pero no soy un mendigo y para tu información vengo a por el trabajo y me da igual lo que me digas, ya que voy a entrar te guste o no.-dije correspondiéndole a su tono de voz.

Entonces con una sonrisa en la boca me dirigí hacía la ciudadela para encontrarme con el jefe.
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Luthien Tiiwele

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MensajeTema: Re: Pesadillas en Fremburgo.   Jue Mar 25, 2010 6:06 am

La felina se encontraba recostada contra las barandas en la proa de aquel buque, suspiraba mientras su plateado cabello bailaba con la cálida brisa… pensaba en tanto que había vivido, siendo aun tan poca su edad, en todo lo que había recorrido y conocido en su gran búsqueda que aun no daba frutos. Pero no se daría por vencida aun, podría jurar que ese hombre que amo y aun ama sigue con vida en algún rincón de este inmenso mundo… y ella buscaría hasta en el mas recóndito de estos.
**********************
Llevaba unos diez días sin estacionarse en ningún poblado o aldea, simplemente ninguna le llamaba la atención, o eran tan pequeñas que luego de dos o tres calles entendía que allí no encontraría lo que tanto deseaba, asi que mejor las pasaba de largo, no sin antes asegurarse algunas provisiones para el camino.
No sabia cuantas había recorrido, hasta que ya no hubo mas, sin darse cuenta como, resulto en un bosque bastante espeso, demasiado para su gusto, aunque le encantaban los bosques, en especial aquellas pequeñas y extrañas, según ella, criaturas que se encontraba, siempre una diferente que podía pasarse viendo y casi que analizando curiosamente toda una tarde.
Sin embargo siempre se iba con cuidado y alerta a todo, por miedo a encontrarse algún licántropo o algo parecido. Y había contado con suerte, mucha suerte en verdad, ya que esto no había llegado a suceder, de estos temidos seres solo volvía a escuchar de boca de algún aldeano gentil que le hubiera acogido algún dia o noche.
Prácticamente desde la fatal desgracia en su aldea natal, en que se puede decir que perdió todo; su madre murió, su padre la repudio y el humano que reina en su corazón desapareció, desde eso no había tenido ningún otro encuentro con tales criaturas.
Pero esta ves no seria asi, luego de tanto tiempo su instinto y el destino le jugarían una muy mala pasada. Empezó a adentrarse entonces en el bosque, ya que no veía mucho mas que este a su alrededor, en verdad parecía bastante grande, y sintió curiosidad por lo que hubiera al final, si es que tenia algún final… El caso es que mientras observaba con sus vivaces ojos todo su alrededor se encontró con un nuevo ‘’descubrimiento’’, aquel animalito se veía tan apacible y sus colores tan atrayentes que la chica de grandes orejas no dudo en acercarse y mas aun tratar de tocarlo. Pero a la pequeña criatura no le debió parecer muy bien esto y aligero sus cuatro patas corriendo velozmente hacia unos arbustos, a Tiiwele le apesadumbro un poco esto, pero rápidamente y con expresión divertida en su rostro tomo velocidad y le siguió, siendo casi igual de rápida, se metió entre los arbustos y lo vio, solo para que de nuevo el bicho en cuestión saliera a toda prisa, y ella le siguiera. Mas parecía una cacería pero era claro que la felina no pretendía hacerle daño alguno, solamente quería ‘’conocerle’’.
Asi recorrió sin notarlo un gran tramo del bosque, sin lograr atraparle, pero estaba decidida a hacerlo, y tan concentrada estaba en esto que no noto lo que tenia delante de sus narices, un salto mas y ya no vio a la criatura, en su lugar había algo muchísimo mas preocupante; cuatro licántropos, se encontraban en su forma lupina, y al parecer estaban en la hora del almuerzo, y para agravar el asunto tuvo la mala fortuna de que al ir tan corriendo tal velozmente termino frenando con el costado de uno de ellos.
El lobo gruño molesto y Tiiwele se sintió paralizada por un segundo para reaccionar luego con un gran salto hacia atrás, -Y-yo…lo-lo siento- dijo con voz temblorosa, aunque en realidad no pensó que les importara mucho su disculpa, entre tanto ellos se el acercaban dejando atrás su presa fijando su mirada voraz en la pálida felina. Sintiéndose tan asustada y torpe se dio cuenta que lo mejor era echar a correr , y eso hicieron ella y los lobos detrás de ella. En la carrera trato de subir a un árbol pero era tanto el miedo y la conmoción que sentía que no trepo bien y en cambio rasgo su ropa y su brazo en una aparatosa caída. Aun asi siendo su raza tan agil, y al parecer mas en tal estado, cuando al parecer ya estaba en las mandíbulas de los lupinos animales lograba esquivarlos y alejarse mas de alguna u otra forma, y asi tal vez recorrió el resto del bosque que le faltaba aun, y como si fuera su ultima oportunidad este a la final no resulto tan extenso como parecía, de repente sus ojos casi desorbitados ya vieron lo que parecían cabañas a algunos metros de ella, aun asi los hambrientos lobos seguían aun a su ‘’postre’’, Tiiwele corrió con mas ímpetu esperanzada hasta que tropezó rodando hacia un campo de trigo donde se quedo agazapada y estatica, mas por los golpes y el dolor que por los que la seguían que por lo visto pensaban llegar hasta halla para devolverla con ellos, pero en eso se sintió el grito de un hombre, al que se unieron muchas mas voces que parecían enardecidas, la peli plateada alzo un poco la cabeza entonces y vio como rápidamente se agrupaban un montón de hombres con hachas y palas en mano para alejar a los licanos, que viendo que por mas feroces que fueran el numero de aldeanos les superaba con creces, mejor se resignaron a pasar de su victima y volver al bosque. Por su parte Tiiwele espero que se calmara todo y se despejara el lugar, por si las dudas, no fuera a ser que saliera mas mal librada, porque aunque le hubieran salvado la vida, sin saberlo, se oían bastante atemorizantes. En todo esto noto que la noche ya casi caía, se levanto cansada y adolorida, caminaba atolondradamente, y asi con pasos frágiles atravesó sigilosamente por el lugar, pasando el cultivo, luego una serie de chozas y cabañas iluminadas, ya no había mucha gente fuera de ellas, luego fue cambiando el panorama y había casas mas elaboradas, y mas gente también asi que ladeo un poco estas, asi camino sin saber muy bien que era lo que hacia o debía hacer entonces, pensó que era mas tonto evitar la gente, debia buscar ayuda mejor, y noto además que su bolsa de dinero ya no estaba con ella, seguramente la perdió en el bosque. La herida de su brazo, pasada a segundo plano ahora estaba cubierta con un trozo de su misma ropa para no lastimarse mas aun, y en eso vio lo que parecía una posada, y se acerco pero no pudo ni hablar antes de que la espantaran tratándola como una mendiga, lo que paso en tres casas mas, no era la primera ves que se encontraba con gente asi, pero en su estado le molesto mucho mas esta ves y decidió que no necesitaba de gente tan grosera para reponerse, mejor continuo su camino, hasta que llego a un puerto, en verdad no era que gustara mucho del mar y hiba a dar vuelta cuando escucho de una supuesta misión, en tierras que jamás había oído nombrar, seguramente estaban mas halla del ‘’gigante azul’’ como le decía ella al mar,y se dirigió a los dos hombres que hablaban de esto, -Disculpen, podrían decirme por favor que es esa misión de la que hablan?- , les dijo con voz suave, - Para que quieres tu saber sobre eso?- contesto uno de ellos, -No es que sea para pequeñas debiluchas como tu jaja- añadió el otro en tono odioso, ella se molesto pero no dejo notar esto e insistió , -Bueno bueno , que terca, lo que pasa es que están buscando mercenarios para una misión en Argos Nova, un tal Strider, no se bien de que se trata pero algo fácil no es, te lo puedo asegurar, y de hecho, ese buque…- señalo el primer hombre mientras daba su respuesta,-esta a punto de partir hacia halla, y eso es todo lo que puedo decir-, entonces les dio las gracias y se dirigió hacia el buque, donde pregunto a un guardia de este, si era posible que ella viajara allí, el tipo la miro desconcertado por un momento pero claro no podía decir nada en contra, así que le indico donde podía conseguir su pasaje y abordar, de nuevo Tiiwele agradeció, y fue por el pasaje, dándose cuenta de que no tenía con que comprarlo ideo rápidamente algo en su mente, se dirigió al que parecía ser el capitán , que se encontraba al pie de las escaleras del buque dando una revisada a los guardias, como estaba en verdad tan cansada y lastimada no le fue difícil exagerar un poco más, y con voz lastimera le narro una historia verdaderamente conmovedora: sus padres se encontraban en aquella lejana tierra, su madre muy enferma estaba tal vez a punto de fallecer, y ella como podía ver estaba muy mal también, resulta que en una guerra de familias sin sentido ella había sido raptada, y llevada tan lejos, no se podía imaginar el todo lo que había tenido que hacer para llegar hasta allí, sabiendo que podía ser su única oportunidad de reencontrarse con sus amados padres, pero como la mala fortuna la perseguía incluso había perdido todo su dinero, lo cual era lo único verdadero, el caso es que le puso tanto drama a la cosa que le hombre se sintió hasta culpable también, sabrá Dios porque, y no dudo en dejarle abordar y mandar a llamar además que la atendieran y curaran, y luego le dieran abundante comida.
Así subió triunfante al buque que en una media hora ya estaba zarpando, y la razón de todo esto… había buscado por lugares que ni se imaginaba que existieran , sin resultado alguno, y entonces por qué no podía estar aquel humano tal vez luego del gran mar? Perdido en alguna isla… tal vez pensando en ella también, o eso era lo que quería creer, además no tenía dinero alguno y en las misiones siempre pagan.
Así que hay estaba ahora, suspirando al cielo, con el estomago satisfecho y las curaciones necesarias, imaginando como seria ese lugar, pero tuvo la idea de bajar la mirada y el resultado fue que se mareo, a lo cual fue directo a su cuarto y se recostó quedando profundamente dormida a los pocos minutos. Le despertó una fuerte voz que venía de afuera indicando que habían llegado a su destino, y salió rápidamente con la mirada curiosa y atenta, luego hubo más indicaciones, y según entendió debía bajar hay mismo, en esa ciudad llamada Arkadia, y agradeció escuchar que si había licántropos o otras criaturas de la noche en ese buque serian enviados a otra ciudad, así se dirigió de nuevo a las escaleras no sin antes buscar al capitán y agradecerle varias veces el grandísimo favor que le había hecho.
Al bajar oyó unas palabras de ese mismo capitán, y no le parecieron muy amables, luego de cómo se había comportado con ella, pero no le dio importancia a esto y empezó a caminar hacia las calles de la ciudad, un guardia se atravesó en su camino y le dio un volante, que tenía información sobre la misión, no sin antes mirarla un poco extrañado como lo haría el capitán y los hombres del puerto. Paso la puerta de la ciudad, y preguntando encontró ahora la puerta del cuartel general que según decía el volante era el lugar de reunión para quienes habían ido por el trabajo, observo mientras entraba dos grandes torres que se alzaban a los lados del lugar, por un momento le pareció que se le venían encima pero desvió su atención a los guardias de la entrada preguntados si también tendrían que mirarla de manera tan rara, y luego se distrajo de nuevo a otro hombre que parecía algo extraño, con una gran capa, demasiado grande pensó , y el corto cruce de palabras que hizo con un guardia, el hombre entro y ella se acerco a el mismo guardia, -También vengo por esa misión, si fuera tan amable de indicarme a donde me dirijo ahora- , le dijo con una suave sonrisa en su boca sintiendo de nuevo esa mirada extrañada sobre ella, -En serio alguien como tu pretende este trabajo?...Vaya, pues bueno a ver que puedes hacer- le dijo un poco divertido para seguidamente señalarle el patio principal del cuartel, donde dijo, se encontraba el cabecilla, sin olvidar agradecer, Tiiwele avanzo hacia el lugar….
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Zen Suan

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MensajeTema: Re: Pesadillas en Fremburgo.   Sáb Mar 27, 2010 5:35 pm

Visto que ya han pasado dos dias desde el último post, me toca.
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La calida brisa marina hacia ondear mi pelo en la dirección del viento. Aunque era agradable sentir esa sensación, los experimentados marineros no auguraban nada bueno. Aunque la luna blanca estuviera firme en el firmamento, realzando su dominio sobre su hermana, el clima predecía todo lo contrario. Los marineros susurraban historias de demonios más corrompidos y poderosos que cualquier otro e intentaban asustar a los viajeros con sus historias de monstruos marinos y demás fantasías. Sus historias en realidad no eran más que el eco de sus miedos internos. No eran marineros cualesquiera, todo al contrario. Eran guerreros de mar dispuestos a dar hasta su última gota de sangre por su capitán y su barco. Además, todos parecían ser fornidos y de tosco carácter, erosionados por las cientos de tormentas vividas. Pero había algo en esa isla que los ponía nerviosos. Y yo sabía perfectamente lo que sentían… miedo. Su miedo era tan profundo que ni ellos mismos se daban cuenta, pero la oscuridad en sus corazones era tan real como la sangre que bombeaba. Mi reacción a la isla era totalmente diferente. Desde que había sabido de su existencia, no había podido dormir tranquilo. Su mera aparición en una conversación me hacia temblar. Mi maldad estaba aflorando, y a cada milla que recorríamos por mar, su presencia se hacía más y más grande. Era una carga pesada y ardua, y no la habría podido soportar si no fuera por la presencia de mi compañera. Ella era la única razón por la que no me había abandonado a mi completa corrupción. Su simple presencia era suficiente para calmar mis temores, y su conversación me hacía revivir. Como siempre, ella no era consciente de lo que comportaba su presencia, y siempre estaba enfadada conmigo por algo que hacía, pero eso sólo la hacía más entrañable. Los dos habíamos cambiado irremediablemente desde que nos conocimos, y nuestros destinos estaban ya inseparablemente juntos. ¿Era amor lo que sentía? No me daba vergüenza reconocerlo, pero no estaba seguro del todo de que fuera sólo eso. En todo caso, ella era tan hermética cómo yo le debía parecer a ella. Sus sentimientos eran difíciles de entrever. Al contrario que yo, ella dejaba rienda suelta a su condición de Lady oscura, y por esa razón, su carga de maldad era menor que la mía. Había decidido dar rienda suelta a su maldad, y por esa misma razón la dominaba perfectamente. En mi caso, el mal me había sido impuesto y por esa razón su peso era mayor. Era difícil controlar un poder el cual me había sido forzado a poseer. En ese sentido admiraba a Belkala. Su fuerza indómita y su volátil carácter hacían de ella una mujer formidable. Además, a mi parecer, era bella como pocas mujeres lo son. Su rojiza melena despertaba pasiones allí dónde iba, y yo no era una excepción, por mucho que ella dijera que era un afeminado y que me gustaban los hombres. Nuestros problemas de comunicación continuaban tan latentes como de costumbre, pero al fin y al cabo, ninguno de los dos había cambiado lo suficiente como para abrirse completamente al otro. Era algo que los dos asumíamos y guardábamos como una característica de nuestra estrambótica y exótica relación.

Me encontraba absorto en mis pensamientos, junto a la barandilla del pequeño pero resistente navío, mientras esté surcaba los olas con fiereza, y se alzaba ante estas con orgullo y porte guerrero. Los delfines, que días atrás seguían la embarcación durante largas horas, jugueteando con la proa, habían desaparecido. Las aguas azul marino que tanto me hipnotizaban habían dejado paso a unas aguas negras y tempestuosas, que amenazaban con hundir a cualquier tripulación inexperta. Por suerte para nosotros, los marineros del barco sabían perfectamente lo que hacían en cada momento, y eran auténticos veteranos en su trabajo. Mientras hacían sus labores, me dedicaba a contemplarlos y ayudaba en lo que buenamente podía. Mi gran envergadura había sido comentario de varios marineros, por lo que en un principio había sido evitado por la tripulación. Pero tras ofrecerme voluntario para ayudar en el trayecto, su perspectiva respecto a mí, cambió por completo. Me invitaban con ellos a sus fiestas particulares de ron y cerveza (aunque yo no era muy dado a la bebida), e incluso me ofrecieron una grata y complaciente compañía (cosa que tuve que rechazar inmediatamente, en primer lugar por el orgullo de las mujeres, a las que respetaba firmemente y segundo por la mirada furibunda que Belkala me lanzó en ese momento).

Una de mis lanzas más ligeras se encontraba recostada sobre mis piernas, las cuales estaban cruzadas. Su punta estaba siendo afilada con una gran piedra para tal trabajo, y el resultado no podía ser mejor. Hacer cosas era la mejor manera de no pensar en mi carga cuando no estaba con Belkala. Y afilar mis lanzas era una cosa útil, a la cual no estaba acostumbrado, que además ayudaba a distraerme. Los gritos del capitán se oían por toda la cubierta, y los marineros corrían de aquí para allá para satisfacer lo más rápidamente posible sus órdenes. Había de todas las razas: felinus, un icario, así como también un corpulento orco y humanos. Era increíble ver como se compenetraban los unos con los otros cuando la vida de todos estaba en juego y el trabajo en equipo era la única forma de avanzar. Un pequeño corte en el dedo me hizo ver que la lanza ya estaba suficientemente afilada. Me llevé la mano a los labios y empecé a chupar la sangre. Pensé fugazmente en los comentarios que Belkala podría haber sacado de este pequeño incidente: “eres un inútil””Eres más tonto que un orco””Mira que lord oscuro más desastroso” o cualquier variedad. Pero la verdad es que Belkala no estaba para muchos comentarios desde hacía unas horas. Se había empezado a marear muchos días antes, pero su tozudez y orgullo la habían llevado a aguantar dos infernales días más de pié. Ahora estaba reposando en nuestro camarote, junto a una toalla humedecida y una palangana para los vómitos. Me había echado a zarpazos de la habitación, pues según ella mi presencia le incordiaba y la ponía nerviosa. Sabía que no le gustaba que la viera tan desvalida y por eso había accedido a dejarla tranquila…. de momento.

De repente, un marinero gritó para que todo el mundo lo oyera.
- Tierra a la vista chicos! Tierra a la vista!

Todo el mundo se giró para contemplar lo que parecían unos acantilados. Gracias a la pericia del capitán y la luz de la luna, no habíamos acabado chocando contra estos, pues era de noche, y distinguir la tierra del mar en tan espesa oscuridad no era tarea fácil.

Ilusionado y ofuscado simultáneamente por lo que nos esperaba, bajé a nuestro camarote para informar a Belkala de las nuevas noticias. Está me recibió con su habitual hospitalidad.

- ¡Maldita sea Zen! Te he dicho que me dejaras en paz. ¡Además estoy medio desnuda y quiero intimidad! ¡Lárgate de aquí!- dijo enfadada.

Me limité a girarme para no ver sus voluptuosas e sinuosas formas femeninas, tal como me había pedido y la hable de espaldas

- Ya estamos en tierra…

No pude ver su rostro, pero sabía que ahora estaba más enfadada aun

- ¿Y por qué no me lo has dicho antes zoquete?!

No contesté, era mejor no hacerlo. Oí ruido de ropa al frotar con la piel y entonces supe que podía girarme. A la luz de la vela, el tono rosado de su piel era aun más atrayente. Su melena descansaba sobre sus hombros desnudos y sus ojos esmeraldas me contemplaban con una pasión poco convencional. Le sostuve la mirada sin parpadear mientras se colocaba la armadura. El tintineo de esta rompió el hechizo que mantenía conectados nuestros ojos y cada uno miró para el otro lado. Tras unos segundos, Belkala confesó lo que me temía.

- ¿Me ayudas o no? No puedo ponerme la armadura esta yo sola.- dijo contrariada

Asentí y me acerqué a ella con cautela. Si tocaba dónde no debía recibiría una buena coz, y si ella pensaba que no la miraba con suficiente interés, también recibiría. Era mejor tensar el cuerpo y prepararlo para un buen golpe.

- ¿Cómo te encuentras?- pregunté con verdadero interés.

Ella ni se dignó a contestarme. Entonces callé, ya estaba demasiado enfadada conmigo por algo que no alcanzaba a comprender. A pesar de que tambaleaba aun por el mareo y las nauseas, no intenté ayudarla para subir las escaleras que llevaban a cubierta, sabía de sobras la respuesta. Al llegar a cubierta, la brisa nos reanimó del enclaustramiento y nos dio nuevo oxígeno para respirar. A lo lejos se empezaban a distinguir pequeñas y grandes luces que corroboraban los comentarios de los marineros: habíamos llegado a Argos Nova, el continente demoníaco.

Al pasar los minutos llegamos a lo que parecían dos puertos. Fue entonces cuando, Thor, uno de los marineros más corpulentos de la tripulación se acercó hasta mí.

- Aquí nos separamos amigo. Los de vuestra especie van a otro puerto distinto- se encogió de hombros- son las normas. Cuando lleguéis allí dirigíos directamente a un edificio enorme que está en el centro de la ciudad. Tened cuidado. Aunque parecéis los dos muy fuertes- dijo a sabiendas del carácter de Belkala y su indignación si se la dejaba fuera de una conversación- estos tipos no son normales… escucha… ¿estás seguro de que quieres ir allí? Aun podéis volver. Nosotros zarpamos mañana de regreso. Únete a nosotros y vuelve sano y salvo.

Intenté agradecerle su amabilidad, pero mis gestos eran siempre demasiado fríos. El destino me esperaba en esa isla. Hiciera lo que hiciera, debía enfrentarme a mis demonios personales, y no había otro sitio dónde poder hacerlo. Era mi obligación concluir con esto.

- Gracias por todo Thor.- dije como despedida y única respuesta. Concluimos nuestra conversación con un fuerte apretón de manos.

Desembarcamos sin ningún incidente en el puerto de Quatheos, y nos dirigimos hasta lo que, según las indicaciones de Thor, me pareció el edificio más grande de la ciudad. Por el camino pudimos contemplar la devastación que aquel país sufría constantemente. Casas medio derruidas, gente pidiendo limosna por las calles… la mayoría de los soldados eran cojos o les faltaba alguna parte del cuerpo.

Estábamos siendo escoltados por una milicia de soldados bien armados y alineados. La orden y la disciplina parecía fundamental en la ciudad y el ejército se tomaba muy en serio su tarea. Junto a nosotros dos, también había más gente interesada en la misión. Entre ellos, había una vampira hermosa que había estado viajando con nosotros durante esas semanas en el barco. No quise saludarla, pues de la misma forma que Belkala, las criaturas del mal siempre eran bastante toscas y antipáticas. Belkala me llamaba siempre ingenuo por querer ser amable con el bando oscuro de este mundo, pero yo no podía evitarlo. Esta vez, pero, conseguí hacerlo, y me guardé las formalidades para más tarde.
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Eingel

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MensajeTema: Re: Pesadillas en Fremburgo.   Dom Mar 28, 2010 2:20 am

¿Cuántos días habían pasado desde que había embarcado? Suponía que no mas de tres pero me parecía una semana entera, era la primera vez que viajaba por mar y en toda mi vida hubiese pensado que fuese a ser tan malo, desde el primer momento en el que casi me habían tenido que meter en el barco hasta posiblemente el desembarque, estaba siendo la peor experiencia por la que había pasado, pero vallamos por partes, ¿Qué hace un licántropo en el mar? Si conociesen mi pasado seria algo fácil de saber, pero de momento basta decir que simplemente busco a una persona y el sitio al que se dirige el barco es con toda posibilidad un lugar donde esa persona podría estar.
Nuevamente repaso la habitación medio ausente y pedido en mis cavilaciones, es una ojeada rápida ya que en ella no hay mucho que ver, una simple cama, un pequeño armario y una silla sobre la que se encuentran mis escasas pertenencias, son los ingredientes que componen tan espartano alojamiento, después de el rápido vistazo vuelvo a fijar ña vista en el entarimado de el suelo, de esta forma los bamboleos y las violentas sacudidas de el mar se notan menos, aun así no puedo quitarme la sensación de mareo de encima y mucho menos el temor que me inspira saber que debajo de mis pies se encuentra el mar.. El maldito mar, con toda su maldita y amenazadora agua, no puedo evitar que mi cuerpo de estremezca de pánico al recordar donde estoy o mejor dicho… encima de lo que estoy.
Para no pensar mas en ello me pongo a recordad como acabe aquí, yo y mi costumbre de escuchar conversaciones ajenas, por eso había acabado en este barco rumbo a algo que me aterraba mas que el propio mar, sin embargo no tenia elección, por lo que sabia varios mercenarios se estaban reuniendo en ese lugar y quizás allí la pudiese encontrar, una sonrisa asomo a mi rostro al pensar en como reaccionara ella, se enfadaría y seguro que me golpearía por esto, en la carta me había dicho claramente que no la buscase, y eso era lo que estaba haciendo, no la estaba buscando simplemente recorría el mundo, si casualmente me encontraba con ella no seria por que la buscase… aunque dudaba mucho que esa escusa le colase, al revés, de seguro haría que su enfado aumentase aun mas, pero valdría la pena si podía verla una vez mas y saber que por que se había ido.


Unos golpes en la puerta me sacaron de mi pensamientos, a duras penas me levante y me encamine hacia ella para abrirla, la estancia olía a rancia, desde que había embarcado prácticamente no había salido de ella, solo para lo estrictamente necesario y jamás había subido a la superficie, dudaba que pudiese aguantar la visión de el mar sin morirme de miedo, adelante la mano derecha y lentamente abría la puerta, que cedió con un quejido, ante mis ojos apareció uno de los marineros, el cocinero para ser mas exactos, un hombre entrado en años al que ya el pelo empezaba a abandonar, una barriga desproporcionado afloraba debajo de el pecho, lo mire mientras le sonreía, si no fuese por este hombre no hubiese comido nada desde que había embarcado, una sonrisa bondadosa asomo a su vez al rostro de el sujeto mientras estiraba los brazos y me pasaba una bandeja tapada en la que había comida, inspire profundamente y el aroma de carne poco echa inundo mis fosas nasales haciendo que por un segundo olvidase el salado olor de el mar.

- Mmmmm ¿Carne otra vez... no viejo?- Le dije mientras agarraba con ambas manos la bandeja y me encamina hacia la silla para comer tratar de comer algo, tras de mi escuche la puerta y los pasos de el cocinero que como siempre se había auto invitado a entrar.

-. Como siempre, un olfato excelente Eingel, cualquiera diría que tu padre es un sabueso jajajajajajaja - Escuche que decía mientras me sentaba y destapaba la bandeja, como había dicho una sugerente chuleta, medio cruda, hizo que mi estomago crujiese de hambre, sin mas dilación agarre los cubiertos que había en la bandeja y empecé a dar satisfacción a mi pobre estomago mientras el viejo continuaba hablando. -. ¡¡ despacio, despacio, que te vas a atragantar!! Oye muchacho - Su voz cambio radicalmente a un registro mas serio -. ¿has pensado lo que te dije? El lugar a donde vas no te conviene, un crío como tu debería estar jugando por ahí y no metido en estas cosas… vamos pequeño aun puedes volver.

Trague el trozo de chuleta que estaba masticando y alce la vista hacia el viejo que estaba enfrente de mi, su rostro mostraba que estaba sinceramente preocupado, desde que nos habíamos echo amigos, mas bien parecía que hubiese tomado bajo su tutela, no paraba de intentar convencerme de que volviese con el barco y no me quedase allí, que seguramente moriría… pero como siempre no podía hacer lo que el me decía, nada en el mundo me hubiese gustado mas que estar en otro lugar pero no podía, a pesar de que cada fibra de mi ser me decía que me alejase de el lugar hacia el que me viajaba no podía retroceder, no sin saber si ella estaba allí, así que mire al viejo y con una triste sonrisa en el rostro me limite a contestarle un simple.. “sabes que no puedo, ya te lo dije”.


-.Es una pena muchacho… será tu funeral, una verdadera pena… - El viejo sacudió la cabeza tristemente mientras dejaba escapar un bufido de frustración, acto seguido se dio la vuelta y se encamino hacia la puerta de el camarote, antes de salir y de espaldas hablo de nuevo.


-.Acábate eso rápido y prepárate, ya se divisa la tierra, en unos instantes llegaremos a ella… suerte muchacho, mucha suerte ya que la necesitaras… - después abrió la puerta y desaprecio, la espalda fue lo ultimo que pude ver de el buen hombre, como había dicho el al rato otro marinero toco mi puerta comunicándome que habíamos llegado, así que agarre mi bufanda, enganche la espada larga a la cadera y con pasos lentos me encamine a la cubierta de el barco, tuve que hacer un esfuerzo increíble para no volver abajo al ver el mar, pero la visión de tierra frente a mi hizo que a trompicones pudiese abandonarlo definitivamente.
Una vez en tierra observe el desolado lugar al que había llegado, el ambiente de la cuidad era deprimente pero no tanto como la gente que lo habitaba, soldados heridos e incapacitados, el olor a podredumbre y sangre era prácticamente insoportable, tuve que ponerme la bufanda tapándome el rostro para poder aguantarlo, un barullo de gente atrajo mi atención así que hacia allí encamine mis pasos, un hombre corpulento rodeado de soldados gritaba a los que como yo habían bajado de el barco…


-Bien mierdosos, desde aquí empieza vuestro trabajo, si es que llegáis a el claro… esto no será nada fácil y para ver si no sois mas que simple charlatanes se os a preparado una “sorpresita” así que trozos de basura… dirigíos inmediatamente hacia el centro de peleas de la ciudad… allí os recibirán como merecen tan dignos recién llegados y si tenéis suerte… quizás lleguéis al trabajo - después eso el hombretón se giro y empezó a marcharse de allí, los soldados que lo rodeaban lo siguieron disciplinadamente hasta que desaparecieron de mi vista.
Tras unos segundo dubitativo me encamine hacia el sitio que había dicho el hombre, si ella esta aquí posiblemente podía ser que anduviese por aquel lugar
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Bastian

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MensajeTema: Re: Pesadillas en Fremburgo.   Dom Mar 28, 2010 4:08 am

Llevaba varios días buscando un trabajo que hacer, y las pocas monedas que llevaba ya solo alcanzaban para un día mas en donde me podía alojar, una pequeña posada en una cuidad portuaria, no era lo mejor, pero podía pagarlo, y pese a que no admitían animales, había cerca un terreno desocupado donde tenia oculto a Baldur.

Solo podía pagar una comida, y mi estancia, así que me quede sin dinero al retirarme del lugar, pero al menos tenia el consuelo de que podría obtener algún tipo de trabajo en algún barco del puerto, así que encamine mis pasos hacia allá. Salí del pequeño local, y di un silbido, al poco tiempo, Baldur caminaba a mi lado como siempre. La cuidad no era la octava maravilla del mundo, era una cuidad que se valía de la pesca y del comercio para vivir, y gran parte de sus habitantes eran hijos y padres de hombre de mar.

Las estrechas calles que recorrí en mi camino al muelle, daban una ingrata sensación de inseguridad, y temía que algún gandul saltara desde algún callejón e intentara robarme, aunque sabía que si eso llegaba a pasar, no dudaba que se encontrarían con las mandíbulas de Baldur, pero ¿y si eso no era suficiente?, mis poco fundados miedos no fueron razón de ser, ya que antes de que me diera cuenta, debido a que estaba perdido en mis pensamientos de malos augurios llegue al muelle sin darme cuenta, y me hizo reaccionar el sol que me daba en los ojos tras salir desde atrás de una nube.

Mire a mi alrededor, había varias embarcaciones, y mis esperanzas se renovaron en cuanto a poder encontrar un trabajo con sueldo para poder dejar esa cuidad el mismo día, avancé sobre los tablones humedecidos por el rocío marino, las botas resbalaban levemente en cada paso, haciendo mis pasos un poco inseguros, pero no era algo con lo que pudiese lidiar, y con mi fiel amigo canino siempre de mi lado, acompañándome.

Pregunte en cada uno de los barcos que pude, siendo muchas veces burla de algunos marinos que no me creían capaz de estar mas de tres días en un barco sin morir, sabía que no era un hombre de mar, pero había soportado trabajos pesados antes y había estado en barcos, no era un profesional, pero me defendía en cuanto a trabajo de marineros.

No paso mucho tiempo, hasta que llegue a un barco pequeño, protegido por dos guardias, me acerque a uno de ellos, el de la derecha me atendió, girando su cuello para verme, y pregunte por si necesitaban marineros o algún tripulante, El guardia, a diferencia de muchos otros, sonrío, ingreso un momento al barco, unos 5 minutos después, me llamo desde la cubierta, yo subí através de la plancha, dejando a Baldur debajo de la embarcación ya que el guardia de la derecha no dejo que entrara, -quédate quieto amigo- le dije , seguí al guardia quien me llevo por la cubierta hasta dar con un hombre alto, de facciones fuertes y con la cara curtida por la sal del mar, me miro de pies a cabeza y dijo en tono casi despectivo –Oye niño, tu perro sabe cazar-, titubeé un poco ante la fuerza de su voz, pocas veces había visto a un hombre con semejante voz pero finalmente pude responder –eemm si,- el hombre me miro, con un poco del tono del resto de los marineros en el resto de los sitios donde busque trabajo, pero luego en contra de todas mis expectativas, se pronuncio –Pues tienes suerte niño, hemos tenido problemas con las ratas durante nuestro ultimo viaje, y si te dedicas a cazar las ratas con tu animal, te daremos el suelo de un marino que no se presento a trabajar hoy, pero debo advertirte niño, que nos dirijimos a argos nova-, sonreí contento con aquella respuesta, - de acuerdo capitán, haré lo mejor que pueda y no es problema, pero en cuanto lleguemos alla, dejare el barco-, lo ultimo lo dije pensando en las historias de constantes guerras y batallas que se daban en esa zona, hay seria mas facil encontrar trabajo para alguien con mis habilidades y acto seguido dí un silbido.

Baldur escucho la señal, y se levanto de sus cuartos traseros, y corrió hasta a mi, llevando consigo al guardia de la izquierda que trato de atraparlo, pero debido a la celeridad de mi animal, no pudo evitar que subiera al barco y se acercara a mi, cuando se detuvo, el guardia lo tome por el cuello, haciendo que el animal chillara debido al dolor, pero el capitán regaño al guardia, y este se vio obligado a dejar a mi animal, yo me agache para ver si se encontraba bien, y gracias a los dioses así lo era.

El capitán, ordeno a los guardias que regresasen a sus puestos, por mi parte, me indico el lugar de la bodega, estaba llena de cajas, y por un momento mientras bajaba la escalera junto a Baldur, me pareció que una caja se movía, pero no le preste atención a ello ya que durante el resto del viaje, no pude ver ni oír nada anormal y pese a que Baldur parecía oler algo yo interprete que eran ratas.

Pase gran parte del viaje, tratando de cazar ratas junto con baldur, y muchas veces, podiamos matar grandes criaturas, no era de extrañar para que me habian contratado, era una verdadera plaga.

Cuando arribamos a argos nova, antes de bajarme, el Capitan se dirgio una ultima vez a mi, -Niño, esta tierra es sumamente peligrosa, cuidate mucho, aquí esta tu paga, por cierto, esta zona esta dividida en dos zonas, una para las criaturas de la noche, y otra para los humanos y demas razas menos salvajes, por cierto, un hombre de por aquí ha estado buscando gente para un trabajo, quisas deberias tratar de hallarlo, su nombre es Strider-, agredeci todo el cuidado que me daba, al cual no le veia caso ya que no podia ser tan terrible.

Descendi del barco, y siguiendo las instrucciones me encamine a Arkadia.

off: perdon la demora, tuve un mal entendimiento de los turnos y el tiempo de posteo, pero ya se explico, no se repitara
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Belkala

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MensajeTema: Re: Pesadillas en Fremburgo.   Miér Mar 31, 2010 5:36 pm

El constante vaivén del barco me irrita considerablemente. Hace día y medio que estoy en este estado, y mi cuerpo empieza a debilitarse. Por fortuna o por desgracia tengo a Zen, que cuida de mí como buenamente puede. Aunque no quiero que me vea n este estado, la verdad es que su compañía me reconforta. Su silenciosa presencia es suficiente para que pueda dormir tranquila y sin preocupaciones. Sentado en la silla del camarote, parece un guardián de piedra, custodiando mi cama.

Todo empezó una semana antes, cuando nos embarcamos en un barco con destino a un nuevo continente, cuyo nombre olvidé por completo, en el que según los marineros los demonios eran el pan de cada día. Para Zen, el descubrimiento de esas tierras lejanas le había supuesto un cambio radical. Sabía por lo poco que me había contado que se dedicaba a viajar de aquí para allá, en busca del mal encarnado en demonio. Su vida la había dedicado a la caza de esos horribles seres, y ahora que él sabía dónde se encontraban en mayor número, su determinación había crecido. Estaba segura que si le pedía que volviéramos él amablemente me habría dejado para continuar su camino. De algún modo deduje que ahora Zen ya no me pertenecía completamente. Ahora su corazón y su mente se encontraban en ese continente, acabando con los seres que habían arrebatado su pasado.

Tras embarcar y salir a mar abierto, empecé a encontrarme mal. Perdía el equilibrio con frecuencia, e mis fuerzas menguaban día a día. Zen, preocupado, habló con el capitán, pero este, muy tranquilo le respondió con su peculiar acento “No es otra cosa que el bautizo del mar chico! No se le puede hacer nada”. Enfadada con Zen por ser tan inútil, pensé que ya se me pasaría al cabo de unos pocos días, pero estaba equivocada. Finalmente tuve que retirarme bochornosamente hasta nuestro camarote, apoyada en Zen, el cual ha estado cuidando de mí hasta el día de hoy.

Nuevamente ha entrado sin llamar, y ya es una costumbre molesta. Sólo me faltaba un hombre de más de dos metros en la angosta habitación… estoy muy mareada y su presencia no ayuda, pues como siempre se calla las cosas y se queda plantado en medio de la habitación, como si fuera un perro apaleado, debo sacarle las cosas con pinzas.
Al final resulta que ya se ha avistado tierra. ¡Al fin! Después de tantos días podré volver a andar sin problemas. Me visto rápidamente, aunque mareada y pido a Zen que me ayude con la armadura. Se que se ha puesto nervioso, pues al rozarle momentáneamente la mano he notado un temblor. Parece una persona hermética, pero realmente empiezo a comprenderlo un poco. Con cuidado y poco a poco empezamos a subir hasta cubierta, dónde un aire revitalizante acaricia mi rostro y me llena de nuevo de vida. Nunca habría pensado que ver tierra en el horizonte me produciría una sensación tan reconfortante. Tras una larga hora de espera desembarcamos en lo que parece un puerto destartalado y medio en ruinas. Nos separan en grupos, y hay es dónde yo saco mi mal genio acumulado durante todo el viaje. La discusión con los guardias hubiera llegado a las armas si Zen no hubiera intervenido con su silenciosa y inquietante sonrisa. Su presencia entre los dos bandos hace que los guardias bajen las armas, y yo me sienta frustrada por no poder desenvainar y descargar mi furia contra esos mequetrefes.

Por el camino hacia lo que parece el edificio principal de la ciudad se pueden ver los estragos de la guerra con los seres infernales. Casas en ruinas, niños desamparados, ancianos tuertos o cojos… todo es pasto de la pobreza y la desilusión. En la ciudad sólo permanecen el ejercito y la gente dispuesta a luchar contra unos seres sacados de ultratumba y la gente que no puede regresar por si sola a su patria, pues ha caído en la pobreza más absoluta. En nuestro grupo puedo distinguir un muchacho con aspecto más pacífico todavía que Zen y una vampiresa no muy dada a las relaciones. Hay todo tipo de mercenarios pensé… Las cosas empezaban a ponerse interesantes, y yo notaba que Zen, aunque impertérrito de cara al exterior, se estaba impacientando cada vez más. De seguro que estaba pensando en rebanarle el pescuezo a uno de esos seres con sus propias manos. Aunque… ¿Quién sabe que le pasaba por la cabeza a ese trozo de gigante?
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Zorrina
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MensajeTema: Re: Pesadillas en Fremburgo.   Dom Abr 04, 2010 8:34 am

Cada fría noche, tan llena de arrumacos infernales de alcohol en la sangre rancia de marineros fiesteros que buscan perderse entre los mares de la perdición durante los arduos viajes que cada día deben emprender por una miserable paga y malos tratos por parte de sus mayores y capitanes que se desgastan la vida en lujos, mujeres y finos vinos. Violette, se encontraba inmersa entre las sombras nocturnas que la acompañan desde aquel día en que fue condenada a la oscuridad y la sangre, divagaba sigilosa por los rincones húmedos del navío buscando la cena que le durase lo suficiente para mantenerse sana hasta el día siguiente, y además no ser descubierta, cosa que le resultaba por demás difícil, careciendo de la fuerza necesaria para elevar o arrastrarte si quiera un cuerpo inanimado de la victima en turno y poderla llevar hasta la borda y dejarlo caer al mar. Pero ya ingeniaba ella sus propias ideas para ocultar los cuerpos, y así no ser asesinada por los demás marineros.

La no vida de uno de su raza, no era la más sencilla, y no es que la de cualquier otra lo fuera, pero su existencia esta condenada a arraigarse de todo aquello que siendo humanos les era inofensivo. Unos tiene la desgracia además de recordar y tener la nostalgia de aquello que como mortales pudieron y tuvieron, en cambio aquellos otros que como la vampiresa Violette, tenía la ventaja, o desventaja en algunos casos, de no poseer sentimientos que los ligue a su antigua vida. Y era así que estos seres se volvían mas fuertes y listos que otros tantos, cada segundo había que pensar en la supervivencia, si es que así le pueden llamar estos seres malditos. Su sol eran las lunas... y su luna se volvió su peor enemigo.

Y así pasaron los días antes de que pudieran arribar hasta su destino, si embargo, entre sus paseos de caza nocturnos, se infiltro en medio de una conversación que le llamo bastante la intención, su interés se fue acentuando cuando se trataba de una misión de mucha importancia, o mas que otra cosa, era una misión que contenía riesgos y ella necesitaba de ellos para poder mejorar y ser mas hábil, si bien no fuerte. Pero un detalle que tampoco dejo escapar fue sobre la separación de razas, y sinceramente aunque escuchara que Quatheos era un sitio de maldad y peligrosidad... a ella le venia importando muy poco. Ahora de no tener rumbo.. Ya había conseguido ver colarse a una misión que le ayudaría por mucho a mejorar cada habilidad que pudiera tener.

Pronto avisaron que estaban tocando tierra, y en medio de la noche Violette se coloco su capa tan oscura como su cabello de seda, y tomando sus pertenecías abandono el camarote que había pagado para estar sola. Al salir de ahí y encaminarse hasta el muelle, vio el caos tan hermoso frente a ella, que se relamió los labios sin darse cuenta de ello. No se detuvo y se dirigió entonces hasta el punto de reunión, donde según debería estar alguien aguardando por los voluntarios que al final suponía recibirían una paga, lo que le venia muy bien para poco a poco dejar de depender de su padre aun.

Habiendo recorrido un poco el sitio, pudo ver el centro de reunión, el cual no tenía otra referencia más que lo obvio, que estaba justo en medio de la ciudad. Y al rededor había mercenarios el parecer o esa pinta era la que le deban a simple vista, pero ella no sabia juzgar, así que paso e esto como pasa el viento. Sus pasos se fueron aminorando cuando se encontró con quien debía encaminar a los mercenarios hasta donde estaba el líder de dicha misión, según la descripción solo podía ser este lord. Se detuvo justo a escasos centímetros de el, como si su rostro mal encarado y su energía maligna no la inmutaran en lo mas mínimo, se retiro la capucha que cubría su cabeza, dejando ver su cincelado rostro que solo podría compararse con el de un ángel, y entorno sus celestiales ojos azules tan fríos como el mismo hielo en los ojos furicos del lord. No había miedo, ni si quiera un titubeo que viniese de ella ante la presencia inmensa del lord, ella se veía tan diminuta y sumamente frágil a su lado pero ni eso la hizo retroceder.

-He venido a unirme a una misión de la que me han contado durante mi viaje, y me parece que es con usted con quien debo enlistarme.

Su voz< parecía una fría caricia del viento entre los tumultos de gente que pasaban de ida y vuelta por cada rincón de la ciudad. Estaba firme frente a el esperando que todo marchase como ella quería y se uniera al trabajo.
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Edriss

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MensajeTema: Re: Pesadillas en Fremburgo.   Dom Abr 18, 2010 11:34 pm

Strider se encontraba sentado sobre su humilde silla frente a su escritorio, dado vuelta mientras embalsamado en sus pensamientos miraba la luna blanca Deoír que iluminaba aquella noche sobre Argos Nova. Las piezas sobre el tablero se estaban moviendo tal y como el lo había dispuesto, pero le parecía que lo hacían en cámara lenta, como si algo estuviese apunto de despertar después de un largo letargo; algo que definitivamente no era nada bueno.

Los personajes que querían participar en la misión eran demasiados, los que quedarían solo unos pocos. Algo que Strider no había previsto en ambas ciudades, era la fama que ganaría su misión al haberla dado a conocer con el método que había utilizado. Las cosas afuera no darían mas tiempo para el enfrentamiento y era mejor comenzar a moverse rápido si no quería que las cosas se pusieran peores.

(...)

En Arkadia varios habían sido los que habían llegado frente a la tribuna donde el capitán Ryger se encontraba esperando. Varios parecían mercenarios experimentados, niveles medios y hasta inexpertos; hasta podía observar quienes parecían ser sinceramente una burla de mercenarios. Tenía que pensar en como armar un buen equipo para el jefe rápido antes de que este se enojara. Era un grupo grande y como en todas grandes masas de gente conflictiva, las peleas ya habían comenzado, por varios lugares en el patio principal del cuartel habían grupos peleando por su puesto en la misión. Sabía que estaba buscando mercenarios, pero no quería gente estúpida que se ponía a pelear con sus camaradas antes de tiempo. Después de todo era Arkadia, las cosas en esa ciudad se resolvían de forma distinta, así que habló con los guardias y les ordeno que sacaran de su vista a todos los involucrados en peleas antes de tiempo.

Pasada una hora el grupo ahí adentro ya se había reducido y ahora estaba presenciando a los mas experimentados y nuevos que o no sabían pelear o eran demasiado tímidos para comenzar una pelea antes de tiempo en su primera misión. Comenzó a notar que habían unas cuantas mujeres en ese cuartel, la gran mayoría se veían como temibles y experimentadas en su trabajo, pero no podía estar seguro. No quería de esas mujeres en ese trabajo, sabía que eran orgullosas y de un temple bastante fuerte, además de que el trabajo iría a estar dominado por hombres, necesitaba mujeres mas serviciales que estuviesen dispuestas a colaborar. Uno de los guardias se le acercó entonces, le contó sobre una felina que había llegado hace poco y que lo mejor sería decirle que se vaya a casa pues parecía muy niña e inofensiva. Ryger entonces, mandó a buscar a la felina, encajaba perfectamente en el papel de mercenaria que quería, no importaba si parecía inofensiva, para querer entrar en la misión quería decir que alguna carta bajo la manga tenía. Luego ordenó a todas las mujeres del cuartel a retirarse, excepto por la felina. Todas parecían ser unas fieras indomables, eso no era lo que necesitaba y Ryger sabía de ante mano lo estricto que era Strider, no permitiría fallos e insolencias.

Llegó entonces una carta para Ryger de parte de Strider, informándole que necesitarían un ikario y que los marineros habían visto a uno andar por ahí en la buque. Mandó entonces también a un guardia para buscar a todo icario que se encontrase rondando por el cuartel general. Conocía el método de Strider, un ikario siempre sería una buena ayuda al momento de hacer misiones de reconocimiento que en lugares inhóspitos como los de Argos Nova siempre eran necesarios. Había algo mas que decía la carta de Strider, quería solo tres miembros en su equipo, uno debía de ser humano. Sonrió ante esa petición, no solo hacía las cosas mas fáciles, sino que también comprendía para lo que servirían los humanos en esa zona. Mandó también a los capitanes de turno del ejército que se encontraban haciendo ronda por el cuartel para que echaran a todo el que no era humano o ikario del lugar. Aquello reduciría bastante la cantidad de mercenarios por donde elegir. Ya tenía a dos en la mira y solo faltaba decidir por uno, hacer que prueben su valía sería lo mas conveniente. Los humanos eran impacientes, así que decidió esperar a que de momento los humanos que se quedaran comenzasen a pelear, los que lo harían claramente no entrarían en la misión. También esperaría por comentarios de parte de los guardias y capitanes para elegir mejor.

(…)

En Quatheos las cosas comenzaban a moverse un poco mas ajetreadas que en Arkadia, claro que a Xyger no le interesaba mucho, solo debía elegir entre cuatro escorias sin dios ni amo y como el estaba dentro de la misma categoría y quizás marcado en varias partes con el puesto de uno de los mas buscados, sabía perfectamente como debía arreglar las cosas. Solo los mas intrépidos e inteligentes podrían superar la prueba que tenía preparada. El lugar al donde iban por su puesto, delataba parte de esa. Era despiadado, no le interesaba si debían estar descansados para la misión, sabía que la misión no daría descanso y solo los de mejor aguante podrían entrar. Sabía que ahí tampoco habría piedad para ellos, así que debía asegurarse de no dejar entrar a niños pequeños que ante el primer indicio de crueldad antes sus personas saldrían corriendo. De llegar a salir corriendo, sabía que si no los mataba un demonio, no sobrevivirían para contar el nombre del demonio que los mato. Si había una cosa que Xyger no soportaba y mucho menos Strider eran los desertores.

El interior del club de peleas estaba tal cual y como siempre estaba decorado por dentro. Las bloques grande de cemento eran donde se realizaban constantemente las peleas, a los lados estaban las butacas donde los espectadores o peleadores en la lista de espera se sentaban a presenciar el espectáculo. Esa noche, sin embargo, las cosas eran diferentes, los mercenarios ignoraron por completo las costumbre del lugar una vez llegaron escoltados por los guardias. Estaban dispersos por donde querían y hacían lo que se les daba la menuda gana. A Xyger le parecía nada mas que una hermosa reunión familiar de seres antipáticos, desagradables y arrogantes.

Antes de que Xyger se decidiera por dar comienzo a la prueba, una ingenua vampiresa se le acerco a hablarle. -No eres la única mocosa, guarda tus palabras no te servirán de nada, ve a llorar a tu madre que no pudiste entrar a la misión por hablarme, ¿qué te creías?, ¿que las cosas allá afuera tendrán piedad contigo? Lo siento pero un arrogante y apático capitán será lo mas dulce que te encontraras aquí, ahora ¡largo de mi vista! -Le gritó cruelmente Xyger lo mas alto que pudo, después de todo lo hacía por su bien a pesar de que los mercenarios cerca de él apremiaban sus palabras con aplausos y burlas. Entonces Xyger se levantó sobre la silla que estaba sentado y se quitó su camiseta mientras dejaba ver a todos su musculatura exageradamente marcada mas unas cuantas cicatrices incluso mas feas que su cara.

-Bien sabandijas, escorias y demás ratas asquerosas, si han creído que tendrán una simple entrevista conmigo pueden ir llorando a sus papis que tío Xyger ah sido un sucio villano acabando con sus sueños. Necesito madera podrida y sucia de roer, así que comiencen a matarse entre ustedes hasta que solo cuatro hayan llamado mi atención. Si se quieren pasar de listo los reto a atacarme, pero les aseguro que de ustedes no quedara mas que huesos molidos que servirán como desayuno a los buitres, ¡Que se derrame la sangre malditas escorias! – Dijo sin mas dando por comenzado la lluvia de puñetazos, espadados, flechas, navajazos, arañazos, aplausos, insultos y demás armas que las ratas ahí presentes pudieran usar en su ventaja.


Off:

Bien. ¡Bienvenidos a Argos Nova! El viejo oeste de Utopía como lo habrán notado, cuiden su trasero que nadie mas lo hará por ustedes.

Respecto a mi demora debo pedir disculpas, la semana pasada me surgieron unos asuntos que me impedían postear.

Sobre los turnos, se mantendrán por equipo. Un equipo postea primero y luego el otro, respecto a los turnos dentro del equipo es algo irrelevante. Primero el equipo de Arkadia y luego el de Quatheos. Las dos semanas vi que les iba un poco apretadas, así que para probar esta ronda será de tres semanas. Se que no soy el único con problemas de tiempo.

Son libres de describir todos los espacios que deje en blanco siguiendo una lógica convincente. Soul y Twiele pueden manejar a voluntad a los guardias que van por ustedes. Bastian, explayate y veremos que tal queda.

Al equipo de Quatheos, ya saben que hacer, relaten lo que sucede en medio del caos y traten en lo posible de ser lógicos. Veremos quienes de este equipo pasa la primera prueba.

Para ambos equipos recuerden que lo importante es conseguir una buena impresión de ustedes para el capitán de su equipo. Suerte, la necesitarán. ^^
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Serenna

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MensajeTema: Re: Pesadillas en Fremburgo.   Miér Abr 21, 2010 10:52 pm

Noté los comentarios de menosprecio de los guardias a mi espalda, pero no eran sobre mí, eran sobre una mujer y según ellos de aspecto pacífico. Tuve la tentación de girarme y darles una paliza a esos tres, ya que me estaban sacando de la raya con su menosprecio a los que parecían débiles, pero ellos no sabían de lo que era capaz y alomejor la mujer también era una gran guerrera.

Pasé largo tiempo buscando al líder de estos guardias y de la misión, pero no encontraba a nadie, solo a mas guardias entrenándose. Cuando me quise dar por vencido, un guardia se hizo el graciosillo conmigo e intentándome dar un susto dijo:

-No te muevas o te mato, la bolsa o la vida.-dijo, mientras con la punta de su lanza me pinchaba en la espalda.

En ningún momento perdí los nervios, replegué mi bastón por si seguía haciéndose por mucho mas tiempo el graciosillo. Pero le quise dar una oportunidad, así que sin girarme le dije con voz apagada:

-¿No crees que ya eres un poquito mayor para jugar a estas cosas?Venga, deja la lanza y no lo vuelvas a hacer.

-¡Maldito imbécil!-gritó el guardia mientras lanzaba su lanza en un barrido horizontal, si no fuese por mi desarrollado oido no hubiese podido saltar a tiempo y colocarme en el aire con mis alas negras extendidas, mientras que mi bastón estaba en posición de en guardia.

-¿No te enseñaron a no meterte con los discapacitados?-pregunté con un tono sarcástico y con una sonrisa en la boca-¿Qué diran tus amigos al ver que un ciego te a derrotado?-dije mientras descendía del aire.

Noté como el humano crispaba los dientes ante mis preguntas, nada mas bajar de las alturas se volvió abalanzar sobre mí, pero esta vez quería luchar con las manos. Antes de que pudiese agarrarme para llevarme a su campo de batalla, le dí con mi bastón detrás de una de sus rodillas, provocando que se cayese estrepitosamente sobre el suelo.

-Espero que aprendas la lección-dije con una amplia sonrisa mientras le acariciaba la cabeza.

Pero a mi espalda pude notar como los guardias empezaban a reirse de su compañero, su reputación estaba bajando como la espuma. Pero antes de que me pudiera unir a sus risas, otro guardia se acerco a donde me encontraba, este quería que le acompañase a ver al líder ya que necesitaba de mis servicios.

-Mejor que dar lecciones-dije mientras me dejaba guiar por mi bastón y el guardia.
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Bastian

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MensajeTema: Re: Pesadillas en Fremburgo.   Vie Abr 23, 2010 8:29 am

Había descendido ya de barco, mire hacia atrás, el capitán observaba a la masa de gente que acababa de desembarcar, era un hombre agradable, aunque su oficio lo hacia parecer un hombre de mar rudo y terco como pocos, baje la mirada, Baldur me había seguido como durante los últimos años, fielmente manteniéndose pegado a mis piernas durante las grandes aglomeraciones de gente.

Argos nova, tierra peligrosa, conocida por sus bestiales historias de demonios y monstruos, rebeldes que una vez ahogaron las preciosas ciudades que habían sido, o al menos eso era lo que recordaba de los libros, si al menos una parte de esos cuentos era verdad, en algún lado habría un cuartel o algún tipo de infraestructura militar, pensé, a tiempo que avanzaba por el muelle buscando algún rumbo que seguir en esa cuidad militarista.

Iba saliendo del muelle, me detuve por un momento a acomodarme las cosas que llevaba puestas, la ballesta la acomode para que colgara cómodamente de mi hombro derecho, las flechas y los frascos con veneno quedaban bien protegidos en los bolsillos internos de la capucha, la mochila quedaba oculta bajo la capucha, a pesar que parecía una joroba, era mas seguro que ir con esta a la vista de cada persona, cubrí mi cara con la capucha, y seguí andando, cuando, me percate de un pedazo de papel que tenia pegado en el zapato, me estire para retirarlo, estaba un poco sucio pero parecía un anuncio, lo que tenía escrito era casi ilegible y deseche aquel inservible pedazo de pergamino pisoteado.

Levante la vista, y observe la calle que tenia en frente, había un vagabundo, metido bajo una improvisada cobertura en la calle, mi bondad afloro, y le arroje una moneda dentro de un pequeño cuenco que el tenia para ese propósito, el anciano de barba desordenada y medianamente sucia, me miro, y al ver mi ballesta, me contó con voz triste y ronca, con un toque de carraspera debido a una posible infección –joven, si esta buscando trabajo, en los cuarteles de la guardia de la cuidad siempre existen buenas oportunidades para jóvenes que sepan el uso de las armas con usted,-, regrese la mirada, y le respondí, -gracias por la información, señor, pero… ¿Dónde puedo encontrar el edificio que me dice?- a lo que el anciano respondió señalándome un par de calles, o puntos de referencia, al terminar su explicación, arroje otra moneda a su cuenco y me retire.

Las indicaciones del anciano, me llevaron a mi destino prontamente, en la entrada unos hombres que parecían ser los mas soldados mas fuertes que había visto en mi vida, a un lado de donde se encontraban, había un pergamino, similar al que se había pegado en mi zapato en los muelles, pero este si era legible, y decía que se estaba reclutando gente para un trabajo, el anciano había hablado con verdad, me acerque a uno de los guardias, para mi era simplemente enorme ver a un hombre armado y de semejante porte, pero como pude, le mire a la cara y pregunte si aun buscaban gente, y me hizo un ademán para que entrara, al edificio.

El interior de la estructura, se había reunido una buena cantidad de gente, entre la cual me mezcle, pero los guardias comenzaron a separarnos, llevándose a gran parte de la gente, y solo quedamos algunos pocos, los que no habíamos peleado con otros y mirando un poco, solo quedábamos humanos y algunos icarios.

Me empezaba a aburrir sin nada que hacer, a lo lejos en el campo de entrenamiento se encontraba un grupo de soldados entrenando, algunos golpeaban con espadas sin filo unos muñecos de madera, y otros practicaban su puntería con el arco, y a estos me acerque a observar sus destrezas, los arqueros se ponían a eso de unos 15 metros de una diana, y apostaban a quien podía dar mas al centro, me apoye contra un pilar, y extraje mi ballesta para empezar a limpiarla con un trapo que tenia en mi morral.
llego el turno de uno de los soldados el cual fallo el centro de la diana por unos centímetros, el siguiente, dio mas al centro, y unas monedas intercambiaron de manos entre los presentes, luego otros dos se midieron, con el mismo resultado, esto se repitió una o tres veces, hasta que uno de los soldados miro hacia donde me ubicaba y con una sonrisa un poco vil, se acerco a mi, era un soldado mas o menos joven, su cara de facciones comparables a las de un roedor, -eh tu, a que no le das al blanco mas cerca que yo-, a lo que uno de sus camaradas, replico –pues si te gana este tipo, te pagare el almuerzo de mañana-, el primer hombre miro a su camarada y asintió con la cabeza, luego regreso la mirada a mi, yo acepte el desafío con la cabeza y me deje guiar hasta donde tenían la marca para disparar, el segundo soldado que había hablado me dirigió la palabra –vamos, mañana quiero un almuerzo-, y pese a que su comentario me resulto molesto, no iba a permitirme fallar, me ofrecieron otra ballesta pero preferí la mía.
El soldado que me desafío, disparo un arco, y dio a la diana un poco mas abajo del centro, entonces llego mi turno, relaje un poco los dedos, y apoyando sobre el antebrazo izquierdo el cuerpo de mi arma, apunte, tome un poco de aire y lo deje salir de mis pulmones lentamente, y al acabarse mi exhalación, una flecha corto el aire y se clavo solo unos centímetros mas arriba que la del soldado, casi en el centro, con lo cual, una risotada se dejo escuchar por parte de los soldados que se burlaban de su compañero.
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Edriss

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MensajeTema: Re: Pesadillas en Fremburgo.   Miér Mayo 05, 2010 6:47 am

Bien, en vista de que no puedo matar a todos de una y que tampoco puedo seguir una partida como esta con dos personajes, se cierra la partida.

Una lástima tanto para mi como para los usuarios, pero ya han pasado mas de tres semanas desde que comenzó la segunda y una ronda no debería durar tanto, menos siendo una partida en la que se esperaba peligro de muerte.

Debería ser mas estricto, pero solo por esta vez lo dejaré pasar y daré por cerrada la partida sin pena ni gloria. La próxima vez que quieran abandonar diganlo en vez de desaparecer, se que unos avisaron ausencia, pero otros no tenían motivos.

Partida cerrada por ausencia de personal!

+100 puntos de experiencia a Soul y Bastian por responsabilidad con la partida.

Dudas, quejas y sugerencias aceptadas por mp.
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MensajeTema: Re: Pesadillas en Fremburgo.   

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Pesadillas en Fremburgo.
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