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 Asalto a la basílica

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Orpheon

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MensajeTema: Asalto a la basílica   Lun Mayo 24, 2010 8:32 pm

¿Que quieres decir con que todavía no han llegado?

Orpheon descargó el puño contra su escritorio, y el chiquillo que retorcía con nerviosismo su gorro se encogió instintivamente. Al paladín no le gustaba recibir malas noticias, no le gustaba esperar, y menos aún, no le gustaba recibir una noticia que le dijese que había que esperar, y era bien sabido que los mensajeros que le llevaban esas noticias no solían acabar bien. Se levantó de la silla, y dejó la pluma con la que había estado escribiendo en el tintero. Se acercó al mensajero, y alzó una mano, y el chaval se echó un poco para atrás, esperando una inminente bofetada. Abrió los ojos con sorpresa cuando la ajada mano de Orpheon le revolvió el pelo con cariño.

Bueno, supongo que tu no tienes la culpa, vuelve a tus quehaceres, Timmy, seguro que te están esperando.

Mientras el chiquillo se escabullía por la puerta de sus despacho, Orpheon se dirigió a la ventana. En ese momento, el paladín no portaba la enorme armadura que acostumbraba a llevar, en su lugar vestía una bonita túnica de seda bordada. A decir verdad, se agradecía llevar ropas cómodas aunque fuese durante poco tiempo. Tras el cristal de la ventana, se podía ver un enorme claustro por el que varios monjes paseaban lentamente con las manos juntas y las cabezas gachas bajo las capuchas de sus túnicas, en ademán de oración. Orpheon sonrió, tensando todas y cada una de las arrugas de su rostro. Le gustaba ver que algunos seguían fieles a el.
Llegaba el momento de ponerse en marcha. Fué hacia la puerta que comunicaba con el pasillo. Bajó las escaleras con paso lento, y llegó al claustro que había visto antes. A su paso, los monjes detenían su oración para hacer una seña de respeto hacia Orpheon, y este iba sonriente y satisfecho, hacia la capilla. Abrió la puerta con silencio, dentro estaban en medio de una ceremonia. El sacerdote detuvo su discurso, algo turbado, y se quedó mirando al paladín, que alzó la mano, como invitándole a continuar

Hermano Gervasio, continuad por favor, estoy de paso.

Mientras el silencio se establecía de nuevo en el templo, Orpheon se dirigió hacia la última fila de bancos, en uno de los cuales estaba postrado Godric de rodillas, rezando. Su campeón, al igual que el, no llevaba su armadura puesta en ese momento, pero en lugar de una túnica, llevaba unos ropajes de cuero, cubiertos de cota de malla. Orpheon apoyó su mano sobre el hombro del redimido, que no dejó de rezar, aunque asintió dando a entender que le estaba escuchando.

Levántate, mi campeón, la hora ha llegado.

El redimido le siguió en silencio por el claustro. Orpheon pasó a explicarle la situación.

Timmy acaba de llegar, los aventureros tardarán quizás una hora mas en llegar, pero hemos de estar ahí para recibirlos. No quiero que se lleven mala impresión, ya sabes que necesitamos lealtad incuestinable, y las primeras impresiones lo valen todo. Tenemos tiempo de preparar a los hombres, tu ves a por la armadura, y lleva la mia tambien. Nos vemos en el portón principal antes de que la campana toque.

Orpheon se separó de Godric, que se metió por una pequeña puerta en un lateral del claustro. El, por el contrario, fué al centro de la estancia, un enorme patio en el que varios hombres con flamantes uniformes azules, en los cuales había un extraño símbolo negro bortado, combatían con diversas armas. Espadas en su mayoría, aunque había tambien algunos ballesteros, y unos cuantos blandían alabardas de aspecto siniestro. Todos los hombres al verle, se colocaron firmes y en formación. Orpheon buscó al capitán, y le ordenó que mandase a sus diez mejores hombres al portón del monasterio antes del tañido de la campana.
Se despidió de el, y subió a su despacho de nuevo. Hojeó varios pergaminos que tenía desparramados por la mesa, releyendo de nuevo el discurso motivador que daría a los aventureros. Todo listo.

Escuchó el tañido de la campana retumbar por todo el monasterio. Vaya, llegaba tarde, tendría que darse prisa. Salió una vez mas por la puerta de su despacho, y bajó las escaleras que le conducían hasta el claustro que conectaba todas las dependencias del monasterio. Fué hacia el portón de madera, que estaba abierto de par en par, y por el entraba el cálido aire primaveral. Godric no estaba por ninguna parte, y tampoco estaban los hombres que había pedido. Cerró el puño, mosqueado, pero su rostro se volvió a serenar cuando vió un par de figuras que se dirigían hacia el monasterio.

_______

Todos (a excepción de Godric) llegais al monasterio informados por varios pregoneros, o carteles pegados por las tabernas y tablones de anuncios. Podeis narrar como llegais, podeis presentaros, podeis hacer... lo que querais menos manejarme a mi o a algun otro PJ
No hay orden de posteo, todos teneis 1 semana para postear
Al que no postee se le salta, 2 saltos seguidos se pagan con sangre
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Godric

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MensajeTema: Re: Asalto a la basílica   Lun Mayo 24, 2010 10:19 pm

Sumido en una pesadilla, como solía ocurrir los recuerdos de su pasado le acechaban, la imagen de sus familiares muriendo pero en el sueño, pudo apreciar como salía el rostro de su hermano vivo diciéndole:

-¡No podrás escapar de tu pasado!

Y de golpe despertó desnudo, con sus grandes músculos al aire, en su habitación, pensativo, se levantó y se acercó a el espejo de su habitación, mirando fijamente sus quemaduras y su ojo izquierdo que estaba rodeado de quemaduras y era de color rojo, distinto a su ojo derecho, palpándose con los dedos las quemaduras, se dio la vuelta y vio aquel símbolo que tiene grabado a fuego en la espalda, volvió a darse la vuelta y mirándose fijamente a los ojos, empezó a pensar sobre su pasado y el por que de esas quemaduras, recordando a su familia y sus actos del pasado, echando una lagrima, decidió darse un baño. Cogió un trapo mojado y se lo pasó por todo el cuerpo, axilas, pectorales…etcétera

Momentos después, miró durante un rato su gran armadura, colocada especialmente como si alguien la tuviese puesta, cogió sus ropajes de cuero y se puso un mantón de malla por encima sujetándolo con un cinturón, cogió su espada y la colocó en una vaina del cinturón, se giró y vio el altar que tenia en la habitación, con un par de velas y un símbolo religioso en el centro, se arrodilló ante el y marchó de su habitación camino del patio.

Caminando por las literas de los soldados y pasillos, los hombres con los que se encontraba se apartaban de su paso y se arrodillaban ante el, algunos por respeto, pero en su gran mayoría por miedo. Salió al patio y soldados se encontraban entrenando, unos con arco, espada, otros practicaban peleándose entre si con espadas de madera, Godric se sentó en un banco próximo a un circulo donde algunos practicaban peleándose entre sí, todos al verle se arrodillaron sin decirle nada, al igual que Godric, que tampoco dijo nada, pudo ver como un hombre en especial ganaba las peleas y por esto lanzaba burlas a los demás, al verle, Godric cogió una de las espadas de madera y entro en el circulo, todos se asombraron y se alejaron algo del circulo…Todos tenían miedo de el, aquel hombre que peleaba, le entró un escalofrió por el cuerpo pero aun así tubo el valor de pelear, pues seria peor decirle que no…Enzarzaron una pelea y fácilmente de una patada en el estomago y un codazo en la cabeza de Godric ese soldado cayó al suelo, Godric se acerco a su oído y dijo:

-Sois débil…

Y dejó la espada de madera en el suelo al lado del solado que pronto todos los de su alrededor acudieron a ayudarle o a reírse de el y partió hacia la iglesia, pues la misa estaba apunto de comenzar y Godric siempre suele acudir a ellas, llegó un momento antes de que empezara pero el ignoró eso y se sentó en la ultima fila de bancos esperando el momento de que comenzara la misa. El hermano Gervasio era el encargado de dar la misa de hoy, por lo tanto empezó a recitar un discurso y mientras Godric se arrodilló y comenzó a rezar.

Instantes después pudo ver como su señor Orpheon entraba por la puerta que al igual que el no llevaba su armadura, cortando el discurso del hermano Gervasio, le dijo que continuara, se acercó a Godric y le dijo:

-Timmy acaba de llegar, los aventureros tardarán quizás una hora más en llegar, pero hemos de estar ahí para recibirlos. No quiero que se lleven mala impresión, ya sabes que necesitamos lealtad incuestionable, y las primeras impresiones lo valen todo. Tenemos tiempo de preparar a los hombres, tu ve a por la armadura, y lleva la mía también. Nos vemos en el portón principal antes de que la campana toque.

Godric asintió mientras rezaba, pues había escuchado perfectamente lo que había dicho su señor, se levantó y partió de nuevo a por su armadura, llegó a su habitación y puso una de sus manos en el hombro de la armadura, un segundo después comenzó a ponérsela, cogiendo su maza que estaba apoyada en la pared, su gran escudo que colocó en la espalda al igual que su maza y demás cosas, partió hacia el despacho de su señor, colocando la armadura en un manto de tal forma que pudiese llevarla a hombros caminó hacia el portón del monasterio donde había quedado con Orpheon.

Al llegar allí pudo ver como 10 soldados estaban esperando sin hacer nada, miró hacia todos lados y no pudo ver a Orpheon por ningún sitio, extrañado por esa situación ordenó a los soldados que volviesen a sus quehaceres, al ver que Orpheon no estaba por ninguna parte decidió partir hacia su despacho para ver si se encontraba allí y si no, a dejar la armadura pues esta no era ligera si contamos la carga propia que el ya llevaba.
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Zakhath

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MensajeTema: Re: Asalto a la basílica   Mar Mayo 25, 2010 12:25 am

Soltó una maldición y lanzó una patada a la silla más próxima, que se estrelló contra la pared sin más efecto que la ingente cantidad de ruido, pero Zakhath tuvo que sujetarse el pie del dolor. Sacudió la cabeza y dirigió una mirada asesina al hombre que había en la estancia que se retiró discreta pero velozmente. Llevaba ya cinco días encerrado en esa maldita y asfixiante ciudad, bajo la mirada de miles de humanos curiosos que le observaban cada vez que caminaba por la calle, o que incluso tenían la osadía de reírse de él. Y eso exasperaba a cualquiera.

Y por supuesto, el fallo del mensajero no había sido tan grande, pero había sido la gota que colmó el vaso. Llevaba cuatro de los cinco días buscando un supuesto trabajo que le habían comentado que había aquí. Se había gastando casi todo lo que tenía en mantener su habitación en esa posada de mala muerte y en contratar a ese incompetente mensajero que buscase por él en algunos lugares de la ciudad, pues era demasiado grande para él solo, pero el mensajero solo había conseguido gastar su dinero en estafadores que no le habían dicho nada inteligente. Zakhath aun se preguntaba como los humanos podían siquiera ser considerados inteligentes, con la enorme cantidad de dinero que despilfarraban para no conseguir nada.

Observó a su propio reflejo en el espejo de la habitación. En realidad no tenía los músculos muy marcados, no tanto como los humanos y, por descontado, no tenía tanta fuerza como algunos humanos, pero sabía controlar su cuchillo de caza que tenía siempre a mano y se lo había demostrado al mensajero el primer día. Zakhath se pasó la mano por el sol que tenía dibujado en su hombro izquierdo, pero no sintió nada raro. Sacudió la cabeza y empezó a vestirse. Como ya tenía los pantalones puestos, se ajustó los zapatos y acomodó los protectores de las piernas. Se metió en su camisa verde y movió un poco los brazos para acomodarla, para luego colocar encima el peto de cuero de su armadura, y atarlo a la placa de cuero de la espalda por unas cinchas, que apretó bien para que no se le desprendiera la armadura. Tras esa operación se colocó la capa y se acomodó los protectores de los brazos. Por último, se giró hacia la mesa, donde todas sus armas estaban colocadas en perfecto orden. Se colgó la aljaba con las flechas de la espalda y el arco le colocó al lado de la aljaba, en su lugar correspondiente. Se enganchó el cinto con los frascos de veneno y con un ligero movimiento envainó su largo cuchillo en su vaina, que le colgaba del lado derecho. Luego enrolló los pergaminos de su Maestro, lo que había estado estudiando, anatomía humana, y los metió en su funda en la pierna derecha.

Una vez listo, sacudió la cabeza para colocarse el pelo y abrió la puerta de su habitación, saliendo al pasillo, para caminar hasta el exterior de la posada. Cuando salió al exterior tuvo que pararse en seco unos instante, hasta acostumbrarse al barullo reinante. Miles de transeúntes se desplazaban corriendo o andando rápido por las calles abarrotadas y otros simplemente charlaban en grupos. A Zakhath esto le resultaba realmente apabullante, sobre todo por el hecho de que se enteraba de todas las conversaciones que tenían lugar cerca de él. Y una le interesó especialmente, pues hablaban de un trabajo que había organizado un "loco religioso", como ellos lo denominaron, para acabar con un grupo de herejes de una iglesia. Zakhath supo que eso era lo que llevaba tiempo buscando. Y se acercó a los humanos.

- Buenas, ¿me disculpáis?

Y sin esperar respuesta les arrebató el pergamino y se internó entre la multitud. Mientras se alejaba pudo oír los gritos indignados de los humanos, pero los ignoró. Entonces bajó la vista y la fijó en el papel. "Se requieren hombres que obedezcan ordenes sin cuestionarlas, y que sean valerosos y determinados, para reducir a un grupo de herejes que han encontrado asilo ilegal en una capilla cercana. Interesados acudan al monasterio". Zakhath no lo dudó. Hizo una bola con el pergamino y lo tiró a un charco. Luego se encaminó a la taberna que no quedaba lejos. Era mediodía cuando salió de la ciudad a lomos de un caballo que había tomado prestado de la posada.

No había leído si había recompensa, pues donde tenía que figurar la recompensa había una gran mancha de grasa, probablemente de los sucios humanos a quien se la había arrebatado. Pero no se lo cuestionó. Ya habría recompensa en su momento. Así que se fijo en el paisaje, las verdes praderas pasar a gran velocidad al lado del caballo que galopaba, los diseminados arbolillos que perlaban el campo en un aparente desorden que formaban esa belleza característica. Y el monasterio. Le vio mucho antes de llegar. Los muros le parecieron más grandes de lo normal, y la puerta le dio la impresión de fortificada, quizás por el imponente paladín que oteaba el horizonte desde ella, cubierto con una gran armadura y con grandes y pesadas armas.

Sin esperar invitación, golpeó los flancos de su caballo y se acercó al caballero. Cuando estuvo cerca se bajó e hizo una suave reverencia al humano.

- Soy Zakhath Satsujin, y vengo a prestarle mis servicios. Mi arco y mis hechizos están a su entera disposición, su excelencia.
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Arelius

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MensajeTema: Re: Asalto a la basílica   Miér Mayo 26, 2010 1:23 am

Tras largos años de espera y planificación, por fin dejaba atrás el territorio marítimo que correspondía a Montclair. Era maravilloso sentirse por fin un hombre libre después de tantos años, ya no había orfanato, no habían fieles seguidores de vampiros a los que seguir, solo yo y un plan tremendo a llevar acabo. Era literalmente un nuevo amanecer y me sentía completamente renovado de energías a pesar de no haber dormido absolutamente nada aquella noche. Arendia era mi siguiente destino, un territorio de gente noble y religiosa, fáciles de convencer en la gran mayoría según tenía entendido. No sería difícil comenzar a ganar una buena reputación ahí. Ya había pasado mucho tiempo en Montclair huyendo de los vampiros, ahora debía buscar en vo mimbre alguna fanática iglesia que pudiese darme cobijo lo suficiente hasta que ganase una considerable reputación para dejar de depender de esta. Sería fácil hacerme pasar por un creyente, la gente que creía en dioses siempre era fácil de engañar al engañarse a si mismos. ¿Qué dios podría permitir un mundo como ese?, solo mentes débiles podían creer en dioses.

Había una iglesia en especial que me había llamado la atención, liderada por un sanguinario paladín fanático de sus creencias, no sería para nada difícil fingir hasta que llegase el momento. Solo debía decir que apoyaba los ideales sin siquiera conocerlos, trabajando como mercenario, cualquier fanático religioso paladín aceptaría un mercenario de su lado.

El camino desde el puerto al que arribé hasta Vo Mimbre fue largo y agotador, a pesar de que llevaba un buen tiempo viajando y escapando largas distancias, seguía siendo humano. Utilicé el poco dinero que había racionado hasta encontrar mi siguiente lugar para dormir en una lujosa posada de la ciudad, llevaba tiempo sin dormir cómodamente y mi cuerpo necesitaba soltarse un poco antes de trabajar. Antes de ir a dormir, decidí beber un poco, pasándome unas cuantas copas. Entre alcohol, cantos y risas unos ilusionistas empiezan a realizar unos trucos, pero ninguno utilizaba el fuego y eran simples trucos baratos. Comencé a soltar burlas debido a mi estado de ebriedad hasta que uno me retó a intentar superarlos. Pedí algo de fuego y uno de los hombres me entrego un fósforo con la caja para prenderlos. Lo prendí y deje que una bola de fuego comenzará a moverse a mi alrededor, hasta que perdí el control de ella, atacando accidentalmente a uno de los hombres. Estos intentaron arremeter contra mi, estando mas ebrios y con movimientos mas torpes, el publico al ver que no era un simple ilusionista se pusieron de mi lado y los echaron del lugar al no aceptar mis sinceras disculpas, pues no había sido algo intencional a pesar de que eche a reír a carcajadas.

La medianoche llegó y solo los fieles a las borracheras siguieron bebiendo, yo aún algo consciente decidí que ya era tiempo de ir a la cama. Cansado y medio borracho, después de haberme ligeramente recuperado, dormí como no había hecho desde hace ya bastantes años.

A la mañana siguiente desayuné con uno de los mensajeros de Orpheon que estaba de paso, este se había enterado de mi escena la noche anterior y al parecer había estado interesado en ver si podía hacerlo de nuevo, mas aún cuando le mostré mi interés en dicho nombre. Finalmente, después de haber dejado una buena impresión al mensajero, este me dijo que ese mismo día el hombre para que trabajaba estaba reclutando hombres fieles en combate para atacar a unos infieles que habían sido refugiados. Le dije que ahí iría después de recoger mis cosas y agradecer su información. Fingir se me estaba dando muy fácil y la gente al parecer apreciaba bastante a los buenos mentirosos. Típico de gente religiosa, éticamente si eran unos fanáticos.

Tras haber recogido mis cosas, bebido otra cerveza pasar la pequeña resaca y esperado unos minutos para que hiciera efecto, me dirigí al templo que me había indicado el mensajero.

No tarde mucho preguntando a la gente por direcciones, además de que era uno de los pocos templos grandes con puertas de piedra, lo único que tal vez pudo atrasarme era la cantidad de gente por las calles, cerca de los comercios mas que nada, costaba un poco moverse. Al final unos monjes me preguntaron el motivo de mi visita, una vez que les conté estos mismos se encargaron de llevarme hasta el lugar donde se encontraba Orpheon esperando, había llegado ya un elfo. Por mi parte decidí guardar silencio a la espera de que el paladín despachara a los monjes que me habían traído, creí que sería de mala educación presentarme antes de que me preguntaran, tampoco sabía si había algún tipo de costumbre para aquello, así que decidí que por el momento me aguantaría de romperla.
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Terrell

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MensajeTema: Re: Asalto a la basílica   Sáb Mayo 29, 2010 9:22 pm

Un hombre pálido con tatuajes rojos en la piel caminaba por una oscura calle. Su piel mostraba múltiples gotas de sudor, y en sus manos portaba dos espadas de color dorado, aunque el filo era tinto por la sangre que los cubría, y que creaba pequeños ríos en la espada, que acababan cayendo al suelo, dejado tras de si un rastro de pequeñas gotas de sangre. El hombre se detuvo junto a una pequeña puerta de madera que tapaba la puerta de su casa. Abrió la puerta lentamente, en el interior no había rastro de luz. El hombre avanzó y se introdujo en el interior de la casa. Caminó con pasos firmes, casi sin hacer ruido. Y... entonces... en el suelo, únicamente iluminado por la luz de Deòir.. se hallaba una figura humana, con cabello marrones, sus ojos azules mostraban una expresión de horror, y un enorme charco de sangre rodeaba el cadáver de la esposa de aquel hombre. A su lado, agachado, había otra figura, de cabello negro enmarañado. Al notar la presencia del hombre, la figura se giró, dejando ver su rostro... pálido, su boca estaba bañada de la sangre de la mujer, y entre la sangre se distinguían dos afilados colmillos... y sus ojos rojos miraron con terror al hombre...

Niko se despertó sobresaltado incorporándose en el lecho de paja donde dormía, tenia el pulso acelerad, y grandes gotas de sudor cubrían su rostro, en definitiva, su aspecto era el mismo que si hubiese estado practicando ejercicio. Niko se tumbó de nuevo... otra vez aquella pesadilla... Desde que vio al vampiro asesinar a su mujer, había tenido esa pesadilla todos y cada uno de los días, siempre se despegaba en el mismo momento, recordándole la faz de el asesino que acabó con la única persona que había amado, recordándole todos los días que no descansaría hasta tener su cabeza en sus manos, hasta vengarse de lo que le habían echo.

Niko miró por una pequeña ventana, ya había amanecido, y el sol bañaba el interior de la estancia. Se sentó en el borde de la cama, y se colocó los brazaletes que mantenían sus espadas unidas a el. Se puso en pié, y salio a un pasillo, al fondo habían unas escaleras que bajaban a la planta baja, donde se podía escuchar el ruido de la taberna. Caminó hacia las escaleras y las bajo pesadamente. Salio del local, y se dirigió al exterior de la ciudad, para reunirse con su loba Dor. La encontró dando un paseo entre los árboles del exterior de la ciudad, y cuando vio a su amo corrió junto a el. Niko sonrió y acaricio a la loba en el lomo. Tras unos instantes se irguió de nuevo y empezó a andar. Pero entonces vio a un hombre que corría hacia la ciudad, Niko siguió su camino, pero al verle el hombre se detuvo.

-Por su aspecto diría que se trata del general Tein-Dijo el hombre observándole.

-Soy Tein, pero no general, dejé la guerra hace tiempo-Dijo fríamente.-¿Para que me buscas?

-El señor Orpheon me ha ordenado que viniese a buscarle, me pidió que le dijese que tenia información sobre el vampiro que busca, y que estaría encantado de dársela si le ayuda con los herejes de un monasterio cercano-Dijo el hombre tomando aliento.

Cuando Niko escucho que tenían información sobre el vampiro apretó fuertemente la empuñadura de sus espadas, por fin algo de información... si ayudaba a ese Orpheon estaría un paso mas cerca de completar su venganza...

-¿Donde se encuentra ese monasterio?-Preguntó Niko en tono severo.

El hombre le dio las indicaciones y Niko puso rumbo hacia donde le dijeron, y, tras unas horas llego hacia el monasterio. Allí, le guiaron hacia donde decían que esteba Orpheon. No era e único como pudo ver. había un elfo y un humano, o eso aparentaba por lo menos. Permaneció en silencio esperando que le dijesen que hacer.
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Orpheon

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MensajeTema: Re: Asalto a la basílica   Jue Jun 03, 2010 1:30 am

Off rol: Lamento la tardanza, diversas cosas que rondan por mi cabeza no me dejaban hacer nada coherente, y dudo que me salga algo de buena calidad pero... tampoco quiero haceros esperar.
___________________________________

Orpheon esperó pacientemente a que las figuras se aproximasen al monasterio, con los brazos cruzados tras la espalda. Llegó uno. El paladín le examinó con gesto crítico. Era muy bajito, y llevaba un arco. Parecía rápido, dirigiría a los ballesteros. Se presentó como Zakhath, aunque a la mente Orpheon ese nombre resultó casi impronunciable, no dijo nada. Le saludó poniendo su mano izquierda con la palma hacia el pecho e inclinando la cabeza. Luego recuperó la vertical y se acomodó los grisáceos cabellos.

Maese Zakhath, sea bienvenido a mi humilde morada, es un honor contar con tu arco. Mi nombre es Orpheon mano del atardecer, pero esperemos a que vengan mas aventureros, luego os explicaré en que consiste esta tarea.

Llegó un segundo aventurero. A Orpheon le pareció un maleante, y suspiró. No le gustaba tratar con los de esa calaña, pero necesitaba hombres para el asalto. Portaba una espada típica de los ladrones y rufianes a los que la orden tanto se esmeraba en exterminar... pero podría resultarles útil. Ni siquiera se presentó. El paladín alzó una ceja, pero le saludó del mismo modo que al arquero que había llegado antes que el.

Sea bienvenido, al convento de la orden del atardecer. Mi nombre es Orpheon y soy el lider de todos los moradores.

Pasaban los minutos, y los aventureros comenzaban a impacientarse, y el paladín tambien. Se cruzó de brazos, tamborileando con los dedos sobre los bíceps ocultos bajo la túnica. Parecía que no iba a aparecer... de todas formas, no le acababa de gustar la idea de haberle pedido ayuda. Cierto es que el general Tein era un hombre poderoso, curtido en mil batallas pero... su lealtad podría torcerse en cualquier momento.
Por fin apareció en la lejanía. Se aproximó a ellos con aire cansado, y tampoco habló. Orpheon suspiró una vez mas, dió media vuelta e hizo a todos un gesto para que le siguiesen.

Bienvenido, general Tein, es un honor contar con vos en esta hora de necesidad.

Caminó con paso sereno hacia el interior del monasterio, con los tres mercenarios detrás de el, y los condujo hasta su despacho, donde estaba Godric esperando. A pesar de que Orpheon quería reprenderle por no haber esperado en la puerta, no quería dar mala impresión a los visitantes. Se dirigió a su escritorio, y esperó a que todos le mirasen.

Bien, escuchadme, hermanos, os he reunido hoy a esta hora por que necesito vuestra ayuda para combatir al mal una vez mas. Dejadme que os explique; una banda de herejes de esta zona fué sorprendida sembrando inestabilidad en la población mediante el uso de falsas profecías y endulzadas mentiras. Cuando fuimos a arrestarlos, huyeron a la población de Aguaclara, y pidieron refugio en la basílica de la localidad. Refugio que, claro está, obtuvieron. Los predicantes de la basílica se niegan a entregar a los herejes, a pesar de nuestras advertencias hasta el punto de... tener que tomar medidas drásticas. Entraremos en la basílica y purgaremos a todo aquel que se encuentre allí. ¿Alguna duda?

Tras un par de aclaraciones mas, Orpheon ordenó a Godric que acompañase a los visitantes al portón y esperase allí. El paladín se dirigió por su parte a el ala de los barracones, exigiendo saber por que sus hombres no habían sido movilizados todavía. El capitán le comunicó que los hombres habían ido, pero que Godric los había ordenado volver a sus puestos. De mal humor, Orpheon dijo los nombres de quienes le acompañarían a la basílica, y exigió verlos en el vestíbulo en el tiempo que tardase en ponerse la armadura.
Se retiró a sus aposentos, donde se encontraba su armadura, apilada de mala manera y envuelta en una burda manta. Se quitó la túnica, tras haberse vestido, tomó a Mano de la Noche y su leal escudo, prendiendo ambos objetos de su espalda, y se dirigió hacia el vestíbulo.

Diez hombres le esperaban allí, si bien no todos eran los uniformados que había visto combatiendo. Tres de ellos llevaban una espada colgada del cinto y un escudo mediano sujeto a la espalda, también portaban una armadura ejemplar. Otros dos portaban una ballesta al hombro, y tenían un carcaj colgado de la cintura, repleto de saetas. Dos no llevaban armas, ni armadura, solo una túnica sin mangas, y unos mitones de cuero. Tenían la cabeza completamente rapada. Había dos hombres que llevaban una túnica de viaje, y un bastón de madera. El último de los diez era Bruno, su segundo campeón por detrás de Godric, con su mandoble colgando a sus espaldas. Todos, a excepción de Bruno, llevaban la indumentaria de color azul, con el símbolo de la orden estampado en el pecho. Orpheon les ordenó que le siguiesen. Llegaron a la puerta

Bien, escuchadme todos. Voy a asignar dos guardianes para cada uno de nosotros. Estos hombres seguirán todas vuestras órdenes y darán sus vidas por la vuestra.

Orpheon fué señalando a los hombres, que se fueron repartiendo, colocándose uno a cada lado del aventurero nombrado.

Godric contará con Nick y Bolgr. - Dos de los hombres de espada y escudo se situaron tras Godric.
El general Tein será apoyado por el padre Hadrel y por el hermano Gerar. -Uno de los hombres del bastón, y otro de los de la túnica sin mangas se aproximaron a Niko-
Maese elfo, usted dispondrá de Verith y Eloa -Los dos ballesteros se situaron tras el elfo.-
El caballero del estoque irá con Teif y con el hermano Cili -Los hombres restantes fueron con Arelius.
A mi me acompañarán Bruno y el padre Gervasio.

Y ahora partiremos hacia Aguaclara. Iremos a caballo, acompañadme por favor a los establos...

Orpheon guió a todos los hombres hasta las caballerizas, y varios mozos se encargaron de proveer de caballos a todos. Una vez estuvieron todos montados, Orpheon espoleó a su caballo, y guió a la comitiva por el camino, rumbo a Aguaclara.

_______________________________

Funcionamiento de los soldados: Veamos, cada uno tiene dos hombres a su disposición. Podeis manejar sus acciones como si fuesen pj's vuestros, si bien hay que tener en cuenta que son soldados, no superhéroes. En cada post, vosotros les dais órdenes y ellos actúan, pero, al igual que vuestro pj, no podeis cerrar acciones con ellos.

Una pequeña descripción.

Los hombres de espada y escudo, son guerreros, fuertes, aguerridos, curtidos en mil batallas, que no cesarán el asalto y siempre os protegerán. No son muy rápidos, pero aguantan mucho castigo.
Los de la túnica sin manga son monjes. Disciplinados y fríos, combaten a puñetazos, desarman, aturden... y tienen nociones básicas de curación con magia.
Los del bastón son sacerdotes: Combaten mediante magia, y pueden apoyar con curaciones y bendiciones a los compañeros.
Los ballesteros: Unirán sus mortíferas flechas a las del elfo.

Narrad vuestras impresiones, el viaje, hablad con vuestros soldados, si quereis...
Una semana para postear.
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Godric

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MensajeTema: Re: Asalto a la basílica   Dom Jun 06, 2010 7:03 pm

Godric se encontraba con la armadura de Orpheon, en brazos, envuelto en una burda manta para que sea fácil transportarla, al llegar al despacho de el, pudo ver que nadie se encontraba en el, por lo que dejó la armadura en una esquina y pudo apreciar desde un gran ventanal que había en el como los mercenarios llegaban y se quitó el casco para poder verlos mejor desde allí, le dejó sobre la mesa y se puso en pie delante del cristal con las manos agarradas detrás de la espalda. Pudo apreciar como su señor se encontraba esperando a los mercenarios, pero el pensó que ya que se encontraba allí, era mejor idea esperar a que todos llegaran allí, el primero en llegar fue un hombre bajito, por lo que Godric pensaba era alguien que por el arco que portaba, se dedicaría a mantener las distancias, aunque no le convencía demasiado la idea por que no parecía alguien de gran constitución y por lo tanto a pensar de Godric no era un gran guerrero, el segundo parecía un rufián, no sabia si este seria útil o moriría a las primeras de cambio, y Godric pensó:

-Le cortaré las manos yo mismo como ose robar aquí.

Pero pensó que toda ayuda en bienvenida, tan solo esperaba que alguien como ese, no se relevelara en el ultimo momento o salga corriendo, si algún mercenario decidiera hacer algo parecido, Godric no se lo pensaría dos veces en quitarlos la vida de una forma lenta y dolorosa. Un tiempo después, apareció alguien calvo, de altura comparable a la de Godric pero de espaldas no tan anchas, pues el tamaño de Godric era increíble para un humano, se fijó en el y era alguien del que rara vez se podían escuchar rumores sobre el, esto le recordó bastante a su pasado, pues Godric también fue un general en el pasado, este parecía que se había curtido en bastante peleas, por lo que pensó Godric este seria un buen aliado en este momento, pero tampoco se fiaba mucho de el pues como con todos, podrían cambiar de bando fácilmente. Entonces vio como los tres aventureros y su señor se dirigían al interior del monasterio, cogió su casco pero no se le colocó en la cabeza simplemente le tenia cogido con las manos, dando vueltas alrededor de la mesa esperando a que llegaran no tardó en sonar la puerta abriéndose, entonces el estaba al lado de la puerta, de tal forma que según entraban a su derecha se le podía encontrar mostrando su media cara quemada con el ojo rojo y su largo pelo blanco cayéndole por la espalda, con la cabeza alzada, entró primero su señor, pensó que seria buena idea decirle los sueños que pasan por su cabeza cada vez que va a dormir, si consigue dormirse, pues sus recuerdos del pasado hay veces que no le dejan ni si quiera dormir. Detrás de Orpheon fueron los otros tres mercenarios, Godric no les miró en ningún momento, simplemente cuando terminaron de entrar cerró la puerta y se colocó delante, entonces se paró a escuchar las palabras de Orpheon.

Godric cuando este terminó de hablar abrió la boca para comentarle lo de sus sueños, pero este le ordenó rápidamente que guiara a los aventureros hacia el portón entonces dijo con su voz grave a la vez que se colocaba el casco:

-Vamos…

Y no dijo nada más durante todo el camino, simplemente andaba sin mirar para nada a los aventureros, la gente que se cruzaba en su camino, o la apartaba de un manotazo o directamente ellos se apartaban solos rápidamente, caminando a paso rápido, no tardaron en llegar al portón y esperó allí sin decir nada simplemente se quedó firme esperando tal y como le dijo Orpheon, no seria buena idea faltar a sus ordenes dos veces.
Orpheon llegó después acompañado de 10 soldados, dividiéndolos de tal forma que cada uno tuviera dos, a Godric le tocaron dos soldados, parecían valientes y fuertes, dijo sus nombres Nick y Bolgr, Godric estaba convencido en que estos dos soldados no le fallarían, no pensaba lo mismo de los mercenarios, pues ellos no han sido disciplinados igual que los soldados de la orden, poco después Orpheon ordenó que le siguieran a los establos, entonces el se dirigió al suyo, era un gran caballo árabe que portaba algunas piezas de armadura, por la cabeza y algunas partes del cuello y lomo, el resto estaba con un mantón de colores negros y rojos, colocó su maza en un lateral y montó en el esperando la orden de Orpheon….
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Terrell

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MensajeTema: Re: Asalto a la basílica   Lun Jun 14, 2010 9:33 pm

Tras un rato Orpheon habló, y saludó a cada uno de los presentes en aquel momento. A el no le importaban en ese instante las presentación, solo deseaba acabar de una vez con aquel trabajo y recibir la información.

-Si me necesitas estoy a tu servicio...-Dijo Niko sonriendo sádicamente.

Tras aquel... pequeño intercambio de palabras fue conducido al interior del monasterio y les comunicó los objetivos. Herejes... blablabla... basílica... blablabla... ¡Oh! una cosa que le interesaba... purgar a todo el que se encontrase... Niko sonrió de manera macabra ante aquella idea... ¿Le daban a el rienda suelta para que matase a cuantos se le pusieran en el camino? Aquel día seria muy divertido... de eso estaba seguro.

El hombre de armadura negra les condujo al portón. Aquel hombre parecía serio y peligroso, en cierto modo le caía bien a Niko, no muy hablador, parecía duro, fuerte, luchador... aunque se escondía tras su armadura...
Tras un rato Orpheon llegó acompañado de algunos hombres, que fueron distribuidos, dos para cada uno de los allí presentes. A el le tocaron un hombre con una tunica blanca y un bastón, por su aspecto Niko supuso que seria un hechicero. Se alegró por el, pudiendo usar magia no se tendría que acercar a el demasiado... así que por lo menos no tendría que acabar con su molesta presencia. El otro era un tipo con una tunica sin mangas, y portaba unos mitones... por su aspecto dedujo que seria con aquello con lo que lucharía... a base de puñetazos, esperaba, por su propio bien, que sus golpes no le llevasen delante de el, o no le quedarían manos para pelear.

Salio al exterior donde su loba le esperaba, le acarició un momento la cabeza, y después puso marcha a la basílica que le fue dicha.

-Os advierto, por adelantado-Dijo Niko en tono lúgubre y amenazante.- que no permitiré que estorbéis mi misión, si os interponéis en mi camino vuestra vida no durará mas que un rayo...

El monje, no mostró ninguna perturbación, únicamente asintió serenamente, el sacerdote sin embargo pareció mas asustado ante la advertencia de Niko.

-Esto... si... señor...-Dijo en tono asustado.

Niko, mirando al frente para que no viesen su expresión sonrió... tras aquello no osarían interponerse en su camino...
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MensajeTema: Re: Asalto a la basílica   

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Asalto a la basílica
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