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 Sobre Espadas y Hielos Oscuros

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Chris Tara
Corazón de Hielo
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Fecha de inscripción : 19/07/2009

MensajeTema: Sobre Espadas y Hielos Oscuros   Jue Mayo 27, 2010 6:10 am

Evidentemente, Kirtash no deberìa recordar. No estaba en sus planes pasarse la vida en el pasado. Èl era una persona con una enorme fuerza de voluntad. Generalmente, si se proponìa algo, lo lograba, aunque no fuese cosa fàcil llegar a su objetivo. No, definitivamente, estaba lejos de sentirse disgustado con ello. Sin embargo, ùltimamente empezaba a darse cuenta que tal vez estaba equivocado.
Desde la muerte de Victoria, èl habìa pensado sinceramente que perderìa facultades. El dolor de la desgarradora tragedia habìa estado demasiado fresco para no pensar de esa manera. No había sido así, ya que sólo su parte humana había sido dañada en el proceso, y él era demasiado serpiente para no fortalecerse con ese intercambio. El hecho de que un poderoso sentimiento muriera aquella fatídica tarde, era más a su favor, que en su contra.
Chris Tara no podía negar que era demasiado sangre fría para que algo tan apasionado le hiciera ningún bien.
Pero también era demasiado honesto consigo mismo como para no darse cuenta de que resultaba un detalle un poco triste el que no pudiera sentir del modo que aquella gitana de ojos de luz le había gustado que sintiera.
El joven de mirada gélida suspiró. Sí, en efecto. Resultaba inútil perderse en aquellas eculubraciones cuando había tanto que hacer...
Sonrió imperceptiblemente. No, no debería recordar...
Pero valía la pena retroceder un poco al pasado. Al parecer, el destino jugaba mucho con él...
Sólo entonces podría explicarse el asesino que alguien como ella apareciese en su vida.

No fue casualidad. De eso él está completamente seguro. Podría haberlo sido, pero era imposible. Ella vivía allí, era su territorio, donde guardaba su poderío. Kirtash se hubiese sentido mejor habiendo partido a otro lugar, otro tiempo, otra vida. La necesidad de un hogar, por poco tiempo que lo ocupase, no obstante, había cambiado las cosas. Ya no le era posible escapar, fugarse en una estela de actividades que calmase sus ansias de libertad.
Necesitaba su usshak*. No era la misma casa que habían elegido en un principio, más era adecuada. Apropiada para él.
Y por eso estaba ahí. En el fondo se sentía tan insatisfecho, inquieto de nuevo. ¿Cuàndo desaparecería la molesta sensación? No lo suficientemente fuerte para ser una emoción y no lo suficientemente débil para ser sencillamente ignorada.
Kirtash se percibía...diferente. Y estaba intentando reparar esa pequeña grieta en una estructura perfecta, dando largos paseos, fintando, recuperando su antigua (y legendaria) habilidad con la espada, cuando su preciada arma se quebró... otra vez.
Jamás él se sintió tan inmóvil. Miró fija y duramente la hoja partida en dos, un símbolo de la estabilidad perdida. No tensó los labios en una fina línea ni maldijo como cualquier otro humano hubiese hecho, pero no apartó la mirada. Sus largos cabellos enmarcaban aquel rostro atractivo, tan impasible... pero sus ojos azul hielo chisporroteaban en una flama muy extraña.
En efecto, allí había emoción. Una compleja y muy indescifrable emoción, pero que no dejaba de estar presente en la claridad de aquel día.
Pasaron silenciosos momentos. No había palabras para describir aquella escena, aquel momento. Kirtash alzó los ojos al cielo. Era una tarde normal, una primavera privada y sólo para él en un paraíso igualmente suyo y alejado de los demás.
Envolvió la espada rota en un pañuelo negro que llevaba con él y se alejó. Sin decir ni una palabra, sin que ningún pensamiento se filtrase en la máscara de un alma reservada.
Recordaba su distraído y a la vez concentrado pensamiento. Necesitaba restaurar aquello que había perdido y pronto. La tarea no era simple: el que había forjado a la espada había muerto mucho tiempo atrás. Así pues, no le quedaba más que pedir ayuda a alguien más, esperando que esta vez pudiese encontrar la fuerza suficiente para que aquel contratiempo no volviese a pasar.
Y sí, fue de ese modo como conoció a Airlea. Fue cosa suya, su búsqueda, su encuentro.
No albergaba muchas esperanzas. Había oído de su poder, por supuesto. Nadie que se preciase de vivir en Argos Nova ignoraba su existencia. Hasta ahora, él se había limitado a evitarla. Su experiencia con criaturas como aquella lo hacía ser cauteloso, indiferente y sobre todo... prudente. No creía que pudieran tener nada en común y prefería no tener más problemas de los que podía cargar.
Sin embargo, quizá ella pudiera arreglar los desperfectos de su espada.
Y fue ùnicamente por eso, sòlo por eso, que abandonó su casa y fue en pos de aquella dama tan volátil, extremadamente etérea, cuya naturaleza ya indicaba cuán voluble debía ser su carácter interior.
Viajó durante semanas, averiguando, esperando contar con alguna pista de su paradero.
Que todos supieran de Airlea no significaba que estuvieran enterados de su residencia, o como encontrarla. La mayoría de los que no eran fieles abandonaban la búsqueda al poco tiempo, pero Kirtash era Kirtash.
Si alguien podía hallarla, era él.
Lo hizo y si él no hubiese cambiado tanto, se habría dado cuenta, por pura lógica, que el encuentro no podía hacerle ningún bien. Porque los tratos con gente que se relaciona con deidades y tiene características de una, suelen ser crueles, calculadores y con fines propios en los cuales entremezclar a aquellos que se atreven a pedirles favores.
En resumen, bastante parecidos al propio Kirtash. Aún así, él debería haber sabido que no necesitaba un lío más.
Y, a pesar de ello, resultaba tan adecuado, tan correcto...
He aquí la ironía del destino.
¿Cómo podría esperar el hielo aguardar en la tenebrosa oscuridad de su aliento? Pero es que entre las Tinieblas y esa cosa helada que era Chris Tara, había una silenciosa comunión, una experta comprensión de un mismo origen.
Las manos del joven se movieron para apartar un mechón de cabello de su fría frente. Sus ojos, estrechadas las pupilas, miraron al horizonte con fría inteligencia, a medida que empezaba a recordar.
Sí, la había encontrado.
En pleno hogar, en pleno estío.
En plena vida, se desarrolló la escena, el lugar y el encuentro.
Entre Hielo y Oscuridad. Entre Espadas y Poderes sin nombrar.



....................................
*Usshak: Hogar. El lugar más privado de los que tienen espìritu de serpiente. No suelen compartirlo con nadie. Refugio, el sitio más seguro llegado el caso.
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Lydian

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MensajeTema: Re: Sobre Espadas y Hielos Oscuros   Vie Mayo 28, 2010 1:22 am

Suspiró profundamente aquella mañana, había pasado ya bastante tiempo desde la última vez que recibió un mensaje de su padre, la suave brisa que trajo sus palabras por la ventana la despertó. No había nadie en esa modesta posada de la esplendorosa ciudad de Tol Honeth, pues se había asegurado de reservar la posada para ella sola durante la noche, odiaba dormir acompañada, sobre todo por estar rodeada de inútiles mortales. Sonrió al levantarse de la cama mientras respondía afirmativamente a las ordenes de su padre.

Empleando los poderes que su madre le había otorgado no hubo necesidad de pagar barco o algún tipo de transporte. Ya para medio día había visto en el horizonte el peligroso continente de Argos Nova en su forma de halcón, una de sus favoritas al no ser llamativas y a la vez ser rápidas y buenas cazadoras. Por alguna extraña razón no le agradaba recordar como se había ganado su fama en ese lugar, todo mientras aprendía de su padre como debía comportarse una hija suya. Sentía maravilloso volver a estar rodeada de fieles que cumplirían sus caprichos sin objeciones, pero no había nada interesante en un lugar que sucumbiría tan fácil ante el caos caprichosamente ordenado por Airlea. Podía torturar algunos mortales en sus tiempos de ocio, pero no le veía el caso producir mas caos en un territorio lleno de demonios y criaturas que lo harían por ella sin ser fieles sirvientes de la semidiosa. Menos le agradaba teniendo que dejar un juego que tenía preparado para mas adelante, pero suponía que podría sacar algo de provecho antes de comenzar.

Decidió aquella tarde refugiarse en su modesta casa en lo alto de la montaña mas elevada y cercana a la ciudad de Arkadia, dentro de una oscura cueva alejada de la vista de los curiosos. No hacía falta darle mucha seguridad, había dejado unas cuantas tribus de orcos a los píes dejando ordenes claras de que no dejaran pasar a nadie sin previo aviso de ella. Además había dado hogar a unos cuantos cancerberos en las tantas cuevas que habían a los píes. Solo los expertos guerreros podían subir sin recibir daño alguno y aquellos inteligentes bien informados tampoco tendrían complicaciones a la hora de superar los desafíos. Era su lugar preferido a la hora de querer estar a solas, pues sus súbditos bien tenían sabido aquello y que Airlea era bastante rencorosa cuando sus ordenes no eran cumplidas.

Una vez transformada en su habitación y con ese vestido purpura que tanto marcaba sus líneas y dejaba algo visible las partes de interés para los hombres, dejo que su blanca cabellera cubriera su espalda mientras se peinaba un poco frente al único espejo de la habitación. Sonrió al terminar y mirarse reflejada en el cristal. Se sentía bien estar en casa de nuevo, esta vez con planes de relajarse y olvidarse de los mortales hasta que su padre le hablase de nuevo. Sus ordenes tan solamente habían sido volver al continente, mas que eso no le había prohibido tomarse unos días libres y si no era para eso, los envueltos en la situación sabrían donde buscarla. Dejó su cantimplora llena de arsénico sobre su mesita para dormir junto con sus dagas.

Decidió antes de tomarse un descanso, cerciorarse de que ningún intruso no deseado se encontrase cerca de sus aposentos. Salió por el pasillo que conectaba su habitación con la sala de estar para llegar a este, asegurándose primero de que las otras dos habitaciones estuviesen vacías. Apoyó su mano, levantando su brazo, en el umbral que conectaba el pasillo con la sala. La sala contaba solo con un sofá de cuero bastante cómodo, unos cuantos cuadros pintados de ella en sus peleas y una ventana que iluminaba la habitación ahora con un anaranjado atardecer. Solo había una cosa que la dejó algo perpleja, un hermoso joven de cabellos castaños, ojos azules y de una figura bastante atractiva a ojos de la semidiosa.

–Creí haber dejado en claro que no quería visitas, ¿puedo saber a qué se debe la tuya? – Habló con un tono apacible y un tanto curioso. ¿Podría haber sido ese joven el motivo del llamado de su padre?. El joven estaba ahí como si nada, frío con una mirada perdida hacía la única ventana del lugar. No sabía muy bien que pensar de él, apenas cruzaba por sus veinte años y ya había sido capaz de llegar a la morada de Airlea. Esperaba que su padre no tuviese planes con él, si ya estaba ahí significaba que tendría a alguien mas para cumplir sus caprichos y no solo era joven para eso, debía tener algo mas para haber llegado hasta ahí.
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Chris Tara
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MensajeTema: Re: Sobre Espadas y Hielos Oscuros   Vie Mayo 28, 2010 1:49 am

El relato de còmo llegò a presentarse en la misma habitaciòn donde Airlea pasaba el tiempo vale la pena contarse.
Ningùn humano mortal tenìa derecho a la entrada; ni siquiera èl, en tiempos de calma, podìa esperar ser recibido asì como asì. No obstante, èl estaba diferente. Podìa decirse que su estado anìmico en aquel instante era rabia. Una rabia callada, frìa y tranquila de la que no podia decirse gran cosa, pues no daba muestras de ella màs que en la brillantez de esa mirada paralizadora.
Así pues, cuando caminó, tranquilo, hacia la hueste de orcos que le cortaba el paso, no dijo nada. Se limitó a mirar al jefe de todos, que le ladró estrictas órdenes de que se largara.
En efecto, eso fue. Su mirada traspasó con suavidad hacía la mente poco compleja del jefe de esa banda de monstruos y derribó cada pared de la "casa" a la que semejaba la estructura de la masa gris que era el cerebro.
El orco se quedó inmóvil por completo. Era incapaz de moverse, incapaz de soportar la cruel e imparable mirada de aquel joven de facciones suaves y serenas.
Cayó muerto al instante, desplomándose sobre un suelo polvoriento. Los demás, buenos cobardes, por mucho que obedecieran órdenes de la semidiosa más famosa de Argos Nova, se apartaron entre murmullos, con un claro sentimiento de temor afianzado por la letal elegancia del muchacho al caminar.
Suponìan que los cancerberos serían el obstáculo que detendría la marcha del intruso, más nada sucedía como debía ser y él se limitó a sonreír mientras contemplaba a estas colosales fieras, que lo miraban con clara amenaza.
- Creí que el infierno estaba lejos- se limitó a comentar en voz queda para sí mismo y la media sonrisa que le era característica se acentuó ligeramente.- Es un buen detalle, de todas formas.
Saludó con una leve inclinación de cabeza y los enormes perros, como si supieran algo que los demás ignoraban, le cedieron el paso, ante la asombrada mirada de los orcos, sin prisa, sin pausa y en efecto, como si lo reconocieran como un igual destructor.
Chris descendió entonces por la ladera de la montaña, introduciéndose en la cueva que señalaba el principio del hogar de la semidiosa Airlea. Le parecía apropiado también, tal redil para aquella criatura caòtica e inhumana, pero se guardó mucho de expresarlo.
Pero, aunque accedió a lo que sin duda sería una especie de sala para la dueña de los dominios, y se sentó calladamente a contemplar el extraño escenario que lo rodeaba por una ventana, no pudo describir ningún rastro de la presencia de la formidable mujer.
Resignado a esperar e incapaz de hacer ninguna otra cosa, puso la espada rota entre sus rodillas y acomodò el rostro en una mano, no dejando de admirar la osadía e ingenio de ella para colocar una ventana en el interior de una cueva.
Una suave luz, que podrìa corresponder al sol, si èste pudiese penetrar en semejante espacio, iluminò por un instante los rasgos del joven ofidio.
Los ojos estaban menos oscuros ahora. Casi, aunque no del todo, aparentaban ser inofensivos.
Y durante los largos minutos en lo scuales Kirtash aguardó, nada excepto su respiraciòn turbò la quietud del lugar, anatema a la naturaleza de la deidad.
Un tono apacible rompió esa quietud. La curiosidad del tono era innegable. Por un corto lapso de tiempo, Chris Tara se preguntó cómo podía ser eso posible.
–Creí haber dejado en claro que no quería visitas, ¿puedo saber a qué se debe la tuya? –
Los ojos azules tardaron un breve instante en dejar la ventana para prestar atenciòn a la mujer que se presentaba, muy erguida y majestuosa, frente a èl.
Los largos cabellos blancos enmarcaban un rostro terriblemente hermoso, de pàlida piel y ojos de un tono verde demasiado claro, casi cristalino. Sus mechones brillantes caìan como una cascada imposiblemente larga, adornando una figura fluida y pura, de curvas marcadas.
La mirada de él se volvió apreciativa. Aprobó el corte del vestido purpurino, que tan bien moldeaba aquella sublime figura.
Ella era, tal vez, más alta que él. Pero eso no le detuvo, ni le cohibió. Kirtash no era dado a complejos ni prejuicios y sabía aún admirar la belleza, sobre todo la femenina, por muy alejado que estuviese su corazón de sentirse conmovido.
Se puso en pie con la misma elegancia con la que caminaba. En sus ojos se borró la tristeza, siendo sustituida por la fría inteligencia, así como algo que no podìa calificarse de otra cosa que no fuese autocontrol.
- Mi nombre es Kirtash- se limitó a responder, con calma infinita- Y he venido a pedirte un favor.
Extendió la espada en un significativo gesto y sus ojos parecieron taladrarla, estudiarla y observarla al mismo tiempo.
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Lydian

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MensajeTema: Re: Sobre Espadas y Hielos Oscuros   Vie Mayo 28, 2010 5:20 am

Airlea se mantuvo en la misma posición cuando los tristes y a la vez fríos ojos del joven se posaron sobre su figura. Sonrió levemente al comprender su mirada, le agradaba cuando la admiraban como la semidiosa que era, al menos ambos ya tenían una cosa en común, sabían apreciar la belleza y ella tenía bastante que destacar de aquel joven.

Sin embargo, al escuchar sus palabras no le quedo de otra que borrar aquella sonrisa. No era de su agrado escuchar eso cuando estaba en esa morada. Indiferente a la belleza del joven y al provecho que podría sacar de este, descartando la idea de que fuera alguien involucrado en la orden de su padre, la semidiosa aún se mantenía con planes de disfrutar sus vacaciones. No estaba ahí para atender a otros y eso era algo que Kirtash debería aceptar si aquel favor era realmente importante como para acudir en su ayuda. Soltó un leve suspiro en señal de desaprobación y dejando de apoyarse en el umbral, comenzó a caminar hacía su invitado.

–Muchos han sucumbido por lo mismo – Dijo fríamente conforme se iba acercando al muchacho. –No podría desperdiciar un rostro como el tuyo, Kirtash –Dijo sacando un tono mas dulce y muy poco natural en ella. A unos pasos del joven, Airlea comenzó a observarlo mas detalladamente, por alguna razón no le agradaba el rostro frío que tenía en esos momentos, era demasiado inexpresivo y a la vez destacaba la juventud que corría por las venas del muchacho. Caso contrario a ella, sus facciones eran hermosas a pesar de ser muy fría a veces, pero si se era observador se podía apreciar que los años si le afectaban por poco que fuese. Prefirió no seguir apreciando su cuerpo, aún era demasiado pronto y Kirtash ya se había ganado en ese sentido la aprobación de Airlea. No había pasado por alto su espada y al igual que él comenzó a apreciarla mas al detalle.

–Ya veo – Dijo volviendo a ese tono de voz frío mas característico de ella y luego con cuidado y no sin antes esperar la aprobación del muchacho, tomó la espada entre sus manos. Apreciando la hoja de la espada pudo comprender porque el muchacho había venido en su ayuda, no conocía de muchas deidades que gustasen de la guerra, era lógico que una espada como esa donde fluía una fría y oscura magia fuese a parar a sus manos. ¿Cómo había podido ser que pasase por alto la presencia de aquel joven que encerraba tantos misterios cuando vivía donde podía moverse y actuar con tanta libertad?. Fue innecesaria una revisión mas detallada del arma, su hoja era majestuosa como solo esa espada podía ser y la magia en ella seguía fluyendo, no cualquier herrero de ese continente podría forjarla, pero si conocía uno que podría ayudar. Aún así, ella seguía estando de vacaciones, por lo que decidió moverse hasta una repisa que estaba en lo alto y bastante cerca de donde estaban, para dejar el arma sobre ella. –Se buen chico y la tendrás de vuelta, ahora veo que tenemos algo para conversar – Dijo volviendo con su tono apacible, mas relajada sabiendo que era la única portadora de algún arma.

Camino entonces con naturalidad dejando que sus curvas tentasen al muchacho, dirigiéndose esta vez hacía el sofá, para sentarse sutilmente en este ocupando un costado entre el brazo y el respaldo mientras miraba a Kirtash. –Ven aquí, Kirtash. Acomodate y dime; ¿por que debería escuchar tu petición? – Dijo manteniéndose apacible, probando primero la astucia del muchacho. Le era bastante entretenido tentar a la gente joven cuando esta venía hacía ella. Aún le quedaban dudas si realmente no había corrido con suerte al subir hasta ahí, lamentablemente esa suerte se acabaría estando a su lado y mas si aceptaba cumplir ese favor.
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Chris Tara
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MensajeTema: Re: Sobre Espadas y Hielos Oscuros   Vie Mayo 28, 2010 8:32 pm

Él sabía que sería difícil. No era la primera vez que quedaba a merced de seres tan poderosos que podían darse el lujo de ceder a caprichos.
Aunque no compartía su naturaleza con ellos, los comprendía lo suficiente como para tener una clara idea de lo que debía esperar. Así pues, soportó impasible el escrutinio al que era expuesto, porque despuès de todo, èl tenía parte de las riendas entre las manos.
O eso creìa él.
Cuando ella empezó a hablar, advirtiendo finalmente el motivo de su imprevista visita, èl le dio permiso de tomar su preciosa espada, sin reticencias. Eso no significaba confianza, sencillamente necesidad. Sobre todo, si quería una pronta respuesta, debìa dejar que ella advirtiese con seguridad el daño.
Interiormente, èl no estaba del todo contento. Tener que depender de alguien como Airlea no le satisfacìa en lo absoluto y, sin embargo, era todo lo que podìa hacer.
Su propio disgusto se vio reflejado cuando ella prefiriò posponer el asunto. Era muy propio de alguien así, pero no dejaba de ser frustrante. Su deseo, si se puede llamarle asì, era tener una entrevista ràpida y pasar inmediatamente al asunto que llenaba la razòn para hacer tan imprevisto viaje.
Aùn asì, ni èl podìa negar que no era posible hacerlas cosas tan sencillamente. Airlea tenìa, despuès de todo, el derecho de preguntar cosas, probarlo para saber si debìa ayudarlo o echarlo de sus aposentos.
Así pues, se dispuso a cooperar... más no era propio de èl sentarse,y mucho menos en ese tipo de lugares.
La miró de la misma forma que al llegar. Sin embargo, habìa un brillo más oscuro en sus ojos.
Tardó un momento en evaluarla en su justa medida. ¿Debía o no tomar asiento?
Aunque no lo pareciera, Chris Tara estaba perfectamente enterado de los matices de una conversación,sobre todo corporales. Su pueblo era muy dado a sutilezas que sòlo conocìan los suyos y habìa gestos que nadie màs podrìa interpretar correctamente.
Y aunque Airlea no pertenecía a éste, lo cierto es que era una figura de poder, por lo que Kirtash no podía pasar por alto lo que eso significaba.
Tenía que ceder, aunque eso no le hacía ninguna gracia. Sin alterarse exteriormente, tomó una silla y la dispuso en la distancia correcta de la semidiosa.
Dado que no contaba con otra alternativa, ésta era la única opción que tal vez le permitiera salir airoso de esta situación...
Más por dentro se preguntaba con toda honestidad, si aquello no sería un error.
Se sentó, pues, en una postura erguida y garbosa y respondió a aquello que le era preguntado.
- No hay una razón por sí sola. Sencillamente es algo a lo que puedes acceder o negarte-
Sabía que con ese tipo de palabras estaba arriesgándose mucho, pero sospechaba que algo de él la intrigaba, así que tenìa ese punto a su favor.
Se inclinó hacía ella, dejando que sus cabellos castaños enmarcaran aún más su rostro. Su mirada gélida era intensa y precisa, en una parte de convencimiento letal. Estaba consciente de que sería difícil hacerle daño a una criatura como ésta, sin embargo, lo que podía era leer en sus ojos, adentrarse en ellos con la valentía y sabiduría que sólo una persona como él podía adquirir con tal innumerable pràctica.
Luego, continuó hablando con esa voz que él había utilizado en miles de tratos, suave y fina, sugerente y sedosa:
- Aunque es cierto que podrìa ofrecerte algo a cambio, que fuese de tu elección, sabes que no tienes razón alguna para decirme que no. ¿Acaso los dioses no ayudan a sus adeptos?
También estaba al tanto de que él no era ningún fiel a su causa, pero era un asesino y no le importaba pagar lo que correspondiese por aquel favor. Ya no tenía nada que valorase lo suficiente como para lamentar desprenderse de él y no quedaba nadalo suficientemente importante por proteger, así que quizá estuviese bien un cambio a su vida.
Casi podía predecir lo que ella haría, aunque su esencia veleidosa lo hiciese más difícil. Pero su rostro parecía vulnerable y encantador, aunque impresionantemente serio.
¿Qué había en sus ojos ahora? ¿Era acaso interés? ¿O sólo era una ilusión de su cautivante alma de serpiente?
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MensajeTema: Re: Sobre Espadas y Hielos Oscuros   Sáb Mayo 29, 2010 8:05 am

Sonrío al ver que el muchacho tomaba asiento a una distancia prudente, ni muy lejos ni muy cerca. Afortunadamente para él, Airlea no podía alcanzar a tocarlo con los brazos sin que se moviera a tiempo. Claro que la semidiosa se percató de aquello y ya tenía su carta bajo la manga que si pillaría por sorpresa al joven en caso de que lo necesitase. Al menos este si seguía contemplándola como si no hubiese nada mas en el salón, con eso era bastante para mantenerla complacida por el momento. El joven entonces habló sus primeras palabras, las cuales la dejaron con un rostro frío y una mirada profunda sobre él. ¿Cómo era que el muchacho había llegado sin ningún ofrecimiento o razón que justificase su ayuda y encima dijera directamente que podía rechazar la petición si quería?. Por unos segundos quiso obtener las respuestas a sus preguntas perdiéndose en esos profundos ojos azules, sintió un escalofrío por su espalda al ver que esa mirada continuaba, pero aquellos ojos no fueron lo suficientes para atemorizar a Airlea quien se mantuvo firme en la posición que tenía. Entonces sus nuevas palabras la tomaron por sorpresa, el muchacho si era inteligente y a simple vista parecía preocuparle poco lo que le pudiese suceder, mas aún habiendo sido advertido.

No sabía bien que decir, si debía aceptar o no. Kirtash era hermoso, joven e inteligente, tal vez demasiado para alguien tan joven y aquello era lo que hacía dudar a la diosa. Una mente joven y despierta era algo que simplemente no venía con un sirviente, no eran sumisos ni fáciles de domar, también quedaba el hecho de que una vez arreglada la espalda tuviese un sirviente menos y quizás unas cuantas cosas que lamentar. –Un inteligente plan sin duda, mas para alguien tan joven. Pero hay una falla en el querido Kirtash – Dijo algo pensativa mientras buscaba algún rastro de inseguridad en el muchacho. –No puedo acceder, una mente despierta y un cuerpo hermoso juntos es lo que toda diosa debería aprender a rechazar –Dijo levantándose del cómodo sofá. Una leve risa con un toque de malicia se cruzó en el rostro de la semidiosa, esperando ver con regocijo la desilusión, enfado o enojo en aquel tan sereno rostro.

Se dirigió de nuevo hacía donde estaba la espada mágica, caminando con naturalidad sin percatarse de que su cuerpo aún quería seducir al del muchacho. Tal vez ese podría haber sido el peor error de la semidiosa hasta el momento, pero siguió sin percatarse; tal era el placer que sentía cuando conseguía sus caprichos al usar su cuerpo. Tratando de disimular, respiró profundamente mientras se daba media vuelta para encarar la espalda del muchacho. Se tomó sutilmente sus codos, como si estuviera cruzándose de brazos. Ocultaba sus dudas al rechazar la propuesta del muchacho en lo mas profundo de sus ojos, era hermoso pero demasiado inteligentemente peligroso. Si pasaban mucho tiempo juntos Kirtash podía caer en el error de aprender demasiado bien sobre las malas costumbres de Airlea y unas cuantas cosas mas prefería ignorar por el momento. A pesar de eso, parte de ella deseaba que su mente fuese lo suficientemente despierta para percatarse de lo que andaba buscando.

–No sin antes hacerte una prueba, tal parece que los cancerberos no fueron difíciles para ti, así que tengo algo mas grande en mente – Dijo algo molesta, resignándose a la idea de que si le gustaba aquel muchacho. –Un guerrero no puede valerse solo por sus armas y magia, será un desafío de ingenio –Habló de nuevo, esta vez entonando su voz como queriendo dejar una enseñanza en el muchacho al mismo tiempo que le daba la oportunidad de ponerse a adivinar como podría ser aquel desafío. Se acercó nuevamente a él mientras lo miraba con cierto brillo en sus ojos, necesitaba ser convencida con algo mas que palabras. Pasó sus manos por los hombros de Kirtash y los recorrió solo dos veces al darse cuenta que podría ceder sin ser capaz de resistirse.

–Pero primero me debes decir, ¿de qué forma podría mantenerte atado a mi cuando cumpla con nuestra parte del trato? – Ordenó a responder con su voz profunda, esa que siempre utilizaba con su habilidad de dominación y que era tan efectiva en humanos, mientras tomaba el mentón del muchacho, lo alzaba y miraba profundamente en esos ojos azules. No debía dudar en esos momentos o su habilidad no funcionaría, si alguna vez había deseado no ser tocada por algún hombre, ahora habría preferido a cualquier otro para haber utilizado dominación.
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Chris Tara
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MensajeTema: Re: Sobre Espadas y Hielos Oscuros   Sáb Mayo 29, 2010 8:57 pm

Era más que una entrevista entre un hombre y una mujer, más que algo entre una serpiente y una semidiosa. Era un desafío y tal vez un enfrentamiento velado.
Para Kirtash ella era demasiado clara, demasiado fácil ser adivinada, al menos por el momento. Había pocas cosas que se le pudieran ocultar a una criatura como él, dado que, además, los pensamientos conscientes de Airlea estaban demasiado a la vista.
Su principal prioridad era reparar su espada, màs el joven estaba empezando a experimentar una curiosa sensaciòn que ya creìa haber perdido antaño.
No sabía què era, pero se hallaba en algún punto entre curiosidad y diversión. Por otro lado, hacía mucho tiempo que él no estaba con ninguna mujer, fuera de la raza que fuera, por lo que sus necesidades físicas tal vez se vieran transportadas a otro nivel. Él nunca fue ni muy apasionado y no del todo necesitado del contacto fìsico, pero lo disfrutaba y era poco probable que en el futuro se volviese menos seductor o fiel. Su necesidad de distancia y su incapacidad para el compromiso o atadura alguna lo hacía particularmente libre, y no veía nada de malo en el hecho de simplemente apreciar lo que sus ojos le decían que viera y disfrutara observando. Aún así, no podía simplemente ceder a estos deseos, porque estaba muy consciente de lo peligroso que podía resultar jugar tan limpiamente con una semidiosa. No cabía duda que su ira sería terrible y Chris Tara tenía por política no meterse con nada que no pudiera manejar.
Por eso el dilema que se le presentaba estaba resultando tan difícil. Por un lado, èl no tenía los suficientes escrúpulos para no utilizar los medios que estaban a su alcance para convencerla, más estaba seguro de no poder involucrarse màs que de forma puramente física, algo que no tenía la importancia que sin duda Airlea querría poner en el episodio.
Incluso ella parecìa advertida a este respecto, dado que se alejaba de èl y sospechaba acerca de sus intenciones.
Kirtash estuvo a punto de aprobar esa actitud. Desgraciadamente para ella, no fue lo suficientemente prudente.
Estaba claro que ella quería dominarlo, quitarle la voluntad para atarlo a su poder por medio del favor que él le estaba pidiendo. Que tuviera el poder no era suficiente, no obstante. Kirtash ya habìa sido objeto de intentos de manipulaciòn y extorsiòn antes, y no era fàcil que cayera en ellos. El mismo hecho de que no tuviera nada que perder lo hacìa màs fuerte, porque la diosa no contaba con los elementos suficientes como para dañarlo realmente.
Kirtash sonrió tranquilamente. Aquello que ella pedía no tenía nada de particular y el muchacho tenía la suficiente paciencia para esperar lo que hiciera falta. No le molestaban las pruebas y eso le revelaba un detalle muy importante: a pesar de haber acabado con uno de sus vasallos por medio de su mirada, Airlea parecìa ignorar su extraordinario poder destructivo y no iba a ser Chris el que la sacara de la visiòn que quizà tenìa de èl.
Más no respondió. Tenía claro que ella aún no había terminado de hablar y estaba curioso por qué tan lejos llegaría en su acercamiento a un extraño que venía a pedirle su favor.
Así pues, ni se inmutó cuando aquellos delicados pero fuertes dedos lo aferraron del mentón con una suavidad que no le pasó desapercibida, pues no era de amenaza.
Ella lo miró con esos ojos tan claros y Kirtash le devolvió la mirada, clavando sus fascinantes orbes azulados tan profundamente en su alma que le dejò marca.
Fue entonces cuando percibió que ella no le era indiferente y que su alma era tan oscura como la suya, quizà un poco más. Advirtió que era despiadada más estaba indecisa y se sentía atraída por las muchas cosas iguales que veía en Christian. Indudablemente, aquello era una baza en su favor, sobre todo porque la voz que la mujer empleó entonces tenía todas las bases de ser profundamente dominante.
La deidad debía estar muy ansiosa por retenerlo, puesto que empleaba sus armas cuanto antes. Chris Tara sondeó su fortaleza y admiró la potencia que tenía aquel tono sibilino. A pesar de ello, en este caso él tenía una ventaja por encima de ella, pues la mirada le confería un poder muy especial y le evitaba tener que responder a sus órdenes, dejándole un breve espacio de maniobra.
Su pensamiento se sucedió a una velocidad increíble. Tenía dos opciones. Apartarse y rechazarla, algo razonable pero no del todo adecuado o aceptarla y acatar, por ende, las consecuencias.
Él respiró muy suavemente, dejando escapar un leve soplo helado y mentolado. Ambos estaban muy cerca y la faz de la semidiosa lo impactaba en todo su esplendor.
Ella era muy hermosa. Y a él le gustaba.
Con una decisión que no había efectuado en mucho tiempo, besó suavemente los labios tan dispuestos y tomó el rostro delicadamente entre sus manos.
Podría haber sido ternura, de no haber sido un movimiento tan cuidadosamente estudiado.
Kirtash nunca se entregaba a sus besos. ni a los de Airlea, ni a los de nadie.
Fue un beso largo y experimentado. Le estaba dando a probar un poco de su exquisita esencia, de ese hielo que podìa ser tan moldeable y cautivador cuando se tomaba el trabajo de demostrarlo.
Al fin la soltó y la miró. Los ojos azules estaban màs oscuros de lo normal.
Pero en ellos habìa una profunda invitaciòn a algo muy fuerte y real.
- Decìdelo tù misma- se limitò a responder.
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MensajeTema: Re: Sobre Espadas y Hielos Oscuros   Dom Mayo 30, 2010 7:58 pm

Los segundos pasaron intensos mientras Airlea esperaba ansiosa que su habilidad funcionase con el joven, pero a la vez estaba demasiado expuesta a esos ojos azules que no se despegaban de los suyos. Parte de ella sabía que el joven la estaba leyendo, otra simplemente prefería creer que estaba hipnotizado, ignorando el peligro que ambos corrían con esa mirada. Entonces la concentración que tanto le costaba mantener a la semidiosa, se rompió por completo al sentir la respiración de Kirtash tan cerca de la suya. No dejo que aquello se notará, pero si que lo había hecho.

Los temores de Airlea entonces comenzaron a volverse realidad cuando advirtió un leve movimiento en los labios del muchacho. Ahora era cuando odiaba tener dudas, de verdad quería retirarse e impedir lo que el joven hiciera lo que estaba a punto de hacer. Ya se había decidido cuando de pronto sintió como le robaban el aire. Los labios Kirtahs se fundieron entonces con los de Airlea, mientras el muchacho para asegurarse de que eso siguiera tomaba el rostro de la semidiosa entre sus manos. En un inútil intento de apartarse, Airlea tomó con sus manos la gabardina que vestía Kirtash, pero por mas que intentase pensar, estaba prisionera de aquel beso. Era su culpa por ceder tan fácil ante el placer y haberse expuesto tan imprudentemente ante unos labios como esos, unos que sabían perfectamente como los de ella querían moverse. Disfrutaba de aquel beso a pesar de que el joven había desobedecido sus ordenes y mientras ese beso duraba ella podía comprender mejor porque había sido capaz de llegar hasta ella.

El joven entonces la soltó y separó sus labios de los de ella, sin alejarse demasiado y ella aún manteniéndose aferrada a su gabardina. Se relamió, tratando de disimular, sus labios para sentir mejor el sabor frío que Kirtash le había dejado. No quería mirar a esos ojos, así que apoyo su cabeza en el pecho del joven. Estaba confundida y en brazos de un hombre no podía ser bueno, por primera vez sentía deseos de castigar a un hombre que besaba así de bien y no podía. Sabía que su padre no perdonaría verla confundida ante el beso de un mortal. Con desagrado escuchó las palabras del humano, ¿cómo podía pedirle eso así?. Guardó silencio unos segundos mientras trataba de pensar con claridad, pero aquellos labios seguían sin dejar que se concentrase.

Tomó distancia con él, soltando su gabardina, y solo hasta entonces volvieron a cruzar miradas. Frunció el ceño al comprender el deseo que se almacenaba en los ojos de Kirtash, le estaba costando demasiado no volver a sus brazos para complacerlo, no debía hacerlo, el joven había evadido su habilidad aún siendo un humano. Era peligroso para ella entregarse de nuevo a esos brazos. –No, ninguno me besa sin pasar la prueba. Ahora debes pasar la prueba, después decidiré –Dijo tratando de ocultar esa confusión que sentía y entonando toda la cordura que podía, no quería hacer ver a Kirtash que por unos segundos perdió la compostura. Aunque bien supiese que sus acciones durante el beso la habían delatado. Debía pensar con claridad, no era ninguna diosa virgen que pudiese decidir de tal manera y por aquel joven no iba a cambiar su forma de actuar. Tenerlo lejos durante la prueba le ayudaría bastante.

–Por aquí, ¡ahora! – Habló con tono autoritario por si Kirtash llegase en algún momento que podría besarla de nuevo y tomar la situación a su favor. Se dirigió hasta la puerta trasera de la sala para abrirla y dar paso a un pasillo mucho mas oscuro que todo el interior de la casa. Aquel lugar había sido protegido y equipado con magia hace bastante tiempo para cumplir con los caprichos de Airlea, por eso cada vez que alguien caminaba por aquel pasillo, unas calaveras a la mitad sobre un pilar soltaban débiles llamas para iluminar el camino. Las calaveras se disponían frente a la pared en paralelo a cada costado, hacía el final del camino. Una vez lejos y de espalda al muchacho, Airlea deseó contar con el apoyo de su padre cuando le susurró y envió con una suave brisa el desafío que había preparado mentalmente para el joven.

El pasillo entonces comenzó a cambiar conforme al deseo de Airlea, quien agradeció por lo bajo a su padre mientras las calaveras seguían alumbrando el camino. El techo y las paredes desaparecieron a medida que avanzaban, siendo reemplazados por un oscuro y muerto bosque. Solo troncos muertos de raíces descomunales cercaban el único sendero por el que debían guiarse. Tal y como lo había planeado, en unos segundos los dos se encontrarían frente a las puertas que separarían a Kirtash de la semidiosa lo suficiente como para que pudiese decidir que debía hacer con el joven. Y mientras se las imaginaba, ahí estaban;

Spoiler:
 

Una gran puerta de roble que se abría para Kirtash. Encima de la puerta, en la parte alta del marco, podía observarse la cabeza de una serpiente bastante grande y hacía arriba de la puerta, una cadena montañosa cuyo fin se escapaba incluso de Airlea. La puerta se abrió y un nuevo pasillo se vio apenas alumbrado por las calaveras de afuera. –A partir de aquí quedas solo, no acepto que ningún hombre me bese sin haber pasado por esto.

–Solo habrá un punto en el que tendrás mi ayuda, antes de llegar a ese deberás pasar por el cementerio siempre oscuro de las banshees. Dentro del circulo de piedras si tienes suerte de pasar el laberinto de lápidas, podrás encontrar una ventaja contra ellas, pero deberás ser rápido para localizarla; rápido y brillante. Ese será la primera parte del desafío, espero que no te moleste la neblina muy densa
–Dijo tomándose su tiempo en cuidarse de mantener los puntos que ayudarían al joven ocultos, tratando de no mantener por mucho tiempo sus miradas juntas ni mucho menos distraerse con sus labios. Al terminar de hablar, se acercó nuevamente hasta Kirtash para tomar su gabardina como lo había hecho antes. Miró su pecho dudosa y luego le tocaba el turno a ella de besar al joven en sus labios, por menos tiempo pero lo suficiente para seguir con su sabor mientras el corría peligro. –Mas te vale sobrevivir si me quieres así de nuevo – Le advirtió con una voz entre enfadada y tentadora. Seguía enojada por no poder pensar bien cerca de él, pero seguía queriendo sus besos. Posó su mano en la mejilla del muchacho unos segundos antes de partir y antes de que este pudiese responder, Airlea se transformó de nuevo en un halcón para salir volando de aquel lugar, perdiéndose en lo alto de las montañas. Una vez el joven se quedo solo de nuevo, una fría y escalofriante brisa llegó hasta él, proveniente del pasillo que ahora le tocaba recorrer en una aparente invitación que no podía negar.
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Chris Tara
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MensajeTema: Re: Sobre Espadas y Hielos Oscuros   Dom Mayo 30, 2010 10:28 pm

Hacía mucho tiempo que Kirtash no besaba a ninguna mujer. Tenía cosas màs importantes què hacer y en las cuales pensar, así que le sorprendía un poco los efectos que le estaba causando a la desprevenida Airlea. Había que admitirlo: lo divertía sobremanera su turbación. De alguna manera, probaba que no estaba perdiendo del todo facultades, aunque no agradecía tener que recurrir a ese truco para confirmarlo.
Así pues, sòlo quedaba el detalle y la razòn por la cual su espada se habìa quebrado. Generalmente, èl solìa tener respuestas para cada pregunta, pero por ahora se hallaba muy lejos de la verdad.
Y no era muy cortés pensar en tantas cosas cuando se estaba besando a una dama, también.
Él sabía que ella no estaba completamente en sus cinco sentidos por la fuerza con la que aferraba su gabardina, entre disgustada y rendida. Ciertamente, su atrevimiento no debía ser nuevo para alguien como ella, más eso quitaba las inevitables consecuencias.
Por eso no le sorprendió la ronca y brusca tonalidad que aquella voz alcanzó cuando se separaron. Chris podía percibir como sus verdes ojos echaban chispas y le reprochaban no haber sabido esperar. Se limitó a devolverle la mirada, no sentía ningún remordimiento y dudaba mucho que llegara a sentir algo parecido en ninguna ocasión.
Así era. Para su mente lógica, aquel había sido un paso apropiado para dar y había previsto cuál sería su reacción.
La siguió, puesto que no tenía nada que decir, en silencio por donde ella le ordenaba y no se recreó en la confusión que la semidiosa sentía, pues no reportaba ningún beneficio ni tenía la necesidad de hacerlo, como podrìa esperarse, sin duda, en cualquier otro hombre.
Salieron de aquella pequeña sala que tantos recuerdos le traería al joven más tarde y se internaron en lo que parecía ser un sombrío bosque. Él no había visto algo parecido en Argos Nova, pero suponìa que eso tenìa el ser una semidiosa, iba mucho màs lejos que cualquier otro en sus creaciones.
Poco a poco sus sentidos fueron aguzàndose lo más posible dentro de sus posibilidades. No tenía idea de cuàn ràpido habìa pasado el tiempo, aunque esto tambièn podìa ser sòlo aparente.
Su interès se redoblò cuando llegaron a la entrada del lugar donde se jugarìa un poco de riesgo y quizà un poco su vida. El suelo estaba lleno de hojas secas y el aire era frìo, lo que podrìa disminuir su efectividad de moverse como un silencioso felino, más lo cierto es que él se encontraba igual de còmodo que en cualquier otro lugar. Alzó la vista. Quería ver las estrellas en el cielo, esperando, quizá, la constelación del unicornio que siempre podía ver al esconderse el sol.
Lo que vio no fue el cielo. Percibió la serpiente que coronaba los adornos del arco de la entrada y alzó una ceja, tocado por la sensación de que no podìa ser de otra manera.
Aún así, no lo comentó. Estaba allí para recibir instrucciones y actuar y, personalmente, tenía curiosidad por saber qué más podía revelarle de sí misma en sus reacciones emocionales, un tema que podía serle de utilidad más tarde.
Ella fue ràpida y casi precisa para decirle lo que tenía que hacer. No tuvo dudas de que no sería sin pasar por ciertos peligros que lograría conseguir su ayuda y apoyo, más quizá esto era un poco más alejado de lo que había intuido. No lo desanimó. Conocía algunas cosas sobre sus enemigos y confiaba salir airoso de la prueba, así como le llamó la atención el cuidado especial que Airlea ponía en no mirarlo demasiado.
Suponía que eso era un gran cambio. ¿Sentiría ella algo lo suficientemente fuerte? Probablemente, lo que él: Deseo. Curiosidad. E interès también. Incluso entonces Kirtash se planteaba qué tan lejos podrían llegar, pero ni siquiera él podía hacerse una idea de los muchos problemas que ella llegaría a causarle.
La miró, intenso de nuevo, pero igual de frío. Quizà fue entonces cuando ella decidiò devolverle el gesto que Chris había tenido con su persona y lo besó, de forma mucho menos suave y duradera.
Christian le sonrió. Sí, sabía cómo hacer las cosas. No por nada era tan famosa en un paraje como Argos Nova.
- Te veré al salir- se limitó a contestar y se internó en la oscuridad, sin mirar atrás ni alterarse en lo más mínimo.
....

El lugar era tan profundamente en penumbra que Kirtash apenas podìa ver còmo caminaba. Sus pasos no eran escuchados y no había sonido alguno que rompiera la quietud, más sus instintos le decían que había algo allí, algo que estaba consciente de su presencia y podría resultar peligroso, para él al menos.
Sus ojos intentaban hpenetrar en el camino. Las calaveras que habían iluminado los oscuros pasillos por los que Airlea lo habìa adentrado no estaban màs allì y, a pesar de la amenaza, Chris se sentìa còmodo en una oscuridad tan impenetrable.
Niebla. Airlea habìa hablado de niebla, màs quizà no se encontraba aùn allì, pues no lo rodeaba el color gris, sino el negro. Tap, tap. Ahora sus pasos si se oìan claramente, por lo que presintiò que el escenario cambiaba.
Pronto, el olor de la muerte y algo màs inundò sus fosas nasales con una fuerza que lo hizo preguntarse cuàntas tumbas tendrìa delante. Intuyò la mayorìa de las làpidas y se apartò de los obstàculos y fue entonces cuando el escenario se aclarò.
Todo estaba en un desorden cuidadosoy colosal. Habìa demasiadas sombras tras las cuales cualquiera podìa esconderse y algunas ramas putrefactas intentaban interceptarlo, como garras ansiosas de detenerlo. Chris no se sintiò impresionado ante este escaloriante espectàculo, aunque observò con cuidado. Estaba esperando. La inesperada claridad le habìa abierto la visiòn de la niebla... y tambièn de las descarnadas mujeres de vestidos harapientos y piel verdosa, cuyo largo cabello negro enmarcaba horribles facciones entristecidas...que abrìan la boca dispuestas a gritar.
Lo rodeaban y eran varias. Formidables enemigos, si dejaban escapar el feroz grito de muerte, èl estarìa perdido. Pero no perdiò la calma. Poseìa fuerza suficiente para derrotarlas, lo ùnico que debìa localizar primero era aquello que lo ayudarìa a hacerlo.
Localizò el cìrculo de piedras antes de que la primera mujer (daba la impresiòn de que se daban turnos para matarlo, nada nuevo para alguien tan buscado y perseguido) se pusiera a vociferar. Èl la paralizò inmediatamente con su mirada, acercàndose sin miedo e invocò el hielo hacìa su garganta. No le costò mucho esfuerzo, pues todavìa tenìa el anillo, aunque la espada hubiese sido màs efectiva.
La garganta del monstruo quedò repleta del agua helada. Ya no podìa atacarlo aunque intentò arrojarse encima de èl para inmovilizarlo. Kirtash la esquivò lo mejor que pudo y echò a correr hacìa el cìrculo de piedras.
Una luz azul circundaba su refugio, màs lejos de lo que el cementerio le permitìa llegar. Las palabras de Airlea resonaban en su cabeza con el tono bruco y ofendido de quien se sabe atrapado.
"Tienes que ser ràpido y brillante"
- No va a ser fàcil- ironizò Kirtash en voz alta y apresurò el paso, tapàndose los oìdos para no oìr.
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MensajeTema: Re: Sobre Espadas y Hielos Oscuros   Mar Jun 01, 2010 3:00 am

El muchacho era listo, sabía cuando debía obedecer. Airlea no sabía si esperar a que pasase o no, solo por el placer que este le podía brindar deseaba que superase la prueba. Observaba todo en cuanto al muchacho hacía, así lo había dispuesto y su padre se lo había brindado; por el no tendría piedad con este desafío. No lo había hecho con ninguno y mucho menos lo iba a hacer con alguien que se había adelantado a recibir su premio. Si, le costaba mucho menos pensar con él en peligro. Era mas fácil sacar su lado sádico y ponerlo en juego.

Kirtash pasó sin mayor problemas y frío como siempre por el pasillo que conectaba con el cementerio. Ahora era momento de la semidiosa para entretenerse. Sin mayores problemas ni el mas mínimo ruido posible, el joven encontró las primeras lápidas mientras su vista humana se acostumbraba de apoco a la eterna oscuridad de aquel cementerio. Algunos troncos viejos y muerto de vez en cuanto se cruzaban en el camino del humano, algunas ramas hasta se daban a entender de que también querían disfrutar con él. Pero no todo le iba a resultar así de entretenido como él se lo esperaba, la neblina comenzó a aumentar en densidad, haciendo que su vista se volviera borrosa de vez en cuanto y a medida que avanzaba por ella, pequeñas gotas de agua se deslizaban por su rostro tan inexpresivo y a la vez tan hermoso para Airlea.

Mas pronto de lo que pensaba, el joven estaba ya apunto de salir del laberinto de lápidas y comenzaba de a poco a divisar el coloso desorden del circulo de piedras. El suelo era mas duro en ese lugar, algunas partes de cemento y otras de fina arena desértica, pero la mayoría favorecía al cemento. Las estructuras parecían ser unas ruinas, muchas estatuas que no revelaban forma alguna de lo que habían sido originalmente, varías piedras desparramadas de distintos tamaños por el cemento y alguna que otra sombra de figuras femeninas flotando por el lugar. Ignorando aquellas figuras femeninas de aspecto desagradable que comenzaban a rodear a Kirtash, lo que mas destacaba en aquel tétrico escenario eran las grandes columnas de piedra que formaban un casi perfecto circulo. Airlea en ese momento se pregunto cuando tardaría en llegar, pero entonces comprendió otro de los dotes del muchacho, no era solo su espada la que almacenaba magia y eso solo pudo saberlo cuando el cuello de la banshee que estaba mas cerca del joven quedo completamente congelado. De donde estaba observando, se llevó sus manos hacía sus labios al recordar el frío sabor del muchacho, agradecía no haber sido tomada como enemiga pues si se había expuesto bastante, no solo una sino que dos veces.

El joven comenzó entonces a correr hasta el circulo de piedras. Ante la confusión Airlea no sabía bien que comandar a las banshees, al final decidió que si iba a correr peligro de nuevo por esos labios, el muchacho tendría que recibir la misma piedra y tal pensamiento fue suficiente para que las banshees comenzaran a seguir en conjunto a Kirtash, comenzando a cantar una vez que este llegó al círculo. Al parecer algo las detenía y no les permitía entrar a donde el joven había llegado.

Un objeto brilló entonces en medio del circulo, cubierto por la arena del lugar. Este era el que impedía a las bashees acercarse al circulo, aquel que dejaría de surtir ese efecto una vez teniendo portador. El objeto en cuestión se trataba de un collar forjado en oro, tanto la cadena como lo que colgaba de este que se trataba de una cabeza de serpiente. Una vez el joven se colgase aquel collar, tendría la habilidad si bien no para matarlas, podría pasar como una de ellas manteniéndose a cierta distancia, de lo único que debería preocuparse era que las otras no descubriesen su verdadera identidad. De este modo, si sabía como utilizar bien aquel collar y si lo dejaba fuera del alcance de la vista de aquellas banshees que llevaban trabajando mas tiempo para Airlea, sabría como evadirlas y hasta matarlas. La desventaja que corría, era que el efecto que producía el collar de serpiente sobre el circulo se rompería si Kirtash tardaba mucho y si luego lo llegaba a tomar quedaría transformado en una banshee.

Como si no fuese poco, Airlea dejo en cada piedra grande un objeto sin valor alguno, el cual producía un brillo similar, nunca tan intenso, pero que confundiría a cualquiera. Debía ser rápido y brillante si quería pasar esa prueba y obtener aquel objeto que si luego obedecía bien a Airlea, podrían darle distintos usos y poderes. Todo dependía del juicio y la vista del muchacho, las primeras banshees en acercarse luego serían las mas antiguas, era inevitable, siempre que alguien tomaba el amuleto por inercia entraban al circulo y comenzaban a examinarse las unas a las otras. Ante cualquier movimiento sospechoso lanzaban aquel grito mortal característico de ellas.

Airlea quería ver como el muchacho se desenvolvía entre las banshees si le llegaba la oportunidad, debía conocer bien al enemigo y así mismo para poder salir con vida de aquella prueba y tan solo estaban comenzando, la semidiosa tenía mucho mas por donde entretenerse, a pesar de que no dejaba de tocarse sus labios mientras miraba fijamente al muchacho y que el placer le dijera que lo sacase de ahí de inmediato.
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Chris Tara
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MensajeTema: Re: Sobre Espadas y Hielos Oscuros   Miér Jun 02, 2010 7:45 pm

Corría, pero no como un loco y no carecía de propósito. Sabía perfectamente lo que estaba haciendo y lo que estaba en juego, más no estaba segregando adrenalina, como podría pensarse. El muchacho era demasiado frío y demasiado sabio como para disfrutar con su situación. Se sentía perseguido. No había duda de que su sola mirada podría matar a un par de las criaturas que se deslizaban detrás de él, pero eran demasiadas mujeres y él no tenía la habilidad de resistir sus terribles gritos. Por ahora cantaban y lo hacían mal, sin embargo no era un sonido de muerte y eso era suficiente por el momento.
Llegó al círculo antes de lo esperado. Él no perdió tiempo observando a su enemigo y en su lugar miró con atención los objetos dispersos, en busca de la ayuda que Airlea le había prometido.
Su sensación de alarma desapareció, el pulso se calmó y aminoró su veloz paso. Todo lo que tenía que hacer era encontrar el objeto correcto y usarlo. Sabía que no disponía de mucho tiempo, más no le preocupaba mucho. Él era una persona racional y lógica, no se arredraba ante desafíos como estos.
Había nueve objetos entre los cuales se escondía el único que podía serle de ayuda, aunque sin duda ocho eran completamente inútiles. Kirtash repasó lo que sabía sobre la semidiosa rápidamente y observó las baratijas, intentando encontrar un patrón de comportamiento que le permitiera deducir la respuesta correcta.
Todos los objetos eran joyas, es decir, tenían un mismo origen. Eran de distintos colores. Había collares azules, verdes, rojos, un anillo de amatista, un dije en forma de margarita y tres brazaletes, además de un colgante de oro en forma de serpiente. Desechó inmediatamente tanto los collares como el dije. Ninguno de ellos cumplía con características que asociara con la deidad del Caos y la Guerra. Más bien, todo lo contrario.
Luego examinó en segundos los brazaletes. Uno era de plata y semejaba una enredadera entrelazándose peligrosamente. Estaba claro que quedaba descartada igualmente, ya que Airlea no tenía nada que ver con la naturaleza. Pasó al segundo, transparente, como de cristal. Su corazón vaciló. Le recordaba tanto a Victoria por su luminosidad...
Pero era imposible que Airlea supiera nada de la gitana, así que ni siquiera lo rozó. El tercer brazalete era muy oscuro, casi negro y se curvaba en dos lenguas viperinas.
Chris dudó, pensativo. El anillo era púrpura, como el vestido de Airlea. El brazalete contenía la oscuridad inefable de su esencia y naturaleza.
Y el colgante tenía una serpiente, como el grabado de la puerta.
¿Cuál era la respuesta correcta?
Cerró los ojos durante un momento muy breve. Las Banshees parecían estar esperando, pero la impaciencia empezaba a consumirlas. Tenía que apresurarse.
Dejó de pensar qué podría pasarle. Aquello era un acertijo, uno muy interesante y a él le encantaban ese tipo de retos.
Barajó como un rayo las posibilidades y una fulgurante llama de intuición le dio la respuesta a tiempo. Tomó el colgante de serpiente y se lo puso en el cuello.
Estaba seguro de haber hecho lo que debía hacer, más ahora tenía otros problemas. Alertadas por su gesto, entraron en las piedras e hicieron un círculo.
Kirtash comprendió que las que tenía más cerca eran más viejas y se quedó inmóvil, sin hacer ningún movimiento. Su vida dependía del entero silencio de aquellas brujas, monstruos antiquísimos que podían paralizarle si ese era su deseo.
Se posicionaron a su alrededor, de tal forma que junto a él, formaban el mismo círculo que las piedras marcaban. Kirtash vio como todas se escudriñaban en busca del intruso y entendió que debía tener su mismo aspecto.
Tenía que actuar de nuevo. Aquello era correcto, todo en el instante en que tenía que suceder. Su treta no las detendría por mucho y él estaba más que dispuesto a sobrevivir.
Nunca se confiaba y por su inteligencia no era tan fácil vencerlo. Fingió observar a las demás con cautela y luego procedió a parecer que descubría a una de ellas.
Se acercó sin el menor miedo a una de las más recientes en su nacimiento y, tomándola del pelo, la lanzó al centro de la circunferencia, indicando en silencio que aquella era la impostora. Con rabia, las banshees se arrojaron encima, deseando matar a la que, según la acusación, no pertenecía a su clan.
Las cosas se hubieran puesto muy feas para Kirtash si hubieran deseado castigar a la criatura con uno de sus gritos sobrenaturales. Pero, al parecer, el castigo impuesto por haberse hecho pasar por una de ellas era el ser devorada viva, por lo que Chris contó con algo a su favor.
Se apartó del grupo que estaba haciendo tanto ruido en su macabro festín y puso fin a su misión.
Extendió una mano sobre la espalda de una de las banshees e, invocando a su crioquinesis, congeló a la masa deforme que representaban, todavía con el amuleto al cuello.
Cuidó de poder tener los oídos tapados y contuvo el feroz grito helado y mortuorio que las mujeres lanzaron al ver que estaban atrapadas.
Al finalizar su acción, Kirtash se quedó quieto, admirando el hermoso tono cristalino del hielo que había formado una extraña estatua horrorosa.
Sin siquiera celebrar su triunfo, se encaminó tranquilamente a la salida, dejando que la niebla lo envolviera por completo en sus zarcillos grisáceos.
Para cuando alcanzó el lugar donde Airlea lo esperaba, ya estaba completamente tranquilo y apenas si quedaban rastros de las gotas de agua que habían perlado su hermoso rostro.
Chris miró fijamente a la figura expectante que aguardaba a su llegada. Sus ojos estaban carentes de sombras y le tendió a sus manos el amuleto que lo había protegido.
Por un rato, ninguno de los dos se atrevió a pronunciar palabra. Kirtash parecía hallarse presente y al mismo tiempo muy lejos, como una preciosa silueta a la que es imposible alcanzar, un sueño de un mundo distinto que era visto únicamente porque así lo deseaba su espíritu. Más él estaba lejos de ser un fantasma, ni del futuro, ni del pasado y se encontraba demasiado vivo para mantener aquella ilusió por mucho tiempo.
Al fin salió de su ensimismamiento. Sabía que tenía que hacer algo, y a su manera acababa de recobrar el control nuevamente. Volvió a mirarla con la misma intensidad de antaño.
Y no la besó pero tampoco rehúso la mirada de esos ojos verdes que parecían ser más viejos y más oscuros de lo que nunca había visto o experimentado.^
-Ya que he pasado la prueba, me gustaría que repararas mi espada-susurró él con aquella suavidad sugerente y dulce con la que parecía persuadir a todo el mundo -No te pido nada que no esté en tus manos proporcionarme
De nuevo el silencio cayó sobre ambos y mientras Kirtash esperaba una respuesta, el cielo, poco a poco, iba aclarándose, como en respuesta a un nuevo acuerdo forjado a la luz de la luna y las estrellas que miraban a los lejanos mortales, poderosos o no, con la leve indiferencia cargada de curiosidad que era el sello personal de todo astro creado por los dioses.
Aquellos seres que habían creado a Airlea... pero que curiosamente no parecían controlarla en lo absoluto.
Y aunque mucha era su fuerza y aunque había matado a miles de hombres, ninguno parecía tener tantas cosas que contar con el despiadado brillo de sus fríos ojos azules.
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MensajeTema: Re: Sobre Espadas y Hielos Oscuros   Mar Jun 08, 2010 5:07 am

Desentonando sus voces, el horrible canto de las banshees que aún no era mortal fue siguiendo la carrera que Kirtash había comenzado. Llegó sin mayores problemas hasta el circulo de piedras, ahí gastó su tiempo buscando aquello que necesitaba, pero finalmente encontró el objeto que lo convirtió visualmente en una banshee.

El canto de las mujeres cesó en el momento que, para ellas, una de sus hermanas había entrado en el círculo. En ese punto era cuando mostraban algo de inteligencia, mientras buscaban entre ellas a la que posiblemente estaba ocultando a su víctima. Bastante astuta fue el movimiento del muchacho, quien en una demostración increíble de valentía tomó los cabellos de la mas joven, acusándola así de ser la que había traicionado al grupo para sacarla de aquel circulo. Al ser delatada la falsa impostora, las demás sin piedad por traidoras, se lanzaron salvajes contra ella para darle su merecido fin.

No solo era astuto, sino que también osado para mala suerte de las criaturas. El muchacho ansioso de presenciar la brutal carnicería, desaprobó aquella barbarie congelando sorprendente y exitosamente a sus perseguidoras. Estas al verse acorraladas, como todo animal hacía, utilizaron al unisono su terrible arma de la cual Kirtash también había podido evadir sin muchos problemas. Claro que no fue precisamente porque sus oídos estuviesen tapados, sino por ayuda de la semidiosa quien al ver de lo que era capaz el muchacho no quería que estúpidamente se alejase de su lado. Incluso lejos de él seguía sintiendo algo por el joven y suerte que este había usado el amuleto, de otro modo Airlea no habría podido hacer inmunes sus oídos contra el canto de las bestias mientras les duraba su congelamiento que igualmente culminó exitoso.

La niebla así como envolvió al joven, después de haber superado su desafío, le llevó hasta la habitación de Airlea tras unos segundos para Kirtash caminando entre la penumbra. Era el primer hombre desde hace mucho tiempo que entraba ahí con el consentimiento de la semidiosa, quien no lo había hecho solo por un simple capricho, le interesaba bastante el ver que tan osado podía llegar a ser el humano realmente y no había mejor lugar para probarlo que ese.

Apenas se veían las oscuras paredes color café gracias a unas cuantas velas que iluminaban tenuemente la habitación desde la ventana por donde había entrado ella en la tarde, la cual ahora estaba cerrada y era la única parte de la casa además de la puerta principal que poseía vista hacía el exterior. La había puesto así con intención de dejarla como vía de escape en caso de emergencias, pero ahora era utilizada frecuentemente cada vez que deseaba viajar a algún lado.

Sentada tranquilamente estaba al otro costado de su cama por el que apareció Kirtash. Sonrió al escuchar su voz, contar con la magia de su padre en ese lugar siempre que deseaba era maravilloso, hizo desaparecer la esfera. Se levanta y camina despacio bordeando la cama, tratando de ignorar por el momento su suave colchón, almohadas y sabanas del mismo color que su vestido. Esta vez estaban bastante cerca, pero esta vez Airlea deseaba y tentaba la osadía del muchacho con cada movimiento, hasta se dejaba completamente leer la mirada por el joven.

La semidiosa tomó el amuleto de serpiente entre sus manos al ver que el muchacho se lo extendía, después escuchó divertida sus palabras. A pesar de tener ese algo que le atraía a Airlea, el joven seguía siendo un mortal y ambos tenían mucho que conocerse, por ahora era un capricho mas para ella del cual quería satisfacerse. Colocó nuevamente el amuleto en el cuello del muchacho, mientras se acercaba hasta su rostro, dejando que sus brazos reposarán sobre los fornidos hombros de Chris, mirándolo a los ojos y sin mantener mucha distancia con él. –Es tuyo, eso es lo que haz ganado, verás como te será de útil – Dijo respondiendo con otro susurro, estudiando impaciente su frío rostro.

–Mis manos solo pueden proporcionarte protección y tal vez placer –Dijo del mismo modo, pasando una palma de su mano por donde empezaba su cuello para subirla y entrelazar sus dedos con sus cabellos a modo de caricias. –Aún no me decido, pero si llego a darte lo que quieres puede que ya no te vuelva a ver. No quiero eso, soy difícil de complacer y a la vez me gusta tener cerca a mis protegidos mas cercanos. Varios han tenido la misma oportunidad que tu querido. No me decepciones. – Terminó diciendo con cierto brillo en los ojos, ansiosa por ver las reacciones de Kirtahs, y marcando su típico tono de voz, si bien ahora bajo, autoritario cuando se trataba de sus caprichos, utilizando de nuevo su dominación en su última frase. Mientras lo ponía a prueba se enteró del motivo del llamado de su padre, este le consintió que se entretuviese un poco y ella no iba a dejar pasar esa oportunidad. Necesitaría a alguien y el muchacho iría bastante acorde, debía asegurarse de que fuesen juntos y, de nuevo, ver que tan osado podía llegar a ser.
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Chris Tara
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MensajeTema: Re: Sobre Espadas y Hielos Oscuros   Sáb Jun 12, 2010 11:05 pm

Y, sorprendentemente, se habìa negado de nuevo, a la vez que se mostraba màs atrevida que en un principio. Era precisamente por estos hechos que Kirtash pudo haberse preocupado, pero por el momento ella no le sorprendìa. No era algo que estuviese en sus manos hacer y hacìa mucho tiempo que èl no se emocionaba, asì que aquello carecìa de real eco o proporciòn.
Sin embargo aceptò, serenamente, que ella lo tocara, que deslizara aquel amuleto en su cuello, que acariciara su cabello e intentara envolverme en esa bruma de deseo y calamidad. Apenas hizo algùn movimiento para ella, tan sòlo suspirò para sus adentros. De algùn modo, ya habìa advertido que el camino serìa largo, pero su mente se negaba a desistir cuando habìa llegado tan lejos. Quizà, era temeridad. En su caso, màs bien, càlculo.
Si, èl estaba pasos màs adelante que ella en aquel juego, al menos en la imaginaciòn de lo que ella querìa. Finalmente, habìa pagado mucho màs por aquello que deseaba, asì que bien podìa ceder a sus caprichos sin siquiera lamentarse.
Interiormente, no obstante, se preguntò si esto serìa siquiera suficiente. Y por primera vez se preocupò, porque los lejanos dìas en que èl desconocìa la consecuencia de muchas cosas estaban terminando y no querìa caer en otra trampa u otro abismo.
Asì pues, con una duda que despertò algo extraño en su interior, algo que no era todavìa visible, pero si palpable, volviò a penetrar en el alma de la caprichosa semidiosa y tocò cuidadosamente la vacilaciòn que ella tenìa ante lo que èl estaba pidièndole.
Y, seguramente porque era una serpiente, porque podìa hacerlo y porque era lo necesario, dijo con voz sedosa de amante dòcil y engañoso, de seductor encanto:
- ¿Acaso dudas... de tu propia capacidad de retenerme? Me sorprendes... creì que lo tenìas claro.-
No estaba prometiendo nada, y al mismo tiempo la estaba tentando. No sonrìò pero la mirò frìa y seriamente. Alzò las largas manos masculinas lentamente. Sabìa lo que iba a hacer. Curiosa, ausentemente, se preguntò si llegarìa hasta el final.
Tomò sus manos y las alejò de su cabello. No eran molestas, incluso eran agradables, pero èl era el que querìa tener que dar el paso final para obtener lo que realmente habìa ido a buscar, aunque jamàs se lo hubiese planteado de esa forma.
Juntò aquellas palmas como en un ademàn de sùplica, aunque evidentemente Airlea jamàs compondrìa ese ejemplo y la fue acorralando en una pared cercana, totalmente cerca de la cama, a propòsito, con toda claridad e intención.
Sus ojos serenos, que habìan estado calmos y dulces, se volvieron dagas afiladas. Certeros y electrizantes, eran despiadados y duros, demandantes y poderosos.
Apoyò aquellas manos cerca de las mejillas de Airlea y se inclinò hacìa ella, reduciendo su espacio personal y vital, y advirtièndola de lo poco que podìa predecir acerca de lo que harìa o pensarìa.
- Pìdelo- dijo con claridad meridiana- Pide y obtendràs...
Siempre le dejaba la ùltima palabra, el ùltimo paso antes de darle la oportunidad de derretirse en sus pupilas. No, la dominaciòn no funcionaba con èl, como serpiente dual èl no podìa ser reducido de ninguna forma a una marioneta. Tampoco la harìa sentir nunca segura de lo que hacìa, ni le otorgaba la opciòn de ser ella la que ofrecìa ninguna cosa.
Despuès de todo, Kirtash tenìa sus mètodos y si bien nunca fue apasionado, siempre resultò implacable.
Esta vez el beso no fue suave, ni le otorgò visiones de lo que èl podìa ofrecer. Habìa furia frìa en el gesto y las manos que se deslizaron por la espalda no fueron respetuosas ni cuidadosas. La estaba rodeando, al mismo tiempo retenièndola y completamente dejando fuera la posibilidad de convencerla. Lo màs seguro es que Airlea sintiera como un torrente de agua colèrica lo rodease para complacerla, siendo tan fluido y tan completo su tacto.
El cuerpo varonil estaba incrustàndose duramente en ella, marcando mùsculo con mùsculo, ropa con ropa, hueso con hueso. Era como si Chris, en una acciòn nunca antes realizada, deseara fundir lo suficiente a ambas entidades para asegurarle a la mujer que eran lo suficientemente compatibles como para seguir adelante.
Porque tù y yo no somos tan diferentes...
En aquella ocasiòn si que era mentira y por màs de una razòn, pero Airlea no tenìa modo de saberlo, jamàs lo entenderìa. Un corazòn ya entregado no puede tener otro dueño que no sea el original y ni siquiera por su espada Chris tenìa nada màs que dar. Aunque fuese asquerosamente repetido, aquel joven estaba solamente complaciendo y paladeando una lujuria de sensaciones puramente humanas, que, aunque fuertes, no resultaban tan fuertes como en su momento habìan resultado.
Èl ya no podìa amar, y sin embargo... ¿Podrìa sentir? ¿Serìa partidario de entregarse a aquella otra necesidad?
Sin puntos en los cuales ubicarse y sin conocerse, sin hablar, sin mantener los lazos mentales que Kirtash necesitaba para iniciar una relaciòn, ¿Realmente habìa algo que hacer?
Eso era lo que èl estaba buscando. Y, a pesar de ello, nunca tuvo tan claro que no podìa confiar en una persona como ella. La cuestiòn a solventar era si eso le ocasionaba alguna molestia, alguna frustraciòn de la que que ella pudiera asirse para esclavizarlo.
Aùn asì, no podìa decirse que todo fuera por buen camino. Intentar dominar a alguien no es, nunca, una manera de alcanzar algo màs y si Airlea esperaba un sentimiento màs puro y màs fuerte, podrìa verse decepcionada por una total frialdad.
¿Habrìa algo en su naturaleza que èl pudiese admirar? Si eso ocurriera, tal vez, sòlo tal vez, podrìa ser todo màs sencillo...
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MensajeTema: Re: Sobre Espadas y Hielos Oscuros   Dom Jun 13, 2010 8:22 pm

Le agradaba como el muchacho se tomaba las cosas, a pesar de ser tan joven, no se vio en ningún momento intimidado y mucho menos cunado Airlea le estaba tocando. Era de haberlo visto antes en el primer beso de antes, pero también le era intrigante la calma que mostraba, ese temple frío que tenía cuando ella estaba cerca suyo, incluso cunado usaba dominación. También aprobó que se dejara poner el amuleto y tocar sin objeción, su cabello era bastante suave al tacto de la mano de Airlea quien se entretenía con este mientras aún se mantenía expectante ante los movimientos de Kirtash.

Era imposible saber que estaba pensando al perderse en sus ojos, ese suspenso y las ganas que tenía de él estaban apunto de hacerle perder su compostura. Comenzó a incomodarse aún mas al ver que su habilidad no funcionaba, además de sorprenderse con las inesperadas palabras del muchacho. ¿Cómo no iba a dudar?, era la segunda vez que su habilidad no afectaba y encima sus manos habían sido apartadas por las suyas. No tenía el control sobre eso y no le agradaba, pero no podía negarse al placer. Menos cuando se vio contra la pared, con la mano de Kirtash en su mejilla y sus labios tan cerca. Si tenía que admitir que era atrevido. Se mordió el labio inferior al escucharlo, no era ella quien debía rogarle, pero como siguiese así no le quedaría de otra.

Entonces el joven la besó fríamente y sus cuerpos comenzaron a apegarse, sin dejar muchos espacio a Airlea, quien ya se estaba sintiendo acorralada. Eso no podía ser, nada mas un niño y ya tenía a su merced a una temida semidiosa, parte de su orgullo había sido tocada, pero de nuevo había sido su culpa y al sentir placer no podía mas que corresponder gustosa aquel beso, completamente indiferente a sus emociones. Odiaba cuando su cuerpo no estaba de acuerdo con sus pensamientos y mas aún cuando no tenía el control de si misma, ahora Airlea era de Kirtash y no podía hacer nada mas que rogarle por mas. Dejarse llevar por ese frío beso, acorralarse entre sus brazos y apegarse completamente a su cuerpo, sintiendo cada musculo del muchacho de pies a cabeza. No pudo hacer mas que soltar un leve gemido ante la fricción de los cuerpos y mover sus manos hasta que sus brazos quedaron colgados del cuello del joven.

Estaba enojada a la vez que complacida, tenía sentimientos encontrados, emociones fuertes y eso era lo que le gustaba; no era quien para negar el control del joven, aunque odiase sentirse acorralada. Se limito luego a apoyar su frente con la de él, lo odiaba por hacerla sentir así a pesar de que lo había buscado. Le era indiferente a la frialdad del muchacho, se estaba preocupando mas por lo que ella sentía, se sentía parte de él. –Yo... No soy tuya – Dijo despacio entre otro gemido al intentar zafarse, pues lo único que consiguió fue apegarse mas a él. Le costaba demasiado admitir que estaba acorralada, el joven la había atrapado en su propio juego y ya no era ella quien mandaba.

En su propia habitación donde ningún hombre había entrado, acorralada y deseando a un joven humano de no mas de veinte años. Le costaría despegarse de él a pesar de que lo odiaba por eso. Si eran diferentes, el no era mas que un simple mortal para ella, pero no podía negarle nada estando así, aceptaría cualquier cosa de él, exceptuando darle lo que buscaba inicialmente. –No debería pedirte si me tomas así, ahora no puedes dejarme – Dijo sintiendo la respiración del muchacho sobre la suya. –Quiero mas Kirtash, no quiero enojarme mas contigo sino me lo das – Dijo en una clara contradicción, por lo bajo, sintiéndose degradada y solo hasta cierto punto complacida, quedando atrapada también por los fríos ojos azules del muchacho, sabiendo que le costaría demasiado volver a ganar el control.
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MensajeTema: Re: Sobre Espadas y Hielos Oscuros   Mar Jun 15, 2010 3:31 am

Una sonrisa sincera cruzò por un instante la faz severa del muchacho. Hacìa mucho tiempo que no se relajaba hasta ese punto, pero lo cierto es que contaba con plenas facultades para hacerlo y, por otro lado, resultaba un alivio tener el control sobre la situaciòn. En toda su vida, pocas cosas se habìan salido de su precioso manejo de las riendas del destino y todas ellas habìan resultado fatales, de una y otra forma. Asì pues, resultaba alentador, que la precisa vacilaciòn de Airlea le diese un punto a su favor.
Al contrario de lo que le hubiese sucedido a cualquier otro muchacho humano, èl no sentìa la menor inseguridad respecto a sus movimientos. Ese era el secreto que turbaba a la mayorìa de la gente, la extraordinaria capacidad que la serpiente encarnada en el espìritu del joven humano tenìa para desenvolverse y adaptarse, asì como para sentirse còmodo en casi cualquier circunstancia, lo hacìan ser tremendamente perturbador y casi peligroso para los demàs.
Incluso para Airlea. Esta afortunada cualidad la ponìa en una situaciòn conflictiva que podrìa haber deseado evitar, pero ya estaba demasiado inmersa en la trampa para resistirse siquiera.
Su triste negaciòn a un hecho que no podìa ser negado y, por tanto, real, fue lo que causò la sonrisa, ya que, de ser verdad que èl no la tenìa en sus manos, ella no tendrìa por què ponerlo en claro y mucho menos con ese levìsimo temblor en la voz.
Aùn asì, èl quiso dejarle aùn màs claro lo que no pretendìa, asì como lo que ella misma habìa revelado sin querer:
- Es verdad, no eres mìa. Yo no te considero como algo parecido a mi espada, una posesiòn que quiero recuperar. Màs, ciertamente, yo lo veo... ¿De què tienes miedo? ¿Tanto te desagrada la idea de que algo como yo tenga algo que ver con tu voluntad? ¿O quizà con tu corazòn?
Eran frases muy largas y, sin embargo, necesarias. Christiàn volviò a sonreìr, satisfecho y por primera vez habìa una ligera calidez en ese gesto, aunque èste era muy difuminado por la increìble frialdad de sus ojos azules.
Ciertamente, aunque no lo demostrase enteramente, le era màs fàcil ceder a su debilidad que a la curiosa posiciòn de su fuerza y eso era algo que Airlea tenìa que recordar.
Jamàs cederìa el guerrero por la dominaciòn, pero quizà, algo màs blando pudiera hacerlo màs suave.
No significaba, sin embargo, que Kirtash fuese vulnerable o fàcil de manipular. Fingir algo que no existìa era algo que la semidiosa tenìa fuera de su alcance al estar con un lector de mentes, asì que ese era su punto fuerte, aunque quizà pudiera entrañar una debilidad. Ya que Chris podìa sentir cosas todavìa y por muy marchitas que tuviera estas capacidades, èstas aùn encerraban peligro y dificultades para alguien tan acostumbrado a dejarse guiar ùnicamente por la razòn.
A pesar de ello, esto todavìa no sucedìa, por lo que estaba en una postura màs de cuidado era la propia mujer. Pese a su poderosa fuerza de voluntad y a sus extraordinarios dones, proporcionados por el Dios Bairack, lo cierto es que estaba tan debilitada en su maldad como en su momento lo habìa estado Chris al tener que elegir entre lealtad a su pueblo o el amor a una preciosa muchacha gitana que luego habìa muerto y lo habìa sumido en la oscuridad màs absoluta.
La diferencia radicaba, claro està, en que Chris tenìa toda la sartèn por el mango y no dudaba en utilizar la influencia que pudiera poseer sobre ella, mientras que Victoria hizo muy poco por obligarlo a hacer ninguna cosa.
Volvió a mirarla, preciso y afilado como el bisturì de un cirujano o sanador y sus manos hàbiles no tardaron en alcanzar la tela del vestido pùrpura.
- Bien- respondiò a las siguientes palabras de ella- Entonces no me detendrè... pero tenlo en cuenta, no lo harè en lo absoluto. Si te arrepientes, ya no me apartarè.
Dicho esto, jalò los extremos del cuello del vestido hacìa bajo con experiencia clara, dejàndola media desnuda. Luego atacò su cuello con suavidad, besàndola sin pasiòn ni brusquedad, rozàndola apenas, pero logrando sacarle suspiros a la semidiosa, quien, aunque poderosa y aparentemente invulnerable, no dejaba de ser una fèmina.
Luego sintió como su anillo iba vibrando solamente para èl en un movimiento concreto y comprendiò que el Ojo de la Serpiente, aunque impasible por lo que estaba a punto de pasar, le pedìa que tuviera cuidado con su corazòn.
Èl asintiò a esto y se guardò mucho de soltar nada que no fuera sus deseos de manejar la situaciòn a su antojo.
Terminò por casi ronronear gravemente en su oìdo, tentàndola sin palabras a que continuara con lo que habìan empezado.
Y no. No sentìa remordimientos por ser infiel al recuerdo de la mujer amada. No los habìa sentido cuando ella estaba viva, mucho menos cuando la gitana ya habìa muerto.
Porque èl era leal, pero nunca fiel. Porque èl era una serpiente y las emociones no prenden en un reino de hielo, en un corazòn de ofidio, en un ser libre de ataduras de ningùn tipo.
Y pecaba Airlea de arrogancia si creìa que algùn dìa podrìa obligarlo.
Por supuesto...
Al menos eso era lo que creìa Kirtash entonces.
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MensajeTema: Re: Sobre Espadas y Hielos Oscuros   Mar Jun 15, 2010 8:11 am

Se sentía cada vez mas débil en brazos de Kirtash, aquella única sonrisa que le había dedicado ese frío rostro, tan sincera y complacida hacía que las defensas de la semidiosa se desbaratasen de apoco. Era consciente de lo que sentía, mas de lo que sentía que de lo que dominaba ahí. Comenzaba a sentir miedo de los ojos del joven en los cuales estaba perdida, ya había descubierto una de sus debilidades y tenía muchos mas trucos. No podía dejar de sentirse estúpida al haberse dejado caer en esos brazos, mucho mas con aquellas preguntas, despertaban sus emociones fuertes y seguían haciendo que tuviese sentimientos encontrados. No quería estar con él y a la vez sentía celos por su espada, para él ese acero roto valía mas que ella, no podía evitar sentirse mas degradada. Hablaba de miedo cuando ella misma se los ocultaba demasiados guardados en sus memorias, no quería revelarlos ni mucho menos encararlos. Le desagradaban las dos cosas, no quería ser dominada y menos por un humano, menos con su corazón, odiaba aceptar que solo gracias a su madre y aunque bien muerto, lo seguía teniendo. Confinada por tantos años a las torturas de su padre, apreciaba su libertad y solo conocía el poder para conseguirla, la fuerza y Kirtash no hacía mas que debilitarla con cada segundo que pasaban apegados.

Cerró un poco los ojos al escuchar las nuevas palabras de Kirtash, no la dejaban para nada en una mejor posición, el joven le tenía ganas y no se detendría porque ella lo quisiese. No le quedaba mas que entregarse hasta que el la botase como un objeto cualquiera gracias a lo descuidada que había sido. Quería creer que el no era de esos, pero era demasiado frío, aún cuando ella tenía la opción de retenerlo con su espada se sentía vulnerable entre sus brazos. Resignada observó como poco a poco era desnudada por esas manos a medio camino.

Solo hasta entonces aceptó su condición de objeto del humano, en los pocos segundos que sus ojos se cruzaron después de haber sido desnudada a medias, su mirada se volvió fría y solo una vista experimentada notaría algo de tristeza por la posición que estaba ocupando antes de que su cuello se moviese para dejar libre el camino de los besos del joven. Sentía como algo iba despertando dentro de ella; la lujuria, lo único que le impedía alejarse de Kirtash en ese mismo instante. Una de sus manos se aferró en una suave caricia a la nuca del hombre, mientras por su lado acercaba sus labios a los oídos de él. –No importa, mientras no te detengas –Habló por fin, entonando un poco su debilidad en un susurro seguido por un nuevo gemido.

Lamiendo suave y continuamente bajo el lóbulo de Kirtash, Airlea comenzó a desabrochar uno a uno los botones de la gabardina del muchacho con la mano que no acariciaba su nuca. Ya había quedado acorralada y no había mas vuelta que darle a sus sentimientos, sus necesidades como mujer por el contrario, debían ser complacidas antes de que siguiera debilitándose por su posición ante él. Sabía que no había ninguna pasión en los besos del muchacho, solo maestría recibía de su parte, pero aún así, ella a pesar de aparentar ser fría, meticulosamente se encargaba de que el muchacho disfrutase de tenerla bajo su control, en cierto modo quería hacerle saber todo lo que se perdería si ella llegase a ser mas traicionada; con haber quedado bajo el control de uno de sus protegidos para ella ya era bastante traición y le costaría un mundo perdonar.

Apartó delicadamente la gabardina por un brazo con la misma mano que la había desabrochado, dejando su camisa negra que cubría esa parte al descubierto, luego sin alterarse comenzó a acariciar su atractivo pecho, llegando hasta sus hombros y volviendo continuamente. Era atrevida generalmente y avanzaba mucho mas que eso, pero era la primera vez que no podía controlar al hombre que como en su caso no sabía como reaccionaría, además de sentirse vulnerable ante él no le quedaba de otra que mantener el mismo ritmo e ir incitando al joven para que buscase uno que le sentara mejor a ambos.

Estaba agradecida a pesar de todo de que al menos el muchacho tenía experiencia, habría sido mucho mas entretenido para ella sino, pero también de ese modo él le decía que lo único que debía hacer era entregarse y dejarse complacer. Sabía que no funcionaba del todo así, pero era agradable verlo desde el principio de ese modo, eran pocos los humanos que se aventuraban a tocarla de ese modo.
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Chris Tara
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MensajeTema: Re: Sobre Espadas y Hielos Oscuros   Jue Jun 17, 2010 4:32 am

Hubo un tiempo en que pensó que su mundo se reducía a una chica de ojos oscuros. En ese entonces él pensaba que haría todo por protegerla. Pero ella murió y él se quedó solo. Hasta ahora, no se había dado cuenta cuán solo estaba. No se trataba únicamente del hecho ineludible de haber perdido lo que más amaba, sino también de haber dejado de pertenecer a algo. Kirtash jamás lo aceptaría, pero a veces se sentía perdido. Por primera vez, la soledad empezaba a pesarle y la añoranza lo llenaba. Por eso se había roto su espada nuevamente, ¿Y cómo volver a ser sólo serpiente cuando tenía aquella pica clavada en el corazón de hielo?
Porque en el fondo Chris era humano y podía sentir, estaba intentando borrar furiosamente todo aquello que un día lo ató a un bando, a un ser, a una emoción que él no deseaba ni había pedido nunca. ¿Había otra manera de olvidar? ¿O quizá sólo estaba metiéndose en más problemas?
Quería clamar por ayuda, pero era difícil pedírsela a alguien que sólo usaría eso en su contra. Kirtash no se hacía ilusiones. Por mucho control que pareciera tener sobre Airlea ahora, todo podía cambiar con un movimiento de las circunstancias. Estaba cansado de pelear y las cicatrices todavía sangraban, sin cerrarse del todo.
Aún así, tenía que intentarlo. Y creía que sería fácil, porque, ¿Cómo podía amar él a un alma de oscuridad?
Sin embargo, se acordaba. Hacía mucho tiempo, cuando intentaba resistirse a un sentimiento que después había arrasado con todo, él se lo había cantado a ella, la ausente, la muerta.
"Don´t follow, don´t reach me, don´t trust me, don´t... unless you have a dark soul, unless you want to be alone"
Y eso era Airlea. Un alma oscura, alguien que quería estar sola. Y él no la dejaba, pero, ¿De veras era sólo por lujuria? ¿O había estado tanto tiempo en soledad que necesitaba algo más?
Estuvo a punto de dejar de besarla, tan sólo para estar seguro. Pero luego recordó que un beso sólo significa lo que tú quieres que signifique.
Y ya no tuvo miedo. Aún contaba con su fuerte voluntad, que aunque se amoldase a las circunstancias para sobrevivir, jamás dejaría que nadie lo obligase a nada que Chris no desease.
Por eso, detuvo sus sensuales movimientos y la miró con su característica media sonrisa.
- Tal vez me equivoque- dijo con voz ronca, serena- Tal vez no deba darte nada hasta que me otorgues lo que deseo... Sí, eres una diosa y muy hermosa. Pero no eres mi señora y mi corazón no te pertenece... ¿Y cómo vas a convencerme de lo contrario?Sin dejar de sonreír, la besó largamente, de nuevo con su rostro entre sus manos y luego la soltó, para darse vuelta y salir de la habitación. Sabía que era un riesgo, que ella podría reaccionar mal y matarlo. Pero si no la había juzgado mal, la solitaria mujer había estado demasiado aislada y falta de placer por mucho tiempo y bebería con avidez de todo lo que él le diese.
Sabía, sin embargo, que no tenía por qué derrotarse fácilmente. Después de todo, lo que se consigue fácilmente luego es difícilmente apreciado. Chris se sentía con ánimos de jugar y ella era presa fácil.
Claro, podría ser que para entonces ya estuviese engañándose. A pesar de ello, ¿Quién podría saberlo? Nunca había estado muy seguro de hasta donde lo traicionaba al sentir su alma humana.
Si, era frío, pero no tanto...
Se vistió con calma y rapidez y, expeditivo, abandonó la habitación sin decir una palabra más.
De nuevo, el desafío. ¿Y acaso no estaba Airlea cayendo en una trampa tan cruenta?
Si la semidiosa no se iba con cuidado, iba a perder algo más que cualquier influencia que pudiera sobre él tener...
Fuera, en las sombras, unos fríos ojos azules se entrecerraban, fuera de la vista de Airlea, con profundo dolor, mientras su mano estrechaba su anillo.
-Victoria...-susurró queda y dolorosamente para sus adentros.
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MensajeTema: Re: Sobre Espadas y Hielos Oscuros   Miér Jun 23, 2010 2:41 am

Continuó entregándose a los besos de Kirtash, recibiéndolos con placer y libre de dudas, ya había decidido disfrutar de su nuevo sirviente y ahora que se lo había ganado le daría esa oportunidad de llevar el control sobre ella incluso después de haberlo tomado. De pronto no sabía como las dudas habían regresado. ¿Por qué se sentía tan seguro en brazos humanos?, unos que podían condenarla a perder todo aquello a lo que había dedicado su vida. De pronto comenzó a sentir miedo, pero no lo dejo notar mientras el la besaba. Entonces el se detuvo y sus palabras la tomaron por sorpresa.

Parte de ella quería matarlo, pero sabía que no era la dominante. La dominante no pudo hacer mas que entregarse a otro beso de Kirtash, beso que respondió con angustia al comprender que sus deseos no serían correspondidos. Tanto el orgullo como vanidosa personalidad de Airlea se habían visto afectadas. A pesar de haber sido tratado como una diosa cuando no se lo merecía, el joven la estaba rechazando. Era el primero que se atrevía a llegar a tal punto con tal de demostrar su amor por su libertad. No importaba cuantos mas reproches pudiese pensar para Kirtash, no podía perdonarle el dejarla plantada en medio de su habitación, semi desnuda, recién comenzando y con las ganas de haberlo acabado.

No solo había tocado su orgullo, tampoco podía sentirse segura con él, menos después de haber sentido miedo en sus brazos y haberse quedado sola después de aquello. Había olvidado lo que se sentía querer abrazar a un hombre, y ahora que lo recordaba y necesitaba este se había esfumado de su vista. Cerrando los ojos se sentó a un borde de su cama y se ajusto de nuevo su vestido. Tomando un suspiro, intentó mantener sus pensamientos juntos. Ahora que ya tenía el control sobre si misma, aún le era difícil de admitir que la habían dejado plantada en medio de su cuarto y casi recién comenzando. Odiaba admitirlo, pero sin recurrir a la ayuda de su padre y con sus poderes inservibles, lo único que le quedaba para estar con ese humano era actual como tal y al menos que quisiera algo esa noche, le valía mas intentarlo.

Salió de su cuarto, sin intentar de encontrar la silueta de Kirtash, cruzada de brazos, apoyada contra el marco de la puerta y la mirada perdida en algún punto del suelo. –Kirtash, se que estas ahí y mas te vale volver querido. No estas equivocado, te daré mucho mas de lo que quieres pero primero debes venir donde yo quiero – Dijo apacible, a pesar de que sus palabras podrían sonar amenazas, estaba bastante calmada o al menos lo aparentaba. Que la hubiesen dejado así también le afectaba. –Puedes hacer lo que quieras con tu corazón, como protegido te seguiré queriendo, pero si intentas escapar no me dejarás mas opciones – Dijo igual que antes, sin moverse de su posición. Le convenía mas de esa forma, sin compartir sentimientos se aseguraba de no perder el control de nuevo.

Era cierto que necesitaba compañía, aunque ella solo lo viese como una vía para calmar sus necesidades. Era demasiado orgullosa para aceptar que le agradaba aquel chico a pesar de todo, era misterioso y sin duda atrevido. No podía darse el lujo de abrirse con el, sabía que aprovecharía cualquier hueco por donde colarse para ganar el control sobre ella. El seguía siendo humano además, y sabía que su padre los mataría ambos por el atrevimiento de Kirtash y a ella por haberle pedido y perdonarle después de ser negada. Tenía mucho para matarlo en ese mismo momento, pero seguía habiendo ese algo en ella para él que no quería ver ni admitir.

Suspiró de nuevo, aún anhelando el cuerpo del joven fundido con el suyo. Se abrazó así misma, tomándose de los codos para disimular su necesidad. Airlea tal vez podía saber bastante bien lo que su protegido quería y según lo que las apariencias decían, ahí mismo se lo estaba otorgando.

Por unos segundos comprendió mejor porque había nacido y su padre había sido duro con ella; ahora le tocaba dudar de su propia existencia. ¿Semidiosa o híbrida?; no le hacía falta responderse, pero que no pudiese controlar a su protegido le hacía dudar bastante. El hielo volvía de a poco.
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MensajeTema: Re: Sobre Espadas y Hielos Oscuros   Lun Jun 28, 2010 9:11 pm

Sus dedos se crisparon sobre si mismos. Comprendiò que sus reservas de energìa fìsica estaban agotàndose, pero su fuerza de voluntad lo obligò a mantenerse de pie. Era inùtil que siguiese pensando en todo aquel asunto. Habìa llegado hasta allì y de nuevo entendìa que era imposible retroceder. Relajando la mano, retirò la escarcha que habìa convocado sin querer, de sus dedos y se apoyò en una columna. El deseo se habìa ido tan ràpidamente como habìa llegado y ahora èl estaba como tèmpano, tranquilo y racional, igual que en cualquier otro momento.
Aquello le agradò. Significaba que se estaba recuperando, no tardarìa en volver a empuñar su espada de nuevo. En otro momento, se habrìa preocupado, porque ser un asesino hacìa reprimir su lado màs humano y social, pero ya se habìan acabado las razones para ser sencillamente càlido, bien podìa permitirse, con todo alivio, recuperar su espacio. Los sentimientos, al menos para èl, eran mortales, por lo que sin duda era un buen cambio que su temple volviera.
Apenas le alteraron las palabras con las que Airlea le hablò nuevamente. Sus ojos ya no contenìan ese suave brillo que los iluminò cuando la mirò por primera vez y parecìa màs lejano que nunca. Sonriò, serpentino, sin embargo.
Miràndola desde el punto donde se hallaba, contestò con serenidad:
- No he dicho que vaya a dejarte- su postura reservada le impedìa a ella conjeturar acerca de lo que estaba pensando èl
- Sòlo dije que no voy a tocarte. No hasta que me regreses lo que es mìo.
Kirtash volviò a sonreìrle, màs seductor y refulgente que nunca. Sabìa que tenìa una baza y un punto y no iba a ceder en lo dicho. Si ella deseaba lo que èl podìa ofrecerle, tenìa que ceder primero. Èl no era ningùn tonto: por muy poderosa que fuese, no debìa darle nunca la sensaciòn que podìa controlarlo. Era mejor, para ambos, que delimitara de una vez hasta què punto le permitìa extender su poder.
No estaba preocupado ni mucho menos. Si recuperaba facultades, serìa mucho màs fàcil convencerla. Ademàs, era cierto. A Chris no le importarìa en lo absoluto compartir la cama con Airlea... sencillamente, estaba haciendo un trueque por el deseo de los dos.
Suponìa que quizà fuese un buen juego para una semidiosa. Mientras màs se resistiera, màs entretenido serìa y de ese modo èl nunca correrìa del todo peligro. Ignoraba, sin embargo, haber lastimado sus sentimientos. Dado que èl los habìa perdido y no la conocìa, le resultaba hasta cierto punto inconcebible que algo tan insignificante la hubiera afectado.
Tambièn ignoraba que su propia coraza estaba precaria, aunque pareciera fuerte. Ella le divertìa y tambièn le daba curiosidad. Aquello no entrañaba peligro, pero...
¿Y si la conocìa mejor? Seguramente, reparar su espada llevarìa tiempo y, entretanto, tendrìan que compartir espacio.
¿Serìan capaces de esperar hasta entonces?
Kirtash estaba seguro de que asì serìa, pero hacer predicciones sobre el futuro siempre resulta impreciso. Las cosas pueden cambiar y entonces, ¿Quièn sabe?
Quizà se pondrìa interesante...
Pero le tocaba a Airlea, una mujer ya tocada por el hielo del muchacho, retomar las riendas de la situaciòn, y proporcionarle a ambos una satisfactoria salida que los hiciera avanzar màs en esa peligrosa distracciòn.


Última edición por Caronte el Jue Nov 04, 2010 6:48 pm, editado 1 vez
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Lydian

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MensajeTema: Re: Sobre Espadas y Hielos Oscuros   Dom Jul 18, 2010 2:13 am

Escuchó las palabras del muchacho y de súbito, el ceño de la semidiosa se frunció como el humano aún no alcanzaba a ver podía ser posible. Lo primero que se le vino a la cabeza fue torturarlo físicamente, pero no podía, aquello su padre le había enseñado que cuando la belleza no podía ser desperdiciada, las torturas físicas no eran lo mejor. Se habían besado, ella había estado atrapada entre sus brazos, el había pasado ya su desafío y aún así no quería tocarla. ¿Cómo aquello podía ser aceptado con tanta negligencia por parte de Airlea?. Había estado siendo demasiado blanda hasta el momento. Ya no era deseo lo que sentía, era simple capricho las ganas de compartir cama con él y cuando llegaba aquel punto el iceberg se mostraba mas imponente.

La semidiosa entonces salió de su posición medio pensativa y resignada, para encaminarse hasta tal punto que si bien no estuviese a distancia alcanzable para Chris, era la suficiente como para poder verle aquella sonrisa seductora y refulgente que hasta le llegaba a parecer a criterio de la semidiosa desafiante, sumada a las palabras del joven la sonrisa venía bastante acorde con el criterio de Airlea.

La mirada devuelta por la semidiosa en cambio era fría como el mismo hielo en el mas frío invierno del lago de cristal, entendía la linea que estaba tratando de marcar el joven, ella tampoco tenía intenciones de pasarla tan precipitadamente. Si bien quería al joven donde este se negaba, no quería que este la controlase de nuevo y tirarse casi rogando a él sin duda no era la mejor forma de cumplir su objetivo. –¿Qué crees qué te otorga ese derecho de venir a decir como se llevarán las cosas acabo? –Preguntó desafiante mientras comenzaba a confundir las cosas para el joven, había sido bastante blanda con él hasta el momento y dado muy pocas amenazas para su gusto, así mismo le había permitido mucho a este. Un cambio drástico en la manera de ser por parte de ella era una jugada que podría jugar a su favor.

–Deja que te recuerde, que la que esta haciendo un favor aquí por ti soy yo y no doy favores gratis. Hasta el momento has burlado bastante bien mis reglas, pero no dejaré que eso siga sucediendo para que tomes ventajas de la situación querido – Dijo mientras se dirigía hasta la estantería donde había dejado la espada del joven, después de haberle entregado señales con su mano para que la siguiese. Ahora que ya se había decidido por ser dura con el muchacho, le costaba mucho menos pensar con la cabeza fría, pero aún así seguía sin olvidar aquellos deseos femeninos que sentía por él.

–Lo que es tuyo te será entregado una vez reparado y como mencioné cuando lo tomé entre mis manos, si te portas bien. De momento estas desarmado y bajo mi protección, una espada con la hoja destruida te servirá mucho menos que yo –Le recordó en tono desafiando, demostrando que claramente si el joven quería la espada de vuelta antes de tiempo perdería la protección de Airlea que se había ganado. Tampoco estaba en ella hacerse rogar por sus caprichos ni mucho menos conceder los deseos de sus seguidores sin antes complacerla.

–Ahora dime, ¿cómo esta espada puede ser tan valiosa como para haberte hecho rechazar compartir cama conmigo? Y no quiero mentiras, sin duda tienes una poderosa razón para ello. Recuerda también que puedo entregarte mas poderes además de solo tu espada si eres bueno conmigo, de nada te sirve seguir desafinándome – Volvió a hablar mientras tomaba de nuevo el mango de la espada entre sus manos y recostaba la hoja rota sobre sus hombros, apoyándose en la pared cuidando que lo que quedaba de espada no se estropease mas con esta. Trataba de mantener con ella todo lo que mantenía al joven cerca de ella, en cierto modo recordándole lo importante que era ella para él y que no valía la pena deshacer todo el camino recorrido hasta ahí. Seguía pensando que estaba portando una espada con mucho valor sentimental para el joven al verlo en una posición tan desafiante en contra de la semidiosa. Sentía como si una gran llama sobre su hombro amenazase con descongelarla por completo; aún así, se mantenía firme en cumplir con sus caprichos a costa de los deseos de Chris, los cuales debían ser cumplidos después de los suyos y no antes como el joven demandaba.
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Chris Tara
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MensajeTema: Re: Sobre Espadas y Hielos Oscuros   Lun Feb 14, 2011 1:38 am


Su contrincante era digna de él. Eso fue lo único que pasó por su mente mientras el hielo alrededor de su pecho iba endureciéndose de forma progresiva y consistente.
¿Quién era realmente? Además de una semidiosa, una mujer, una líder, ¿Qué clase de ser albergaba su alma, sacudía sus deseos, alimentaba su voluntad?
Chris Tara se lo preguntó en aquel instante. Comenzaba a advertir como su interés iba avanzando, lenta y suavemente. No le tomó desprevenido: era una intuición pensar que era lo más natural. Ningún ser se enfrenta a un semidiós sin reaccionar y aquella era la primera persona de poder real con la que se había encarado en un largo tiempo.
No tenía idea de si eso era bueno o malo. Quizá eso carecía de importancia: a aquellas alturas, lo que era correcto o incorrecto había dejado de serle prioritario.
Recordó los tiempos en que eso había cambiado. Pero el tiempo pasa más deprisa de lo que parece y no podía pasar tantos minutos en soledad y sin una respuesta.
Oyó pasos tras de sí. No volvió la cabeza pero aguzó los oídos, inalterable.
Aquello se estaba volviendo... ¿Entretenido?
Quizá.
La sonrisa del joven se amplió. No hay nada que guste más a una serpiente que mover sus anillos en la dirección convenida.
Lentamente, advirtió como la semidiosa iba acercándose otra vez. Venía, comprendió él, para responder a sus desafiantes oraciones, de pocas palabras y mucho significado.
Él la escuchó con la cabeza ladeada, un gesto que había adquirido desde hacía mucho cuando prestaba atención, aunque sin estar de acuerdo. Los ojos verdes de Airlea eran gélidos. Su voz, autoritaria.
Chris Tara respondió tras una pausa. El tono de su propia voz era más suave, más sutil. No obstante, había un leve filo de escarcha en ella.
- ¿De veras crees tú que podrás manipularme y hacerme bailar al ritmo que tú me dictas? Si yo no tengo el derecho de aclarar como deben ser las cosas, tú no posees ningún poder sobre mí. Y si crees que amenazándome lograrás que ceda, es que entonces no conoces para nada al amante que pretendes dominar.
Los ojos de Chris Tara eran tan fríos ahora como los de Airlea. Él no tenía ningún inconveniente en jugar aquel juego; lo que no soportaba es que nadie pretendiese manipularlo o controlarlo. Aquello era algo que muchos habían intentado, de mil maneras diferentes y por mil millones de razones y siempre había terminado en lo mismo: ningún lazo. No era él una persona de compromisos, tan tozudo se mostraba en este aspecto, amante de su libertad e independencia y con tanto miedo por perder el control de una situación. Su propio padre lo había torturado para aclimatarlo mejor y había acabado muerto. Chris Tara podría haberle contado la historia a Airlea para advertirla. Empero, no veía razón para hacerlo y darle información era otorgarle poder sobre él.
Advirtió, pues, que esa era la intención de Airlea, al oírle preguntar por su espada. No sin pensarlo bien, comprendió que la había ofendido gravemente, pero no pudo lamentarlo. Algunas cosas, se dijo el humano, eran inevitables.
Prosiguió con más calma al cabo de un momento. Lo hizo con cuidado, ya que sus palabras podían ser sus aliadas... o volverse contra él a la menor oportunidad.
- Me gustas, semidiosa, más de lo que pareces pensar- dijo, sin faltar a la sinceridad- Hacía mucho tiempo que eso no ocurría, pero quítate la idea de que por ello puedes controlarme. Bien puede esa ser tu intención. Pero cuando intentas obligarme, me pierdes poco a poco. No soy alguien maleable... y la espada que sostienes es importante para mí porque representa mi esencia. Puedes o no, repararla. Pero de ello depende que se cumplan tus deseos. Y no intentes negarme que sientes la misma curiosidad que yo... porque no te creeré.
Mientras hablaba, la tranquilidad del hombre parecía más palpable. Sabía de sobra que Airlea podía, en un ataque de cólera, acabar con su espada, su vida y su integridad. Pero no le importó, ni tuvo miedo. Algo que no había sentido en mucho tiempo le llenaba ahora, inadvertido, discreto y silencioso: enfado.
Una especie de cólera fría, una parte de indignación renacía en la parte más sensible de su corazón, todavía humano. Al principio no lo advirtió, más, cuando lo hizo, no dejó que la sorpresa se apoderara de él. Era, de todas formas, algo que tener en cuenta: todo lo que podía afectarle era peligroso para su persona.
¿Cómo podía haberlo alterado Airlea? ¿Que palabra exacta lo había tocado?
No era algo que él pudiese responder, al menos por ahora. Y debió haberlo preocupado, porque rara vez algo le emocionaba, de ninguna forma.
¿Estaban renaciendo sus perdidas emociones? ¿Había despertado de su depresión tras la muerte del ser más amado?
...
¿O era algo más?
Los ojos de ambos se cruzaron en una larga mirada, como un enfrentamento mental, pero Chris Tara no volvió a hablar.
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MensajeTema: Re: Sobre Espadas y Hielos Oscuros   Mar Mar 01, 2011 5:37 am

Estaban jugando de igual a igual, no orden jerárquico, solo brechas que ambos habían puesto y no se podían dar el lujo de sobrepasarlas ya que el más torpe movimiento jugaría en contra del desafortunado. De haberse tratado de una diosa, Arilea estaba segura de que el humano no habría podido negársele y si ella seguía negándose este se comportaría aún mucho más negligente con los deseos de la semidiosa. Así eran los humanos, siempre se creían superiores a todos, pero la semidiosa debía ser más inteligente, darle a creer que tenía poder sobre ella y en cuanto aparezca la oportunidad demostrarle todo lo contrario. Sería su marioneta y ella solo debía saber bien como barajar sus cartas de ahora en adelante.

Aceptó que tuviese el coraje para decirle que le gustaba, al menos ahora solo su orgullo se sentía atacado. Tal vez esas palabras fueron lo que la llevaron a acariciar la hoja rota del arma con tanta ternura que ella misma se sorprendía, pero claro, con una media sonrisa alimentada con un deje de malicia en su rostro. – ¿Quieres saber cómo se harán las cosas? Creí que ya las tenías claras, pero veo que me equivoque contigo… Diría con voz calmada y gélida. Luego dejaría la espada sobre el mismo estante que la primera vez – Reparare tu preciado acero, pero a cambio… No te controlare, sino que serás mi amante… No oficial y solo entre nosotros dos. Si, sé que no te agrada esta decisión, pero si piensas que para mi será fácil estas equivocado. Si nos descubren podrían matarme y entonces créeme que habrás lamentado el día que tuviste la ocurrencia de probar mis labios – Volvería a decir nuevamente con voz calmada y esta vez más dulce que fría, un tono algo meloso y lascivo.

– Si aceptas ser mi amante tu espada será reparada ahora mismo, convocando los poderes de la diosa Mahal no necesitaremos hacer ningún viaje y ella con el mismo poder que creo a los reconocidos guerreros enanos cumplirá tus deseos – Terminaría diciendo esta vez tomando más autoridad en sus palabras como la semidiosa que era.

– De no aceptar querido, se te perseguirá por todo lugar que conforme parte de mi territorio y el de mi padre. Es la última oferta, lo tomas o lo dejas – Diría para luego ir a buscar lo que necesitaría para hacer el ritual que necesitaba para que Mahal accediera a su petición.

Sacaría entonces un cáliz de entre los muebles de la sala y una mesa de pequeño tamaño, redonda, cuatro metros y muy poca altura. Estas las colocaría frente a la estantería donde se encontraba la espada. Dejaría el cáliz sobre la mesa y luego le espada sobre el cáliz asegurándose de que cada parte de la espada no fuese victima de la fuerza de gravedad. – Querido, solo necesitamos tu sangre sobre la hoja para llamar a Mahal. Con un cuarto de esta estaremos más que bien, después que tu espada este reparada descansaremos – Diría por último volviendo a su tono meloso esperando por la decisión del joven. Sabía que podía hablar con su padre o ir con cualquier otro herrero de la zona, pero estaba cansada y quería terminar las cosas rápido. Además sino se equivocaba mañana podría recibir una visita de su padre y no quería recibirlo desvelada.
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Chris Tara
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MensajeTema: Re: Sobre Espadas y Hielos Oscuros   Sáb Mar 05, 2011 2:57 am


Chris Tara estuvo a punto de soltar un suspiro de exasperación, pero se contuvo a tiempo. !Que testaruda podía llegar a ser aquella mujer! Era una semidiosa y él sabía que debía de haberlo previsto más eso no significaba que no se sintiese ligeramente harto.
Lo único que sacó claro, al menos de si mismo, es que estaba recobrando sus emociones humanas, ya que antes de aquel encontronazo, no había experimentado ningún tipo de fastidio y mucho menos cólera o insatisfacción.
Sin embargo, la reputación del joven de ser alguien racional y controlado no era simplemente un alarde. Respiró lentamente y se tranquilizó de inmediato, recordándose que el enfado no le haría ganar aquella discusión.
De todas formas, era bueno saber con qué se estaba enfrentando; a pesar suyo, Chris comprendió pronto que, si iba a seguir en relaciones con Airlea, como según parecía, iba a tener que armarse de mucha, mucha paciencia. E iba a ser entretenido, se dijo con tono irónico, ya que él tampoco era de los que cedían cuando le parecía primordial que las cosas se hicieran de una determinada forma.
Iba a ser el infierno, en forma figurada, claro está. Aún así, Chris seguía contando con su habilidad de persuasión y su extraordinaria seguridad en si mismo, por lo que capitularía, en espera de poder deshacerse de los juegos de la mujer y conseguir lo que quería, saliendo ileso del lance.
Lo importante ahora, en todos los sentidos, era escoger las palabras con mucho cuidado...
- Admiro tu tenacidad- declaró con voz suave y sedosa- Y también tu deseo de mí agregó con un brillo de malicia en los gélidos ojos azules.
Era una buena forma de molestarla y él lo sabía. Recordarle que ella no era la única con poderes lo hizo sentirse mejor, sobre todo por sus siguientes palabras:
- No hay ningún inconveniente en el trato, mientras cumplas con tu parte- señaló el joven, inalterable. Finalmente, era totalmente dueño de sus emociones otra vez y podía mirar las cosas de forma distante.
Así pues, cruzó los brazos y se colocó frente a la mesa de pie, en una postura suave y relajada. En completo silencio advirtió los preparativos de la semidiosa, aparentemente indiferente a la amenaza que pronunciara antes si rehusaba a lo que demandaba, pero calibrando las consecuencias y límites en su cabeza, sin perder de vista las acciones de Airlea, consciente de que podía haber peligro en descuidarse, aunque sólo fuera un momento.
De todas formas, no titubeaba en su decisión, al menos no ahora: sabía lo que hacía y por qué.
Tenía planes, fuertes proyectos se abrían paso en su espíritu deseoso de aprovecharse lo más posible de la situación.
Mientras lo pensaba, quedó inmóvil. Sólo se movió cuando la semidiosa pidió su sangre. Una media sonrisa surcó sus labios y enarcó una ceja en un gesto extrañamente expresivo.
- ¿Todavía queriendo tener algo mío?
No le dio pie a la mujer para contestar. Sin temblar ni hacer pausas, sacó una daga de su bolsillo e hizo un corte en su mano izquierda. En todo lo que duró su acción, derramando el precioso líquido sobre la hoja de hielo, fijó su vista en los verdes ojos de Airlea. Nadie sabía ni podría decir nunca qué contenían esa enigmática mirada. Lo único cierto es que no la apartaba de ella y su intensidad bastaba para hacer temblar a cualquiera.
- Ya está- dijo él en voz baja al terminar y apartó la daga con un gesto tranquilo.
Ahora sólo quedaba esperar a ver qué sucedía, mientras seguía mirando fijamente a Airlea.
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Airlea

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MensajeTema: Re: Sobre Espadas y Hielos Oscuros   Miér Mar 09, 2011 5:10 pm

Vaya hombre que había decidido la semidiosa para amante. Si se había negado la primera noche después de haberle abierto todas las puertas no quería ni imaginar cómo sería el resto, aunque prefería entregarse como lo dijo el mismo en sus palabras a la idea de que cedería si ella le daba lo que quería. Era tenaz y eso era bueno solo hasta cierto punto. Si el joven rechazaba las necesidades básicas de su cuerpo entonces sí, la relación entre ambos sería un infierno. Porque cuando Airlea tenía un amante le gustaba que este se sintiese satisfecho y que la ecuación fuese equitativa para ambos bandos. Si, también era justificable hablar de bandos ya que como si de una guerra se tratase, Airlea no paso por desapercibido el hecho de que Chris intentó dejar su decisión en suspenso con gran posibilidad de que negara la oferta con sus primeras palabras; como si desde el principio intentase enfurecerla para liberarlo. Decía a gritos ser un hombre libre, ¿cómo le haría para mantener a ambos satisfechos con aquella relación? Al menos había accedido a aceptar la oferta, claro siempre desconfiando de la semidiosa y aquello era algo que la exasperaba. No le gustaba que sus sirvientes dudaran de sus órdenes y mucho menos que su amante dudara de su palabra.

En cuanto el joven se acercó y realizó la pregunta, la semidiosa volvió su rostro para encontrar el de quien sería su nuevo amante, claro que no alcanzó a contestar a pesar de que estaba molesta por susodicha pregunta. Fuera de contexto no habrían significado mucho, pero tomando en cuenta lo que le había costado conseguir lo que tenía del muchacho aquello podía tomarse como si estuviese tratando de cortar cadenas con cada palabra que saliese de sus labios. No vio su sangre correr hacía el cáliz que había dejado preparado para recibirla, pero si admiro con cuan tranquilidad se había hecho el corte mientras suspendía su mirada contra la suya. A penas asintió cuando dijo que ya estaba listo para comenzar con el ritual; aquellos ojos habían vuelto a atraparla tal y como lo habían hecho desde un comienzo. ¿Era esa la ventaja del joven? ¿Una mirada cautivadora que ha visto lo suficiente como para poder enfrentarse mano a mano con una deidad? No lo sabía entonces, pero había mucho que le decía que aquellos ojos serían su perdición y que esta se estaba acercando cada vez más.

Su lado femenino estaba a flor de piel de súbito, cosa que no pasó desapercibido pero que aprovechó para llevar su mano derecha al rostro de Chris, para acariciarlo suavemente con la palma de la mano, tiernamente… Algo que pocas veces hacía, pero estaba satisfecha. Quería adelantarse algo del que pronto sería su amante, pero solo se permitió un suspiro más para volver a ser la fría semidiosa que el joven había conocido. Separó la mano del rostro de Chris, cerró los ojos y se volvió hacía la mesa. – Cumpliré mi parte del trato, entonces si te quedas como mi amante verás que puedo ser mucho más permisiva de lo que hasta ahora piensas – Dijo con cierto deje de amargura, amargura por tener que retener su parte femenina en vez de entregarse completamente al joven que sería su amante, todo porque aún no cumplía parte de su trato y porque ante los ojos de los dioses que estaba por convocar sería un pecado para ella. Eso y sin contar que por más que quisiese su capricho no se cumpliría del todo a no ser que Chris pudiese vivir el mismo tiempo que ella o tal vez necesitasen el doble de ese tiempo para que sucediese.

– Ahora, ante los ojos de los dioses quiero que te mantengas detrás mío, no hables a menos que se te pregunte directamente y sobre todo no me desconcentres. Recuerda, si mi padre se llega a enterar de nuestro trato, ambos estaremos acabados – Habló nuevamente, aún con los ojos cerrados y con un tono mucho más autoritario que el anterior. Airlea sabía perfectamente que el único método que tenía para contactar a Mahal era por medio de su padre, por lo que si Chris llegase a faltar el respeto de los dioses o ella misma mientras hablaba con Bairack o Mahal los dos serían castigados. Dependiendo de la falta uno más que otro, pero sabía muy bien que su padre la castigaría luego muy fuerte si el joven llegaba a decir algo indebido mientras hablaba con Mahal. Sabía que la relación entre ambos dioses era conflictiva desde el principio de los tiempo, no por nada Bairack era conocido como uno de los dioses más malévolos de Utopía, por lo que contactar a Mahal por medio de su padre tampoco sería una tarea fácil, más para su padre que para ella puesto que él debería ahorrarse la discusión con la diosa de los enanos.

Entonces, luego de un suspiro de relajación, Airlea se llevó los codos hacía la parte baja de sus pechos, haciendo contacto con su piel para luego llevar un puño envuelto por su otra mano hacía su mentón, y agachó la cabeza como quien rezaba frente a un monumento. Chris no debería ver nada más que su espada reparada después de un tiempo, los dioses no se presentarían corpóreamente frente a ellos de no ser que fuese absolutamente necesario. Quien podría hacerlo sería Mahal más que Bairack, pero de eso no estaba segura, de lo único que si estaba segura es que para reparar una espada se necesitaba la sangre del guerrero que la portaba.

A los pocos segundos contactó con su padre. Airlea trató de convencerlo con la escusa de que un herrero normal tardaría demasiado en reparar la espada de su sirviente y que este la necesitaría pronto para entrar en combate, que era uno de sus mejores hombres y había pasado todos sus desafíos. De no ser alguien especial para ella no lo habría contactado. Fue más que suficiente para el dios del mal, quien a regañadientes contactó a Mahal.

Se relajó entonces permitiéndose suspirar nuevamente. – Mahal nos atenderá pronto, solo espero que mi padre no pierda su tacto al hablar con ella, no sé cuanto pueda tardar, mi padre, Bairack, no suele llevarse bien con el resto de los dioses – Volvió a decir esta vez calmada y esperando que Chris siguiese con su temple de acero al escuchar el nombre de su padre. – Ahora tu espada será mucho más fuerte y resistente que antes. A los dioses les gusta hacer bien su trabajo. Pero antes, Chris, dime, ¿cómo fue que rompiste tan preciada espada? – Preguntó con interés mientras observaba la hoja. Sabía desde la primera vez que la vio que corría magia por el interior del acero, las espadas eran difíciles de romper y más aún las mágicas, normalmente las hacían indestructibles. Seguramente una increíble batalla esperaba a ser relatada como respuesta a la pregunta de la semidiosa.

__

Off:

Por cierto, te deje un mp con Vic, pero ya no importa, ha habido un cambio de planes, así que me quedare como PNJ ^^
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Chris Tara
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MensajeTema: Re: Sobre Espadas y Hielos Oscuros   Lun Mar 21, 2011 3:31 am

Chris Tara sintió, no sin fundamentos, que estaba haciendo progresos. Aquellos ojos verdes eran, en verdad, mucho más formidables de lo que podría haber calculado, de haberlo pensado anteriormente, pero hacían juego con su propia fuerza de mirar, tan intensa que dotaban a su gélido brillo una poderosa influencia que ni siquiera la poderosa Airlea era capaz de resistir por mucho tiempo. Él le miró una vez más, apreciando hondamente el alma oscura que habitaba en las profundidades de esos orbes verdosos y, aunque no ablandó su mirada, porque hubiese significado una debilidad, si que hundió parte de su percepción extrasensorial en la esencia de la semidiosa.
Kirtash comprendía que había que empezar a ser honesto consigo mismo: sentía curiosidad. Nunca antes había conocido a una mujer como aquella, con aquella indomable tozudez que a veces despertaba en él hastío y, en ciertos instantes únicos, una leve pizca de reticente admiración. Aunque muchas de sus premisas sobre la semidiosa habían sido acertadas, la mente inigualable de Chris Tara comprendía que estaba aún muy lejos de poder aprehender la verdadera naturaleza de una fuerza cósmica. Era, pensó él, como ver un cataclismo desde lejos, sumergiéndose en un tornado caótico que quería arrastrarlo a cada momento y que, sin embargo, estaba lejos de dominarlo. Agradecía poder estar en su posición: no le hubiera gustado verse arrastrado, y le proporcionaba una seguridad adicional saber que podía meterse al ojo del huracán sin temer por su integridad.
A pesar de ello, no estaba tan estable como pensaba: el asesino sentía que había algo fascinante en Airlea, algún tipo de magnetismo que les permitía a los dos coexistir en un mismo sitio, paralelos y conocidos. El hombre tenía la idea de que había algo familiar en la esencia que percibía, todavía a medias, latente en aquella otra voluntad. No se trataba, como Chris había adivinado ya, de la demoledora atracción de dos polos opuestos. Más bien, se trataba de algo más cercano y mucho más usual: afinidad. En las pupilas de ella, él encontraba a su igual. Pues, aunque la divinidad fuese infinitamente más poderosa y profunda que el propio joven, tan complejo que incluso los más avezados hubieran tenido dificultades para entenderlo, estaba hecha de la misma esencia que aquel que se proponía conquistar con tanta osadía: Oscuridad.
Durante muchos años y, viviendo en medio de esta realidad, Chris Tara había pensado que había conocido todo lo oscuro que puede ser abismo, todo lo hondo que podía ser el valle de las sombras. Él se sentía a gusto en ese paraje desolado, construyendo su hogar entre paredes de hielo y cristal y experimentaba una sensación de intimidad en esa experiencia que distaba mucho de ser algo con posible descripción. No había palabras para hacer entender a un profano la comunión que Chris tenía con las Tinieblas… pues era una sensación muy distinta de la que una vez experimentó en brazos de la luminosa gitana a la que él conoció con el nombre de Lunnaris.
No, Lunnaris, aunque poderosa maga de corazón puro y tan íntegra que Chris la había llamado Victoria, en honor a los cantos vibrantes y límpidos de triunfo, jamás podría haber entendido aquella parte del corazón de hielo de Kirtash. Porque él era más que un humano común, había habitado mucho tiempo en serena independencia, consciente de que no moraban en el Mundo muchos espíritus que pudieran compartir lo que él sentía en lo más profundo de su alma, cuando sólo él y su mente cohabitaban en intenso diálogo.
No obstante todo esto, muy verdadero, Kirtash empezaba a comprender que ante él se hallaba una de las pocas personas que podía en serio entender lo que él podía llegar a concebir.
Aquella certeza, obtenida de su afilado borde de rabia y leve frustración caló hondo y repentinamente en Chris, enraizando prontamente en su consciencia y restándole a su dominante halo un poco de terreno. Pronto, ya no pudo deshacerse de esta perspectiva y sintió un chispazo de intuición que le había advertido de aquel repentino cambio que podía llegar a ser costoso. Más que su corazón, era su mente la que se hallaba arriesgando, cautivándose a medias con aquella que bien podía ser parte de él, un pedazo de una antigua Visión Caótica, una fría Oscuridad apasionada en su delirio.
El joven guerrero fue perturbado por esta revelación y sintió deseos, por primera vez en toda su vida, de apartar sus gélidos ojos de aquella otra mirada, que parecía tan empática y enfadada como la suya propia. El impulso no tomó parte, con todo: la parte más objetiva de su ser le decía que aún había muchas cosas que tenía que decir y que no podía permitirse perder el control de esa manera.
Recobró la serenidad justo a tiempo; la mano de la semidiosa tocaba su carne y acariciaba su mejilla con inesperada suavidad. Kirtash tuvo que luchar repentinamente con el estremecimiento que aquel delicado tacto despertaba en su cuerpo y contuvo su necesidad de apartarse.
Sin temor y aún así inquieto, el joven humano sintió las primeras vibraciones de su helado interior, muchas de las cuales no habían sido tocadas en muchos años. Algo despertaba definitivamente en su interior y no podía ser bueno si era la mano de su benefactora la causante de ello. Respiró profundamente y percibió el aroma exquisito que emanaba de la mujer, un perfume que no había captado hasta entonces. El ardor escoció su fresca temperatura y esperó, aparentemente relajado, más sutilmente cambiado: se había puesto en guardia.

– Cumpliré mi parte del trato, entonces si te quedas como mi amante verás que puedo ser mucho más permisiva de lo que hasta ahora piensas –

Chris parpadeó, una sola vez. Estaba en peligro, lo sabía. Su fuerza seguía allí pero los enemigos acechaban desde el interior. Sin responder, reprimió exasperadamente su instinto avasallador.
Empezaba a sentirse molesto. Aquel repentino resurgir de sus emociones más humanas lo dejaba vulnerable y resentido. No había tenido la menor intención de dejar que la grieta en su armadura profundizara… La idea era cerrarla y por eso había pedido la ayuda de la semidiosa. Al joven le sorprendía descubrir que quizá hubiera tomado un camino erróneo. Sólo su voluntad férrea le impidió dudar de si mismo. Aquello empeoraría las cosas cuando cualquier mínimo error podía resultar fatal. Se concentró en los latidos de su corazón y fortaleció la dureza de sus ojos azules, carentes de calor o emoción.
Airlea seguía hablando. También ella se veía alterada por la proximidad del que quería convertir en amante, pero esto había tornado por importar poco, al menos por ahora: A Chris no le gustaba obtener puntos de esa forma, si él también era tocado por ella. Recordar esto le permitió calmarse un poco: no se permitiría más deslices como éste. Dejó, pues, de explorar el alma de la semidiosa, aunque no abandonó la proximidad de sus ojos. Justo cuando creyó que no podría más, ella terminó con las explicaciones.

Mahal nos atenderá pronto, solo espero que mi padre no pierda su tacto al hablar con ella, no sé cuanto pueda tardar, mi padre, Bairack, no suele llevarse bien con el resto de los dioses –

El joven había permanecido en silencio al caer Airlea en meditación. Sin saber por qué, se frotó la mano, allí donde su marca de media luna plateada le había advertido de un repentino temblor.
¿Qué diablos estaba sucediéndole? La picardía había dado paso a la seriedad y la tensión había envuelto brevemente aquel cuerpo fibroso que solía permanecer inalterable.
Miró inquisitivo su anillo. Allí no había cambios, lo que lo tranquilizó: estaba a salvo en sus confines, al menos por el momento.
Volvió a contemplar a Airlea, ya más firme. No le sorprendía comprobar quién era su progenitor: puede que interiormente lo sospechara, aunque no tuviese como explicarlo.
Era mejor escuchar. Menos especulaciones le proporcionaban más estabilidad emocional.

Ahora tu espada será mucho más fuerte y resistente que antes. A los dioses les gusta hacer bien su trabajo. Pero antes, Chris, dime, ¿cómo fue que rompiste tan preciada espada?

… Estaba diciendo ella. El asesino, impasible, dudó un instante. ¿Qué debía contarle a su benefactora? ¿La verdad? ¿Sólo parte de ella? ¿Mentiras?
Pero ya le había dicho parte de la historia, recordó él al pensar en las palabras que había pronunciado para desvelar el secreto de su arma. Aunque no había sido mucha información, en manos de alguien tan astuto era suficiente. Kirtash caviló un poco más. Era muy probable que no fuese prudente revelarle toda la historia aunque descubriese que en realidad deseaba contarle un poco más.
Quizá era por aquella certeza, recién descubierta: ella podría entenderlo o, por lo menos, intentarlo.
Las manos del antiguo príncipe se relajaron casi imperceptiblemente. Él echó la cabeza hacía atrás, en un despreocupado gesto aristocrático. Su rostro era noble y suave, aunque indudablemente no había sonrisa ya ni en sus orbes ni en su boca.
-Sin duda debes pensar- dijo con tono tranquilo, incapaz de realizar algún preámbulo antes de comenzar la historia- Que algo extraordinario debió sucederme para que mi espada fuese quebrada. La hoja helada habla de una naturaleza mágica y un increíble poder. ¿Cómo es, entonces, que se halla ahora mi hermosa espada, en tan lamentable estado?
Los ojos de él contenían cierta acerada burla. La antigua amargura se filtraba ahora en su voz, aunque sonaba más sedosa que nunca. Aquel relato siempre llevaba al mismo pasado que Chris no quería recordar. Pero estaba tejido en su propia alma, se recordó. No podía dejar todo, simplemente atrás. Aún así, no miró a Airlea mientras hablaba.
-La espada no es tan poderosa como pareces pensar- siguió con sedosa y engañosa claridad- Aunque lo fue en otro tiempo, cuando mi alma se hallaba lo suficientemente fuerte para resistir cualquier embate de emoción.
El tono de él se volvió ligeramente áspero. Odiaba aquella sensación, de estarse exponiendo sólo por contar una simple historia. Un burdo retazo de la tragedia que casi lo había aniquilado.
-Te dije que mi esencia residía en esa espada- le recordó Chris a ella cuando distinguió su mirada, ligeramente desconcertada- Su hoja se hace más fuerte o más débil según mi propia preparación y vitalidad. Cuando yo muera, ella morirá. Si yo resulto herido, se debilitará. Nadie excepto yo puede empuñarla en la batalla.
La aspereza se había vuelto yerma y ahora era fría.
-Haiass ya se había quebrado una vez, hace años. Me enfrentaba a un muchacho de quince años. La pelea debía de haber sido sencilla, más el chico no era lo que aparentaba ser. Yo le tenía un odio mortal y ese sentimiento fue fatal para mí. Perdí concentración y él logró quebrar mi espada. A pesar de todo, conseguí repararla.
La mirada perdida del joven parecía más afilada que la hoja de hielo. Ya no había ni la más mínima sombra de calidez en su interior. Él no le contó cómo había reparado a Haiass o quién le había ayudado entonces. Tampoco le dijo toda la verdad: era cierto que Jack lo había hecho perder el control, pero en realidad no había sido tanto él como el nombre de la chica que ambos amaban, lo que lo había enfurecido.
Nada de esto revelaban sus ademanes. Prosiguió como si la constancia de aquellos hechos no encendiera su mente de infinitos recuerdos.
-A partir de entonces no había hoja que pudiera oponerse a mi espada. Yo era fuerte. Pude serlo mucho más. Entonces, algo sucedió y, en consecuencia, mi espada se apagó. La continuación de la historia ya la conoces.
La voz de Chris Tara fundió en tono caústico sus últimas frases y luego ascendió en un ligero tono perverso. Consciente de que ocultaba muchas cosas este corto relato, formuló una sesgada sonrisa, ignorando el esfuerzo que le costó hacerlo. Luego observó largamente a Airlea, sin una sola palabra más, ya que los recuerdos ardían como una llamarada en su corazón.
El dolor más encarnizado latió por un momento ínfimo en las profundidades de su mirar. Luego aquella constancia se extinguió, más quedó la apacible parálisis de un lago congelado al estar a punto de quebrarse.
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Sobre Espadas y Hielos Oscuros
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