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 Las dos caras de la moneda

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Gibil

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MensajeTema: Re: Las dos caras de la moneda   Dom Oct 31, 2010 8:18 am

Joder, la unión era mala; la orco al parecer no le entendía muy bien, y el pequeño parecía estar en otro mundo. Quizás, como buen líder, debería haberle prestado atención a Alteena y ayudarla ahora que estaba tan herida, pero… Nunca la vio; estada más ocupada en el enorme árbol.
Y al parecer, el otro silfo tampoco le había hecho caso. Solo la gigante (necesitaba su nombre al menos) estaba atacando ¡y de qué manera!

El martillazo que impactó la pierna del Ent logró astillarla y arrancarle gran parte de las raíces, triturando la madera fresca como si fuera un juguete… Pero atrapando el arma. Gibil miró… Y se detuvo. No pondría en práctica el plan de segundos antes; necesitaba ayudarla. Desenfundó las dos lanzas y corriendo hasta estar frente a Mara le dirigió una rápida mirada, para girar luego hacia las raíces: Una de esas no sería tan diferente a cortarle el brazo a un vampiro. Con fuerza dio tajos a las raíces antes de que el paso fuera completado, cortando poco a poco la raíz… hasta dejarla lo suficientemente débil para que de un tirón Mara sacara su martillo.

-¡Bien! –Gritó de alivio. Su “pieza” más importante ahora podía volver a moverse; y vaya que ella sería importante para conseguir esta victoria.
Pero… La distracción fue olvidada. El brazo del Ent avanzó con fuerza desde abajo, barriendo el suelo con sus ramas, hacia arriba en dirección a Gibil… golpeándolo con fuerza y tirándolo de espaldas al lado de la orco. No había sido un golpe tan desastroso, su armadura le protegía el pecho, pero al haberse protegido con ambos brazos estos se encontraban llenos de cortes y rasguños, que si no eran profundos, sí que eran molestos; demasiado para dejarlo tumbado por algún minuto.

Confiaba en su buena suerte (si la tenía, claro), en que Mara le ayudara y salvara… Cuando iba a gritarle una orden, a decirle que se alejara… Las raíces del árbol, el nuevo paso, se vio más rápido y con violencia:
Sus raíces se enterraron con demasiada fuerza en la tierra, con una velocidad antinatural a la que había demostrado. Y por suerte el martillo de Mara ya había sido retirado, pues todo cuanto quedase debajo quedaría totalmente compactado entre tierra y madera.

Una risita infantil surgió entonces de detrás de un árbol, corriendo con la niña que la producía, hasta fijarse al lado de Mara, con ambas manos cruzadas frente a sí y los ojos cerrados:
-Gerde me mandó ¿Usted es el jefe? Vamos ¡De pie! –Sus ojos permanecían cerrados, aún “mirando” hacia el Ent- Hice crecer sus raíces, están enterradas bajo tierra tanto que no puede moverlas; si lo van a tirar ¡háganlo ya!
Y junto a la chica, venía un hombre más extraño que ella… Con su propia historia por contar.

Pero… Regresemos al otro elemento: Blaudy. Junto a la llegada de la chica, un pequeño caminillo de flores se empezó a alzar, poco a poco; pero una rosa de tinte negro creció justo al lado de Blaudy… Rasgándole el brazo derecho con una de sus espinas; una herida semiprofunda y que no representaría nada… De no ser por el veneno:
Lo primero que sintió fue dificultad para respirar, y seguidamente un entumecimiento en las manos; aunque por ahora era poco… Quizás iría en aumento…


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Última edición por Gibil el Lun Nov 01, 2010 3:53 am, editado 2 veces
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Gerde

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MensajeTema: Re: Las dos caras de la moneda   Dom Oct 31, 2010 7:25 pm

Las cuerdas se cortaron sin problemas y el tronco cayó con estrépito contra el suelo evitando la posibilidad de que le llegase a Ska o a alguien más.

Las ramas en tanto seguían tirando a Roxanne sin consuelo, y la bella ninfa como si estuviese ajena al peligro que le estaba provocando al grupo de los Dherlik, seguía concentrada en tocar su flauta y envolver al bosque en su armoniosa melodía, mas se vio obligada de pronto a cortar la canción para esquivar la precisa daga lanzada por Egates.
La ninfa chilló asustada y desnuda como estaba luego de esquivar el ataque comenzó a trotar entre la espesura de los arbustos acercando de nuevo la flauta a sus labios para seguir atormentando al grupo con su música. Sin embargo en ese lapso de silencio las ramas que sostenían a Roxanne cederían de golpe como si nunca hubiesen estado animadas** así que el calculado movimiento de Egates resultaría innecesario ya que la muchacha caería de cabeza en dirección al suelo. Pero para mala suerte de Ska las pequeñas y delgadas varitas al estar enterradas en su brazo derecho no se verían afectadas por el corte súbito de la música, lo único beneficioso para el lican sería que el efecto mortal de esa trampa se retrasaría un tanto.
No obstante cuando la ninfa retomó su canción una rama alcanzaría el pie de Roxanne y comenzaría a sacudirla.

Eco en cambio valiéndose de su ingenio se quitó su amplia capa negra y la arrojó sobre la criatura de barro la cual se demoró valiosos segundos al intentar quitársela de encima, pero finalmente su deformado cuerpo succionó la capa envolviéndola en un bollo hasta hacerla desaparecer en su interior, acto seguido friccionó sus manos hasta crear una prominente bola de lodo y aguardó a su presa.
Eco luego de recoger la maza de Ska que por poco resulta echa pedazos por aquel tamborileo constante de ramas embrujadas, devolvió sus pasos para escalar el árbol que se encontraba sobre el monstruo de lodo, no obstante la maza era de un peso formidable por lo que su escalada no resultó de lo más eficiente, y la criatura aprovechando aquella lentitud arrojó la bola que tenía preparada impactando sobre el brazo donde portaba el arma justo cuando se abrazaba al árbol logrando así que el material se secara y el brazo de Eco resultara pegado contra el tronco del árbol dejándolo sin movimientos, a menos claro que este se cortase el brazo.
Aquella era una oportunidad que el monstruo de fango no desaprovecharía, por lo cual luego de hacer otra bola de fango la lanzó con tal fuerza que fue a parar contra la nuca del lord.

La segunda daga lanzada por Egates logró rozar el cuello de la ninfa provocando que nuevamente el bosque cesara su ataque, y mientras tanto Ska se dispuso a frotar la piedra silex con metal para prender su bomba molotov y luego dirigirla hacia la enemiga. Movimiento innecesario debido a que la ninfa ya había dejado caer su flauta al recibir aquel corte en su cuello y perdía el tiempo palpando su sangre verdosa con sus delicados dedos. Eso, hasta que un fuerte ¡Bum! hizo presencia y el fuego comenzó a pasearse por los arbustos, la ninfa horrorizada ante el fuego se encogió sobre si misma y comenzó a balancearse, tiritando de miedo.
Pero algo misterioso ocurrió, el fuego resultó ser una gran ofensa para el bosque logrando despertar a las animas de la naturaleza las cuales iracundas dirigieron el fuego a su antojo creando un semi circulo alrededor de Ska, y este pesar de no correr peligro por las varitas (ya que sin la música habían perdido su efecto mágico) seguía sin poder mover su brazo todavía, y, en consecuencia, escapar. Además el humo se hacía más potente y dificultaba su respiración, además el calor era más que insoportable.

A fin de cuentas Eco y Ska iban a necesitar en parte la ayuda de sus compañeros para salir del grabe problema en que estaban, pero ¿qué harían con la atemorizada ninfa?


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Natashia La Port
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MensajeTema: Re: Las dos caras de la moneda   Lun Nov 01, 2010 5:43 am

Bien, el primer tronco no fue totalmente peligroso. Al menos no para los demás… mire a Egates, la tenia furia en la mirada, yo pánico. La sangre caía sobre mi rostro y cuando pensé que moriría, el garou acertó, dejando caer a Roxa al suelo, quien buscando no darse otro golpe mas en el rostro, lo cubrió con el dorso de sus manos. El golpe fue seco y doloroso, pero no paso a mayores –y si paso, no tenia tiempo de poner atención a aquello- escupió el diente que quedaba por caer, faltándole ahora el canino bajo izquierdo y el canino superior derecho.

Apenas tuvo tiempo de hacer algo mas, cuando hubo necesidad de moverse hacia un lado, esquivando la espada que Egates dejo caer, justo después, con intenciones de liberarle de una trampa que ya le soltó. Roxanne abrió los ojos grandes, tomando su espada, idiota seria si la dejaba ahí y entonces, todo se salió de control –más si se podía.-

Aquella rama la tomo por el tobillo. Roxanne hizo lo único que se le ocurrió, cortarla con la espada.** Se puso de pie, mirando hacia todos lados, intentando analizar la situación, respirando agitadamente. Eco, ahora estaba atrapado en un árbol, pegado su brazo junto al mazo de Ska. Otra bola de lodo salió disparada hacia eco… no pudiendo hacer nada por el, la chica miro al lucano, con intención de ayudarle. Fuego… lodo gigante… bingo!!

Dejaría que eco las arreglara de momento con aquellas bolas de lodo. Aquel semi círculo de fuego serviría de algo. La ninfa, Egates tendría que hacerse cargo –o haber quien más- y decidió poner en práctica aquel plan, que, rogo a la diosa de la bonanza que le funcionara.
Consistiría en lo siguiente. Atraería la atención de la creatura de lodo, luego, la llevaría hasta el medio círculo de fuego, mientras gritaría a Ska que se alejara de ahí. Había una abertura (medio circulo) por la que el podría salir, mientras se apuraba a quitarse las malditas espinas. De menos, si el lodo no quedaba duro por el calor, apagaría la llama.

Esa fue la decisión de Roxanne. Se puso de pie, alejándose de aquellas ramas, cuidando todo a su alrededor. Enfundo su espada, apuntando a la mole de lodo. [Posiciones sujetas a cambios por el máster] el medio circulo estaba entre la bestia y Roxanne, la apertura apuntaba hacia ella, desde ahí podía ver a Ska. Eco, por su parte, más cercano al ser, pegado a un árbol, y Egates, a pocos metros de ella. Tomo su arco y flecha, apunto directo a la creatura, gritando, al mismo tiempo del disparo.

-SKA! MAS TE VALE QUE SALGAS DE AHÍ, SI NO QUIERES SER APLASTADO POR ESA COSA!-

Seguido al disparo, se movería, por si aquella mole decidía lanzarle lodo a ella. Tomando otra flecha (segunda) la disparo a la mole, gritando con gran voz, escupiendo saliva y sangre (incluso hubo una distorsión debido a que faltaban dientes.

-VEN ACA, ASQUEROSA BOLA DE LODO PUTRIDO! QUE VENGAS TE LO DIGO!-

Roxanne se usaba como carnada. Carnada para ayudar a Eco, carnada para evitar que todos murieran aplastados o endurecidos. ¿Funcionaria? Eso era algo que ni ella misma podía contestar.



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Mara Colmillo de Bronce
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MensajeTema: Re: Las dos caras de la moneda   Mar Nov 02, 2010 11:33 am

Empezaba a sentirse algo cansada aunque seguía tirando hasta el punto de sentir dolor en sus brazos. Había dejado de soltar gruñidos frustrados para resoplar ante cada tirón.

A punto estaba de rendirse y abandonar su martillo para enfrentarse con las manos desnudas al árbol cuando el humano anciano apareció en su campo de visión. La orca giró la cabeza y le miró, con un gruñido más o menos suave. ¿Qué estaba haciendo? ¿Por qué se acercaba tanto a un peligro?

El humano la miró durante unos segundos y sacó sus propias armas. En vez de ofrecerselas, y para sorpresa de Mara, comenzó a sesgar y partir las ramas que aprisionaban el martillo con una facilidad pasmosa. Era el humano más fuerte que jamás hubiera visto....¿para que necesitaba alguien como el a alguien como Mara? Esa duda en su mente la alteró visiblemente. Tendría que esforzarse el doble, tanto por ella como por Blaudy, o el amo los abandonaría y Mara no quería volver a pasar hambre.

Tiró con fuerza del martillo y esta vez pudo liberarlo de su presa con un chasquido de madera.

-¡Bien!

Mara sonrió mirándole. ¿Se lo había dicho a ella? ¿Le había felicitado? Antes de que pudiera pensar nada más el humano fue golpeado por un mazo de madera y hojas, derribandolo boca arriba junto a ella. La orca enarboló el martillo y se colocó justo sobre el anciano, con un pie a cada lado de su cuerpo. Tomó aire y profirió un rugido seco y amenazador, tan potente que le dolió la garganta. Debió de funcionar, ya que el arbol pareció trastavillar y detuvo su avance.

Una risa cantarina y tan irritante como la voz de Altena se acercó con rapidez hasta llegar junto a la orca y el humano. Mara se agazapó en una postura protectora hacia el anciano que permanecía en el suelo y la escudriñó con el ceño fruncido y los labios ligeramente retraídos, mostrando los colmillos.

Era un hada, otra más, pequeña, delicada y luminosa. Y habladora, como todas ellas. De nuevo un montón de palabras que no podía enteder. Mara resopló y se apartó un paso para agarrar al humano, levantarlo en vilo y colocarlo de pie.

Se quedó junto al humano y su cuerpo se tensó cuando vio aparecer otro extraño, tan grande como el amo. Olfateó el aire hacia el y gruñó levemente. ¿Eran enemigos? Podía aplastarlos antes de que llegaran al amo y a Blaudy. Por cierto... ¿dónde estaba el silfo?

Mara miró hacia atrás y lo llamó preocupada, pronunciando la palabra con voz ronca y tosca, como quien imita un sonido aprendido de memoria sin saber realmente lo que es.

-¿¡Blaudy!?
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Blaudy

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MensajeTema: Re: Las dos caras de la moneda   Mar Nov 02, 2010 7:42 pm

Blaudy volaba entre las plantas, casi a ras del suelo para "ayudar" a Mara, pero sus ropajes se enredaron en un matojo de zarzas, haciendo que se diese un buen golpe contra el suelo, y que se le cayese la cerbatana.
Ocupado desenredando sus ropas, no vió que el centauro era lanzado salvajemente contra el bosque, y tampoco pudo ver como las alas de su feérica compañera eran reducidas a un puñado de cristalinas astillas al impactar contra el suelo.

Estúpida zarza, ¡Suéltame ya!

Cuando por fin consiguió soltar la última espina que aprisionaba su pantalón, buscó con la mirada a Mara, que en ese momento descargaba con todas sus fuerzas un martillazo contra el árbol que hizo temblar el suelo donde estaban ahondadas las raices del ser de madera.
Blaudy se protegió el rostro alzando el brazo izquierdo, para que las astillas que saltaban del ent no golpeasen su rostro, y retrocedió unos pasos volando para que no le pisasen sin querer, con la mala fortuna de hacerlo junto a un pequeño brote que crecía de forma inusitadamente rápida.

Vió aparecer a otra integrante, bastante guapa si se permitía decirlo, y que con su voz cantarina alentó al grupo a acabar con el ser. Blaudy fué a echar mano de la cerbatana, pero no la encontró. Recordó entonces que se le había caído, y cuando fué a partir a buscarla, una espina le hizo un corte que para un humano habría sido un rasguño, pero para el era una rasgadura larga, aunque poco profunda y que por suerte no sangraba mucho. Sin darle mucha importancia, fué volando a por su cerbatana.
La recogió, pero cuando la fué a colocar en su cinto, se le cayó tontamente de las manos. Gruñendo de frustración, la cogió de nuevo y esta vez si atinó a guardarla. Escuchó su nombre de labios de su amiga, y fué volando hacia ella.

¡Aqui Mara!

Cuando se quedó suspendido en el aire frente a ella, dejó caer los hombros, y tomó una larga bocanada de aire. Si no había hecho tanto esfuerzo... ¿por que le costaba respirar?
Se giró de nuevo hacia el jefe, y miró al ent otra vez. Habría que actuar... aunque el poco podría hacer aparte de mirar, aunque...
Tomó su cerbatana, y sacando un dardo mientras ganaba altura, buscó los ojos de la criatura, o al menos por donde debería estar mirándolos, y llevándose la cerbatana a la boca, sopló con todas sus fuerzas hacia ese punto

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Giltiak.-

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MensajeTema: Re: Las dos caras de la moneda   Miér Nov 03, 2010 12:24 am

Mi nuevo viaje daba comienzo...

"...De Angarak a Aloria, mis ansias por instruirme más y más sobre el arte de la magia me movería hacia toda Utopía. Me propuse partir a conocer nuevas tierras y culturas, aunque todavía no conocía completamente aquel continente en el que llegué a este mundo, me dió por pensar que es natural que el destino siempre se las arregla para colocarnos de nuevo donde comenzamos, así que habría tiempo más tarde para eso..."


Desembarqué en un viejo muelle, en el que no habían más que unos pocos botes atados y una cabaña de fabricada notablemente de una madera resistente y añeja, unas pocas luces dentro indicaban que allí podía solicitar la información que necesitaba.
A lo lejos, muy al sur, apenas se denotaba la silueta de lo que sería un gran alcázar, mientras que si fijaba la vista al norte, entre dos grandes y verdes cadenas montañosas se destacaba un misterioso valle... Y se preguntarán ¿Por qué misterioso? Al observar en aquella dirección, tenía la sensación de que en dicho momento estuviese allí... No me encontraría sólo. Pero ese era solo un presentimiento que genera la incertidumbre al encontrarse con ciertos paisajes.

Decidí acercarme a la cabaña que estaba a unos metros del muelle. Toqué a la puerta y un hombre, varios años mayor que yo, al explicarle que era nuevo por aquellas tierras me invitó a entrar y conversar para ayudarme. Era un tipo amable y muy cordial. Según su relato se dedicaba precisamente a ayudar a los viajeros y algunas veces hasta a hospedarlos, trabajo del que vivía hace varios años, además de alquilar sus botes.
Le expliqué que no conocía por estas tierras y me interesaba saber por lo que estas se destacaban. Me mostró un mapa, aunque dibujado a grandes rasgos, se podía resaltar como antes había dicho, el viejo castillo, y el "Valle de Promenthas", así se llamaba. El valle contaba con varios senderos al parecer que llevaban a un lado y a otro de las grandes cadenas montañosas.
El dueño de casa me sugirió que allí me dirigiera. Encontraría extraños seres, la magia en su estado natural, por aquellos bosques donde solo se animaban a cruzar los más valientes.
Conservé el mapa que me entregó, quizás me ayudara, quizás no sirviera demasiado. Hice caso a su propuesta y emprendí mi camino a pié, directo hacia el valle.
Por si el peligro acechaba, allí los tenía, mis kris listos para descubrirse de entre mi ropaje, mientras que al paso recordaba como atraer a mi brazo los vientos de la magia.

"...Llegando al valle..."

¿Era cierto lo que mis ojos veían? Una diminuta señorita, es decir, una bella hada caminaba no muy lejos de mí, en dirección al valle, sin embargo cada unos pocos segundos la perdía de vista y debía seguirla un poco más de cerca. Pero esto no era la particularidad que me dejaba tieso e indignado de a momentos. La alada mujercita dejaba flores de todo tipo a su paso, no me tomé la molestía en aquel ni en ningún otro momento de fijarme si entre todos esos racimos, habían... de esas que ni siquiera puedo ver sin que me generen angustía y dolor en el pecho. Por lo que si bien seguía sus pasos, no iba tras ella, no quería toparme con flores de ningún tipo.
¿Era posible que... mi viejo maestro al que ví llevar a cabo similares conjuros y hacer de estos las más mortales armas mágicas... hubiera aprendido de seres como esa pequeña (y aparentemente inofensiva) hada?
Preguntas como esta se me cruzaban por la cabeza en tanto que la seguía con sigilo.
Muy pronto llegamos a un claro, y efectivamente como imaginé desde aquel momento en que pisé tierra firme y posé mis ojos donde ahora me encontraba, no estabamos solos. Eso no era todo, al parecer se había desemprendido una batalla. Rastros de sangre por doquier, arboles partidos al parecer por algo azotado contra ellos, de gran peso y talla.
Había también un guerrero al cuál se lo notaba bastante herido, una orca algo dañada pero se mostraba capaz de soportar su dolor, y acompañandolos, bastante ineficaces hasta el momento, otra hada y un silfo.
Intenté esconderme pero rapidamente advirtieron mi presencia así que permanecí ese instante en posición, hasta que aquella hada a la que seguí se les acercó y les dijo algo que apenas alcancé a escuchar.
Me percaté del objetivo cuando el silfo utilizando su cerbatana lanzó un dardo en dirección a... la cara!! Si, la cara de un enorme árbol!!
Un Ent que ahora se encontraba inmóvil era el oponente, que sin demasiados miramientos, estaba a punto de derrotarlos, de no haber sido por la misteriosa hada de las flores.

- Dejenme ayudarlos, por favor! - grité, acercándome a ellos y situandome a 3 metros del Ent.
Los piés del poderoso pero lento roble yacían bien enterrados en el suelo, si lograba llenar su rostro de escarcha y helarlo de esa manera por unos fríos momentos este se convertiría en una presa fácil para la enorme orca y el guerrero.
Susurré las palabras que invocan al Abrazo del Invierno, antes de llenar de aire mis pulmones "Blanca ventisca... ilumina mi brazo!!". Dejé salir el aire congelado sobre mi brazo derecho. El hechizo estaba conjurado y listo para ser lanzado. Elevé el brazo encantado de magia apuntando a la cara del Ent, y sin más abrí mi mano para que este recibiera probablemente el conjuro utilizado.

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Última edición por Giltiak.- el Sáb Ene 15, 2011 5:20 am, editado 1 vez
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K'

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MensajeTema: Re: Las dos caras de la moneda   Miér Nov 03, 2010 9:41 am

Por lo menos un tronco no me había sacado volando cuando hice fuerza para recibir a aquel golpe, todo gracias a Ega. Si, a Ega, me da vergüenza decirlo pero esta vez le debo una... Aunque espero que ni se acuerde de esta. Aquel tronco había quedado fuera del juego, pero eso era lo de menos, termine siendo manipulado a la contra de mi voluntad como un saco de papas y agitado como un salero.

Bien, tenia que hacer algo con las espinas que estaban clavadas en mi brazo derecho, comenzaban a doler mas de lo que sentía anteriormente, y eso que la fiesta aun no acababa. Observe como pequeñas gotas escapaban por los orificios creadas por aquellas varitas insoportables; pero no había tiempo para pensar en mi. Mis demás compañeros se encontraban en apuros y también mi mazo.

(...)

Después de juntar todos los materiales para mi famosa bomba, saque mi piedra sílex; con el metal de mi guante comenze a chocar esta piedra, haciendo que pequeñas chispas cayeran en ella, mis ojos se iluminaron al ver que había funcionado, pero no de la manera que yo quería. La llama comenzó a hacerse mas grande, así que por mi propio reflejo arroje la botella con la poca fuerza que tenia en mi brazo izquierdo y antes de que cayera al suelo, se escucho un gran "Kabum".

Me lleve mi brazo a mi rostro y trate de cubrirme de los vidrios que hayan salido volando. En mis ojos aparecieron llamas demasiado brillosas, tuve que cerrar los ojos, mientras mi nariz sufría del olor del humo. El calor era insoportable, tenia que hacer algo rápido y no era quedarme en ese sitio.

-Hay no, otra vez no. Ega tenia razón... ¡Ega tenia razón!- Se, tenia razon, las tabernas y los bosques son igual de flamables.

Vi ahora como el pedazo de lodo como atacaba a el otro integrante de nuestro grupo, estaba atrapado, teníamos que hacer algo por el y lo peor de todo ¡Tenia mi mazo! Podría ser victima de ese monstruo... Pero... Aquí ya entra en juego la vida de un ser; aparte de ser un Dherlik, Gibil no me lo perdonaría si muriese.

No podía escapar, se me dificultaba moverme, así que opte por quitarme las espinas lo mas rápido posible, comenze a quitar una y todas las que pudiese, hasta que escuche una voz algo distorsionada, pero supe que era de Rox, era una voz femenina y ella era la única mujer con nosotros.

Empeze por arrastrarme empujando con mis talones el suelo y avanzar con mi espalda por un lado de mi obstaculo, no me importaba si había rocas que me rasgaran, aguantaría el dolor; con tal de vivir. Trataba de avanzar lo mas que pudiese y dejarle el camino libre a Rox, para que yo pudiera sacar las espinas y así ayudar a Eco, en el camino miraba por donde iba, no quería que demás varitas se inyectaran en mi cuerpo o algún que otro bicho mortal se me subiese encima, trate de ser cuidado, pero ignorando las rocas y alerta de aquel monstruo de fango. Si llegase a arrojar una bola de lodo, podría esquivarlo rodando hacia mis laterales, procurando no acercarme al fuego.

Esperaba que lo que sea que estuviese planeando Rox funcionara.
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Egates Vasordiel
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MensajeTema: Re: Las dos caras de la moneda   Vie Nov 05, 2010 12:28 am

La música se detuvo subitamente, mi daga aparentemente había funcionado, no me di mucho tiempo de averiguarlo pues vi al bastardo de ska sacar su arma apresuradamente. ¡Maldito idiota! Esa clase de trucos se guardan para ocasiones especiales no para cuando tu vida esta colgando de un hilo, en vez de preocuparse de si mismo nos puso a todos nuevamente en peligro al igual que en la taberna. Realmente tenía severas dudas sobre la decisión de Gibil pero ya no tenía mucho tiempo para cuestionar al respecto.

Volví a observar a la ninfa para cerciorarme de que realmente hubiese caído y para eso mi otra daga había rozado su cuello haciéndola sangrar levemente. Para ese entonces el fuego de Ska comenzó a expandirse y cobardemente la ninfa se percató de ello escondiendo su cabeza cual avestruz asustada. Mientras siguiese así ahroa solo tenía que preocuparme del monstruo del fango, al menos el fuego había servido de algo y esperaba que el bastardo de Ska pudiese repetir ese truco mas adelante cuando de verdad fuese de ayuda.

Para ese entonces que volví mi vista hacía ella, Roxane ya estaba en el suelo. No pude percatarme de si habían sido las espadas o no lo que la soltaron pero me alegraba que tan solo hubiese recibido golpes en la cara y no pasase a mayores por el momento. Ahora solo quedaban dos en apuros. Vi como Roxanne tomaba mi espada y se lanzaba a atacar al monstruo de fango mientras dejaba su espada en la tierra. Vale, un intercambio de armas. No me iba a quedar desarmado, había cometido un error pero no uno que no fuese incorregible. Me apresuré rápidamente a tomar la espada de Roxanne y la aferre fuerte con mi puño izquierdo, no la sentía igual que la mía pero vale, algo mejor que nada. Dibujé unos círculos verticales frente mio con la espada fijándome de apretar bien el mango. No era tan firme como la mía y la hoja era un tanto mas ligera, debía tener cuidado al momento de lanzar una estocada, casi podía sentir como si se me fuese a salir de las manos en cualquier momento.

Entonces el fuego comenzó a hacer algo que solo había visto una vez en mi vida, formar un circulo en vez de seguir expandiéndose como debería, aquello sabía muy bien que era magia y me había dado una idea que tal vez podría funcionar y sino al menos me aseguraría un rehén para que se detuviese. El nuevo sabía pelear, al menos ahora con la ayuda de Roxanne no estaría en tantos apuros, después de esos gritos hasta yo dudaba si seguía siendo la misma niña dulce que conocí. Ska por su parte aún seguía con esas cosas en los brazos. Así que ahora la ninfa jugaría por la fuerza en nuestro equipo.

Como dije, deje que Roxanne y Eco se encargaran del monstruo. Si alguien se había enfadado porque prendimos el fuego tenía que conocer a la verdadera culpable. Me dirigí hacía donde estaba la asustadiza ninfa, intentando tomar su cabeza por sus cabellos sin ninguna delicadeza para pasar la espada de Roxanne por su cuello sin intentar dañarla de momento, parándome detrás de ella para asegurarme de que no tuviera muchas opciones de escape o de ataques desesperados. – No te gusta el fuego eh, tu nos obligaste a prenderlo, ahora tu deberás pagar por ello, mas te vale apagarlo y largarte o eso será poco – Le amenacé por lo bajo al oído. – Esta y su amigo de lodo han sido los responsables del fuego, ellos comenzaron a atacarnos sin ningún motivo, ¡si quieren culpables aquí los tienen! ¡Nos siguen atacando y la ninfa se muere, estoy hablando en serio y solo tendrán una oportunidad! – Amenacé al bosque con furia, sabía que alguien estaba enfadado por el fuego o podía también estar con la ninfa, sino quería que su compañera muriese tendría que apagarlo y marcharse.
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Emrich

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MensajeTema: Re: Las dos caras de la moneda   Dom Nov 07, 2010 5:43 am

Todo estaba saliéndome según lo planeado, esa capa lo había dejado parado, incapacitado por su propia viscosidad que formaba la estructura casi sin forma perfecta de su cuerpo. Hubo algo que me sorprendió pues el tiempo que esperaba fue acortado debido al ingenio de dicha criatura que devoró mi capa como un si nada, introduciéndola en su cuerpo. Dada la libertad que esta criatura ganó, aun cuando ya pretendía alzarme sobre uno de esos árboles, para derribarle una porción de este sobre el, este me sorprendió lanzándome mas lodo, alcanzando mi mano y brazo, dejándome pegado contra la pared y haciendo que la maza también se quedara allí. Antes de que pudiera darme cuenta una segunda bola de lodo impactó contra mi nuca, estaba en una posición muy vulnerable, y debía hacer algo, rápido.

Lo primero que se me pasó por la cabeza fue algo sencillo, al igual que hice con mi capa una primera vez, agarré con mi mano libre la manga de la mano contraria de la chaqueta, para que de esta misma manera, tirar de la manga para romper las costuras que la unían a la parte del torso, y a la vez, tirar del brazo atrapado, deshaciéndome del guante de cuero que cubría mi mano, dejando el guante atrapado en el lodo. Comencé a pensar que ya con la maza perdida no tenía nada que hacer contra aquella bestia, todas mis armas y planes que tenía contra ella había sido contrarrestados, comencé a meditar. Una vez libre me cubrí con el árbol para no poder recibir ningún otro bolazo de lodo, mientras meditaba, cogí uno de mis cuchillos y corté mi saco, dejando me cara al aire… No era algo que me gustara mucho hacer, pero si quería salvar mi vida debía deshacerme de aquel saco, así que lo corté por la parte de delante y dejé que cayera, dejando la verdadera cara de….Roger….Al aire.

Dejé que hasta mi sombrero cayera al suelo, y una brisa que hacía tiempo que no sentía sobre esta cara volviera a tocarla, muchos recuerdos me venían a la mente, pero no era momento de recordar, si no de combatir. Como bien decidí que no tenía nada que hacer contra esa bestia, tardé poco tiempo en salir corriendo de árbol en árbol, cubriéndome en ellos por si acaso la bestia decidía atacarme de nuevo con el lodo.

Mis planes eran simples, esa criatura debió ser invocada por aquella ninfa. Decidí esconderme como pude entre las sombras una vez me alejé de la bestia del lodo, para caminar entre oscuridad y matorrales, rastreando como si fuera un cazador a la ninfa, mi objetivo era herirla gravemente, pero no matarla. Me encaminé en su busca, buscando un momento en el que esta desviara su atención para atacarla por sorpresa con mis cuchillos, para después apuntarla con mi ballesta.

Una vez visualizada, me mantuve inmóvil, esperando, desenvainé dos de mis cuchillos esperando una oportunidad, para lanzarlos sobre sus piernas, a ser posible en los muslos. Lo que haría a continuación sería desenfundar mi ballesta y apuntarla mientras me dejaba ver, para luego esperar que alguien llegara para interrogarla aunque…Si no estaba dispuesta a hablar, no sería la primera persona, si es que a eso se le podía llamar persona, a la que la hago algo así, y me conocía muchas formas de hacer daño a una persona. Esperaba una respuesta sobre aquellos druidas a los que buscaba, pero yo no podía hacerla preguntas…

Esperaría que el resto se encargara de aquella bestia de lodo, de una vez por todas, bastante había intentado yo ya.
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Gibil

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MensajeTema: Re: Las dos caras de la moneda   Dom Nov 07, 2010 7:23 pm

¿Blaudy? Debería ser el nombre del pequeño… Quizás. Se puso en pie ayudado por la orco que, retomando su mazo, se disponía a buscar a aquel diminuto ser que ni se podía distinguir en una primera vista.
Pero antes de siquiera seguir la búsqueda de ella con la vista, corrió hasta estar lo más lejos posible de las ramas que hacían de brazos al ent. Y eso lo logró hasta estar al lado de la pequeña ninfa que acababa de llegar. Tal no medía más de cincuenta centímetros ni menos de cuarenta; era como una pequeña niña de seis o siete años. La examinó por un segundo: Se notaba segura… Con aquel gesto, como si el Ent fuera una pequeñez para ella. Y el anciano soltó un suspiro que esperaba nadie se diera cuenta; sin embargo notó un delgado rastro de sudor en su pequeño rostro.

Al fin había algo de contraataque por parte del grupo: La inmovilidad del ser le hizo sólo agitar las ramas-brazos para crear equilibrio y no caer; al igual que la cercanía de Mara creó una distracción perfecta para que Blaudy pudiera acertar el golpe sin mucha dificultad; lo que provocó que el árbol se llevara una “mano” para intentar cubrir su ojo, para salvarlo de más dolor. Y el otro hombre, el que pedía a gritos ayudar en la enmienda, había logrado acertar un “frío golpe” en el rostro del Ent, llenándolo de cristales de hielo, tan fríos que impidieron el movimiento completo del árbol. Pero… ¿Cuánto tiempo?

Gibil giró a su derecha, para ver a la pequeña cayendo de rodillas; llena de cansancio. Y al mismo tiempo, al Ent poder mover sus pies. El efecto de aquella magia había sido sólo temporal.
-¡Tirád…! –No tuvo que decir más nada; el cambio brusco para el Ent provocó su desestabilidad, haciendo que cayera de bruces contra el suelo provocando un delgado temblor, que desapareció en pocos segundos.
Ahora se encontraba en el suelo, con el rostro congelado y apenas atinando a mover los brazos buscando el suelo, tratando de ponerse en pie.
-¡Golpéalo, con el mazo! –Rugió. Quizás el hielo aún estuviera presente y si eso era… Un golpe de tal magnitud acabaría por fin con esa criatura. Le partiría la cara, en todo sentido.

Hasta ahora lograba darse cuenta el anciano… Estaba herido. Las ramas habían actuado como látigos que cortaron su piel con suavidad; hiriéndolo en brazos y en piernas, y una más fuerte en mitad de la frente que le hacía escurrir apenas una o dos gotas de sangre, pero que ardía como el infierno mismo.
Pensó en un segundo sobre lo que le había pasado al caballo… Quizás vieran su cuerpo, muerto, después.


Blaudy sintió algo más: Más bien, no sintió algo; sus alas. No las había perdido, solo que el veneno se había propagado hasta esa zona, entumeciéndoselas por un segundo, suficiente para hacerlo caer en picada. Había de reaccionar rápido…
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Gerde

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MensajeTema: Re: Las dos caras de la moneda   Dom Nov 07, 2010 8:56 pm

El círculo de fuego se comprimía lentamente amenazando con envolver por completo al licano y convertirlo en cenizas, claro, si es que la carencia de oxígeno no acababa con él primero.
Y mientras tanto Roxanne se aproximó al monstruo de fango que se disponía a lanzar otra bola de lodo contra Eco mas se vio detenido por dos flechas que se impactaron sobre su viscoso cuerpo, la criatura ladeó la cabeza y miró con lentitud las flechas en su cuerpo que no le causaron ningún daño, lo único que consiguió la humana fue que la criatura centrara su visual en ella. El lord oscuro en tanto había jalado su mano que por suerte estaba protegida por un grueso guante negro el cual ocupando el lugar de su mano terminó sepultado por el lodo una vez solidificado. Y además el lord con el simple movimiento de ocultarse detrás del árbol se había librado del campo visual del monstruo de fango que ahora formaba una bola compacta y grande que en menos de unos segundos se vio dirigido en dirección de Roxanne que intentaba llevar a cabo su plan en ayuda a Ska. Plan que no resultaría como quería por un motivo muy simple y es que la criatura era muy lenta para desplazarse y no se tomaría la molestia de seguir a su oponente, solo le atacaría si se aproximaba a él.

Las varitas en el brazo de Ska cedieron de un tirón pero dejando desgarrado su brazo de tal manera que cuando la sangre secase le quedaría una horrible cicatriz de por vida. Y por supuesto, la herida dolía bastante sumando además que un misterioso veneno se había enviado por aquellas ramitas logrando inmovilizar por completo la pierna izquierda de Ska, al principio solo sentiría un entumecimiento leve, luego escozor y fuertes punzadas y finalmente... nada.**

Egates optó por cortar la raíz del problema y tomando del cabello a la ninfa con brusquedad acarició su cuello con la espada de Roxanne y amenazó a los espíritus del bosque con acabar la vida de ella. Al principio el plan pareció funcionar, el fuego comenzó a disminuir su fuerza para que la ninfa no perdiera la vida en manos del licano, no obstante Eco tuvo la ocurrencia, luego de lanzar dos dagas que no llegaron a su objetivo, de disparar su ballesta contra la ninfa por si efectuaba un movimiento, la fecha calló con precisión sobre su frente cortando en segundos la vida de la feérica.

Y las animas del bosque aunque extenuadas por el gasto de magia cobraron venganza y el fuego se convirtió en un tornado que partió velozmente hacia la ninfa envolviéndola en aquella embrujada llamarada pero también a Egates, el cual si no se alejaba de allí pronto moriría incinerado. Al menos el monstruo de lodo había desaparecido pero en su lugar dejó esparcido una amplio charco con su material.



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Mara Colmillo de Bronce
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MensajeTema: Re: Las dos caras de la moneda   Mar Nov 09, 2010 2:29 pm

-¡Aqui Mara!

La orca sonrió aliviada al ver el resplandor de blaudy acercándose a ella, aunque la sonrisa desapareció y dejó escapar un ronco gruñido cuando uno de los desconocidos se acercó demasiado. El amo se había alejado del enemigo y estaba parado junto al más pequeño de los recién llegados.... al mismo tiempo el alto, aunque bajito en comparación con Mara, se aproximó gritando algo que para la orca no tenía ningun sentido.

Cambió de posición el cuerpo para no darle la espalda al extraño y gruñó una segunda vez como aviso. El humano sin embargo estaba concentrado y, sin prestar atención al mal humor de la orca, gritó más palabras y lanzó un ataque contra el árbol andante. El gruñido de Mara se apagó con un sonidito ahogado cuando vio al extraño atacar sacando aire frio de su interior y lanzándolo contra el rostro del árbol. Se quedó inmovil, boquiabierta e incrédula ante lo que acababa de presenciar. Durante unos segundos había pensado que ese ser era humano pero... era imposible! Los humanos no podían hacer algo así!

El ent se bamboleó agitando las ramas y terminó cayendo al suelo provocando un sonoro golpe enmarcado con crujidos de madera. El enemigo había caído y, aunque aun movía sus "brazos" en un intento de reincorporarse, en esos momentos a la orca le preocupaba mas el recién llegado que exhalaba aire helado de su interior.

Mara retrocedió un paso, alejándose del extraño, intimidada, más tensó la espina dorsal al oir el grito del amo.

-¡Golpéalo, con el mazo!

Las palabras justas y la orden clara. Mara apretó sus dedos alrededor del mango del martillo tomando una bocanada de aire, levantó el arma sobre su cabeza y descargó el golpe sobre la parte del ent que más cerca de ella se encontraba, la cabeza, al tiempo que profería un fiero rugido.... quizá para intimidar al enemigo, quizá para infundirse valor a si misma.

El martillo provocó un silvido en el aire, sonido que terminó chasqueante y grumoso al impactar el arma en su objetivo. La orca tomó otra bocanada de aire aunque no volvió a rugir, solo levantó de nuevo el martillo para volver a dejarlo caer con fuerza, golpeando una y otra vez a su objetivo, acatando la orden del amo.

Y así seguiría hasta que el amo ordenara lo contrario.
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MensajeTema: Re: Las dos caras de la moneda   Mar Nov 09, 2010 9:43 pm

El proyectil voló raudo y se clavó justo en su objetivo. El silfo se echó hacia atrás cuando el enorme ser se llevó la mano a la cara, para evitar que las ramitas que poblaban la leñosa piel del enemigo le golpeasen.
Blaudy hizo un gesto de triunfo, y procedió a sacar otro dardo para disparar de nuevo, pero una oleada de frío irrumpió en escena, congelando la cara del oponente del grupo y parte de su mano también.

El ser de madera entonces pareció dar un tirón de su pie, y comenzó a caer hacia atrás. Jolín, era lento hasta para caer...
El golpetazo, seguido del temblor que levantó, hizo que el silfo se estremeciese por todo lo que se hubiese podido quedar bajo el ent. Entonces Mara se abalanzó sobre el, cuando el jefe se lo ordenó, y se lió a darle martillazos como una posesa, con tal rabia que incluso alguna astilla salió volando hasta casi llegar al silfo, que agitó el puño en el aire.

¡Dale duro Mara!

Blaudy casi se había olvidado de que tenía la cerbatana en una mano y el dardo en la otra, y no se pinchó el proyectil en la mano al agitar el puño por que le sostenía con la mano izquierda, enguantelada hasta el codo en metal. Fué entonces cuando se dió cuenta de que había partido el dardo, y procedió a sacar otro de las cinchas cosidas a la cerbatana.

Entonces las alas dejaron de responderle, y antes de que el silfo pudiese comprender lo que ocurría, se encontró cayendo directamente hacia el ent. Blaudy gritó, imaginando todo lo que le haría el enorme ser cuando callese entre sus ramas, pero entonces sus alas reaccionaron, y se esforzó en batirlas con todas sus fuerzas, tratándo de salvarse de una muerte casi segura
Tan empleado estaba en volar que no se dió cuenta de que se le había caido la cerbatana.
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Giltiak.-

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MensajeTema: Re: Las dos caras de la moneda   Sáb Nov 13, 2010 12:58 am

Casi expreso un ademán de festejo al ver que el Abrazo del Invierno dió justo en la cara del Ent, pero debía contenerme en aquella situación. Me encontraba frente a desconocidos, algunos heridos, otros no, y seguramente por los rastros de sangre, habría algún caído. Conservé un mero silencio, y retrocedí bastante, dando lugar a que el grupo actuara, mi magia hasta allí podía ayudar a terminar con el Ent y mis kris no serían de las armas mas eficaces para destrozar madera.
Ya una vez al margen del problema, observé puntualmente a cada ser que conformaba al deteriorado conjunto.
Primeramente era notable la presencia de una orca. Eso sí que nunca lo hubiera imaginado, un espécimen de tal porte, con una musculatura más poderosa quizás que la de varios humanos juntos, pero en versión femenina, rugiendo y dando martillazos en respuesta a las ordenes de uno de los héridos, quién parecía ser el líder y manejar a todos en batalla.
Quedé impresionado. No podía negar que aquel salvajismo con el que la orca azotaba al Ent era estremecedor hasta los huesos. Me pregunté si quedaría rastro de que alguna vez hubo un Ent caído en aquel lugar.
Por otro lado, dos pequeños jovenes de sexos opuestos de la raza feérica. El silfo tenía problemas con sus alas, pues luego de su disparo se esforzaba descomunalmente por batirlas y no caer tumbado al suelo. En tanto que la pequeña que me guió por el bosque hasta allí, luego de detener al Ent con magia de la naturaleza, cayó de rodillas al piso... exhausta. Sí, claro, yo también lo estaba ahora, luego de caer en cuenta de que no podría repetir un conjuro igual de certero. Probablemente requeriría de un gran esfuerzo reiterarlo con la misma magnitud y efectividad.

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Natashia La Port
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MensajeTema: Re: Las dos caras de la moneda   Sáb Nov 13, 2010 3:57 am

Aquella bola de lodo se dirigió hacia ella. Roxanne salto a un lado, cayendo de espaldas al girarse en el aire. No quería mas golpes en el rostro… la bola se estrello contra el suelo, salpicando de lodo. El plan no funcionaba, maldición. ¿Qué podía hacer ahora? Miro todo a su alrededor durante cortos segundos… eco… ya no estaba en su posición de peligro, Ska había sacado las varas de su brazo, eso dejaría cicatriz. Roxanne se sentó unos segundos, era humana y el cansancio hacia mella, su respiración iba agitada y su corazón parecía latir con demasiada fuerza. Ella no noto el veneno que fue a la pierna del licano, pero si sabia que tenia que ayudarle. Busco entre sus cosas, algo debía tener para ayudarle. Pero todo se salió de control….

Egates tomo a la ninfa y amenazo al bosque… el plan funciono. Roxanne sonrió, logrando sacar la única blusa extra que traía. La observo unos segundos, suspirando, la guardo nuevamente y prefirió quitarse el chaleco que traía puesto. Ni loca dejaría una prenda tan linda arruinada… aunque luego seguro tendría frio. Como sea, el punto es que, durante un momento creyó que todo estaría bien… joder, agradezcamos al querido Murphy que dijo sabiamente “si algo puede salir mal… saldrá mal”.

Eco, aquel sujeto que ahora arrojaba las dagas hacia la ninfa. ¿Dónde estaba el tipo? Justo cuando Roxanne gritaría basta, la flecha mato a la ninfa. Los ojos de la humana se abrieron como platos, de haber podido hubiera maldecido a su compañero. La chica dio un grito asustada y molesta al ver como aquel fuego se dirigía a su Egates… ¡hey, nadie lo dañaba! Dio un paso adelante pero ¿Qué podría hacer? Esperar a que el se moviera rápido, hacia algún arbusto, árbol o lo que fuera…

No había tiempo que perder. Acercándose a Ska, le tendió el chaleco, blanco y un poco manchado de tierra, mientras ella arrancaba una de sus mangas, había que limpiar también su propio rostro. Le hablo al joven licano, escupiendo un poco de saliva y sangre. Le faltaban dientes… su hermoso rostro… y eso no era lo peor.

-Debesh limpiarsh la herida

Y las animas del bosque aunque extenuadas por el gasto de magia cobraron venganza y el fuego se convirtió en un tornado que partió velozmente hacia la ninfa envolviéndola en aquella embrujada llamarada pero también a Egates, el cual si no se alejaba de allí pronto moriría incinerado. Al menos el monstruo de lodo había desaparecido pero en su lugar dejó esparcido una amplio charco con su material.
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MensajeTema: Re: Las dos caras de la moneda   Lun Nov 15, 2010 8:52 am

Me arrastre desesperadamente, tratando de que el fuego no llegara a estar lo suficiente cerca como para provocarme otra herida. Si, hasta ahorita todo iba mal, o mas bien, no todo; mi mazo estaba a salvo. Por lo menos con eso podría estar sin un problema menos, pero ahora tenia que alejarme de ese lugar para que dejara a Rox hacer su maniobra.

Eco pudo librarse de su apuro, ese era una preocupación menos ahora, pero aun el monstruo de fango seguía en pie y no se detendría fácilmente.

-¡Dispara, dispara!- Vocifere con fuerza, mientras seguía mi camino para alejarme de la situación con mi brazo herido y un poco paralizado.

Comencé a sentir un ligero cosquilleo en mi pierna izquierda, pero no le preste mucha atención a esto -Aunque nunca lo hago- ya que estaba muy concentrado, observando que es lo que estaba haciendo Rox. Disparo sus dos flechas, las cuales fueron inútiles para hacerle daño a un bulto de lodo.

Apreté mi brazo, como si estuviese tratando de desviar el dolor hacia otra parte o tratar de extinguirlo. Las agujas que se encontraban en mi brazo hasta que comenzaron a salir lentamente, hubo un momento en que todas salieron de un solo jalón. Grite, si, grite, y unas cuantas lagrimas salieron por mis ojos que ahora estaban sollozos. -¿Que? también puedo llorar.-

Ahora las varillas me habían dejado una cicatriz, que les aseguro... No lo olvidaría.

Sentí punzadas en mi pierna izquierda, me estaba preguntando por que comenzaba a sentir eso. Pudo haber sido un golpe, o un efecto secundario de las varillas, pero no podía hacer algo para detenerlo, tenia que dejar seguirlo.

Egates, una vez mas; le debía una... mas... Pero ni de loco se las voy a pagar, ¡Lo mataría si pudiese!. Tomo a la ninfa "gentilmente" por su cabello, mientras que rosaba con su espada su pálido cuello. El fuego cesó su amenaza contra mi; suspire aliviado mientras paraba el sangrado de mi brazo con mi mano.

Ahora... Eco, ¿Donde diablos estaba ahora?. No sabia donde se encontraba, hasta el momento en que escuche un objeto cortar el aire, llegando a parar a la frente de la ninfa. Mi cara se torno a una expresión de "You're a dumbass!", el fuego enfureció y empezó a formarse un torbellino dirigiéndose a Ega.

Trate de pararme, para hacer algo para ayudar, pero mi pierna izquierda estaba inmóvil, no la sentía en lo mas mínimo. Roxanne se acerco a mi, tendió su chaqueta mientras ella tomaba una parte de la manga. me hizo un comentario que no le había entendido, por que mi cara estaba completamente cubierto de saliva y yo con una expresión de asqueado, mientras observaba el rostro de Roxanne... que ya no parecía ser ella. Vi mi brazo, comprendí que era para que me limpiara la saliva de mi rostro. Me quite los residuos de Rox de mi rostro, con otra parte de la camiseta limpie mi herida. Después con mi boca y mi brazo izquierdo, arranque unas cuantas tiras, para amarrarlos con un poco de presión en mi brazo y detener el sangrado. Eso seria suficiente para detener el sangrado por un rato.





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Egates Vasordiel
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MensajeTema: Re: Las dos caras de la moneda   Miér Nov 17, 2010 6:11 am

¡Maldito idiota! Ahora no me enteraba de quien era mi enemigo y justo cuando uno de mis planes por fin estaba resultando de maravilla. El fuego poco a poco comenzó a aminorar su intensidad, pero claro desde unos arbustos pude sentir con ira como unos objetos cortantes rasgaban la brisa. Ya estaba cansado por la perdida de oxigeno del lugar, mi garganta ardía por la comezón y aquello ahora parecía estar mucho mas lejos de terminar. No podíamos perder ahí recién comenzando con la misión.

Una flecha fue lo único que alcancé a ver, acto seguido el fallecimiento de mi rehén. ¡Maldita sea! Era la vía mas fácil para salir sin mayores problemas. Mas no me preocupaba solo por mi, Roxanne era humana y era por lógica la que menos aguantaría en ese escenario, con Ska herido estaba por su cuenta y el estúpido novato ya no sabía de que lado se encontraba. Gibil seguramente va a estar enojado cuando le entregue los informes porque no, por ningún motivo dejaría que Ska los entregase.

Volviendo a escena, la ninfa falleció en mis brazos y el fuego volvió a aumentar en intensidad, a mi parecer y mas habiendo predicho la dirección que tomaba iba directamente hacía mi. Claro que debía moverme, no tenían que repetirlo tres veces, ni que un novato lord oscuro con mascara de cara de payaso. Me moví lo mas rápido que pude soltando el cuerpo de la ninfa, dejando que se consumiera por las llamas. Ese maldito podía dar por sentado que sería también su última misión con los Dherlik, ni loco dejaría a Roxanne con ese de compañero, tal vez con Ska pero no con ese.

Después de haber soltado a la ninfa, di un salto hacía atrás, rodando en el suelo, dando unas cuantas vueltas – al menos tres – por si el idiota se le ocurría atacarme esta vez. Pasó todo tan rápido que casi me da la sensación de que el fuego alcanzó a quemarme un poco, como sea, muy mala suerte para el idiota que me había arruinado el plan, tanto como para el como para nosotros.

Ahora si que las cosas se habían complicado, no había mucho mas que hacer mas que encontrar al que mantenía las llamas ardiendo, pero era literalmente como buscar una aguja en un pajar, no había ninguna pista y ya no solo era el monstruo de fango por el que debíamos preocuparnos. – ¡Maldito nuevo, vuelve a hacer algo así y juro que para esta noche cenaremos tus entrañas, ahora ve por el maldito monstruo ese y mas te vale no intentar nada mas! – Grité sin mas a todo pulmón, tosiendo claramente gracias al esfuerzo y el humo. Ya nada me importaba que fuese mercenario, estaba arriesgando al equipo y se suponía que yo era el que tenía prohibido eso y si quería tomar mi papel de negligente hacía las advertencias no era un buen día para siquiera pensar en ello. Mucho menos teniendo toda una misión por delante y estando recién en el comienzo de esta. – ¡Ska pedazo de inútil apenas puedas volver a caminar ayuda al nuevo y asegúrate de que no intente atacarnos de nuevo! – Le grité nuevamente nada mas para desahogarme de la frustración de mi plan y ahora solo quedaba una persona a la que poner a trabajar. – ¡Roxanne, distrae a la criatura, no la ataques y mantente alejada de ella para esquivar sus ataques, mientras este alejada tu tienes la ventaja, deja que los otros dos se encarguen, yo buscaré entretener este maldito incendio!, ¡ahora! – Vale, ya le había gritado a todos y tomado el puesto que mas me molestaba en un equipo, pero con un equipo como ese lo mejor era alguien con experiencia para hacer de líder.

No tenía ninguna pista para confirmar quien era el responsable detrás de ese fuego, lo único que sabía era que estaba siendo manipulado por magia pero aparte de eso nada. Podía transformarme y acabar fácilmente con el monstruo, sabía que podía hacerlo, pero ya había dado las ordenes al resto y además corría con el riesgo de perder el control en esa caótica situación, no era una opción, la bestia estaba que se calcinaba de ira y apenas si podía controlarla, debía buscar otro método pronto o las cosas acabarían mal, eso y además que ni el nuevo ni Roxanne sabían que Ska y yo somos garous, aquello era otro de esos trucos que se guardan solo para ocasiones especiales.
Afortunadamente una de las dagas que fue lanzada anteriormente quedó clavada en un árbol justo al lado de donde yo me encontraba y no me quedaba nada mejor que hacer de momento mientras el equipo se encargaba del monstruo de fango, necesitaba hacer tiempo mientras tanto. Roxanne aún podía mantenerse en píe, Ska pronto se recuperaría y Eco aún necesitaba definir de que bando estaba, esperaba que pronto se decidiese por el nuestro. Entonces, tomé la daga y la lancé directamente al cuerpo aún incinerándose de la ninfa esperando poder llamar la atención de quien controlaba el fuego. Sería una contradicción total a lo que había dicho anteriormente cuando tenía a la ninfa entre mis manos, pero gracias a Eco ya no quedaba de otra.

– Vamos, las tienes conmigo, entonces ven a buscarme – Grité por última vez sin mas esperando que mis pulmones dieran para una última carrera mientras encontraba alguna otra solución o al menos lo suficiente para que el resto se deshiciesen del monstruo y viniesen en mi ayuda. Así sin mas comencé a correr a ciegas en dirección opuesta de la llamarada, escondiéndome cada vez que podía detrás de algún tronco y echando un ojo para tomar pequeños descansos mientras buscaba mi siguiente parapeto.
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MensajeTema: Re: Las dos caras de la moneda   Vie Nov 19, 2010 10:44 pm

Fuego en toda su gloria, giraba como un pequeño tornado envolviendo a la ninfa hasta dejarla carbonizada e irreconocible, Egates había maniobrado bien sus movimientos puesto que el fuego lo había alcanzando y amenazaba con incinerarlo por completo, sin embargo al rodar por el suelo logró apagar las llamas fatuas que lentamente lo envolvían y solo perdió la manga izquierda de su chaqueta que quedó en hilachas junto a una leve quemadura en su muñeca.

Entonces, pasado unos segundos, el fuego cesó. La feérica quedó postrada en el suelo despidiendo un intenso aroma a hierba quemada mientras varios ojos escondidos entre las cima de los árboles y camuflados por la espesura de los mismos observaban el acontecimiento con ojos cautos.

Pero la calma no duró demasiado, incluso no alcanzó al minuto, sin que Eco tuviera tiempo de reaccionar un enorme tronco descendió verticalmente hacia su posición y se enterró de lleno contra su rodilla quebrando sus huesos y cortando la movilidad de la pierna derecha por completo (de la rodilla para abajo). En conclusión la mitad de su pierna derecha terminó enterrada por el tronco y por ende no podía levantarse ni realizar movimiento alguno que le permitiera salir de ahí, aunque tanto dolor seguramente había nublado su mente.

<<Tsss… ¿te atrevesss a dessafiar a la naturalezzza?>> Musitaría la seseante voz de una fémina que se sostenía sobre una rama que se encontraba justo sobre Eco y le apuntaba con su arco en la entrepierna.

Spoiler:
 

<<Un movimiento… y disssparo, a ti y tussss compañerosss>>

En tanto Egates con el fin de llamar la atención había empujado su daga contra el cuerpo inerte y ennegrecido de la ninfa para llamar la atención del causante del fuego, sin embargo una sombra veloz se desplazaría hasta el cadáver de la ninfa y con una velocidad asombrosa alcanzaría a tomar la daga.

**¡No molesssstesss a losss essspíritusss del bosque!** Exclamaría con actitud irascible.

Spoiler:
 

**¡Vayanssse de aquí!... intrusssosss, assessinos, ella, tan sssolo era una niña, estaba jugando… ssson unos inconscientessss, vayanssse al infierno**

Gritaría la desconocida y extendiendo su palma derecha una llama verde refulgiría sobre ella que sería lanzada en forma de bola contra una de las costillas de Egates la cual impactaría de lleno, sin romper ningún hueso o zona vital, pero que dejaría una intensa quemadura.

Mientras tanto tres piedras seguidas serían lanzadas sobre la frente de Ska y un Imp de color violeta descendería de las copas de los árboles hasta aferrarse sobre la cabeza de Roxane tirando con fuerza de su cabello.

¿Cuál sería la carta qué los salvaría? ¿el dialogo? ¿pelear? ¿o es que simplemente no había solución?... en manos de nuestros protagonistas quedaba dispuesta la suerte de aquella empresa.


Última edición por Gerde el Sáb Nov 20, 2010 11:56 pm, editado 2 veces
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Gibil

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MensajeTema: Re: Las dos caras de la moneda   Sáb Nov 20, 2010 3:07 am

Una orden, algo claro y seco era lo que hacía falta para que la orco lo entendiera: Golpear, Destruir; esas palabras se quedaron claras en la mente de Gibil; esas serían las palabras que usaría para guiar a la orco.

Se inclinó dando grandes bocanadas de aire, mirando cómo los martillazos destruían con tanta fuerza lo que alguna vez fue la cara del Ent, que ahora era polvo, astillas y alguna ramilla inmóvil. Estaba más que muerto, molido y en restos. Dio otra bocanada y miró hacia la pequeña; quisiera o no, había que darle las gracias. A ella, y al extraño… Ambos, seguramente, enviados de Gerde.
- ¡Para! –ordenó primero para acallar los fuertes golpes de la “chica”. Luego, miró los brazos de la pequeña niña y el caminillo que se había formado tras ella.- Gracias.

-No, Gerde me mandó a servirte, y le traje a ayudarnos.
Su tono era suave; como justamente una niña de seis o siete años. Aunque por el rasgo de su raza tuviese muchos más años que Gibil.

-¿Cómo lo llevan? –Preguntó Gibil, pasándose un trozo que había cortado de su saco para limpiarse las heridas, lo menos que esperaba era terminar con alguna infección de aquella batalla.- Tenemos que seguir –enfundó las lanzas y se colocó al frente de todos, mirando a todos.- Pero… necesito nombres, es difícil guiar sin saber.
Posó la mirada por último, en el hombre de azul. Parecía una pieza útil, quizás útil entre los Dherliks también.
-¿De dónde saliste tú?

Le dio la espalda y empezó a andar; esos eran parte de sus modales mientras estaba de trabajo: No se quedaría a perder el tiempo estando ahí, para nada. Debían de andar, encontrar alguna forma de llegar hasta la pequeña traidora. Una entrada segura, no algo que los llevara por más peligros. Como sus subordinados, él no fallaría por nada.

***

Luego de que el hombre se presentara fue la pequeña la que empezó a hablar:
- Gib, Gerde te mandó esto. Hará falta para estar mejor ¿No?

Spoiler:
 

El anciano miró el mapa, una y otra vez. Primero, el camino contrario al que seguían ellos… Esperaba que Ska mantuviera a todos a salvo; si podría darse el caso de que fuera algo idiota. Pero los impulsos lo caracterizaban, y esos mismos salvarían a cualquier miembro de problemas. Luego, se fijó en el camino que seguían ellos.
- En nada llegaremos al pantano… Lo seguiremos hacia el noreste; por este cause –indicó con el dedo-; nos dividiremos. Aquí hay dos entradas posibles: El río y la cueva. Elegir vosotros con quien quieren trabajar; unos irán conmigo, los otros, con la niña.

Apenas acabó de dar indicaciones, cuando la niña dio la vuelta hacia Blaudy y le miró algo atontado… Se acercó a él y en susurros le empezó a hacer plática.
- Tu te vienes conmigo, tenemos que ir por el río ¿Te rozó una de estas flores, no? –Señaló el caminillo que iba haciendo- Si es eso… te has envenenado.

Pocos pasos más hicieron falta para estar frente al pantano que marcaba el mapa e inmediatamente… Empezó una llovizna tenue y refrescante.

Spoiler:
 

***

Se nos olvida alguien. Alteena no había tenido para nada suerte: Con la caída del ent ella había quedado bajo sus ramas; sufriendo un fuertísimo golpe, casi como látigos cuando las ramas de la criatura golpearon el suelo. No hace falta recalcar el dolor que seguramente sintió... Pero lo sintió. Buen síntoma. Al menos conservaba la vida... más no sintió dos cosas: La pierna izquierda y la mano derecha. La pierna le había sido cercenada desde encima de la rodilla, y la mano justamente en la muñeca. Alguien debía quererle mucho, pues no moriría tampoco por desangrarse... Quizás, un castigo divino. Sí, algo así debió de ser.
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Giltiak.-

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MensajeTema: Re: Las dos caras de la moneda   Lun Nov 22, 2010 8:41 am

El peligro amainó definitivamente, la orca fué lo suficientemente fiera para darle el golpe definitivo al enorme Ent. Eso sí que fué feroz, gran contundencia en sus golpes, los cuales eran incesantes y con la misma intensidad, uno tras otro.
El tipo que según advertí, los capitaneaba, le dió la orden a la orca de detenerse. Sus palabras fueron obedecidas, cual león recibiera un latigazo.
Este hombre se encontraba lastimado, pero fué su actitud, su apariencia... y algo más lo que me llamó la atención de este individuo. Se desprendía de él un aura de rudeza, y a la vez sentía que algo mágico lo acompañaba. Además de esas lanzas que portaba, ¿sería capaz de manejar algún tipo de magia? ¿Fuego, sombras?
¿Algún tipo de magia destructiva sin más? Eso era lo que me inspiraba. Quizás si era un buen portador de sus poderes mágicos, si era realmente sabio en este dominio, y si lo tenía, podía aprender algo de él.
Luego de frenar a la orca, entabló una pequeña conversación con la hada que me condujo hasta allí, lugar de los hechos. La hada le justificó:


-No, Gerde me mandó a servirte, y le traje a ayudarnos.

Gerde... No tenia idea quién era, pero sabría que el grupo se encontraba en problemas o necesitaría ayuda y por tanto debió enviarla. Pero ¿Había notado el hada que estaba siguiéndola? Era probable, tratandose de seres mágicos.
De todos modos si aquella hada ya lo daba por hecho, supuse que me permitirían continuar con ellos hasta donde pudiera ayudarles, y luego de ser posible les solicitaría información para orientar mi camino nuevamente hacia algún destino. Después de todo, si iba a ayudarlos, sin siquiera saber todavía de que se trataba, de algo tenía que sacar provecho.
Prontamente y sin preguntar por qué decidí ayudarlos, el enjuto hombre de las lanzas se dirigió a mi:

-¿De dónde saliste tú?
Wow... lindo modo de dirigirse a alguien que te ha salvado la vida quizás... No quise alterar el sentido de la pregunta, y entendiendo que podía tratarse de un viejo cascarrabias respondí:
-Algunos me llaman "El mago azul", pero Giltiak es mi nombre. Puedo ayudarles si así lo desean, no tengo apuros -hice una pausa- me gustaría saber hacía donde se dirigen -a su vez que le seguía el paso, pues ya me había dado la espalda y arrancó la marcha.
Un momento después cuando observaba el mapa del que la pequeña hada le hizo entrega, dió un discurso en general:

-En nada llegaremos al pantano… Lo seguiremos hacia el noreste; por este cause;nos dividiremos. Aquí hay dos entradas posibles: El río y la cueva.Elegir vosotros con quien quieren trabajar; unos irán conmigo, losotros, con la niña.
Me detuve a pensar que sería mejor, si el río o la cueva, pero el hombre no especificó quién de los dos tomaría que camino. Por lo que pasé a tener en cuenta que al respecto no me gustaría seguir el paso de una jovencita que deja flores por doquier, cosa que no me agrada, preferentemente seguiría al "capitán" del grupo. Entonces di a conocer mi parte como quién ya pertenece grupo:
-Creo que mi magia puede ayudarle a usted señor, mientras que la pequeña hada puede servirle a los demás. ¿Le parece si voy con usted? Pues sería para mi un honor -agregué tratandose de la palabra de un joven hacia la de un experimentado hombre-.
Entre tanto, iba notando que de a poco iba recuperando fuerzas, y pronto podría volver a lanzar un conjuro mágico tan poderoso como el primero sin problemas.
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Natashia La Port
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MensajeTema: Re: Las dos caras de la moneda   Lun Nov 22, 2010 6:33 pm

Todo parecía salirse de control. El fuego se dirigía a Egates y no le quedaba otra cosa mas que esperar a que el se quitara de ahí. Una espera larga y lenta, aunque fueron segundos. Más, para calma de la joven, el garou rodo por el suelo, escapando de las llamas que comenzaban a envolverle, quemando un poco de su muñeca y la manga de su chaqueta.

La chica se sintió enormemente tranquila. Pero no todo acaba ahí. Maldijo a Eco por lo bajo y su rostro aun dolía, pero, no había tiempo de arreglarse la nariz. Un aroma a hierva quemada (apestaba a su parecer) inundaba el sitio. ¿Quién era el causante de todo este desastre? De pronto, un ruido entre las ramas se escucho, fue un golpe seco y el crujir de huesos… ¿Eco? Roxanne dio un paso hacia adelante, buscando la fuente de aquel rudo… Pero algo más le atrajo la atención…

Egates intento atraer la atención hacia el, lanzando una daga al cadáver de la ninfa, mas, algo mas detuvo el arma. Era una joven, que pedía no molestar a los espíritus del bosque… sus cabellos eran cafés, Tenia una mirada un tanto penetrante y lucia muy molesta -¿Quién no, si han asesinado a lo que parecía ser su compañera? La joven dijo algo, pedía que se fueran todos de ahí. Nos llamaba asesinos, que era una niña. El rostro de Roxanne Palideció… ¿una niña? Habían matado a una chiquilla traviesa! La ofendida lanzo una bola azul contra Egates. Roxanne Dio un paso adelante, asustada.

-No, espera ¡no le lastimes!-

Solo dejo una quemadura. Ska parecía no moverse del todo bien y… agg ¿Qué fue eso? De pronto, una cosa revoloteaba sobre su cabeza. La joven levanto las manos, intentando quitarse aquello que se prendía de sus cabellos, un Imp. Había escuchado de esos pequeños demonios ¿Qué hacían ahí? ¿Qué no eran característicos de ciudades grandes? Roxanne Trato de calmarse, dolía la forma en que la cosa aquella halaba con fuerza de su cabello… miro a su alrededor. Egates estaba herido, Eco, seguramente también, Ska, ni se diga y ella misma apenas podía hablar, aunque creía que quedaría calva debido a ese demonio… sin mencionar que la nariz dolía. Cerró los ojos, metiendo la mano a su bolsillo.

La chica no era tan buena para pelear, pero… ¿Qué tal para negociar? Saco una manzana de su bolso y un trozo de chocolate no muy nuevo ni muy limpio, pero comestible. Lo alzo sobre la palma de su mano, esperando que funcionara, quizá… si esa cosita que le tiraba con fuerza veía comida, decidiría dejar de lastimarla. Además… quería que viera que no pretendían dañar al bosque mas de lo que ya lo habían lastimado.

La joven alzo la voz, intentando lucir calmada, lo más que podía en esa situación. Trago saliva con sangre… respirando profundo. Miro a la ninfa que tenia de frente, amenazando a Egates –y prácticamente a todos- Lanzo una mirada de “ni se te ocurra herir a la ninfa” al garou, lo ultimo que necesitaban eran dos enemigos mas.

-Es…escuchen… nosotros… no queremos… auch… dañarlas… todo… ¡au, mi cabello! Perdón… todo… se nos salió de las manos… amamos… a la naturaleza y… a este bosque… y... creimos que… su amiga nos queria… auch… lastimar. ¿Podrían… podrían quitarme a este amiguito de la cabeza…?-

Estirando la palma de la mano, esperaba que lo poco que traía de comida sirviera para alejarlo de su objetivo –que la chica creyó era arrancarle la cabeza- escupió un poco de sangre, alzando su otra mano hacia el cielo, en señal de rendición.

-todos estamos heridos… y… agotados. Solo, solo nos enviaron a buscar a un hombre… es todo. Queríamos… conversar con el… nunca quisimos… hacer nada malo contra su bosque… si nos dejan salir de aquí… si… si nos ayudan con algunas heridas… nos marcharemos y no las molestaremos mas… ¿Qué dicen?-

Apelo al dialogo. Mirando a la ninfa casi con un dejo de suplica -era capaz de suplicar con tal de no tener ninguna baja en el equipo... o mas heridas y peleas- Era lo único que se le ocurría, pues… ¿Quién podría enfrentar a dos ninfas furiosas, que tenían a todo el bosque de su parte? ¿Eco, con una pierna rota? ¿Ska, con la herida de su brazo y su pierna que parecía no mover bien? ¿Egates y sus quemaduras? ¿O ella y las heridas en su rostro? Definitivamente no estaban en condiciones de peleas, y esperaba que, su condición de mujer le ayudara. Bien dice el dicho… entre mujeres se ayudan. ¿O no? Ya solo quedaba esperar a la reacción de los demás... y especialmente, a la de aquellas hijas del bosque, que, razonablemente, solo defendían su territorio…
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Blaudy

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MensajeTema: Re: Las dos caras de la moneda   Lun Nov 22, 2010 11:41 pm

Mientras las astillas producidas por los fieros martillazos de Mara se iban haciendo mas escasas, Blaudy consiguió remontar el vuelo. Miró hacia abajo y pudo ver que su amiga había reducido al ent a un equivalente de leña para una semana.
Bajó trazando una suave espiral, sintiendose extraño, y se posó en el hombro de Mara, palmeándola el cuello con efusividad.

¡Muy bien Mara!

Buscó a los demás con la mirada, para ver si estaban bien. Estaba el jefe, jadeando y mirando como la vida del ent iba apagándose poco a poco, como un cristal de nieve al cual el sol primaveral va calentando hasta derretir.
También había un hombre vestido de azul. ¿Quien era? Antes no estaba ahí. Y lo mas inquietante ¿Donde estaban el centauro ese y Altena?
Los ojos del silfo buscaron a esta última con especial detenimiento, pero no la vió por ningun sitio. Algo alarmado, voló con el jefe, y se detuvo frente a el, mirándole preocupado.

Jefe... ¿Donde está Altena? No habrá...?

Sus palabras se detuvieron a la mitad cuando el veneno que latía en su interior volvió a atacar a sus alas, haciéndole caer al suelo. La hierba amortiguó su caida, y antes de que pudiese levantarse, vió que una persona se le acercaba.
Aunque a ojos de los demás parecería una niñita, casi triplicaba la altura del silfo, que se encogió algo amedrentado. Al ver que la actitud de la chica no era hostil ni amenazante, el silfo sonrió un poquito, como con timidez. Miró las flores que señalaba, y sus ojos se abrieron de sorpresa cuando escuchó la palabra "envenenado"
Instintivamente se miró el brazo derecho, y pudo ver el corte, que aunque había dejado de sangrar, le sentía caliente y palpitante. La miró con preocupación, y cuando habló, su voz dejó oir un deje de súplica

¿Me he envenenado? ¿Es... es grave...? Tu... ¿podrás curarme? No... no quiero... morir...

Sus labios temblaron, y el silfo cerró los ojos y apartó el rostro, sintiendo que las lágrimas afloraban a sus ojos. Pero no era momento de lloriqueos. Mara le necesitaba, y en ese estado no podía ayudarla. Se puso en pie y se sorbió los mocos con fuerza. Miró a la niña

Está bien, yo voy contigo... y Mara también

Alzó el vuelo y fué con Mara. Se sentó en el hombro de su verdosa amiga, recostándose contra su cuello, y se alzó un poco para susurrarla al oido a la vez que señalaba a la chiquilla de las flores

Mara... vamos con ella.
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MensajeTema: Re: Las dos caras de la moneda   Mar Nov 23, 2010 2:23 pm

Mara jadeaba por el esfuerzo cuando la nueva orden del amo llegó clara y breve. La orca detuvo sus golpes y bajó el arma al suelo para descansar sus ahora doloridos brazos. Miró el montón de madera destrozada que antes había sido un ent y gruñó satisfecha. El amo estaría contento.

El anciano humano se dirigió entonces a los dos recién llegados y la verdosa mujer centró su atención en otra voz, una vocecilla jovial que adoraba.

-¡Muy bien Mara!

La orca sonrió, contenta de que le felicitaran por su trabajo. Miró con adoración al silfo y alzó una mano para que el se posara en ella, como de costumbre. En vez de hacerlo, Blaudy voló hacia el anciano humano, dejando a Mara algo confusa. Ella trató de concentrarse en las palabras que dijo, deseosa de saber que ocurría.

-Jefe... ¿Donde está Altena? No habrá...?

Altena... Le sonaba esa palabra.... ¿No era la palabra que servía para referirse al otro ser brillante? Blaudy preguntaba por Altena en vez de sentarse en la palma de la orca... y Mara tuvo celos.

Resopló por la nariz algo enfadada. No con Blaudy, jamás sería capaz de enfadarse con el, sino consigo misma por ser verde, fea y grande.

Escuchó algo pequeño que caía entre las secas hojas y se giró de nuevo hacia el grupo. ¡Blaudy había caído al suelo! ¡Y Mara no lo había cogido! La culpa sustituyó al enfado y se acercó a Blaudy como un perro se acerca a su amo, arrepentido por algo mal hecho.

Uno de los extraños, o más bien una por la pinta que tenía, se acercó a Blaudy. La orca se agazapó colocado ambas manos sobre el silfo de forma protectora y gruñó al ser con forma de niña.

De nuevo más palabras. Demasiadas para que la orca pudiera entenderlas aunque pudo notar en el timbre de voz del silfo que el tenía miedo. De nuevo gruñó dispuesta a saltar sobre la niña y destrozarla solo por haberse acercado a Blaudy. Antes de que tuviera tiempo de hacerlo, el silfo retomó el vuelo desde las manos de la orca y se posó en su hombro.

-Mara... vamos con ella.

La orca se alzó de nuevo, mirando desde su aventajada altura a la niña que hacía nacer flores con sus pies.

-Ugh.....

Dirigió una mirada al amo. Le vio guardar unos papeles y echar a caminar en compañía del extraño alto. Seguiría a la niña.... aunque no le gustaba. Apenas unos metros más allá el terreno se hizo húmedo y algo fangoso bajo los pies descalzos de Mara, al tiempo que una suave pero constante llovizna compensaba a empaparlos. La orca colocó una de sus manos sobre el silfo para cubrirle del agua y miró alrededor. Husmeó el aire e hizo un mohín. No le gustaba ese sitio.
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Egates Vasordiel
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MensajeTema: Re: Las dos caras de la moneda   Mar Nov 23, 2010 10:35 pm

Necesitaba descansar, los pulmones estaban ya casi que no podían más gracias al humo. Me detuve por un tiempo, un poco más de lo normal detrás del último árbol, tampoco fuese que hubiese alcanzado a correr mucho. Fue solo hasta entonces que me percaté de que la sensación de que el fuego me había alcanzado pasó a ser un hecho. Al mirarme la muñeca pude comprobar la quemadura de primer grado, afortunadamente. Además de haberse llevado parte de la manga de mi chaqueta me había dejado una marca rojiza que amenazaba con unos días en sanar, por suerte no era humano o el daño habría sido el doble. Deje inmediatamente la espada de Roxanne en el suelo para quitarme la chaqueta antes de que se siguiese quemando, casi que por acto reflejo y del mismo modo volví a tomar la espada, afirmándola fuertemente al recordar lo liviana que era en comparación con la mía. Luego al darme cuenta de que el fuego no me perseguía lancé una mirada al escenario que aún no dejaba atrás y claramente no pensaba hacerlo.

Genial, como si la suerte no pudiese estar más en nuestra contra, aparecen más enemigos en escena. Comencé realmente a creer que o era paranoico o realmente nos estaban vigilando desde numerosos lugares a la vez. Esta vez Eco si me las pagaría si intentaba hacer nuevamente algo estúpido. Afortunadamente para él tanto como para nosotros el fuego desapareció súbitamente. Aquello tenía dos posibilidades que se podían suponer, una era que debíamos prepararnos para algo peor o que por fin la suerte se ponía de nuestro lado. Claro que el fuego no desaparecía naturalmente así como así, por lo que la primera suposición se me hacía más lógica de momento.

¡¿Pero qué demonios?! Si podía ser un golpe de suerte después de todo, joder había gritado injustamente a todos, pero con lo agitado que andaba y con mi mente en ese momento enfocado en otra cosa apenas pude haberme percatado de la desaparición del monstruo de lodo. ¿Qué era lo que realmente estaba sucediendo ahí? Sabía que la magia consume la energía del mago, pero no tenía idea de que hubiese seres capaces de convocar a otros, pocas veces se me pasó por la cabeza por lo que nunca me dio por preguntarlo. ¿Significaba eso que al enemigo se le estaban acabando los recursos? Era posible, después de todo mantener el fuego después de la muerte de la ninfa a tal nivel tampoco pensaba que debía ser una tarea muy sencilla. Al parecer no estábamos del todo acabados.
Alcancé a escuchar no muy lejos una amenaza hacía uno de mis compañeros, al darme cuenta pude observar como Eco estaba siendo amenazado con arco y flecha por otra ninfa, por otro lado, al dirigir mi vista a donde estaba el cadáver de la primera ninfa, vi como otra paraba increíblemente la daga que había lanzado. ¡Golpe de suerte! ¡Estaban como nuevas!

¿Espíritus del bosque, niña inocente? Ahora si estaba confundido, pero claro ella no lo sabría, simplemente vería mi ceño fruncido y claro la jodida sería la primera en atacar. La maldita lanzó una bola de fuego verde que impactó directamente en mi estómago, haciéndome volar hasta el tronco que tenía detrás de mí, sintiendo una quemazón un tanto más grande que el de la muñeca. ¡Ahora si odiaba a los pirómanos! No me importo ver si me iba a atacar de nuevo, sabía que el fuego podía agarrar mi camiseta así quede obligado a andar de la cintura hacía arriba desnudo dejando mostrar mi estómago lleno de trozos de carne con quemaduras de primer grado también pero que en conjunto dolían más que cualquier golpe recibido hasta el momento en esa misión.

Estaba a punto de ponerme a gritar cuando escuché a Roxanne pidiendo que no me lastimasen, un poco tarde. Ahora si estaba enojado pero afortunadamente consciente de nuestra desventaja, podía percibir a mas enemigos escondidos y si aquella no era la mejor de su especie no tenía ninguna intención de aventurarme a pensar como serían las otras.

Afortunadamente aún podía caminar y necesitaba moverme. Estaba demasiado incomodo en el lugar donde estaba, así que a paso lento sin hacer señas de hostilidad mas solo de estar alerta, me acerqué hasta donde se encontraba Roxanne, parándome detrás de ella por el lado libre que teníamos en común para rodear su cintura suavemente con mi brazo libre en señal de que estaba con ella y apoyaba lo que decía. Después de todo estaba agotado, Roxanne había dicho de momento todo lo necesario o lo que estaba a su alcance y mientras me mantenía al margen de la situación esperaba que ella pudiese manejarlo.
– Si nos permiten proseguir con nuestra misión prometemos no atentar contra el bosque, no estamos aquí para eso. Lo prometo. – Terminé solemnemente tratando de sonar lo menos apático posible, cosa que no se me daba muy bien, pero al menos hice el intento para apoyar a Roxanne.
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K'

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MensajeTema: Re: Las dos caras de la moneda   Sáb Nov 27, 2010 8:41 am

Mis ojos se centraron en Egates, que tenia a la ninfa en su control, como tuvo alguna vez a Inuwel... Jaja... Diablos, como me gustaría reírme ahora mismo, pero estas heridas que ahora podían matarme eran muy molestas. De pronto el brillo de mis ojos no paraba de resplandecer al mirar el remolino de fuego que observaba con miedo. No podía creer que el nuevo hiciera eso, ya estaba todo controlado, hasta el momento en que decidió estropear la situación... No lo estoy culpando por que... Ya saben, todos cometemos errores algunas veces y... ¡Ahhh, ya que!; un tornado estaba a punto de devorarse a Egates y en realidad eso... sinceramente no me vendría tan mal, pero igual era una pieza importante en el equipo y se ocuparía mas adelante.

El fuego por fin se detuvo, suspire aliviado, viendo como Egates daba unas cuantas vueltas por el suelo y yo un poco mareado por la perdida de sangre, veía todo lo que sucedía con un poco de dificultad.

Pueden decirme vago si lo desean, pero en serio, no podía moverme o mas bien, no lo intentaba, mi brazo dolía como si unos varillas hubieran sido arrancadas de mi brazo, mientras que no sentía nada en mi pierna, ni siquiera los golpes que me daba para verificar si aun servia.


(...)

La adrenalina corría por mi cuerpo y al mismo tiempo salia por la herida que se encontraba en mi brazo. Roja, roja sangre si, si dolía, pero no podía hacer nada mas que limpiarla, descansar mientras pudiese y poner lo que me había dado Rox para detener el sangrado.

Comencé a sentir entes moviéndose a mi alrededor, pero de seguro era un estado alterado del efecto de aquel veneno, o la perdida de sangre. Ignore esto hasta que escuche demás voces y un ligero "crack" que provenía de donde estaba Eco.

-¡¿Te encuentras bien?!- Grite para saber su estado, pero me distraje al observar a un especie de elfo que se encontraba en la copa de un árbol.

Mi visión comenzó a hacerse borrosa de nuevo, solo alcance a divisar un brillo verde y Egates volando hacia un tronco. De la nada unas cuantas piedras fueron a parar a mi frente y yo casi noqueado caía al suelo. Pose mi mano izquierda sobre mi frente para ver si no había sangrado y después mire a la cosa que me habia arrojado eso.
Era un pequeño duende-hada-monstruo-cosa-dugnrfds. Bueno, no sabia lo que era, solo quería romperle esa cabezota que tenia, pero ante mi estado... no podía hacerlo.

Intente ponerme de pie, poco a poco, sin excederme, apoyándome con mi pierna derecha y posando mi mano izquierda sobre zonas seguras, cuidando en donde pisaba y que tocaba; no quería otro inconveniente. Trate de mover mi pierna de un lado a otro para tratar de recuperar mi sensibilidad y control sobre ella, quien sabe cuanto iba a durar o si iba a ser para siempre; solo restaba esperar.

(...)

Mire a un par de seres de mas, sin contar aquel duendesillo, un gran signo de interrogación apareció en mi cabeza y mejor decidí por quedarme callado por los siguientes factores: 1.- Ega en el suelo 2.- Rox con un monstruillo en su cabeza 3.-Estoy herido y... no me apetece pelear en este momento.

Ahora mismo... no me interesaba nada, me concentre en tratar de buscar mi mazo con mis ojos, hasta el momento de localizarlo, iba a ir por el tranquilamente sin exaltar a nadie, quería tenerlo por si algo malo pasaba.

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