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 Las dos caras de la moneda

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Aknam

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MensajeTema: Re: Las dos caras de la moneda   Lun Dic 20, 2010 5:58 pm

-Brrrff –se quejó por el cansancio y el dolor. Al parecer, había sido una mala idea entrar tan de pronto, pero qué demonios. El otro tenía que estar cansado, y Aknam estaba fresco, además; no había nada que se le escapara al feroz Toro- Brrrff… ¡¡Roarg!!

Sintió la fría zarpa en la espalda, y bufó con fuerza al tiempo que se ponía a cuatro patas y echaba a correr como un toro; y era un toro furioso, uno de los más furiosos que jamás hubiese visto. Todo por culpa de Bairak, y claro, de este jodido lobo que no se dejaba matar con facilidad. Había escuchado las palabras de la chica, claro que las había escuchado. Pero eso solo le hizo una reacción: Ahora que sabía que tenían oro, se los quitaría por la fuerza; nada de trabajar con ellos. Aknam no trabajaba con nadie.

Siguió como toro, agitándose lo más fuerte posible y moviéndose con rapidez hacia cualquier dirección, a veces alzándose con fuerza y otras solo deteniendo la carga. Si le trataban de tirar de nuevo, sería una tarea difícil, y también le complicaba las ideas al lobo. Por ahora, sólo tenía algo en claro: La mujer era la que llevaba el oro, y a ella debía robárselo.

Pero ahora no era buen momento; el lobo… ¡Realmente ese lobo le estaba empezando a cansar!
Rugió lleno de odio y se tiró de espaldas, rodando sobre sí mismo; si esa cosa seguía en su espalda seguro que el peso de Aknam lo tranquilizaría; si ya no estaba arriba… Sería algo jodido. Era lo malo de la Carga; enfurecido y haciendo eso sólo se hacía estúpido; no pensaba en consecuencias, sólo en matar, golpear y destruir.

-¡¡¡Rooaarrrrrggggg!!! –Rugió una vez más; mientras se seguía girando sobre el suelo como si fuera un dinosaurio rascándose la espalda, trató de mirar a todos lados. Quizás si respondía que sí a la mujer, se podría ganar la vida; pero eso acabaría con su orgullo. También quedaba la opción de traicionarlos y matar a este cuando aún fuera humano; pero no. Se había aferrado a esa idea, y no la dejaría hasta que tuviera todo el oro y saliera corriendo; y no tomaría el oro por las buenas, y tampoco correría hasta saber que los otros estarían… desmayados al menos.

Pero el jodido cansancio podía con él…
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Gabrielle Sacré

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MensajeTema: Re: Las dos caras de la moneda   Mar Dic 21, 2010 7:56 pm

No, no, aquello no estaba pasando. Todo estaba saliendo mal, todo; ¿Quién le mandaba a colgarse de la espalda del demonio enfurecido? Ese no era el plan, aunque no lo hubiéramos acordado de antemano. Ahora la flecha que disparé estaba encajada no en el lomo del szvit, sino en el de mi supuesto aliado. Quise hacer algo para enmendar el revés del destino, pero si disparaba un nuevo virote, las posibilidades de acertar eran considerablemente menores que antes, y acercarme a esa bestia con las espadas podía ser muy arriesgado. Lo único que se me ocurría era distraer su atención, y así darle vía libre al licántropo para que, en la distracción del enemigo, le diese el golpe de gracia. Bueno, vaya. Hubo una chica que se me adelantó.

Su cara me sonaba de algo; tal vez la hubiera visto en algún archivo dherlik, pero no lo recordaba con precisión. No obstante, parece que sus intentos fueron frustrados; ¿Es que nada iba a funcionar con esa criatura? Ya no me quedaba otra opción. Se había tirado al suelo y rodaba. Si en una de esas vueltas atrapaba al licántropo, sus cuernos podrían herirlo de gravedad, y la única opción que me quedaba era utilizar las espadas. Las desenvainé con rapidez brillando al sol que se filtraba por entre el follaje, y me acerqué a donde se encontraban con sigilo, aun a sabiendas de que posiblemente el szvit ya me hubiera avistado.

Era difícil atinar bien en el blanco con un arma no arrojadiza si este se estaba moviendo, pero en parte no debía temer por mi integridad. El licántropo obstaculizaba el movimiento del atacante, en cierto modo, y si me limitaba a las pezuñas tendría ocasión tanto de huir con tiempo como de no errar el golpe y darle a mi supuesto aliado. Ambos bufaban y gruñían como dos bestias, y en comparación con su tamaño, aun sobre la hierba, me vi pequeña y enclenque. Bah, debía olvidarme de eso. Tenía dos espadas bien afiladas en las manos, y con eso podía hacer mucho daño. Para empezar, se lo iba a hacer de una vez a ese szvit del demonio, y con toda mi determinación y mi fuerza - por supuesto contando con la puntería -, descargué un duro golpe sobre mi objetivo.

Los dos contendientes rodaban de un lado a otro, y antes de tal movimiento, aguardé a que estuvieran lo suficientemente cerca, aunque yo ya me hubiera aproximado un tanto. Utilicé las dos espadas en mi gesto aunque apuntando al mismo lugar; dos tajos que, impactando bien, podrían hundirse hasta un buen nivel o incluso cercenar la extremidad, de lo afiladas que estaban. Y si el enemigo retirase las patas... O una herida dolorosa, o la hierba. El destino ya se encargaría de ello. Por lo pronto, mi blanco era herir al rival sin tocar al supuesto dherlik; lo ideal era que se retirase justo antes de mi reacción, aunque a juzgar por la lejanía a la que se encontraba, dudaba mucho que fuera siquiera a rozarle.
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Egates Vasordiel
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MensajeTema: Re: Las dos caras de la moneda   Mar Dic 21, 2010 8:53 pm

Mi plan funcionó a penas a medias y esa maldita criatura no paraba de molestarme. Debía deshacerme pronto de ella pero primero era esquivar la maldita treta que me puso. Comprendí lo que iba a hacer cuando sentí que perdía su punto de equilibrio: ¡bestia estúpida si creía que estaba peleando de igual a igual!

Me impulsé hacía atrás enterrando las garras de mis patas en su espalda, para luego dar un salto antes que él, me aseguré también de dar un giro sobre mi mismo para poder reponerme sin mayores problemas y al mismo tiempo prevenir el daño de una caída no deseada. Ahora la bestia estaría girando sola como cerdo revolcándose en el barro. Perfecta comparación, la desgraciada ya me tenía harto; ¿cómo era posible que me estuviese dando tantos problemas?

La flecha de la maldita de Gabrielle aún la tenía clavada en mi brazo y se enterró un poco mas con el salto, por lo que aullé aún mas enfurecido, bueno; la bestia. Si, estaba algo cansado y controlar sus movimientos no era nada fácil, pero estaba furioso y por el momento me empeñaba lo más posible en ignorar el cansancio físico. Hasta el momento todo seguía siendo psicológico y no iba a dejar que la rabia de la bestia me controlase por completo.

Entonces mientras la bestia giraba en el suelo, Gabrielle se acercó con sus dos espadas para atacarla. Lanzó una estocada a mi parecer hacía sus garras. Bien, esa era una buena distracción y yo ya estaba de píe. Era momento de contraatacar y deshacerme por fin de esa cosa. ¿Negociar?, claro, le iba a cobrar ese maldito flechazo, ese era el único negocio que aceptaría la desgraciada.

Respiraba agitadamente, pero eso no me impediría realizar mi siguiente movimiento. La bestia estaba en el suelo y siendo atacada por un costado, estaba seguro que no podría hacer mucho. Me acerqué corriendo sobre mis cuatro patas hasta la cosa esa, entonces tome ambos cuernos de la cabeza con mis garras de tal manera que estas pudiesen clavarse algo en su piel. Entonces sacaría la flecha que me clavaron e intentaría acertar del cuello hacía arriba arrojándola y recordando mi habilidad con los objetos arrojadizos. Pero no acababa ahí, tan solamente había cobrado lo del flechazo, ahora tocaba cobrar el ataque a Roxanne y lo que había hecho con la balsa. No, no le iba a cobrar nada por Ska, el se lo buscó y nada nos ayudó en un principio.

Gruñí con fiereza en su rostro para atestar otro zarpaso con mis garras directo a su rostro, entonces sería el fin de la criatura. Preocupada de esquivar las espadas de Gabrielle, la flecha, soltarse, mis garras; no tenía oportunidad alguna si dirigía mis colmillos directamente a su cuello para desgarrarlo por completo. Estaba acabada y desgraciadamente me quedaría un horrible sabor para el término de la pelea, pero joder que habría valido la pena deshacerse de esa cosa.
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Mara Colmillo de Bronce
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MensajeTema: Re: Las dos caras de la moneda   Jue Dic 23, 2010 6:01 pm

¡El barro la atacaba! ¿Qué clase de enemigo era ese? Los dedos de la orca eran incapaces de atraparlo, siquiera. ¿Como se vence a un enemigo que no puedes sujetar? Era como estar luchando contra una seguna piel que le cubría entera, dejándola ciega y sin respiración. Se tambaleó hacia atrás arañando su cuerpo en un desesperado intento por liberarse de esa extraña sustancia. Blaudy....¿donde estaba Blaudy? ¿Habría quedado atrapado tambien?

Sus tambaleos se detuvieron cuando chocó contra algo. El golpe le hizo perder el poco aire que tenía guardado. Abrió la boca en un movimiento inconsciente por tomar aliento y solo consiguió que se le llenara de un asqueroso fango que luchó por escupir. La sien comenzó a palpirarle de forma dolorosa. Se ahogaba... y el instinto de supervivencia se impuso.

Sus dedos seguían arañando su piel y por unos instantes logró apartar el barro de su cara y tomar aire... más ese alivio duró poco. De nuevo ese extraño barro vivo cubrió su rostro y Mara emitió un sonido ahogado. Presa de la desesperación comenzó a arañar con más énfasis, sin importarle que sus uñas abrieran surcos en su gruesa piel. Tenia que liberarse. Tenia que quitarse esa cosa de encima. La posibilidad de perder la vida nunca antes había estado tan clara en su mente. Y no quería morir.

A tientas buscó el objeto con el que había chocado antes. Su tacto duro y rugoso le hizo pensar que se trataba de un árbol. Se acercó y comenzó a frotar el rostro contra la dura corteza, en un intento de dejar el barro atrapado en las rugosidades de la madera y poder tomar aunque fuera otra bocanada de aire. Empezaba a sentirse algo aturdida, pero sabia que si dejaba de intentarlo acabaría muriendo. ¿Qué pasaría después? ¿Cómo sería no volver a despertar? ¿No volver a ver a Blaudy?

Terminó arrodillandose frente al tronco del arbol, agarrada a el como un naufrago se agarra a un tablón de madera, hiriendo su rostro contra la corteza en un intento desesperado por liberarse. ¿Y si Blaudy había sido atrapado también? ¡Tenía que ayudarlo!


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Aknam

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MensajeTema: Re: Las dos caras de la moneda   Jue Dic 23, 2010 8:40 pm

Giraba para enterrar sus púas en todo lo que llevara a la espalda; fracturó a una lagartija, hizo trizas a un escarabajo, trituró la hierba e hizo una mezcla extraña entre todo, demasiado parecida al barro. Un poco de carne, algo de tierra húmeda, hierbas para acentuar el aroma y demás porquerías… Pero nada del jodido lobo. Se quedó quieto para buscarlo con la mirada (ya estaba echado de nueva cuenta sobre sus cuatro patas, como si fuera en verdad un toro), pero antes de encontrar nada sintió un dolor muy jodido en las patas traseras, se giró sólo a tiempo para vislumbrar su pata.

Su pata izquierda, lejos de él. Despegada de su cuerpo, y sangre verduzca saliendo de lo que había quedado de su pata. Bufó con ira y rugió lleno de dolor, pero sin hacer un solo movimiento (bueno, quizás mil movimientos: se retorcía por el dolor y por la sorpresa de haber perdido esa extremidad) y miró con odio a la hembra que había logrado joderle. Pero regresó su vista al frente; a su enemigo más fiero. Si mataba al lobo, poco importaba no tener una pata porque de todos modos la mataría, aún sin ella. Y claro que con más dolor que antes. Se impulsó en un salto hacia el frente; si el lobo corría hacia él, ensartarlo con los cuernos era una buena idea.

Justo lo que pensó: Justo lo tenía tomado por los cuernos; mala idea, muy mala luego de ese salto que lo impulsó hacia el frente. Sí, le tenía, y sí, le habría clavado las garras en la cabeza; pero ahora lo tenía bien sujeto. Aknam no agitó los cuernos como antes; hizo toda la fuerza de que fue capaz y enterró la pata trasera buena en la tierra, y la otra… también la enterró; necesitaba un buen apoyo. Y rugió de furia por el dolor de ese movimiento (rugido que por la cercanía, también debería causarle estragos al lobo).

No defendería, sólo… Sólo haría ese ataque, eso lo mataría; seguro que lo mataría. Aferró las patas del lobo con sus patas; en otras palabras: Tomó las patas del lobo que tomaban su cuerno. Y apretó con fuerza, para que no se zafara de ahí. Rugiendo y haciendo fuerzas con la parte baja del cuerpo, empezó a ponerse en vertical (recordar que estaba como toro), alzando también al lobo consigo. Una vez tenerle arriba, se echaría sobre él con todo su peso. No le mataría, seguro, pero lo tendría a su merced, y haría con él cuanto quisiera.
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Egates Vasordiel
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MensajeTema: Re: Las dos caras de la moneda   Mar Dic 28, 2010 10:44 pm

¡Ahora era mía! Jodida bestia si creería que se salvaría y bendita Gabrielle por haberle cortado una pata, ahora estaba mucho más jodida y no tenía salida alguna. Se levantó parándose en ambas patas, sabía que la cortada le estaría doliendo de los mil demonios y no podría quedarse mucho tiempo en píe. No sabía que tramaba peor no serviría en lo absoluto. Si había dado un salto corriendo sobre mis cuatro patas, pero pude agarrar sus cuernos enterrando mis garras en su cabeza, entonces la jodida me sujeto las manos, pero no; ese no era ningún impedimento para que la matase. Aullé con furia queriendo decir a Gabrielle que le cortase la otra.

Ya no podía quitarme la maldita flecha y la jodida se enterró un poco más, podía sentir como estaba a punto de llegar al hueso y joder que dolía, pero eso no me detendría. No seguí impulsándome hacía adelante, no era tonto. Ahora pude entender lo que quería, me detuve antes de que mi cuerpo se acercase mas a sus cuernos, poniendo todo el peso de mi cuerpo sobre mis píes. Entonces estos caerían al suelo y tendría a la jodida bajo mi control. Se desequilibraría por la falta de una pata y entonces sería el momento perfecto para atacar. Me tenía sujeto mis brazos, pero eso no me impedía seguir clavando mis garras en su piel, seguir haciéndola sangrar, pronto moriría; si no era por nosotros moriría desangrada. Su pierna debía seguir sangrando al igual que su cabeza, seguramente estaba jodidamente cansada.

Me impulsé mas hacía atrás y lancé una patada directa a sus testículos. La bestia no conocía anteriormente ese movimiento, pero lo vio de la misma cosa y más mis órdenes ya sabía perfectamente cómo realizarlo. Al impulsarme primero hacía abajo y luego hacía atrás seguramente la bestia perdería aún más el equilibrio, entonces con mi patada en sus testículos estaría perfectamente jodida. Y eso no era todo, claro que no. Al ser golpeada ahí tendría que soltarme para cubrirse, no había forma de que lo hiciera. Sus brazos sujetaban los míos y sus pies se preocupaban mas de pararse, cosa que sabía apenas podía y con mucho esfuerzo. Aullé una vez más.

Pero mi ataque como siempre no acababa ahí. Si Gabrielle cortaba su otra pata estaría más que perdida y mis colmillos nuevamente se dirigirían hacía su cuello para desgarrarlo. Entonces cuando me soltase mis brazos me sacaría la maldita flecha y la clavaría justo en su corazón. Ahora si estaba jodida, ya no podía aguantarme mucho más. Se había condenado ella misma, pidiéndome a gritos que acabase con ella y joder que eso iba a hacer con todas las posibilidades que tenía.

No me importaba cuanto rugiese, si era molesto, pero yo también estaba adolorido y mis aullidos también deberían hacerle algo, pero no me importaba, me concentraba como buen ex-militar en que todo seguía siendo psicológico sin importar cuánto doliese. Poco a poco me dejaba entregar a la furia de la bestia, si lo hacía por completo entonces estarían todos jodidos, pero por el momento me mantenía aferrado a mi conciencia humana, la gran ventaja que tenía en esos momentos sobre la criatura que pronto pasaría a peor vida.
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Giltiak.-

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MensajeTema: Re: Las dos caras de la moneda   Mar Dic 28, 2010 11:19 pm

Sí que estaba empecinado el bastardo reptil. Por supuesto que mi estrategia no tenía una táctica jamás elaborada en la historia pero... estaba claro que nos quería joder a como dé lugar.
A mi plan se sumó Gibil, que bien lo entendió, pero las cosas no fueron muy diferentes, quizás solo un tanto más agrabadas. Este lanzó también su bola de fango hacia nuestro oponente. Ambos tiros fueron certeros y logramos que se fuera despojando de los recursos con que contaba. Una batalla que ganariamos poco a poco. Primeramente me encargué de dejarlo sin movimiento, utilizando el hechizo de "Agotar", por consiguiente logramos tapar su visión con bolas de lodo, y ahora había enfurecido. El escudo se le soltó de las "manos", no contaba con protección, pero ante la desesperación y la tirria, desgarraba el aire con sablazos a diestra y siniestra. Cualquiera que se le acercara podía acabar como en la guillotina.
Sin embargo Gibil continuaba su trabajo, que al parecer lo había tomado muy en serio ya que no podía ayudar de otra manera, pues no tenía otro elemento a su alcance... Eso creía yo. Tras lanzarle al reptil un segundo disparo de barro quiso acercarse al tronco que el primero rebano a la llegada, para evitar que escaparamos. Lamentablemente Gibil no lo alcanzaba, y pensé que yo tampoco lo haría.
Fué entonces que decidí darle la frente al problema y acabar con el reptil por mi mismo, aunque me ganara algunos tajos. Después de todo tenía varias ventajas: Visión, dominio de las armas de filo para entablar el combate cuerpo a cuerpo, algo más de movilidad y contaba con dos armas, mientras que mi oponente solo una.
Así desenfundé mi otro kris y pacientemente medí al lagarto. No eran sablazos rápidos, sino contundentes y extendidos, como de un rango a otro.
Tomé posición y aguardé a que mi furioso rival diera un golpe cruzando uno de sus brazos por delante de mí, ya que solo si dejaba al descubierto su hombro y su siguiente golpe estaba lejos, podía atacarlo sin problemas.
Sin más el lagarto cruzó un espadazo y apenas se descubrió, salió mi primer sablazo para intentar darle fin al brazo que portaba el arma.
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Gerde

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MensajeTema: Re: Las dos caras de la moneda   Jue Dic 30, 2010 9:02 pm

Roxane optó por tomar un camino diplomático para resolver el conflicto mientras Egates segado por la ira prefería seguir con el combate hasta acabar con su adversario. ¿Cuál sería la alternativa que funcionaria?.

La idea de Roxane se vio descartada ante los intereses de szvits, cual bestia corroída por la avaricia y la sed de sangre, prefería darle muerte a todos y tomar el oro a la fuerza, sin embargo debió caer en la cuenta que estaba exhausto y no era un sólo rival, si no dos, porque Gabrielle sin intenciones de retroceder estaba al acecho de la bestia.
Aknam se tiro de espaldas al sentir las zarzas del licantropo corroer su piel y desgarrarle de una manera dolorosa, y rodando como un barril trató de quitárselo de encima o aplastarle, pero aquel movimiento improvisado solo logró aventajar a Gabrielle en sus planes la cual empleando sus espadas cercenó la pata izquierda del szvits. Egates aprovechó de aferrarse a sus cuernos y con sus garras atacar su rostro más la bestia haciendo amago de su fuerza y resistencia se levantó como pudo y agarrando las patas del lobo se impulsó hacia con él fin de aplastarle, todo parecía ir en favor de Aknam pero Egates defendiéndose fieramente logró desequilibrar al szvits impactando después contra su entrepierna por lo cual la bestia se vio obligado a liberarlo para llevarse las manos ahí. No obstante no fue necesario un segundo ataque de parte del grupo porque una melodía suave y alegre invadiría de súbito al grupo y sin previo aviso un rayo de color negro impactaría sobre el cráneo del zsvits acabando con su vida de una manera rápida y no dolorosa como lo abría sido por desangre.

-¿Llego algo tarde?-Diría una voz que resultaría extrañamente conocida y una pequeña hada apareció sentándose sobre el hombro de Roxane.

-¿Me recuerdan?, soy Irial, Gerde me pidió de último momento que les echara una manita, aunque veo que realmente no la necesitaban jiji, iba a llegar antes peeero me entretuve viendo unas aves nocturnas... ¡Ah hola! -Dirige la mirada a Gabrielle y sacude su mano derecha- No te vi antes, hola, hola, y bien, ¿qué ha pasado todo este rato y...? ¡oh! por santa primavera... está... -Se separa del hombro de Roxane y parte veloz hacia Ska- Oh ... está muerto, pero... ¿cómo?-Pregunta al aire con cara entristecida- Bueno, estoy aquí para ayudarlos... mm falta alguien, ¿qué pasó con el encapuchado?-

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Blaudy

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MensajeTema: Re: Las dos caras de la moneda   Jue Dic 30, 2010 11:38 pm

Mara se estaba ahogando, y cada vez quedaba menos tiempo. Su estoque no conseguía ni siquiera dejar la piel verde al descubierto. Mara lanzó a la chiquilla de las rosas por el aire, en un intento por ponerla a salvo, y Blaudy se echó hacia atrás para evitar que uno de los desesperados manotazos de su amiga le golpease.
Se giró para ver a la chiquilla, que aterrizaba en medio del barro, y miró de nuevo a la orca. Se iba a ahogar, y el no podía hacer nada, no sin su magia. Entonces escuchó la voz de la niña mas atrás.

¡Voy!

Voló tan rápido como pudo hacia la chica, que alargaba la mano, y tomando lo que le tendía, se lo llevó a la boca sin siquiera mirarlo y tragó sin apenas masticar.
Mientras tosía para hacer pasar la planta a través de su garganta, sintió como la traba mental que sentía antes comenzaba a disiparse. Bueno, la traba nunca la había sentido, pero ahora si, y sentía que la magia comenzaba a fluir por el.

¡Aguanta mara!

Sin estar demasiado seguro de si le había oido, guardó su estoque y sacó su flauta. Se quedó parado unos segundos para concentrarse, y luego comenzó a tocar la melodía para congelar al maldito lodo.
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Egates Vasordiel
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MensajeTema: Re: Las dos caras de la moneda   Sáb Ene 01, 2011 1:10 am

¡Por fin era mío! Mi patada le había dado justo en los genitales. Le estúpida me soltó y en eso me saqué la maldita flecha que tenía en el brazo. La arroje directamente a la cara de la criatura. Pero no fui yo quien acabo con la cosa, una melodía surgió nuevamente de la nada y ya estaba a punto de lanzarme a la nifna, pero en vez de eso un poderoso rayo impacto de lleno en la criatura llevándose además la flecha. ¡Era mío! Aullé furioso, aunque claro, no podrían entenderme.

Al ver el rayo descender entonces me impulso hacia atrás por mero instinto, cayendo sentado en el suelo, no me quedaban mas fuerzas y el enemigo estaba acabado. ¡Había muerto, joder! Volví a aullar, pero el aullido solo duro hasta la mitad, pues poco a poco fui perdiendo la transformación mientras escuchaba la voz del hada que nos había entregado las instrucciones. No me importó por unos momentos, simplemente me tiro hacía el suelo mientras un fino hilo de sangre corría por mi brazo. No solo mi sangre, también la sangre de Judith. Joder, estaba sediento, la necesitaba pronto. Ya deseaba acabar con esa misión. No moriría ahí sino me alimentaba, cabía la posibilidad de dejar de ser ghoul, pero había otro lazo ahora que nos mantenía unidos; uno ancestral fuera del entendimiento de todo ser.

Entonces dejo de divagar en mi mente para entrar en cuenta de que estaba desnudo, afortunadamente mis prendas y armas no habían sufrido daño alguno durante la batalla. Sin preocuparme por mi desnudez me levanto en presencia de las mujeres mientras el hada se percata de la muerte de Ska… No le doy importancia tampoco, me enfada que no hubiese llegado antes, pero a paso lento y amargado me visto cuidadosamente, poniendo cada arma en su lugar, incluyendo las que le había tomado al muerto en batalla. Me acerco luego a Roxanne para ver que tiene el brazo herido, le acaricio la mejilla suavemente aunque sabía a la perfección que ahora me vería como el monstruo que murió recientemente. Suspire y me fui a un lado de ella para ver directamente al hada y luego a Gabrielle. – Tienes suerte de que sea duro de roer, debes practicar tu puntería – Le dije como si nada aún con ira en mis ojos, si bien me costó controlar a la bestia antes, estaba cansada y no podía seguir tomando el control. Luego volví a mirar al hada. – Si no nos curas no necesitamos nada de ti, si hubieses llegado antes nuestros dos compañeros aún estarían vivos y no nos habríamos tenido que enfrentar a los espíritus del bosque. Espero que le informes a Gerde que por tu culpa murieron dos, porque yo se lo diré a Gibil, ahora quedo yo al mando del grupo – Le dije en un tono amenazante, apático y ofensivo, no me importaba que fuera general de Gerde, por haberse despistado llegó tarde en nuestra ayuda y yo ya tenía a esa cosa, mas le valía que su magia sirviera de algo.

Me deje caer entonces al suelo mientras me cortaba un pedazo de mi camiseta para cubrir la herida que me había dejado la flecha. La amarré para que en cierto modo pudiese detener el sangrado. – Partiremos en cinco minutos, debemos buscar otro modo de cruzar el río, Roxanne, ¿cómo se encuentra tu brazo? – Pregunté mientras me quedaba ahí esperando con las piernas cruzadas. Estaba enfadado, aún sentía la adrenalina del combate y no sería fácil que volviese a conseguir el buen humor, o al menos que dejase de gruñirles a todos, bueno, al menos eso me ponía en una buena posición como líder.
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Gabrielle Sacré

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MensajeTema: Re: Las dos caras de la moneda   Sáb Ene 01, 2011 7:21 pm

Las cosas sucedieron muy rápidamente. Conseguí cortarle la pata a la bestia, tal y como pretendía, y la extremidad cayó algo más lejos sin dejar de sangrar: El rugido del szvit hizo eco en la bóveda boscosa, y me retiré un tanto para evitar una embestida indeseada. El licántropo seguía con la flecha clavada en el lomo como un toro embravecido, que no se percata del dolor físico por el frenesí de su furia, pero sabía que debía quitársela si quería evitar un desgarrón o un acercamiento del proyectil al hueso. Decididamente no sería yo quien lo hiciera, tal y como estaban las cosas, ya que acercarme hasta tal punto podía significar acabar con una zarpa despellejándome la nariz, y no era una perspectiva agradable.

El enemigo parecía languidecer cada vez más, y su derrota se hizo evidente con el ataque del dherlik. Fue un golpe bajo, todo sea dicho: Más bajo que el hecho de que yo lo atacara por la espalda, pero en el amor y la guerra, todo vale. La bestia liberó al licántropo, y sin embargo, no me dio tiempo de esperar a que la primera cayese al suelo para disparar un último virote, ya sin temor de herir a nuestro aliado. Un rayo oscuro surgió de entre la maleza y golpeó con gran precisión el cráneo del atacante, haciendo que muriese en el acto. Me quedé apuntando con la ballesta algo desconcertada, hasta que una voz juguetona y dulce se escuchó sobre el hombro de la chica de antes, que mostraba evidentes signos de haber sido herida.

No contesté a los efusivos saludos de la feérica, excepto con un discreto gesto con la cabeza para dar a entender que la había visto. En ese momento pensé que mi intervención había acabado, poco antes de que viera, no sin cierta sorpresa, cómo el licántropo volvía a su forma humana: Egates. No me incomodó su desnudez, o no más que cualquier otra cosa, por lo que no fue precisamente por eso por lo que aparté la mirada, sino para meter el virote de nuevo en el carcaj. Lo que no pude tolerar fue lo que me dijo al regresar, y no pude evitar ruborizarme ligeramente de rabia. Dudaba que él pudiera acertar a un blanco en movimiento a 50 metros con un arco o una ballesta, como para que viniese con exigencias.

- Si no te hubieses colgado de su espalda, esa flecha hubiera acertado donde debía - dije con frialdad, sin importarme que alguien lo oyera aparte de él. Miré el cuerpo de Ska y el brazo de la chica, prosiguiendo en alta voz -. Mi misión era ver cómo iban las cosas para hacer un informe, y ya veo cómo van. Mi papel en todo esto ha acabado.

Ajustándome los guantes, no esperé una respuesta por parte de nadie. Había echado una mano - que hubiera sido más productiva de no ser por la ineptitud de ciertos individuos -, había echado también un vistazo, y me tenía que marchar a dar parte. La misión no iba todo lo bien que podría ir; Gibil ya decidiría qué hacer. A buen paso entonces eché a andar ladera arriba, derecha a mi punto de partida, fuera de aquel lugar.
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Natashia La Port
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MensajeTema: Re: Las dos caras de la moneda   Mar Ene 04, 2011 7:26 am

La repuesta de la bestia fue un gruñido y un ataque hacia Egates. Ladee la cabeza, había llegado a ese punto donde mi cabeza no da para mas y gana la locura. De no ser porque, literalmente no quería moverme, habría salido corriendo de ese sitio, desapareciendo entre la maleza, mandando al demonio a Egates, la bestia y a la extraña que ahora hacia acto de presencia.

Todo pasó tan rápido y lento para mí a la vez. Casi podía ver la sangre salpicando el piso, al mismo tiempo que no podía distinguir cuando Gabrielle hizo aquel corte Me quede mirando a los tres, en silencio, embobada y sin moverme. El imp, quizá leal a su dueña, tal ver nervioso por todo el alboroto, revoloteo hasta mi bolso, introduciéndose en el, asomando sus ojos por una abertura de la bolsa. La moneda aun en mi mano, apretada fuertemente para no soltarla. Estaba agotada, en todo sentido… levante la vista unos momentos hacia el cielo, un par de aves que huían de los arboles asustadas, las nubes lentas…

[Flashback 1]
“rema, rema sin parar… por el ancho mar…”-

La mujer observaba a la pequeña, con una sonrisa. La canción de juego que le había enseñado a su hija parecía entretenerla mucho. Suspiro al cabo de unos segundos, y, con una voz calmada, le llamo.

“roxie… vamos nena. Es hora del desayuno… ¿no tienes hambre…? “estaciona” tu barco, nadie lo robara…”-

La chiquilla de quizá seis o siete años asintió, mirando hacia el cielo. Las nubes impávidas se encontraban ausentes ante sus juegos, la voz de su madre o siquiera su ambiente. Era… como si ella estuviera en una burbuja perfecta, de padres que le aman y tíos que le consienten… [Fin 1]

Salí de aquella ensoñación. Todo comenzó a nublarse a mí alrededor. Apenas percibí como la creatura de cuernos era atacada por la chica recién aparecida, perdiendo un pie. Mire sin poder enfocar bien a Egates, que comenzaba su transformación a humano. Tenia que preguntarle muchas cosas… apenas y pensé en decir algo, cuando una voz surgió de mi hombro sano. Gire el rostro, inexpresivo, escuchando al hada.

Era la misma que me había dado el mapa. La misma que le dio el saco al difunto de eco. Nos preguntaba por lo que había acontecido y la mujer se iba ahora, quedando Egates, yo e Iria.l Egates dijo que estaba a cargo y me pregunto como estaba, quería partir en… 5 minutos. Sonreí, casi burlándome de su idea y entonces, sin poder evitarlo, sabiéndonos fuera de peligro momentáneo, mi cuerpo se fue de lado, cayendo al suelo sin nada que lo impidiese, de lado, sobre mi hombro sano, cerrando los ojos y dejándome ir en brazos del sueño…

Mi mano se abrió, mostrando el lunar que sostenía con fuerza… y, claro, fácilmente se distinguía que mi hombro no estaba bien. No soy una chica de guerra… no se ni como me metí en esto. Mi lugar debería ser entre cenas de alta sociedad, vestidos bonitos, caros y elegantes… entre hombres de traje y mascaras misteriosas, con personas que toman te levantando el dedo meñique y sonríen diciendo “buena tarde tenga madame…” pero… no, estaba aquí. En medio del bosque, con el hombro dislocado, mas de un moretón y rasguño en el cuerpo, inconsciente… ¿en que jodidos estaba pensando?

[Flashback 2]
“Rema, rema sin parar si marinero serás…”-

-Roxanne… es la última vez que te llamo. Sal ya de esa caja de madera y ven a desayunar. Lávate las manos niña y cámbiate el vestido que pareces vagabunda. Recuerda la regla cariño… una damita…-

-jamás se ensucia, pelea o grita… mami… lo se… es… es que yo quiero ser ¡pirata de grande! O… o… de esas chicas que viajan por los pueblos defendiéndolos! –

-no señorita, usted será una dama de alta sociedad… y se acabo. Vamos cariño… la cena se enfría…-


Tanto madre como hija, tomadas de la mano, se dirigieron a aquella casa… y las palabras de la mujer, se mezclaban con la tonada… rondando en el inconsciente de la joven. [Fin del flashback]

“Rema, rema sin parar… un señorita serás…”

tal vez no haya nacido para ser una dama de "sociedad..." comenzaba a preguntarme si, realmente... ese seria mi proposito.
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Gerde

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MensajeTema: Re: Las dos caras de la moneda   Jue Ene 06, 2011 7:52 am

Irial se mostró cabizbaja por la reprimenda de Egates y una vez que Gabrille se hubo marchado contempló a Roxanne que poco a poco perdía el conocimiento debido al cansancio tanto físico como emocional.

-No veo conveniente seguir-Murmuraría el hada algo nerviosa por el mal humor de Egates echando un vistazo a la humana que caí dormida sobre la hierba, luego revolotearía hasta quedar sobre ella y sacando una flauta de su espalda miraría a Egates en son de disculpa.

-Lo siento, se que estas a cargo... pero no dejaré que sigan así - Y comenzando a tocar una melodía suave y aterciopelada el lican caería bajo un intenso sopor el cual le impediría seguir de pie, acto seguido, luego de tener a los dos Dherlik profundamente dormidos el hada se pondría a sanar sus heridas superficiales no con grandes resultados pero al menos ninguno de ellos seguiría sangrando, pero lamentablemente el esguince de Roxanne no lo pudo solucionar así que solo atinó a vendarlo sobre su pecho para que no le doliera al moverlo.


-----------------------------

Habrían de tener un sueño agradable producto del hechizo de la melodía del hada así que los ánimos estarían un poco más gratos esa mañana, sin embargo los cadáveres tanto de Aknam como de Ska seguían a su alrededor por lo cual sería cosa de verlos para recordar la mala racha que habían tenido que pasar el resto del viaje.

-Bueno ya puedes estar a cargo, prometo no volver a intervenir -Diría Irial con tono algo apático sentándose sobre el hombro de Roxanne.

-Siento lo de tu brazo... pero no puedo sanar heridas internas, al menos tu rostro se ve mejor-


El río seguiría su cauce veloz y la balsa se presentaba tal y como la había dejado Aknam, definitivamente no tenían otro modo de cruzar el río a menos que fuera nado lo cual podía resultar peligroso a causa de su rápida corriente. Sin embargo una figura lejana, cubierta por una capa verde extendería sus brazos y les haría señas al extremo, Irial frunciría el ceño y sin avisarle a nadie emprendería el vuelo hasta el otro extremo, y en menos de unos minutos regresaría con una gran sonrisa en sus labios.

-¡Es un aliado! ¡Nos ayudará!-Diría sin dejar de reír sobre el hombro de Roxanne.

El individuo les haría ceñas para que les siguieran y comenzó a correr por las orillas del río hasta llegar a un cauce más estrecho, luego apuntaría con su arco hacia donde estaban ellos y dispararía. La flecha era bastante grande y venía sujeta por una larga cuerda, el misterioso desconocido tomaría el otro extremo de la cuerda y la amarraría firmemente sobre un árbol y luego volvería a saltar para dar señales.

-Dice que amarres el otro extremo a uno de estos árboles, si usan la cuerda como apoyo para cruzar será más fácil... se supone, ¡suerte!-Diría emprendiendo el vuelo hasta el otro extremo donde estaba el desconocido encapuchado.

¿Confiarían en él? la cuerda se mostraba bastante resistente... ¿o seguirían buscando otro modo de cruzar el río embrujado?... eso dependía de ellos.

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Egates Vasordiel
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MensajeTema: Re: Las dos caras de la moneda   Vie Ene 07, 2011 10:08 pm

Hubiese golpeado a Gabrielle de no ser por lo cansado que estaba, suerte para ella su misión había acabado ahí y no tuvo que esperar a que le contestase porque de que tenía las ganas joder que las tenía.

Escuché apenas el murmullo del hada, fue entonces cuando me vi impedido de contestarle, no había entrado en cuenta de lo cansado que estaba y aquel flechazo había hecho algunos estragos en mi musculo, teniendo en cuenta que casi pude sentir como me rozaba el hueso, afortunadamente me había transformado, sino aquel flechazo habría sido mortal.

Esperaba la respuesta de Roxanne pero justo entonces ella se desplomó contra el suelo sin que alcanzase a reaccionar para impedir que se golpeara. Había dicho cinco minutos, eso sería lo que tardaría en hacer que despertase y luego debería reponerse de la batalla, vale, teníamos mucho tiempo antes de ponernos en marcha. Al menos aquello me daba tiempo de reponerme. Aunque comenzaba a marearme, el humo del incendio del bosque, la batalla con la bestia, la transformación, el flechazo… Todo me estaba pasando la cuenta ahora, me sentía mareado, la adrenalina que me había permitido seguir en el combate había desaparecido, pero por el otro lado mi mal humor seguía tan terco como una roca. – Una mierda – Respondí al hada cuando dijo que no nos permitiría continuar así, pero entonces su condenada música comenzó a calmarme los nervios mientras me adormecía. Prontamente mi cabeza encontró el duro suelo como almohada, conciliando un rápido y tranquilo sueño.

Soñé con Roxanne, no era ghoul, no sentía la necesidad de beber de Judith, estaba tranquilo con ella en la habitación de una posada, en la misma ciudad donde nos habíamos conocido. Yo la tenía acurrucada entre mis brazos mientras ella me convencía de querer salir a la calle, era de día y el sol entraba con fuerza por la ventana, pero no calentaba lo suficiente. Parecía primavera y no teníamos ninguna misión, nada… Solo tiempo libre para nosotros dos sin nada de qué preocuparnos…

El sueño fue reponedor, pero la vuelta a la realidad devastadora. Desperté con sed nuevamente, necesitaba reunirme pronto con Judith… Quise llorar pero no encontré lágrima, recuperé rápidamente la conciencia y supe en qué situación nos encontrábamos. Dos compañeros muertos, una misión por delante y Roxanne se había enterado de lo que realmente era. No del todo, pero la parte más importante. Si, fue algo devastador, mi sueño casi perfecto se había desvanecido con la sed, aunque me sintiese casi como nuevo. Me tragué el dolor y enfríe mi conciencia volviendo al yo de siempre, no era momento de lamentar con una misión en frente.

Me levanté lentamente y descubrí que mi brazo ya no sangraba. Me quité la venda que me había puesto. Ya no tenía la herida, pero sentía el musculo resentido.

Miré a Roxanne cuando el hada comenzó a hablar, mi mirada era fría y camuflaba el dolor que sentía por haberla perdido. Lamentaba lo de su brazo, pero se recuperaría y al menos ya no tenía todas las heridas que antes. Mis quemaduras también habían sido curadas y ahora si estaba listo para partir. Le ofrecí mi mano para que se levantase esperando que la aceptase, aunque sabiendo lo que era dudaba que lo hiciera, seguramente ahora me veía como un monstruo…

Seguimos avanzando luego por el río, no agradecí al hada por lo que hizo, entendí que su magia nos había ayudado, pero el sueño había sido tan bueno que al ser arrebatado por la cruda realidad mi mal humor aumento el doble. Si no le decía nada era porque nos había curado y había servido de algo después de todo…

Pronto dejamos atrás el cadáver de Ska y el de la bestia, no teníamos tiempo para enterrarlos y su muerte no habría sido en vano si cumplíamos con la misión.

De súbito, el hada cruzó el río a vuelo. Yo me quede ahí parado mientras observaba la silueta de un hombre al otro lado, había leído el letrero del deseo por una moneda y aún no descartaba esa posibilidad, aunque la balsa ya no nos ayudaría a cruzarlo. Maldita bestia, suerte que murió y maldito rayo que me impidió a mí matarla, ya la tenía en mis manos…

El hada volvió prontamente al hombro de Roxanne riendo mientras nos informaba que era un aliado, aunque no me fiaba. Si trataba con hadas seguramente era un mago.

Seguimos avanzando hacia donde el río era más estrecho. El individuo lanzó una flecha, pude ver que una cuerda le seguía y entonces creí comprender el plan, aunque no me fiaba del todo. Era un río encantado y si quería cruzarlo a nado, pero seguía sin fiarme de pasar impune.

Sujeté un extremo de la cuerda, quitando la flecha para tirarla al suelo. Entonces saqué de mi bolsillo el único lunar que me quedaba de mis misiones anteriores. Una suerte no haberlo gastado todo pues no quería que Roxanne gastara los que le había dado. Cerré los ojos frunciendo el ceño y extendí mi palma mostrando el lunar. – Había un letrero, que decía lanzar una moneda para pedir un deseo, alguna de las dos pida que crucemos sanos y salvo el río. No lo cruzaremos hasta haber pedido ese deseo, yo amarraré la cuerda – Dije mientras esperaba a que alguna de las dos tomase el lunar.

Una vez tomasen mi moneda seguiría con la cuerda. Pasaría lo más que pudiese esta alrededor del tronco más cercano y resistente. Una pasada sobre la otra diagonalmente, tirando con fuerza para pasar la última pasada por debajo de la última, clavando sobre esta mi daga, presionando con fuerza para que esta se clavase lo más posible en el tronco.

Con eso la cuerda estaría sujeta de extremo a extremo del río y podríamos pasar caminando por las fuertes aguas, era solo cosa de sujetarse bien a la cuerda, pero primero debía asegurarme de que pidieran el deseo, entonces yo sería el primero en pasar para asegurar de que lo del deseo no fuese una sucia treta. Esperaba que todo funcionase según lo planeado, otra perdida para el equipo sería fatal y no sabría que decirle a Gibil si perdía a todos o que haría Roxanne si me perdía ahí.
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Gibil

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MensajeTema: Re: Las dos caras de la moneda   Dom Ene 09, 2011 12:11 am

Observar y aprender. Quizás esta sea la mejor estrategia de guerra aplicada en todos los ámbitos posibles. Observas los movimientos del ejército enemigo y puedes aprender su formación y sus estrategias. Y si sabes esto, sabes cómo ganar; aprender es lo más difícil, pero la victoria más fácil. Y Giltiak lo supo. Miró al lagarto y supo que no era demasiado ofensivo, no sin su cerebro y eso era justo lo que le faltaba ahora. Soltaba sablazos fuertes, pero sin sentido. No rápidos y no aleatorios, siempre en diagonal, cruzando de izquierda a derecha y en contrario, tan fuertes que cualquiera que quedase ahí atrapado seguramente terminaría partido en dos por su grueso sable.

Golpe, blandir para arrojar el lodo y alzarlo, golpe y blandir para arrojar, alzarlo, golpe y blandir… No, se detuvo, Giltiak había logrado asestar un golpe justo en su pecho, que había logrado abrir sus escamas y mostrado su carne verduzca, y una sangre espesa y azulina. Dio un “salto” hacia atrás y se volvió a arrojar al frente, con su sable dispuesto a rajar el cuello de Giltiak de lado a lado.

Sin duda, su idea había sido buena, pero le faltó pensar que no podría matarlo rápido, y que la furia traería consecuencias quisiera o no. Pero el karma o la suerte, o algún dios le concedió fuerza o valor, o quizás un poco de impulso estúpido, pues alzó sus armas para defenderse, pero se enterraron en el pecho del lagarto por el salto de este, dejando su cuerpo ya sin vida en sus armas, y su espada y su escudo, tirados en el suelo, esperando a que algún día alguien volviera a cogerlos.
Gibil se detuvo y se apoyó en lo que pudo para dar pasos cansados hasta sus lanzas. Las alcanzó, y señaló nuevamente el camino.
-Hay que seguir.

***

El silfo entonó su melodía y el lodo poco a poco se fue sumergiendo en un frío que no sólo le afectó a él, sino también a Mara, dejándola bajo una capa de fango demasiado frío para su piel. Poco a poco fue bajando, dejando libre su rostro hasta el cuello, justo lo necesario para que respirara.
Siguió bajando hasta el pecho y la sonata se detuvo. La niña soltó un suspiro y agachó la cabeza, para luego alzarla y sonreírle a la orco.
-¡Creí que te pasaría algo malo, pequeña! –Sí… era irónico decirle pequéña, pero no lo hacía por molestar; había notado que Mara era algo… “lenta” y llamarle pequeña le hacía recordar a una niña humana de menos de tres años.

Miró a Blaudy para darle las gracias por haber liberado a la gigante, y al regresar a Mara… vio que el fango volvía a subir por el cuerpo, por su pecho y por los hombros… hasta el cuello. Podría respirar al menos.
Pero movió los brazos en contra de su voluntad y recogió el mazo del fango, caminó despacio a la orilla, para salir junto a los feéricos y sin más, atizó un mazazo contra el primero que se le pusiera delante.

Sería inútil tratar de hacerla entrar en razón… Porque ella no había salido de razón. El devorador de fango había recubierto su cuerpo, y tras el experimento anterior, supo que tenía la fuerza para mover a Mara a su voluntad.
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Natashia La Port
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MensajeTema: Re: Las dos caras de la moneda   Mar Ene 11, 2011 8:29 am

Un sueño. Aquella canción dulce y juguetona en mi mente. “rema, rema sin parar… sobre el ancho mar…” y ella abrió los ojos, sobre esa colina que daba a un azul y vasto océano. Giro su rostro… Egates le sonrió. Se acurruco en sus brazos como solía hacer… el licano llevaba una camisa de lino blanca, con pantalones de cuero… y había cierto aire de misterio y calma en sus ojos, así como de ese salvajismo que le caracterizaba. La calma reinaba en el sitio y estaba contenta.
De pronto, en aquellos momentos en que despertaría, hubo algo que le causo un escalofrió. Todo se torno rojo, un grito, un susurro “traición” y el miedo. Miedo de que el se alejara… de echo, abrió los ojos con la sensación de que había visto a Egates burlarse de ella mientras la arrojaba a un barranco. Así de curiosos eran sus sueños, tan cambiantes como la vida misma.

Irial les había sanado. Intente enfocar bien hacia adelante, tratando de saber donde estaba. La cabeza me daba vueltas y aun tenia una horrible sensación en el estomago, y un presentimiento que me hizo temer. Durante un momento lo adjudique al hecho de saber lo que Egates era, mas, luego me di cuenta de que no me importaba. El hada pidió perdón por no poder arreglar mi brazo, maldición, me dolía, a pesar de que estaba inmovilizada.

Suspire, teníamos que avanzar y yo era una inútil en esos momentos. Desee tener algún hechizo de curación, pero nada. Levante la vista cuando una mano gruesa y un poco maltratada se estiro hacia mí. La observe, mis ojos parecieron brillar ante la imagen de Egates delante mío, ofreciéndome su ayuda para levantarme. En esos momentos, mi cordura estaba tan exhausta, que olvide rápidamente el mal despertar, la sensación de la traición y solo desee levantarme y abrazarme a el. Más me contuve. Supe lo que era, una bestia, un licano… de esos que todos decían eran peligrosos. Sonreí, tan inocente (en apariencia como siempre) a mi no me importaba… de hecho, me parecía incluso interesante.

Con calma, tome su mano, poniéndome de pie tranquilamente. El imp ahora venia a reposar sobre mi cabeza, le gustaba estar entre mi cabello y ahí reposo como una creatura calmada (aunque, bien sabia lo que podía llegar a hacer). Suavemente mire a Egates, haciéndole saber que no le tenía ningún miedo. Suspire, con menos dolor por el hombro, pero mas preocupación por como me movería ahora, por como ayudaría.

-Egates… así… como eres, me agradas. No impórtalo que seas…-

Y luego vino lo del hada, que cruzo el rio y trago luego tras de si una flecha. Arquee una ceja, ¿cruzaríamos a nado? Di una carcajada. ¿Qué esperaban que hiciera yo? Observe la moneda que Egates me mostraba, tomándola con la mano. ¿Por qué mejor no pedía que mi brazo estuviera curado? Y, que el rio no estaba embrujado como para nadar? O solo era una advertencia malvada? Recordé que llevaba dos lunares y trague saliva. Apreté con fuerza el lunar que Egates me había dado, y lo arroje hacia el rio, mientras pensaba en silencio.

-por favor… deseo… que crucemos a salvo, sin más muertes o heridas…-

Las otras monedas no las dejaría. No, me negaba rotundamente a perder una de las pocas pruebas de que, ante cada aventura, regresaríamos con vida. Vi como el sujetaba la flecha al árbol, acercándome yo y sujetando la cuerda. Luego mire a Egates casi con vergüenza, comenzaba a ser una carga ya y eso me dolía bastante, odiaba ser estorbo a los demás. Trague saliva, halando de su camisa, como niña pequeña.

-yo… no puedo cruzar. Mi brazo, me duele aun y no puedo moverlo… soy… soy una carga…-


Y baje la mirada, sintiéndome… como una estúpida. Mire a Irial, un tanto molesta, ¿Por qué esa hada no podía curarme bien? No… ella no tenía la culpa, sino yo, por ser débil y no ser lo bastante rápida. Podría intentarlo… observe la soga, si me sujetaba de el brazo bueno y agitaba las piernas, halándome hacia adelante… respire profundo, mirando a Egates con determinación, no me dejaría vencer así nada mas… aunque eso pudiera lastimarme…

-¿sabes que? Cruzare. No importa… tenemos que cumplir la misión…-

Que por cierto… ¿Qué jodida misión era esa?

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Mara Colmillo de Bronce
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MensajeTema: Re: Las dos caras de la moneda   Mar Ene 11, 2011 1:00 pm

Su cabeza palpitaba y parecía a punto de estallar cuando la orca comenzó a sentir un extraño frío por todo su cuerpo. El barro pareció endurecerse y por fin cedió a la fricción del rostro de Mara contra la corteza del árbol. Con el rostro sucio y lleno de rasguños, la orca tomó una larga bocanada de aire con la que alivió sus pulmones.

Entre toses y jadeos apoyó su frente al tronco al que aun se agarraba con ambas manos. Sentía un leve pitido en los oidos pero empezaba a desaparecer el dolor. Una vocecita llamó la atención a su derecha. Era la niña, que le dijo algo que de nuevo no entendió y que le sonreía. Mara se sentía tan aliviada de poder volver a respirar que le devolvió la sonrisa.

Respiró de nuevo profundamente y buscó al silfo con la mirada.

-Blaudy...

Un cosquilleo sobe su piel la puso en alerta. Bajó la mirada y vio subir de nuevo el barro por su cuerpo. Con un gruñido alarmado se incorporó como impulsada por un resorte y trató de apartarse el barro con las manos. Era inutil, seguía frío y menos viscoso pero seguía recuperando su forma cada vez que Mara tratabada de arrastrarlo con los dedos.

El barro le llegó al cuello y el gruñido de Mara destiló miedo. Esta vez era distinto, sentía una presión que la aprisionaba y.... que hizo que moviera su brazo y cojiera el martillo. La orca parpadeó confusa cuando, sin ser consciente, caminó hacia la orilla, hacia donde Blaudy y la niña la miraban.

Su brazo armado se alzó sobre ambos. Mara gruñó, mirando el brazo como si derepente no fuera suyo. El martillo bajó rápidamente sin que Mara pudiera hacer nada. ¡Blaudy! ¡Estaba atacando a Blaudy!

Entonces se enfureció como nunca antes lo había hecho.

Sus pulsaciones aceleradas palpitaba en sus sienes, su visión se volvió confusa y borrosa, abrió la boca todo lo que su mandíbula le permitió y emitió un ronco alarido que rezumaba furia.

Gruñendo, trató de recuperar el control de sus brazos ejerciendo incluso más fuerza de la que usara momentos antes. Ahora no luchaba por si misma. Luchaba por Blaudy. ¡Y destrozaría cualquier cosa que lo atacara! ¡¡Incluyendo a si misma!!

Sus ojos delirantes se posaron en su mano derecha, que aun se cerraba en torno al mango del martillo. Apretó con tanta fuerza su puño izquierdo que le crujieron los nudillos. Con un nuevo alarido forzó sus musculos hasta el punto de sentir dolor, luchando contra esa presión que ahora decidía movimientos por ella. Con su puño cerrado comenzó a golpear su mano derecha, una y otra vez, una y otra vez. La rompería si fuera necesario para obligarla a soltar el arma.
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MensajeTema: Re: Las dos caras de la moneda   Jue Ene 13, 2011 8:22 am

Y la moneda se hundió en lo más profundo del río... "Arroje una moneda para ver cumplido un deseo"; no había nada que apelar contra esas palabras... pero ¿qué había con los letreros anterior que avisaban de un peligro?, ¿y la palabra "embrujado" no significaba nada acaso?.

La moneda siguió su camino hasta enterrarse en la tierra húmeda del interior del río al tiempo que Egates y Roxanne comenzaron a cruzar sus crudas aguas usando como soporte la resistente cuerda que el aliado misterioso había enviado para ellos. El imp de Roxanne se sujetaría firmemente a su espalda mientras ella avanzaba pero algo la desconcertaría, y es que sentiría como un ser chocaba contra su rodilla, era viscoso y escurridizo, se alejaría de ella por unos largos momentos y cuando estaba a punto de llegar a la orilla sentiría el regreso de esa cosa la cual se enroscaría alrededor de su rodilla con tanta fuerza que incluso aparte de resultar incómoda le cortaba levemente la circulación, sin embargo antes de subir a la superficie aquella criatura se alejaría hasta perderse en el basto río. Egates a diferencia de Roxanne no había tenido ningún inconveniente mientras cruzaba a excepción de una mancha pegajosa de color verde que rodeaba la espalda de su chaqueta.

Por lo demás estaban a salvo y por lo visto a cambio de un simple lunar el río no había acabado con sus vidas... por ahora.

El individuo encapuchado no hizo ademán alguno de presentación, solo alzó y bajó sus manos para luego dar un giro sobre si mismo y avanzar hacia el frente cojeando y dejando a la vista de los presentes la gran joroba de su espalda que trataba de ocultar con su capucha, el hada sonrío y les hizo señas a Egates y Roxanne de que le siguieran.

-¿Lo sienten?... huele a muerte-Murmuraría el hada soltando una ligera risita.

Y en efecto, el individuo despedía un olor nauseabundo, y no me refiero al olor que tiene alguien que nunca ha probado un baño, no, era más intenso que eso, un olor a putrefacción máximo como si ese solo hombre fuese el conjunto de varios cadáveres, un olor que para Egates debía de ser demasiado molesto.

Se internaron a través de los árboles, el ambiente se tornaba cada vez más lóbrego y una inopinada neblina los envolvería mientras avanzaban y una vez que se disipase notarían con gran sorpresa que el camino se abría para abrir paso a un cementerio en ruinas.


Spoiler:
 

El individuo entonces se retiraría la capucha y el grupo vería con horror el rostro del hombre, tenía un ojo que colgaba, su piel estaba pálida y carcomida por el tiempo, y al abrir su boca sin dientes notarían como varios gusanos se acumulaban en ella. Entonces, en un movimiento súbito el sujeto caminaría hasta quedar frente a Roxanne y luego como si hubiese recibido una flecha a sus espaldas se desplomaría, ya sin vida, sobre ella. Tenía un peso considerable, nada normal en un humano, así que no sería demasiado extraño que Roxanne perdiera el equilibrio y cayera de espaldas con ese tipo cubierto de gusanos encima a menos que Egates interviniera antes de ello. Pero el tipo ya había caído sobre Roxanne y varias larvas fueron a parar al cabello y ropa de la muchacha.

-Ya no vive... eso significa que él quiere que lo busquen ustedes y ya no habrá guía que los ayude-Diría el hada de pronto observando la escena divertida- Y cuando hablo de él... supongo que saben a quién me refiero, ¿no?, jiji, no, no me refiero a ese cadáver...-Comenzaría a reír y luego alzaría el vuelo para alejarse de ellos - ¡Mucha suerte con el nigromante! ¡Si salen con vida volveré con ustedes!-

Y una vez que el hada desapareciera entre la neblinosa espesura el silencio haría mella en aquel antiguo y solitario cementerio.

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Blaudy

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MensajeTema: Re: Las dos caras de la moneda   Mar Ene 18, 2011 3:19 am

Mientras la magia fluía de sus labios, tejiéndose entre las notas de su flauta y se depositaba sobre el lodo, endureciéndole, Blaudy abrió los ojos para echar un vistazo a Mara. ¡El barro estaba descendiendo!
El silfo dejó de tocar, en parte por que parecía haber tenido éxito, y en parte por que no quería gastar demasiadas energías.

La chica de las flores felicitó a Mara, y Blaudy descendió, cerca de donde estaba su compañera, y alzó el puño en el aire, como si quisiese golpear al viento con su flauta.
En medio del entusiasmo de la "victoria" el silfo no pudo percatarse de que su verdosa amiga no respondía del todo a sus pensamientos, de modo que la felicitó

¡Muy bien Mara! ¡Ganamos!

Mara se acercaba, el barro comenzaba a cubrirla, aunque Blaudy no se percató de eso, y cuando la amenazante sombra que la orca proyectaba cubrió por completo al silfo, este agachó las orejas mientras la miraba anodadado, como si no se creyese lo que estaba haciendo.
Fué la chica de las flores quien le salvó, tomándole de la mano y dándole un fuerte tirón. El martillo impactó con fuerza contra el blando suelo, salpicando lodo en todas direcciones.

¡Mara! ¿que haces?

Blaudy alzó el vuelo, olvidando toda precaución, dejando sola a la otra compañera, y gritó a Mara que parase. Algo similar hizo la orca, que comenzó a golpearse con rabia maníaca la mano que sujetaba el martillo. ¿Por que hacía eso?. Un momento... El barro la había cubierto de nuevo...
La mente del silfo encajó esas dos piezas, y guardó su flauta, desenfundando su estoque. Aunque no hiciese mucho con ese pincho, daría hasta su último álito para ayudar a su compañera.
Sus ojos ambarinos se toparon entonces de casualidad con un... ¿ojo? que sobresalía del lodo que cubría a Mara. Enemigo o no, ese iba a ser su objetivo.

¡Aguanta Mara!

Batió sus alas con todas sus fuerzas para ganar altura, y se lanzó con todas sus fuerzas contra aquel ojo, extendiendo el estoque apuntándole cuando estaba a media distancia

¡¡YIIAAAAAA!!
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Natashia La Port
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MensajeTema: Re: Las dos caras de la moneda   Miér Ene 19, 2011 11:46 pm

De algún modo, temía que el letrero de deseos cumplidos tuviera más valor que el de “peligro” y es que, para alguien como esos carteles significaban mucho. Una sensación de que algo malo pasaría se apretujaba contra mi pecho. No era que tuviera algún poder “psíquico” o de esos que dicen leer el futuro… más bien que, esos letreros daban miedo.

Cruzamos. Bueno… más bien Egates me sostuvo firmemente de la cintura y yo ayude apoyándome con el brazo bueno. La corriente era fuerte y mentiría si digo que no me lastimo… de hecho, creo que me dolería un buen rato más. Comenzaba a acostumbrarme al dolor… a pesar de que seguía ahí la molestia. La prioridad era salir con vida, sin importar el costo. –Solo espero que el destino no me tome la palabra de “sin costo” y pueda salir con todas las extremidades del cuerpo sanas.- El imp se sujeto firmemente de mi espalda, procurando no tocar el agua. Tal vez es porque siempre quise una mascota, quizá la situación me hacia un poco más blanda, pero comencé a cogerle cariño a ese demonio azulado.

Egates no lo sintió, pero yo sí. Algo choco contra mi rodilla, incluso me queje… aunque el bien podía pensar que era por mi brazo. Aquella cosa desapareció unos momentos… le sonreía a Egates, quería cruzar el rio… realmente me daba algo de miedo seguir ahí. Mas, al punto en que yo quise salir de la orilla, esa cosa se enrosco en mi pierna, tire de ella, mirando fijamente al lupino, desconcertada.

Algo… algo presiona en mi rodilla…-

Murmure, temerosa de que el mismo Egates me soltara y entonces quedara a merced de lo que fuera que me sujetaba. Sin embargo, esa cosa se fue al poco tiempo. Terminamos saliendo de esas aguas con vida… y la sensación de que algo iba a pasar.

El individuo no se presento. Alzo las manos un momento, se giro, luego avanzo, cojeando. Tenía una joroba… no entendí nada, y, de no ser porque el hada –que ya no me daba tanta confianza como antes- le seguía, yo jamás me habría movido del otro lado.

Avanzamos. Aquel comentario, de “huele a muerte” solo me trajo más inquietud. Ciertamente, el olor era nauseabundo… como de algo en descomposición. ¿Qué ese tipo jamás se duchaba? Me lleve el dorso de la mano a la nariz, mientras caminábamos. El ambiente era cada vez más oscuro, solo faltaba el brujo malvado para que tuviera similitud con las tantas historias de terror que mi madre me llego a contar alguna vez.
Vaya… aquel sitio era realmente impactante. Las ruinas, el silencio… los edificios a medio construir y la vegetación que corría y subía por doquier. Abrí los labios sorprendida, ¿Qué era ese sitio? Casi como un cementerio… y todo cambio abruptamente.

El sujeto desconocido se retiro la capucha y el hombre… diosa, casi vomito en ese momento. Un ojo colgaba, su piel estaba pálida. Me paralice cuando avanzo hacia mí, quedando de frente… con la expresión de sorpresa en la cara, apenas atine a murmurar “zombi” cuando cayó hacia adelante, sobre mí. Grite desesperada al sentir la putrefacción embarrándose en mi piel y ropa… el hedor, y la muerte.

Ambos caímos hacia atrás, provocando que me lastimara más el brazo. Cerré los ojos con fuerza, sin dejar de gritar asustada.

-Quítamelo de encima! Quítamelo de encima!!!-


Las larvas, los gusanos… eso solo me dieron más pavor, temblando intente con el brazo bueno quitarme a aquella cosa, pero era pesado. El hada parecía divertido y nos deseo suerte, desapareciendo. No me importo, yo solo quería quitarme ese cadáver de encima. Chillando, volví a gritar.

-quítamelo por favor!!! Quiero ir a casa!-

Cual niña pequeña se ve envuelta en una situación de pánico. La cosa es que… ni casa estaba cercas, ni sabíamos cómo salir de ahí, sin mencionar… que había que cumplir una misión.
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Egates Vasordiel
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MensajeTema: Re: Las dos caras de la moneda   Jue Ene 20, 2011 9:56 pm

Suspiré al escucharla, sabía muy bien que me mentía. No tenía miedo de mi ahora, eso si podía sentirlo, pero me había visto transformado y esa no era la peor parte… No importaba como, mejor resignarme a la idea de que la perdería, al menos así luego sería menos doloroso. Me aferraría a esa idea.

(…)

Entonces volvió Roxanne luego de que le hubiese entregado la moneda para que pidiese el deseo. Sus palabras me habían dejado sorprendido, los puntos a favor como guerrera habían disminuido un poco, esa definitivamente no era la actitud pero no sabía cómo decírselo sin desanimarla aún más. En el fondo para mí siempre sería aquella pequeña inocente de Syael que no podría dañar a nadie, ¿cómo podía desanimarla así siendo ella casi como mi hija? Y encime luego tendría que abandonarla a su suerte… Suspiré y deje que se fuese todo al diablo… No me preocupaba ni de mi mismo, ¿por qué ahora debía de hacerlo de alguien más que me odiaría y luego sería mi enemiga?... Si, tal vez era un cambio de personalidad muy drástico, pero en estos casos siempre era mejor prepararse para lo que vendría. Además yo siempre tuve que seguir solo, nadie jamás me dio ánimos y sin saber cómo se hace no tengo porque saberlo…


Después de haberme convencido de lo que haría recibí su determinada mirada. Sin sus palabras no podría haber sabido que significaba, probablemente la hubiese confundido con una mirada de reproche al no poder darle ánimos o tal vez eso significaba su mirada. Cerré los ojos tratando de alejar esa idea, todo sea por la estúpida misión. Suspiré volviéndolos a abrir, acercándome hacía ella para tomarla por la cintura procurando no toca su brazo malo, afirmándola con fuerza. – Cruzaremos juntos… – Dije en un tono frío, más que el apático que me caracterizaba, uno que usaba por primera vez con ella. Tome entonces la cuerda con una mano y salté para caer parado al río. Al hacerlo mis píes se hundieron un poco en el lodo, pero gracias a que mis botas estaban bien sujetadas pude seguir sin mucho problema.


Mientras cruzábamos pude ver como algo captaba la atención de Roxanne, pero no podía permitirme hacer nada más que sujetarme a la cuerda y sujetarla a ella. A pesar de que pude escuchar su queja no pude responder nada. Cualquier mano que soltase haría que las cosas acabaran mal, por lo que no me detuve a preguntarle que era. Debíamos llegar hasta el otro lado y entonces ahí vería que le sucedía.


La ayude a pasar a la orilla con algo de esfuerzo, sin percatarme de que algo recientemente se había soltado de la rodilla de Roxanne. Tampoco pude oler nada, todo aquello que se encontrase bajo el agua estaba a salvo de mi olfato y aquello cerca del agua dependiendo el olor podría llegar a ser más repugnante o simplemente pasar desapercibido.

– No ha sido tan terrible, cielo… – Le murmuré al oído una vez estuve yo también fuera del río, aunque pude ver muy bien como su pierna había quedado marcada, aparentemente el deseo nos había salvado. Un lunar bien gastado… Suspire y hasta ahí llegó mi alivio. ¡Joder, de verdad el tipo no había conocido una duche en su vida!

Me llevé el dorso de mi palma inmediatamente a mi nariz mientras que con la mano izquierda tomaba mi espada, por mero instinto era lo que siempre hacía cuando las cosas olían mal y aquí apestaban, así que la desenfunde.

– Daría mi vida en una apuesta y claramente la muerte olería mejor, esa cosa es repugnante… – Dije en un claro gesto de asco mientras disminuía mi paso tratando de mantenerme lo más lejos posible de ese sujeto. Estaba realmente apunto de vomitar…

Entonces una neblina apareció súbitamente y al segundo en que esta se disipó unas ruinas cortaron nuestro camino. No sabía qué diablos hacíamos ahí, tal vez el tipo había cambiado su casa o no quería que lo visitásemos ahí o simplemente era el patío trasero. Lo primero que trajo mi atención fue el descanso de las escaleras que dirigían hacía el templo a nuestra derecha. Enserio, esas cosas eran unas ruinas y hasta para ser lo que eran estaban bastante bien cuidadas. La maleza crecía por todas partes, inclusive en los túneles que habían bajo el cimiento del templo. Si no me equivocaba veía un altar en el descanso, claro que de este veía poco, más bien podía apreciar la estatua u hombre encapuchado que se encontraba frente a este.

Pero luego mi vista volvió a cruzarse con la del encapuchado que nos guiaba y no importó lo que vi. Me hice a un lado, mire al suelo y vomite como no había hecho en años. Aquello no era un humano, no era nada como lo que había visto, excepto en las catacumbas de Yar Nardak. Incluso un cadáver viviente era más lindo que esa cosa. Entre la imagen y el olor fue lo suficiente para que mis tripas quisieran conocer las suyas.
Me levante llevando mi mano a mi boca. – Oh joder, lo siento… Debe haber más de un muerto por aquí cerca… – Dije tratando de disculparme sarcásticamente pero entonces los gritos de Roxanne me desconcentraron. Escuché también a la maldita hada pero me preocupaba mucho mas por el olfato de Roxanne.

Con todo el esfuerzo del mundo me acerqué a esa cosa, pero entonces no pude evitar vomitar nuevamente. – ¡Apesta a pura mierda! – Grite furioso para tomar la capucha del sujeto y con bastante esfuerzo sacarlo de encima de Roxanne. No solo apestaba, pesaba como un cíclope obeso. Volví a vomitar esta vez después de alejarme de ambos. – Agg juro que cobrare el doble a Gerde, tenía pensado irme gratis pero que se olvide, Roxanne, diez minutos, aléjate de esa cosa, hablaremos con el sujeto y nos marcharemos lo más pronto que podamos – Dije mientras golpeaba el tronco de un árbol, tratando de recomponerme de la vomitadera. Apostaba a que Ska olía mucho mejor que esa cosa, ¿por qué no pudo usarlo a él?...
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Gerde

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MensajeTema: Re: Las dos caras de la moneda   Vie Ene 21, 2011 2:01 am

Una brisa gélida acarició su cabello de seda que ondeaba detrás de sus hombros descubiertos dejando ver una piel suave, acariciable, ligeramente verde. El hada asomó el rostro por el espejo de Aletheia y una aviesa sonrisa se asomó por sus carnosos labios al observar a través de él.

Allí estaban, los únicos sobrevivientes de los Dherlik... ¿cómo era posible que de cuatro personas solo quedaran dos?, ¿tan ineficientes resultaban ser sus aliados?
Suspiró y apoyó el dedo índice al místico espejo, acariciando la figura de uno de ellos... ¿Cómo estarían los Physis?, se preguntaría entornando los ojos, probablemente no muy bien, y es que con el mal equipo que resultaron ser los Dherlik no le sorprendería que el líder de estos fuera un completo fracaso, más vale que Gibil no provocara tantas perdidas en sus miembros o en vez de una aliada se ganaría una enemiga, una temible enemiga.

La ira de Gerde era algo de temer...


-----------------

Lapidas salpicadas en aquella vegetación salvaje dejaban al descubierto en cementerio en ruinas donde lo único que seguía manteniéndose en pie era un templo, carente de algunas paredes por acción del tiempo pero que todavía se mantenía en pie, en su centro, por sobre la escalinata, había una figura, parecía un individuo encapuchado pero para cuando ambos Dherlik hubiesen llegado hasta el último escalón se darían cuenta que se trataba de una estatua de piedra donde unos gravados de una lengua desconocida pero que misteriosamente Roxanne y Egates no tuvieron dificultad en leer y entender estaban escritas en su cuerpo.

Que lleven la muerte a sus cuerpos

Ligeras luces blancas del cielo neblinoso de vez en cuando se interponían entre medio de las ramas de los árboles iluminando por cortos periodos sus dos rostros cansados y el ambiente comenzó a hacerse cada vez más frío. Junto a la estatua había una fuente similar a un bañador de aves donde descansaba agua estancada, era verde y emitía un olor desagradable, a su lado había un pocillo pequeño, sucio; cubierto de barro u otra cosa y con algunas larvas en su interior.

Roxanne comenzaría a sentir escozor en su rodilla justo donde aquella criatura marina se había aferrado anteriormente, esta comenzaría a enrojecerse y pasado unos minutos unos desagradables e incómodos furúnculos comenzarían a asomarse en su rodilla. La comezón era insoportable sin embargo si osaba rascarse los granos destilarían pus de su interior.

No debían perder tiempo, el tiempo era algo extremadamente valioso en esta situación, debían resolver el significado de esas palabras antes de que fuera demasiado tarde...
Y no pasó mucho tiempo para que un ruido proveniente de la misma estatua los alertara, esta comenzaría a tiritar levemente y luego a contorsionarse, entonces, extendiendo lo que debían ser sus brazos varias piedrecillas cayeron de su cuerpo y luego unas alas membranosas saldrían de su espalda rompiendo la parte de atrás de su capa y de sus manos se asomarían garras filosas, tan largas como una espada promedio, tres en total, la criatura seguía ocultando su rostro con la capucha pero un líquido viscoso azulado y en burbujas salía de lo que debía ser su boca. No espero ni un segundo, algo brilló en lo que debían ser sus ojos, algo rojo como dos linternas, y entonces saltó sobre Egates, pasando sus garras contra su espalda, rompiendo la chaqueta y dejando tres marcas profundas en su espalda que definitivamente más adelante dejarían cicatriz si es que no terminaban infectadas, la criatura después se volvería hacia la humana e impulsándose contra ella sus garras terminarían sobre el Imp que se interpuso para salvar la vida de su dueña atravesándolo completamente en la parte del estomago acabando así con su vida.

Pero la situación no terminaba ahí, mientras ellos estaban ocupados con aquel ser alado misterioso que se giraba para volver a arremeter contra Egates el cementerio comenzaba a inundarse con agua pútrida, verdosa, similar a la de la fuente, y no se percatarían de ello hasta que el agua pareciera un lago y estuviera a punto de llegar al último escalón.

Y no era un líquido común y corriente, un vapor surgía de sus aguas aunque estuviera fría, eran las almas en pena que trataban de escapar de aquellas profundas aguas, verían cadáveres mutilados y cráneos flotar sobre sus aguas además de la vegetación flotante propia de un pantano y por si fuera poco presenciarían la parte superior de una criatura similar a un cocodrilo que se aproximaba cada vez más veloz hacia ellos.
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Egates Vasordiel
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MensajeTema: Re: Las dos caras de la moneda   Sáb Ene 22, 2011 9:55 pm

Sacudí mi cabeza con fuerza cuando el descanso terminó. Aún me sentía mareado y necesitaba comer algo, por lo que busqué entre mi mochila y lo único que me quedaba eran dos hogazas de pan. Vale, debía cazar más seguido, la sangre de Judith no era suficiente cuando ella no estaba. Apostaba a que Roxanne también tenía hambre, así que compartí con ella la otra hogaza de pan que me quedaba. – Es todo lo que nos queda de momento, necesitamos recuperar algo de energía – Le dije cuando le entregué la hogaza y me ponía a comer algo más tranquilo mientras observaba el lugar. Aquello se me hacía que ya había dejado de ser un bosque, más bien parecía una pequeña jungla. La baja de temperatura también se hizo presente en el lugar. Esperaba que a Roxanne no le afectara demasiado y que la comida no la distrajese porque comenzaba a sentirme observado. No sabía si era paranoia o no, pero comenzaba a ver puntitos de color de vez en cuanto asomarse entre las hojas de los árboles. Ajusté bien mis armas y en eso comencé a caminar hasta las escaleras, mientras me terminaba mi hogaza de pan, con el descanso como mi primer objetivo. Con tantas lápidas ahí mi comentario no había sido tan sarcástico después de todo.

Una vez en el descanso me acerqué hasta la estatua, solo ahí pude comprender que no era una persona, sin embargo, algo seguía sin olerme bien. Había algo ahí que no marchaba bien. Pude observar unos grabados en la estatua, al principio no pude leerlos, por lo que pensé que no eran más que adornos, pero prontamente pude comprender lo que estos querían decir. – Que lleven la muerte a sus cuerpos… – Leí sin más en voz alta. – ¿Qué diablos es esto? – Me pregunté mientras mis sospechas comenzaban a convertirse realidad. Entonces recordé Nyssa, claro… Debíamos estar cerca solo en ese lugar mis sospechas se volvían realidad o era eso o Gerde era la amante de Byron, maldita sea…

Entonces la estatua comenzó a moverse, lo primero que atine a hacer fue a echarme hacía atrás mientras desenfundaba nuevamente mi espada. Un líquido comenzó a correr por su cuerpo, aunque no podía ver su color y luego un brillo blanco salió de sus ojos. No alcancé a hacer nada, fue todo demasiado rápido. Me eché hacía atrás para correr, cometiendo el grave error de darle mi espalda, puesto que sus garras rasgaron mi chaqueta, no quedo del todo destruida pero había perdido el estilo. Maldita bastarda sea lo que fuese, ¡me las pagaría! Aquello había sido casi tan grave como cortar mi cabello. Pero por el momento no pude hacer más que arrodillarme y soltar un grito de rabia, aquellas garras estaba seguro de que dejarían heridas feas luego.

Como si de una broma se tratase, el cementerio poco a poco comenzó a convertirse en un lago. Los cadáveres comenzaron a flotar sobre la superficie del agua. La jungla que me había parecido hace poco se había vuelto en un pantano maldito. Y no me refería a eso solo por la neblina, si ponía un poco más atención lograba ver las siluetas de almas, como el fantasma del esqueleto que enfrenté con Judith en el templo de la alianza. Aquello no marchaba para nada bien, vale debía recordar que era una misión suicida y claro de otra forma no habría entrado, ¡maldita sea! Y como si no bastase me pareció ver la cabeza de un raptor salir hacía la superficie.

– ¡Maldita sea! Aquí no está el maldito Nakfaro, ¡hemos caído en una trampa! Esa hada, ¡juro que la demandare con Gerde! – Grité furioso mientras me levantaba. No podía ir a ayudar a Roxanne, eran dos enemigos, tendría que soportar lo suficiente hasta que derrote el primero.

– ¡Roxanne resiste lo más que puedas! ¡Yo me encargo de este nuevo bastardo! Dije mientras alzaba la palma donde tenía el brazalete que le había tomado a Eco para disparar el cuchillo accionando el mecanismo, directamente a la cabeza que comenzaba a salir del lago. No le dejaría una salida fácil del agua si podía evitarlo y podía apostar a que quería atacarnos. En todo caso… – Hazte a un lado y atacalo cuando venga hacía mi – Grité nuevamente a Roxanne mientras lanzaba una de mis dagas para llamar su atención, el objetivo era su cabeza.

’’ Que lleven la muerte a sus cuerpos’’ ¿Qué demonios? No tenía tiempo para acertijos en esos momentos, ¿por qué se me vino a la cabeza en esos momentos? ¿qué demonios significaba? Recordaba un líquido, no lo recordaba, aún lo olía, era apestoso, casi como el muerto que nos ayudo a cruzar el río… Esperen… ‘’huele a muerte’’ ’’ Que lleven la muerte a sus cuerpos’’ ¿Qué demonios? Parecía que estaba descifrando el acertijo pero no sabía que diablos hacer con aquel líquido… Todo en aquel lugar era muerte excepto nosotros, el líquido olía a muerte… Claro, llevar la muerte a nuestros cuerpos, ¡debíamos beber esa cosa! No iba a arriesgar a Roxanne si me equivocaba, así que corrí hasta la fuente. Evitando vomitar tomé un poco de líquido en mis manos y olvidando las nauseas me lo bebí hasta el fondo. Casi vomito de nuevo, joder esa era la cosa mas asquerosa que había probado en toda mi vida, golpeé el suelo con fuerza y me levanté lo más pronto que pude.

Una vez alejado de aquella cosa me interpuse entre la criatura y Roxanne lanzando una estocada directa a la cabeza para cortarla. – ¡No bebas de ese líquido hasta que estemos seguros de que no me pasará nada y piensa que es jugo de manzana! – Volví a gritar mientras blandía mi espada contra la cosa esa.
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Vulte

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MensajeTema: Re: Las dos caras de la moneda   Lun Ene 24, 2011 2:23 am

-¡¡¡RROOOOOOUAAAAAAAAAAAAAAAAAARRRRRRGGGG!!!
Fue como su saludo. El imponente icario había escuchado las palabras de Gerde: Ayuda a Blaudy, está en problemas. Y claro que recordaba a Blaudy, era su amigo. Mosquito, que luego pasó a ser Blaudy propiamente, pero que primero fue un Mosquito. No rugió por simple capricho: Conocía a las criaturas del bosque, y eso ahuyentaría a las más peligrosas… y esperaba que el fango que cubría a la orco fuera una de esas de las que huían… Pero no hubo ninguna respuesta positiva.

Se acercó corriendo, con las alas bien juntas a su espalda para no atorarse en ninguna rama ni quebrarse algún hueso. No tuvo tiempo ni de saludar al silfo o a su nueva compañera; sólo… Recordó que aquella orco, también era cosa viva; que hacía bien al mundo y al bosque.

Vulte arrojó su espadón sobre el suelo sólido y urgió a Blaudy para que se moviera, sólo moviendo las manos. No tenía ningún plan, y no conocía de nunca a aquel tipo de criaturas; los lugares como ese estaban lejos de los bosques, y Vulte no había tenido ninguna necesidad de salir de estos últimos.

-¡Vulte ayudar Gran Rana!
Casi gritó frente al rostro de Mara, a la que con su propia fuerza había tomado por ambas muñecas intentando detenerla. Sintió demasiada tensión en los brazos de ella, apretaban con fuerza y empujaban incluso más fuerte de lo que Vulte podía aguantar. Además, la cosa que la cubría era resbalosa y costaba demasiado poder sostenerla: Cada vez que empujaba, en lugar de tomarla por las muñecas, terminaba con sus manos casi en los codos de ella.

No la había golpeado, y no lo haría hasta saber lo que era esa… ¡cosa!
-¡Blude –sí, conocía el nombre del silfo, pero eso no implicaba que lo pronunciara bien- buscar hallar forma quitar Sapo Gran cosa ya!
Incluso con todo su peso trató de empujar a la orco hacia el fango. Apoyó su hombro a la altura del pecho de ella y trató de empujar, cada vez con más fuerza.

Por ahora no haría nada… Más que tratar de inutilizar el mazo de Mara; uno de esos sería mortal para el Mosquito, para la niña… Y para él. En cuanto a los golpes… ya los soportaría de una u otra forma; así que con ambas manos trató de inutilizar la que tenía aferrado el mazo.
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Mara Colmillo de Bronce
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MensajeTema: Re: Las dos caras de la moneda   Mar Ene 25, 2011 2:24 pm

Ni toda la fuerza que podía ejercer la orca pudo controlar esa masa uniforme que la cubría, y otro de esos movimientos involuntarios esquivó la acometida del silfo. Mara emitió un gimoteo, casi un sollozo, cuando el brazo que no había conseguido desarmar se alzaba de nuevo sobre el silfo.

Blaudy estaba de espaldas, tan pequeño, tan frágil, vulnerable. La orca gritó su nombre para avisarle y que se apartara, pero su voz fue ahogada por un potente rugido.

Una nueva criatura, más grande incluso que Mara, hizo su aparición a la carrera. Mara le miró anonadada, olvidando momentaneamente lo que estaba pasando y sin pararse a pensar siquiera que esa enorme mole que la superaba en tamaño y que corría hacia ella podía querer atacarla.

Mara estaba maravillada ante el descubrimiento de una criatura así....e impresionada por las enormes alas que poseía.

El recien llegado, un enorme icario, se lanzó contra ella y agarró con fuerza sus muñecas.

-¡Vulte ayudar Gran Rana!

Los sorprendidos ojos de Mara se abrieron aun más. ¡Era la segunda criatura en el mundo a la que lograba entender a la primera! Mara asintió con un gruñido y miró sus manos, uniendo su fuerza a la del icario para sujetar aquel extraño barro.

Y por unos segundos parecía que lo habían logrado controlar... hasta que las manos del hombre resvalaron por culpa del barro y este recuperó la libertad de mover el cuerpo de la mujer a su antojo.

-¡Blude buscar hallar forma quitar Sapo Gran cosa ya!

Mara gruñó y trató de agarrar las manos del hombre en un intento de unir fuerzas de nuevo para controlar al barro....en lugar de eso su puño libre se estrelló contundentemente contra la mandíbula del icario.

El apenas retrocedió un paso, despertando de nuevo la admiración en Mara, y enseguida regresó contra ella. En esta ocasión el barro quiso atacar con el mazo que aun sostenía en su mano a pesar del horrible dolor que sentía en ella. El icario paró el golpe agarrandola de nuevo, y aunque sus manos resvalaron hasta llegar a los codos de Mara, pudo sujetarla lo suficiente como para empujarla de regreso al fangoso lago.

De nuevo unían fuerzas para controlar los brazos.... pero las piernas de la orca seguían libres y una de ellas asestó un rodillazo justo en la zona solo cubierta por el taparrabos.

Mara gruñó con impotencia, tratando de recuperar el control de sus piernas. No lo conseguiría, sabía que no lo conseguiría. Sus ojos se clavaron en los del icario.

-Rompe.- gruñó forzando al máximo su memoria en busca de palabras que le sirvieran para expresar lo que quería- Mara, aplasta. Rompe. Protejer Blaudy.

¿Servirían esas palabras para que el comprendiera? Si no era así, el lenguaje corporal de Mara no dejaría lugar a dudas.

La orca echó hacia atras la cabeza, vulnerando su yugular tal como hacen los perros al rendirse.... y al hacerlo, sin saberlo dejó al descubierto el ojo que el silfo había descubierto antes sobresaliendo del barro.
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