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 ¡Atrapados!

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Warren Hemingway

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MensajeTema: ¡Atrapados!   Mar Oct 05, 2010 9:46 pm

Warren abrió los ojos lentamente, molesto. Sentía un dolor punzante en la nuca, y en la boca tenía un desagradable regusto a sangre. Intentó mover la mano derecha, pero estaba encadenada a la pared con unos gruesos grilletes que le impidieron realizar ningún movimiento. Con un movimiento de cabeza, constató que su mano izquierda también estaba encadenada, así cómo sus pies. Estaba, de hecho, completamente anclado a una pared rocosa y húmeda, en la que una gota caía de vez en cuando sobre su cabeza, molestándole terriblemente. Se encontraba en una caverna natural, de suelo arenoso. Las únicas fuentes de luz eran una antorcha que se encontraba al otro lado de la puerta enrejada y un fino haz de luz que penetraba en la gruta a través de una pequeña grieta, yendo a caer en el centro de aquel habitáculo.

El cerebro del gigantesco orco funcionaba con mas lentitud de la habitual, debido en parte al dolor que sentía en la cabeza, y a la molestísima gotita que caía con una regularidad terriblemente irritante. Tensó repentinamente los poderosos músculos de sus brazos, haciendo que unas enormes venas se resaltaran como cabos de barco en su cuello, pero todo intento fue inútil. Volvió a intentarlo, mientras gritaba con toda la fuerza de sus pulmones de orco.

-¡AAAAAAARGH!

Tras varios intentos futiles, con sus correspondientes gritos, Warren dejó caer la cabeza, exhausto. En ese momento se fijó que en aquella caverna había tres bultos tirados por ahí y cubiertos con una manta. El orco se pasó varios minutos mirándolos fijamente hasta caer en la cuenta de que eran otras personas. Unos cuantos minutos de dificultoso y lento pensamiento le ayudaron a llegar a la conclusión de que las personas que yacían bajo aquellos bultos podrían sacarle de allí. Su gran cara se deformó con una sonrisa llena de dientes torcidos, convencido de que había tenido una idea brillante.

-¡EH! ¡LOS DE LAS MANTAS! ¡DESPERTAD!- la gota cayendo sobre su cabeza estaba comenzando a crispar los nervios del orco.- ¡LEVANTAD LOS CULOS Y QUITADME ESTO!

___________________________________________
OFF: Bueno, primero de todo, lamento la brevedad, pero mi tiempo es, ¡ay! por desgracia, limitado. [Que ay tan barroco XD] En fin, estais atrapados en la misma cueva que el orco, con un trerrible dolor de cabeza. No hay ningún orden establecido, y como confío en vosotros, cuando posteemos todos, escribiré el siguiente post. Podeis (es más, debeis) añadir a la partida cualquier detalle que considereis que la hará mas interesante.
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Cyrine Carlier



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MensajeTema: Re: ¡Atrapados!   Miér Oct 06, 2010 5:47 am

Todo había transcurrido de una forma muy inesperada, realmente tenía fe de que mi viaje se efectuaría sin contratiempos mas no resultó así. Envuelta en cálidas pieles montada sobre Azul espoleando sus riendas para que avanzara más rápido me vi envuelta de un momento a otro en una inopinada escaramuza entre bandidos, por supuesto decidí retroceder para no terminar expuesta en semejante pelea, hice girar a mi corcel y cabalgué en dirección contraria a la mayor velocidad que mis habilidades en equitación me permitían sin embargo uno de los sujetos me había visto y de un momento a otro ambos grupos que antes discutían se aliaron para ir tras de mi.
Mi corazón palpitaba frenético y los nervios se crisparon de tal manera que todo a mi alrededor giraba incansablemente, sentí sus gritos cada vez más cerca y le rece a Fraxis para evitar que me encontrarán, el viento gélido chocaba contra mi rostro ligeramente tapado donde mi nariz helada había tomado un color rojo profundo y mis manos enguantadas que sostenían agitados las riendas del caballo se presentaban fríos provocando que me dificultara articular los dedos, por lo demás estaba bien abrigada y las provisiones estaban bien sujetas en Azul.

Una ligera ventisca de nieve sacudió mis blondos cabellos y empapó mi cara, pero lo peor de todo es que aquella cortina neblinosa me impedía visualizar lo que había más adelante, entrecerré los ojos como si eso me ayudara a ver mejor y lamenté mi insistencia por conocer la nieve.

Drasnia, tierra de los hielos eternos había provocado en mi una profunda admiración desde pequeña, recuerdo que cuando era tan solo una niña insistía incontables veces a mi padre para que me llevase a conocer la nieve pero él, con tanta o mayor tozudez que la mía se imponía fervientemente a mis deseos y de nada sirvieron mis berrinches y mis amenazas de escape que solo me ganaron días de castigo en mi torre. Suspiré y supuse que mi padre debió estar en lo cierto aunque a decir verdad el paisaje me parecía sublime, las altas cordilleras que desgarraban el cielo con sus puntas, la niebla intensa que cubría sus puntas junto con el brillante hielo que se adueñaba de todo... Mi respiración se contenía en mis pulmones y mis ojos se distendían de la emoción con tan solo presenciar aquellos paisajes.

Pero ahora todo aquel respeto que mostré al principio hacia la belleza excelsa de Drasnia me parecía ridícula, la nieve había borrado todas mis huellas y tapó los árboles de tal manera que me confundí de camino y terminé completamente desorientada, perdida en medio de la nieve y siendo perseguida por un grupo de bandidos, traficantes seguramente, donde mi vida corría peligro, ¿cómo encontrar hermoso un lugar así?, sumando además de que tardíamente me enteré de que estas zonas deshabitadas eran ideales para el asentamiento de guaridas de bandidos y traficantes, maldije por lo bajo mi mala suerte y mi imprudente curiosidad mientras mi caballo se internaba por el sendero albo.

Fue entonces que los gritos se dejaron de escuchar y mi pulso se comenzó a calmar, aliviada entonces curvé una amplia sonrisa orgullosa de mi logro personal, pero, como la mala suerte estaba empeñada en hacerme el viaje imposible mi escape se vio interrumpido por un riesgo natural, un despeñadero nos esperaba más adelante y mi caballo para evitar una inminente caída hacia la muerte se detuvo quedando de dos patas provocando que yo cayera de espaldas contra la nieve y perdiera el conocimiento...

Sentía el dolor recorrer todo mi cuerpo pero concentrarse en punzadas sobre mi cabeza, adormilada como estaba me intenté convencer de que todo resultó parte de una pesadilla pero un estallido ensordecedor proveniente de la boca de un gigantesco orco me hizo levantarme de golpe haciendo que una profunda jaqueca me clavara el cerebro y me hiciera cerrar los ojos levemente, luego de aquello mi vista se distendió del terror ante la gran criatura y sin saber que mas hacer me puse a chillar como demente.

-¡No, no me coma! No he hecho nada!-Exclamé retrocediendo a gatas y mirando a mi alrededor, asustada al no saber donde estaba ni que era esa criatura me encogí en mi misma y apoyando la cabeza sobre mis rodillas me puse a llorar.

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Arys

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MensajeTema: Re: ¡Atrapados!   Jue Oct 07, 2010 7:56 pm

Drasnia, paraje de cordilleras, donde el frío era casi siempre presente, hoy brillaba casi con luz propia. La primavera había llegado, y el deshielo se hacía mas y mas evidente a medida que el astro rey iba ganando altura en la bóveda celeste. Pequeños arroyos corrían aquí y allá, como serpientes en perpetua huida, y se iban juntando y trenzando para ir formando corrientes y riachuelos, que llevarían agua limpia y fresca a las tierras mas bajas.
En ese enorme paraje, blanco, verde, azul y gris, deambulaba un pequeño punto azulado. A primera vista parecía no tener rumbo, y si el observador se acercase, podría ver que ese punto era una joven veinteañera que caminaba sorteando las zonas anegadas por el deshielo, entre desorientada y encantada a partes iguales.

La chica, de nombre Arys, que desde unos meses vagaba perdida por el mundo, había llegado a aquel precioso paraje casi por casualidad, y había permanecido en el por que, ya por suerte o por azar, las tormentas parecían haber dado tregua a la zona por unos dias, haciendo que la muchacha se confiase, creyendo aquel lugar tranquilo y bueno para pasar un tiempo, nada mas lejos de la realidad.
Tras unas horas en las que no pasó gran cosa, salvo un intento frustrado de atrapar un conejo para comer, y los gritos de frustración que vinieron despues, Arys se sentó a descansar, en un peñasco en el cual se estrellaba un arroyuelo, creando ese ruido de agua entre rocas que a tantos nos gusta.

Casi por arte de magia, el cielo comenzó a cubrirse de una capa de nubes negras como la noche, y la temperatura bajó casi de golpe cuando la tierra dejó de recibir el poco calor que el sol proporcionaba a esas horas. Tiritando de frío, la muchacha buscó un refugio durante los pocos minutos que quedaban antes de que el viento comenzase a soplar, y las nubes comenzasen a soltar pequeños puñados de nieve, que fueron aumentando en intensidad hasta formar una ventisca que habría puesto en apuros hasta al montaraz mas experimentado.
Arys apenas duró unos minutos antes de que su cuerpo se desmayase, afectado por la hipotermia...

Abrió los ojos, y la oscuridad la rodeaba. Por su mente cruzaron muchas cosas a la vez. Montañas, nubes, nieve, frío... oscuridad....
Se incorporó de golpe, levantando la manta en la que estaba, y miró alrededor. La antorcha que mas tarde habría visto el orco al despertar aún no había sido encendida, y la tenue luz que se colaba por la grieta del techo no fué suficiente para desperezar a la muchacha, ni tampoco para visualizar lo que había en la cueva, de modo que se volvió a acostar, arrebujada en su manta, temblando de alivio al sentir el suave y cálido contacto de la manta. No tardó mucho en volverse a quedar dormida.

Un rato después, Arys volvió a levantarse, sobresaltada y con el corazón desbocado. Miró a todos lados, achinando los ojos cuando la luz entró a raudales por sus pupilas, y permaneció con la mano haciéndole de visera un buen rato, hasta que su mente comenzó a funcionar de nuevo.
Unos gritos la habían despertado. Unos gritos que provenían de un enorme orco que estaba encadenado a la pared. La chica no se percató de este detalle, y retrocedió asustada en dirección contraria a donde estaba el orco, hasta que su espalda hizo contacto con la pétrea pared de la estancia, y cerró los ojos como si esperase una paliza inminente

¡No me hagas daño por favor!

... pasaron los segundos y ninguna mano la agarró. Arys se atrevió a abrir los ojos, y entonces si se dió cuenta de que estaba encadenado. Una sonrisa maliciosa adornó su rostro mientras miraba a el maloliente ser, pero fué sustituida por un gesto de desconcierto mientras miraba por la cueva. Vió una chica, que igual que ella, también había gritado y retrocedido, y estaba llorando. Se levantó, pero las piernas le fallaron y tuvo que volver a sentarse.
Con pulso tembloroso, se acercó a gatas hacia la chica, y la abrazó por los hombros mientras la susurraba en el tono mas dulce y melodioso del que era capaz, buscando tranquilizarla

No llores... mírale de nuevo... está encadenado, no nos puede hacer nada...
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Deslidya De Lecter

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MensajeTema: Re: ¡Atrapados!   Vie Oct 08, 2010 5:26 am

Los Montes helados de Drasnia… ah, pero que hermoso lugar, la vegetación, la fauna que me rodeaba , incluso el clima que oscilaba entre deseantes brisas por el inicio de la primavera. Pero… que recuerdos me traía ese lugar en invierno, tan frío, tan hostil, ¡Si! Definitivamente me recordaba a mi hogar, mi verdadero hogar, aquellos montes donde solía correr libre, sin que nadie me persiguiese, sin preocuparme de nada… sin cazar absolutamente nada… simplemente Drasnia parecía ser mi hogar, sinceramente no dudaba en que lo fuera, después de todo mi mente no recordaba gran cosa después del “Gran holocausto” de nuestra tribu sin nombre.

Llevaba ya algún tiempo en los Montes Helados, me había establecido ahí siguiendo a una persona, sin embargo había perdido mi interés en esta para “enamorarme” del entorno de la ciudad decidiéndome a hospedarme ahí por algún tiempo. Un humilde y viejo hospedaje me había servido para instalarme en un principio, pero tanto me había gustado que ya no constaba de dinero para pagar dicho hospedaje, así qué… bueno eso no importa ahora…

Cierto día en el que salía a curiosear por los alrededores, una lluvia me atrapo en el camino, vaya… yo debía tener cuidado con ese tipo de situaciones, sabría que enfermaría la noche siguiente si no me cuidaba, había buscado en las herbolarias cierto tipo de plantas para usarlas como antibióticos pero, esa vez me parecía que había actuado algo ya tarde y además como siempre, nunca me percataba de las molestias…

Una noche después de esa, volvía a salir como si nada hubiese pasado, me sentía bien, si, salvo que mi voz era algo mormada y roncosa, desagradable para mi gusto, pues era soberbia con mi propia voz. Obviamente tal hecho había sido un error. El clima no parecía verse afectado, no hasta que divise una enorme y nubosa torrente avanzar por la bóveda celeste. No inmute ante ella, cabalgaba en una yegua que había tomado de los establos, bajé de ella y la alé hasta un pequeño refugio esperaba a que la lluvia pasara pero, eso no parecía ser una lluvia sencilla y pasajera, en un momento a otro me vi completamente empapada, estaba enferma, lo sabía y en un síndrome gripal el segundo día es el peor de todos… Volteé a otros lados la cabeza intentando encontrar un lugar donde pudiese refugiarme, pero nada, simplemente no veía nada, la lluvia se hacía a segundos un torrente de helada ventisca mortal, no me había percatado de que la yegua había marchado al menos ella estaría bien.

En un momento empecé a desvariar la mirada irrelevantemente, estaba “delirando” de alguna manera, llevaba mis manos a la frente, en efecto, tenía fiebre y una muy alta seguramente. Debía buscar otro lugar donde refugiarme de esa ventisca, ni mis habilidades, ni mis pertenencias me servirían en ese momento, todo dependía del clima y si encontraba o no un techo.

Divisé después de unos cuantos pasos una especie de cueva, me introduje en ella sin más dudas en mi cabeza con la sierra atada a mi espalda… Justo en el momento en el que había dado dos pasos para adentrarme una súbita visión múltiple se me hizo presente, solo recuerdo haber visto el deslizante movimiento del entorno y no más…
Todo parecía haber pasado en tan poco tiempo. Insistentes vocecillas se hacían presentes entre sueños dentro de mi cabeza, sentía el calor de algo encima de mi una cálida manta me cubría. Comencé a escuchar las voces más cercanas, cada vez más despierta, parpadeé consecutivamente varias veces hasta sacudir la cabeza, la fiebre ya no me afectaba sin embargo no tenía ni la más mínima idea de donde me encontraba. Al girar la cabeza observe a dos muchachitas gritar alcé un poco más el rostro y observe ante mis ojos la figura de un tosco y enorme orco.. sin duda, mucha carne diría yo… Las chiquillas asustadas lloraban ante la presencia de tan intimidante ser, hasta el momento en el que se percataron, el orco estaba encadenado, me incorporé sin alteración alguna y dirigí amablemente la palabra.


-Disculpen… - volteé a ver a la criatura esbozando una ligera sonrisa… -No os habéis atrapado ustedes ¿Cierto?- esperé la respuesta -¿Sabéis en donde nos encontramos?-

Mantenía ante todo la postura, simplemente ignoraba todo de todo y de todos…

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Warren Hemingway

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MensajeTema: Re: ¡Atrapados!   Sáb Oct 09, 2010 9:28 pm

Warren resopló molesto ante los gritos de las dos primeras chicas que se despertaron, y disgustado cuando vio que la tercera manta guardaba también una mujer. El enorme orco, esperaba que bajo aquellas bastas telas se encontraran imponentes guerreros o poderosos magos, pero tan sólo había tres frágiles mujercitas… Tres mujeres que probablemente fueran inútiles para cualquier cosa que pudiera servir para sacarle de allí. Resopló de nuevo, esparciendo una lluvia de babas apestosas por toda la habitación. Su ira iba en aumento, cada vez se estaba cabreando más, y le costaba enlazar sus pensamientos sin intercalar el sonido de huesos de mujer quebrándose y gritos de agonía entre ellos.

Cuando estaba a punto de ponerse a grita todos sus pensamientos inconexos, que probablemente harían que las dos primeras chicas que se levantaron envejecieran cincuenta años, la última mujer en despertar habló, calmada y serenamente, haciendo que la colmilluda y babosa boca del orco se cerrara y sus ojos se achinaran, adoptando una actitud más respetuosa. Al menos había alguien con espíritu de guerrero. Quizás esa mujer sirviera de algo, al fin y al cabo.

Con este pensamiento en mente, el pequeño cerebro verde de Warren se puso a trabajar dificultosamente. Estaba seguro de que si se soltaba de esos grilletes conseguiría arrancar de sus goznes la puerta enrejada que se encontraba frente a él y que estaba deseando destrozar desde hacía un rato. ¿Pero cómo demonios lograría soltarse de esas estúpidas cadenas? Ninguna de sus compañeras de celda parecía suficientemente fuerte como para liberarle. Quizás sabían de ganzúas, o eran hechiceras… El orco no pudo evitar reírse ante ese pensamiento, una mujer hechicera…

-¡VOSOTRAS! ¡ROSADAS! QUITADME ESTAS COSAS DE LAS MANOS. NO OS HARÉ DAÑO- dijo Warren, para añadir en voz baja.- POR AHORA…

La última frase, pronunciada en una voz apenas audible para el orco, llegó perfectamente a los oídos de las mujeres. Esto, combinado con la sonrisa maliciosa que cubría el rostro de aquel gigante verde, cuya inteligencia no era suficientemente alta como para disimular su malvada alegría ante lo que él creía que era una idea brillante, no hacía que fuera demasiado fácil confiar en sus palabras.

Una vez que las tres humanas se despojaron de las mantas que las cubrían, comenzaron a notar el frío de la cueva. El rayo de sol que entraba por la pequeña abertura era una luz fría y mortecina, que venía acompañada de ráfagas de viento que hacían que se les erizara la piel. Quizás la situación no fuera tan incómoda de no ser por la humedad de la caverna, que se pegaba a su piel creando una sensación de lo más desagradable, más aún teniendo una antorcha calentita casi al alcance de la mano y siendo imposible cogerla. Si se afinaba el oído, se podían oír voces en la caverna, voces humanas, a veces cabreadas, a veces joviales, pero humanas por lo menos. Al cabo de un rato, un delicioso olor a carne asada llegó a la prisión.
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Cyrine Carlier



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MensajeTema: Re: ¡Atrapados!   Jue Oct 14, 2010 2:27 am

Aguardé temblando, encogida sobre mi misma por el terror que me suscitaba aquel horrible y gigantesco orco, temía que se lanzara sobre mi y me despedazara con sus enormes y robustas manos. Fue entonces que mis oídos captaron otras voces, más agudas y claras pero aún envuelta en mi manta de cobardía no me dispuse a alzar la mirada para ver de quienes se trataban, no mientras aquel orco siguiera frente a mí con su amenazante y hostil rugido, además estaba muy confundida, ¿donde se suponía que me encontraba?, si mal no recuerdo... antes de llegar aquí... estaba cabalgando sobre Azul y terminé perdiendo el control de las riendas para caer de espaldas sobre la nieve... Entonces me invadió una profunda oscuridad... y frío, mucho frío... Y luego nada más, por más que forzaba la memoria no lograba averiguar nada, esta situación comenzaba a desesperarme, estaba no sólo preocupada por mí si no también por mi corcel Azul, ¿qué sería de él?

Fue entonces que mis cavilaciones se vieron interrumpidas al sentir un ligero peso sobre mis hombros y con el corazón palpitando como un tren me sobresalté y alcé la vista imaginando que se trataba del monstruo verde... pero no, era una muchachita mas o menos de mi edad que trataba de calmar mis llantos. Entre sollozos levanté la cabeza y la mire por un rato para luego girar el rosto en dirección al orco.
En efecto, él estaba encadenado y poco o nada podía hacer contra nosotras.
Un profundo suspiro se escapó de mis labios y secándome de inmediato las lágrimas con un pañuelo blanco de bordes dorados que guardaba en mi bolsillo observé en silencio a mi alrededor con los nervios más sosegados.

Noté que había otra mujer encarcelada junto a nosotros, mi primera impresión fue que era... extraña, sí, su apariencia era de lo más inusual al igual que su tono de piel, la miré con cierta desconfianza y recelo. Aunque no iba a negar que su apariencia exótica me causaba cierta fascinación y la fuerza de la curiosidad me empujaba a saber más de ella, ¿sería humana? ¿De donde vendría? Y... ¿por qué adornaba su cabeza con un hueso? ¿Era alguna nueva moda acaso? y si así fuera... ¿¡Cómo era posible que no estuviera enterada!?

Sacudí la cabeza ante esa absurda idea negando a la vez la pregunta proferida por la desconocida.
-No, no tengo la menor idea... todo esto es muy extraño, no me gusta en lo absoluto-Musité por primera vez sin dejar de mirar a mi alrededor, vi las mantas que anteriormente me cubrían y arrugué el ceño ante lo sucia que estaban, sumando además que el asqueroso hedor que sobresalía de la boca del orco invadió toda la estancia. Hacía frío y había mucha humedad y la luz exterior sólo servía para iluminar, el único foco de calor era aquella antorcha. Me puse de pie entonces y comencé a dar pequeños saltos extendiendo la mano para cogerla pero fue inútil, ¡si tan solo fuera más alta!, maldije suspirando.

El orco volvió a gritar haciendo que trastabillara hacia atrás, entrecerré los ojos recordando que estaba encadenado, y obviamente prefería que siguiera así. Pero al mirar la puerta enrejada que nos separaban del exterior supuse que su fuerza sería lo único que nos permitiría salir de aquí.

-Sólo si nos ayudas a salir de aquí, esa será la condición para tu libertad-Dijo mirando al orco ahora con voz clara y calmada, luego miró a las demás de reojo y le sonrío a la hechicera la cual le había causado a la primera una buena impresión.
-Y ya que vamos a trabajar juntos sugiero que nos presentemos, me llamo Cyrine Carlier y vengo de la parte alta de Khardam... y... -Pero mi voz de pronto se cortó, por voluntad propia, para dejar escuchar unas voces que venían del exterior, me acerqué la puerta enrejada para escuchar mejor y no pude evitar arrugar la nariz ante el olor a comida, me llevé una mano al estomago y recordé que tenía hambre.

-Es probable que ellos nos puedan sacar de aquí-Murmuré con una sonrisa triunfal, tal vez todo había resultado un malentendido y nos habían encarcelado por una confusión, probablemente el orco si fuera el culpable y quizá también la chica de apariencia exótica, pero yo y la otra muchachita de seguro eramos inocentes.de ... ¡de lo que sea que se nos culpara! ¡qué más daba!, aunque también cabía la posibilidad de que fueran traficantes de esclavos, en ese caso estábamos más que perdidos. Así que le recé a Fraxis esperando equivocarme en lo último.

-¡Hey! ¡Aquí! ¡Estamos atrapados! ¡sáquenos de aquí por favor! ¡Ayuda!-Exclamé dirigiendo la voz hacia el exterior, si cabía la posibilidad de salir de aquella cueva sin tener que correr el riesgo de liberar al orco ¿cómo no aprovechar esa oportunidad?.

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Arys

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MensajeTema: Re: ¡Atrapados!   Miér Oct 20, 2010 5:59 pm

Arys torció el rostro cuando vió a la tercera mujer de la cueva, incapaz de disimular la repulsión que le inspiraba. Quizás eran sus extraños ropajes, su cabello peinado de forma extraña, o el siniestro collar de dientes de una criatura que la muchacha no llegó a determinar.
Era su piel. Ese tono tan oscuro inspiraba una mezcla de asco, temor y curiosidad a la niña. ¿Que le había pasado? ¿Se habría quemado o algo así? ¿O acaso no sería humana?
Negó con la cabeza al oir su pregunta, y sonrió sarcásticamente

Dudo que estemos en un refugio montañés...

Luego se volvió hacia la otra chica, la que era mas o menos de su edad, y alzó las cejas al verla saltando para atrapar la antorcha. No pudo evitar encontrarlo cómico, aunque sabía que ella tampoco alcanzaría a coger la antorcha... es mas, la otra chica era algo mas alta que ella, y Arys respiró algo resignada al comprobarlo.
Entonces el orco volvió a gritar, y la chica dió un brinco, algo asustada. Le escuchó vocear algo incomprensible, y luego en tono normal terminar su amenaza. Estupefacta, pudo comprobar como se quedaba mirándolas, como si solo esas cadenas le frenasen de hacerlas pedazos. Se mordió el labio al comprobar que la otra chica le decía que las iba a ayudar

Creo que sería mejor dejarle ahi... solo mírale... -se aproximó a Cyrine, que era como había dicho la chica que se llamaba, y susurró para que nadie mas pudiese oirla- Estos dos me dan muy mala espina... -Luego se aclaró la voz para que los otros dos la escuchasen- Mi nombre es Arys...

Iba a decirle al orco que se podía pudrir ahí encadenado cuando escuchó voces retumbando por la entrada a la estancia, y el inconfundible aroma de la carne tostándose a fuego de hoguera hizo que a la chica se le hiciese la boca agua. Se giró y se dirigió junto a Cyrine, pero un escalofrío la hizo detenerse.
Se dirigió de nuevo a la manta, y se cubrió con ella como si fuese una capa. Un ligero quejido se escapó de sus labios cuando notó que el calor había abandonado la prenda, de modo que dobló las rodillas y se quedó reducida a un tembloroso ovillo que ansiaba entrar en calor
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Deslidya De Lecter

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MensajeTema: Re: ¡Atrapados!   Jue Oct 21, 2010 6:57 am

La bestia encadenada seguía bramando, ahora exigía que le sacaran de ahí, entre tanto una de las chicas se había presentado, a Deslidya le había parecido simpática, si, tenía el cabello dorado y una cara muy tierna que a sus pensamientos era… ¿Sublime y suculenta? Sin embargo no la conocía el gusto era solo “gráfico”…

Apenas apunto de acercarse al orco la mujer de piel oscura escuchó la vocecita de la primer chica, quien respondía a la pregunta que antes había formulado, la rubia joven se presentaba tímidamente, “Cyrine” era su nombre, sin duda alguna un nombre suave a comparación del de la discreta caníbal. La joven le observaba de una forma curiosa, Deslidya sintiose casi “diva” ante aquella mirada instante en el que se torno algo soberbia y elegante.


-Un gusto… Cyrine, Deslidya De Lecter- Citó de una manera amable y sonriente.

La segunda chica la había observado de una forma aun más graciosa que la primera, Deslidya esbozó una satírica sonrisa al observarla para después mirar soslayadamente al orco, giró su cabeza el mostrándole una insinuante mirada.


-Dice que si lo soltamos… nos sacará de aquí ¿Cierto?-

Pronunció en un tono severo sin embargo se notaba un poco de sarcasmo en ella y claro esta, esa elegancia y amaneramiento que tenía al hablar. Había prestado atención a su última frase, acercose lentamente a la enorme criatura a una distancia moderada pero retadora mientras le sonreía mostrando la blanca y alargada dentadura de una manera insinuante a la vez que le dirigía una profunda y brillante mirada, sus ojos verdes brillaban demasiado ante el ambiente del lugar, esperando la respuesta del orco. El ambiente del lugar no le causaba tanta repugnancia, antes ya había estado en… “peores situaciones”…

Había observado como Cyrine se acercaba a la puerta, mientras prestaba atención a la respuesta de la segunda humana, le había parecido muy gracioso, demasiado, el hecho de contestarle tan “sarcásticamente”, se limito a reír nulamente mientras observaba a ambas jovencitas mas aun cuando la mencionada Cyrine daba esos saltitos, sabía que era más baja que ella, por lo que no se inmutó en intentar coger la antorcha, ambas chicas no parecían tener más de unos veinte años, pensaba Deslidya. Ante el silencio el olor de la carne cocinarse se le vino a la nariz, elevó un poco cara para olfatear el ambiente, hizo una mueca de asco.


-Que asco de carne… -

Miró a las chicas, algo dubitativa cuando la segunda se acerco a Cyrine, notó que hablaba a su oído sin embargo ignoró por un momento la acción prestando atención a las voces que se escuchaban del otro lado de la puerta, elevó una ceja un tanto soberbia y observó de nuevo al orco.

-Si logro quitarle esas cadenas… - Esbozó de nuevo esa extraña sonrisa para hacer una pausa. – Lleguemos a un acuerdo… -

Finalmente se acercó mucho más a la criatura sin presentar seña alguna de terror o sorpresa, ni el aliento de la “bestia” ni su saliva (no era la saliva de un bebé pensaba) le causaban reacción alguna, simplemente esa blanca y alargada dentadura asomándose por sus labios.

-Usted no nos hará nada… y yo prometo lo mismo…-
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MensajeTema: Re: ¡Atrapados!   

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