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 Rhapsody in Blue

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Azul

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MensajeTema: Rhapsody in Blue   Sáb Oct 30, 2010 12:07 am

La niebla fría se elevaba del prado, y finas nubes habían llegado del oeste para cubrir el cielo frío. No había sombras, y el suelo congelado era duro como el hierro. El invierno estaba cerrándose de manera inexorable sobre las estepas Algarianas

Las huestes de la federación de aldeas unidas formadas por cientos guerreros ataviados con acero y cuero, se alejaban de Pudel Pointer, luego de haber instalado durante varios días estaban buscando a Torgana, y al no encontrarla decidieron ir a otra ciudad a buscarla

Yo desde mi caballo en la punta de los cerros los vi alejarse, se que no han buscado bien, pese a que se que ellos podrían haberla detenido, me alegra que se hayan ido, en primer lugar porque ellos también me estaban buscando, yo estaba entre las tropas de Torgana aquella noche de la gran batalla aquella noche, algunos de ellos podrían identificarme y empalarme

y en segundo lugar porque la venganza es solo mia

Mi instinto me dijo que no buscaron bien, por alguna razón se que ella esta ahí en algún lugar de esa ciudad, se que mi sire esta ahí y que las tropas no buscaron bien, ella esta ahí
Y la voy a encontrar, se que ella sabe que nado por aquí, y dudo mucho que sea una preocupación para ella, la ultima vez me dejo muy en claro que su poder es mas grande que el mío, así que tendré que ser mas inteligente

Mi caballo relincho en tono bajo como si temiera profanar la paz que nos rodeaba, la caravana de soldados se retiraba en silencio una vez marchado baje a la ciudad, sabiendo que mi prepotente sire y sus arrebatadoras curvas andarían ahí

Pudel pointer

¿Que puedo decir de esta prostituta cuarentona con dientes de oro? Una ciudad amurallada , vieja gris por las calles empedradas. Todos los edificios eran iguales y poseían una especie de altivez y retraimiento, pagados de sí mismos. Las calles estaban llenas de basuras y suciedad. Las facciones de la gente que pasaba apresurada por las calles eran severas y poco amistosas. Asi son los lugares donde se tiene a un dios tan severo y exigente como lo es el dinero

Llegue a la taberna “Cuatro cadenas”, escuche que había una subasta de esclavos, como tenia dinero suficiente, quise comprar una, no tenia el poder para hacerme un ghouls pero por lo menos si podria comprar a alguien que me ayudara en mi cruzada

Cuatro Cadenas era una taberna sórdida situada entre dos almacenes. Wera un establecimiento era conocido por sus peleas, su paga barato y sus calientes esclavas que servian desnudas y encadenadas. Cada argolla de los tobillos y de las muñecas tenía dos grapas. Las argollas en las muñecas de las mujeres estaban unidas entre ellas por medio metro de cadenas y lo mismo sus pantorrillas. Además, la muñeca izquierda de cada hembra estaba unida a su tobillo izquierdo. Esta combinación, preciosa en un esclava, era las “cuatro cadenas” de donde el local había tomado su nombre.

Me senté en una barra alejada de la tarima donde se subían los esclavos que eran subastados

El subastador conocido como “el agradable y pequeño Ben” no era ni lo primero ni lo segundo, era grande y corpulento y distaba mucho de parecer agradable. El tipo vestía el blanco y dorado de los mercaderes . Un mercader no llevaría esa vestidura si no estuviera legitimado para ello

Ben ¿He oido una puja de cuarenta coronas?.

Dijo el subastador, al exponer una rubia bárbara de muy buen ver, la verdad es que aunque no me servia para mis objetivos estaba muy bien y a muy buen precio, pero solo tenia quince coronas para el esclavo y veinte escudos de bronce para los posibles gastos personales, aunque desde luego un vampiro tiene pocas necesidades mas alla de la sangre, pero si ocupa dinero para guardar las apariencias

Ben: Cerraré mi mano....

*/*/*/*/*///**/

Off de momento la partida es libre puedes hacer l oque quieras e ir a donde quieras, todavía no hay historia ni nada definido Wink
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Torgana

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MensajeTema: Re: Rhapsody in Blue   Sáb Oct 30, 2010 5:40 pm

La noche finalmente había caído, la inclemencia del invierno hacía que el cenit del día llegase antes, alargando así mi estadía entre los vivos. Malditos vivos que habían echo que mi imperio cayese bajo los abrazadores látigos del sol. Había sido una masacre, tantos años comandando un loable ejercito de Templarios, conquistando territorios y haciéndome con los hombres más fuertes de cada pueblo para mis filas para que al final, los bárbaros humanos se uniesen para hacernos frente. Yo, que me jacto de conocer las tácticas más raras de la guerra jamás hubiera pensado que tal suceso llegase a acontecer.

Todo el poder acumulado a lo largo de esos años había sucumbido en un instante.

A duras penas pude escapar, por suerte era conocedora de los pasadizos subterráneos, pues me entregaron el plano junto con la comandancia, pero debía guardar el secreto, los palacios y cuarteles generales de los Dragones eran una intrincada galería secreta, había zonas a donde ni siquiera yo tenía acceso o sabía como entrar. Nunca rechisté, sabía que llegado el momento, cuando la gloria cayese sobre mi casa, se me darían los privilegios que me había ganado.

Me había ocultado durante días en las catacumbas, subsistiendo de los animales carroñeros que ahí abajo habitaban, pues sabía que los humanos me buscaban, ellos me habían visto muchas veces mandando a mis hombres, la mujer de rubios cabellos que lanzaba ordenes a la espera de ser obedecida, debía aguardar hasta que pensaran que había huido.

A partir de ahí cuando me cercioré de que habían cejado de mi búsqueda en la fortaleza, salí de mi escondite. Solo había una forma de que no me encontraran y era siguiéndolos. Si caminaba tras sus pasos, era imposible que me hallaran donde quisiera que fueran a buscar y me cercioraba cierta tranquilidad.

Así fue como llegué a Pudel Pointer. Pasaron varios días buscando por ahí, pues sin duda había un sin fin de lugares en donde esconderse.

Las calles no distaban unas de otras, las construcciones de madera y barro estaban iluminadas por la llama de las farolas que los serenos se dedicaban a encender, estos, ampliaban su jornada abriendo las puertas a aquellos lo suficientemente acaudalados que se podían permitir tal servicio y además daban la voz de alarma en el caso de que un ataque llegase repentinamente a la ciudad de forma que la guardia estuviese pronto dispuesta para repelerla.

Probablemente, ese era el motivo por el cual no me había decidido a atacarla cuando podía y a lo que daba las gracias en ese momento ya que no me reconocerían como la vampiresa furtiva.

Esto también me facilitó encontrar una víctima. Un joven muchacho que no llegaba a la treintena, de aspecto fuerte y rostro tranquilo y apacible, sin duda dedicado a la agricultura. Era perfecto. Necesitaba reconstruir mi ejercito y él era el candidato ideal.

No dudé en incitarlo a que me llevase a un lugar donde pudiéramos encontrarnos a solas. Consideró y consideró bien que no era mujer a la que llevar a su propia casa si es que aquel hombre era de esa ciudad, por lo que eligió una sórdida taberna llamada “Cuatro Cadenas”.

El lugar, apestaba a alcohol, sudor, humo y sexo. Las mueres que atendían el establecimiento lo hacían completamente desnudas bajo la atenta mirada del dueño del local que ordenaba en un cajón los grilletes de hierro que ataban las muñecas y piernas de cada muchacha, lo cual, facilitaba a los clientes que de un tirón las recogiesen arrastrándolas hasta sus rodillas para hacer de ellas lo que gustasen.

El hombre, que se llamaba Tom, pidió una habitación y no tardamos en perdernos por las escaleras que daban al piso superior en busca de un poco de intimidad.

Sabía lo que tenía que hacer para tenerlo a mi merced. Si hubiera tenido tiempo, pudiera haber echo un tratamiento lento, con tiempo hubiera administrado la vitae e pequeñas dosis, lentamente para asegurarme su sumisión y lealtad. Pero no lo tenía así que debía ser más drástica. La fiabilidad no era segura, pero él parecía un dulce corderillo cuando mis manos lo desvistieron. No puso trabas a que yo tomase las riendas de la situación, simplemente se dejó hacer por mis expertas manos. Sabía como tratarlo, sabía lo que hacer en cada momento, cuando ser suave, tentándolo o cuando ser vigorosa, cuando ralentizar o aumentar el rito y así mismo supe cuanto Tom estaba al límite del clímax.

Entonces, mientras lo cabalgaba, acerqué mi mano a su muñeca y la mordí abriendo una goteante herida que aproximé a sus labios. Tom, que disfrutaba con los ojos cerrados, se debatió un tanto al sentir el viscoso liquido caer por su garganta.

- Sh... Sh... Sh... Relájate cariño, déjame hacer. Shhhh, Shhhh.- Mi otra mano que se apoyaba en su pecho ejerció presión hacia abajo para que no pudiera moverse y mis caderas aumentaron el ritmo provocando el orgasmo del joven que lo sintió triplicado por la ambrosía de mi sangre en su sistema.

Tan solo desmonté de mi vigorosa montura cuando me cercioré que su estado era comatoso. Me tendí a su lado y esperé aprovechando para alimentarme cuando él dormía.

Tardó en recuperarse y mientras la noche duró, mis envites persistieron. Eran necesarios tres momentos, tres veces debía beber mi sangre par asegurarme que sería mi ghoul y no perdería el tiempo. Tan solo unas horas antes del amanecer lo dejé descansar.

- Debes cuidarme Tom. Cuando el sol salga, tu también debes salir de la habitación y asegurarte de que nadie entre hasta que yo lo ordene. Si me obedeces, te aseguro que esta noche tan solo ha sido el principio.- Le dije mientras cerraba y atrancaba las contraventanas.

El lugar era seguro cuando me tendí en el lecho y finalmente me dormí

Desperté nuevamente con la salida de las lunas, tras vestirme y recoger mis cosas salí de la habitación. Tom esperaba obedientemente como le había indicado.

- Vamos, la noche es joven.

Y joven sería, tanto como los esclavos que se vendían abajo cuando comencé a descender por la escalera.

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Azul

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MensajeTema: Re: Rhapsody in Blue   Sáb Oct 30, 2010 8:43 pm

Uno de los tantos tabernero puso la cerveza con firmeza sobre la barra casi de mala gana, a todas luces se veía que no le agradaba mucho trabajar ahí, lo mire con desdén por debajo del ala de mi sombrero, y luego de darle un sorbo, me puse a ver a los otros esclavos alguno de ellos debía de estar muy maltratado e incluso sin marcar, haciendo que valiera menos esperaba conseguir algo por veinticinco coronas

Entonces, cumpliendo fielmente con la regla numero tres de tu sire, ella apareció, la regla dice nunca bajo ninguna circunstancias dejes de pensar en tu sire, porque cuando eso pase, justo en ese momento el aparecerá, y así era en este caso el era ella

Y se veía mejor que nunca, me odie a mi mismo por verla de esa manera pero así era, se veía arrebatadoramente femenina y sensual

Su cuerpo era como un oasis a los ojos de un sediento, arrogante se abría paso entre la gente

De alguna manera sospeche que ella vendría también aquí, Tara había catado apenas el poder, de tener toda una comarca bajo su dominio, como una minúscula gota de miel en la lengua, y les había sabido muy dulce. Así pues, su ansia de volver a formar sus ejércitos y que mejor manera empezando a comprar esclavos

Y ya se había adelantado a ello detrás de ella había un fornido campesino que la seguía como perrito faldero, descendiendo pro la escalera, rápidamente me baje el sombrero para que me cubriera parcialmente el rostro y me situé por debajo de la escalera, asomándome de reojo para ver como avanzaban

En tanto El pequeño y agradable Ben seguia ofreciendo sus esclavos Su semblante severo, compuesto en un perpetuo rictus de tirantez por culpa de los años de cólera y de avaricia

La sangre perversa atrae a gente perversa, El ghoul la seguía absorto en el movimiento de sus caderas, la rabia dentro de mi crecía, no podía soportal que aquella maldita aberración con cuerpo de mujer volviera a formar la orden templaría, no podía permitirlo, podría atacarlos por sorpresa, no tendría otra oportunidad como esta

Los afiladísimos bordes de mis propios dientes tiraban de mis labios ensangrentándolos un poco, ardía por dentro

No fui dueño de mi mismo, no supe ni lo que hice, apenas fui conciente cuando el acero salió de su vaina con un agudo sonido de metal contra metal, que armonizaba con el gemido penetrante e inhumano que salía de mi garganta
.
Descargué velozmente la espada. De un contundente tajo golpe el cuello de Tom casi cercenándole la cabeza, el joven callo mal herido el alboroto en la taberna no se hizo esperar... los gritos se oían mientras el joven caía, estaba seguro quue en cualquier momento Tara voltearía y vería como había herido a su Ghoul y ella seria la siguiente en caer

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Torgana

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MensajeTema: Re: Rhapsody in Blue   Miér Nov 03, 2010 4:16 pm

Y joven sería la noche, al menos para mí. Mientras bajaba las escaleras, de forma tranquila escuchando el tumulto que abajo se formaba, no podía más que creer en mi suerte, un ghoul a mi espalda y un futuro ejercito para comprar a mi frente, seleccionaría a los más hermosos, a los más fuertes y ya vería la forma en la que pagar al comerciante, ese sería otro asunto peliagudo, pues no disponía de monedas habiendo quedado su mayoría, mi flagrante tesoro en la fortaleza de la ciudad perdida.

El botín parecía interesante, en las tablas se mostraban como animales un montón de sujetos, pasé por alto a las esclavas, por alguna razón mis filas siempre estaban construida por hombres, generalmente el echo de que hubiera féminas entre las filas terminaba por ocasionar problemas, nosotros, los amantes de la noche, gélidos como estatuas respondíamos tanto y tan bien a los instintos carnales que era prácticamente imposible que un ejercito formado por los dos sexos terminasen por confraternizar creando vínculos erráticos que diese al traste con una estudiada táctica de ataque. Prefería que mis hombres diesen rienda suelta a sus instintos en el clamor de la batalla, o bien que hiciesen suyas a las aldeanas de los pueblos que dominábamos, al fin y al cabo, esos humanos eran poco más que ganado, si podían servir como alimento también como esclavas sexuales.

Había un par de sujetos que llamaron mi atención, el comerciante los había vestido tan solo con un taparrabos de tela blanca, para mostrar todos los atributos físicos que tenían, sus brazos, anchos y musculosos, así como sus piernas y su cuello, de hombros fuertes y mirada fiera, dignos guerreros, el problema de los hombres con ese fuego en la mirada era que solían ser difíciles de dominar, casi siempre se negaban a ser esclavos y reunían un odio visceral hacia aquellos que los habían apresado, claro que yo, a diferencia de los tratantes de hombres, les ofrecía algo completamente diferente, la inmortalidad, la oportunidad de vivir eternamente y alcanzar la gloria con una espada en la mano, podían saciar sus instintos y vengarse de aquellos que los habían separado de sus tierras y sus familias, a cambio, tan solo pedía lealtad y obediencia.

Otros casos diferentes eran los que yo misma atrapaba, los que arrancaba de su seno para ampliar mis fuerzas la mayoría que eran escogidos, eran de carácter sumiso, como Tom, que me seguía como un cordero a su amo por lo tanto, tras un tratamiento intensivo me rogaban que los aceptase en mi yugo, otros directamente eran transformados, por falta de tiempo o a la expectativa de conseguir un fiero guerrero, sin embargo, había habido alguna rama quebrada entre mis filas, casi todos, habían terminado de la misma forma, muertos, sin darles la oportunidad de que llegasen a traicionar a la orden.

Pero una de esas ramas rotas, uno de esos traidores estaba a punto de aparecer en esa noche que pensaba que sería tranquila y provechosa. No lo había reconocido entre todas las personas agolpadas en la taberna, pero tal y como debía ser, el si me había encontrado, probablemente había sentido el tirón de la sangre que se siente siempre que la sire se persona, para mí, que había transformado a tantos hombres ese cosquilleo comenzaba a ser un sentimiento habitual y por lo tanto apenas me daba cuenta de él.

Pero el resto de los sentidos los tenía completamente alerta, no pasó desapercibido el sonido del acero al ser desenfundado ni el gruñido salido de la garganta, estando en una taberna como aquella, sin embargo, no pude sospechar, pese a mantenerme alerta, que el atacante sería él, pero al escuchar a Tom desplomarse a mi espalda y sentir el aromático olor a sangre que comenzaba a desparramarse de su garganta hasta crear un charco carmesí en el suelo supe lo que estaba ocurriendo.

La puja se detuvo en un instante, el mismo en el que me giré y enarbolé la lanza sobre mi cabeza para ponerla de forma horizontal frente a mí para mantener alejado de mi cuerpo al atacante mientras con la otra mano tomaba uno de mis sais. A nuestro alrededor, se había formado un gran círculo, dándonos espacio, mi atacante, se había descubierto como era por lo que también me había descubierto a mí, si aún quedaba alguno de los aldeanos que me perseguían en el pueblo, sin duda la voz de alarma llegaría hasta ellos, apresándonos y haciéndonos arder a ambos.

- Azul...- Pronuncié el nombre que yo misma le había dado de forma jocosa, como si nada me importara.- Me has estropeado una buena cosecha.- dije haciendo un gesto con la cabeza hacia Tom que exhalaba en ese mismo instante.- Veo que la estupidez sigue siendo propia de tu cabeza, dime ¿Necesitas que te humille de nuevo?
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Azul

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MensajeTema: Re: Rhapsody in Blue   Miér Nov 03, 2010 11:07 pm

Grande era mi rabia y poco mi razonamiento, debí de buscar otra forma de atacarla por sorpresa pero cegado por mi propia ira solo pensé en atacar, había desperdiciado una oportunidad de oro, una entre mil, si bien deje fuera de combate a su Ghoul le había dado tiempo para prevenirse y ponerse alerta, no tenia oportunidad de vencerla era mi sire, mas rápida, mas fuerte, mejor entrenada y con sangre mas pura

Mis poderes vampiricos no servirían de nada en contra suya, y en cambio lo de ella si tendrían influencia sobre mi

Mucha gente huyo despavorida, algunos seguramente habían corrido a avisarle a los comisarios locales, la mayoría de los aldeanos que no corrieron se ocultaron. El pequeño y agradable Ben miro escandalizado detrás de una mesa como su negocio se venía abajo, en tanto los mas valientes y curiosos se formaban alrededor al tanto que mi sire ondeaba su lanza amenazante evitando que pudiera atacarla furtivamente, la forma como se burlaba de mi nuevamente, de cómo tildaba y menos preciaba mi inteligencias dejando en claro implícitamente que no le representaba una amenaza seria, alimento mi rabia aun mas,

Azul :Mi nombres es Magnus perra y es el ultimo nombre que oirás cuando te mande de regreso al averno de donde nunca debiste haber salido

Me cargue con furia con mi espada, sin importarme nada, tenia menos de cinco minutos para matarla antes de que vinieran los alguaciles y nos detuvieran, asi que tenia que matarla rápido, no me importaba si moría yo también, su alabarda era considerablemente mayor que Kalua lo cual le daba una ventaja táctica extra, pero yo ilusamente pensado que podía compensar eso con fiereza, cargue de forma impulsiva y poco medida, golpeando Kalua contra su lanza en forma horizontal, algunos parroquianos estallaron en vitores cuando empezó la contienda, los dos aceros entraron en duelo, sacando chispas al contacto

Choque tras choque..Kalua no llegaba a tocar a Tara, pese a que algunas veces estuvo muy cerca de hacerlo, pero el diferencial del largo de armas hacia la diferencia ,empero con mi ímpetu, conseguí que solo pudiera bloquear mis ataques, no dándole oportunidad de contraatacar pero en uno de esos impactos mis brazos perdieron fuerza contra los suyos y mi espada se escapó de mis manos, cayendo con un ruido sordo y metálico al suelo... Todos se quedaron petrificados, prediciendo lo que seguía a continuación no obstante..¿quien había dicho que estaba muerto? no me iba a rendir, no aun....
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Torgana

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MensajeTema: Re: Rhapsody in Blue   Dom Nov 07, 2010 9:35 pm

Sin duda, así debía de ser, no debió ser suficiente para él dejarlo con la vergüenza de la derrota ante las manos de su sire que necesitaba nuevamente una lección, solo que esta vez no pensaba ser tan clemente. La desobediencia no era algo aceptable entre los hombres de mis filas y éste, no solo era el único que quedaba con vida, si no que además me había desobedecido dos veces contando con esta y atentaba contra mi vida. Necesitaba una lección que se quedase grabada a fuego en su piel. La muerte, en este caso, tal y como yo lo veía era una liberación para su maldita existencia.

Cierto, este muchacho siempre había sido un rebelde. Fue uno de los últimos escogidos de su territorio, primero, vinieron los mansos, luego los fuertes y finalmente unos pocos escogidos a capricho mío, éste tenía algo en especial, esos malditos ojos color espliego que cuando los vi por primera vez hizo que desistiera en hacerlo arder junto con el resto de su familia anotándolo a mi lista. Por desgracia, para cuando fue capturado, nuestra presencia en el lugar se estaba haciendo demasiado notable y no pude hacer que renegase de su primera existencia primero como ghoul para transformarlo en uno de mis acólitos cuando estuviese preparado. Su transformación fue inmediata y por eso, los rescoldos de su vida pasada ardían como ascuas en su cabeza atormentándolo e impidiéndole disfrutar del regalo que en realidad le había echo.

- Tu nombre es el que yo te puse, el que yo decida. Tú, eres mío y ya es hora de que reconozcas a tu ama.- la fiereza resonaba en mis palabras, todo atisbo e divertimiento que podía haber tenido en un primer instante al saber que tendría un poco de adrenalina en las venas con una batalla despareció para concentrarme en lo que debía hacer, pelear, vencer y humillar.

A un segundo plano pasaron los parroquianos de la taberna, los esclavos, las mujeres desnudas o el cuerpo desangrado de mi reciente ghoul, despareció de mi cabeza la posibilidad de que alguien viniera a apresarnos, tan solo quedábamos Azul y yo, nuestras armas y una intensa necesidad de matar o claudicar por su parte y de dar una dura lección por la mía.

Choque a choque nuestras armas se encontraban, en una dulce danza metálica, nuestros pies avanzaban o caminaban hacia atrás dependiendo de hacia donde hiciera falta moverse para repeler un golpe. Jugué con el un rato, le dejaba ganar, le permitía pensar que podía vencerme, reculaba, me movía lentamente pero lo suficientemente rápida como para frenarle en cada momento e incluso dibujé en mi rostro en algún momento un gesto de duda o de terror. Miraba sus ojos, violeta, como la armadura que comprimía mi cuerpo, pobre iluso, siempre sabía donde pensaba atacar. Dancé con él un rato, unos preciosos minutos hasta que me aburrí y pasé al ataque.

Supongo que notó la diferencia, o tal vez no, quien sabía, no era realmente importante, solo el saber que le vencería nuevamente, pues mientras jugaba había guardado fuerzas mientras que él las despilfarraba. Su arma chocó entonces contra la mía, ambos hacíamos fuerza para adelantar la propia cuando repentinamente, la suya salió volando de sus dedos, había conseguido desarmarlo.

El repique de la espada contra las tablas de madera fue el detonante para un sin fin de coreadas exclamaciones de aquellos que se habían atrevido a quedarse para observar la contienda. Extendí mi vara apoyando el filo cortante sobre el cuello de Azul presionando sin fuerza como para hacerle daño pero con la suficiente como para que un hilillo de sangre resbalase por su cuello.

- ¿Que hago ahora contigo? Sabes que si lo deseo no serás más ni mejor que mi querido amigo Tom y entonces ¿Que os habrá diferenciado al uno del otro? Él por lo menos, sabía lo que le convenía y eso que no era más que un pobre mortal.
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MensajeTema: Re: Rhapsody in Blue   Lun Nov 08, 2010 8:13 am

Quien mira hacia fuera Sueña, quien mira hacia adentro despierta
Karl Jung



El primer problema que me representaba, el querer asesinar a la mujer que se había robado mi vida, sin mi consentimiento era que me gustara o no, la tendía demasiado en la sangre, yo la tenia a ellas y ella en cambio no a mi, y eso le daba una ventaja abrumante

Y no importaba los dones recibidos ni los sentidos desarrollados, ni el extender la vida de forma insospechada, era haberme quitado mi libre albedrió parte de mi ser parte de mi humanidad

La prepotencia con la que me trataba, la forma como disponía siempre de mí, y de cómo se sentía mi dueña era lo que mas me enervaba quizás tanto como el hecho de haberme hecho lo que me hizo, aunque quizás lo mas enervante de todo era contemplar el que posiblemente tuviera razón

También me molestaba que me llamara Azul, Mi nombre era Magnus, pese a que me gustaba ese mote no soportaba que ella pronunciara pese a que ella me dio su nombre algún día la humillaría y la golpearía tanto hasta que pronunciara mi nombre Magnus y luego la mataría

Pero desafortunadamente esa noche no pudo ser, me toreaba, me di cuenta varias veces de todas las oportunidades que había desperdiciado por mi falta de velocidad y todas las veces que ella no me ataco por prolongar la contienda, seguía humillándome hasta cuando peleabamos a muerte, restregándome en mi cara su superioridad

A veces también me daba la falsa esperanza de logar herirla pero siempre me esquivaba moviéndose en el último segundo como si leyera lo que pensaba pero aun como si pudiera saber y precederme, los aceros entrechocaban acometían y retrocedían a su voluntad

Por fin se aburrió, no se cuanto tiempo pudo haber prolongado mas el juego, quizás varios minutos mas, pero no fue así, me desarmo, los aldeanos se quedaron perplejos y entonces me inmovilizo poniendo su filo en su cuello. El tumulto, de súbito, cesó con espanto, no pude reaccionar solo vi el diamantino fulgor sobre mi cogote solo fueron unos segundos en los que una vez mas me humillo…

- ¿Que hago ahora contigo? Sabes que si lo deseo no serás más ni mejor que mi querido amigo Tom y entonces ¿Que os habrá diferenciado al uno del otro? Él por lo menos, sabía lo que le convenía y eso que no era más que un pobre mortal.

Cegado por mí odio irracional, abrí mis colmillos amenazantes y rabiosos y me lance contra ella sin reparar el metal que estaba sobre mi cuello como es lógico yo solito al rosarte me heri, yo mismos me había provocado un corte severo en la yugular, el chorro de sangre salió disparado ante el corte tan preciso, pronto mis piernas no me respondieron y caí bañado en sangre, no había llegado mi cabeza al cuello cuando perdí el conocimiento

Ella había vencido, una vez mas me había derrotado

Yacia en el suelo derrotado y ensangrentado cuando ellos vinieron, la guardia imperial había rodeado todo el edificio, con armas blancas y negras se lanzaron sobre mi sire que aun seguía de pie

Mariscal: ¡Es Torgana la temible rosa de hierro! ¡Arréstenla!

Lograron inmovilizarla y desarmarla, aun con su velocidad vampirica y armada no era rival para el abrumante numero de soldados que estaban sobre de ella
Mariscal: ¿Que hay de su atacante? ¿Aun vive?

Soldado: Esta muerto señor

Mariscal: Otra victima mas por dejar vivir a este mounstro, denle sepultura y llévense a esta

Un mar de mangos de las alabardas habían vapuleado a la vampiresa hasta hacerle perder el sentido.

La luna brillaba, como nunca en Pudel pointer, brillaba demasiado para unos ojos vampiricos que no habían visto otra luz que la de las antorchas de la mazmorra donde la habían confinado durante varios días

La poderosa Torgana había sido reducida y distaba mucho de lo que solía ser hacia días que no probaba Sangre humana, había sobrevivido con sangre de roedores hasta que llego el día de su ejecución

La llevaban encadenada de ls muñecas hacia el cadalso que la aguardaba. Cuando cruzaron con ella el patio de la prisión, pudo ver ya las narices curiosas y la eufórica multitud de espectadores.

A la luz de una sola luna, estaba a contraluz una soga negra de cáñamo que colgaba como mugrienta telaraña del travesano. Le llegó a la nariz el punzante aroma de la carroña, que se desprendía de los cadáveres putrefactos de criminales ejecutados la semana anterior, a los que habían dejado colgar en el patíbulo hasta que siete nuevos compañeros fueran llevados a bailar con la muerte.

Pero esta vez solo era una.

El olor se mezclaba con la sudorosa fetidez de la muchedumbre expectante.

Los carceleros podían vender amuletos y recuerdos de los muertos. Un puñado de niños peleaba y reía tontamente al pie del cadalso, y daba empujones en un intento de verlo mejor.

—¿Queréis rizos de un muerto, muchachas? —ofrecía un buhonero, al tiempo que sacaba un mechón y lo agitaba delante de ellas—. ¡Hará que los mozos os vayan detrás si os lo prendéis con un alfiler cerca del corazón!
Con agudas risas, los niños salieron corriendo y se pusieron a jugar al marro, alocadamente, entre los maderos del cadalso.

—¡La mano de un muerto! ¿Quién la va a comprar? —Con un solo hachazo obtuvo su mercancía—. ¡La mano de un asesino ahorcado! —gritaba el saltimbanqui, al tiempo que mantenía en alto el podrido puño—. ¡Grasa de cadáver para velas! ¿Alguien busca un tesoro escondido? ¡Éste es el amuleto que necesita! ¿Quién me dará plata por encontrar oro?

Una punta de alabarda se hincó en su espalda.

—¡Sube perra —bramaba uno de los guardias de la prisión.

La hermosa Rubia ahora con su enmarañada cabellera, y, entorpecida por los pesados hierros que le sujetaban por muñecas y tobillos, fue obligada a subir al patíbulo

Un ondulado mar de apretujados cuerpos, de rostros escrutadores; todos los ojos se volvían hacia ella, la mujer vampiro que había aterrorizado a toda comarca, aquella cuyo nombre era tan temido por fin iba a ser ejecutada
Abriéndose paso entre la muchedumbre, los buhoneros y saltimbanquis pregonaban su mercancía. Más discretos con sus hurtos, los ladrones y rateros merodeaban cual chacales cautelosos. Algunos braseros portátiles que echaban humo a causa de los espetones de carne y verdura que se acercaban a la parrilla

Conforme la forzaban a avanzar por el caldaso El hedor de la carroña se hacía más fuerte. Rígidamente tumbados en el suelo, delante del cadalso, siete cadáveres miraban hacia el cielo sin ojos en las cuencas. Los grajos habían hecho un buen festín con sus rostros, y ya no era posible reconocerlos.

No era fácil subir los escalones del cadalso con grilletes en las piernas, pero los guardias loa hostigaban con sus alabardas para apremiarla.

Se hallaba en un largo cadalso; los rostros de la multitud no le llegaban a los pies. Grandes maderos, a lado y lado, sostenían un largo travesano, lo bastante robusto para sostener el peso de más de siete hombres. No había trampillas. Cada una de las sogas colgaba de un gancho de hierro puesto en lo alto, y tenía el otro cabo sujeto a un cabrestante. Los condenados no perdían pie de súbito, ni morían rápidamente por la fractura del cuello. Éste era el Patio de Baile, donde los destinatarios de la justicia eran izados lentamente y se dejaba que se retorcieran y patearan hasta morir estrangulados.

— ¡Llego tu hora!
—le advirtió un guardia, al tiempo que le ponía la soga al cuello—. ¡¿Cuales son tus últimas palabras?!
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Torgana

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MensajeTema: Re: Rhapsody in Blue   Lun Nov 08, 2010 4:03 pm

Uno de los problemas de dejarse llevar por la fiereza, de albergar demasiado odio en el interior y de clamar por venganza en cada momento, es que muchas veces, deja de lado la inteligencia, pocos son los hombres o mujeres que son capaces de racionalizar sus sentimientos, de planear una venganza lenta, incluso de de alternar con el enemigo, hacer que confíe y cuando haya bajado la guardia meter la puñalada trapera, observar en el rostro la confusión de ese acto y cuando esté a punto de exhalar, cuando todo haya terminado para la persona odiada, humillarla, contarle que todo ha sido un juego, que ha llegado la hora de pagar por los pecados cometidos.

Desde luego, Azul no era paciente, lo había sabido al poco de su abrazo, era fiero en la lucha, era un pro, pero desde luego, en esta ocasión, fue una contra, pues dejaba el raciocinio a un lado y sin importar revelar su existencia o cercenarse la garganta contra el filo de mi arma desenfundó los largos colmillos, de un impoluto blanco, elegantes y mortíferos y se lanzó hacia adelante, hacía mi, queriendo atacarme, ni siquiera hizo falta que me moviese, mi arma ya estaba dispuesta antes del movimiento y tan solo hube de mantenerla en su lugar para que el chorro de sangre saliese disparado de su cuello salpicando del carmesí fluido a aquellos que estaban más cerca. Azul cayó de rodillas y finalmente perdió la consciencia, no pareciendo más muñeco de trapo que Tom tal y como vaticinara.

Sin embargo, no pude cantar victoria, aquellos que habían salido corriendo a alertar a las autoridades regresaron con la guardia presta, mi rostro era familiar, pues aunque no hubiera ninguno del grupo que me quería apresar mi retrato se repartía en cada pueblo para que me apresasen en caso de que me vieran. Me rodearon enseguida, podría haber luchado, pero eran demasiados, y aunque llegué a dejar fuera de combate a un par de ellos, pronto me desarmaron y golpearon duramente en la cabeza haciendo que mi cuerpo rebotase contra las tablas de madera del suelo.

Desperté en una mohosa celda, tirada sobre paja sucia que sin duda no habían cambiado en mucho tiempo, no había ventanas por lo que no podía saber si era de día o de noche, recordé por un momento otra situación parecida, hacía muchos años, antes de mi transformación, pero sabía que nadie iría a visitarme, a llevarme comida o a darme sustento. No, nada tenía que ver esto con esa ocasión donde me convertí en una leal ghoul.

Tan solo las antorchas iluminaban el lugar, y empecé a contar el tiempo por cada vez que se consumían, cada cierto tiempo venían a reemplazarlas y cada cierto tiempo también era un guardia diferente, supuse que harían turnos de ocho horas y fue así como conté tres días con sus tres noches, la tercera fue cuando vinieron a por mí, calcularon bien, sabían que para entonces, estaría débil, pues nada había tocado mis labios que no fueran los roedores que me hacían compañía en la celda. Pero eso no alimentaba, tan solo me permitía sobrevivir.

Me sacaron a la fuerza, en cada momento tirando de los grilletes de mis muñecas a los cuales añadieron una correa para no tener que caminar demasiado cerca de mí por si pretendía atacarles, dos guardias más caminaban a los flancos, cada uno de ellos con sus espadas desenfundadas, el de la derecha la posaba sobre mi garganta y el de la izquierda en la nuca, me obligaban así a caminar a su ritmo, pues si me adelantaba o si me atrasaba sería un movimiento fatal para mí, también corría el riesgo de que se tropezasen por el camino y terminaran conmigo antes de tiempo, pero andaban con cuidado, sabían que era una presa importante.

El clamor popular golpeó mis oídos así como la cantidad de antorchas golpeó mis ojos por su claridad, la plaza estaba llena, niños, jóvenes, adultos y ancianos que se agolpaban para verme ejecutada, muchos de ellos se habían desplazado hasta el lugar pues anteriormente había saqueado sus pueblos.

Me hicieron desfilar por entre ellos, los cuales lanzaron diversas hortalizas hacia mí, manchándome mi ya de por si enmarañado cabello así como la blanquecina piel que se cubría de ronchas de mugre. Caminé por la tablada, entre un ascendente hedor. Fue entonces cuando vi a los descolgados cadáveres que habían tenido la misma suerte que yo correría, los saltimbanquis los estaban mutilando, cortando sus cabellos rajando sus ropajes e incluso amputándoles los dedos para venderlos a los supersticiosos que veían el espectáculo.

Finalmente hicieron que detuviera mi caminar, ante mi, una soga que me pasaron pro el cuello apretándola al rededor de mi garganta. Comprendí al instante lo que pensaban hacer y pese a la debilidad, pese a que me había mantenido erguida negándome a que ninguno viera mi debilidad, para no darles el gusto de verme derrotada, había visto el final de mis días pero en ese mismo instante, cuando más jaleaba la gente, estuve a punto de soltar una senda carcajada, me contuve en el ultimo momento, sonriendo ladeadamente.

Pobres ilusos, pensaban que me matarían por estrangulación. ¿Acaso no sabían la forma de matar a un vampiro? Así era imposible que pusieran fin a mis días, sin embargo, podía fingir, si, eso se me daba estupendamente y cuando pensaran que estaba muerta, desembarazarme de la cuerda.

El verdugo y juez pedía que dijera mis últimas palabras, así que simplemente, le dí el gusto.

- ¿Amáis a vuestros hijos?- Alcé la voz casi gritando a la multitud que se divertía morbosa ante la inminente muerte.- Abrazadlos esta noche, queredlos y sobre todo despedirlos, pues mañana me haré con sus almas.
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Azul

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MensajeTema: Re: Rhapsody in Blue   Jue Nov 11, 2010 2:39 am

El silencio se hizo presente, Cuando la temible Torgana se pronuncio, todos quedaron callados apenas un minuto, sabían que la amenaza era real, sabían que ella estaba bromeando y de que si le fuera posible, regresaría del otro mundo solo para cumplir su amenaza

Entonces un jitomate surco en cielo golpeándose justo la cara, la muchedumbre hecho a reír y comenzaron a aventarle todo tipo de tubérculos y verduras

Los aplausos de la turba n ose hicieron esperar ante la vampiresa humillada llena de hortalizas

Oculto por su máscara negra, el verdugo subió al patíbulo y respondió a los vítores con una pomposa reverencia. Al tiempo que andaba pavoneándose por el tablado, inspeccionó los preparativos que habían realizado sus ayudantes, con el aire serio del director que supervisa a los actores y el escenario antes de que suba el telón.

El áspero traqueteo de los trinquetes hizo que la Vampiresa mirara en derredor; al instante, el lazo de cáñamo que le rodeaba el cuello se le clavó en la carne. Bajo la supervisión del verdugo, los guardias estaban ultimando los preparativos finales, estaban enrollando el cabrestante para que Torgana tuviera que ponerse de puntillas al extremo de la cuerda.

Verdugo: En nombre de Su Majestad Real, el rey Reynaldo ¡que se cumpla la sentencia de su regio tribunal!

El lazo ya comenzaba a morderle la garganta cuando entonces se oyó el otro extremo de la plaza chillidos de dolor y pánico, agudos alborotos de caballos aterrorizados. Primero desde una, luego desde otra de las angostas calles que desembocaban en el patio de la prisión, llovieron trémulas llamas sobre la vociferante muchedumbre.

El verdugo , trató confusamente de entender la súbita explosión de violencia que había tenido lugar en la plaza. Unas siete carretas de forraje, bien cargadas todas con paja y alfalfa desecada e incendiada, iban repartiendo fuego por las calles adyacentes y en la atestada plaza, pues los aterrados caballos que tiraban de ellas se habían arrojado sobre las filas de los espectadores.

Se alzaba humo negro de las turbias bolas de amarillenta incandescencia en que estaban sumergidos ambos carruajes. alguien había echado aceite a las pilas de heno antes de prenderles fuego, al tiempo que las encendidas carretas se abrían paso cual cometas vengadores entre las horrorizadas turbas que se hallaban en el Patio del Patíbulo.

Con sólo una mirada tuvo una idea clara de aquel caos, pero no alcanzaba a entender su súbito comienzo. Y mientras la aterrada muchedumbre corría en torno al patíbulo, y contemplaba boquiabierta el imprevisto horror que se había abatido sobre ella, otra explosión de violencia alcanzó al propio cadalso.

El verdugo, miró estúpidamente el tumulto que había estallado en la plaza. Una daga arrojadiza de pesada hoja le dio de lleno en el pecho; su empuñadura carmesí parecía una flor que se le hubiera abierto sobre la túnica de terciopelo negro.
Abatido por el impacto, el verdugo siguió agarrando en plena agonía la manivela del cabrestante. Los espasmos de muerte y el chirrido del trinquete se entremezclaron; el peso del caído cuerpo había activado el mecanismo, y el condenado ya no pudo llegar con los pies al suelo del cadalso. Así, el verdugo siguió cumpliendo con su oficio aun cuando la muerte vino a buscarlo.

Por toda la plazoleta, la muchedumbre corría en tropel y se enfurecía en irracional pánico, tratando de escapar de la frenética carga de los aterrorizados caballos de tiro, y de su imparable incendio. Frenéticas por el dolor y el miedo, las bestias sólo podían seguir avanzando desesperadamente en su intento de dejar atrás la pira ardiente que las perseguía, sin prestar atención a las vociferantes masas de humanidad que eran destrozadas bajo sus pezuñas. Impotente a causa de los centenares de hombres y mujeres atacados por el pánico, la multitud corrió hacia los remotos callejones con el ciego ímpetu de una decapitada pitón, y pisoteó a docenas de los menos ágiles en su frenesí por huir. Contenidos por el empuje de la histérica turba, los refuerzos de la prisión se veían incapaces de abrirse paso por el curato del patíbulo

En eso un pordiosero encapuchado subio al patíbulo le quito la soga a Torgana y con una llave abrio los grilletes que la apresaban

Huya mujer Huya...


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