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 Die verdamen nacht

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Murdher Schattenseele
Alma en las sombras
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MensajeTema: Die verdamen nacht   Mar Nov 16, 2010 9:30 am

La noche no era una de aquellas con brillo esplendoroso en el cielo gracias a las infinitas estrellas y la luna blanca acompañada de su arraigada hermana oscura. Y cuando mire hacia tras de mi, por sobre el hombro y note a mis guerreras, mis aliadas, sonreí de medio lado. La más cercana a mí era Yeyembwa, una licantropa hecha para la vida dura. Éramos en extremo diferentes, excesivamente diría yo. Pero eso no nos separaba de un objetivo. Su piel oscura y cabello abundante y grueso, eran aunque exóticas, femeninas al estilo de la loba. Y entonces me volví hacia el frente, el hada, Victoria. Siempre se me adelantaba a la matanza y era a veces un placer verla asesinar con esa gracia. Me fascinaba la delicadeza de su apariencia y que en cuanto se descuidasen les partiera las entrañas como si se tratara de un simple juego de niños. El cuerpo del mayordomo era ya irreconocible, así que comencé a caminar de nuevo hacia el frente, pasando por el umbral de roble que enmarcaba la puerta principal. Porque, por supuesto no iba a pasar por la puerta trasera. Yo jamás hacia eso… o si acaso en ocasiones que lo ameritase. Y bueno, la muerte del mayordomo o anunciador, él mismo se la había ganado prohibiéndonos la entrada, y por insultar la estatura de Victoria, el hada que nos acompañaba.

Los tacones de mis botas sonaban más amortiguados por la sangre que teñía el suelo como si fuera un río, y mi ropa aunque no tocaba el suelo la alce un poco más pues detestaba ensuciarle con cualquier cosa. Yo no conversaba en ese momento, es decir, no es que conversara como costumbre, pero en ese día no estaba de charlas estaba para buscar un socio monetario para adquirir utensilios primordiales para producción en la isla. Cosas como ropa, muebles, calzado, cosas que resultaban básicas, pues alimento realmente había bastante en la isla y aun éramos pocas en la organización, sin dudar claro de la capacidad de las integrantes. Déjenme decir, que la ventaja de venir a intimidar personas como este lord, era que por la vida tan aristocrática que tenían, no se preocupaban por organizar protección de verdad, centrando su vida en las fiestas y mantener una apariencia intocable. Pobres estúpidos.

Una risa burlona y baja se me escapo en ese momento, has de pensar que estoy loca, y ¿Por qué decirte lo contrario? Es completamente verdad. Y en definitiva, yo no era la única con la mente retorcida en entre estas implacables mujeres. Sabía que ellas me seguirían, pase de largo de donde el hada estaba, y ella también vendría conmigo. La cas estaba tapizada, era raro ver casa así, con decoración de ornatos repetidos a lo largo y ancho de las pareces y sin duda los muebles estaban en armonía de color con las paredes y cortinas. Quizá tuviera el tipo un buen gusto, pero a mi parecer era demasiado luminoso, nada como las paredes de roca lisas de mi antigua casa, con las alfombras de tono borgoña y la mueblería gótica con oro y ébano. Pero los momentos de vaga nostalgia ahora sobraban de antemano. Nos apresurábamos a llegar a donde se escuchaba un caminar impaciente. Él nos esperaba. Y estaba nervioso al parecer. Sus pisadas eran marcadas, y se notaba la duda en su andar. Pasamos cerca de las escaleras principales y nos metimos a un pasillo más estrecho, al final una puerta entreabierta que dejaba escapar un alo de luz amarilla. Parpadeaba intermitentemente como si se tratara de velas, y era lógico, en esta parte de la casa era todavía más oscura que el resto, y debería necesitar iluminación. Cuando estuve frente a la puerta casi gozaba ese vaivén de su caminar, de su temor, y con una voz taimada y juguetonamente maliciosa dije en tono de burla:

-Toc toc…

Entonces se escuchó como se detuvo el andar. Y la respiración de ahí dentro, de la persona que estaba ahí era casi desesperada. No pude aguantar más tiempo sin apreciar el terror o miedo de su expresión, su cara desfigurada por la incertidumbre. Y empuje la puerta con mi pálida mano. Ésta soltó un chillido de vejez. Pero lo que estaba dentro, definitivamente no venía en mis planes, aunque me hizo hasta gracia. Una mujer en la mesa, con algunas ropas enredadas en la cadera pero se apreciaba el brillo de su centro y la piel descuidada de una mujer madura y de vida baja. Y ambos, tanto la dama galante y el hombre viejo, roído y asquerosamente lascivo, pararon ese jugueteo de miradas, y yo que había pensado que era por miedo. Que decepción me llevé.

Pase totalmente aunque las miradas estupefactas de ambos eran de tener en memoria, no sabían que hacer, la mujer no tuvo si quiera el recato de vestirse, y no es que yo tuviera sentido de pudor, pero las prostitutas no eran de mi agrado para nada. Y menos con el porte tan vulgar como el de esta mujer. Es tipo dio pasos hacia atrás y entonces rompí el silencio.

-¿Crees que vas a escapar? Como verás, tu habitación de lectura… y lo digo por los libros en los estantes, no tiene ventanas. Y… dudo que puedas enfrentarnos.

Mire a la mujer y entonces fui hasta ella, y al estar cerca, note que ya no miraba con miedo, miraba como si estuviera a punto de proponerme retozar con ella o con mis vegnets, torcí mis labios en repulsión y la tome del hombro para aventarla con fuerza al suelo. Me daba asco una mujer que vendía su cuerpo sin un grado de elegancia. Entonces rodee la mesa y mire al hombre que ya estaba estático en su sitio, con sudor corriendo por su mentón arrugado, en algún tiempo debió haber sido atractivo, se veía por la cuadratura de su rostro y la contextura de sus huesos. Pero todo el tiempo pasa cruelmente para los humanos. Me gire y recargue mi cuerpo en la estantería de los libros, entonces retire la capucha de mi cabeza y hablé:

-Hemos venido a hacer un trato justo. Ya que se sabe de tus riquezas, queremos que nos suministres de dinero mensualmente…

Entonces él me interrumpió con la voz aguardentosa y añejada:

-Pero… no soy tan rico… y, además… soy viejo. Pronto, pronto moriré y no habrá nada.

Se notaba el drama falso en sus ojos de mal viviente, y sonreí con gracia, mostrando mi dentadura blanca y los colmillos que aunque era extraño eran un tanto más largos, semejantes a los de un vampiro.

-No lo creo.- Contesté con desdén. –Embaraza a tu zorra, porque se sabe también, que tu mujer es estéril. Y ten a un heredero, el trato es el mismo… si no nos entregan el dinero, los asesinamos a todos. No hay escapatoria, si intentan abandonar el pueblo, sabremos.

Se mordía la lengua, se tensaba, y su sudor se hacia abundante en su cara marchita, y pobres humanos, tener que pasar por la vejez era lamentable. Pero me estaba impacientando con esto, no suelo ser así, me tomo mi tiempo, pero ya habíamos perdido mucho buscándolo y más con su indecisión. Además de que las guerreras no eran tan pacientes como yo.

-Me niego… no dejare mi riqueza en manos de mujeres.

Gran estupidez, insultar la integridad de nuestro género. Pobre humano. Reí. No paraba de reír sin carcajear pero entonces guarde silencio aun con una sonrisa. Me costaba comprender a los seres de exterior, aún era muy extraño para mí el juego de reacciones que tenían los mortales.

-Ya no hay marcha atrás…- Mire a mis acompañantes, mis compañeras. –Hagan, lo que quieran con él. Es todo para divertirse. Pero antes…

Revise los papeles de la mesa, y había una caja alargada donde estaba abierto, pero el candado estaba justo a un lado de la caja. Así que algo iba a hacer con estos papeles, quizá si sabia que vendríamos y preparaba algo, un escape o no sabría yo… alce la tapa de la caja y tome esos papeles en desorden, leí rápido porque no quería seguir estando perdiendo tiempo valioso en esa casa y eran las escrituras de propiedad, y además una especie de hoja de contaduría, ganancias. Los enrollé con cuidado y metí entre los pliegues de mi vestido apretándose a la cinta que se ajustaba en mi cintura.

-Ahora pueden, ladies, la mujer puede correr con la misma suerte, no necesitamos testigos, aunque está ebria. No me fío. Victoria, ven conmigo.

Salimos de la salita esa, de lectura, o su despacho tal vez. Y solo quedo el sonido melódico de los gritos del hombrecillo. Y salimos el hada y yo del lugar hasta volver por el pasillo y llegar a la entrada principal. Ahí me detuve y me coloqué al pie de las escaleras. Mire hacia afuera, la esposa debería llegar luego.

-Tendremos que pedir a la esposa, que nos indique donde esta el dinero. Luego, la mataremos. Solo hay que ser algo… amables.

Aunque ninguna de las dos teníamos la amabilidad que debes imaginarte tú…
__________________


Pasó alrededor de la media hora, ya había llegado la esposa y cooperó bastante bien, pero lamentablemente y aun con el dinero que nos dejo tomar, teníamos que eliminarla, se podía notar en su mirada y su titubeo que no era alguien que se quedase así, iba a denunciarnos y no estaba de humor para que nos estuvieran persiguiendo. Así que con sutileza preferí desnucarla y darle una muerte menos dolorosa, es decir, la mujer no me había hecho sentir que mereciera una muerte mas… digamos creativa. Y a decir verdad lamente no escuchar el gemido y los llantos de súplica. Pero en fin, las cosas bebían ir a un ritmo imparable. Ahora nos encontrábamos el hada y yo en la sala principal, me recargue en el barandal y espere a que volvieran aquí las demás. A veces, me sentía identificada en esa hada, por la vida cómoda que llevaba, y después, haber salido de esa burbuja y enfrentarse a las cosas del exterior. Y más identificada, cuando la observaba asesinar. Me agradaba, me agradaban todas. Aunque no se los demostraba. No sabia como. O al menos yo pensaba que no lo hacía.



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Última edición por Murdher Schattenseele el Jue Dic 02, 2010 11:31 pm, editado 2 veces
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Yeyembwa

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MensajeTema: Re: Die verdamen nacht   Miér Nov 17, 2010 10:57 am

Aquella mujer de largos cabellos poseía una mirada tan profunda, tan difícil de evadir… tan.. “sublime” quizás esa era la palabra que los humanos usaban para describir cosas de ese tipo… la recordaba bien… aquella frase…

“Rosas como nosotros no debemos si quiera ser tocadas por las manos de un hombre”

Superficialmente no entendería esas palabras, mas dentro de aquella oscura y tan poco vista piel oscura sabía muy bien a lo que se refería. No era que la loba salvaje se sintiera atraída a los humanos, para ser francos era una raza que despreciaba de cierta manera, todos esos recuerdos de huidas, de heridas, aquellos rencores que se guardaban dentro de sus memorias… esa mujer las había rebobinado cual pensamientos sutiles de guerra, rabia, ambición… seguridad ante todo. Bueno, no eran cosas que a la loba le hicieran falta, Yeyembwa había nacido para ser hembra alfa de manada diurna o nocturna, pero su vida pasada le había frustrado incluso la convivencia con los machos de su propia especie…

Murdher, la “Pecho lleno” para la cual trabajaba ahora era una mujer algo frívola ante situaciones “delicadas” realmente eso no le importaba mucho a la loba, Yeyembwa la seguía por que de alguna manera se sentía “cómoda” con sus pensamientos, Si… compartían pensamientos tan ciertos en cuanto al sexo opuesto, pues ninguna de las dos aceptaba la teoría de que a los machos pecho plano se les diera todo teniendo muchos la cabeza llena de porquerías, insultos… vulgaridades… Al menos eso era lo que la lupina había conocido durante su trayecto de vida.. o quizás era que había estado en los peores lugares.

El caso es que… ante todas aquellas situaciones Yeyembwa ahora estaba ahí, en esa situación tan poco común para ella y claro… para su amiguito Mwitua, el escurridizo mapache. Ambos estaban acostumbrados al verde de los prados a los árboles, que el hecho de ver todos esas “cosas de piedra” le frustraban la vista a lo poco hermoso del lugar.. más sin duda alguna la luna se veía hermosa, no podía negar que ante todas aquellas grisáceas y oscuras calles el brillo de la luna daba un toque… “sutil”.

La loba seguí a la lady por detrás de ella, a un costado, manteniendo al mapache en su lomo, abrazado a su cuello. Al frente iba una de las criaturas a las que Yeye admiraba mucho, fuesen como fuesen… un hada a la cual no conocía lo suficiente, pues no era muy habladora ni la una, ni la otra… y si ninguna de las dos hablaba, pues… ¿Qué más daba? Realmente no era de tanto interés por más apreciada que fuera esa raza para la loba negra.

No había prestado mucha atención al acto del hada, se encontraba cuidando la retaguardia del pequeño grupo alzando la nariz mientras erguía las orejas bajo la enredada cabellera objeto de juego para Mwitua. El momento en el que dio la vuelta para observar a sus compañeras Yeyembwa quedo algo absorta ante el cadáver de aquel humano “pecho plano”, el hada de nombre Victoria no era como las hadas comunes… principalmente por su tamaño, aun que seguía siendo pequeña para la lupina, frunció por breves momentos al ver como ambas “pecho lleno” entraban en aquella mansión, continuó tras ella.

El tacto de la sangre bajo las plantas de sus pies no le era del todo agradable, prefería la sensación del lodo, o del pasto recién mojado por la lluvia, la sangre era viscosa… molesta, y no le agradaba en absoluto su olor, además la masa sanguinolenta en la que se había convertido aquel humano le pareció tan… “extraño” se inclinó para observarle más de cerca palpando incluso con su mano aquella “figura amorfa”, volvió a fruncir el ceño para continuar, Mwitua incluso había escondido su cabeza en el cuello de la licántropa…

Si, era una sensación extraña que no le permitía si quiera expresar palabra o frase alguna, por más corta que esta fuese. La verdad ignoraba por que los humanos actuaban de ciertas maneras, ahora se había percatado de que otras razas, las cuales ella ni si quiera conocía se comportasen así… pero bueno, como siempre

“Murdher tener razones…”


Ese era su pensamiento. Aferró la lanza a su mano diestra, en tanto su cerbatana colgaba del mismo hombro. Sus pies sonaban secamente a la fricción con la sangre derramada en el suelo. Cuando giró la vista, ambas mujeres se dirigían a una puerta más. Murdher toco de una forma curiosa, Yeyembwa olfateo alzando la nariz, fue entonces que decidió tomar su forma lupina, acercose lento a la lider mientras abría la puerta, pasó por detrás de ella cual fantasma merodeador, sin observar a su alrededor, de hecho, solo buscaba donde dejar sus armas. Una vez depositadas apenas tomaría la transformación… La voz de Murdher rompió el silencio…

Había muchas palabras que la loba no llegaba a comprender, o no tenía una idea clara de lo que significaban.. “Dinero, Trato, Rico… ¿Riquezas?”… Se limitó a ladear la cabeza y.. ¿Por qué Murdher decía “Zorra” a la pecho lleno sin telas… no era un animal, para nada, era una humana… eso le molestó.

Unas cuantas palabras más… y Murdher había dado las palabras finales… que en pocas para Yeyembwa significaban…

“Háganles lo que quieran”

Fue el momento preciso… encorvó el cuerpo al frente, postrando las manos en el suelo… poco a poco sus huesos se contraían entre tanto su negro pelaje surgía alrededor de su cuerpo… sin duda alguna aun siendo loba, su tamaño era de temerse, observó soslayadamente como sus compañeras se alejaban, dejándola por momentos con esas “presas. Mostró los dientes en un amenazante gruñido y lanzose primero al hombre directo al cuello, no era que le gustará el sadismo… pero era un animal salvaje… y como tal, era su comportamiento… simplemente se limitaba a seguir lo que le parecía agradable para ella, y sus compañeras lo eran… respetaban su espacio, sus cosas… su territorio, si, sin duda eso estaba bien para Yeyembwa…
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-Emelyne-

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MensajeTema: Re: Die verdamen nacht   Miér Nov 17, 2010 7:26 pm

¿Qué estaba haciendo aquí?, me pregunté luego de verme rodeada de féminas... Sí, no era la primera vez que me formulaba esa misma interrogante pero siempre llegaba a la misma conclusión: me parecía interesante...
Recuerdo más o menos mi encuentro con Murdher, la tenacidad de sus palabras y el peso de sus argumentos para convencerme de su causa, lo cierto era que tenía un rosto bello, una figura armoniosa y una madura seriedad que resultaba atrayente, me recordaba un poco a mi hermana… pero no fue sólo su hermosura el argumento de mayor peso como para tomar su mano y unirme a su Organización.
Les explicaré de forma simple el por qué de mi odio hacia los hombres. Primero, mi padre era hombre, segundo, mi padre que era hombre me arregló una boda con otro hombre, tercero, ambos, hombres, acabaron con la vida de mi hermana y me culparon del asesinato a menos que aceptara a mi prometido como mi esposo, ¿por qué eran así?, ¿acaso era obligación de las mujeres amarlos? ¿Por qué amar a los hombres? Son insensibles, toscos, sucios… no me agradan los hombres, a mi no me gustan los hombres, la mujer en cambio es la creación perfecta, la mujer es la que contribuye con la vida, sus actos aunque sean brutos siempre tendrán ese equilibrio armónico y suave de la feminidad, la hermosa de la mujer, templo de curvas es la creación máxima de los Dioses, y los hombres no saben cuidarlas, los hombres se creen mejores cuando ni siquiera pueden cuidarse ellos mismos, los hombres nos tratan mal, nos ven en menos… cuando todas sabemos que con un guiño de ojo y un toque de coquetería los podíamos tener bajo nuestros pies, eso, estoy segura que es el temor de los hombres, ellos saben que bajo nuestros encantos son débiles esclavos y por eso su comportamiento tan frío y cruel contra nosotras, nos quieren convencer de que ellos son indispensables para nuestra existencia cuando en realidad es al revés, yo al menos no necesitaba de ningún hombre, mi verdadero amor son las mujeres.

Murdher no me convenció de lo que ya sabía, ella despertó en mí el odio hacia el género masculino y me prometió una resolución contra ellos, pero sería por ti hermana mía que me uniría a esta lucha, tu venganza sería el lema de mis ataques.

Me resultaba un tanto complicado atacar en superficie, estaba acostumbrada a lanzar mis ataques desde vía aérea por lo cual agitando mis blancas alas ondeé alrededor de la mansión cerciorándome de que nadie escapara por él, tenía el arco tensado y listo para disparar en caso de ver algún movimiento. Entonces vi que varias mucamas seguidas del jardinero escapaban de la mansión por la por una trampilla secreta en el jardín. Sonreí interiormente y disparé una flecha que impactó en la espalda del varón provocando que cayese de bruces contra el suelo, luego deleitándome de los gritos de las damas descendí del cielo y atrapé los pies de una de ella con el látigo, la tomé de la cintura y acerqué la daga a su cuello alzando la vista con tono amenazador a las damas de servicio. Muchas de ellas empleaban vestuarios demasiado cortos para su oficio por lo cual supuse que el dueño de aquella mansión también las obligaba a otro tipo de deberes. ¿Qué diría una heroína en una situación como esa?, de seguro algo así como "¡están libres, ahora corran y sean felices!", neh, yo no era ninguna heroína ni me interesaba serlo, además de seguro ellas cumplían ese trabajo por propia voluntad, eran mujeres si, pero las mujeres que debían ser las gobernadoras de Utopía debían ser fuertes e inteligentes como mi líder Murdher, ellas en cambio que vendían su cuerpo a un hombre solo para comer me resultaban mediocres, repulsivas y estúpidas, su vida resultaba irrelevante en el mundo.

Noté que detenían su escape al ver que la vida de su compañera peligraba en mis manos, me relamí los labios y le mordí ligeramente el cuello a mi víctima divertida de su reacción similar a la de un ciervo asustado.
-Quizás... les perdone la vida- Musité riendo entre dientes-pero deben... humm... desnudarse, si, quítense la ropa y les dejaré ir, ¡oh vamos!, no me digan que sienten pudor-Exclamé agitando el látigo sobre el rostro de una de ellas provocando que se llevase las manos a la cara llorando de dolor junto con un hilo de sangre que brotaba de su nariz.

Así estuve jugando por unos minutos hasta que se hizo tarde y deduje que tenía que regresar, asesiné a la última de las mucamas y dejé sus cuerpos desnudos apilados en el jardín para luego prenderles fuego.

-Que descansen, putas-Me despedí y volví a la mansión. Por lo visto la esposa del hombre que veníamos a asesinar había vuelto así que lo respecto a su fortuna estaba solucionado, por el momento no se que más teníamos que hacer por lo cual me mantuve a una esquina de la casona, sola, esperando alguna otra orden de nuestra líder. Después de todo seguía siendo un ángel solitario.

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MensajeTema: Re: Die verdamen nacht   Vie Nov 19, 2010 12:57 pm

Una de las primeras misiones de la organización. Eran realmente pocas en esos momentos, y en realidad, Victoria era una de las de menor rango. Pero tanto una cosa como otra podían solucionarse. Con compañeras tan capaces, de hecho, no seria muy difícil ir avanzando. Solo era cuestión de tiempo.

En aquellos momentos, se encontraba en la sala principal al lado de Murdher, viendo distraidamente a través de la ventana, aunque sin fijarse mucho en ella. En realidad, estaba mas pensativa sobre lo ocurrido anteriormente. Una media sonrisa se dibujo en su rostro, mientras rememoraba lo pasado.


"Había sido interesante, aunque quizás algo monótono, matar a aquel insolente mayordomo. Por lo visto, no tenia inteligencia. Porque lo que había hecho, había sido una total estupidez. ¿Negarle la entrada a ELLAS precisamente? Y no es que había pasado por alto la forma en la que la había subestimado... Un imbécil, definitivamente. No valía la pena molestarse por ellos. Eran solo un insecto en el camino de ellas.

La sangre parecía un río en el suelo, razón por la cual en esos momentos la hada se encontraba de puntillas en otra parte, procurando no ensuciarse los pies con esta. No le gustaba llevar zapatos, o siquiera sandalias. Sentía como si atraparan sus pies. Porque al fin y al cabo, ella no dejaba de ser una feerica. Aunque un tanto distinta.

Murdher habia comenzado a caminar, y ella simplemente se limito a seguirla volando, aunque no a mucho nivel del suelo. No fue sino hasta entrar a la casa que deposito sus pies en el selo, y vio con interes la decoracion. Armoniosa, si, pero... Muy chillona, muy destacante. Ella preferia lo sencillo, era mejor que destacar con colores brillantes, que ademas te llegaran a delatar. Y asi fue, como siguiendo a Dher, llegaron hasta la entrada de una habitacion.

Ese era el sitio que estaban buscando. Y esa era la verdadera parte de la mision. Aunque en realidad, casi todo le tocaba a Murdher. Al menos la parte diplomática.

Habían estado hablando, aunque no era precisamente una conversación, sobre el dinero. Como pensaba, mas era sido la intimidación que otra cosa. Aunque no había podido evitar sonreír levemente al notar como el hombre trataba de excusarse para salvar su pellejo. Craso error. Lo peor que podía hacer.

O eso pensó, hasta que insulto su genero. Listo. El hombre acababa prácticamente de perder el pellejo. La ligera sonrisa que había aparecido en el rostro de ella, aumento su tamaño al oír como Dher les dejaba permiso para hacerle lo que quisieran.

Hasta que la llamo, y dejo de sonreír, para verla con su habitual seriedad, aunque con algo de sorpresa delatado en su dorada mirada. Porque se había sorprendido al oír como Murdher la llamaba a ella, ya que pensaba que tambien la iba a dejar con las demas, haciendo lo que quisieran con los que estaban alli. Aunque de todas formas, lo otro lo mas seguro seria interesante. O como mínimo importante. Por su parte, simplemente se había limitado a seguirla, viéndola interrogativamente.

Una vez fuera, y al oír sus palabras, Victoria entendió. Y sonrió. Amables... Si, amables a su único estilo..."

La manera que tenia la lady de conseguir los datos, y conseguir la informacion que queria, era realmente interesante. Su manera era mas de seduccion, de conviccion. En cambio la de Victoria consistía dicho burdamente en amenazarlos a punto de muerte, dejandolos en la obligacion de decirlo, o pagar por su estupidez...

Y así era que lo había hecho nuevamente esta vez. Había sonsacado con facilidad los datos a la esposa del hombre. Y quizás, de no haber sido por esa actitud, inclusive se hubiera podido mantener con vida. Pero no parecía que fuera a dejar que la saquearan sin mas. Y ellas por su lado, no iban a dejar que las delataran. Así eran las reglas del juego.

Y allí se encontraban, en silencio, esperando a las demás. Aunque ya habían tardado mucho...

Saliendo de su ensimismamiento, levanto la cabeza, y miro a Dher unos momentos. A aquella mujer que en tan poco tiempo había sido la única persona a la que le había aceptado sus ordenes con agrado. Porque ella, a pesar de ya no vivir de igual manera que antes, seguía teniendo un claro concepto de varios términos. Entre ellos jerarquía. Y ella era de menor jerarquía que la lady. Simple.

Aunque no la miraba por eso.

-Las demás están tardando mucho - Dije, rompiendo el silencio con su suave voz, sin molestarse en alzar demasiado el tono -
. ¿Debemos preocuparnos, acaso?
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Khaelos Drachenzähne

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MensajeTema: Re: Die verdamen nacht   Dom Nov 21, 2010 1:58 am

Sus dedos arañaban mi guantelete, tratando de zafarse de la presa de mi férrea mano. Sus piernas trataban en vano de volver a hollar el suelo, y se movían frenéticamente, como si pertenecieran a un pollo descabezado. Me puse a reír fuertemente. ¿De veras se creía el patético bandido que podría hacer algo para evadir su inevitable destino? Sus ojos demostraban que si, lo creía. Alguien que cree poder evitar a la muerte tiene el terror reflejado en los ojos, como ese malnacido. Tenía suerte de no vérmela a mí, o se hubiera meado encima. El fuego de mis ojos se clavaba en él, entre furioso y divertido. Mi rabia no se había desatado por poco, aunque lo único que la había retenido era la presencia de mis dos hermanos.

De los diez bandidos que nos atacaron, yo había acabado con cuatro, cinco si contábamos el que aún estaba vivo y agarrado del pescuezo. Mis queridos hermanos habían acabado con los demás. Desvié un momento mi atención para observarlos con una sonrisa de afecto fraternal profundo. Padre y madre estarían orgullosos de ellos. Cambié el gesto al volver a ver al pataleante asaltante. Me fijé que justo detrás suyo, en su lado izquierdo, estaba mi hacha, clavada en un humano que a su vez había quedado clavado en un árbol. Sonreí sádicamente, y empecé a moverme lentamente hacia allí. El bandido, llorando y suplicando aterrorizado, me habló, con pavor:

-¡Déjame vivir por favor! ¡Ya he escarmentado, no!… ¡No quiero morir!-

Solté una risotada, y sin mediar palabra, lo partí por la mitad estampándolo con violencia contra el filo del hacha. Su cuerpo apenas conservó la vida unos instantes más. Los suficientes para dedicarme una vidriosa mirada que se apagó en unos instantes. No iba a negar que la visión de una vida apagándose ante mis ojos y ser yo el artífice de esa muerte me daba un placer que pocas cosas podían alcanzar. Con una sonrisa velada por el acero de mi yelmo, desclavé el hacha del árbol, haciendo que se quedara medio derribado, y situando la poderosa arma sobre mi hombro derecho, me giré hacia mis hermanos. Hablándoles con tierno afecto fraternal, les dije:

-Bien hecho hermanos. Les hemos dado una lección a estos intentos de cuatreros. Padre y madre estarían muy orgullosos de vosotros, tanto como yo lo estoy. Dirijámonos ahora a nuestro destino, la ciudad que como lords hemos de visitar al menos una vez en nuestra vida. Allí podremos limpiar la sangre y tomar un descanso. Pero antes, quitémosles las riquezas a estos cadáveres, no sea que los rapaces se las queden.-

Conseguimos buenas ganancias saqueando los cadáveres, suficiente para pagarnos unos días en una buena posada. Tras unas horas de marcha sosegada y una animada conversación con mis hermanos, ya fuera rememorando pillerías pasadas o tramando nuestro glorioso futuro, llegamos finalmente a la gran ciudad. Miré el colgante rojo que pendía de mi cuello, una de las pocas cosas que habíamos podido recuperar de nuestros padres. Eso era tal vez una de las cosas más valiosas con las que contábamos. Sin él, no habríamos podido ver siquiera las grandes murallas de la ciudad. Las puertas estaban abiertas y custodiadas, y en la parte superior se observaba una representación de la máscara de Bairack. Hermosamente cruel, parecía observar a todos los que bajo ella pasaban. La admiré con una mezcla de respeto y fascinación, pensando en cuan maravilloso era nuestro creador. Jamás he sido muy creyente, pero he de admitir que Bairack era, por decirlo de alguna forma, mi ejemplo a seguir en la vida. Si conseguía alcanzar parte de su poder, Khardam caería en mis manos en menos que canta un gallo.

Con paso decidido, nos adentramos en la ciudad, bajo la mirada siempre vigilante de los guardias ataviados de capas carmesíes. Eran casi tan altos como yo, y su porte noble y oscuro denotaba que eran congéneres míos. Uno de ellos rió por lo bajo al verme cubierto de sangre, dedicándome una mirada medio de advertencia. Decidí hacerle una reverencia con la cabeza. Tan solo sentía respeto en este mundo por dos clases de gente. La gente de mi raza, y mis compatriotas, injustamente oprimidos por el yugo del rey de Khardam.

A cada paso que daba, mi asombro y fascinación crecían. Las casas, de aspecto lúgubre, a mi se me antojaban de una feroz belleza. Las gárgolas que adornaban varias de ellas eran simplemente magistrales. Fuera quien fuera el que las esculpió, se merecía una estatua para él. Sin embargo, lo que más cautivó mi atención, lo que más me impactó, y sin duda, lo que más me embelesó de aquella magnífica y oscura ciudad, fue la catedral. Se alzaba por entre los tejados de las altas casas, y arrojaba una tenebrosa sombra sobre la lúgubre ciudad. Su grandiosidad era sencillamente espléndida. El retorcido gusto del arquitecto colmaba con creces mis más macabros conceptos del arte. En ese mismo momento supe que tenía que visitarla. Me giré hacia mis hermanos y les dije, con una emoción rara en mí:

-Hermanos, no sé vosotros, pero yo voy a visitar la catedral. Ya que estamos aquí, hemos de aprovechar para asistir al menos una vez en la vida. Recuerdo que padre y madre me contaron que estuvieron aquí, cuando eran jóvenes, y asistieron a algunas misas en honor a Bairack. Precisamente en una de ellas se conocieron. Podríamos hacer como ellos. Voy a preguntar si puede accederse…-

Decidí parar a una patrulla de soldados de capas rojas. Me acerqué a ellos, y ellos, si bien se notaban confiados y para nada acobardados, se tensaron y se aprestaron a tener listas las armas. Alcé la mano libre en señal de paz, y el capitán de la tropa me habló con una voz áspera, grave y solemne:

-Explicadme rápido el motivo por el que habéis detenido a mi patrulla si no queréis ser arrestado junto a vuestros acompañantes.-

Yo, conociendo la aspereza de mis congéneres ante las intromisiones, y sabiendo que buscarse problemas allí era traer la muerte a mis hermanos y a mí, le respondí con la misma solemnidad y un gran respeto:

-Disculpad que os retenga, pero quería preguntaros si era posible visitar en estos mismos momentos la gloriosa catedral del gran Bairack.-

Los soldados se destensaron, al igual que el capitán, quien me miró con una media sonrisa lúgubre, típica de todo aquél poco acostumbrado a sonreír por nada. Con voz más amistosa, pero igualmente áspera y grave, me contestó:

-Ah, así que eso es lo que queríais. Ahora mismo se está oficiando la última misa del día. Una vez empieza una, no se puede acceder a la catedral, por respeto a Bairack. Si queréis visitarla, deberéis hacerlo mañana por la mañana. Esta semana, cada día hay tres misas. Una nada más salir el sol, otra al mediodía, y otra cuando el astro rey se esconde por el horizonte. Todas duran dos horas, y concluyen con la muerte de varios esclavos y reos, quienes son ofrecidos al glorioso dios. Si queréis un consejo, id con vuestros amigos a la Posada del Corazón Negro, casi al lado de la catedral. Es la mejor de la ciudad, y se puede pedir al tabernero que se les despierte una hora antes de que empiece la primera misa. Disculpadnos, pero debemos seguir con la ronda.-

Tras agradecerles la información y despedirme con un cortés ademán, reanudé el paso, extrañamente feliz. Finalmente, tras un rato de tranquilo paseo, salimos de la oscura calle y llegamos a la plaza del sacrosanto edificio, donde se apreciaba aún mejor la exquisita arquitectura de la catedral. Incluso yo, que era bastante alto entre mis propios congéneres, era insignificante ante el magnífico edificio. El coro de lúgubres voces que recitaban oscuras letanías podía escucharse desde el exterior. Me quité el casco, guardándolo en mi mochila, cerré los ojos e incliné la cabeza en señal de reverencia durante unos instantes. Tras eso, miré sonriendo a mis hermanos, y les dije:

-¿No es hermoso todo esto? El día que Khardam sea nuestro, erigiremos una catedral como esta en medio de Syael.-

Mis ojos brillaban de la emoción, notaba cómo la felicidad oprimía mi pecho. Estaba con mis hermanos, visitando la ciudad de nuestra raza. Tan solo la mancha de que nuestros padres no estuvieran con nosotros para acompañarnos empañaba el momento, pero estaba seguro que desde el más allá, ellos nos acompañaban. Retomé el paso, dirigiéndome ya sí a la taberna que el guardia nos había recomendado. Se notaba que era la mejor. Era un edificio negro de hierro. Su aspecto lúgubre y su decoración de gárgolas se me antojaban de un lujo exquisito. Tenía hasta terraza en el exterior, pero debido a la hora del día, en las mesas de fuera no había nadie. La puerta del local estaba custodiada por dos matones a sueldo. Eran tan altos como yo, e iban ataviados de negro completamente. Iban armados, y se notaba que no eran novatos en el arte de la guerra.

Cuando nos acercamos, sin mediar palabra y con un gesto casi mecánico abrieron la puerta doble del local. Al abrirse las puertas, quedó a la vista un interior sencillamente asombroso. La planta era ancha y espaciosa, enmoquetada por hermosos tapices de colores rojos y dorados. Había una chimenea en el centro de la estancia, dándole un calor agradable, alrededor de la cual había varias mesas de hierro negro con manteles carmesíes encima. En algunas de ellas había gente sentada, ya fuera comiendo o bebiendo. Del techo pendían varias lámparas, veladas por pantallas azules o rojas, dándole a la estancia una tenue y agradable iluminación. En el fondo de la estancia había escaleras al piso de arriba, cubiertas por una alfombra roja. La barandilla estaba revestida de oro, y se dibujaban formas en el acero negro que la sustentaba. La barra estaba situada a la derecha de la chimenea, y era de una madera de color rojizo. Varios taburetes de acero negro estaban dispuestos al lado de la barra, y justo en los estantes de detrás podían apreciarse innumerables variedades de licores. Por último, a la izquierda se podían apreciar varios sitios con cojines y cubiertos por ligeros velos translúcidos. Rodeadas de cojines, había cachimbas en las cuales se consumían varias drogas, y habían bastantes consumidores a su alrededor.

Por último, y tal vez lo que más llamaba la atención, eran los camareros y camareras. Iban todos ligeros de ropas, y demostraban físicos sin imperfección ninguna. La mayoría eran humanos y humanas, aunque había también algunos camareros y camareras drow y una pareja de lords oscuros, hombre y mujer. Se nos acercó una parejita drow, quienes con voz sedosa y ligeramente lasciva nos preguntaron:

-¿Qué desean los señores? ¿Quieren una mesa? ¿Una habitación? ¿O prefieren una cachimba? O tal vez… ¿Preferirían ir a las salas superiores, y recibir un trato más… Íntimo?-

Me giré para mirar a mis hermanos y les pregunté, sonriéndoles:

-¿Qué preferís, hermanos? Tenemos dinero suficiente para permitirnos lo que sea.-
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Naerdolliel

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MensajeTema: Re: Die verdamen nacht   Dom Nov 21, 2010 8:51 am

Estaba bastante... alegre, si es que se le puede llamar de ese modo a aquella emoción que nace en el corazón al momento de ver correr la sangre de otro, verla cubrir cada grieta del suelo, verla brillar gota por gota mientras empapa la suela de mis botas... Con placer observé el cuerpo sin vida de aquel que no quiso permitirnos la entrada... Gran error por su parte, error que al instante tuvo que pagar. Aquella hada sí que se sabía defender... Soy muy... crítica... Con las personas -por no decir que las aborrezco casi por completo- pero, he conocido a unas cuantas que merecen el honor de que recuerde su nombre.

Al pasar junto al triste cadáver, deseé haber tenido la oportunidad de torturarlo... Hubiera sido muy placentero hacerlo sufrir lentamente; cortarlo, desmembrarlo, oírlo gritar, desgarrarlo... Tantas cosas exquisitas que cruzaban por mi retorcida mente. Oh si, debo estar loca, pero el jugar con la muerte de otros es mi mayor talento. Las puntas de mi oscuro cabello se humedecieron con el líquido carmesí, una gran molestia pues, tendría que lavarlo; era de mi gusto mantenerlo largo hasta mis pies, nunca cortarlo, pero... En ocasiones era bastante... desventajoso.

Hermosa. Delante de mí, con porte de quien va a un tratado de diplomacia... Rostro seguro de sí mismo y mirada decidida... Aquella mujer se había ganado con excelencia mi... digamos que "aprobación". Aquella sed de sangre, aquel aire a peligro, aquellas líneas de muerte dibujadas en su rostro, Murdher era diferente.

Pensaba muy parecido a ella, ambas juntábamos el placer sexual con el placer de asesinar... Y es que en realidad, no es tan diferente. Cómo recuerdo el momento en que le conocí... Que manera de hablar, que manera de convencerme... Prometiéndome hombres para someter y jugar a mi modo...
Eso me fascina.

Acepté sin hacerme del rogar, me convenía, me llenaba de beneficios y de víctimas... Hombres, malditos hombres, sólo sirven para ciertas cosas... y para manchar las alfombras con su sangre.

Aquel molesto animalillo aún me seguía... ¿Que tánto....? Solía posarse sobre mi hombro, sin yo haberlo llamado. Era obvio que le agradaba yo a él, pero de igual, no me es muy agradable la compañía, quizá "aceptaba" a mis nuevas "compañeras", pero eso era diferente...
Las plumas negras del cuervo rozaban la piel de mi oscuro rostro, mientras sus tétrica mirada se posaba con deseo sobre el cadáver... Creo que me estoy acostumbrando a su presencia... Sin haberlo esperado, el ave aleteó con fuerza y se posó sobre el muerto, de seguro buscando alimentarse.

Nuestros pasos siguieron un buen trecho pero, al pasar frente a un pasillo situado a mi izquierda, unos sonidos captaron mi atención: había gente allí.
Una sádica sonrisa se dibujó en mi rostro, mientras murmuraba unas cuantas palabras a las demás
-Iré a jugar...

Me desvié, dejando al pequeño animalillo "comer" en paz, llegando al final del pasillo, quedando frente a una puerta entreabierta, la cual empujé con cierto cuidado, dejando escapar un débil y parpadeante haz de luz, que pronto se vio intensificado al abrirla. Con gran alegría, hallé un pequeño salón vagamente decorado, más bien rudimentario a comparación con el resto de la edificación, en el que un par de sirvientas y un mayordomo sostenían una pequeña charla.

La sola vista de aquellas mujeres me recordó mi pasado de mujer de servicio, recuerdo que se transformó en una mueca de asco y desprecio.
Aquellos se sorprendieron al verme, a mí, a una Drow, quizá nunca habían visto a alguien de esta raza, o simplemente -y con mucha lógica- se preguntaban que rayos hacía yo allí y a esas horas de la noche.

Antes que pudieran salir de su sorpresa y articular alguna pregunta, de sus bocas salieron sonidos de espanto pues, una flecha de las mías acababa de atravesar el delicado pecho de una de las mujeres, una pelirroja bastante joven pero para nada bella, acabando con su vida casi al instante, tan sólo dándole tiempo de dedicarme una mirada confundida, que pronto se tornó vidriosa y opaca. Cayó al suelo con un ruido sordo, sin respiración, sin pulso, mientras yo reía.

Sí, reía, me daba tanta diversión verla caer... Lástima que fuese mujer, pero es que la ira que me invadió en el momento al verla tan asquerosamente inferior a mí, me condujo a su asesinato. Quizá fui muy rápida, ni siquiera me dio tiempo de divertirme... pero ya tendría con los otros dos...

Ahora que los menciono, lo que hicieron al presenciar la muerte fue gritar de espanto; para nada pues, nadie correría en su ayuda, además de que la única puerta que había, era por la que yo había entrado, y les impedía el paso.

Aún mantenía el arco en mis manos, tenso, con una nueva flecha apuntando al corazón de la otra mujer.
-Queridos amigos míos, si morir en este instante no es de su agrado, deberán complacerme en todo lo que les pida... ¿Entendido?

Mi voz se tornaba cruel... Estaba decidida a no dejarlos escapar vivos pero... si quería que me obedecieran al pie de la letra, debía engañarlos ¿No?
Mudos del miedo, sólo atinaron a asentir con sus cabezas con lentitud, como quien acepta su condena sin otra opción.
Dí unos cuantos pasos hacia ellos, haciendo que retrocedieran un paso, y me flexioné para sacar la flecha del, ya colmado de sangre, pecho de la pálida desdichada.

Me acerqué al hombre -que no rondaría a más de los 30 años de edad- lo tomé por sus vestimentas y, con la diestra, pasé la punta de la flecha por su cuello, lo suficientemente profundo como para cortar pero no para que fuese grave. Sentía su respiración agitada, sentía sus temblores... Presentí un movimiento de la mujer y, entre dientes, le advertí que no se moviera o moriría de inmediato.

A la herida que le causé a él con la flecha, acerqué mi rostro, le miré por un par de segundos, para luego acercar mis labios a ella. Lamí su sangre, y aquel sabor metálico inundó mi paladar. Por un instante, envidié a los vampiros; aquel precioso líquido valía mucho para mí.

Me separé, guardé la flecha en mi espalda, y lo siguiente que hice fue buscar entre mi bota derecha una de mis dagas...
-Señor y señorita, comenzará la diversión.

(...)
Salí de esa habitación bastante rato después, no sabría decir con exactitud cuánto tiempo estuve entreteniendome con aquellos; quienes ya podría decirse que se hallaban rumbo al más terrible infierno, luego de una brutal tortura...Sonreí con gusto cuando ví sus cuerpos destrozados y tendidos en la alfombra, me relamía los labios... que manjar tan dulce. Como siempre, uno de los huesecillos más pequeños del hombre reposaba en mi mano, envuelto en mi puño, como un honorable trofeo de caza.

Apenas puse un pie en el pasillo, aquel endemoniado pajarraco volvió a seguirme. No me gustaba, pero por alguna razón, no me decidía a matarlo...
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Rosalie Drachenzähne

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MensajeTema: Re: Die verdamen nacht   Jue Nov 25, 2010 9:37 pm

<<Y en esto nos habíamos convertido>>

Me giré de pronto para encarar a uno de los bandidos. Que ilusos fueron al pensar que podían conseguir fácilmente un botín de nuestra parte. Recuerdo que nos rodearon de pronto, al principio solo nos seguían el paso, confiados en que viajábamos solos o viéndonos quizás la cara de extranjeros, lo cierto es que se equivocaron completamente. Debieron retroceder…

Enarqué una ceja y mi rostro se tornó sarcástico cuando uno de ellos se aproximó hacia mi confiado en poder derribarme fácilmente, miré por el rabillo del ojo que el cuervo negro que habitualmente se posaba sobre mi hombro emprendía el vuelo hacia un lugar lejano, sonreí de medio lado y me encogí de hombros, siempre lo hacía frente a una batalla, ya era costumbre.

<<No me quejaba realmente de nuestra vida actual, tenía fe en que era temporal, pronto, cuando junto con mis hermanos logremos dar el golpe de Estado en Khardam las cosas tomarán un rumbo diferente… aunque qué más quisiera que todo volviera a como era antes… >>

Agité el látigo que colgaba de mi cintura e hice que se cerniera sobre los pies de mi contrincante provocándole una graciosa zancadilla, sin embargo alguien me cogió por la espalda de improviso y acercó su daga hacia mi cuello, sentí su aliento demasiado cerca del rostro y asqueada le proferí un golpe en el estómago con el codo logrando quitarle la daga para impactarla contra su frente a sangre fría.

<< Nadie… nadie me toca >>

El sujeto que derribé con mi látigo se había puesto de pie y aprovechando mi distracción se lanzó en mi dirección blandiendo una enorme hacha, me agaché de inmediato para esquivar el primer ataque y ladeando la cadera flexioné mi pierna derecha y le di una patada horizontal bajo las rodillas para que cayera de espaldas contra la superficie, luego habiendo este soltado su arma posé en pie sobre su torso y cogiendo su arma que era un tanto pesada le corté la cara de una manera un tanto sanguinaria. Varias fueron las gotas de sangre que saltaron sobre mi rostro y ropa, pero no me importaba, ahora mis ojos relampagueaban con una profunda furia producto del dolor de mi pasado… pero entonces aquel cuervo descendió y se posó nuevamente sobre mi hombro… entonces me calmé y respiré consecutivas veces para no perder los estribos.

<<Ya… acabó >>

Khaelos había luchado como una máquina de matar y Wolph me sorprendía cada día más. Habíamos vencido al grupo de bandoleros sin problemas y luego recogimos el oro que poseían, que resultó ser bastante por lo cual podríamos entretenernos unos cuantos días. Aunque lo cierto era que me costaba asimilar la banca rota en que nos encontrábamos, miré las monedas que tomaba de sus morrales y mis ojos observaron el horizonte con nostalgia.

<< Sí, las cosas han cambiado >>


Aquel cuervo tan oscuro como la noche comenzó a graznar tan fuerte que no evite darle un leve zarpazo para que se calmara, ¿acaso no se daba cuenta que estaba sentado junto a mi oído?... supongo que no.
Avanzamos un buen trecho de camino, conversamos por horas aunque no dije mucho, yo siempre fui más de escuchar. Me resultaba agradable viajar junto con mis hermanos me recordaba a las incursiones en familia que hacíamos cuando más pequeños.

Ingresamos a la amurallada ciudad sin problemas gracias a nuestro hermano Khaelos y recorrimos la avenida principal contemplando la gloriosa arquitectura de sus viviendas pero definitivamente la construcción que más se destacaba resultaba ser la gigantesca y monumental catedral en honor a Bariack exquisitamente esculpida por algún genio de la arquitectura. Observé a Wolph interrogante con la certeza de que sabría quién era el autor de aquella obra maestra luego deje escapar una leve sonrisa al notar la emoción que le causaba a nuestro hermano asistir a una de las misas de Bariack. Suspiré levemente y en silencio presté atención al intercambio de palabras que tuvo con uno de los soldados, lo cierto era que mi fe era menguante, después de todo lo que había pasado me sentía un tanto abandonada por mi Dios.

Finalmente llegamos a la susodicha posada, mantenía una decoración magnifica y ofrecía una gran variedad de servicios a sus clientes, las risas envolvían al local junto con la música instrumental, cerré los ojos por unos segundos y sentí amplios deseos de tocar el clavicordio como en antaño. El cuervo que portaba en mi hombro picoteó suavemente mi mejilla despertándome sin sobresaltos de mis cavilaciones y contemplé a la pareja de drow que nos ofrecían “el menú” que aportaba dicha posada con una media sonrisa. No era de derrochar el dinero sin embargo habíamos viajado tanto y creo que estábamos en nuestro derecho de darnos algunos lujos.

_ Por el momento solo me interesa comer algo _ Mencioné con voz apaciguada y me adelanté a sentarme a una de las mesas no sin antes mirar por detrás de mi hombro en dirección a mis hermanos _ Sugiero que brindemos por la reciente victoria, ¿qué les parece?_
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Wolph Drachenzähne

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MensajeTema: Re: Die verdamen nacht   Vie Nov 26, 2010 2:59 am

El cuerpo cayó al suelo como por arte de magia: En un segundo una espada le había atravesado el pecho de lado a lado, y al siguiente no había nada allí. Nunca había nada; era genial asesinar con limpieza y con la frialdad que Wolph lo hacía. Cuando terminó de caer el cuerpo, el joven se puso en cuclillas al lado de su víctima y volvió a hojear el árbol que hacía pocos minutos tenía entre manos. Había detenido su lectura por esos vándalos, y eso sí que lo hacía enojar; fue un justo castigo darles la muerte.

- Masshu… Ross ¿Habías escuchado ese nombre? –giró la página con delicadeza mientras miraba como su hermana terminaba de asesinar “al suyo”- Oh por dios… ¿Quieren hacerlo más sutil? –Bajó la mirada. Quizás esa era la única razón y vez que se podría enojar con sus hermanos: Masacres sin son ni ton.- Como sea… El autor habla de tres sellos de Masshu y su cita “en aquellos años” me hace pensar que estos sellos le hicieron mal. Supongo que Masshu…

Asintió guardando su libro en un bolsillo y hurgó entre las vestimentas de los desdichados a quienes había dado muerte. Sacó un par de coronas, tres de las bolsas de uno, siete de las del otro, y en el último un papel doblado donde se retrataba una mujer de bonitas facciones. Se guardó el dinero como si fuera una cosa cualquiera, pero se fijó en el retrato. Parecía una humana… aunque esas orejas… Quizás era una elfa, o quizás le había pasado algo malo con su “marido”. Como sea, tenía un buen pecho (al menos en el dibujo) y eso era –en parte- lo importante. Sacó el libro y lo metió entre hojas, como un separador.

-¿Tú qué crees hermano? Masshu… debió ser un espíritu; o un hechicero. Nadie más es capaz de dar poder con sellos. Y debió ser uno de los malos, dicen que nada hay en este libro que sea bueno. Por eso me gusta ¿Saben? Algún día deberíamos buscar lo que aquí menciona; quizás con eso podemos cobrar nuestra… venganza.

Caminar, hablar. Suspirar y pensar, se empezaba a tornar monótono hasta que Kha hizo aparecer una ciudad antigua, que en viejos tiempos Padres habían pisado. Lo recordaba, Madre me hablaba de la arquitectura de este sitio y de los fieles, además de los fieros.
Wolph se quedó quieto en cuanto apareció la ciudad… Era curioso. Al menos a él así le pareció; ellos estaban privados de las artes mágicas (razón por la que trataba de abordar El Necronomicón desde un punto filosófico), así que la aparición y desaparición de la ciudad debía ser mediante el poder mental de… ¿Quién? Nadie tendría el poder de hacer aparecer y desaparecer una ciudad entera por sí mismo. Y menos aún a las personas que dentro de ella se encuentren.

-Dudo que alguien la haya tallado en roca –dijo al darse cuenta del asombro de sus hermanos-. Según sé, no hay nadie capaz de hacer aparecer y desaparecer las cosas materiales; así que quizás esto es más bien una ilusión… Pero es más que eso ¿Una ilusión palpable? Quizás… Carajo, me dejé los libros de metafísica.

Con semblante resignado agachaba la vista mientras Kha hablaba con orgullo de la catedral y Padres. Y aún más, Bairack ¿Él? Quizás… Quizás él; se supone que pudo crear a los lores… Aunque esto era una teoría demasiado extraña y poco sustentable para Wolph; habían cientos de anécdotas donde un Lord nacía luego de haber muerto como Humano, tras rituales oscuros de los cuales no sabía mucho. Pero eso solía pasar… Así que ¿Los que hacían esos rituales se encontraban al nivel de Bairack? Quiso abrir los labios… Pero Kha se veía tan emocionado, que prefirió no echarle abajo su creencia, aunque hasta ahora que la hacía tan latente.

Me le acerqué a Ross por la espalda y le acaricié como en un masaje el hombro descubierto; hacía rato que estaba en silencio, y aunque fuera así ella, Wolph le quería tanto que incluso sin palabras se comunicaba con ella (Al menos, eso sentía él).
Caminamos así hasta llegar a una posada bien custodiada; parecía una sociedad militarizada y… con un gobierno dictador. Interesante.

Aunque de diverso haber y tamaño (palabra bien empleada) había clases de mujeres, los ojos de Wolph no giraron a ninguna en específico. Estaba aún con Ross, y a ella le quería y respetaba más que a las féminas que podría conseguir en cualquier segundo. Asintió a las palabras de Kha y de Ross.
- Nos vamos a… -señaló son mucho pensar una mesa desocupada, con una vela encendida a modo de iluminación- Esa. Un poco de vino para mí, tinto. Tendrá… -mirada a los ojos, una sonrisa y un pequeño gesto en la mirada-… No… Lo que quieras traerme, mejor.


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Murdher Schattenseele
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MensajeTema: Re: Die verdamen nacht   Vie Nov 26, 2010 7:36 am

Todas diosas de la belleza, cada una de manera especial y peculiar. Mis guerreras a quienes amo de una forma especial, no como se ama a un amante, ni como se ama a un hermano o padre… las amo como se ama a la gloria y el poder. El celestial vuelo de la icaria que posee una mente sumergida en ideales que me atraen, sus cabellos rojos como el fuego son un veneno que deseo tocar cuando la miro. La mirada profunda y seductora de la Drow, de cabellos hermosos, de cuerpo formado como por el mejor artesano, y una locura cadenciosa y espesa. La piel oscura y pensamientos salvajes de la licántropa son un éxtasis de poder, muchos subestiman su inteligencia, pero por que quienes lo hacen son tan ignorantes que caen en lo estúpido, ella es fuerte e indomable. El hada de mirada inocente y serie, de pocas palabras como yo, una mariposa que se posa sobre una flor, y al emprender el vuelo, la flor se marchita porque el veneno de sus manos es contraste con su apariencia sublime.

Éramos, ciertamente, pocas a comparación de un gran ejército, pero el tiempo apremia nuestras luchas y pronto íbamos a gozar de un poder inmenso. Y en definitiva no estábamos dispuestas a morir en el intento, lo pretendíamos y estábamos seguras de vivir y obtenerlo todo. Cansadas de un género que esclaviza a las frágiles damas, a las niñas, un género que viola y asesina indefensas mujeres que luchan por vivir. Claro que no podíamos salvarlas a todas, solo las que de verdad desean ser salvadas, el resto podían estar a merced de quienes fueran las mujeres fuertes.

Mire al hada Victoria, y sonreí de medio lado, si estaban tardando algo pero no creo que debiéramos preocuparnos, Yeyembwa era fuerte, y no se iba a dejar dañar. Pero asentí despacio y miré hacia la puerta principal. Donde estaba entrando la hermosa elfa.

-Ve a por Yeyembwa… avísale que nos quedaremos a dormir aquí. Ya debió matar al hombre y si aun vive la mujer… la matas.

Después de que Victoria se marchara hacia el despacho, me fui caminando despacio hasta estar en diagonal a Naerdolliel, cerca del charco de sangre del mayordomo que no deseo dejarnos pasar por nuestro género. Me había hecho gracia, yo prefería matar que solucionar las cosas de buena manera como lo llamaban ellos. Aunque todavía me había costado mucha reflexión entender esos conceptos de bien y mal. Y es que a decir verdad no es algo que me importe mucho. Que los demás se ahoguen en sus prejuicios y comportamientos, yo soy libre y como tal he de hacer mi voluntad.

-Naerdolliel, nos vamos ya, si quieres tomar algo de la casa es ahora.

Sonreí de medio lado mirando su cuerpo por entero y me aleje pasando a su lado, para abrir la puerta y asomar el cuerpo entero al manto de la noche que cubría las afueras de Yar Nadrak, tierra de la raza a la que pertenezco por nacimiento. Una raza oscura y poderosa pero que me fue negada de conocimiento, me fue negada mi familia de cuna, puesto que soy vampiro por espíritu y crianza. Soy un ser oscuro no marginado del sol.

Cuando estoy fuera, miro a mí alrededor, el clima es ahora muy peculiarmente caluroso, el cielo se veía ya despejado y la luna blanca estaba en todo su esplendor, junto a las estrellas que no ven forma de opacar a la reina proclamada de las noches de Utopía. Y me vinieron a la mente los recuerdos de aquellas templadas noches, con distintos escenarios, cuando encontré a cada una de ellas y les invite a formar el cambio en la tierra utópica. A fomentar un nuevo mundo de matriarcado.

Alce el rostro para mirar en vuelo lento a la icaria, batiendo sus alas con la delicadeza de un ave cantora, no podía dejar de pensar en esa belleza que se concentraba en mis compañeras, pero tenía una intensa atracción hacia Emelyne, alce mi mano con la palma hacia arriba.

-Emelyne, ¿está todo en orden?

Sostuve mi mano para que al bajar el vuelo se apoyase en mi mano para tocar el suelo, un gesto de caballerosidad se le conoce, en mi caso es… cortesía y educación. Además de que adoraba sus manos. Tocarle las manos es algo que encuentro muy erótico y atractivo. Pero ya seguro ni se inmutaban en eso mis guerreras, yo la mayor parte del tiempo tengo una actitud hedonista. Buscando el lado sexual en lo que me rodease.

Esperaba a que ella bajara cuando las demás llegaron a las puertas de la casona, yo mantenía mi mano en alto para la icaria mirando hacia su cabello, un color primoroso. Podríamos ver si tomábamos a los caballos del establo trasero y largarnos de ahí para llegar a la ciudad, me pareció mejor idea vender la propiedad. En la ciudad sería sencillo encontrar un buen postor. Pero entonces un rayo azul y brillante atravesó el cielo como si deseara partirlo en dos, y a poco tiempo que su luz se desapareció en un parpadeo, vino el fuerte estruendo. Entonces gotas suaves de lluvia comenzaron a caer de poco en poco.

-Maldición…

No es que la lluvia nos fuera a hacer daño, por su puesto nada podría detenernos, pero no me gustaba maltratar las telas de mi ropa con el agua salada de la lluvia.


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Yeyembwa

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MensajeTema: Re: Die verdamen nacht   Dom Nov 28, 2010 10:59 am

Sangre humana…
Sangre humana que escurría por su hocico en un salvaje y monotono gruñido, el rojo carmesí del vital líquido se mimetizaba en la oscuridad de su pelaje, al fin y al cabo, ella solo lo veía oscuro y nada más. Aquel hombre no había podido defenderse de la lobata negra. De cierta forma le había parecido divertido morder sus brazos, sus piernas… bueno, Yeyembwa solo lo veía como “cazar una presa” realmente no lo hacía por malicia alguna (al menos aun no). Observó a la mujer agazapada en la cama, humana también… con una expresión en el rostro absorta, pálida… una expresión de terror que la licántropa ya estaba acostumbrada a ver tanto en sus propias presas naturales, como en “esas presas”.

Mwitua, habíase escondido bajo los muebles… Era extraño ver a una loba con un mapache de “mascota”, realmente ella lo veía como un amigo y lo protegía, pero los instintos del animalito con antifaz aún le hacían guardar cierto cuidado y recelo incluso para con ella misma. La lobata lo miró por breves segundos mostrándole la lengua en un jadeante jugueteo para luego sacudir la cabeza y el cuerpo entero hasta la cola, trepó de un solo salto a la cama donde la mujer se encontraba…

Era extraño, pero había algo que no le dejaba atacar a aquella “pecho lleno solo así”, por lo que se limitó a gruñir y bajar nuevamente de la cama, al momento de dar la media vuelta notó como el “pecho plano” aun respiraba un movimiento de su mano lo delató, Yeyembwa gruñó eufóricamente tirando una súbita mordida a los dedos del humano clavando los colmillos en estos, destrozando incluso el dedo pulgar, un gemido escapó de la débil voz del atacado, acto seguido dirigió una letal mordida a la yugular de este quien se encontraba boca arriba, instante en el que la puerta soltó un ruido, el mismo chillante y molesto sonido que breves momentos había hecho.

La loba alzó las orejas algo absorta soltando un bufido por la nariz para morderse la lengua, mientras caminaba en dirección a la puerta, empujó con el hocico pues estaba un poco entreabierta, abrió grandes los ojos al percatarse de la presencia del hada Victoria unos cuantos pasos cerca de ella, Yeyembwa movió un poco la cola en señal de ansiedad, volvió a cerrar la puerta emitiendo un aullido algo escandaloso, parecía olvidar en ocasiones su forma humana, sin embargo era simplemente el hecho de que… era más cómodo para ella estar en su estado canideo, más rapidez… más agilidad, más capacidad para escabullirse, aun y cuando fuese más grande que los de su propia raza.

En su hocico llevaba la lanza sostenida cual perro jugando con una varita de madera, haciendo que la punta de esta provocara un seco sonido al desplazarse por el suelo, en su cuello colgada la cerbatana, caminaba despacio con la cabeza ligeramente agachada por el peso del arma. Detrás de ella el mapache no se quedaba atrás, pues esta llevaba la daga de la loba sujeta por el mango de una forma curiosa. Pasaron ambos por un lado de Victoria, Yeyembwa le dirigió una breve mirada volviendo a mover la cola casi imperceptiblemente, se detuvo siguiéndola con la mirada, la mujer estaba con vida todavía, pero a la loba poco le importaba, continuó su andar hasta llegar donde Murdher, dejó las armas caer al suelo al abrir el hocico sentándose en sus patas traseras para después acostarse sobre las delanteras, elevando la cabeza aun con lar orejas erguidas, hasta ese momento no había divisado a nadie más, hasta que su “líder” se encamino hacía afuera, la lobata negra siguió tras ella a alejados pasos, para observar primero a una de las recién llegadas, la elfa y la icaria...

Yeye recordaba muy bien el día que las vió a ambas por primera vez, eran razas que simplemente desconocía, la elfa negra... muy similar a los que ella en alguna ocasión había divisado, pero, su piel oscura, tan parecida a la de la lobata, y esas facciones... que "pecho lleno" tan curiosa, mas, la icaria... La icaria Emelyne era de sumo interes para la lupina, esas alas... ¡¡Volaba!!, sin duda había cosas que Yeyembwa no había visto nunca en su vida, esas dos estaban dentro de eso, sacudió la cabeza evadiendo el recuerdo vagamente para darse cuenta de que ahora convivía /de alguna manera) con ellas... volvió a sentarse en el suelo con el hocico entre las patas delanteras, probablemente algo aburrida pero. claro... observando todo. Mwitua recargose sobre ella, esperando a que se levantara… pero Yeye esperaría hasta que las otras avanzaran.

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-Emelyne-

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MensajeTema: Re: Die verdamen nacht   Jue Dic 02, 2010 4:02 am

Siempre resulté ser diferente...
La esencia precede a la existencia. No sé qué tan cierta sea esa frase pero sé que en mi caso resulta completamente correcta. Yo desde el principio fui diferente, no fue el mundo quien moldeó mi carácter, o al menos no del todo, desde que tengo memoria recuerdo llevar la contraria en todo cuanto me han impuesto, mi sed de rebeldía yace en mi desde el principio de mi existencia y estoy segura que me acompañará hasta la muerte.
Y realmente no me quejo, me gusta ser así, distinta, llevar la contraria, sobresalir, seguir mis ideales o hacer simplemente lo que me entre en gana, sí, el libre albedrío es mi lema, está tatuado en mi personalidad. Entonces ¿por qué estoy con Murdher? ¿Por qué obedezco sus ordenes?, ¿no sería contradictorio en mi persona este nuevo camino?... quizás... mm no, ¿saben qué?, no, no es así, yo escogí estar con Murdher porque sus objetivos se moldean perfectamente a los míos, sus leyes son como las mías y ambas tenemos una visión similar para con los hombres, además de que era agradable trabajar para alguien tan hermosa y digna como ella, son este tipo de ordenes las que vale la pena obedecer.

Y no era mi comportamiento lo que me diferenciaba de muchos, era también mi forma extravagante y con cierto toque de originalidad a la hora de vestir. Lo normal entre los icarios es usar unas especies de togas o armaduras que en mi opinión eran horribles, una muestra perfecta de mal gusto, yo siempre admiré las vestimentas de los seres de otras razas, resultaban cómodas y hermosas, y aunque quizás no eran las más adecuadas a la hora de la batalla… pero siempre tenía el consuelo de que preferir morir con estilo que sin él.

Usaba en estos momentos un vestido violeta con falso negro con un cuello del mismo color del vestido, era el traje de una bailarina, en mi caso, el de una asesina:

Spoiler:
 

Agité entonces mis alas, ¡oh mis preciosas alas!, si de algo me enorgullezco de mi raza son de lo suaves, blancas y útiles alas que me ofrecen una perspectiva amplia, inmensa y sublime del mundo, desde altura que logrado llevar a cabo grandes cosas y una de ellas fue conocer a Murdher y su organización. Una liga de mujeres... oh, si las mujeres gobernasen el mundo sería un lugar mejor, mucho mejor ya que en manos brutas y mentes huecas como la de los hombres no se puede esperar nada bueno para la sociedad.

Pero para eso aún quedaba un largo trecho, sin embargo el camino tendría menos obstáculos si hacía bajo el mando de Murdher. Oh Murdher, tan hermosa como inteligente, una líder nata. Descendí lentamente teniendo como punto de encuentro su bello rostro esculpido por ángeles que buscaban la obra perfecta pero envidiosos de su belleza decidieron dejarla y darle vida.

-Todo perfecto, lady Murdher, y acá en tierra ¿se obtuvo lo requerido sin problemas?-

Mi mano se sostuvo en la de ella y mis dedos recorrieron lentamente los suyos, eran suaves y cálidas, el punto clave de la feminidad.

Pero una lluvia repentina echó a perder aquel encuentro con cierto toque de intimidad y mi rostro se mostró algo descontento, alcé las alas cual amplia eran para proteger a mi jefa de la lluvia y le hice ademán de ingresar a la mansión.

-Vamos mi señora sería una pena que un vestido tan hermoso se arruinase-
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MensajeTema: Re: Die verdamen nacht   Mar Dic 07, 2010 6:54 am

Victoria asintió ante la respuesta de Murdher, y sin esperar comenzó a caminar hacia donde habían estado al principio, la "biblioteca", aunque podría decirse que esta había sido profanada con el uso que le habían dado. Era un asco. Como disimulaban en la sociedad, presumiendo como pavos reales, y una vez fuera de la vista de todos... Hacían cosas repugnantes. El hecho solo de vender su propio cuerpo por dinero era asqueroso, pero estar con alguien que hacia eso...

A pocos pasos de entrar a esta, la puerta se abrió, y el hada observo con interés como Yeyembwa salia de la habitación. Y aunque no dudara mucho la efectividad de esta, siempre valía comprobar. Aunque antes...

-Por cierto... Nos quedaremos a dormir aquí. Si la buscas, esta en la sala - Aviso ella, y añadiéndole ese anuncio.

Tras lo cual abrio la puerta de la habitacion, y entro en esta, tras lo cual cerro la puerta. Observo el sitio, esbozando una media sonrisa ante el cadaver del hombre. Y luego giro a ver a la mujer. La cual estaba pálida y tenia una expresión de terror.

Dando unos pasos hacia donde estaba ella, su sonrisa tomo un tinte macabro, y sin mas, tomo su daga de donde la tenia, y la lanzo rapidamente hacia su pecho. Aunque la mujer se encogio sobre si misma, no fue tiempo suficiente para evitar que le diera. Y sus ojos se abrieron de par en par, con lo que comenzo a boquear, obviamente hiperventilada. Aunque solo era peor. Aceleraba lo que ya iba a ocurrir. Aunque quizas fuera mejor que lo hiciera. O incluso que apurara el proceso.

"Te condenaste desde el mismo momento que vendiste tu cuerpo por primera vez... La verdad, no mereces ni una muerte rapida, pero tengo mejores cosas que hacer que esperar a que te mueras" - Penso ella, tras lo cual uso Asfixia, viendo como entonces la mujer sacudio los brazos con desesperacion, tratando de respirar, y aumentando su muerte, pasando muy poco tiempo para que sus ojos se pusieran vidriosos, y sus brazos cayeran, con lo cual se acerco y retiro su daga del pecho de la mujer, limpiando la sangre con un ropaje tirado en el lugar. Tras lo cual se acerco nuevamente a la puerta, la abrio, y salio del sitio, cerrandola tras estar fuera, y comenzando a acercarse a la sala nuevamente.

Y aunque la muerte de la mujer no habia sido la mayor cosa, había algo en su mirada de terror que le había recordado a su madre. Quizás el hecho de que ambas estaban con un idiota, y que ahora sufrían por culpa de el. O algo así.

Y uno se preguntaría, Por que estaba ella en esa organización? A primera vista no había nada que la obligara a eso. Sin embargo, los había.


"La chica estaba escondida tras la escalera, viendo a las criadas hablar, y oyéndolas con atención. Era raro últimamente que tuviera un momento libre, y aprovechaba ese para espiarlas. Porque ya hacia un rato las había oído cuchicheando, hasta que la habían visto. Y entonces habían callado. Pero ahora sabría que querían decir. Y si era algo que valía la pena. Casi nunca hablaban entre ellas.

-Están echando a perderla. Antes era risueña. Pero ahora... Hay algo en ella que me da escalofríos - Comento una.

-Bah. A ti todo te da escalofrios. Pero sin embargo... Si es verdad que sus metodos de educacion son... - Respondio otra.

-¿Inutiles? Muy cierto. Y segun se, todo eso lo ordeno el señor. La ama queria ser mas sutil, pero el amo ordeno que fuera con todo. Y dijo ademas que eso era porque era una mujer. Los hombres eran mas disciplinados y no habia que tenerlos tan atados
- Dijo la otra.

-Y segun me entere, esta buscando un hombre soltero para casarlo dentro de unos años. Dice que asi no debera vigilarla, y dejara de ocuparse de esa plaga - Apunto la que habia hablado de primera.

La joven retrocedio, con lagrimas en los ojos, y luego echo a correr, escandalizada... Su padre... Habia dicho eso..."

Cariño no era lo que sentia la joven por los hombres, en tal caso. Podia soportarlos, pero ahora... Ahora podrian ver la grandeza del sexo femenino, y dejar esos estupidos prejuicios. Verian el herror que habia cometido...
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Naerdolliel

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MensajeTema: Re: Die verdamen nacht   Sáb Dic 11, 2010 3:30 am

Morir... No puedo comprender cómo para algunos esa palabra es sinónimo de algo desagradable, algo que se desea olvidar, algo que pretenden ignorar hasta que sienten un frío aliento escapar de sus bocas, un frío aliento que perturba sus pensamientos y los vuelve blancos, tal como se van viendo sus ojos ahora... Sí... Cuando la muerte llega, no hay marcha atrás, no hay manera de escapar, no hay forma de librarse...

Pero yo no lo veo de esa forma... La muerte es hermosa... La muerte del prójimo, claro esta. ¡Cuánto placer me da cercenar los inútiles y asustadizos cuerpos de mis víctimas!... A veces lloran, a veces gritan, otras se retuercen... Pero si hay algo que todos, inevitablemente hacen, es sufrir una lenta y tortuosa agonía... Me creen loca, me creen extraña, me creen un demonio... Sí... Un hermoso demonio sediento de sangre, que acecha, seduce y luego traiciona bajo el velo de seda de una habitación, o bajo la brillante luz de Deoir... Quizá soy algo vanidosa, pero eso es algo que definitivamente no puedo evitar... La mayoría de las personas no se han dado cuenta de la satisfacción, del goce, de la diversión que existe en la tortura... Es excitante tener una víctima joven, bella, apetitosa... Usarla por largo rato... Para luego entretenerse con sus restos hasta aburrirse...

Quizá es esa una de las razones por la que decidí aceptar unirme a esta extraña pero curiosamente lógica organización... Controlar, dominar, imperar, son palabras que me encantan y se ven envueltas en todo este asunto. De llegar a cumplir el cometido, tendría a mi disposición todos los hombres y mujeres que desease para hacer mi voluntad... Este punto me interesa enormemente, además que no solo podré disfrutar de ello luego de la victoria, sino que también mientras se busca lograrla...
¿Las mujeres merecemos dominar? Eso es seguro.

Toda la vida hemos servido al que se hace llamar “el sexo fuerte”, hemos soportado duras injusticias, y es el momento de la venganza… Pero… ¿Lo hago porque es mi deber defender a mis congéneres fuertes, o porque sencillamente me divierte? Sea como sea, ya estoy aquí y eso es lo que importa.
Sé que tengo un gran prejuicio contra los hombres, les odio y les aborrezco a una misma vez. Siempre he defendido a las mujeres que luchan por su libertad, eso también lo sé, y es un muy buen motivo, ahora que lo pienso, para seguir con ellas.

Casi por reflejo, tomo entre mis manos las “cuentas” de mi collar de huesos, y relamo mis labios nuevamente… Cuanto placer me ha producido conseguir aquellos “premios”… y seguirán aumentando en número.

-Naerdolliel, nos vamos ya, si quieres tomar algo de la casa es ahora.


La bella Murdher me ha arrebatado, por unos momentos, el gusto de navegar en mis pensamientos detenida en la puerta principal, ignorando el cadáver del mayordomo inútil que yacía junto a mí tendido en el suelo, llenando todo de su sangre. Me ha avisado la marcha, pero sinceramente no me interesa en lo más mínimo las posesiones que aquellos pudiesen tener, no me molestaría en rebajarme al robarle a seres tan despreciables, por lo que simplemente caminé a las afueras de la casa.

Un par de picoteos en mi cuello, me acomodo la capucha y agito un brazo para apartar de mí a aquel endiablado animal emplumado. A veces me molestaba, me desesperaba, pero otras veces sentía como si me hiciera una especie de “compañía”, además de ser quien disfrutaba de mis asesinatos… Quizá no se había apartado de mí por esa razón, quizá yo era su fuente de alimento, simplemente me utilizaba… Curioso es cómo un simple animalillo puede comprender lo que es aprovecharse de alguien más…

Aquel se apartó por fin de mi ser para posarse en cualquier cosa no muy lejos de mi posición… No muy lejos de mi posición… Le encantaba vigilarme, y eso me perturbaba en cierto modo. Decidí ignorarlo y acercarme a los pasos de Murdher, cuando de repente comenzó una pequeña llovizna. No le presté mucha importancia al principio, pero después imaginé que habían posibilidades de que lloviera mucho más fuerte de un momento a otro. No es que le temiera al agua, simplemente era bastante incómodo andar empapada de agua andando por senderos llenos de lodo…

Me cubrí, como pude, completamente con la capa, y adelanté algunos pasos sin razón alguna, ni rumbo trazado, simplemente me limité a encontrarle oficio a mis piernas, observando el bello cielo nocturno de cuando en cuando, esperando algún tipo de orden, hasta que me decidí a hablar, en un tono bastante neutral.

-¿Hacia dónde ahora?- Observé el gesto de la icaria- ¿Entraremos a la mansión?

La pregunta no iba dirigida a nadie en especial, más bien, al aire, esperando una respuesta por parte de cualquiera de las presentes.
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Khaelos Drachenzähne

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MensajeTema: Re: Die verdamen nacht   Mar Dic 14, 2010 11:26 pm

Nuestro hermano, como siempre, demostraba que era el más inalterable de los tres, además del más culto. La frialdad con la que mataba era desde luego algo agradable de ver, y contrastaba con la furia que Ross y yo mostrábamos a la hora de asesinar desgraciados. Sencillamente había dejado su libro, había matado a los que le habían tocado, y había recuperado la lectura sin desconcentrarse. Digno de ver, desde luego. Escuché entonces sus palabras cuando se quejó de nuestra poca sutilidad a la hora de matar. Yo, soltando una carcajada, le respondí, tras haberles dicho que saquearan al enemigo:

-Hermano, lo importante es que sufran y que mueran. Es divertido ver las caras de dolor que ponen cuando les arrancas un brazo o los partes por la mitad.-

Luego escuché sus palabras sobre un tal Masshu o algo así, una especie de hechicero o espíritu. Y al parecer, era un tío chungo. Según parecía, el libro que mi hermano leía trataba sobre cosas malvadas y todo ese estilo. De los tres, creo que es el que mejor puede descifrar todo lo que en él haya oculto. Tal vez por eso dijo que podríamos usar esos sellos de poder que el libro mencionaba para nuestra venganza. Yo me encogí de hombros y le dije:

-Ni idea de quién fue el tal Masshu, pero fuera quien fuera, debía ser un hechicero de gran poder para imbuir esos sellos, y seguramente ahora mismo sus huesos estén convertidos en polvo. Lo que necesitamos por encima de todo es dinero y aliados vivos hermano. Aún en el caso que encontráramos esos sellos que menciona el libro, no servirían de nada si no sabemos cómo se usan. De todos modos… A lo mejor un día podríamos probar suerte.-

Tras eso, nos pusimos en marcha, manteniendo una larga conversación entre los tres. Ross, como siempre, fue la que menos habló. Su carácter reservado me recordaba al de nuestra madre. Se parecían bastante. Sobretodo en el aspecto de que ambas, teniendo como rango nobiliario el de condesa, parecían más bien reinas. Wolph, por su parte, habló más que nuestra hermana, ya que eran constantes nuestros debates y razonamientos conjuntos en lo que a cosas de su libro y a planes futuros se referían. Bastantes conclusiones interesantes surgían de nuestras pláticas.

Finalmente llegamos a Yar Nadrak, ciudad que se nos reveló cuando mostré el colgante. Fue entonces cuando Wolph planteó sus dudas sobre cómo se lo harían para mantener escondida aquella ciudad. Como siempre, quería verlo todo de forma lógica, pero… Teniendo en cuenta las cosas que al menos yo había llegado a ver… ¿Era posible aplicar lógica a todas las cosas? No estaba seguro… Se lo mencioné, respondiendo a sus hipótesis, cuando aún estábamos junto a la puerta:

-A mi se me ocurren tres formas distintas para esconder esta ciudad. La primera, es han empleado algún tipo de material que reflecta la luz del sol o algo así y genera una sensación de espejismo. Tal vez, usan magos o psíquicos poderosos para mantener una ilusión permanente que solo se revele ante éste colgante. O bien, puede tratarse de…-

Las últimas palabras las dije señalando con el pulgar hacia arriba, a la escultura del rostro de Bairack que había en la puerta de entrada. Era plausible, teniendo en cuenta la de cosas inexplicables que habían sucedido a lo largo de la historia del mundo, y más plausible aún teniendo en cuenta de que, de entre todas las deidades, una de las que más veces se había dignado a personarse en nuestro mundo era precisamente Bairack. Tras eso, entramos en la ciudad.

Una vez pasada la patrulla a la que le pregunté sobre la catedral, llegamos finalmente a la taberna indicada por los soldados. Una vez dentro, y tras ser atendidos por la pareja de drows, Ross y Wolph decidieron que lo mejor sería tomar algo para celebrar nuestra victoria. Yo estuve de acuerdo, me apetecía beber algo, y lo cierto es que además de sediento estaba hambriento. Les respondí asintiendo con la cabeza. Se sentaron en una mesa, y yo me senté con ellos, asegurándome antes de que la silla fuera resistente. Si solo fuera por mi peso muscular, entonces no habría problema para sentarme donde fuera, pero si contábamos el peso de mis armas y armadura, entonces las cosas cambiaban. Por suerte, pero, las sillas eran de acero negro exquisitamente forjado las cuales, a pesar de haber sido construidas principalmente para decorar, no habían olvidado su función de sustentar peso. Sus patas y refuerzos daban fe de ello.

Ya sentados, me quité la mochila y las armas, dejándolas apoyadas en la silla libre que quedaba. Moví varias veces los brazos hacia atrás y hacia delante, haciendo crujir los hombros un par de veces. Me sentaba bien deshacerme de algo de peso de tanto en tanto. Puse el casco en la silla que usaba como soporte para mis armas, y tras acariciarme la cabeza rapada, esperé a que llegara el servicio. Wolph ya había pedido algo de vino tinto, así que el camarero que nos atendió, además de traer un pequeño retablo donde apuntar lo que queríamos, también trajo una botella de vino, uno de los mejores en el mercado había que añadir, y copas para los tres. Le sirvió a Wolph, y luego nos preguntó a Ross y a mi si queríamos ese mismo licor. Yo negué con la cabeza, y tras escuchar la típica pregunta de “¿Qué desean tomar?”, yo respondí, rascándome la barbilla:

-A mi me apetece cerveza. Mucha. También, si pudiera traer un estofado, mi estómago se lo agradecería. Hermanos, ¿vosotros qué queréis?-

Tras tomarme a mí el pedido, el camarero esperó a que Ross y Wolph le dijeran también qué deseaban tomar. Una vez ambos le respondieron, el camarero se retiró raudo a las cocinas, donde fue a buscar nuestros pedidos. Mientras esperábamos, les pregunté a mis hermanos, inclinándome sobre la mesa, y hablando en un tono de voz algo bajo:

-Hermanos… Quiero que sepáis que no os he traído aquí con intenciones puramente turísticas, como ya habréis deducido. Veréis… En esta ciudad hay algunos conocidos de nuestros padres que podrían proporcionarnos ayuda, ya sea económica o militar. También tengo algunos contactos de nuestros padres, quienes me aseguraron que podríamos obtener ayuda de algún que otro sacerdote de Bairack, siempre y cuando nosotros les devolviéramos el favor, por supuesto. Tenía pensado además que aquí podríamos crear el cuartel general de nuestro futuro ejército. Somos lords oscuros, pertenecemos a un noble linaje, tenemos algunos aliados bien posicionados en esta ciudad, y somos muy capaces de sacarnos dinero fácil, así que aquí podríamos encontrar una gran cantidad de ayuda, y la posibilidad de instalar una base sin riesgo a que se nos persiga… En parte, de ahí mi gran interés a asistir a una misa de Bairack. Hay un sacerdote que tuvo tratos con nuestro padre. Mañana trataremos de ponernos en contacto con él. ¿Qué opináis vosotros?-
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Rosalie Drachenzähne

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MensajeTema: Re: Die verdamen nacht   Sáb Dic 18, 2010 2:43 am

Me limitaba simplemente a curvar una media sonrisa ante todo lo que decían mis hermanos, hoy era uno de esos días en que no me gustaba decir nada, ahogaba mis palabras y sólo me escuchaba en pensamientos. Realmente me costaba asimilar todo lo que nos estaba sucediendo, y es que la necesidad de robar para sobrevivir antes era impensable, lo teníamos todo, nunca nos faltó nada, y ahora… el mundo parecía haberse puesto de cabeza. Sin embargo no me sentía muy a gusto con mi silencio, se me estaba haciendo costumbre y temía preocupar a mis hermanos, lo que menos quería era causarles molestias.

_Masshu… no, jamás escuché tal nombre_ Respondí entre palabras apagadas y luego contribuí a lo expresado por Khaelos negando con la cabeza y de manera sucinta _ No me fio de la magia_

Concordaba con Khaelos en una cosa, nuestra venganza debía realizarse por medio de aliados que en conjunto crearan un gran ejército, un ejército amante de la sed de sangre que sin piedad destazara a nuestros enemigos. Mi mano hizo un puño con tal solo pensar en nuestra venganza y un halo de ilusión me envolvió por breves segundos pero la sombra de mi pasado siempre se posaba sobre mí y rompía mis anhelos, ¿qué sucedería si la venganza no era capaz de apagar mi odio?, varias veces me lo planteé y un miedo irracional me envolvió con tal solo pensar que no podría volver a ser la de antes, debía confiar que la venganza era la puerta a mi felicidad… además no estaba sola en esta batalla. Observé a mis hermanos con cariño a medida que escuchaba sus teorías acerca de cómo se oculta la ciudad y me limité a asentir ante ambas ideas, realmente prefería no saber, el misterio a veces hace más interesante las cosas.

Noté entonces como las manos de Wolph se posaban sobre mis hombros y sin sobresaltos apoyé las mías sobre las suyas girando levemente la cabeza para observarle, temí que mi silencio le estuviese preocupando así que añadí en voz baja _ Pensaba de qué forma se mantiene esta ciudad oculta… es bastante curioso _ Atiné a decir haciendo un amago de sonrisa mientras mi cuervo se posaba en el hombro de Wolph al ver que los míos estaban ocupadas con sus manos.

Llegamos al recinto y luego se sentarnos tomé la carta con ambas manos y comencé a hojear las comidas, pedí la especialidad de la casa y acepté el vino tinto que ofrecía el camarero con las palabras precisas, luego, cuando estuvimos solos mi rostro adquiría un tinte interesado al escuchar las palabras de Khaelos.

_Brillante..._Musité abriendo los ojos ampliamente y juntando ambas manos para apoyar mi barbilla en ella mientras mantenía los codos apoyados sobre la mesa me apuré en añadir _ estoy de acuerdo hermano, seguramente ese monje ha de tener información que nos puede resultar muy útil... sin embargo, ¿es realmente de confianza?, no hay que olvidar que unos cuantos de los que alguna vez fueron aliados de nuestros padres se unieron al ataque fortuito de nuestros enemigos por conveniencia_ Guarde silencio por unos momentos y finalmente tomé una decisión _ No obstante a estas alturas no veo mal arriesgarse... . Y otra cosa..._ _ Sonreí al preguntarlo _¿por qué te gustaría que este lugar fuera nuestro cuartel secreto?_ Si bien era cierto que resultaba dificil que nuestros enemigos sospecharan de este lugar quizás había otra razón y me gustaría saberla.

<< Y cada vez quedaba menos para ver cumplida nuestra venganza>>

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Wolph Drachenzähne

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MensajeTema: Re: Die verdamen nacht   Miér Dic 22, 2010 2:13 am

-Se equivocan hermanos, Masshu no es sino un lugar –Mencionó luego de revisar unas páginas más adelante:- “Cuando apenas era un joven que viajaba solo por las montañas hacia el Este, que sus habitantes llaman Masshu, di con una roca gris tallada con tres símbolos extraños…” –siguió leyendo para sí mismo mientras avanzaba siguiendo a los Drachenzänhe; la lectura era seguida por un delgado y fino movimiento del dedo, señalando cada letra para entenderla bien. Sabía a la perfección que era más las veces que había un significado entre líneas, que uno directamente dicho; de pronto se quedó totalmente estático y bajó el libro, guardándolo en una bolsa del pantalón y posteriormente se pasó las manos por el pecho, como limpiándose; era un viejo ritual que había adquirido desde pequeño, miró hacia el frente y negó con la cabeza, para luego seguir hablando:- Y… aquí dice cómo conseguirle. Necesito… leer, necesito saber qué hace. Es sólo que… Si vosotros no estáis seguros, yo no moveré ningún dedo.

Si bien las ansias de poseer los tres signos, y el amuleto (que parecía ser una protección divina, según la lectura), era inmensa, no quería hacer nada sin la autorización de kha y la aceptación de Ross; era incapaz de desobedecer al primero, e imposible que se negara a las dulces palabras de su hermana. Sonrió con delicadeza. Las palabras siguieron surgiendo, y cada una iba acompañada de un significado distinto; lograban hablar de esas ideas alocadas en la mente de Wolph, luego volver al tema de sus padres, anécdotas y peleas. Era un gusto tener hermanos ocmo ellos, y Wolph lo sabía muy bien.

***

Hizo un gesto negativo con la mano, pero luego señaló la botella de vino y miró de reojo la mesa: Una indicación directa “deja el vino ahí”. Esperaba que Kha tuviera suficiente para pagarlo, sino ya la iban a pasar mal. Bebió despacio de la copa, alzando el meñique como le habían enseñado en clases de etiqueta, y más aún, como había visto a su madre actuar. Sorbió un poco más y asintió con la cabeza:
-Si pudiera traerme algo de pescado, o quizás carne. Sólo un corte, cocido en carbón y a medio hacer. Eso sería genial.

Volvió a asentir y sorbió otro poco de la copa; removió el líquido dentro de su boca y jugó con él mediante la lengua; el paladar y la lengua adquirían un tacto extraño; fino y un tanto gracioso, era lo que le agradaba del vino. Escuchó mientras tanto las ideas de Ross y Kha flotando en el aire, y tras pasar el licor se adelantó en la mesa para quedar más cerca de ellos y que su fina y pequeña voz le llegara a ambos:
-Si el tal sacerdote fue uno de los que traicionó a Padres, le voy a matar con mis propias manos Ross, no te preocupes tú pequeña… -Giró hacia Kha y acercó su copa en un gesto de “Salud”- Me gusta este lugar; brindo por ti y tus ideas. Brindo por los Drachenzänhe, y por nuestro futuro, y por nuestra venganza.

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Eric Vilnaris

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MensajeTema: Re: Die verdamen nacht   Lun Dic 27, 2010 8:37 pm


La madera cruje ligeramente ante el peso de unas piernas curvas y sinuosas…
Eric abre sus ojos al instante, consciente de que no está solo en la habitación. A través de la gruesa pared de su ataúd, percibe la respiración del individuo que ha entrado en la sala. Permanece inmóvil, alerta… no le hace ninguna gracia que alguien haya entrado allí a esas horas. Según Eric, aun no era hora de levantarse, aunque ya fuera de noche; sus tres mayordomos tenían órdenes estrictas de no molestarlo hasta pasada la medianoche. El lascivo humano que le había dado cobijo tampoco le estaba permitido entrar a molestarle… fue por esa razón por la que Eric no dudó en guardar silencio ante la misteriosa presencia. ¿Quién sería?¿Un ladrón?...




El viaje en carruaje había supuesto un engorroso viaje para Eric. Avanzar de día suponía mantenerse encerrado dentro de un ataúd, confiando en la lealtad de sus mayordomos humanos. Estos habían sido con anterioridad de Victoria, su creadora, y mantenían un estrecho lazo con ella. Pero nada le garantizaba que le fueran fieles a él. De naturaleza recelosa y desconfiada, Eric estaba inquieto en su ataúd. Saber que un tablón de madera de apenas 4 centímetros de grosor lo separaban del mortal astro incandescente agotaba su temple. Los traqueteos de la carroza no hacían más que acrecentar la irritación del joven vampiro. Aun así, sabía que era la manera más segura de viajar. De noche, el reino de Angarak podía tornarse muy hostil, incluso para un vampiro.
Su destino era la ciudad de Yar Nadrak, la capital del reino; nación de oscuras y pérfidas intenciones, altas traiciones y grandes eminencias vampíricas, así como de Lords Oscuros. Era, sin duda, un lugar aconsejable para reunir información sobre el paradero de Victoria. Sabia, a través de ella, de un humano residente en la capital que antaño había sido ayudado por su creadora en ciertos asuntos políticos. Según referencias de la misma Victoria, era hombre de poco fiar, y que podía llegar a ser peligroso si no se mantenía a una cierta distancia. Aun así, Eric debía arriesgarse si quería tener alguna idea vaga de cuál era el paradero de Victoria.
De repente, la carroza hizo una pausa… el corazón de Eric empezó a latir con más fuerza. Se calmó en seguida, pero, cuando distinguió la voz de uno de sus mayordomos que dialogaba con un supuesto guardia de la ciudad. Había llegado sano y salvo a la amurallada ciudad. Eric no podía hacer más que dibujar en su imaginación las grandes y altas casas de pizarra; la imponente muralla que se aposentaba como un coloso ante el cauce de un río; o la incomparable catedral de Bairack, erguida en mitad de la ciudad. Era de las pocas cosas que odiaba Eric de su condición como vampiro. El sólo poder contemplar el arte durante las fases nocturnas, sin llegar a poder observar los colores en su máximo esplendor.
La llegada a la mansión fue rápida y discreta. Sus mayordomos cargaron con cuidado y delicadeza el ataúd hasta el ala este de la mansión, alojándolo en una lúgubre habitación, lejos del sol y las ventanas. Allí, dentro de la estructura de madera, entabló una conversación con el propietario de la mansión. Concertaron una cita para pasada la media noche. El encuentro fue rápido y de pocas palabras. El trato fue frío, cortés y distante. Tanto Eric como el humano recelaban uno de otro, por lo que mesuraban sus palabras. Todo habría salido según lo previsto de no ser por la inesperada llegada de las encantadoras y letales damas. El mayordomo muerto en la entrada formaba parte del grupo de Eric. Los otros dos había logrado escapar sanos y salvos (no en vano habían estado entrenados para proteger a su ama).
La situación de Eric era delicada. No sabía que había sucedido en esas horas, ni sabía quien había entrado en la habitación. Era una situación incómoda en la que no le hubiera gustado estar. Sabía, por su propia experiencia, que era de noche, aunque sospechaba que no era aun la media noche. Su primer impulso fue quedarse inmóvil, quieto dentro el ataúd. Más su juventud le cegó la razón. Sabía que era mejor dejar que la misteriosa figura pasara de largo, pero Eric no soportaba la idea de que alguien rondara sin su permiso cerca de su ataúd. Poco a poco, y en silencio, fue apartando la pesada tapa de su oscuro y estrecho cubículo. La luz de las antorchas empezó a adentrarse en su mundo, dilatando sus pupilas, iluminando tenue y débilmente la estancia dónde se encontraba.
Era una sala hecha de piedra, con un techo alto que finalizaba en una cúpula y paredes gruesas, esculpidas de una sola pieza. Habría sido posiblemente una pequeña iglesia personal del señor de la casa en tiempos antiguos; los indicios indicaban que la mansión se había edificado como anexo a la iglesia y no al revés. Eso explicaba por qué el resto de la mansión estaba construida con una piedra diferente a la de la iglesia. La amplitud de la sala hacía bajar la temperatura en el ambiente, que era frío y húmedo. Había poca decoración, con apenas algunos cuadros góticos de reyes y aristócratas antiguos, seguramente ascendentes de la familia. Las pocas ventanas que había habido antaño, estaban ahora tapiadas por unas gruesas paredes de pizarra, que bloqueaban la luz del sol. El suelo era el único sitio donde la superficie estaba construida con madera. Era ya pasto de las termitas, por lo que había perdido su brillo original. Ahora eran sólo tablones de un color mate, completamente muerto y sin gracia, hinchados y resquebrajados por la humedad. A unos escasos metros de Eric, una figura femenina se encontraba erguida, frente a la única salida de aquel lugar. La única iluminación de la habitación provenía de las antorchas de la sala contigua, por lo que esta se mantenía en gran parte en la oscuridad.
Por suerte para Eric, su condición de vampiro le permitía ver con total normalidad, a través de la oscuridad. Aunque no sabía hasta qué punto la mujer que estaba frente a él podía ver en ella, o si por algún motivo, había localizado al joven vampiro. En todo caso, era ya tarde para echarse atrás y volver dentro el ataúd….
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Murdher Schattenseele
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MensajeTema: Re: Die verdamen nacht   Mar Dic 28, 2010 5:43 am

La decadencia de mi mente recae en la culpa del exterior, porque nada del mundo afuera es cercano si quiera a lo que aquellas paginas me habían dicho sobre los rincones de Utopía, nunca hubiera imaginado la existencia de seres tales como un Icario, magnifica belleza, eruditos y guerreros. Las hadas, etéreas en sus confines propios y externos, bondadosas según y malvadas también según los términos de la gente, y yo seguía de cualquier forma sin entender porque hacían tantas clasificaciones…

El hombre que una vez compartió lecho conmigo, el único al que confíe mi entera vida oscura, me apuñalo por la espalda… y hubo quienes rumoraron en las cercanías, e incluso la servidumbre, que fue un acto malvado el mío. Claro que murieron porque yo no les entendía del todo y preferí matarlos a que me fueran a delatar. Y seamos francos, yo no iba a poder vencer un ejército… y entonces comprendí una sola cosa del mundo… lo que ellos llaman el bien sin duda es un asco, un hastío, una blasfemia para mí. Aunque no pertenezco a una sola raza, pues por crianza y mente pertenezco a la estirpe de mi padre, los Tzimice. Y por cuerpo y nacimiento, por alma y poder, a la estirpe de quien me haya engendrado, los lords oscuros.

Y esa noche yo no fui buena, no fui mala, fui una dama oscura, una hija de la oscuridad en cuerpo, mente y alma, acompañada por seres de inigualable belleza y poder, y que en común compartíamos objetivos alcanzables y casi palpables. Bajo el manto de la madrugada, y mientras las primeras gotas que anunciaban una tormenta tal vez, y ahora todo Yar Nadrak y sus afueras estaban empapándose con el llanto de los cielos.

El ala amplia y blanca de la icaria, de Emelyne la dama de los cabellos de fuego que embelezan a los machos y hembras por igual pero que como una rosa es peligrosa de tocar, me ofreció el refugio ante la inminente venida del agua sobre nosotras. Quien fuera un ave libre de volar y surcar los cielos de nieve y de sol, las noches de estrellas y lamentos y observar desde las alturas el mundo que espera ser conquistado y renovado, pero esto es lo que soy, y a mis aptitudes me moldeare.

Mire a la elfa de belleza oscura, al Drow, más bien. Con sus cabellos largos mucho más largos que los míos, sedosos y su mirada radiante, entonces les dije:

-Tendremos que entrar a la casa, no me agrada que nos separemos en tierras tan peligrosas…

Pero ellas sabían que son perfectamente libres de tomar sus decisiones, yo no soy alguien que goce sometiendo la libertad de una mujer, eso nunca, los hombres por el contrario me resultan fáciles de manejar y merecedores de los peores tratos… así que si ellas entraban era su completa decisión, yo por mi parte incline la cabeza en agradecimiento de cortesía a Emelyne. Y me adentre a la casa a resguardarnos de la lluvia, pero fue entonces que los primero estruendos del gigante cielo se hicieron escuchar, retumbando en las pareces y rompiendo las nubes en luces irregulares que imponían su estadía. Se adueñaba del cielo una gran tormenta…

Al pie de las escaleras mire hacia arriba y hable en voz alta después hacia las Vegnets:

-Duerman donde gusten, ya saben que esto es suyo hasta que lo podamos vender. Y cuando despertemos todas nos iremos a la ciudad, una buena suma nos darán por el sitio…

Pero la casa auguraba algo, en mi pesar, podía percibir algo que no estaba en mis planes pero solo podría llamarse intuición, o alucinaciones así que como tal solo me di media vuelta y a la derecha de la entrada principal había una cómoda sala, así que en el sofá mas pequeño dejé mi sable y capa, quedando solo con mi vestido.

Spoiler:
 

Y en el sofá de mayor tamaño me recosté a lo largo, dejando que mi cuerpo se relajara en él, no estaba acostumbrada a dormir en lo que no fueran amplias camas, pero quedarme en la entrada a hacer guardia era lo más indicado así mientras ellas pueden acomodarse como deseen. La tormenta por su parte empeoraba, el agua caía como si estuvieran los dioses enfadados y no es que yo creyera en su existencia, los relámpagos viajaban por entre la oscuridad grisácea, y esos estruendos podrían asustar a los niños, pero solo hacían que la casa vibrara por la fuerza que llevaban.

Esa fuerza me hizo recordar esos episodios, esos momentos en que mi debilidad era tal que terminaba al filo de la muerte en manos de mi padre, el único que tuve y tendré, a quien no puedo amar pero me aferro a la firme idea de que en el mundo en verdad… es lo único que tengo. Y recuerdo haber llorado, recuerdo ese sentimiento de impotencia, de coraje, yo no podía hacerle un simple rasguño y el al contrario podía destrozarme con solo usar una mano, con su poder y con su rapidez. Su crueldad era insuperable, pero en verdad creo que soy su hija por que a él me asemejo en aspectos insospechables.

Yo no estaba dispuesta a volver con él.

¿Por qué lo digo?

Porque el espera por mí, se que tarde o temprano querrá que vuelva con él porque nos dependemos de ambos, nos aferramos a ambos, somos lo único que tenemos y no queremos, y no voy a negar que deseo volver y hacerle mío como un amante, porque muy dentro de mí, siempre hube deseado su carne fría, su cuerpo duro. Y cuando había salido y conocí el placer… y aquellas batallas interminables cuando por fin mi fuerza natural me fue entregada… la excitación hacia que mi sangre hirviera con el deseo de poseerlo. En todo Utopía, el único verdadero hombre es él. Al menos para mí, por supuesto jamás me sometería a sus dominios, pero esa sola idea de pelear eternamente por un dominio, de desearnos y aborrecernos… es una posibilidad sumamente tentadora.
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Yeyembwa

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MensajeTema: Re: Die verdamen nacht   Sáb Ene 01, 2011 5:39 am

Yeye miraba por la enorme puerta la lluvia, era algo que solía llamarle mucho la atención, estando ligada a la naturaleza era obvio que todo tipo de fenómenos naturales le interesaban. Aun permanecía en su forma lobata con la mirada fija, observó por breves momentos los actos de Murdher alzando las orejas con atención, Mwitua se abrazaba a sus patas delanteras escondiendo el antifaz de su peludo rostro en el negruzco pelaje de la loba…

“Perro guardián”… Recordó por sutiles momentos esa frase… Los humanos se referían mucho a aquel “lobo” domestico que solía cuidar los hogares con esmero y entusiasmo… entonces se había dado cuenta, Yeye era en ese momento la Guardián de Desert Rose, como salvaje que era, su decisión y porte eran dignos de un lobo ancestral…

La lluvia le recordó los vagos pensamientos que por su mente divagaban, para ella el único poder existente era el de la madre tierra.. Svijer… Por breves momentos giró su rostro hacía su líder para dirigirse a ella lenta y pausadamente, sus amarillentos ojos se reflejaban en la oscuridad de la noche, los sigilosos y lobeznos pasos eran camuflajeados por la suavidad del suelo. Estando ya cerca de ella lamio sus dedos en un leve toque… Podríamos entender esto como “Comunicación animal”, dicho acto se refería a un…

“Estas Bien… ¿cómo te sientes? Te veo cansada”

Muchas veces era mucho más fácil para Yeyembwa expresar ese tipo de sensaciones como una canina a que como una persona ¿Razón? Bueno… nuestra amiga había crecido en un entorno salvaje, incluso el uso de las palabras era casi errante para ella. Y si, a pesar de ser un animal salvaje Yeyembwa había aprendido algo, o más bien… aceptaba algo, la confianza de Murdher, entendía claramente lo que era ella para consigo misma y las demás pecho lleno que la rodeaban y su compañía era más que suficiente.

El sonido de los pesados truenos no provocaban en ella temor alguno, era algo a lo que ya estaba completamente acostumbrada, toda su vida había estado acompañada de ellos y de cada cosa que sus ojos habían vislumbrado solo una merecía lo que las personas llamaban “miedo” y eso era el hombre… pero Yeye no sentía miedo alguno a los hombres, no, para la loba lo que el hombre representaba era… ¿Cómo explicarlo con las palabras de Yeyembwa? Si… lo sé “Ser malo… no natural… monstruo de dos piernas destructor de la tierra” ¿Qué se podía esperar? Aun que claro esta, el pasar ese breve tiempo con sus compañeras, le hacía comprender más palabras, incluso frases completas…

Hubo un breve momento en el que la lluvia de había detenido, Yeyembwa optó por salir un momento, cerca del lugar había un viejo árbol cuyas hojas habían parecido desaparecer con una repentina ráfaga, observándolo por instantes y tomando distancia suficiente trepóse en el con sutileza hasta llegar a la copa, su amigo mapache aun se resguardaba en el techo de la enorme casa. No había nada interesante que hacer, al menos no por el momento. Volvió a centrar su vaga mirada en la lejanía de la ciudad como si buscara algo, algo que no lograba encontrar… algo que no encontró.

Regresó entonces al lugar de vigía (Perro guardián). Un vago, entonante y profundo aullido se le hizo presente evocando un eco casi taciturno en el lugar, podría decirse incluso que el aullido se escucharía a lo largo de toda Yar Nadrak. Una vez más Mwitua buscó alojo entre sus patas, ocultándose de la efímera bestia que la loba guardaba dentro de si misma. No observaba más aya de lo que debía vigilar, claro.. sin apartar en momentos la mirada de su líder.
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-Emelyne-

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MensajeTema: Re: Die verdamen nacht   Lun Ene 03, 2011 11:23 pm

La lluvia se precipitaba con furor bañando violentamente la superficie, el cielo estaba cubierto de nubarrones y varias luces intempestivas se reflejaban en los vastos cielos y luego descendían con furor hacia la superficie, truenos, relámpagos, shock electrizantes, luces segadoras… el escenario del anterior sosegado paisaje era ahora todo lo contrario, una de las cuantas batallas propias de la naturaleza para manifestar su poderoso e insuperable poder.

Pero estábamos a salvo del agua y los rayos, la casona era nuestro refugio temporal porque dudaba que nos fuéramos a quedar aquí mucho tiempo, ¿para qué?, ya teníamos en nuestro poder lo que habíamos venido a buscar y con todos los sirvientes muertos era imposible que alguno de ellos atestiguara en nuestra contra. Era un plan perfecto, teníamos una propiedad en nuestro poder junto con todas sus riquezas que nos ayudaría a crecer como organización aunque no se esperaba menos de nuestra brillante líder Murdher, tan hermosa como talentosa, de inteligencia innata, como me gustaría poder tener un trato más íntimo con ella, pero como líder que ella era jamás trataría de tomarla a la fuerza para satisfacer mis deseos, pero no tanto porque tuviera ese título, si no porque le respetaba e incluso podría admitir que la idolatraba, sí, su mirada felina, su cabello tan delicadamente cuidado, su porte de ninfa y su fortaleza de amazona, era una mujer digna de respeto.

Agité un poco mis alas para quitarme las pequeñas gotas que se habían impregnado en las plumas y suspiré al saber que tal vez tardaría en secarse, avancé tranquilamente por la sala y luego de escuchar las palabras de la dama Mhurder me dispuse a recorrer la casona nada más que por mera curiosidad femenina.

Encontré una chimenea apagada y buscando los instrumentos para hacer fuego que estaban en esa misma estancia la encendí apoyando las manos alrededor para sentir el calor calentar mis dedos, lo cierto era que no tenía frío estaba acostumbrada a las fuertes y heladas brisas del firmamento junto con la humedad de las nubes pero necesitaba secar mis alas o de lo contrario podría pescar un resfriado, me senté de espaldas a la chimenea a una distancia prudente y observé el salón donde me encontraba, parecía ser una biblioteca o una simple sala de oficina, habían varios cuadros de hombres bien vestidos con cara soberbia de quién se cree prestigiado por tener dinero, y sacando una daga de mi cinto la arrojé hacia el cuadro con una sonrisa burlona en mi cara al ver que le había llegado a la frente, suspiré y entrecerré los ojos para descansar un poco pero nunca dispuesta a perder la vigilancia del lugar, entonces recordé el rostro de Clarisa, mi hermana y el odio a mi padre regresó nuevamente a mí haciendo que mis manos se cerrasen en un puño.

Algún día me vengaría, solo debía... ser más fuerte.

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MensajeTema: Re: Die verdamen nacht   Sáb Ene 08, 2011 2:28 pm

Sacudiendo la cabeza ante esos pensamientos, que se acercaban peligrosamente a algo que no quería recordar, puesto que el rumbo que estaban tomando no era de su agrado, se limito a seguir caminando por el pasillo. Sin embargo, al estar cerca de la sala paro. Y comenzo a pensar.

El ataque a la mansión había sido efectivo. Emelyne se había encargado del exterior. Por lo tanto, alli no habia gente... Por su parte, Naerdoniell debía de haberse ocupado de adentro. Sin embargo, la intuición del hada decía que había faltado algo por hacer. Algo... ¿Pero que? Quizás solo era una tontería, mas sin embargo, el hada devolvió sus pasos.

Una habitación con la puerta abierta... Victoria reparo en ella, y aunque su rostro no traiciono sus sentimientos, por dentro sonrió. Aunque ese no era su estilo, debido a que ella se especializaba en la rapidez y el silencio, no negaba que le llamaba la atención. Sin embargo, como ya había dicho, la tortura no era lo suyo, a menos que usara sus venenos, un arte sutil...

Siguiendo con su evaluación, no tardo en encontrar la puerta cerrada de la biblioteca, de donde habia salido hacia ya unos minutos, y donde habia contemplado como Murdher "convencía sutilmente" al hombre. En aquellos tiempos había llegado a respetar y a seguir a la lady... Ademas de admirarla secretamente. Murdher era, sin duda, un ejemplo de lo que una mujer podía llegar a ser, librándose de los prejuicios de los hombres...

Caminando a lo largo del pasillo, fue abriendo distintas puertas, con el sigilo que la caracterizaba, y encontrándolas vacías. Así fue como supo que en ese piso, no había nada a simple vista... O eso pensaba. Solo le habia faltado una puerta de todas las que habia. Y teniendo una intuición, abrió lentamente la puerta, y paso al cuarto.

En apariencia, no se podía dictaminar nada realmente, puesto que la habitación estaba oscura, y solo llegaban luces de la habitación contigua. Pero se intuía que había un gran espacio vacío en la habitación... Entonces, ¿Donde estaba el objeto allí? Porque dudaba que no hubiera nada en esta...

Paseo su vista por las tinieblas del lugar, tratando de discernir con mas seguridad que había en la habitación, cuando oyó un ruido que no supo identificar, y rápidamente giro la cabeza hacia allá, a la vez que volvía a tomar su daga, y vigilaba el sitio de donde había provenido el ruido... Que era un ataúd. Y dentro, había un hombre.

-Duh... Que mal gusto para elegir donde dormir, la verdad... - Pensó, y casi rió por su propio pensamiento, mas la reprimió al instante, antes de que ni siquiera fuera a salir de su garganta... Dejando aparte que tenia mucho tiempo sin reír, tenia que ocuparse antes de quien sea que estuviera allí...

-¿Quien eres? ¿Que haces aquí? - Pregunto entonces, y su mano izquierda busco por uno de los cuchillos, mientras que la derecha seguía con la daga sujeta - Contesta ahora mismo. No estas en situación de elegir - Espeto.

Mientras esperaba su respuesta, el hada examino su situación... Bien podía gritar para llamar la atención de las demás, pero eso haría que el hombre decidiera quitarla de cualquier forma de su camino, de no tener otra opción... Es decir, que era su ultima alternativa...

Pero de no avisar, tendría que ocuparse ella misma de la situación... Y la verdad, le gustaba esa perspectiva, la perspectiva de no necesitar ayuda para hacer las cosas... Si las cosas se ponian feas, siempre podia pedir ayuda... Aunque fuera una vergüenza. En estos casos, la organización estaba sobre todo...
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Naerdolliel

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MensajeTema: Re: Die verdamen nacht   Jue Ene 13, 2011 7:06 am

Los contornos de árboles, maleza, suelo y mansión, antes bañados por la fría luz de la hermosa Deoir, se vieron opacados y difuminados ante la intensa lluvia que caía cual manantial en aquel apartado sitio.

Truenos, el viento, el ambiente era estremecedor... Y pensar que tan sólo momentos atrás había comenzado como una pequeña llovizna... Que horror.
Algunas ventanas batían con fuerza, algunas tejas, algún que otro objeto infortunado que se veía batido por las ráfagas.
Y el lodo, el lodo comenzaba a ser el principal resultado de aquella mezcla de sonidos y movimientos. ¡Que fuerte es la naturaleza y, ¡oh!, con qué sencillez podría destruir el ejército más fuerte y numeroso!
Una fuerza muy grande... Ignoro si iniciada en los dioses o en la voluntad de la tierra misma, lo único que sé, es que es poderosa.

Me sujeté la capa con fuerza, cubriéndome completamente mientras corría en dirección a la mansión.
Lueo de que todas -o por lo menos la gran mayoría- estuviese dentro, yo me quedé fuera bajo las sublimes y tranquilas gotas, andando sin rumbo aparente, tan sólo observando a mi alrededor.
La verdad era que me gustaba estar perfectamente segura de que aquel paisaje tan desolado en verdad no cobijara el alma de algún hombre que pudiese acercarse a nuestro territorio y suponer alguna molestia, o que quisiese buscar una riña... En caso de descubrirlo, me sería placentero acabarlo con mis propias manos, no sin antes haberlo saboreado por completo.

¿Que más puedo ser? está dentro de mi personalidad el despreciar a los hombres, no lo puedo evitar... ¿Porqué? Simplemente los odio, tan sólo saben hacer daño y ser inútiles...
Acaricié mi collar con la diestra por debajo de la capa que me cubría y apresuré el paso. ¿Cuanto me habría alejado en unos pocos minutos? Me parecía eterno el andar y, menos mal que sabía como regresar pues, todos los árboles se ven exactamente idénticos...

Sacudí mi rostro en un vano intento de alejar mis húmedos cabellos del mismo. Pero nada, simplemente se "rodaron" un poco, sigueron aferrados a mi oscura piel.
Divisé pronto las formas de la edificación, y anduve lo más rápido posible con unas botas llenas de lodo resbaladizo.

Al entrar ignoré la sangre,que ahora se mezclaba con el agua, y seguí derecho al estar. Arrojé sin cuidado mi capa al suelo, mojándolo, y me apresuré a buscar con qué secarme en las habitaciones del final del pasillo.
Me pareció ver a alguna de nosotras entrar a una de las habitaciones, pero ni me fijé, le ignoré completamente, y es que no me importaba qué hicieran y qué no.
Entré en la primera, la cual registré hasta hallar unas telas con las cuales me cubrí, ignorando su valor, ignorando su historia, ignorando todo de ellas menos la utilidad que para mí tenian en ese instante.
Al terminar, sencillamente me arrojé sobre la cálida cama, habiendo dejado mis pertenencias en el suelo, junto a mí.

¿Quería dormir? ¿descansar? No, sencillamente no tenía nada más que hacer en aquel momento más que dejarme caer y... ¿Pensar? ¿En qé? ¿En mi vida? No, en absolutamente nada, quizás viese el techo, quizás me relamiera al recordar ciertas experiencias, quizás buscara algo en qué entretenerme pensando, divagando... ¿Soñando? No, de nada sirve soñar más que para distraer y crear las llamadas "ilusiones"...

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Khaelos Drachenzähne

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MensajeTema: Re: Die verdamen nacht   Vie Ene 21, 2011 7:17 pm

Reí ante las palabras de mi hermana cuando dijo lo de la magia, y encogiéndome de hombros le dije, sonriendo ligeramente:

-Ni yo, hermanita, pero es algo tremendamente útil si lo tienes de tu lado.-

Wolph, por su parte, nos aclaró que Masshu resultó ser un lugar al leer algunas páginas más adelante. Siguió leyendo mientras íbamos de camino hasta la ciudad, y nos comentó que en el mismo libro indicaba la forma de cómo conseguir el objeto de poder, además de decirnos que él no haría nada si nosotros no estábamos seguros. Como siempre, su afecto por Ross y su respeto por mí se anteponían a sus ansias de aventura. Aquello era lo que nos daba nuestra principal fuerza. Que ante todas las cosas, nuestra hermandad era lo más importante. Los tres lo sentíamos así, y siempre que hacíamos algo que pudiera afectar a nuestro futuro, lo hacíamos de acuerdo mutuo, sin tratar de beneficiar más a uno de nosotros que a los demás.

Me rasqué la barbilla tras sus palabras y, con una media sonrisa, contesté, en tono amable:

-Si de caso, sigue leyendo sobre esto, pero aún no nos arriesguemos en la búsqueda de esas quimeras… Primero necesitamos gente y recursos, luego ya podremos ir a buscar las cosas que ese libro indica.-

Rato después por fin llegamos a la hermosa Yar Nadrak, y tras nuestro pequeño encuentro con la guardia de la ciudad, nos hallábamos en la posada del Corazón Negro. Allí iniciamos nuestro primer cónclave. Antes de eso, pero, primero pedimos algo para comer. A mi me trajeron un estofado de carne de ternera con setas, en un plato hondo, algo abundante. El olor que desprendía era sencillamente delicioso. A Wolph le llevaron la carne tal y como la había pedido. A simple vista no podía discernirse muy bien de qué animal se trataba, pero el olor que desprendía el corte de carne era un orgasmo para el olfato. Por último, a Ross le trajeron la especialidad de la casa, paella de camarones. Cada vez me enorgullecía más de haber escogido aquél lugar para establecer la base.

Mientras comíamos, respondí a las palabras de mis hermanos, demostrándoles que lo tenía todo pensado, atado y sedado casi. Primero de todo, ante las preguntas de Ross, dije con tono algo emocionado, sonriendo mientras le daba un trago a mi jarra de cerveza:

-Si, para nuestra fortuna lo es. Según me dijo por carta hará unos días, y perdonad que no os lo haya dicho hasta ahora pero quería daros una sorpresa, el sacerdote que os dije ha conseguido guardar un poco del dinero de nuestra familia. Con él podremos conseguir un buen lugar para implantar nuestra base, y esta taberna sería un buen lugar. ¿Por qué? Según me dijo, algunos edificios de los alrededores de la catedral tienen acceso a las catacumbas de la ciudad, sitio capaz de alojar un ejército. Sólo los sacerdotes y algunos privilegiados conocen esas catacumbas. El padre Akhamhar nos dijo que podría conseguirnos un trozo de las catacumbas para nosotros y nuestras tropas, y de paso esta misma taberna, pues realmente él es el dueño de la posada. Pero para ello, a cambio deberíamos hacerle favores a la iglesia. Por mi parte, yo lo veo un trato justo. A cambio de un sitio donde ocultarnos y de su apoyo, ellos sólo nos piden ayuda militar cuando la necesiten. Simbiosis. Ahí tenéis el porqué quiero que éste sea nuestro cuartel general. ¿Qué os parece?-

Ante el brindis que nuestro hermano propuse, alcé la jarra, quedando solo Ross, quien tenía la copa llena de vino a su lado, llenada rápidamente por el camarero antes de haberse ido cuando dejó los platos. Sonriendo ferozmente, brindé con mis hermanos y les dije, con tono feroz y orgulloso:

-Por nosotros y nuestra venganza.-
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Rosalie Drachenzähne

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MensajeTema: Re: Die verdamen nacht   Jue Ene 27, 2011 2:45 am

_Por la venganza_ Celebré alzando la copa de vino tinto y luego acercándola contra mis labios bebí un sorbo con parsimonia, era un vino grato al paladar, definitivamente de buena cosecha. Observé con una sonrisa mi apetecible plato, no había probado aperitivo alguno desde la pelea fortuita con aquellos bandalos e incluso desde antes, estaba hambrienta pero mis modales me obligaban a comer con lentitud, y en parte era la mejor, debía disfrutar la comida la cual estaba deliciosa.

_Mmmm..._ Sentí en mi lengua uno de los camarones y luego de digerir comenté a mi hermano Khaelos _Definitivamente una muy buena elección Khae _ Y sonreí, como hace mucho tiempo no lo hacía, me gustaba pasar tiempo con mis hermanos, eran las únicas personas con quienes podía compartir un momento grato.

Seguí comiendo, saboreando bocado por bocado y degustando del buen vino, pensaba sobre las palabras de mi hermano, admitía ser demasiado desconfianza y es que con tantas adversidades que se me habían avecinado a lo largo de mi vida era fácil justificar mis temores pero había algo que me enfundaba valor y eran mis hermanos, yo confiaba en ellos y si Khaelos estaba tan seguro que este plan funcionaría yo le entregaría todo mi apoyo y ayuda.

Me imaginé un gigantesco ejercito marchando bajo las catacumbas de la ciudad y nuestra base abastecida en esta misma taberna, y más adelante, una multitud de soldados marchando hacia Khardam, arrasando con los traidores, logrando la venganza tan anhelada... Corté mis cavilaciones para continuar comiendo pero de pronto noté que había perdido el apetito, el motivo de mi venganza tenía capítulos tan amargos que el solo hecho de rememorarlos hacía que se me revolviera el estómago, mi cuervo comenzó a graznar y sobrevolar sobre el techo de la taberna, ¿a donde se iría?, me pregunte al tiempo que bajaba la vista a mi plato a medio terminar.

Necesitaba un momento para estar sola. Me sentí de pronto mareada por tanta gente alrededor, el bullicio, las luces, los colores, le llevé una mano a la frente y disimulé lo mejor que pude mi malestar. Otra vez había sido vencida por mi autismo, mis hermanos continuaron hablando ya habían acabado de comer o al menos tenía la impresión de que así era, me levanté entonces _Me disculpo, pero... debo buscarlo _Dije refiriéndome al cuervo _ Le puede ocurrir algo con tanta gente aquí... suerte hermanos, nos vemos mañana a primera hora _Me despedí, quizás demasiado apurada y ordenando mi silla me alejé de mis hermanos internándome entre la marea de personas del local, sentí un aletear y seguí a mi cuervo aunque realmente no lo sentía una propiedad mía pero era la mejor excusa para marcharme que encontré.

Poco a poco la gente comenzó a desaparecer, no había caído en la cuenta de lo amplia que era la posada, sentí a mi cuervo posarse sobre mi hombro y como si nunca lo hubiera estado buscando le pedí una habitación al posadero para subí las escaleras hasta el piso superior con prisa, me detuve frente a la puerta pero vi de reojo una salita para todos los clientes y por simple curiosidad caminé hacia ella, había una repisa con libros, un escritorio y algo que capturó toda mi atención, un clavicordio, noté que la sala estaba vacía, seguramente la gente prefería conversar abajo o disfrutar de una cachimba, caminé hacia el clavicordio y sonreí con nostalgia.

Entonces comencé a tocar, tal y como lo hacía en mi época de esplendor.


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MensajeTema: Re: Die verdamen nacht   

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Die verdamen nacht
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