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 Un Mundo Bajo Las Grandes Estepas

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Zan
Chocodomador, kupó
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MensajeTema: Un Mundo Bajo Las Grandes Estepas   Dom Dic 12, 2010 9:42 pm

Mundos Subterráneos (Primer Libro)


Las Grandes Estepas, aquel lugar enorme, una llanura solitaria se extendía a lo largo del continente, un lugar algo reseco, con pequeños matorrales y unos cuantos árboles que componían la mayor parte de la vegetación del lugar. El cielo completamente azul, solo interrumpido por las motas blancas que eran las nubes y que a veces tapaban el Astro Rey y sus incansables rayos de luz... Y un silencio... un gran silencio...
No, no todo era silencio, se podía escuchar un pequeño ruido a lo lejos, como el de unos golpes... El lugar del que salían aquellos golpes era de una criatura de tamaño considerable, era como un ave de plumaje amarillo, corría por las estepas a velocidad asombrosa, que muchos habrían dicho, y con acierto, que era igual o superior a la de un equino. Montado en el ave se encontraba una criaturilla de un metro aproximadamente de altura, sentada sobre aquella ave con una sonrisa de felicidad infantil en el rostro, sus enormes orejas similares a las de un conejo le diferenciaban de un niño humano, pero además, dos pequeñas alitas a la espalda y un pompón que brotaba de su cabeza eran también características del ser. De las alforjas del ave colgaba un libro y una espada, y el pequeño se agarraba a las riendas del animal como si de un caballo se tratase.

-Que lugar mas grande kupó ¿es que no se acaba nunca? ¡Aquí no hay nada interesante kupó!-Dijo Zan en voz alta, hablando al parecer con su chocobo.

-Kiweeeeee-Emitió Popocho como si respondiese a Zan.

A veces el silfo y el chocobo mantenían "charlas" de ese tipo, era como si la criatura le entendiese, era un animal inteligente, pero no como para hablar con el pequeño, o al menos eso parecía. Pero de todas formas hacia que Zan se sintiese bien y olvidase la soledad.
Por un momento se preguntó que habría pasado en su aldea ¿serian todos felices? ¿Y Montblanc?
Sacudió la cabeza, no era momento de pensar en eso, para distraerse e inclinó para coger el libro que se encontraba colgando, pero justo en ese momento Popocho dio un salto para evitar una roca, haciendo que Zan perdiese el equilibrio y quedase colgando del libro, gracias a su reducida altura y el descomunal tamaño no arrastraba por el suelo, pero sus pies casi tocaban el suelo, y se agarraba como podía al libro que aun colgaba, aferrándose con las dos manos como si la vida le fuera en ello.
Pero apenas duró unos segundos antes de que la correa se desatase y el pequeño silfo cayese al suelo con el libro, rodando un poco mientras Popocho sin percatarse siguió hacia delante corriendo a toda velocidad.

Como si la energía de Zan fuese infinita se levantó de un salto, inspeccionando rápidamente su libro en primer lugar para comprobar que no había sufrido daños, y un instante después intentaba correr tras el chocobo.
Claro que sus pequeñas patas no le sirvieron demasiado para correr, y a gran velocidad el animal se alejaba.

-¡Regresa kupóooooooooo! ¡Popocho ven aquí!-Dijo en un desesperado intento de llamar su atención, pero se cansó al momento y se sentó en el suelo rendido, Popocho ya se había marchado.-Kupóooooo... ¿y ahora que voy a hacer... espero que regrese kupóoo

Zan se encontraba perdido, no sabia que hacer ahora que no tenia nada, Popocho tenia en sus alforjas todo, y ahora solo tenia un libro y su daga en el pequeño morral que tenia en la cintura. De pronto se levantó con otro salto, cambiado de humor y se sentó en una roca mirando la portada de su libro con interés. Durante unos segundos estuvo así, pero se hartó de estar quieto y dejó el libro a un lado, cuando escuchó un sonido al que estaba acostumbrado, el galope de Popocho, comúnmente el animal solo iba al trote o al paso, pero parecía llevar prisa, y Zan bajó de la roca al momento, mirando a todos lados esperando ver a Popocho correr hacia el. Y no tardó en suceder, el chocobo apareció corriendo hacia Zan emitiendo su pequeño quejido, como saludando y disculpándose, y poco a poco fue frenando hasta quedar ante Zan, donde se detuvo y agitó sus alas.

-¡Kupó! ¡Popocho!-Exclamó Zan dando un enorme salo par su altura y abrazando al chocobo. Contento colocó el libro de nuevo en su ligar y montó en el animal.-No vuelvas a hacer eso Popocho...

-Kiweeeee...

---------------------------------------------------------------------------

Off: relatad vuestra llegada y como os encontrais con migo kupó! teneis hasta el domingo, una semana.
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Águeda

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MensajeTema: Re: Un Mundo Bajo Las Grandes Estepas   Lun Dic 13, 2010 11:55 pm

La chica llevaba caminando horas y horas, estaba sedienta y hambrienta, no sabía cómo pero sus provisiones de toda una semana se le estaban acabando demasiado rápido. Quizás fuese por el calor que le daba sed y cuando su estómago quedaba vacío de agua le pedía alimento. El sol no parecía calentar mucho ese día pero la continua exposición a éste y la falta de sombra, hacía que su piel ardiese y que su tez tomara un ligero tono rosado.

Estaba traspasando una estepa, no era muy inteligente por su parte cruzar sola un lugar tan inhóspito y lleno de animales salvajes dispuestos a comérsela. Pero Águeda era así avariciosa, no le gustaba compartir, esa recompensa iba a ser toda suya.

El viento era agradable, de vez en cuando ayudaba a la joven refrescándola y trayéndole olores de todas partes y todos desconocidos tanto de flores y pequeñas plantas que ignoraba que existieran como hedores de animales que no quería conocer.

Si le hubieran dicho que el que le pagaría estaba tan lejos, se habría replanteado el trato quizás no lo hubiera rechazado pero sí hubiese pedido más dinero, cavilaba mientras paraba a beber agua. Reemprendió la marcha, tenía que llegar hasta la montaña antes de que anocheciera si no sería pasto de las alimañas. Era horrible caminar al mediodía cuando el Sol se pone en lo alto y nada escapa a sus rayos. Por suerte una gran nube tapó su luz, lo que le dio un descanso a la chica, era horroroso que no hubiera árboles donde cobijarse y encima llevaba esos zapatos tan incómodos que no le hacían más que rozaduras y heridas. Se los quitó y los metió en el zurrón.

Al meter los zapatos echó un vistazo a la comida que le quedaba y se dio cuenta de que esa noche le tocaba buscárselas, con lo que tenía y el cansancio acumulado más le valía guardarlo o si no, no aguantaría el viaje. Empezó a mirar las escasas plantas que había sus raíces y frutos pero al no conocerlas en el sentido de si eran o no venenosas, decidió dejarlas más le valía no tentar a la suerte.

-Kiweeee

Se oyó por todos los alrededores el chillido de una especie de ave, Águeda se puso la mano en forma de visera para verlo mejor. Nunca había visto una criatura como aquella , era una especie de pájaro de un tamaño monumental. La chica consiguió ver que llevaba unas alforjas, eso significaba que tenía dueño y que su dueño tenía comida.

Esperó a que el pájaro fijara una dirección y comenzó a seguirlo. Al rato el paseriforme empezó a correr por tierra, y la chica intentaba mantener su ritmo pero le era imposible. Cuando llegó a donde él había parado, ya estaba con su dueño, una especie de niño con orejas de conejo.

-¡Eyy!- gritó la chica con todas sus fuerzas para que la oyera antes de que reemprendiera el vuelo.- ¿Podrías ayudarme?


Última edición por Águeda el Mar Dic 14, 2010 11:09 pm, editado 1 vez
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Suspiro

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MensajeTema: Re: Un Mundo Bajo Las Grandes Estepas   Mar Dic 14, 2010 11:09 am

Las llanuras se abrían a su paso invitándole a cabalgar, siempre era un descanso pasar por las llanuras, los animales generalmente se alejaban de los viajeros y aquellos lo suficientemente intrépidos como para cruzarse en su camino y tratar de comerlo resultaban ser a veces deliciosos, a veces lentos para su montura, sin duda no le gustaría tener que enfrentar aquellas llanuras a pie, eran inmensas y sería demasiado cansado tratar de cruzarlas a pie, pero a lomo de una buena montura, era una delicia poder de vez en cuando dar rienda suelta al caballo, sentir el viento en su rostro y el galope que le hacía olvidarse del mundo; aquello era su paraíso, un lugar alejado, sin gente, sin preocupaciones ni moralidades, simplemente el viento, el sol, de noche las estrellas, de día las nubes, ninguna de esas cosas le preguntaba de donde venía ni a donde iba, se limitaban a mirarlo pasar debajo de ellas sin preocuparse de la sangre derramada por su espada, sangre que aun sentía en las manos con un leve sentimiento parecido a la culpa, lo había estado pensando detenidamente, simplemente se había dado cuenta de lo inútil que resultaba su proceder hasta la fecha, sin duda sus previas aventuras lo habían cambiado, no demasiado, solo lo suficiente para hacerlo pensar, para que se planteara una nueva forma de llevar la vida, sin duda cosas sin importancia cuando te encuentras en un sitio salvaje y sin fronteras.

Fue en ese momento, uno de aquellos instantes en que su caballo salía a galope surcando la tierra y dejando su pasado atrás, las manos elevadas sintiendo el viento, los ojos cerrados olvidándose del mundo, solo el metálico tintineo de sus espadas a los costados golpeando contra algunos de los herrajes del animal y de pronto, el caballo se encabrito y se elevó en sus cuartos traseros; un poco más y el suelo le habría dado gustoso la bienvenida, solo un acto reflejo le salvó de la caída, sostuvo fuertemente las riendas y logro controlar a la montura; tenía poco conocimiento sobre el mundo en general, pero era bastante habilidoso en cuanto a sobrevivir se refiere y controlar a la montura para no perderla era una de las clases básicas.

Justo frente a él, mientras se recuperaba del susto y buscaba lo que había asustado al caballo, desenfundando instintivamente la espada, se dio cuenta de que aquello que había detenido la carrera era un grupo de lo más extraño; una humana, o por lo menos eso parecía y… bueno, no sabría decir lo que eran las otras cosas, una especie de hombre conejo y un ave gigante que por la manera de comportarse parecía mucho más una mascota que algún tipo de raza que él no conociera, pero ¿Quién podía saberlo?, en sus viajes había conocido cosas muy extrañas y aun le faltaban bastantes por descubrir, así que no era ilógico pensar que al igual que había visto hombres lagartos aquella enorme ave se tratara de un Icario; nunca había visto uno, solo había escuchado sobre ellos y por las descripciones recibidas, bien podía tratarse de uno de los hombres alados de los que había oído.

A falta de más información y con el mutismo como su enemigo se decidió a dirigirse al grupo en general y esperar la respuesta que le pudieran brindar, conforme al quién respondiera al saludo, podía darse una idea de cuales miembros del grupo eran entes razonables y cuales las mascotas, pues por lo que podía observar, ahí solamente había una humana con una montura extraña, observación obtenida de la silla de montar y alforjas del ave, y una mascota poco usual a la que había tenido a bien vestir con ropajes en un despliegue de “ternura” era llamada según tenía entendido.

- Buen día, ruego una disculpa por el susto que probablemente he causado, perdí por un momento el control de mi montura y de no ser porque se ha detenido al casi chocar no sé cómo la habría controlado.


Y una vez hecha la explicación pertinente, los datos importantes de ese encuentro apremiaban por encontrar una respuesta, así que continuó mientras jalaba un poco las riendas para controlar al aun ansioso animal que se dedicaba a dar vueltas tratando de volver a correr.

- Mi nombre es Suspiro, ¿con quién tengo el gusto? Si no es una pregunta demasiado atrevida.


Ni siquiera se había dado cuenta que aun sostenía la espada en la mano y eso lo hacía parecer un bandido amenazando mucho más que un viajero sinceramente intrigado, por lo que enfundo la espada y se apeó del caballo acariciando su cabeza y calmándolo mientras esperaba una respuesta y le daba un respiro a la montura antes de continuar su viaje, después de todo, aquellos viajeros no parecían peligrosos y dudaba mucho que aquel fugaz y azaroso encuentro fuera a durar demasiado, aunque de nuevo, el día avanzaba, los lugares seguros eran escasos y lejanos el uno del otro, dependiendo de la dirección que tomaran, podía ser que los viajeros y él tuvieran un objetivo común al cual llegar. Por lo pronto, no pensaba tomar camino hasta asegurarse de la identidad de los viajeros y su posible propósito; con una vida como la que él llevaba, no era raro toparse de vez en cuando con guerreros contratados para tomar su cabeza, el pasado siempre tiene formas de encontrarte, incluso en las grandes estepas.
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Aengus Kean

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MensajeTema: Re: Un Mundo Bajo Las Grandes Estepas   Mar Dic 14, 2010 8:07 pm

El sol se encontraba en lo más alto del cielo produciendo un calor intenso. La zona no ayudaba mucho a hacer más llevadera la situación, todo estaba desértico y sin vida. Unas pequeñas culebras deambulaban por el suelo reptando hacia las rocas en busca de algún pequeño insecto que llevarse al estomago. Algún leve sonido llegaba del cielo, algún ave buscaba alimento desafortunadamente y si no llegaba a encontrarlo moriría, pasando a ser el alimento de los seres vivos del suelo, era un ciclo de vida y lo mejor es que se regulaba solo. Pero a los humanos no los regulaba nadie, tenían el control y si querían algo lo cogían como cada uno pudiera comprando, si tenía dinero, o robándolo y si algo no les gustaba lo destruían o mataban en caso de ser un ser vivo. Ellos creían regularse por sí solos, y de hecho no era así… todos comemos, nos desarrollamos y nos reproducimos pero había algo que nadie nunca añadía: También nos asesinábamos entre nosotros, de una forma u otra la naturaleza nos regulaba y le daba a cada uno lo que se merecía.

El caballo pronunció un pequeño relincho a modo de queja a su amo mientras seguía trotando por las estepas. Aengus se dio cuenta de que le pasaba y rápidamente lo dio el alto a su caballo y bajo de este de un pequeño salto. Sintió como sus botas comenzaban a arder por las altas temperaturas a la que se encontraba la tierra ¡Hacia un calor horrible! y Aengus ya se había quitado parte de su ropa, llevaba puesta una camiseta negra, para su desgracia, de manga corta que se podía observar con claridad como las mangas habían sido rajadas con un objeto afilado para que fuera más llevadero la tortura del sol. Su chaqueta quedaba en la parte trasera del caballo junto alguna de sus pertenencias y su sombrero seguía en lo más alto de su cabeza
Cogió el odre de agua y le pego un pequeño trago, quedaba poco agua y había que suministrarla como era debido. Luego se acerco al rostro del caballo y le acarició la cabeza para después formar con sus manos una especie de cuenco, al que le echo agua para que el corcel bebiera. Tras todo este ritual, volvió a montarse en el caballo.
– Vamos amigo solo un último esfuerzo, pronto saldremos de este infierno. ¡Arré!
Al pronunciar sus palabras, espoleo al caballo para que comenzara a galopar tras el pequeño alto en el camino que habían realizado y se quitó el sombrero agarrándolo a la vez que las riendas para que no se pudiera volar y como consecuencia perderlo.

El paisaje era una monotonía constante, tierra, tierra y más tierra por doquier, al menos, el sol había dejado de abrasar momentáneamente debido a que una gran nube blanca se había cruzado con él. No tardaría mucho en desaparecer la sensación que se sentía Aengus al no recibir el sol completamente. Siguió cabalgando rápidamente pero fue disminuyendo la carrera al detectar un una pequeña mancha negra en el horizonte. Volvió a colocarse el sombrero en la cabeza y el caballo a trotar acercándose cada vez más. Poco a poco fue pudiendo diferenciar la mancha negra que había visto anteriormente: Un pequeño niño con un sombrero extraño, un caballos con dos personas a su lado, y aún había otra silueta que no podía identificar. Al continuar avanzando hacia ellos, comprendió que había cometido un fallo, el niño si era un niño pero su sombrero extraño ¡eran sus orejas¡ y lo que no había sido capaz de reconocer con anterioridad parecía ser la mascota del chico. Una mascota poco peculiar y extraña. A lo mejor podía conseguir algo de ellos, un intercambio de comida y agua o tal vez, consiguiera algunas coronas haciéndoles algún trabajito. Aunque mirándolo de buena manera, podían darle un buen botín por entregar la mascota del chico. Al fin llego donde se encontraban los tres, se acercó y paro el caballo a su lado. Miró a la mascota en primer lugar, luego al chico sin llegar muy bien a comprender que era esa cosa, después vio a la joven y por último al caballero que los acompañaba
- ¿Qué trae por estas tierras?
Fue lo único que pronunció Kean desde su caballo esperando una respuesta interesante por parte del grupo
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Zan
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MensajeTema: Re: Un Mundo Bajo Las Grandes Estepas   Mar Dic 14, 2010 10:55 pm

Estaba dispuesto a subir ya en Popocho cuando el pequeño silfo escuchó una voz aguda, femenina, parecía estar dirigiéndose a el, el menos no había mucha mas gente por allí a la que referirse, Zan se giró extrañado y miró a la chica, le preguntaba si este podía ofrecerle su ayuda, y Zan no dudó en responder, es mas, casi le ofendió que le preguntase eso ¡El siempre estaba dispuesto a ayudar! pero se contuvo, la chica no le conocía, así pues continuó con su alegre rostro y con una sonrisa y amabilidad le contestó cuando esta llegó a su posición.

-Claro que si ¡kupó! ¿que necesita? por cierto ¿Como se llama?-Dijo meciendo un poco su cabeza, haciendo que el pompón que brotaba de ella se moviese levemente.

No pasó demasiado tiempo hasta que otra persona hizo acto de presencia, aunque lo que primero notó Zan fue el sonido del caballo que lo llevaba, sus grandes orejas le permitieron escuchar el sonido de los cascos de un caballo un poco antes.
Cuando llegó descabalgó y se acercó a Águeda, su caballo se había alterado cuando se acercaban, y daba su explicación, tras lo que se presentó como Suspiro.
Probablemente la razón de la reacción del corcel había sido Popocho, un caballo no se encuentra normalmente un ave de su tamaño, probablemente lo confundiese con algo ofensivo.
Zan vio como las palabras del hombre parecían ir únicamente dirigidas a la humana, como si ignorase la presencia de el, y se dio la vuelta, cruzándose de brazos y frunciendo el ceño algo molesto, siempre le ignoraban, en Drokken le hicieron lo mismo, y se preguntaba la razón, aunque su teoría era simple, era tan pequeño que la gente lo consideraba insignificante...
Al momento se dio la vuelta se colocó bajo Suspiro y empezó a dar saltos, reclamando atención.

-¡Hey! ¡kupó! Es de mala educación ignorar a uno de los presentes y prestársela a otro-Dijo Zan con su melodiosa y algo aguda vocecilla.-Y por si le interesa la opinión de alguien tan pequeño... aunque por lo que acaba de demostrarme no mucho, mi nombre es Zan, kupó, y este es Popocho-Lo ultimo lo dijo señalando a su corcovo.

-¡Kiiiiiiiiiwe!-Emitió el animal como si secundase las palabras de su amigo.

De nuevo, alguien mas llegó, montado en otro caballo, y Zan se sorprendió, había sido una gran casualidad haberse encontrado todos en aquel lugar, posiblemente serian las únicas personas en kilómetros. Este ultimo parecía ser un hombre frío y de pocas palabras a juzgar por la única frase que de sus labios salió, esta vez mas calmado, pues las rabietas no le solían durar mucho a alguien tan alegre y sobretodo, incansable, como Zan.

-¡Cuanta gente kupó! tremenda casualidad habernos encontrado aquí los cuatro, kupó ¿Cual es vuestro nombre? yo soy Zan, encantado kupó.-Dijo mirando primero al recién llegado y posteriormente a su chocobo, parecía atraer algo la atención de los presentes, pero era normal, aunque le daba algo de mala espina la forma en la que lo miraban... algunos habían intentado cazarlo para comerlo, y temía que ellos lo intentasen...

Regresó al lado del chocobo y se subió en el, sentándose en la silla y acariciando el plumaje del ave, el calor era intenso en esos días, aunque aquel día en particular fuese un poco mas fresco seguía siendo abrasador, y la nube que tapaba el sol hasta ese momento lo descubrió, y todos empezaron a sentir de nuevo el azote de los rayos solares.
De las alforjas el silfo saco una botella de agua de considerable tamaño y le dio un pequeño trago, tenia la suerte de tener un tamaño tan reducido, pues necesitaba muy poca agua en comparación con los demás, pero sobretodo el pequeño silfo disponía de unas alforjas bien cargadas de comida y agua... y aunque lo segundo Zan tenia de sobra para aguantar probablemente días, la comida era otro cantar, el estomago del pequeño era como un pozo sin fondo, probablemente solo duraría unos pocos días mas, pero suficiente para salir, y tal vez compartir con los demás, tampoco podían estar muy lejos de alguna ciudad después del enorme camino recorrido.

-Kupó ¿alguien quiere ag... ¡guaaaaaaaaaaaaaaa!-La frase empezó como un ofrecimiento, pero cuando de pronto una enorme brecha se abrió en el suelo y esta pasó rápidamente a volverse un agujero la frase terminó con un grito de miedo del silfo.

Zan empezó a caer al vacío por el agujero que se había abierto bajo el chocobo, pero no fue el único, a velocidad asombrosa el agujero creció tragándose a los demás viajeros con él.
La negrura les cubrió, todo estaba oscuro, no se veía nada, y de pronto todos durmieron... tal vez fuese el miedo, tal vez fuese algún golpe con una roca mientras caían, o tal vez fuese la influencia de algún poder sobrenatural, pero lo cierto es que repentinamente mientras caían a y por el negro vacío todos quedaron sumidos en un sueño.

Mas tarde quien sabe cuanto, Zan y los demás comenzaron a despertarse...
El silfo abrió los ojos débilmente y se incorporó, le dolía el brazo izquierdo un poco, era sobre el que había estado durmiendo, y la razón del dolor seria probablemente la falta de sangre en este por dormir contra el, sin embargo no sentía nada mas dolorido, se levantó de un salto y miró a su alrededor...

Roca, prácticamente eso fue lo que vio, estaban rodeados de roca, estalagmitas y paredes de roca que delimitaban un enorme lugar que fascinó completamente a Zan, miró al techo y vio, muy por encima de estos el rocoso techo, a varias decenas de metros... no, mas bien rondaban los cien metros o incluso mas, al parecer se hallaban en una cueva, una enorme cueva de kilómetros de tamaño, pero en el techo Zan podía distinguir un punto luminiscente de diminuto tamaño, parecía azulado... se le ocurrió que... casualmente estaban debajo ¿habían caído desde allí arriba?
Estaba impresionado, semejante caída debió de matarlos... pero seguían vivos, era algo raro, pero no se preocupó por eso, y siguió mirando, sin la luz solar no se hubiese podido ver nada allí dentro, pero disponían de otra fuente de luz que les permitía ver todo, al fondo de la cueva, en el otro lado, pues a su espalda a pocas decenas de metros podía observar una pared de la cueva, se veía un enorme punto de luz, de tamaño inmenso y resplandor similar, era el que suministraba la luz a toda la cueva.

Principalmente se veía en ellas un montón de estalagmitas, estalactitas, montículos de roca y demás formaciones sedimentarias y agua, bastante agua, ríos de este bien cruzaban la cueva en varias direcciones, y parecían nacer de una gran formación rocosa en el centro de la cueva, era como una meseta que se alzaba a muchos metros sobre ellos. Y sobre esa meseta, en el techo había una gran superficie reflectante, al parecer, pensada para repartir la luz del fondo de la cueva, que se reflejaba sobre allí y evitaba la mayoría de zonas de oscuridad, aunque en algunos lugares manchas oscuras se extendían, como sombras de las formaciones rocosas del lugar, donde la luz no llegaba y la oscuridad era perpetua, aquellos lugares se hallaban tanto en el suelo como en las paredes, pequeños (comparados con la cueva) pliegues en la pared hacían un cobijo de aquella luz en la que no se veía nada, pero se podría decir que el 98% de la cueva estaba visible... aunque teniendo en cuenta el tamaño de esta las zonas no eran muy pequeñas en comparación con los aventureros.
Zan miró cerca de el, se encontraban todos, Suspiro, la humana, el caballero, sus respectivas monturas y Popocho, no se encontraban heridos ninguno, aunque si asombrados por el lugar.

-Ku... kupó... este lugar es impresionante... pero... ¿que es? ¿como hemos sobrevivido a la caída? ¿que es esa luz? ¡kupó! cuantas incógnitas... me encantaría dibujar este lugar, seguro que me saldría un maravilloso cuadro... esto... ¿estáis bien kùpó?

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Off: Maravilloso ^^ habéis posteado todos incluso antes de la fecha, pues adelanto mi mastereo, esto me ha gustado, como recompensa nadie es herido de ninguna forma en la caída.
Vuestros post fueron buenos, espero que sigan así, tenéis una semana de nuevo para postear de máximo, 7 días, hasta el martes que viene.
Recordad, si posteais pronto conseguiréis beneficios (y os valoro individualmente, si posteais pronto tendréis beneficios aunque los demás lo hagan tarde) como siempre no hay orden.
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Suspiro

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MensajeTema: Re: Un Mundo Bajo Las Grandes Estepas   Miér Dic 15, 2010 12:15 am

Vaya vaya, pues aparentemente la extraña creatura no solo tenía nombre sino que hablaba, si, en definitiva aquel ser calificaba como tierno, un pequeño ser que corría, saltaba, hablaba y que ahora presentaba a su montura por nombre y todo, en cierta forma, era similar a aquella hada que conociera en Drasnia, pero solo un poco, probablemente en cuanto al carácter, igual de propensos a realizar rabietas, igual de hiperactivos, igual de amigables, aquel recuerdo le dolió, mientras Zan brincaba y se presentaba las manos de Suspiro empezaron a temblarle y de nuevo sintió la sangre correr por ellas, era una maldita faceta que se había ganado a lo largo del viaje, se sentía lleno de sangre, sentía el dolor de las muertes ocasionadas y su mente empezaba a debatir consigo misma; inconscientemente ignoraba al pequeño ser, no porque no considerara su opinión, sino porque los fantasmas del pasado se arremolinaban en su interior y lo hacían olvidarse del mundo, si bien había ido a las estepas para ello, no era esto lo que tenía en mente.

Estaba presente y ausente al mismo tiempo, si bien escuchaba lo que le decían, no era capaz de razonarlo en el momento y todo fue peor cuando la tierra se abrió bajo sus pies; ni siquiera intentó escapar, creyó por un instante que era otra de las alucinaciones producidas por su mente, pero esta vez se equivocaba, sin embargo solo fue consciente de ello hasta el momento de despertar en aquella caverna; Zan ya rondaba los alrededores mientras él se incorporaba y examinaba.

Nada, solo raspones y rasguños, su montura ahora bebía agua reponiéndose del arduo camino, su capa se había rasgado y se vio obligado a quitársela, ya era vieja y siempre se rasgaba, así que la guardo cuidadosamente en las alforjas del caballo. Mientras tanto observaba la cueva, escuchando todo lo que el pequeño ser decía sin parar y no le gustaba nada estar en ese lugar; observando por el tiro del hueco en el que cayeron, para él sería posible escalar, pero no pretendía dejar a su caballo ahí abajo y salir a las estepas a pie, sería un suicidio y el Lord no tenía intenciones de morir en un lugar al que específicamente había ido a descansar; sin embargo la visión de la cueva lo incomodaba, era como el campamento de la bruja en las montañas, desolado, misterioso y desconocido, aquello no pintaba bien.

- Señor Zan, no es que quiera importunarlo, pero… ¿le han dicho que habla demasiado?, le agradezco la preocupación, pero le suplico que mantenga las conversaciones al mínimo por lo menos hasta estar seguros que estamos solos en este recinto.

Fue solo un murmullo, ni siquiera estaba seguro que el hablador ser le hubiera escuchado, seguía hablando y hablando, pensando en hacer un dibujo, preguntándose por la luz, por la caída, por el lugar, sin duda no se quedaba sin energías el pequeño. Instintivamente Suspiro buscó sus armas, comprobó que siguieran en su sitio y analizó a sus compañeros para ver cuál de ellos podía ser de utilidad en caso de que alguna creatura salvaje o no los estuviera observando y esperando el momento para atacar y solo aquel jinete parecía ser en alguna medida un guerrero; pero observando a los animales se tranquilizó un poco, su caballo bebía agua, el ave gigante no mostraba signos de preocupación y el otro caballo se veía de lo más tranquilo, sin duda aquel lugar no tenía el olor de algún predador, pues de lo contrario los animales estarían nerviosos.

- Bueno, ¿Qué más da?, disculpe mi rudeza señor Zan, es solo que tiendo a ser un poco paranoico y este lugar en especial me da muy mala espina, si bien no conozco demasiado del mundo pues aun soy muy joven, nunca había escuchado de él y por la poca experiencia que tengo en los lugares desconocidos generalmente hay peligros desconocidos.


Fue la única explicación que dio, no es que fuera demasiado bueno con los protocolos sociales, así que se limitó después de ello a observar los preparativos de sus compañeros, pues por lo menos él no pensaba quedarse ahí a observar el paisaje, si había habido un derrumbe, podría pensarse que otro no sería extraño y quedar atrapado bajo tierra no calificaba para Suspiro como las ideales vacaciones, él había ido ahí a descansar y por Bairack, lograría hacerlo; pero ahora se encontraba en una situación algo comprometida, por lo menos había agua, así que una vez sus compañero se incorporaron, mientras esperaba que a alguien se le ocurriera la idea de empezar a buscar una salida, se encaminó lentamente hasta el agua y llenó la botella del agua.

A veces olvidaba que su aspecto y actitud no eran acordes con su verdadera edad, así que mientras llenaba la botella sonrió ante la idea del cómo se vería diciendo que era un inexperto siendo que su apariencia era mucho más la de un anciano; incluso sus rasgos raciales podrían despistar a las personas, pues aquellos ojos grandes y redondos aunado a los demás testigos de su verdadera raza, sin duda tenderían a desconcertar a todo aquel que se molestar en preguntarse ¿Qué demonios era él?, pues sin duda no era la encarnación de un perfecto Lord Oscuro.

Ya incorporado, la botella llena, la capa guardada y las manos apoyadas en los mangos de su armas, esperó pacientemente a que todos terminaran de estar listos he incluso si ese era su deseo que se presentaran, pues hasta ese momento, solo conocía la identidad de Zan y Popocho.
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Águeda

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MensajeTema: Re: Un Mundo Bajo Las Grandes Estepas   Jue Dic 16, 2010 6:01 pm

La chica recorrió la pequeña distancia que quedaba entre ella y ese extraño ser, cuando estuvo a su lado se puso de cuclillas y le tendió la mano .

-Soy Águeda y estoy atravesando esta estepa. Si tú estás haciendo lo mismo te ruego que me dejes acompañarte, mis provisiones son escasas y andar por estos parajes sola es peligroso.- puso ojitos de pena.

De pronto notó un galope cercano, a traves sus pies descalzos sentía las vibraciones del suelo, se giró y vió no muy lejos a un caballo que se descontrolaba y que casi tira a su dueño. Pasaron unos segundos en silencio aguardando, de pronto tenían ante sí a un hombre corpulento que les apuntaba con una espada. Sus palabras amigables no encajaban con sus gestos, hasta él mismo se dio cuenta y decidió guardar su espada. Se dirigía solo a la muchacha ignorando al pequeño que se sintió ofendido y se alejó refunfuñando. La joven rió para sí porque le parecía un personajillo divertido. El hombre se disculpó por la actitud de su caballo. Ella retrocedió un poco.

-No pasa nada, al fin y al cabo ha conseguido parar al caballo a tiempo.
-

Decía la randa mientras algo en su interior le decía que ese tipo no era de fiar, había algo en él que a la chica no le daba muy buena espina mas siguió sonriendo y respondiendo a sus preguntas.

-Me llamo Águeda.


Odiaba tener que repetirse. En ese momento se les acercó otro viajero también con su caballo, ella aborrecía los caballos y ahora estaba rodeada. Era otro hombre, esperaba que hubiera oído su nombre por que no iba a decirlo otra vez.
Era extraño por qué habrían acabado todos juntos encontrándose ahí, si ella lo pensaba se había desviado mucho de su ruta para ir a buscar a Zan, que así se llamaba el niño con orejas de conejo. Ella tenía la escusa de las provisiones y los gruñidos de su estómago la afirmaban pero y esos otros dos ¿qué hacían ahí? Quizás fueran solo unos curiosos o puede que realmente fueran peligrosos y quisieran engañarla. Pero a ella le daba igual, total no se iba a quedar mucho tiempo allí para comprobarlo. Se estaba marchando de ahí aun sin conseguir las provisiones que necesitaba, cuando notó un extraño sonido en el suelo.

Se tumbó instintivamente poniendo la oreja contra el suelo, sin importarle lo que pensarían los demás. Ese ruido no le gustaba nada, empezó a sentir como la tierra se rompía y de repente vio a Zan saltando esquivando una pequeña grieta que había surgido en la tierra y tras esta se abrió otra y otra así hasta que se formó un socavón. Águeda consiguió agarrarse al borde del agujero pero sus fuerzas eran escasas, su brazo empezó a temblar no podía soportar todo su peso y acabó soltándose. No sabe sí se desmayó del esfuerzo o paso por un trance, pero quedó sumida en el sueño, un sueño donde caía y caía una y otra vez…

Despertó al notar que uno de los caballos le estaba mordiendo el pelo como si fuera pasto.

-¡Ay! Suéltame bicho suéltame.- dijo levantándose y pasándose la mano por el pelo arrastrando las babas del animal.- buag.-ignorante de lo que había pasado y de donde estaba, se acercó a donde había agua y se la echó en el pelo para limpiarlo. - ¡Estúpidos caballos!

Sintió de fondo la voz del pequeño silfo que divagaba sobre que iba a dibujar ese sitio. La joven no entendía que tenía de maravilloso un sitio feo y pobre como era la estepa. La muchacha levantó la cabeza y miró a su alrededor, entonces comprendió que ya no estaba donde antes. ¡Con razón le extrañaba que hubiera agua en la estepa! Se acercó hasta ellos, mirando las paredes que se adornaban con estalactitas, y columnas naturales, sentía el ruido del agua corriendo por las paredes. Se dio un par de veces con las estalagmitas del suelo, iba a ser muy duro para los animales caminar por aquí.

- Señor Zan.- dijo en un susurro.- por favor modere el tono de voz, o todas esas rocas puntiagudas pueden caernos encima y a usted le digo lo mismo- le dijo al hombre que hablaba con el pequeño mientras señalaba el techo.- por ende, tienen que mantener en calma a sus monturas si no queremos tener ningún accidente. Si ya se ha desplomado una vez el suelo puede volver a hacerlo, no es seguro quedarse aquí- Miró la luz que desprendía el enorme hoyo que se encontraba a demasiada altura, era imposible escalarlo así que sería mejor ir en busca de otra salida .- Debemos avanzar cuanto antes. Pero…¿ para qué lado vamos?-
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Aengus Kean

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MensajeTema: Re: Un Mundo Bajo Las Grandes Estepas   Jue Dic 16, 2010 9:38 pm

Cuando Aengus llego al grupo formado por los tres personajes, realizo su pregunta, apenas había conseguido escuchar algo de lo que hablaban antes de que se percataran de su presencia. Siguió mirando al pollo gigante, prestando poca atención al resto pero siempre con la cautela que le precedía, no se fiaba de nadie, solo de su caballo. El pequeño niño con las grandes orejas denotaba su emoción al ver tanta gente reunida y se presentó, se llamaba Zan. Era extraño, alegre y simpático a la vez, y por otra parte, podía hablar. Sabía que el pequeño monigote tenía esa habilidad, pero le sorprendió.
Por otro lado, la joven cuyo nombre no sabía, ni preguntaría se tumbó en el suelo y pego la oreja y Zan rebuscaba entre sus cosas. Su caballo se alzó sobre sus patas traseras alterado y el pequeñajo al ofrecer agua al resto cayó por un pequeño agujero que rápidamente se hizo más grande y el resto cayó con él.

Apenas recordaba nada de la caída cuando abrió los ojos y tardó en recordar cómo había llegado allí. El resto del “grupo” estaba ahí con él. Comenzando desde el pequeño Zan que gritaba un montón de preguntas que apenas pudo analizar debido a que vagaba por sus recuerdos buscando el momento de la caída. El hombre, por su parte, se quedo observando la cueva, y regañando a Zan. Aengus, olvidándose de que la chica existía, analizó rápidamente la situación. Estaban en una cueva llena de sedimentaciones de roca creadas por el paso del tiempo, el agua corría de un lado a otro y estaba iluminada. Kean sonrió para sí mismo cuando se vio envuelto en otra aventura, aunque no le gustaba que tuviera que ser con esos dos… En ese momento se percató de la presencia de la chica al escucharla gritar y quejarse se levanto rápidamente pero solo era su caballo que tenía hambre y lo llamó para que dejara a la chica en paz y pudiera comprobar cómo se encontraba su corcel mientras la chica seguía maldiciéndolo. Zan seguía con sus ideas de dibujar, la chica se lavaba el pelo y el caballo del hombre bebía agua del rio. Kean miro la montura de Zan mientras acariciaba a su caballo y comenzó a hacer inventario para saber que todas sus cosas estaban en su sitio mientras pensaba que hambre no pasaría, el pollo gigante tendría para alimentarse en un cierto tiempo si la huida de la cueva se complicaba… las dos espadas, la bolsa del caballo… ¡no, mi sombrero! caviló en su mente mientras comenzó a mirar de un lado a otro buscándolo. Se acerco al rio, ignorando la pregunta de Zan y recogió su sombrero que estaba colgado de estalagmita cercana al rio. Tocó el agua del rio, no se fiaba de ella, se lavo la cara, las manos luego se secó con la manga de la camiseta y se colocó el sombrero volviendo con el resto. Ya era el momento de prestarles algo de atención.

El hombre y la joven estaban preocupados y alerta, en cambio el pequeño seguía fascinado con el lugar. Era una suerte que al menos fueran lo suficientemente inteligentes como para saber mantener la compostura. Kean fijo su atención en la chica cuando la escuchó decir lo del suelo nuevamente y volvió a por su caballo. Agarró las riendas de este y lo llevo con cuidado por la sala hasta el resto.
- Bueno, ¿tenéis pensados quedaros aquí todo el día a esperar que os salven? – hizo una pequeña pausa sonriendo y volvió a pronunciarse por tercera vez en todo el encuentro.
– ¡Muevanse! Antes de que venga algo y nos mate ordenó. La cueva estaba muy tranquila y sumisa. La tranquilidad ponía de mal humor a Aengus porque precedía una trampa u cualquier otro problema que pudiera surgir en cualquier momento. Había que mantenerse alerta, y divertirse con la nueva aventura que se había abierto a sus pies

Edit: me ha quedado corto...me creia que llevaba mas escrito u.u, sorry
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Zan
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MensajeTema: Re: Un Mundo Bajo Las Grandes Estepas   Vie Dic 17, 2010 8:00 pm

Zan bajó la cabeza y dejó caer sus largas orejas, que se arquearon sobre su rostro cuando le reprendieron por sus gritos, efectivamente no se le había ocurrido que en aquel lugar tan bonito pudiese haber algo peligroso.
Y permaneció así unos segundos, hasta que Suspiro le habló de nuevo, disculpándose y como si de un resorte se tratase la vitalidad de Zan resurgió, levantando la cabeza de nuevo e irguiendo sus orejas y su pompón con orgullo, y una sonrisa en la cara.

-No pasa nada Suspiro ¡kupó! es bueno ser precavido, a veces se me olvida kupó

Después escuchó con atención las palabras de Águeda y tras ellas empezó a reír levemente sin perder los ánimos, se acercó a una estalagmita y la golpeó con el reverso de la mano un par de veces, mostrando un sonido de roca común y una cierta dureza al permanecer intacta.

-Águeda, no te preocupes por eso kupó, ya he estado en cuevas de este tipo kupó, las estalactitas del techo son de roca, y tienen una dureza considerable, necesitaríamos hacer mucho ruido para provocar que se desprendiesen kupó en cuanto a descender mas... lo vería raro, hemos descendido ya mucho debemos tener grandes rocas muy duras bajo nosotros, un desprendimiento aquí es difícil kupó.Pensó un rato tras esas palabras, buscando una solución a la pregunta de Águeda, hasta que de pronto la halló.-¡Claro kuopó! Podemos ir a aquella cosa que brilla lejos, por este lado de la cueva no parece haber nada, y eso que tanto brilla podría ser un agujero a la salida, o algo por el estilo, de todas formas, parece ser que es el único lugar por donde parece merecer la pena ir ¿no kupó?

Sin duda no era una descabellada idea, y al menos era una idea, un rumbo y un lugar a donde ir, era mejor que quedarse allí quietos, al menos para el pequeño y siempre inquieto silfo, detestaba estarse quieto, y se moría de ganas por dibujar aquel lugar y relatar en su libro la apariencia de la cueva y lo que pasaba, algo le decía que seria una aventura.
Sin duda aquel lugar no tenia ni pizca de aburrido, a parte de las rocas y el agua se presentaban otras formas de vida, se encontraban plantas por ella, cercanas al rió musgos y líquenes, pequeños arbustos y otras plantas, y en algunos lugares árboles, al menos en la zona en la que estaban podían ver esa vegetación, mas adelante podrían haber cosas mas interesantes que aun no podían apreciar.
Además, no solo habían plantas, si no que por la cueva se podían ver algunos murciélagos volando a alguna de las grietas oscuras, y varios pájaros que iban y venían de los árboles y otras partes, alguno persiguiendo a los animales anteriores.
En el río se podían ver algunos peces que nadaban por las cristalinas aguas, lo que significaba que eran potables, o al menos los peces podían vivir en ella, pero dudaba mucho que tuviesen algo toxico. Un pequeño zorro apareció entre uno de los arbustos, era aun poco mas que una cría, no llegaba a ser adulto, y tras eso corrió a otro arbusto cercano, perdiéndose, era impresionante que hubiese vida allí abajo, lo que significaba que posiblemente podría haber una salida y entrada.
Seguramente mas adelante podrían ver otros animales, por el momento todos parecían ser inofensivos y esperaba que siguiese así, no quería tener problemas.
En su contemplación del territorio una voz le interrumpió, con un tono que molestó a Zan, le daban ordenes. El silfo se giró y se acercó al humano, al estar a su altura empezó a dar saltos, mostrando su molestia.

-¡Tu! ¡Cállate kupó! ¿Como nos ordenas que nos movamos? ¡No tienes derecho ninguno kupó! ¡ni siquiera te has presentado! Si vas a estar dando ordenes te quedarás solo ¿Quien te ha nombrado el líder?-Dijo Zan, notablemente enfadado, no había duda de que le había molestado mucho la actitud de aquel hombre, el pequeño silfo odiaba que le diesen ordenes, el decía que era libre, no acataba las palabras de nadie, el iba por su cuenta.

Con las mismas se giro y se subió en Popocho, aun algo enfadado. Cogió la espada que colgaba del chocobo y se la colgó en la cadera, preparada por si como suspiro había dicho, algo atacase y acarició al chocobo, después se acercó montado en el animal a Águeda, y le tendió la cantimplora que hacia unos momentos, antes de caer, había ofrecido a los demás, su cara estaba de nuevo sonriente y alegre, se veía a la legua que los enfados no le duraban demasiado normalmente, seguramente en unos minutos ya habría olvidado el incidente de aquel hombre y su educación.

-¿Vamos a la luz entonces kupó? Creo que juntos podríamos ayudarnos, así nos será mas leve kupó

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Off: Bueno, veo que va muy bien el plazo ^^ seguid así, el próximo mastereo será... el miércoles que viene, en 5 días ¡Suerte con el post!
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Suspiro

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MensajeTema: Re: Un Mundo Bajo Las Grandes Estepas   Sáb Dic 18, 2010 4:23 am

Pues en algo podía estar de acuerdo con Zan, a Suspiro tampoco le gustaba recibir órdenes, no era una cuestión de orgullo, sino de responsabilidad, el Lord siempre había cargado con las consecuencias de sus actos, por lo que también dejaba siempre muy en claro, que todo lo que hiciera, era por su propia voluntad, incluso cuando tomaba trabajos como mercenario, era porque él así lo decidía. Por lo tanto, como no podía delegar la responsabilidad de sus actos, no acostumbraba a tomar ordenes, incluso en otra situación seria posible que defendiera espada en mano su derecho a no ser tratado como un sirviente más, pero en este caso, la orden no incluía ninguna repercusión moral ni nada por el estilo, además de que él mismo estaba de acuerdo con la idea de moverse de una vez de aquel lugar, así que no le dio demasiada importancia a aquella situación, mejor aún, disfrutó de la rabieta del pequeño Zan y se dispuso a emprender la travesía fuera de la cueva.

- Pues no se el resto del grupo, pero yo pienso ir con el Señor Zan, humanos conozco muchos, pero seres como el señor Zan y Pochoco nunca había visto, los humanos ya han intentado tomar mi cabeza y no tengo una particular fascinación por ellos, pero el Señor Zan aún tiene el beneficio de la duda.

No lo decía en broma ni sin conocimiento de causa, era cierto que los humanos habían intentado matarlo muchas veces y aunque aún ignorara que el señor Zan fuera un silfo, aquella raza aun no había intentado matarlo.

Tomó a su caballo por las riendas y se dispuso cerca del silfo esperando que los demás tomaran su decisión, no solamente porque prefería un viaje tranquilo en sus vacaciones, también porque no estaba seguro de la forma en la que el humano tomara la afrenta que le había hecho Zan, sin duda si se tratara de él, aquella creatura no habría terminado de brincar antes de que Suspiro le arrancara el corazón; tampoco era muy bueno para recibir regaños y eso era debido a que en la mayoría de las ocasiones, prefería sus confrontaciones con espada en mano antes de los debates filosóficos, sin embargo últimamente se sentía algo raro, más reacio a derramar sangre, por lo que esperaba que yendo con el silfo aquella travesía transcurriera sin mayores complicaciones, en cuanto a los dos humanos, Águeda parecía bastante normal, no se veía que tuviera intenciones de provocar algún altercado; era una lástima que el segundo humano fuera un poco más rudo en su trato con los demás, si bien se lograba reconocer en aquel ser, por lo mismo sabía que era probable que terminaran enfrascados en un duelo sin sentido, como todos los duelos que había tenido le parecían ahora.

La mano izquierda en las riendas del caballo, la derecha recargada de forma natural y tratando de no parecer agresivo, en la empuñadura de la espada, como si no tuviera intenciones de usarla, pero preparado para reaccionar en cualquier momento.

Una sonrisa dibujaba su rostro, aunque esta vez, contrario a todas las anteriores, era sincera, aquel ser por alguna extraña razón le agradaba, cosa rara en su gente pero particularmente en él, era la primera vez que veía un ser de corazón puro y no sentía el deseo de salvarlo, esta vez pensaba que aquel pequeño ser debía de decidir su propio destino, además, estaba de vacaciones, no pensaba salvar a nadie más hasta que las dudas en su mente se dispersaran por completo, pues las consecuencias de sus actos eran irreparables, su misión demasiado importante y las dudas eran enemigos siniestros que podían traicionarlo y hacerlo caer de nuevo en el abismo de la culpa, lugar casi desconocido y difícil de sortear para su raza.

- Vayamos a la luz Señor Zan, por lo menos yo voy con usted.


Era momento de partir y de que todos tomáramos nuestras decisiones, en aquel mundo perdido un error podía costar la vida, tal vez los humanos estuvieran dispuestos a cometer ese error, pero si era el Lord quien lo cometía yendo con Zan por lo menos las consecuencias no lo alcanzarían solo, unicamente una ultima mirada inquisidora antes de emprender el viaje con aquellos que decidieran seguir ese camino.
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Aengus Kean

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MensajeTema: Re: Un Mundo Bajo Las Grandes Estepas   Mar Dic 21, 2010 7:49 pm

Al parecer no se iban a dejar pisotear y menos mandonear fácilmente. Bien, así se libraría de tener que tirar de los tres personajes como si se tratasen de perros. En ellos recaería la responsabilidad de mantenerse con vida y salir de allí.
Zan después de calmar los ánimos de la chica, y del hombre procedió a reprimir a Kean por sus palabras. No le gusto que le dieran ordenes, y visto al resto tampoco le hizo mucha gracia. Aengus solo mantuvo su sonrisa mirando al resto.
El hombre por su parte, y sumido en sus pensamientos se monto en el caballo apoyando la gran idea del pequeñajo, de una u otra forma la única manera de salir de allí era moverse e ir a la luz. Así que, el hombre y su caballo respaldaron al pollo gigante y a su dueño. Aengus siempre había oído que nunca se acercara a la luz, y más si era una luz tan clara y concisa. Preposiciones pensó y se acercó al caballo cogiendo las riendas con una de sus manos, la derecha para ser más exactos y terminó de acercarse al grupo.

Aengus ya conocía el nombre de sus “amigos”, el pequeño Zan o así se presentó. El hombre se llamaba Suspiro y la chica, Águeda o así los llamaba en pequeño niño orejudo. Él, por el contario, seguía sin presentarse y por el momento, no tenía intención de hacerlo. Kean llegó a la conclusión que los otros tres se conocían de antes, y cayó en el error de que eran compañeros de viaje. La chica no tenía montura, así que no pensaba en montarse en su caballo, iría caminando al lado de su caballo y del resto.
La incertidumbre dominaba sus pensamientos, no había oído hablar de nada a los tres y seguía manteniendo que eran compañeros, si hacia algo que no les gustara, acabarían revelándose contra y él, y con ello, su muerte…una muerte en combate, como siempre había deseado. Aparte, era demasiado testarudo como para cambiar su personalidad o aparentar lo que no era, así que no iba a amedrentarse por ellos.

– Vayamos a la luz entonces, hay que salir de aquí. No me gustaría ver como se vuelve a caer el techo sobre nosotros nuevamente –

Miró el rostro de las tres personas que lo acompañaban, siempre manteniendo esa sonrisa socarrona en su rostro. No le gustaba trabajar en equipo, al menos que los conociera de un tiempo o tuvieran su respeto, y por consecuencia, todavía ellos no habían hecho nada de eso pero había que cooperar con ellos, aunque con algo de resignación.
Águeda por el momento no se había decidido sobre si ir a la luz o no. Aengus dejo de cavilar sobre sus compañeros, quizá el máximo exponente de peligro no estuviera en ellos, pero no se fiaba y volvió a prestar atención al medio que lo rodeaba. Era casi un milagro que allí abajo hubiera vida. Los animales estaban tranquilos como siempre, apenas se habían inmutado sobre la presencia de los tres, seguían haciendo sus vidas normales. La tranquilidad solo inquietaba más y más a Aengus. No había tenido una vida tranquila y encontrarse en tal situación hacía que no estuviera a gusto. Ningún mal podría existir allí, o al menos no parecía manifestarse de ningún modo. Aun así, Aengus Kean seguía sin fiarse de nada, ni de nadie y aumento la precaución que ya llevaba siempre consigo. Se colocó correctamente el sombrero que cubría su cabeza nuevamente y a mano que le quedaba libre la resguardo en el bolsillo de su chaqueta, preparada por si tenía que empuñar su espada rápidamente para dar caza a cualquier cosa que se pudiera abalanzar sobre él.

Todos seguían indecisos sobre qué hacer, la idea de ir a la luz era la más demanda y coherente pero nadie decidía aventurarse a tal posición. Armándose de la valentía que precedía en su interior y que el lugar vaticinaba comenzó a caminar tirando de las riendas de su caballo hacia la luz. Esperaba que Zan, Suspiro y Águeda lo acompañaran, pues allí también querían llegar ellos pero si no lo hacían que mas daba, continuaría la búsqueda del camino a la superficie él solo. Siempre había viajado solo y se había enfrentado solo a las situaciones peligrosas que había vivido en un pasado, que más le daba, hacerlo una vez más, para bien o para mal.
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MensajeTema: Re: Un Mundo Bajo Las Grandes Estepas   Mar Dic 21, 2010 11:21 pm

El agua corría a través de las paredes murmurando en lenguas oscuras, las rocas describían formas sombrías, de vez en cuando un viento frío inundaba la cueva haciendo que castañearan sus dientes y las estalactitas parecían dientes frágiles dispuestos a caer sobre ellos en cualquier momento, pero aún así el paisaje era terriblemente hermoso. La arquitectura de la naturaleza era impresionante, a excepción del derrumbe de hacía ya unas horas, ese sitio había podido permanecer así siglos, intocable. Eso lo hacía aún más encantador.

Ella pensaba en esto mientras el cuchicheo de disputas sin sentido de los viajeros que la acompañaban en la cueva rompía el silencio y la paz de ese lugar. La chica suspiró afligida, ya que iban a pasar ahí bastante tiempo y en vez de disfrutar de los que tenían alrededor reñían sobre el liderazgo, típico de los hombres, bueno mejor dicho del caracter masculino ya que solo uno de allí parecía ser humano. Ese extranjero se empeñaba en no ir hacia la luz. A Águeda sinceramente le daba igual con tal de no ir sola y aunque le diera mala espina, el grandullón llevaba una buena espada en cambio ella…no tenía ningún arma. Su instinto habló por ella posicionándose junto a Zan y Suspiro. Al final el otro caballero eligió también esa opción aunque un poco a regañadientes. Éste se posicionó como cabeza del grupo, tenía demasiados aires de grandeza para el gusto de la chica, ni siquiera había dicho su nombre. La chica bufó por lo bajo <<que maleducado, no le irá nada bien si sigue en ese plan>>. Comenzó a caminar hacia la luz, pero no porque el otro lo hiciera, sino porque no tenía otras opciones.

El silfo ya se había olvidado de la disputa con el otro caballero, por lo que Águeda decidió hacer lo mismo, la verdad es que no era de su incumbencia ya que no se habían referido a ella en ningún momento, pero no le gustaba que alguien intentase tomar las decisiones por ella. Comprendió que debía alejar esos malos pensamientos que solo servían para calentarse la cabeza y empezó a pensar en su casa, en el dinero que iba a ganr entregando el pedido...y así pasó un rato, pero nadie decía nada, y se estaba produciendo un silencio incómodo entre los componentes tan pintorescos de ese grupo por lo que Águeda sacó conversación.

-¿Qué tiempo hará mañana?.-


Levantó la cabeza y solo vio roca por lo que la pregunta no había sido la más acertada, decidió callarse para no parecer una tonta.
Según iban avanzando la luz era más intensa. Estaban deseando salir de allí, al menos la chica lo estaba deseando. Zan le prestó su cantimplora y ella le dio un trago largo, ya que no tenía comida para llevarse a la boca y tampoco le parecía lo más correcto en ese momento pedirle a sus compañeros, decidió llenar su estómago con ella. Si había pasado más de tres días sin comer podría aguantar durante la travesía. Ella era fuerte, aunque la continua oscuridad la volvía floja y el cansancio era visible a través de sus facciones que se endurecían hora a hora, ella aguantaría.

Mientras atravesaban la cueva la chica pudo ver diversas formas de vida, no solo las inertes y aburridas rocas. Vió pequeños arbustos, murciélagos que amenazaban con enredarse en su pelo y hasta a un pequeño zorro que se lamía las patas mientras los miraba cauteloso, de pronto se escondió.

-¿Lo habéis visto? - la joven miró con dulzura al animalito.- eso significa que vamos a poder comer. –

Salió disparada tras el animal pero para su disgusto no pudo alcanzarlo, ya se había escondido entre otros arbustos. Ella seguiría atenta a los ruidos, el siguiente animal que viera sería su próxima presa. La luz se intensificaba segun caminaban por lo que le sería más facil ver cualquier movimiento.
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Zan
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MensajeTema: Re: Un Mundo Bajo Las Grandes Estepas   Miér Dic 22, 2010 8:34 pm

Zan se volteó al escuchar a Suspiro, sonrojado por que le llamasen señor, el no consideraba tener suficiente edad para que le llamasen señor (a pesar de ser el mas anciano de todos ellos) no se percató de detalles como humanos ya conozco muchos, o que buscaban su cabeza eran detalles en los que el silfo no se fijaba con demasiada facilidad, no era alguien que pensase mal de la gente, aunque sus palabras fuesen mas directas que indirectas...
Águeda también se fue con el, mientras que aquel hombre, persistiendo con aquella prepotencia tomaba la idea de Zan como suya y caminaba hacia la luz, como si estuviese solo.

-No me llaméis señor, kupó, por favor, no soy tan viejo...-Después miró al hombre y frunció el ceño.-No parece querer nuestra ayuda kupó... en fin, no le obligaré, que valla solo si es lo que quiere, tal vez le sea una lección de humildad, kupó

Esperó unos instantes para que el hombre se adelantase un poco y después continuó, agitando levemente las riendas de Popocho, y este empezó a moverse a velocidad lenta.
Cuando escuchó a Águeda empezó a reír levemente y contestó.

-Pues por el calor de hoy podría seguir haciendo sol kupó, o por el contrario habría una lluvia de cierta fuerza, pero se veían varias nubes surcando el celo, lo que hace mas probable que llueva... bueno, o eso me parece a mi kupó-Dijo Zan, con un asombroso análisis.

Mas tarde, Águeda corrió tras una criaturita, que rápidamente se escondió en un arbusto asustada, parecía ser que la joven quería comérsela, y Zan se escandalizó, aceleró el movimiento de su montura para acercarse a Águeda e intentando detenerla.

-¡No kupóoooo! No les hagas daño por favor... ¿Tienes hambre? Zan tiene comida, pero no hagas daño a los animalitos kupó-Dijo Zan extrayendo de sus alforjas una gran bolsa de bollos azucarados, que miró golosamente antes de tender a Águeda...

Parecía ser incomodo para todos la velocidad lenta del grupo, pues no se avanzaba muy rápido, paró un instante y miró a Águeda, la única que no disponía de montura, con una sonrisa se posicionó a su lado y con un gesto con su pequeña mano la invitó a montar, había espacio suficiente, en un chocobo podían ir incluso dos humanos a parte de Zan (pues no ocupaba mucho y la largura del animal era considerable) y el animal estaba capacitado para trasportar grandes pesos, algunos humanos habían descubierto a las criaturas y las usaban también de montura, a Popocho no le importó llevar a Águeda, que tampoco pesaba tanto, no parecía comer a menudo, aunque... Zan tampoco lo aparentaba y sin embargo posiblemente comería mas que ninguno de los presentes.
No solo Popocho no se molestó por la nueva jinete, mas bien fue mejor, los chocobos necesitaban ejercitar sus patas, y si no lo hacían acababan hiriéndose, por lo que aquella invitación había sido perfecta, solo faltaba que Águeda montase.

Volvieron a ponerse en marcha poco después, Zan intentaba alejarse del hombre tomando un camino alternativo, no le agradaba tratar con alguien con esa prepotencia, pero su mente infantil le impedía estar enfadado, únicamente se desviaba un poco, teniendo siempre como objetivo la luz.
De repente la tripa del pequeño silfo emitió un rugido... un sonido que parecía imposible que procediese de un ser tan pequeño. El Silfo pegó un pequeño respingo sobresaltado y después agachó las orejas algo avergonzado. De nuevo metió la mano en sus alforjas y sacó una gran manzana roja... para sorpresa de los presentes la pieza de fruta desapareció en cuestión de segundos, el silfo acabó con la existencia de la manzana (con corazón y semillas incluidas) en únicamente dos mordiscos. Tras los cuales suspiró alzando de nuevo sus orejas y siguiendo atento al terreno con una sonrisa angelical en el rostro, de pronto se percató de algo y miró a Suspiro.

-Por cierto kupó, que maleducado soy, no le ofrecí nada ¿Quiere alguna cosa de comer? ¿Tal vez agua? ¡No se avergüence de pedir!-Dijo con su tono alegre y simpático.

Era algo sorprendente de ver esa cantidad de energía en un ser tan pequeño, una voracidad así en aquel ser de apariencia tan agradable, muchos habrían dicho que el silfo seria capaz de derretir el corazón de hielo de cualquier malhechor.
Los mas exagerados dirían que seria capaz de provocar remordimientos al propio Bairack... ¿Quien sabe? Tal vez en un futuro podría suceder, pero sin duda seria algo muy extraño ¿no creen?

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Off: Hasta el miércoles que viene :3
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Suspiro

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MensajeTema: Re: Un Mundo Bajo Las Grandes Estepas   Mar Dic 28, 2010 6:12 am

El mundo parecía haberse detenido por unos instantes, en aquella cueva todo era distinto, las creaturas, el aire, las luces, todo a su alrededor le hacía pensar que estaba en un sueño y, por lo menos hasta ese punto, un buen sueño, aunque la calma fuera sepulcral y las nuevas amistades algo silenciosas, por lo menos estaba disfrutando de sus vacaciones de buen grado y eso lo hacía estar en un estado de calma, no obstante, no había surcado caminos como los suyos para venir a bajar la guardia en un mundo alejado de la mirada de los dioses.

Se encontraba absorto en sus pensamientos, intentando descifrar su siguiente paso cuando el sonido del estomago de Zan lo regresó al mundo y la escena siguiente le puso la carne de gallina ante ese pequeño ser que parecía tener las piernas huecas, pues de otra forma no se explicaba el dónde le cupiera tanta comida.

- Muchas gracias, pero estoy bien, no tiene mucho que he comido y personalmente no necesito tanto para alimentarme.

La luz se acercaba cada vez más y aunque en un principio le había parecido buena idea la de ir hacia ella, la vista de un lugar con aparente parsimonia le molestaba, era como estar siendo vigilado por el mismo, en gran medida se debía a la incomodidad obvia del segundo humano, cuyos gestos y actitudes hacían patente la falta de interés en acoplarse al grupo; no es que Suspiro estuviera demasiado de acuerdo tampoco, pero las opciones eran limitadas en aquel lugar.

Una, dos, tres, cuatro, poco a poco las manos del Lord se fueron llenando de pequeñas piedras mientras caminaban, primero para hacerse con algún entretenimiento, después, aquellos pequeños proyectiles le servían para ser arrojados hacia adelante y recogidos después, si bien Zan creía que un segundo derrumbe era poco probable, el sonido de las pequeñas piedras contra el suelo de la caverna lo hacía seguro, después de todo, el sonido de un lugar hueco era distinto al de uno solido.

Aunado a lo anterior, los pequeños animales al oír el ruido se agazapaban y se escondían, por lo que no era probable que volvieran a tener problemas en lo que a comerse a los animalejos se refería.

- Hablando de ambiente tenso, pensar que solo vine acá para unas vacaciones, descansar y pensar un poco, aparentemente los dioses quieren otras cosas para mí, creo que un Lord Oscuro nunca tiene oportunidad para esos lujos.

Una piedra más fue arrojada, en una clara mala decisión por parte del Lord que ya se sentía bastante más seguro, sabía que si algo los acechaba, era mejor estar lo más callados posibles, pero con el sonido de los cascos de los caballos y los pasos de la gran ave, parecía un ejercicio inútil tratar de pasar desapercibidos, por lo que optó por la segunda mejor opción, hacer mucho ruido, reír, hacer que resonaran en la cueva diferentes tonalidades de voz, hacer saber a cualquier creatura que se encontrara en los alrededores que eran depredadores sin miedo y que venían en manada.

- Así que dime Zan, ¿has visto algo que valga la pena escribir en ese libro tuyo? y si no es una molestia mi pregunta, puedo saber ¿de qué es ese libro?

Suspiro había pasado del libro durante el viaje, pero al observar a la pequeña creatura, no pudo evitar preguntarse la razón de un libro de proporciones tan disonantes con su dueño.

- Y otra cosa, esperando no ser demasiado una molestia, pero, nunca había visto una creatura como tú, puedo saber ¿a qué raza perteneces? Vaya, espero no estar siendo demasiado molesto, es solo que muchas dudas me han surgido al observarte.

Suspiro realmente se preguntaba esas cosas y en circunstancias normales, habría esperado que el camino las fuera respondiendo, sin embargo esperaba realmente poder conseguir que los viajeros empezaran a conversar, el silencio le preocupaba demasiado y lo estresaba, si el viaje continuaba de esa forma, corría el riesgo de que la tensión se volviera tal que hiciera alguna locura.
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Aengus Kean

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MensajeTema: Re: Un Mundo Bajo Las Grandes Estepas   Miér Dic 29, 2010 2:25 am

Caminaba lentamente hacia la luz con una mano en las riendas de su caballo y con la otra en el bolsillo de la gabardina preparada a salir velozmente hacia el cinturón y desenfundar el arma ante cualquier peligro venidero. El objetivo de todas las personas que había caído por el agujero que se produjo en la tierra o al menos así lo creía Aengus, era la luz. El ya había comenzado la marcha hacia el objetivo sin esperar a nadie. Le gustaba ir solo, pero aun así iba caminando con parsimonia esperando ser alcanzado por el resto o al menos, estar enterado de lo que les pudiera pasar o más importante lo que pudieran planear contra él.

Las palabras de Zan resonaron en su cabeza una y otra vez. El pequeño conejo parlante se interesaba por los animales del lugar, salvo a uno de que Águeda se lo almorzara. También se preocupo por dar de comer al resto de la gente, pero si algo se quedo en la cabeza de Kean una y otra vez fueron las palabras que dirigió sobre él. “Prueba de humildad”,” prueba de humildad”… Aengus se quedó parado sobre el agua, justo en el momento que la gente paro a llenar el buche, no paro por ellos, sino porque las palabras del pequeño Zan seguían en su cabeza y comenzó a recordar su pasado: el era un niño pequeño, rondaría el tamaño de Zan, la única familia que tenia era la secta religiosa en la que creció, el único cariño que había recibido y todo para ser usado como cualquier otra arma contra cualquiera que se revelara, para más tarde vagar por Utopía durante 9 años y ahora le decían que fuera humilde… Se contuvo las ganas de contestar bruscamente, de sacar las armas y montar una revuelta, al fin y al cabo todos teníamos el mismo problema, así que una vez en la superficie se arreglarían los problemas que pudiera haber allí. Kean se giro para ver al resto. Poso su mirada en el pollo gigante y luego la dirigió hacia Zan, mirarlo producía un efecto extraño que disminuía la ira contenida por el humano.
Suspiro se entretenía lanzando piedras al agua e intercambiaba palabras con Zan. Preguntas, afirmaciones u cualquier otra cosa. Las piedras hacían saltar el agua al impactar con él. En la gran cueva resonaban el “plaf” que producían las pequeñas rocas al zambullirse completamente. La voz de Suspiro rompía el silencio que había. Era una buena forma de ser un blanco fácil para los depredadores que por allí podían rondar, pero mejor ahora que había espacio para defenderse que en cualquier otro sitio. Aengus volvió a girarse mirando hacia la luz y volvió a emprender la marcha en solitario hacia la luz. La muerte no era algo que lo aterraba, había otras cosas a las que temía más pero, aun así, la muerte no era una opción para él y nunca lo seria. Apenas pudo oír con claridad la última pregunta que le realizo a Zan, pero la ignoro y así volver a centrase en la luz, la cueva y estar alerta de cualquier peligro que apareciera.

No tenia que añadir nada más al grupo. Las únicas cosas que se le ocurrían serian demasiado bruscas o malsonantes y prefirió guardárselas para sí. Ya había comenzado a notar que no era muy bien recibido en el grupo y no quería causar un mal mayor, al menos no de momento. Solo quería salir rápido del interior de la cueva sin altercados y pone rumbo a la ciudad más cercana que encontrara para poder descansar allí un tiempo, necesitaba unas mini vacaciones. No se encontraba a gusto allí debajo, y eso le producía una inquietud que hacía que se colocara el sombrero una y otra vez, sacando la mano del bolsillo de la gabardina y volviendo a esconder la mano allí. Era un gesto frecuente de Aengus, conseguía desestresarse de esa forma. Su apariencia no le importaba mucho, o al menos eso parecía, porque bien que le gustaba colocarse bien el sombrero y llevarlo siempre como marca de identidad. Era algo contradictorio, y odiaba contradecirse en su forma de pensar, pero nunca un humano a llegado a ser perfecto.

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MensajeTema: Re: Un Mundo Bajo Las Grandes Estepas   Miér Dic 29, 2010 6:14 pm

Al menos no se habían reído tanto de ella por el comentario del tiempo, el pequeño niño le respondió con una precisión que no esperaba y se quedó muy sorprendida. Tras su persecución con el animal de antes, Zan se bajó corriendo y le suplicó que no se lo comiera. , a cambio el le daría unos dulces. Ella aceptó pero si en algún momento no quedaba comida mataría al primer animal que viera, algunos son muy bonitos pero ante todo son comida, ella lo pensaba así.

Tomó un dulce de los que le entregó Zan y lo comió poquito a poco para que su estómago creyese que estaba comiendo más cantidad, después guardó otro en su zurrón y le entrego el resto a su dueño pues no quería abusar de su amabilidad. Le dio las gracias, tanto por la comida como por que la dejase montar en su pájaro gigante (el cual le daba un poco de miedo). Aceptó la invitación cogió la mano de Zan y adelantó un pie temerosa, consiguió subirse aunque dio tal impulso que casi cae por el otro lado. El pájaro empezó a moverse y la chica se puso estirada mirando al frente agarrándose como pudo. Al menos así no le dolería tanto los pies, las heridas de estos parecían haber mejorado pero aun le dolían sobre todo al estar en contacto con el suelo la arenilla y piedras hacían que se le infectasen; tenía los zapatos guardado en su bolsa pero no podía ponérselos porque empeorarían las quemaduras y rozaduras. En fin ya no tenía que pensar más en eso, solo en no caerse y eso era una tarea muy difícil.

Siguieron caminando para variar, de vez en cuando Águeda se estremecía al notar que Popocho cambiaba de dirección, Zan se lo ordenaba. Era como si no quisiera seguir al otro hombre. Rió para sí, era un ente divertido. Al rato el ambiente se volvió monótono lo único distinto era el repiqueteo de las piedras que tiraba Suspiro, pero unos minutos después también resultaba aburrido. Suspiro empezó a hablar de que iba a ir de vacaciones, ella no sabía lo que era eso asi que asentía con la cabeza manteniendo la boca cerrada, bastante torpe había sido en su anterior intento de entablar conversación así que si se callaba no notarían su falta de cultura. Ya se había acostumbrado a ir montada en Popocho pero tenía las piernas entumecidas por la postura, esperaría un rato más para no parecer maleducada ni poco agradecida; después se bajaría e iría andando.

Los cascos del otro hombre del cual ninguno conocía su nombre sonaban cada vez mas lejanos, él mismo se daba cuenta y aminoraba la marcha para esperarlos. <<Es un poco raro>> pensaba Águeda mientras lo miraba, se estaba poniendo nerviosa porque él tenía una especie de tic no paraba de llevarse la mano a la gabardina, seguramente ahí escondía su arma, esperaba que no la usase contra ellos, viendo las miradas que les mandaba no era de dudar que se lo estuviese planteando. Si la atacase a ella sola no tendría ninguna oportunidad pero iba bien escoltada miró a Suspiro, al parecer no era tan malo como le había parecido al principio, tenía la mala costumbre de dejarse llevar por malos prejuicios.

De repente la joven se quedo muda, al ver como el pequeñajo devoraba ferozmente una manzana en apenas unos segundos, no podía creer como una cosita tan enana comía tan deprisa, jamás había visto un ser como aquel por lo que no sabía que más sorpresas traería consigo ese niño. <<El también es un poco estrafalario>> suspiró cansada ya de tanto andar y de pensar. Le dolía la cabeza, era lo malo del silencio. No paraban de avanzar pero nunca llegaban a la luz, era extraño y se estaba aburriendo debían de llevar horas allí y la chica estaba ansiosa por salir pronto…
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Zan
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MensajeTema: Re: Un Mundo Bajo Las Grandes Estepas   Jue Dic 30, 2010 12:59 am

Zan no se había dado cuenta de las expresiones de sorpresa de los presentes al ver la increíble velocidad con la que el pequeño había acabado con la manzana, para el era algo normal, y no se fijó en que los demás se sobresaltaron ante tal muestra de voracidad por parte del pequeño silfo. Suspiro rechazó su oferta de comida y agua, y eso le entristeció un poco, pues no le parecía algo agradable que en el grupo (pues ya no contaba al humano de mas adelante) fuese Suspiro el único que no comiese, pero de todas formas era su decisión, y no podría cambiársela, así pues se limitó a continuar... se hallaba incomodo por los silencios, no era alguien precisamente callado, era del tipo de criaturas que no pueden estar sin hacer nada, y simplemente mirar todo subido en su chocobo le parecía algo muy incomodo. Así pues agradeció las palabras que suspiro pronunciaba, agrandándole el poder tener una conversación.

-¡Claro que si kupó! he escrito muchas cosas aquí en este libro, entre ellas historias que ideo en mis momentos de aburrimiento, pero también hay historias que me han contado la gente kupó, en ellas se narran sus viajes, lo que encontraron, a que se enfrentaron, narrados con todo el detalle que me fue posible recopilar, pero entre ellas también se hallan las mías propias, las historias que yo he vivido kupó... y bueno, aunque una imagen valgan mas que mil palabras, y por lo tanto no pueda expresar exactamente todo lo que sucede me intento expresar de la mejor forma que pueda para que aquel que lea esas historia pueda recrear con ayuda de su imaginación aquello que narro kupó. Y Suspiro, pregunta cuanto quieras, jamás me molestaré por una pregunta kupó, pero respecto a de que es... es simplemente un libro en el que recopilo todo.-Dijo Zan extrayendo su libro y abriéndolos,, tras lo cual empezó a enumerar varias cosas, por orden en el que estaban escritas, marcadas algunas paginas con unos papeles de colores que parecían separar el libro en partes.-Historias de los pueblos, recetas de cocina, dibujos, mis historias, información sobre lo que me encuentro, mi ¡oh!-Cerró el libro sonriendo y guardándolo repentinamente.-Eso era mi diario kupó... es privado si no les molesta...

La cantidad de palabras que emergían de la boca del silfo era asombrosa, con una pregunta podía acabar hablándote durante mucho tiempo, en comparación a lo normal el pequeño había hablado poco... Sin embargo, a pesar de hablar tanto no lo hacia con extrema velocidad, por lo que no era complicado de escuchar, aunque si te distraías unos segundos podías haberte perdido un par de cambios de tema... tenia ese defecto, empezaba hablando de una cosa y poco a poco se desviaba del tema pasando a hablar de otra cosa por querer alargar la conversación.

-Soy un silfo kupó, de la tribu de los Moguri, pero un silfo al fin y al cabo, es cierto que nuestra tribu es un poco diferente a los feericos normales, pero soy uno al fin y al cabo... por lo que escuché que mencionaba antes sobre las vacaciones dice ser usted un lord oscuro ¿me equivoco? es muy interesante... kupó... bueno, vuestra raza tiene muchos rumores muy malos sobre vosotros, pero prefiero no escuchar ni atender a las cosas malas que dice y que se dice por la gente... tampoco me guió por las apariencias, prefiero conocer de primera mano a alguien antes de juzgarlo erróneamente kupó...

Razón en cierto modo no le faltaba al pequeño, y aunque fuese de otra forma Zan seguiría con su mentalidad, de nunca le gustaron los rumores, prefería mantenerse alejado de rumores, y de cotillas, creía que eran dos grandes males que se deberían erradicar, pues era malo y solo podía original el mal.

Obviamente, en aquella enorme cueva no se hallaban solos... y no, no era solo por los animales y por aquel hombre que le parecía tan prepotente a Zan, en uno de esos pliegues dormitaba una criatura... no era pequeña... ni mucho menos, su tamaño era considerable, y sus escamas, que recubrían todo el cuerpo reptiliano de la bestia eran de un color grisáceo, similar al de las cenizas... el ruido que hacían los "exploradores" no parecía ser suficiente para despertarla, por lo que en ese momento se hallaban a salvo, pero no por mucho tiempo mas... había una cosa que despertaba mas que el ruido, algo que haría que no se amedrentase por cualquier cosa, y mucho menos debido a su poder... era... el hambre...
El ojo de la bestia se abrió en medio de uno de los pliegues de oscuridad que ya habían dejado atrás, mostrando su iris de color rojo intenso, cual sangre, que parecía brillar en aquella oscuridad... Empezó a salir, abriendo sus fauces y mostrando al aire su mandíbula plagada de múltiples dientes blancos, en forma triangular enseñando aquella sierra natural de esa criatura, para desgracia, al aparecer de un pliegue que ya habían dejado atrás, no pudieron ver como el cuerpo se deslizaba, saliendo lentamente de aquel escondite, sus garras, negras y afiladas como un hacha de forja enana. Y una vez fuera extendió aquellas alas de ceniza volando hasta el techo, camuflándose entre las estalactitas y sus sombras con su grisáceo color... Era un dragón, un enorme dragón gris que acechaba al grupo desde el techo... con los ojos abiertos contemplando desde su escondite el avance de sus presas.

Popocho alzó la cabeza emitiendo un chillido y mirando a la derecha, Zan hizo parar a popocho y le acaricio el cuello extrañado de esa reacción. Sin que lo supiese, el animal había detectado al dragón, le había oído, pues el chocobo tenia una percepción mayor a la de los caballos, que por su parte no reaccionaron por el momento. De todas formas el animal no había sido de extremada ayuda, pues aunque mirase a la derecha, no se encontraba allí la criatura, únicamente había detectado algo, y intentando saber que era se movió, pero sin ningún resultado desgraciadamente.

-¿Kupó? ¿Que te pasa Popocho?-Dijo Zan mirando donde Popocho, idénticamente sin resultados, pues donde se hallaba escondido el dragón era sobre ellos, un poco por detrás.

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Off: hasta el miercoles ^^
Ah... y recordad, el dragón está escondido, no quiero ver ningún "Y vio un enorme dragón en el techo"
Suerte ^^
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MensajeTema: Re: Un Mundo Bajo Las Grandes Estepas   Lun Ene 03, 2011 10:02 pm

El tiempo seguía transcurriendo tranquilo en aquel lugar, no era demasiado frio ni demasiado caluroso, era tranquilo y no había demasiado en lo que uno se pudiera entretener, si bien las respuestas del silfo le interesaban, el mutismo de sus otros compañeros lo desconcertaba y empezaba a meterse en sus nervios, no podía dejar de pensar que aquellas personas eran de las que odian a las razas distintas de ellos, aquellos sucios humanos que se limitaban a observarlos, el hombre sobre todo, con un tic nervioso que no podía significar algo muy distinto que su propia mano sosteniendo la espada debajo de la capa, y la mujer que ahora cabalgaba con el silfo demasiado cerca, si ellos quisieran matarlos ese sería el momento oportuno, la mujer podía matar al silfo y seria Suspiro contra ellos dos después de eso.

- Y dígame señorita, si no le molesta la pregunta, ¿Qué la ha traído hasta las Estepas?

Estaba arto de aquella situación, o empezaban a llevarse bien o mejor continuar cada quien por su lado, si aquellos humanos planeaban continuar con su actitud de lobo solitario, simplemente terminarían siendo un estorbo y probablemente una molestia mayor que simplemente caminar solo en la oscuridad, así que con la pregunta aun sin responder, aprovechando la extraña actitud del chocobo, paró en seco a su caballo que en ese momento dio un relincho.

- Muy bien, ya estoy arto, eso es todo, yo se que nadie está feliz con lo que sucede acá, pero desde que caímos por ese hueco continúan comportándose como si alguno de nosotros fuera a sacar la espada y empezar a asesinar a todos por el puro gusto, señores, les repito, CAIMOS por un hueco en la tierra, esto no es una trampa, nadie los está siguiendo u obligando a que permanezcan con nosotros, en especial usted señor…


Momento en el que volteo a ver al solitario humano que seguía por su cuenta.

- No le pido en absoluto que revele su nombre si es que lo quiere mantener para usted, pero le exijo que nos proporcione una forma de referirnos a usted y si cree que soy tan estúpido que no me doy cuenta de que sigue volteando sobre su hombro esperando que saque estas…

La capa que lo cubría se abrió, el acero de sus espadas brillo con la tenue luz que nos llegaba y el sonido del aire cortándose al paso del filo, asustó a su montura.

- Usted me subestima enormemente, si así lo quiero, no necesito atacarlo por la espalda, asumiendo que su actitud fuera suficiente motivo para que yo desee hacerle algo, pero ciertamente me parece tremendamente desconcertante el que tenga la idea de que tenemos intención de atacarlo, sin embargo, si cree que no puede confiar en nosotros o mejor dicho, en mi, puesto que no puedo hablar por los demás y ciertamente el comentario también aplica a ellos, tenemos dos opciones, o arreglamos nuestras diferencias o tomamos caminos separados, pues si este viaje se sigue poniendo más tenso, entonces si podemos temer el que lleguemos a una confrontación armada. Así que pensando en eso, les propongo detenernos un poco, tomar algún bocadillo y por lo menos platicar lo suficiente para no tener que caminar con las armas desenfundadas, pues estoy consciente que no seremos los mejores amigos, pero creo que por lo menos podemos hacernos una grata compañía mientras salimos de acá, en lugar de hacer mas tortuosa nuestra estancia.

Dicho esto, enfundo las espadas esperando la reacción de sus compañeros, llevaban suficiente tiempo en silencio e incluso si aquel altercado los separaba por lo menos seria un cambio de la monotonía de caminar en silencio con aquellas personas, el silfo estaba bien, trataba de ayudar al ambiente, pero los humanos estaban colmándole la paciencia al Lord, así que pasara lo que pasara, para él sería un buen cambio.
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Aengus Kean

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MensajeTema: Re: Un Mundo Bajo Las Grandes Estepas   Mar Ene 04, 2011 4:14 pm

Continúo caminando sobre el agua hacia la salida. Quería salir de allí de una vez, apenas presto atención a la explicación que dio Zan a Suspiro sobre el libro que llevaba, no le interesaba ver como un pequeño conejo escribía cosas de sus aventuras, pero tenía que reconocer que un papel y algo con lo que escribir en el, muchas veces resultaba útil aunque siempre quedaba la arena de un campo de batalla para explicar la táctica. Se había criado entre papeles, libros, sectarios y armas. Todo le recordaba a un pasado no muy bueno y evitaba recordarlo. En cambio, si aminoro la marcha disimuladamente para poder atender a la respuesta de que era, descubriendo así al silfo y al lord oscuro. Siempre le había interesado las razas y no para llevarse bien precisamente, pero si para ganarse más fácilmente la vida.

Con cada paso que daba, las botas penetraban en el agua clara desprendiéndose de la suciedad que llevaban consigo y chapoteando agua en todas las direcciones. El chillido del pollo gigante lo alerto girándose a ver al grupo pensando que algo los había atacado, pero él una falsa alarma aunque al pequeñajo no le había gustado nada la reacción de su mascota. Águeda iba con Zan y el caballo de Suspiro también se alarmo. Algo raro pasaba pero escapaba a los sentidos del humano.

Aengus se mantuvo en alerta, dispuesto a continuar su camino cuando el Lord oscuro se dirigió a él y al resto del grupo, escucho atento cada una de las palabras que este pronunciaba y una sonrisa amplia se le dibujo en el rostro. Sacar las espadas y provocar la revuelta era una idea tan tentadora como innecesaria y descabellada por parte de todos, pero en el fondo Suspiro tenía razón. Aun no había acabado con su breve discurso y Kean continuo observándolo y atendiendo a sus palabras, aun con la sonrisa en su rostro. Suspiro saco sus armas mientras hablaba y Aengus seguía callado esperando a que terminara de hablar y asintió con la cabeza cuando este término. Llevaba mucha razón sus palabras y el hecho de querer unir al grupo, le hacía digno de confianza o era una burda trampa, pero la forma de pensar de Aengus hacia que si veía una trampa, su primer paso era accionarla. Soltó las riendas del caballo por primera vez y este comenzó a pisotear el agua nervioso y en protesta pordejarlo alli.

Aengus se llevo la mano que le quedaba libre al otro bolsillo de la gabardina, abriendo los brazos y a la vez abriendo la gabardina para que Suspiro viera donde llevaba las armas y como en ningún momento había tenido la intención de atacar a nadie, si antes ellos no comenzaban antes. Ambas espadas colgaban de sus fundas atadas al cinturón y a cada muslo respectivamente. Luego cerro los brazos para ocultar su vestimenta cerrando la gabardina y avanzo unos pasos hacia el grupo, seguido de su caballo por iniciativa propia y comenzó a pronunciarse.

- Es evidente y no debe sorprenderos que no me fio de vosotros, como vosotros no lo hacéis de mi. Algo lógico e inteligente. Como dices, todos hemos caído por error, no lo discutiré, pero no me gustan las casualidades y cuando yo llegue, los tres estabais juntos, algo que levanta una cierta incertidumbre en mi – tomo un respiro y se paró a unos escasos metros del resto, manteniendo siempre la sonrisa en su rostro. – Por otra parte, dudo que alguien quiera quedarse aquí de por vida y por el comportamiento de asombro del pequeño Zan nunca habéis estado aquí o es muy buen actor. Tampoco me gusta este lugar, y de ahí que quiera salir de aquí de inmediato y sin trifulcas. Y si a partir de ahora, vamos a comportarnos como gente civilizada y a llevarnos bien, hay algo acerca de mí que deberéis saber, aparte de mi nombre. No pienso aceptar una orden de ninguno de vosotros tres – acabo de pronunciar sus palabras y tras un corto silencio añadió para terminar – Por cierto, me llamo Aengus -

La situación parecía marchar mejor entre todos, o al menos eso estaba intentando, pero por otro lado, si a ninguno de los presentes se le ocurría atacar al resto podía estar tranquilo, centrando su atención nuevamente en el lugar, y en salir todos de alli. Tranquilizo a su montura,acariciandola suavemente antes de volver a agarrar sus riendas para tranquilizarla por haberla dejado sola antes.
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MensajeTema: Re: Un Mundo Bajo Las Grandes Estepas   Jue Ene 06, 2011 10:58 pm

Muy bien, le había preguntado que qué hacía ella por las estepas y no podía decirle << si mira llevo un zafiro robado en el escote>> así que decidió ser rápida e inventar una historia.

Levantó la cabeza y su rostro se tornó melancólico se pasó la mano por los ojos como si contuviese las lágrimas.- Vera, yo soy de una familia humilde. Hace unos años me ví obligada a abandonar mi casa para forjarme un futuro mejor, para por lo menos comer una vez al día.- hizo una pausa.- pero, desde ese mismo momento me desentendí de mis padres, no me preocupé más creyendo que ellos a lo mejor también habían prosperado.- se llevó la mano al corazón.- hace unos días consiguieron contactar conmigo y me he enterado de que mi madre está a punto de morir.- se tapo la cara por completo e incluso consiguió que saliese alguna que otra lágrima de su rostro Luego la levantó otra vez hacía una zona más iluminada, sus ojos vidriosos daban convicción a sus palabras- voy a buscarles y a reencontrarme con ellos. Me porté mal al escaparme y quiero pedirle perdón antes de que…-

Se volvió a tapar la cara y gimoteó un poco, luego se quedó en silencio para darle más drama a la historia. Esperaba que se la hubiesen creído y siendo un tema tan delicado no harían preguntas.

Se hizo de nuevo el silencio que se estaba convirtiendo en un compañero de viaje. Cada vez había más tensión con ese tipo de delante. Suspiro estaba aguantando desde hacía tiempo, también se había percatado de que el hombre tenía empuñada el arma y eso hacía que suspiro se fuese enfadando ya que sus facciones se contraían y se volvían mas duras.
Águeda creía que a Popocho tampoco le caía bien ese tipo, pues desde hacía un tiempo iba retrocediendo un poco como si no quisiese acercarse a él, era un pájaro muy listo. Pero que se moviese no le hacía ninguna gracia a la randa ( a la que cada vez le dolían más las piernas por el entumecimiento) así que se agarró bien fuerte y cerró los ojos. Zan también se percató de que Popocho actuaba raro, pero ella no le dio importancia ni lo comentó con Zan porque un animal tan raro como ése podía tener mil manías que ella desconocía y no quería quedar como una idiota.
Pasó un rato y de pronto Suspiro alzó la voz refiriéndose a todos pero en concreto al otro humano. Tenía razón en lo que decía nosotros tres quizás no fuésemos a entablar una amistad pero por lo menos la charla hacía más ameno el estar encerrados sin rumbo . Águeda también tenía que hablar más con ellos. Inventaría más historias de su vida para contarles.

Después de eso Suspiro sacó las espadas, la cosa se ponía fea. Y el otro hombre con sus provocaciones no hacía más que empeorarlo. Después dijo una cosa que a Águeda le sentó como una patada en el estómago.


-¿Qu-que has dicho? Que estábamos los tres juntos antes de que te acercaras y que levantamos sospechas oooo pobrecito .
- rio a carcajada limpia. Luego se crujió el cuello y lo miró fijamente- pues quizás si tu no te hubieses acercado con ese caballo tan pesado, nunca se habría hecho la brecha en el suelo, porque justo cuando llegaste tu se abrió el suelo. Asique estamos aquí por ti, porque por tu culpa mucho peso se concentró en un punto. Y si tan sospechosos somos ¿Por qué te acercas? -

Se bajó de Popocho y comenzó a andar de un lado para otro intentando relajarse pero el dolor de las piernas era muy molesto, necesitaba agilizarlas de nuevo.

- Bah da igual –murmuraba mientras se estiraba.- ya no importa nada de eso esto, ya estamos aquí y no se puede cambiar nada, mejor llevarnos todos bien y al salir de aquí cada uno por su lado. Será una buena historia para contarle a mi… padre.

Después la chica se calmó un poco y no busco más gresca.
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Zan
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MensajeTema: Re: Un Mundo Bajo Las Grandes Estepas   Sáb Ene 08, 2011 12:25 am

Suspiro parecía haberse estado reprimiendo las ganas de decirle unas cuantas cosas al hombre prepotente, y había acabado perdiendo la paciencia con aquel incomodo silencio, Zan también se encontraba incomodo por el silencio, pero intentaba sacar temas que morían con velocidad, así pues al final Suspiro estalló y empezó a hablar con un tono de reproche y algo de ira a aquel hombre y mas bien en general.
Zan intentó intervenir en algunos puntos de la conversación en los que se ponía demasiado tensa la situación, pero las rápidas contestaciones se lo impedían, y con su débil voz no era capaz de interrumpirles, así pues cuando se empezaron a calmar intervino antes de que se complicasen las cosas por las palabras de la joven, que había bajado de Popocho.

-¡Parad kupó! ¿Es que no veis que hablándonos de esta forma no resolvemos nada? Es cierto que debemos conocernos, no se por que desconfiáis de nosotros si no hicimos nada para merecerlo, al menos por mi parte kupó, no se si conoceréis a Águeda o a Suspiro de antes, pero con migo al menos no os encontrasteis ¿a que viene tanta desconfianza? ¡kupó! yo me fió de vosotros porque si queremos salir de este lugar debemos estar juntos, dejemos las riñas entre nosotros y continuemos juntos-Zan tomó aire después de haber dicho esas palabras rápidamente y continuó.-Aengus, un placer conocerle, pero del mismo modo que dice no acatar ordenes de nadie, le sugiero que practique con el ejemplo, pues yo tampoco estoy dispuesto a seguir sus ordenes kupó, soy un escritor, y soy libre, no tengo por que hacer lo que diga como quiso hacer nada mas llegar. Y ahora... deberíamos descansar un momento, ya debería haber anochecido allí fuera, lo mejor seria descansar y calmar un poco los ánimos, aunque es una sugerencia, claro ¿Que os parece?

Zan se estiró un poco sin esconder que se encontraba un poco cansado a sus compañeros de viaje, y empezó a buscar en sus alforjas la manta que tenia, al lado de la cual se hallaba la yesca que tenia para encender hogueras, pero de pronto los caballos empezaron a ponerse nerviosos, y un instante después un enorme rugido cortó el aire. Zan empezó a mirar a todos lados, sin ver nada, hasta que el dragón se movió, y vio unos grandes ojos rojos brillantes en el techo, junto con el resto del cuerpo del dragón camuflado entre las estalactitas del techo, el ser, tras mostrarse no tardó en moverse, y se soltó del techo, extendiendo sus alas para volar sobre ellos, y posarse ante el grupo, en una pose majestuosa, mirando al grupo, y con las alas extendidas abrió sus fauces emitiendo un estruendoso rugido que hizo templar toda la cueva, las estalactitas del techo amenazaban con desprenderse ante el potente rugido.
Tras esa muestra de ira se agachó, en una pose claramente ofensiva, como preparándose para atacar al grupo.

Zan sentía su corazón palpitando a gran velocidad en su pecho, y se agarró fuertemente a Popocho bajando sus orejas y lanzando un pequeño grito mostrando su miedo, pero tras unos instantes sacudió su cabecita y sacando el poco valor que tenia se irguió algo orgulloso.

-¡Cuidado! ¡Va a atacar!-Zan se puso en pie encima del chocobo y extrajo su espada, preparándose para usarla, pero de pronto fijó su mirada en Suspiro.-Suspiro ¡Aquí una ayuda!

Zan colocó su espada ante el, mirando fijamente a Suspiro, y el arma empezó a brillar con un resplandor blanco, cuando el brillo se intensificó apuntó a Suspiro con la punta de la espada y la luz viajó hacia el, al momento en la mano del lord apareció una marca, una estrella de cinco puntas dorada, la luz desapareció al momento dejando la marca únicamente. Zan volvió a mirar al dragón, no parecía que tuviese la intención de dejarlos ir tan fácilmente, aunque no le gustase mucho la idea, parecía no haber mas remedio que acabar con el...

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Off: Pues nada, a luchar, hasta el viernes que viene!
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Aengus Kean

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MensajeTema: Re: Un Mundo Bajo Las Grandes Estepas   Lun Ene 10, 2011 12:18 am

No había caído en la cuenta de la chica, también estaba con ellos pero no la había tomado como realmente una amenaza hasta que la joven comenzó a echarle una buena reprimenda por lo que había dicho. Aengus escucho atento como le culpaba de todo esbozando una sonrisa en su rostro. A Águeda solo le falto terminar la escena dirigiendo un puñetazo al rostro de Kean, pero por suerte, no lo hizo y la fiesta quedó en paz; aunque si le hubiera pegado tampoco le hubiera hecho nada, al fin y al cabo, era una mujer desesperada. El humano no añadió nada al respecto, no porque estuviera de acuerdo con ella, si no porque no quería echar más leña al fuego y terminar de enfurecerla que ya se habían calmado los humos entre el grupo.
Recordó lo que la chica había contestado a la respuesta de Suspiro, era una noble rebelde, pero no le gustaba la gente con poder o en con status mayor en la sociedad, todo por culpa de su fuga de la secta en la que se encontraba. Era una organización social injusta, al menos para Kean, pero no tenía ninguna intención de hacer nada por cambiarlo, todo lo justo siempre acabaría mal.

Aengus clavo su vista en el pequeño, le gustaba ver claramente a la gente con la que hablaba. El silfo puso definitivamente la calma en el grupo, y tenía razón en lo que decía pero, el humano prefería prevenir a curar, de ahí toda la desconfianza puesta en todos. Se quedo algo parado al oír que no diera ordenes, recordando que orden había podido dar…se habían confundido con él.
- Pequeño, yo nunca he intentado ordenaros nada, solo sugeriros algo…si por el contrario, me habéis mal interpretado, no voy a pedir disculpas, ha sido problema vuestro – dejo caer sus palabras a los presentes. Tenía la impresión que no le iban a gustar, pero él nunca había tenido la intención de ponerse de jefe o de dar órdenes, solo de salir de allí lo más rápido posible.
Acepto la petición de Zan para parar y hacer un alto en el camino durante un tiempo. Suspiro no se había pronunciado todavía al respecto. Algo no iba bien, los caballos enloquecieron, pero no había ningún mal del que preocuparse hasta que un dragón descendió del techo quedándose delante de ellos. El peligro que se temía había llegado en forma alada. Aengus se quedo como si nada hubiera pasado, mirando con sumo cuidado cada detalle del dragón, también se percato de que Zan hizo algo sobre Suspiro, algo que desconocía pero esperaba que funcionaba. Varias cosas pasaron fugazmente por la mente del humano: atacar sin control, esperar a ver si el dragón tenía intención de atacar, la cual descartó por la agresividad que contemplaba, o atacar con cautela y precaución esperando a ver como se desarrollaba la situación.. Lo único que no se le ocurrió fue huir. La calma y tranquilidad podía producir una gran ventaja.

Kean miro al resto de sus compañeros, y soltó a su caballo que pataleo quejándose por esto, luego le dio una palmadita en el lomo para que se alejara del combate y se pusiera a salvo. Rebusco en el interior de la gabardina para sacar la ballesta con sus diez virotes colocados bajo esta. Rápidamente, cargo uno de los virote, apunto directamente al dragón y disparo hacia su ojo izquierdo con la intención de dejarlo ciego, si funcionaba, el siguiente virote iría hacia el ojo restante.
Levanto la ballesta con su sonrisa en la cara, le gustaba el combate y no iba a dejar de disfrutarlo.
- Separaos, juntos somos un blanco fácil – gritó y sin pensar si pudiera parecer una orden o no. Se separo un poco del grupo colocándose hacia la izquierda de ellos, la derecha del dragón, pero a la misma altura a la que se encontraban. Seguía observando rápidamente cada rincón de la zona que pudiera proporcionarle una situación ventajosa frente al dragón, del que tampoco quería perder ningún detalle para estar atento a su siguiente movimiento mientras tanto, un nuevo virote colocaba en su ballesta preparándolo para ser disparado contra el draco, en cuanto tuviera oportunidad de un blanco claro
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Suspiro

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MensajeTema: Re: Un Mundo Bajo Las Grandes Estepas   Lun Ene 10, 2011 6:08 pm

La señorita Águeda parecía tener bastante rencor latente, mismo que hizo evidente en el momento de dar una respuestas, fue una fortuna que la actitud de Aengus fuera de un carácter mucho más cooperativo, incluso empezaba a pensar que era probable que se desatara algún tipo de disputa con los ánimos tan caldeados del lugar, pero de un momento a otro la opción de pelear entre nosotros se esfumo de un solo aleteo; un enorme reptil había descendido del techo y nos había dado un enemigo en común contra el cual descargar la frustración de la situación en la que nos encontrábamos. Bendito dragón había salvado el día a cambio de su pellejo o el nuestro, pero sin duda la situación tan tensa se había disipado.

Aquella idea hizo que empezara a reír descontroladamente, una gran carcajada se escucho en aquella cueva donde era posible que viéramos una última imagen de personas desconocidas y enojadas, vaya forma de morir, pero no podía dejar de reír, la idea del dragón salvando el día me parecía de lo más hilarante, la idea de salir de ahí todos con vida aun más, pero una cosa había aprendido en los pocos caminos que recorriera desde mi “hogar”, las leyendas si bien se basaban en verdades, también estaban plagadas de mentiras, por lo menos incluso si moría, tendría la oportunidad de poner a prueba una de tantas leyendas que había escuchado, eso en si mismo ya valía algo.

Sin embargo por alguna extraña situación no me sentía del todo desamparado, la magia que Zan ocupara en mi me hacía sentir un poco mejor y pensar incluso que teníamos algún tipo de esperanza, no me agradaba la idea, la magia siempre me había resultado desagradable, no por repudiarla en sí, era más bien por un sentido de envidia al no poder usarla, pero en ese momento ya no tenía caso renegar de ella, mucho menos preguntarse sobre su posible acción, pues la estrategia básica en una situación de ventaja, es actuar como si no la tuvieras, así que prefería actuar conforme a mis propias capacidades, si aquella luz me había dado más fuerza, velocidad, resistencia o simplemente esperanza, era mejor actuar como si no la tuviera y dejar que los resultados de la misma se vieran por si solos.

- Así que tu eres un Dragón, por algún motivo creí que serias mucho más que una bestia, incluso al escuchar las leyendas creí que algún día podría platicar con uno de ustedes, es una lástima.


Las palabras se elevaron en medio de los rugidos de la bestia, las saetas ya volaban de manos del impaciente y valiente humano, era sin duda una actitud digna de un guerrero, por lo cual, si no se había ganado mi confianza, ya no se diga mi cariño, por lo menos mi respeto ya era para él, hay algo en los guerreros que nos insta a aplaudir, disfrutar, emular y tratar de superar los actos de nuestros camaradas, así que no me podía quedar con los brazos cruzados, la idea de Aengus sin duda era buena y yo estaba de acuerdo, quedarnos como patos en un estanque no era una opción, así que mientras el corría hacia un costado del reptil, eleve la mano con la estrella hacia Zan.

- Gracias por esto señor Zan, ahora corra a ponerse a resguardo, si no le agrada la sangre, pase lo que pase en esta caverna no le va a gustar.


Desde media oración las palabras ya eran dichas al galope, por lo que no pude ver si Zan me había prestado atención o no, tampoco me era factible observar si los tiros de Aengus daban en el blanco, pero su trayectoria sin duda era hacia el rostro de la bestia, era probable, casi seguro que estuviera buscando sus ojos, pero la vista de la creatura no era lo único que podía matarnos, no era lo único de lo que debíamos cuidarnos, mientras Aengus iba por la vista, yo iría por el vuelo.

El caballo corrió inmediatamente al galope, era un buen caballo, pero estaba seguro que no se enfrentaría contra una creatura de esas características, por lo que lo dirigí por el mayor espacio de tiempo que me fue posible en dirección directa contra el dragón, en determinado momento, el caballo cambio de rumbo para escapar de la trayectoria de colisión contra la bestia, eso me dio la oportunidad que necesitaba, obligue al caballo a que su ruta de escape fuera el lado contrario de donde Aengus le disparaba a la bestia, para que aquella se concentrara en el primer atacante y me ignorase, salte de la montura ocupándola como plataforma para que el salto lograra ser mucho más alto, mis manos buscaron las alas de la bestia, eran un blanco grande, con membranas mucho más delgadas que la piel escamosa, pero no solo eso, para irrigar con sangre aquella gran superficie de piel, sin duda existían varias venas menores en ellas y tal vez una mayor, fuera como fuera, si lograba desgarrar las alas, era probable que el dragón no solamente perdiera la capacidad de volar, sino que también se desangrara, cualquier posible opción era buena.

Si el dragón decidía atacarme, eso le dejaría a Aengus un buen tiro con su ballesta y tiempo suficiente para apuntar bien, si decidía ir por Aengus, entonces yo podría lograr mi cometido y por lo menos, en caso de que mi suposición sobre la anatomía de aquel ser fuera incorrecta, quitarle la capacidad de volar y atacar desde el aire; en caso de que fuera un ser inteligente atacándonos con alevosía, era probable que continuara pelando pero ya habríamos obtenido una buena ventaja, en caso de que fuera una bestia bruta, después de aquellos ataques es posible que escapara para curar sus heridas, así era con las bestias que se había encontrado, atacaban por hambre, pero cuando la comida se defiende y puede herirte, el instinto de supervivencia es mayor que el de alimentarse. Y por supuesto, existía una carta que aun no se había jugado ni contemplado, pero como dije, juega con lo que tiene;, por lo que la fuerza y el ataque que pudieran aportar los dos guerreros que aun teníamos siempre sería bien recibida, pero no era esperado que apoyaran físicamente en el confrontamiento, así que aun quedaba por ver, ¿Qué tipo de guerrero era aquella mujer? Si es que acaso lo era, una cosa era segura, no había viajado por la mitad de las Grandes Estepas sin montura, y sobrevivido, si no supiera defenderse por si misma.
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MensajeTema: Re: Un Mundo Bajo Las Grandes Estepas   Sáb Ene 15, 2011 1:10 am

El tiempo se había parado, nada y todo se movía a su alrededor, veía a sus compañeros mostrándose alerta pero confiados, era extraño; no podía escuchar nada. Estaba absorta observando atemorizada la mandíbula del monstruo que tenía delante, el cual se agitaba y profería sonidos que helarían la sangre a cualquier persona, pero ella no podía oírlos. Las garras, los dientes, su musculatura… era una máquina de matar, los demás parecían tranquilos pero ella que creía que era una fantasía de los cuentos y que nunca vería a uno, no daba crédito a nada de lo que sucedía pues no le parecía real. Era extraño pensar que, apenas unos minutos antes habían estado preparándose para descansar e incluso dormir. Si lo hubieran hecho estarían todos muertos, bueno que más daba, era posible que dentro de unos minutos al fin y al cabo se convertirían en cadáveres.

Estaba completamente petrificada por el miedo y éste mismo hizo que reaccionara instantes después intentando huir, pero no podía irse. No sabía dónde estaba la salida y sin ellos no sobreviviría, no tenía provisiones y, seguramente habría más animales o criaturas peligrosas por las galerías. Decidió quedarse junto a ellos y buscar algo con lo que defenderse ya que no disponía de ningún arma. ¿Cómo podían mostrarse tan seguros? <<Hombres>> pensó al ver que ella era la única chica y la única a la que le temblaban las piernas al ver a ese ser. Todo él invitaba a una muerte segura y dolorosa.

La joven palideció aún más al ver como Suspiro reía a carcajada limpia como si le hiciese gracia que un dragón estuviera a punto de devorarlos. Acató la orden de Aengus sin rechistar pues por una vez y aunque a la joven le pesara, tenía razón.

No sabía qué hacer ni cómo actuar ya que nunca se había visto frente a un animal con esas proporciones, estaba totalmente perdida, su ingenio que en muchas ocasiones la habían salvado de inimaginables problemas había sido secuestrado por el desasosiego.

Solo sabía una cosa si intentaban matar al dragón, se estaban equivocando de camino. Ella no era una mente brillante pero obviamente se había dado cuenta de que ese dragón debía de ser como un reptil cualquiera pero a lo grande. En el burdel donde trabajó tantos años usaban lagartijas para la cura de problemas de la piel y, sus órganos vitales estaban por la parte de abajo del animal. Intentó avisarlos pero se encontraba muy lejos de ellos.


<<Quizás yo podría, no, no puedo no tengo fuerzas para rajar a ese bicho>> Pero, si no hacía nada todos acabarían muertos decidió entonces acercarse hacia el dragón y estando lo suficientemente cerca podría avisar a alguno de ellos para que lo mataran correctamente. Avanzó todo lo sigilosamente que pudo, el dragón estaba distraído intentando morder a Suspiro o atacar a Aengus así que si jugaba bien sus cartas no la descubriría.

No sabía que iba a hacer cuando estuviese en posición <<voy a morir chamuscada, voy a ser un pinchito para dragones>> pensaba mientras sentía cada vez más fuerte el olor a brasas, se paró cerró los ojos y respiró hondo ¿Qué estaba haciendo? Debía de pensar bien que iba a hacer, sus conocimientos no servían de nada si no tenía un plan. <<Zan>> Corrió hacia el pequeño debía de contarle lo que sabía, a lo mejor no tenía razón y quedaba como una inculta (No es muy lista) o a lo mejor el silfo ya lo sabía, sea como fuere tenía que contárselo para hallar una solución coherente, viendo que los esfuerzos basados en la fuerza bruta tampoco daban muchos resultados.
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Zan
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MensajeTema: Re: Un Mundo Bajo Las Grandes Estepas   Sáb Ene 15, 2011 9:40 pm

El grupo empezó a moverse rápidamente, mientras Aengus se posicionaba a un lado y se preparaba para disparar, la bestia los contemplaba, y sus ojos rojos se posaron en el humano, y después en Suspiro, quien avanzaba contra el montado en su caballo, y entonces lanzó otro rugido, estirando el cuello y extendiendo las alas... la saeta surcó el aire en ese momento, y debido al haber estirado el cuello, y a un pequeño error de calculo, la flecha voló hacia el cuello del dragón, pero, no llegó si quiera a clavarse, golpeó una de las escapas del cuello y rebotó sin dañarla, la bestia miró con furia a Aengus por el disparo, pero, se percataba de la presencia de Suspiro... Echó el cuello hacia atrás, y un resplandor empezó a verse en sus fauces mientras Suspiro empezaba a saltar y...

Una nube de infierno fue exhalada por el dragón al centro de la zona donde se hallaban peleando, un muro de llamas se creó, de una altura impresionante, las llamas llegaron ante Aengus, a penas un metro ante el, la súbita llamarada le cegó, a demás de hacerle sentir el calor abrasador que despedían, e incluso podía quemarse si permanecía allí delante. Suspiro por su parte tuvo mas suerte, al menos en parte, la llamarada apareció ante su corcel cuando ya saltaba, haciendo que este se encabritase y se desviase para no chocar contra el enorme muro de llamas. Eso hizo que Suspiro perdiese su equilibrio en el momento del salto y cayese de su montura, rodando por el suelo a metros de la llamarada, su caballo, tras dar un pequeño rodeo se acercó a su amo de nuevo, resoplando, ahora un muro de llamas les separaba del dragón, al menos había tenido la Suerte de no salir mas que con unos rasguños por la caída.

Águeda se hallaba cerca de Zan en el momento de la llamarada, y aunque esta se produjo bastante cerca de ellos, no llegaron a herirles, pero desde esa corta distancia la mujer podía sentir el calor de las llamas, aunque consiguió su propósito y logró llegar hasta Zan.

Por su parte el silfo se hallaba de pie sobre su chocobo, mirando a los demás con su espada desenvainada, pensando que hacer, no quería matar al dragón, pero menos quería ser comido, no quería pelear, pero prefería vivir, no sabia combatir, pero si sabia que si se quedaba quieto seria de poca ayuda, y eso no lo podía soportar. Vio la llamarada, y Popocho lanzó un grito alejándose unos pasos asustado, Zan le acaricio intentando calmarlo mientras pensaba que hacer, y vio a Águeda llegar, parecía querer decirle algo...

El dragón los miró a todos desde las alturas, y empezó a batir las alas, la corriente de aire que producía con ese aleteo hacia que las llamas empezasen a moverse violentamente, hasta que emprendió el vuelo, alzándose varios metros por encima de sus cabezas, y empezó a planear en dirección al grupo, Zan veía con horror como el dragón volaba hacia el, y tragó saliva, solo tenia unos segundos para decidir que hacer, y no tardó, con decisión se subió a la cabeza de Popocho y cuando volaba sobre el, dio un salto, e impulsándose con sus alas en el punto mas alto, usando toda la fuerza que tenia, un salto de aproximadamente cuatro metros... y se agarró a una de sus patas traseras, exactamente a una de sus garras, pues había logrado agarrarse por los pelos.
Notaba como se empezaba a resbalar, y frenéticamente intentó mantenerse estable, hasta que se halló bien sujeto, y poco a poco fue intentando subir por el dragón, la ballesta de Aengus no le había echo nada porque había dado con una escama, pero, si atacaba bajo estas con su espada, podría hacer un ataque mas efectivo, solo esperaba no caerse y que sus compañeros hiciesen algo para ayudarle.

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Off: Hasta el Sábado que viene.
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