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 Un Mundo Bajo Las Grandes Estepas

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Aengus Kean

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MensajeTema: Re: Un Mundo Bajo Las Grandes Estepas   Jue Ene 20, 2011 12:29 am

El virote había rebotado en las escamas del dragón para el infortunio de su lanzador. Las saetas no iban a funcionar tan fácilmente, el dragón debería estar distraído y esta debía impactar en una zona blanda de la piel del draco. La reacción del dragón fue expulsar su cálido aliento y Kean lo sufrió. La llamarada se había quedado a escasos metros, por no decir centímetros de su cuerpo e instintivamente tuvo que cerrar los ojos porque la luz que desprendía todo el fuego que inundo la habitación lo había cegado. El calor también jugaba en su contra y con ayuda de la presión, el sudor comenzó a aparecer por su frente y a recorrer su espalda. Al menos, tras su ataque fallido esperaba que el resto del grupo hubiera tenido más éxito. Se giro y entreabrió un ojo para ver levemente por donde caminaba, para no caerse, y se alejo de la llamas lo más rápido que podía. Tras alejarse del infierno que se había producido en la cueva, abrió y cerró unas cuantas veces los ojos para acostumbrarse nuevamente a la luz del ambiente y descubrió que Suspiro no había tenido éxito en su empresa. Por el contrario, Águeda no estaba haciendo nada, estaba aterrorizada y era lógico, pero un poco de ayuda extra no les vendría nada mal. En cambio, Zan se encontraba agarrado de una de las patas del dragón intentado sostenerse como podía, escalando como si el dragón se tratase de una gran montaña.

Aengus no sabía como el silfo había llegado hasta ahí, se había perdido la acción del pequeño por culpa de las malditas llamas. Kean se restregó con la mano libre un poco los ojos para seguir aclarando su visión. Había estado a punto de freírse y seguía tan tranquilo, esperando que su venganza llegara mientras el dragón sobrevolaba sus cabezas. La valentía del silfo le hizo pensar en colocarse debajo por si caía, atraparlo para que no recibiera un golpe, pero era una estupidez, su misión siempre había sido sobrevivir, y ahora no era una excepción, había que eliminar al dragón sea como sea. Así que descarto la idea de ir a recoger al silfo. Sabía que podría impactar al dragón con el virote, si se lo proponía, aunque estuviera en movimiento, pero el mínimo fallo podría provocar la muerte de Zan y no había muchas posibilidades de solucionar nada si el virote impactaba en el dragón, así que nuevamente observó la zona fijándose en las estalactitas por un momento. La ballesta no era de gran ayuda, las espadas eran su única solución fiable para destruir al dragón, pero si se encontraba en el aire no podía hacer nada con ellas, así que siguió con la ballesta en su mano y moviéndose por la cueva.

Su mirada volvió a recaer en las estalactitas. La idea que se le había ocurrido era una estupidez, pero mejor que quedarse esperando. Algo era algo, y quién sabe si funcionaria. Aengus se paró, alzó la ballesta apuntado al techo de la cueva por donde iba rondando el dragón y disparo hacia una de las estalactitas. Luego volvió a sacar otro virote y cargarlo en la ballesta, moviéndose nuevamente. Si el virote cogía bastante velocidad, quizá podría hacer desprender una de las estalactitas sobre el dragón por el impacto, pero si no, el virote podía caer sobre el dragón, y si Zan llegaba a la copa podía tener otra “arma” a su disposición. Era mejor que no hacer nada y quedarse quiero a esperar a la muerte.

La muerte era algo que no inquietaba a Aengus. Sabía que cuando le llegara la hora, le llegaría. Era un ciclo vital: vivir para morir…pero antes de irse al otro barrio, se llevaría al menos consigo al reptil volador que les estaba atacando. Atrás se dejaron las disputas de grupo, al menos, hasta que la gran amenaza dejara de serlo.
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Suspiro

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MensajeTema: Re: Un Mundo Bajo Las Grandes Estepas   Sáb Ene 22, 2011 6:43 am

- Maldita bestia cobarde, solo un poco más y lo hubiera conseguido.

Claro, sabía que aquello era una mentira, sabía que lo más probable era que se hubiera salvado de una atroz muerte calcinado, pero sin duda ahora estaban en un aprieto, si bien Zan mostraba una gran valentía, aquello no ayudaba demasiado al grupo, el dragón volando por sobre nosotros y Aengus disparando al techo, si, era una buena idea, siempre y cuando el desprendimiento de uno de los grandes trozos de roca no causara el derrumbe en toda la cueva, pero ni como saber si eso era posible y en caso de que lo fuera, tal vez había modo de escapar, tal vez no, pero eso se vería a su tiempo.

Era en momentos como estos donde odiaba no saber más acerca de los animales, los lugares, las bestias y la forma de combatir algo que huía de ti o que volaba en medio de una gran cueva, vamos, hasta saber sobre rocas serviría en determinado momento, pero si bien su conocimiento sobre el mundo no era basto, por lo menos sabia algunas cosas sobre predadores, y eso era que aquellos siguen a las presas heridas.

Pues bien, era una idea estúpida pero era la única que tenia, a esas alturas, no se podía hacer mucho para ayudar al pequeño, así que había que hacer lo que se podía desde donde estaban. Guardó su arma izquierda y sostuvo fuertemente la derecha, la palma de su mano extendida y casi sin pensarlo se rebano en la palma solo lo suficiente para que la sangre empezara a manar de la herida, azuzó al caballo para que se alejara y después se acercó a las llamas, vertiendo el liquido carmesí en ellas, sin duda un olor que aquella bestia escupe fuego podría reconocer.

No era el plan más brillante que tenia, pero esperaba que aquel predador reconociera el olor de una presa herida, de las llamas consumiendo la sangre; el calor era abrazador, la luz enceguecedora y el humo cerraba la visión, si no hubiera sido un Lord Oscuro, aquel calor ya le estaría quemando la piel, pero aun faltaba algo, la sangre no sería suficiente, así que confiando en la resistencia que su raza tenia al fuego, confió en ella la oportunidad de no perder la mano por completo y la metió de manera fugaz al fuego, el dolor fue insoportable y solo la dejo adentro el tiempo que aguantó; la herida se cauterizó y cerro, el olor a sangre y carne quemada llegaba hasta él, esperaba que también llegara hasta aquel reptil que viviendo en la oscuridad, probablemente tendría un fuerte sentido del olfato.

Esperaba a que el dragón volviera su vista hasta él para poder empezar a “huir”, el instinto es un arma poderosa, así que si lograba hacer que el dragón creyera que estaba herido, quemado y huyendo, no podría hacer menos que bajar a terminar el trabajo, si aquello era una estúpida bestia, sin duda podría esperarse que cayera en la trampa, aquel lugar no parecía ser conocido por los hombres, así que sería probable que nunca se enfrentara a una creatura pensante, por lo que no esperaría una traición, no tendría miedo de un engaño, por lo menos eso esperaba.

- VAMOS COSA HORRIPILANTE, VEN A COMERME.

Los gritos salían de su boca en un tono de dolor y pena, era plausible pensar que el dragón no conociera el lenguaje que él hablaba, así que como presa herida gritaba “de dolor”, mientras esperaba que los instintos de la bestia lo hicieran bajar por su siguiente comida, la cual “ya estaba vulnerable”.

Aun y con todo, la mano derecha aun sostenía la espada, si aquel ser se acercaba lo suficiente, intentaría por todos los medios cortarle las alas, aquella membranosa cubierta que le permitía surcar las alturas y alejarse de ellos, una vez en el suelo, sería mucho más peligroso, pues un animal acorralado ataca sin temor a nada, pero ya se arreglarían de eso una vez estuviera abajo, si es que alguno de los planes llegaba a funcionar.
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Águeda

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MensajeTema: Re: Un Mundo Bajo Las Grandes Estepas   Sáb Ene 22, 2011 11:34 am

Una cortina de humo se extendió ante la chica al mismo tiempo que notaba un calor abrasador en las piernas, chilló al ver como todo oscurecía a su alrededor y perdía el contacto visual con los que luchaban contra la bestia. Se movió lo más rápido que pudo hacia otro lado y se tocó la piel de las muslos rápidamente intentando comprobar si le había llegado a quemar o no. Gracias a Dios estaba intacta aunque no podía decir lo mismo de su falda que alternaba jirones con manchas que tornaban de naranja a negro cuando se enfriaban.

Pero ahora no pensaba en su ropa, ahora intentaba buscar a sus compañeros entre la espesa masa de “niebla”. ¿Los habrá quemado el Dragón? ¿Los habrá matado?¿ Estarán inconscientes y aunque estén cerca de ella no puede verlos? Todos estos pensamientos pasaron por su mente en apenas unos segundos y la respuesta a todas ellas eran que no lo sabía y eso la perturbaba. Tampoco encontraba a Zan al que tenía justo delante. Esperó unos minutos y cuando el humo se volvió menos denso consiguió verle, no le gustaba perder el tiempo mirando o esperando pero ella no podía hacer otra cosa.

-Zan… ¿Y los otros?- dijo en un tono de preocupación real. Después señalo al dragón y al hacerlo un escalofrío recorrió su espalda.- Si queremos matarlo hay que rajarle las tripas, si me das algo con lo que hacerlo yo misma puedo intentarlo, pero por desgracia no tengo nada con lo que defenderme ni defenderos.

Empezó a percibir un olor extraño, a comida, a carne echa y en vez de que su estómago se alegrara ocurrió todo lo contrario, se le agolparon las nauseas en la garganta al pensar que ese olor procedía de alguno de los cuerpos chamuscados de sus compañeros. Miró a Zan para ver si el también había notado el olor. No podía ni pensarlo, estaba alterada buscándolos cuando vió a Aengus y lo que tenía en mente. Su “plan” enfureció a la joven.

- ¡Idiota! Va a matarnos a todos, si se derrumba el techo otra vez…ug.- agarró y zarandeó a Zan como si se le hubiese ido la cabeza- ¡necesito un arma ya!

No aguantaba más, el miedo se había transformado en rabia y no quería desaprovecharla.

*****
off: siento que sea tan corto pero ando sin tiempo
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Zan
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MensajeTema: Re: Un Mundo Bajo Las Grandes Estepas   Dom Ene 23, 2011 11:36 pm

Zan poco a poco iba escalando por la piel del dragón, la cual era semiresbaladiza, pero consiguió subirse a su columna, donde era mas fácil caminar, y debido al reducido tamaño de Zan le era mas fácil moverse por el dragón, aunque el aleteo provocaba grandes corrientes de viento, que en un descuido podían hacer volar a Zan.
Cada uno tenia una estrategia diferente, aunque juntas podían funcionar...
Aengus disparaba al techo, intentando tirar alguna estalactita, aunque... bueno, las saetas no conseguían cortar la roca de golpe, aunque si la mellaban, con varios tiros podría derrumbar una estalactita, aunque no había mucho riesgo de que el techo se desmoronase, pues habían tenido la mala suerte de quedarse quietos en una parte fina e inestable del techo.

Suspiro por su parte se hizo un corte en la mano, que empezó a sangrar, después, metió la mano en el fuego durante unos instantes, y aunque no le paso nada grave, tampoco fue leve, el olor a carne quemada invadió el lugar con su repugnante aroma, y la mano de Suspiro se quemó bastante, aunque resistió bastante bien, aun mas de lo normal para un lord oscuro, obviamente, se hizo una quemarla y por un tiempo no podría tomar nada en la mano herida por el dolor que causaría y la poca precisión que tendría, pero no pasó nada muy grave, la suerte seguía afectando a Suspiro.

Águeda por su parte... bueno, no hacia nada especialmente de provecho, únicamente se hallaba asustada sin saber que hacer, pero lo que le dijo a Zan antes de que se lo llevase el dragón... recordó al silfo unos apuntes sobre los dragones que tenia en su libro, efectivamente tenia los órganos en la parte frontal, y, aunque no le gustase nada la idea de matarlo, debían acabar con el o ellos serian los comidos.

Caminaba como podía por la parte de arriba del dragón, mientras este abría sus fosas nasales oliendo a Suspiro, su mirada se fijó en el, y empezó a volar a toda velocidad hacia el. Y en ese tiempo, Zan llegó al largo cuello del dragón, con el ceño fruncido levantó una escama del dragón situada en el cuello, y con la otra mano preparó su espada, se veía la carne, a penas un trocito entre las escamas pero se veía... y hundió la espada, a penas se clavó, pero fue lo suficiente para que con toda la velocidad que pudo se apoyó en la espada y la hundió con sus dos manos y el peso del cuerpo, la espada penetró en la piel, probando un rugido en la cueva, un rugido de dolor, mientras el dragón se encabritaba y volaba erráticamente, hasta chocar con el techo y la estalactita que había sido dañada por Aengus, esta se vio aun mas dañada, al borde de desprenderse, y las alas del dragón se vieron igualmente dañadas, y perdió el control, empezando a caer.

Zan se aferraba a su espada, que aun se hallaba clavada, hasta que la tensión la liberó y salio disparado fuera del dragón, emitiendo un débil gritito, y la dejó caer, afortunadamente golpeó el suelo sin dañar a nadie, y la espada permaneció bien. Zan intentó amortiguar la caída con sus alas, pero solo conseguía disminuir un poco la velocidad, por suerte, cuando estaba a punto de golpear contra el suelo, sintió que algo lo atrapaba, evitando caer al suelo y morir del impacto.
El silfo abrió los ojos mirando a su rescatador... ¡Popocho! le había cogido en el momento de la caída. Se soltó y abrazó al animal, contento por haberle salvado la vida.
Por otro lado, el dragón no tuvo tanta suerte, golpeó con el suelo con una gran fuerza, y todo quedó en silencio, al parecer el dragón había muerto con el impacto.

Zan recogió su espada y guardándola en la funda se acercó al grupo, la caída había producido tal corriente de aire que casi había apagado por completo las llamas, de las que ahora apenas quedaban unas pequeñas flamas que luchaban por arder. Todo volvía a la normalidad, había sido un combate corto, a pesar de que parecía que seria mas resistente...
Sin embargo, cuando se hallaron todos juntos, antes de poder hacer nada, se descubrió que el dragón aun se hallaba con vida, el cual se alzó, y extendiendo cuando pudo sus dañadas alas emitió un potente grito, mucho mayor que cualquier anterior, Zan las orejas dolorido por el fuerte sonido, y el chocobo intentaba dejar de escucharlo, emitiendo débiles gritos en comparación al estruendo del dragón, y alterándose, todo el grupo podía sentir el dolor del grito en sus oídos, y la cueva retumbaba por el sonido, cuando la estalagmita que disparó Aengus se desprendió del todo... y cayó sobre el dragón, no le mató esta, pero al golpear s cabeza el grito paró, y el cuerpo cayó al suelo, esta vez, el pecho fue atravesado por una estalagmita, que perforó su corazón, matándolo casi en el acto...

-ku... ku... ku... kupó... ¿se acabó de verdad?

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Off: hasta el sabado (sois buenos, pensaba hacer que durase mas el combate... pero fuisteis listos xD)
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Aengus Kean

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MensajeTema: Re: Un Mundo Bajo Las Grandes Estepas   Vie Ene 28, 2011 12:41 am

Un intenso olor a quemado le llego a Aengus. Rápidamente giro la cabeza en busca de la procedencia del olor. Suspiro se había inmolado la mano en el fuego para atraer la atención del dragón, y darle así alguna oportunidad al pequeñajo. Sin apenas indicaciones no las estábamos apañando bien contra el gigantesco reptil. Suspiro era digno de alabar, seguía retando al dragón aunque lo más seguro era que no lo entendiera pero podía guiarse por el sonido y la atracción era más fácil. Mientras tanto Águeda gritaba, se desesperaba sin hacer nada más que proporcionar alguna que otra idea. Al menos la idea no era mala del todo. Zan consiguió trepar por el dragón. El cebo de Suspiro funciono y el dragón se le abalanzó hacia él. Zan clavo su espada y todo comenzó a ocurrir demasiado rápido. El dragón se descontrolo dándose golpes con el techo, y desquebrajando una de las estalactitas y golpeándose luego contra el suelo. Zan se salvo por su pollo gigante. Todo había acabado.
O no…el dragón se levanto rugiendo con ferocidad. El ruido era estremecedor e insoportable. Por suerte, del techo se desprendió el objetivo de Aengus y golpe a la criatura silenciándola y hubiera seguido dando guerra si no es porque se atravesó con la estalagmita. Ahora si todo había acabado.

Aengus se seco el sudor con la manga mirando al resto de la gente, y con precaución al dragón. Desenfundo una de sus espadas y se acerco a él, necesitaba asegurase que la amenaza estaba eliminada. Comprobó que no molestaría mas, pues la estalagmita le había perforado el pecho y no parecía que fuera a volver a rugir nunca más. Kean sonrío contento por el trabajo bien hecho y le dedico unas palabras a Zan.

– Si, todo ha acabado de momento pequeño. Has sido valiente, pero este hijo de dragona no volverá a ser una amenaza para nadie. Una lástima que no den una recompensa por él, es una buena pieza. -

Tras pronunciarse y dirigirse al silfo, camino alrededor del dragón en busca de sus virotes, le podían ser de utilidad más adelante. La suerte no estaba con el humano, el primero de los virotes estaba debajo del dragón y no se molestaría en recuperarlo; el segundo lo recogió analizándolo detenidamente, la punta no estaba en buenas condiciones y eso y nada era lo mismo, así que partió el virote con ayuda de su muslo para evitar que alguien lo reciclara. Se volvió a agachar a recoger otro objeto, este era la estalactita que había golpeado al dragón al desprenderse del techo.
Volvió hacia el grupo, más directamente en busca de la humana a al que le coloco en su mano, casi obligándola a coger el trozo que había recogido, y con una sonrisa en su rostro volvió a hablar otra vez, aunque esta vez, podía no estar tan acertado.

– Al menos con eso podrás defenderte la próxima vez si no estamos nosotros. Mira el lado bueno, te puede salvar de una violacion o de cualquier otra situaciónn, al menos, para salir a correr si el miedo no se apodera de ti otra vez -

Sus palabras iban en tono de burla, como casi todo lo que solía salir de su boca, pero en parte, si era verdad lo que pudo oír en el combate, de que no tenía armas eso le podía ayudar. No le pidas peras al olmo. Algo era algo, y mejor que no tener nada.
Aengus le dio la espalda a la humana, sin perder la sonrisa de su rostro y silbo para que su caballo lo oyera y se acercara. Acaricio el lomo del corcel y se colocó bien el sombrero, esperando al resto a ver que tenían pensado hacer ahora, si descansar o continuar en busca de la salida.
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MensajeTema: Re: Un Mundo Bajo Las Grandes Estepas   Sáb Ene 29, 2011 9:00 am

La batalla al fin había terminado, pero el precio pagado había sido algo caro, ahora que la adrenalina del momento terminaba el método que había escogido para la distracción le parecía algo excesivo, pero lo importante era que estaban a salvo, por lo que arrancó un trozo de su capa y se vendo la mano esperando a que poco a poco el dolor se mitigara, sin duda el olor y la sensación le traían viejos recuerdos, recordaba haber despertado en aquella cueva con un olor idéntico pero mucho más intenso, el mismo dolor en todo su cuerpo, la sensación de malestar de aquella vez, el debilitamiento, sus ganas de vomitar, el incesante palpitar de sus músculos buscando la forma para moverse, pero eso eran solo recuerdos, ahora estaba mucho mejor que en aquella ocasión, si había sobrevivido a ello, sobreviviría a esto.

- Pues yo por mi parte me alegro que no haya recompensa por esta pieza, arrastrarla fuera de aquí seria un trabajo para más hombres que los presentes.


Entonces se acercó a la dama que los acompañaba y extendió su espada hacia ella.

- Tal vez esto le funcione mejor mientras salimos de este lugar, de cualquier modo ahora no puedo blandir ambas hojas.

Esperó un poco la respuesta que no venia y depositó el arma en el suelo, ya sería decisión de la mujer el tomarla o no, pero lo importante ahora era ocuparse de otros asuntos, por lo que se aproximó a su montura y extrajo algo de agua para rociarla en la herida, desenvolvió su mano y calmó el dolor por un instante antes de volver a vendarse, entonces se dejó caer al suelo y se sentó con las piernas cruzadas.

- Vaya señor Zan, es usted bastante valiente, es agradable ver que los silfos son creaturas de honor y valentía, eso sin duda es algo que ignoraba, en cuanto a usted señor Aengus, no me queda más que aplaudir sus acciones, pero si somos consientes de una cosa, el grito de agonía y el olor a sangre de esta bestia probablemente atraiga más depredadores si es que los hay, así que opino que tomemos un buen pedazo de carne para poder comer, dejemos el resto para los carroñeros y nos dirijamos a un sitio más seguro para poder cocinarla, esta presa sin duda tendrá entretenidos a los carnívoros del lugar un buen rato, pero yo estoy cansado, herido y con ánimo de un buen pedazo de carne.

Dicho esto se levantó de nuevo, no sin un poco de trabajo y esperó pacientemente por las decisiones de los demás, por lo menos ahora sabia que podían actuar en conjunto y cualquier duda a cerca de traiciones o la posibilidad de que se abandonaran los unos a los otros antes de salir de ese lugar, en la mente del Lord habían desaparecido, si bien no esperaba que se convirtieran en los mejores amigos, estaba por lo menos consciente de que aquellos que pelean juntos terminan el trabajo y el mismo era ahora salir de aquel lugar con vida, ya no había tiempo para mezquinas rencillas, ni mucho menos motivos para las mismas.

No obstante, era de esperarse que una nueva pelea se diera en base a los comentarios vertidos, sin duda interesantes estas personas, con lenguas y armas afiladas, con espíritus ardientes e indomables, en otras circunstancias sin duda le habría encantado poder convivir con ellos, pero ahora lo que quería era un buen trozo de carne de dragón, un manjar que sin duda alguna, tendría muchas dificultades en volver a probar.

Por lo que habiendo esperado el tiempo suficiente por una respuesta de sus compañeros, se acerco al cadáver de la creatura dispuesto a extraer un pedazo grande de carne, tal vez al pequeño no le agradara la escena, parecía algo… delicado en cuanto a esos menesteres, pero desperdiciar la oportunidad de un trozo de carne de dragón parecía algo indignante.
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MensajeTema: Re: Un Mundo Bajo Las Grandes Estepas   Dom Ene 30, 2011 12:40 am

Águeda se sentía inútil. Todos se estaban esforzando tanto y ella estaba mirándolo todo como si no estuviese allí, como si no fuese más que una mera espectadora. Vio como Suspiro se rajaba la mano para provocar al dragón, como Aengus conseguía romper una estalactita y el debate moral que sufría el silfo al atravesar a la bestia con su espada. Y ella ahí mirando, frustrada por no poder ayudar, aunque tampoco habían necesitado su ayuda. El cuerpo del monstruo yacía ya sin vida en el suelo.
Caminó avergonzada por su nefasta actuación y se situó junto a ellos. Hablaban entretenidamente, había oído la palabra recompensa y en otra situación habría salido corriendo a por una pieza del animal incluso sería capaz de arrancarle los dientes pero no se encontraba en condiciones de pensar en dinero, por primera vez en su vida.

Miró preocupada la herida de Suspiro, no tenía muy buena pinta. Por lo menos la había mantenido limpia y fría con el agua. Mientras pensaba en cómo encontrar la planta que podría curarle, el humano se le acercó y le ofreció una piedra afilada de las que se habían derrumbado y con una gran sonrisa, el chico le dedicó las palabras más horribles que seguro pudo encontrar .Eso sí, acompañadas de mofa en cada una de sus sílabas. Ella, que por su parte no iba a seguir sus provocaciones agachó la cabeza y le dio las gracias notando como sus orejas ardían de la rabia. No le gustaba ese tono de burla que usaba cuando hablaba con ella ya que le hacía sentirse peor de lo que ya estaba. Ella había sobrevivido sola durante el trayecto por las estepas, sabía arreglárselas sin nadie en condiciones normales pero obviamente encontrarte con un dragón en medio de un laberinto de cuevas subterráneas no estaba en sus planes. Pero no iba a recriminarle ni sus palabras ni su conducta al fin y al cabo la habían salvado, y la que había hecho las cosas mal había sido ella. Así que respiro muy hondo y se guardó la ofrenda en su bolsa.

Suspiro por su parte había depositado una de sus espadas en el suelo ofreciéndosela de una manera prudente y que no la pusiese en un compromiso en caso de que ella no la aceptara, pero obviamente no fue así. Se acerco hacia donde la había dejado y se agachó para cogerla, era la primera espada que cogía en su vida, tenía una forma extraña. Intentó levantarla a la primera pero pesaba mucho y enseguida la apoyó en el suelo, aprendería a sostenerla, se dijo para sí misma así que la asió con fuerza del mango y pudo levantarla durante unos segundos más. Debía de seguir practicando hasta lograrlo.

Nunca nadie le había dejado nada que tuviese un mínimo de valor y eso le hizo sentirse de un modo extraño. No sabía cómo comportarse solo sonrió a Suspiro mientras le agradecía que se la prestara y se sentó con ellos a elogiar al valiente Zan. También acepto la propuesta que el lord hizo y se ofreció para ayudar a cortar un trozo de la carne de ese monstruo escupe fuego pues ya tenía con que hacerlo.

Los gestos de sus compañeros le elevaron un poco el ánimo <<La próxima vez que algo ocurra estaré a la altura de las circunstancias>> pensó. Al mirar las escamas del dragón no pudo evitar preguntar.

-¿Podría quedarme con una de sus escamas? No la venderé ni diré de donde la saqué- miró a sus compañeros ya que le parecía más prudente preguntarles que no que la descubriesen con una escama en su zurrón.– Es solo para mí.
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Zan
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MensajeTema: Re: Un Mundo Bajo Las Grandes Estepas   Dom Ene 30, 2011 2:09 am

Off: Hasta el proximo sabado
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Zan se dejó caer en el suelo, al perecer si que estaba acabado, las piernas le temblaban y no podía sostenerse, su corazoncito aun palpitaba a gran velocidad, escuchaba los elogios de sus compañeros desde el suelo intentando recuperarse, como si no hubiese sido ya bastante tener que matar a un dragón, aguantar una caída de tantos metros y ver como se recuperaba y casi se les comía.

-Ku... kupóoo... ¿Valiente? ¿yo, kupó? eh, si no hice nada... creo... ¿hice algo? ¿que pasó?-Dijo Zan confusamente, aun se hallaba recuperándose, era impresionante, ¡ni el mismo se habría imaginado enfrentándose a un dragón!

Pero, obviamente, y con una asombrosa velocidad, a la que ya deberían empezar a acostumbrarse sus compañeros, el silfo se recuperó y se levantó al escuchar que Suspiro quería comerse al dragón. Algunos pensarían que el pequeño iba a impedirlo, nada mas lejos de la realidad...

-¿¡Comerse al dragón!? ¡Kupó! ¡Suspiro! ¡le ruego que se aparte de el! desearía ser yo quien lo cocinase kupó, conozco muchas recetas que se hacen con carne de dragón, es un gran manjar, se dice que es una de las mejores carnes, por desgracia jamás la he cocinado, pues me faltaba el ingrediente principal... carne de dragón, kupó, me haría mucha ilusión que me permitiesen hacer algo por el grupo y me dejasen hacer yo la comida... ¡no les defraudaré kupó!-Dijo Zan corriendo a una velocidad que parecía imposible para alguien de patas tan cortas y posicionándose por delante de Suspiro.

Sin esperar a su consentimiento Zan arrancó un enorme trozo de carne del dragón con su espada y cargó con el hasta Popocho, la recuperación de Zan había sido increíble, sin duda, pero era natural, tratándose de comida, el no se quedaría recuperándose de un susto, eso ya seria después de comer.
Zan escuchó a Águeda hablar sobre las escamas, así que retiró la capa de escamas grises del trozo de carne y se las lanzó a Águeda... aunque no llegó muy lejos y cayó al suelo a unos metros de ella.

Zan se alejó un poco del cadáver tal como dijo Suspiro, para evitar encontrarse con los carroñeros que se comerían el cadáver.
A toda la velocidad que pudo recogió un par de palitos secos del suelo e hizo dos hogueras, prendiéndolas con la yesca que tenia en las alforjas del animal, de las cuales también sacó una cazuela y una sartén, y al otro lado descolgó el libro, dejándolo en el suelo y abriéndolo por el apartado de recetas, donde buscó las que se usase carne de dragón.

-"Sopadracus: Un caldo nutritivo para antes de las batallas" no, batallas no... "Corazones Ardientes: Plato con los corazones de dragones, deliciosos, fogosos y con efectos afrodisi..." ehm... no disponemos del corazón kupó "Cocido Reptilico: Delicioso plato para reponer energías..." perfecto kupó...

Tomó la cacerola y la llevó al río, llenándola de agua hasta donde supuso que se necesitaba y la colocó en el fuego, tras lo cual empezó a leer en voz alta los ingredientes, como si hablase con alguien, pero dirigido a el mismo, mientras sacaba de las alforjas los ingredientes que decía, y los colocaba ante la hoguera, algunas personas pensarían que las alforjas estaban hechizadas y eran interminables, pero no era mas que una colocación en orden perfecto, Zan podía asombrar a las personas en su vida diaria continuamente.

Cocido Reptilico:

Ingredientes (4 Personas):
-Un buen pedazo de carne de dragón, cuanto mas fresca mas sabrosa.
-Pimienta y Sal.
-Agua.
-4 Patatas.
-3 Zanahorias.
-Aceite
-1 Manzana (Opcional, para darle sabor).
-1/2 Cebolla.
-Vino (Opcional, se puede poner para dar un toque especial a la carne).

Primero se parte la carne en trocitos de mediano tamaño, medio pulgar*, y se fríe a fuego lento, no hay que avivarlo demasiado, debe cocinarse bien, mientras, se debe llenar la cacerola con agua y poner a hervir las patatas, previamente peladas. Mientras se cuecen se les echa un toque de sal y de pimienta, y se le echa la manzana. Una vez esté la carne dorada se echa en la cazuela de las patatas, y se corta la cebolla y la zanahoria, friéndolas juntas en la sartén donde se hizo la carne, para que se impregnen del sabor de la carne. Después, de añaden a la cacerola, junto con un poco de vino, y se deja que se haga durante veinte minutos, cuando el delicioso aroma lo indique es que está listo para servirse.

*Nota: Medio pulgar humano, uno de mi tamaño."

Receta proporcionada por:
Mastrinio Di Velga (Chef Jefe de la mansión Dalcour)


Zan siguió los pasos de la receta, a excepción del vino, pues en ese momento no tenia aquel delicioso licor, y la manzana... bueno, había desaparecido en el viaje por el subterráneo, así pues debió ir a un manzano cercano y tomar una de el, la cual tenia un bellísimo color rojo de aspecto delicioso, por el cual Zan luchó para no comérsela antes de preparar la comida.
Pasado un buen tiempo, y sin fijarse en si los demás habían acabado optando por una comida mas sencilla Zan terminó el cocido, del que salía un delicioso olor que abría el apetito, al silfo incluso le rugieron las tripas al notar el suave y a la par delicioso y encantador aroma. Zan sacó varios platos hondos y unas cucharas de madera ambos de las alforjas de nuevo, y le dio uno a cada uno, aun ignorando si habían comido ya, y con un cazo repartió el cocido entre los platos, llenándolos bien.

-¡Que os aproveche kupó!-Dijo sentándose en el suelo al rededor de una de las hogueras, antes había guardado de nuevo todas las cosas en las alforjas.
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Aengus Kean

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MensajeTema: Re: Un Mundo Bajo Las Grandes Estepas   Sáb Feb 05, 2011 12:26 am

Con el dragón eliminado, Aengus podía relajarse gratamente. La tensión había desaparecido del ambiente, la calma había vuelto a hacerse patente en el lugar. En el grupo ya había hasta bromas. Zan corrió desesperadamente detrás de Suspiro, como si le fuera la vida en ello para que le dejara a él, quería cocinarlo para todos. Una pequeña sonrisa de le escapó a Kean al ver la escena. Por otro lado, Águeda recogió la espada que le había ofrecido Suspiro y también estaba entre ellos. Todos querían algo del cadáver del reptil, en cambio Aengus, se conformaba con seguir vivo, le era suficiente y no sentía felicidad por haber conseguido matarlo. Solo estaba satisfecho de sí mismo, al salir de aprietos sin rasguños.

Las cosas empezaban a marchar nuevamente, quería salir de la cueva lo antes posible pero no iba a dejarlos allí solos. Formaban un buen equipo y les sería más fácil a todos. Zan murmuraba los ingredientes de la receta que estaba preparando. Esperaba sentado a que terminara de cocinar, pero me entro hambre. Llamé a mi caballo, recogí un mendrugo de pan junto a una fruta que allí quedaba, extraña combinación pero nutritiva. El pequeño silfo estaba acabando de preparar la comida, repartió a cada uno su correspondiente ración y comenzó a devorar. Aengus se negó a comer otra vez, dejo su plato junto a Zan, que seguro que él no negaría tal manjar.

- No me apetece, ya he comido. Puedes quedártelo tú. Que os aproveche –

Les dijo al resto, retirándose de la hoguera y acercándose al pequeño rio. Se desprendió de la gabardina, se quito la camisa que le escondía el cuerpo y quedo completamente desnudo de cintura para arriba. Recogió con sus manos agua del rio para lavarse. Comenzó lavándose la cara, para retirar el sudor que le provoco el fuego, y en consecuencia el dragón. Luego se roció con el agua por toda la parte superior del cuerpo, aunque se le mojo el pantalón, no le importo pues prefería ir mojado a ir sudado. Le incomodaba tener la ropa pegada al cuerpo, pues le quitaba movilidad en algunas acciones.

Ojeaba de vez en cuando a sus compañeros, midiendo el tiempo que tardaban en comer, para asegurarse del tiempo que le quedaba para terminar de lavarse el cuerpo. Su caballo bebía agua del rio junto a él. Por último, se mojo el pelo para refrescarse un poco más. Tras todo esto, se seco con un trapo viejo que tenía en su montura, y comenzó a vestirse concluyendo todas sus acciones al colocarse su sombrero en la copa de su cabeza. Desvió una mirada hacia el frente, buscando el camino por el cual deberían continuar después del descanso que se estaban tomando.

Volvió al grupo esperando que hubieran terminado de alimentarse y que estuvieran descansados para continuar el viaje de acenso hacia la civilización. No sabía que querían hacer los demás, pero había que tomar una decisión entre todos para seguir un camino. El silfo podría elegir, pues el había dado la oportunidad de matar al dragón, y podría ser un buen guía.
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MensajeTema: Re: Un Mundo Bajo Las Grandes Estepas   Dom Feb 06, 2011 1:14 am

Recogió del suelo las escamas (¿Qué manía tenían con dejarle las cosas en el suelo? No era un perro) y las miró a trasluz. Eran preciosas y tenían un tacto agradable. Águeda comprobó que nadie la mirase y en ese momento mordió la piel para ver como sabían, cerró los ojos y sacó la lengua mientras escupía, sabía fatal, de pasó repetidamente la mano por la boca intentando quitarse ese horrible sabor pero como no se iba fue al rio y empezó a beber agua en cantidades ingentes, así consiguió que se le quitase. Pero le daban escalofríos nada más de pensarlo. Volvió a donde había dejado la piel, agarró una piedra y comenzó a golpearla por la parte de atrás y después la colgó de un arbusto para que se secara, no sabía para que iba a usarla, era tan bonita que se le ocurrían mil composiciones pero no sabía decantarse por ninguna ya que cualquier cosa que hiciese con las escamas le parecería poco, pues un bolso, unos zapatos o lo que fuese se pueden hacer con pieles normales pero con una de dragón debía de pensar en algo que fuese realmente especial.

Oyó un estruendo y vio a Zan, el cual antes se había adelantado a ella y a Suspiro para cortar un trozo de carne del monstruo, cocinando la pieza.
La chica no pudo evitar sonreír al ver como se desenvolvía a pesar de lo pequeño que era llevaba una olla y una sartén, sin duda le gustaba cocinar, seguro que su libro estaba lleno de recetas increíbles y extrañas. A Águeda siendo sinceros, nunca se le había dado bien la cocina quizás porque nunca nadie le había enseñado a cocinar así que como tampoco tenía más entretenimiento aprovechó la oportunidad, se sentó al lado de la hoguera a observar al silfo como cocinaba. Éste decía los ingredientes en alto y la chica los repetía mentalmente.

- Huele delicioso ¿puede cocinarse con otro tipo de carne?- preguntó la joven mientras se sujetaba la tripa ya que el olor de la comida le había abierto el apetito.
Zan acercó un plato a cada uno, la chica agarró el cuenco mientras soplaba tenía hambre pero no quería quemarse.

Aengus rechazó el ofrecimiento pues había decidido comer algo más ligero y estaba en el rio medio desnudo <<sin vergüenza, hay damas delante>> pensó.
Seguro que Zan se tomaría a mal que rechazasen su comida pero la chica se alegró

- A más tocamos- Dijo entusiasmada luego se dio cuenta de que lo había dicho en alto y bajó la cabeza. Siguió soplando el caldo que tenía muy buena pinta, cuando se enfrió un poco pegó un sorbo del caldo directamente del plato.
Tras darse cuenta de que había cucharas y se puso roja por no saber comportarse después agarró la cuchara y siguió comiendo.

El líquido caliente bajaba por su garganta, hacía mucho tiempo que no tomaba sopa y le sentó estupendamente a pesar del calor que le daba, estaba riquísima.
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MensajeTema: Re: Un Mundo Bajo Las Grandes Estepas   Dom Feb 06, 2011 8:18 am

Pues aparentemente la tensión podía continuar tomando su curso una vez fuera de peligro, pero no me parecía de nada raro, al contrario, comprendía muy bien la soledad del hombre, yo mismo había pasado por grupos de posibles compañeros sin conocer siquiera sus nombres ni mucho menos preocuparme su destino o tratar de socializar, así que no planeaba reprocharle al hombre que fuera un poco reacio a la compañía o a los saludos, pero para mí, ver el espectáculo del silfo significaba mucho más de lo que se podría creer en un principio, pues había pasado toda mi vida devorando insípidos caldos de mala carne en viejas y sucias tabernas, me habían alimentado como a un perro, había comido en el suelo y cuando por fin fui libre, solo había pasado la carne por el fuego para cocinarla, ni siquiera había tocado en toda mi vida una sartén y sin duda no sabía que la comida podía tener un sabor tan exquisito.

El solo probarla me hizo recuperar algo de energía, los dolores disminuyeron un poco y me sentí renovado, así que devore con ansia mi ración, no solo por la sensación de confort que me proporcionaba, sino porque nunca había comido nada tan exquisito o preparado con tanto gusto, sin duda el ser un buen cocinero era una habilidad que las personas podían apreciar de un compañero de viaje, era bueno tener en mente ese detalle, pues en un futuro, tal vez podría yo mismo aprender algunos trucos que me ayudaran a socializar con las personas, pues todo estaba cambiando, por lo que tenía que contemplar nuevas opciones para mi relación con los demás.

- Señor Zan, este guiso suyo es un manjar y sin duda estoy de acuerdo con la señorita Águeda, es una lástima que el señor Aengus no desee disfrutar del guiso, pero eso deja más para el resto de nosotros.

No pude evitar una ligera risa al ver como la señorita se apenaba del comentario, pero no podía evitar estar de acuerdo con ella, sin embargo después de devorar mi parte y lavar mi plato con agua del arroyo me acerque de nuevo al grupo y me dirigí a la señorita Águeda.

- No tome mi palabra por cierta, pues desde que nací estas armas me acompañan, poco a poco se han convertido en parte de mi y las uso mucho más por instinto que por algún tipo de entrenamiento, pero si he aprendido algo de ellas, es que no debe de luchar contra el peso, mis hermanas tienen un punto de equilibrio, una vez que logra levantarlas, lo único que tiene que hacer es seguir el ritmo que la propia arma le impone…


En ese momento tomé mi otra arma y la coloqué sobre uno de mis dedos, encontré el punto de equilibrio y el arma se balanceo un poco para quedar prácticamente inmóvil después de unos segundos…

- Por favor trate de no perder de vista este punto señorita…

Le indique a Águeda mientras me concentraba en girar el arma con la mano derecha, realizando un asterisco con los cortes, ocupando golpes de filo y contrafilo.

- Una vez que encuentra el punto de equilibrio y aprende a usarlo, no se requiere demasiada fuerza para moverla con gran velocidad, el propio peso del arma le imprime fuerza al golpe.

No supe bien el porqué le indicaba a esa mujer la forma de ocupar el arma, dar clases era algo que nunca había hecho en mi vida y hasta ese momento, no me había percatado realmente de la forma en la que funcionaba la inercia de mi arma, que a diferencia de los más comunes mandobles, se ocupaba de forma mucho más similar a un hacha, pero hasta que quise explicar su funcionamiento fue que me detuve a pensar en ello.

Sin embargo no le di demasiada importancia al asunto, el hecho era que le había dicho lo poco que entendía de la técnica que instintivamente había usado durante años, pues en realidad mi entrenamiento se había basado en defender mi vida, así que la forma correcta de usar mis espadas, se había inculcado a mi carne mucho más que a mi mente.

Para mi había sido suficiente de descanso y platica, ayude en lo que pude y me dejaron a levantar el campamento que de forma veloz y efectiva había montado el señor Zan y me pose a un lado de Aengus con mi propio caballo listo para continuar el viaje.

- Pues bien señor Zan, supongo que es hora de continuar el viaje, así que en cuanto estén listos podemos continuar, de verdad es una lástima no podernos llevar demasiado de aquella presa, pero supongo que este lugar se encargara de disponer apropiadamente del cadáver.

Una amplia sonrisa se dibujaba en mi rostro, aunque era poco probable que la pudieran ver debajo de la capucha, pero había venido a ese lugar de vacaciones y había conseguido justo lo que quería, pasar un buen y tranquilo momento, por lo menos en ese instante, los fantasmas de mi pasado y futuro se habían quedado en la superficie, una vez saliendo el mundo se volvería a manchar de sangre y las risas que ahora escuchaba se convertirían en gritos de dolor y angustia, por lo que no tenía demasiada prisa de salir, afuera solo me esperaba el destino de un asesino, en ese momento estaba feliz con ser simplemente Suspiro.
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Zan
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MensajeTema: Re: Un Mundo Bajo Las Grandes Estepas   Sáb Feb 12, 2011 12:11 am

Off: Perdonen la tardanza, ya se que el post debió ser el sábado pasado, pero tuve que esperar a que posteasen los últimos, el domingo que lo hicieron, y no pude hacer el post hasta ahora...
En fin, hasta el viernes que viene
PD: ¡Aengus! ¡Tu te pierdes mi comida! >w< xD
-----------------------------------------------------------

Zan alzó al cuchara, dispuesto a comenzar a comer, cuando escuchó a Aengus, rechazaba su comida, el silfo bajó sus enormes orejas, al igual que su pompón y la cabeza, en un claro gesto de tristeza, pensaba que le rechazaba la comida porque no le gustaría como cocinaba, estuvo a punto de llorar, cando escuchó a Águeda, y alzó la cabeza un poco, mirando a la joven con unos brillantes ojos, humedecidos, casi al borde de las lagrimas. Y después las palabras de Suspiro le levantaron el animo, a ellos si les gustaba, y con una sonrisa, tomó el plato de Aengus y repartió su contenido entre los que si que comían. Le agradaron las palabras de suspiro, los elogios a su comida, cierto era que la comida de Zan era realmente deliciosa.

Pero no solo eso fue lo que tenia aquella comida, además de un sabor que acariciaba el paladar, con una temperatura perfecta y cocinado con maestría, a pesar de ser la primera vez que realizaba ese plato tenia ya experiencia con las sartenes y los fuegos, pero además de los beneficios que Zan le había conferido a la comida, la propia carne ya disponía de algunos, las palabras sobre que reponían las fuerzas... eran de manera literal, Suspiro, el cual había perdido la marca de la estrella antes de empezar a comer, empezó a curarse rápidamente, la herida de su mano quemada se curaba bastante rápido, no llegó a cerrarse del todo, pero la carne del dragón fue algo que ayudó a la curación, además de recuperar las fuerzas del grupo, renovándoles con mas energía que antes, la carne de dragón era sin duda nutritiva además de deliciosa.

-Continuar... si... digo... ¡no! kupó... alejémonos un poco del dragón para dejarles espacio a los animales, que ellos también coman, pero... kupóooooo... creo que deberíamos descansar, se hizo tarde, probablemente ya sea de noche, y seria mejor dormir, no creo que sea bueno andar por aquí estando cansados... ¿Os parece si acampamos?-Dijo Zan entre bostezos cuando Suspiro dijo de continuar, tras haber lavado los platos, Zan fregó el de Aengus y el de Águeda, y aunque el pequeño insistió en hacerlo el, Suspiro lavó el suyo.

Lo cierto es que el lugar tenia un aspecto mas nocturno, la luz que debían seguir era ahora mucho mas tenue, y seguía iluminando el lugar, pero con un aspecto distinto, como si hubiese anochecido, y ciertamente el grupo parecía algo cansado, si continuaban corrían el riesgo de estar demasiado adormilados... al menos por parte del silfo... para enfrentarse a los problemas.
Lo ideal era alejarse del dragón para evitar encuentros y acampar unas horas para descansar, pero si los demás querían continuar Zan simplemente se montaría en Popocho y los seguiría... bueno, hasta quedarse dormido sobre el enorme ave, algo que tenia pinta de que pasaría bastante pronto, era muy activo, pero cuando llegaba el momento de dormir caía al mundo de los sueños sin remedio, era lo malo que tenia no poder estar quieto...
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MensajeTema: Re: Un Mundo Bajo Las Grandes Estepas   Sáb Feb 19, 2011 2:18 am

No me había percatado del tiempo transcurrido, si bien la batalla me había cansado, el guiso me devolvió energía y vitalidad, por lo que estaba de buen humor para seguir, sin embrago estaba de acuerdo con el silfo, no valía la pena continuar con el viaje si ello nos ponía en riesgo de encontrarnos cansados contra un nuevo enemigo; si ya había pasado un día completo, no valía la pena sobre esforzarse en continuar, el día siguiente sería tan bueno como el presente.

- Creo que estoy de acuerdo con usted señor Zan, descansar es una buena opción siempre, sobretodo tomando en cuenta que he venido a las Grandes Estepas precisamente a eso y que no tiene demasiado tiempo que hemos enfrentado un gran peligro y una gran batalla, después de todo, tampoco es que tenga demasiada prisa en salir de aquí, poco a poco empiezo a sentirme más a gusto.


Descendí de mi montura, si bien yo era bastante resistente, mi montura también necesitaba descanso, por lo que la descargue de las pocas posesiones que llevábamos con nosotros y la acerque al rio para que pudiera beber, fue entonces que me di a la tarea de preparar un lugar cómodo para dormir, aunque en realidad no necesitaba demasiado, estaba muy acostumbrado a dormir simplemente en el primer lugar en el que cayera, pero aquella cueva era en realidad confortable, el aroma de las brazas, el color del fuego, el crepitar en el medio de aquella oscuridad que se cernía sobre nosotros, sin duda el bamboleante danzar de las llamas hacia que mi mente se sumergiera cada vez más en el hipnótico mundo de las palabras perdidas.

Ahí se encontraba, mi alma, mi ser, la propia esencia de mi mundo, como todos los Lords, embebido y perdido en un mundo de ensoñación cuando el representante de la pasión y la fuerza danza para nosotros.

- Yo hare la primera guardia si están de acuerdo, todos debemos descansar, pero no podemos quedarnos dormidos y sin protección; aun me queda bastante energía, por lo que puedo aguantar un poco más.

El sueño había escapado al dialogar con los compañeros, lo cierto era que en verdad tenía mucha energía para usar, además de que quería seguir un tiempo viendo el fuego, de donde salían las imágenes de sus viejas luchas, se oían los gritos de las personas muertas, hacia brotar la sangre en sus manos y sentir el tibio roce de los ríos carmesí.

En ocasiones el ser malvado no tenía nada que ver con la muerte y las masacres en aldeas alejadas de las vista de los dioses, en ocasiones la maldad de su alma se relajaba y la rabia, la sed de sangre, el rencor, la violencia y la tempestad de los espíritus podía llenarlo todo; no hacía demasiado tiempo desde que la gran presa había caído victima de nuestro grupo, aun podía paladear el sabor de su carne y la mano que había ofrendado a su muerte palpitaba cada vez menos pero aun me recordaba aquella magnifica creatura que había caído en nuestras manos.

Termine de acomodar mi campamento durante el tiempo en el que supuse que los demás habrían hecho lo mismo, pero no me percate demasiado bien de los preparativos que ellos hubieran realizado, más bien, en espera de que los demás terminaran de acomodarse para descansar si así lo querían. En caso contrario, yo descansaría junto al fuego durante un tiempo y los alcanzaría al galope después, pues si todos nos dirigíamos a la luz, no había forma de que nos perdiéramos del camino si alguno decidía adelantarse. Busque algunos troncos para la fogata y los puse junto a mi mientras veía la luz y me perdía en la distancia de recuerdos lejanos.
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MensajeTema: Re: Un Mundo Bajo Las Grandes Estepas   Miér Feb 23, 2011 6:39 pm

Después de comer pidió permiso y volvió a coger la espada para practicar,esta vez siguiendo los consejos que le había dado el dueño de ésta.

Se alejó un poco del grupo pues le daba mucha vergüenza y no quería que se riesen de su torpeza, no es que le importase mucho lo que pensaran los demás de ella pero no le gustaban los comentarios sobre sus defectos que cierto compañero hacía sobre su persona. Así que no le iba a dar un nuevo argumento para otro comentario hiriente y fuera de lugar. Se retiró lo máximo que pudo por imprudente que fuera hacerlo e intentó concentrarse. Respiró hondo un par de veces mientras mantenía los ojos cerrados .

<<No luchar contra el peso… mantener la vista en un punto y encontrar el punto de equilibrio, bien, bien, vamos allá>>

Agarró de nuevo la empuñadura de la espada y recordó en orden todos los consejos de Suspiro. El resultado, por increíble que le pareciera fue que pudo levantarla y mantenerla. Pero por desgracia no pudo disfrutar de su triunfo personal ya que al intentar subir la espada para dar un golpe al aire (imitando los movimientos que hacía Suspiro) se desequilibró y así se vio, cayendo de nuevo por el peso pero esta vez, para atrás. Gracias a su agilidad, aunque no pudo evitar el golpe, al menos no se dejó las costillas en el suelo. Se levantó rápidamente miro hacia los lados para comprobar que nadie había visto aquel espectáculo y después miró la espada rezando para que no le hubiese pasado nada y así fue.

Cansada por el día y las magulladuras que eran fruto de su estupidez y falta de fuerza, decidió volver a donde estaban todos para descansar. Allí seguían Zan y Suspiro recogiendo los platos y a la vez montando el campamento. Suspiro le había quitado la idea de hacer ella el primer turno así que ella pidió el segundo. La chica tenía mucho sueño, se alejó un poco de la hoguera puso su bolso en el suelo, apoyando la cabeza en él y después simplemente cayó en un sueño profundo.
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Zan
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MensajeTema: Re: Un Mundo Bajo Las Grandes Estepas   Sáb Feb 26, 2011 9:58 pm

El chocobo de Zan se paró, junto con el resto del grupo al haberse alejado bastante mas, el silfo bostezó y bajó de su animal. Suspiro se había presentado a hacer la primera guardia, y Zan desde luego no iba a negarse a que lo hiciese, el prefería echar una cabezadita.

-Gracias Suspiro... Águeda... Aengus... descansemos un rato... pero... ¿quien hará la segunda guardia? Mm... Suspiro, mejor decide tu a quien despertar cuando pase tu turno... yo voy a aprovechar....-Dijo Zan entre bostezos.

El pequeño sacó una manta de las alforjas de Popocho, que se había sentado en el suelo. Zan se tumbó contra las plumas de Popocho, acurrucándose a su lado, mientras el gigantesco animal bajaba su cuello rodeándole con el en una especie de abrazo con el que ambos mantenían el calor con la manta y lo compartían.
No era difícil de ver lo bien que se llevaban ambos, aunque alguna vez les pasase alguna cosa, como al comienzo de aquella aventura, cuando se encontraban en la superficie...

Se podría decir, que las mascotas acaban pareciéndose a sus amos, ambos eran igual de extraños, igual de hiperactivos, igual de cariñosos, y ambos, cuando les entraba el sueño... caían redondos.
No parecía que nada fuese a pasar en aquella noche y continuaron durmiendo por el momento sin que nadie les interrumpiese... los sueños de Zan... bueno, si se le conocía minimamente se podría imaginar uno con que soñaba...

"Zan abrió los ojos miró a su alrededor... estaba... estaba... ¡En un mundo dulce! estaba en un suelo de arena blanca... no... era azúcar... unos árboles de hojas de menta se veían cerca, y unas manzanas de caramelo colgaban deliciosas, un río de chocolate con leche discurría a su lado, y al fondo... parecían alzarse unas montañas de galleta con una cumbre de helado de fresa... delicia de mundo... ¡Que maravilla!

Zan vio correr una manada de chocobos que se dirigían a algún lugar, y empezó a seguirlos no sin antes haber arrancado una enorme provisión de manzanas de caramelo... tras caminar un poco dejó caer las manzanas... un delicioso olor a carne asada se propagaba por el lugar... un aroma encantador... cerró los ojos, siguiéndolo, hasta llegar a una puerta en medio de la nada... la abrió y vio una pequeña habitación, echa de madera, una sartén en los fogones, un buen trozo de carne friéndose en ella, un pequeño horno en la pared de donde salía el delicioso aroma... el silfo empezó a saltar contento por estar rodeado de comida...

Comida... típico de el..."


-Caramelo... chocolate... carne asada... jump....-Dijo Zan removiéndose en la manta sumido en su sueño.

--------------------------------------------

Off: disculpad la tardanza, pero no queria hacer el mastereo con solo una persona que posteó... a Aengus lo salto por que el mismo me lo dijo. Hasta el sábado que viene...
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Aengus Kean

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MensajeTema: Re: Un Mundo Bajo Las Grandes Estepas   Sáb Mar 05, 2011 12:19 am

Acabaron de recoger los instrumentos de cocina. El pequeño silfo se encargo de fregar los platos, cubiertos y otros enseres que se utilizaron. Suspiro insistió en fregar su parte para contribuir a la causa. Vaya grupo, a cual más testarudo y cabezón. Los cuatro se alejaron de la zona donde hubieron tenido el encuentro con el dragón para evitar males mayores con otros seres vivos de la zona. Eliminado uno de los problemas, quedaba otro, el cansancio. Suspiro se ofreció al primer turno, y Águeda al segundo. Kean hubiera escogido el primero, pero dejo que sus compañeros eligieran sin opinar al respecto. Aunque se había alimentado, y había pasado un rato desde que el dragón lanzo su llamarada, el dolor de cabeza no había cesado. Sus ojos también estaban cansados después de haberse cegado y decidió descansar un poco para afrontar de la mejor manera posible el nuevo día en la gruta en la que había caído.

Imitó a Suspiro y le retiro la carga a su caballo para que también pudiera descansar. Le acarició la crin con suavidad para que se relajara y fuera recostándose sobre el suelo lentamente hasta que cerró los ojos. Luego cargo un virote en su ballesta, y se sentó pegando su espalda al caballo para dormir, dejando la ballesta a su izquierda por si se daba la alarma. Zan se había quedado dormido con su pollo gigante, no roncaba pero hablaba en sueños. Podía llegar a ser incomodo y a la vez, podría robarle el sueño a alguien. Águeda también se había dormido. Solo quedaba Suspiro que sería quien vigilase.

Aengus tiro de su sombrero para abajo, tapándose la cara y cerrando los ojos para descansar. Antes de quedarse dormido, volvió a analizar todo lo ocurrido. El encuentro con los tres personajes, su desconfianza, la lucha con el dragón, la cena y su baño. Si alguien quería hacer algo contra alguien en el grupo era su momento, cuando tocara vigilar podía aprovecharse de la gente que dormía y dejarlos solos, asesinarlos o robarles. Inconscientemente, Aengus llevo su mano dejándola sobre su ballesta para estar seguro, comenzando a ceder al cansancio y comenzando a dormirse. Echo un poco su cabeza hacia atrás, apoyándola más cómodamente sobre el lomo de su caballo, y estiró las piernas completamente para dormirse de una forma cómoda que no le pasara factura al levantarse.

Su sueño fue tranquilo mientras la voz de alarma no se diera. El cansancio acumulado por la ardua jornada de trabajo evito que cuando se despertara recordara lo que podía haber soñado. Su cuerpo se dejaba inundar por la tranquilidad, reposando para afrontar otra dura jornada en la cueva. Tenían que salir de allí pronto.
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MensajeTema: Re: Un Mundo Bajo Las Grandes Estepas   Sáb Mar 05, 2011 8:11 am

Un solo sonido se dejaba escuchar en aquella cueva, el crepitar de las llamas que acompañaba el rítmico sonido de la respiración de mis actuales compañeros; me agradaban, pero para mí era inevitable pensar si no sería mejor abandonarlos en aquella cueva, salir de una vez por todas de la oscuridad y ponerme en camino de resolver mis asuntos; sin duda era una opción válida, después de todo, ellos eran demasiado buenos para mi compañía, si bien podía interpretar la charada todo el tiempo necesario, lo cierto era que la maldad de mi padre corría por mis venas, pero ya tenía tiempo que me hacia la misma pregunta, ¿Qué significa la maldad?, desafortunadamente, para mí la respuesta no era tan sencilla como para otros, estaba consciente que por mi propia raza, mis sentimientos estaban en estrecha relación con mi fuerza, estaba claro para mí que mis cortes eran mucho más mortales cuando estaban cargados con rabia, con ira, con sed de venganza y sangre, pero empezar a matar gente solo por hacerlo era algo que no entendía, algo que mi naturaleza no buscaba y sin duda un acto inútil.

Aquellos pensamientos me sorprendían, me encontraba en una encrucijada, pues al comenzar mi viaje, Zan y Águeda no hubieran tardado en morir en mis manos, en ser salvados por mi espada de la corrupción del mundo, Aengus habría disfrutado de mi compañía mientras las torturas purificaban su alma antes de mandarla al otro mundo, pero ahora todo había cambiado, desde mi encuentro con la tribu de los Montes Helados, todo había cambiado, había visto muerte, sangre y destrucción sin sentido, había provocado terror y caos a mi paso y no había logrado nada, el mundo seguía sin rendirse, una y otra vez encontraba almas nobles corruptas por la maldad y oscuridad del mundo, una y otra vez las salvaba de sufrir vidas sin sentido y con solo el destino de la perdición, pero siempre había más, ahora tenía tres almas en mis manos, pero mi espada se negaba a actuar como tantas otras veces.

De nuevo las visiones, la luz del fuego empezaba a crecer, a poblar el mundo, a cegarme por completo, después mis manos se llenaban de sangre, las gotas caían una y otra vez en un compas macabro sobre las piedras, yo sabía que aquello era una mentira, que mi mente fabricaba las visiones en busca de orillarme de nuevo al asesinato y sin duda aquella seria una visión digna de verse, un cruel asesino teniendo reticencias al momento de matar, pero seguía sin entender el punto, seguía sin saber el bien que podía realizarles a aquellas almas, pues mi papel de redentor hace tiempo que había terminado, ahora solo me dedicaba al homicidio por dinero, me había convertido en un despreciable mercenario.

Nadie podía haberlo visto, solo mi hermano el fuego era testigo de aquello, pero algunas lágrimas rodaron por mi mejilla en aquella oscuridad eterna, pequeñas lágrimas que ardían en mi rostro de manera más intensa que las llamas del dragón, pues el fuego de la bestia había destruido mi piel, pero las lágrimas taladraban mi alma.

Mientras tanto, la noche seguía pasando, ningún contratiempo había surgido hasta ese momento, arroje otra rama al fuego y el mismo se apago un poco solo para envolver el nuevo combustible y brillar más intensamente, todos parecían dormir para ese momento y si no era así, yo no me había percatado, absorto en mis pensamientos, mis ojos buscaban de manera autónoma enemigos invisibles entra las danzantes sombras de la cueva, mis oídos prestaban atención solo a sonidos fuera de lo normal, deslizamientos de piedras, chapoteo de agua, gruñidos o garras arrastrando, pero aquel estado de vigilia permitía a mi cuerpo observar el mundo mientras mi mente vagaba por espacios inexplorados hasta ahora, cada vez era más común que me sumergiera en ese semiletargo; algunos animales inofensivos se acercaron al campamento, algunos en busca de las sobras, otros en busca de calor o luz, una enorme araña trepo en mi mano y descendió de nuevo, solo la observe, sin preocuparme por ella, sabiendo de alguna forma que no podía hacerme daño, sabiendo de su presencia pero abstraído del mundo. Solo dos cosas podrían sacarme de ese estado, alguna señal de peligro o la sensación de que mi cuerpo había llegado a su límite, fuera como fuere, parecía que por lo menos durante mi vigilia, los viajeros podrían descansar tranquilamente.
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Zan
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MensajeTema: Re: Un Mundo Bajo Las Grandes Estepas   Sáb Mar 12, 2011 12:38 am

Off: Perdonad la tardanza, casi una semana, lo se, pero estaba esperando el posteo de Águeda, pero la saltaré... disculpad de nuevo... u-u
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Pasó un buen rato, unas horas, mientras todos dormían en sus sueños, y Suspiro hacia su guardia, nada parecía que perturbaría la paz de la noche, todo estaba en silencio, todas las criaturas dormían, y solo algunas bestias se veían a lo lejos correr en dirección al dragón, claramente, para disfrutar de su carne. Pero ninguna causó problemas ni se acercó al improvisado campamento.

De pronto Zan se incorporó, frotándose los ojos y estirándose un poco, y fue caminando arrastrando los pues y con las orejas caídas hacia delante, y el pompón hacia detrás al río, su boca se hallaba seca y deseaba beber algo de agua. Se inclinó sobre el río, no muy lejano, y acercó sus labios a la superficie, bebiendo un poco de ella, sus manos no eran adecuadas para hacer un cuenco con ellas y beber así, por lo que debía beber de esa forma, además, el bello que cubría su cuerpo se habría mojado bastante con el agua, y habría sido incómodo. Al levantarse sintió un cosquilleo, y corrió a la base de un árbol que había cerca del río, donde... se podría decir que "regó al árbol". Después volvió al río y bebió otro trago antes de lavarse sus manitas y volver caminando algo despejado al lado de Popocho.

Pero cuando estaba ya casi en el se fijó en Suspiro, parecía bastante cansado, así pues caminó hacia el sonriendo, con la intención de tomarle el relevo.
Cuando llegó a su lado se sentó a su lado con una sonrisa balanceando levemente su cabeza, meciendo así su pompón.

-Si quieres puedes ir ya a dormir, yo te revelo kupó... me he despejado... ahora deberías de descansar un rato... aunque si quieres puedes quedarte despierto... ¡Pero no iré a dormir kupó!-Dijo cerrando los ojos en una mueca alegre.

Sin duda el pequeño era adorable, parecía un ser incapaz de hacer daño a alguien, es mas, su sola presencia parecía arrancar una sonrisa a la gente, su aspecto y su carácter eran de lo mas agradable. Y su comportamiento y aspecto infantil... ¡Quien diría que tenia 129 años! Mas de un siglo... bastante mas... posiblemente el mas anciano de los que se encontraban allí, sin embargo en mentalidad era muy distinto, mentalidad, que no conocimientos, 129 años dan para aprender mucho, sobre todo siendo un escritor como Zan, con un único afán de buscar información e imprimirla en papel con sus propias manos.
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Suspiro

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MensajeTema: Re: Un Mundo Bajo Las Grandes Estepas   Miér Mar 16, 2011 9:42 pm

- La carne es solo carne, la sangre es solo sangre, toda mi vida he arrancado gritos de lastimas, de dolor, de muerte de todos aquellos que me han conocido, he de decirle señor Zan, y no me pregunta la razón de hablarlo con usted, pero desde que soy dueño de mis pasos, he tratado de encontrar alguna razón de mi existencia, algo que me indique que no soy simplemente el instrumento de los caprichosos deseos de Bairack, algo que me haga cambiar mi camino y encontrar aquello que para todos los demás es tan común, pero sigo aquí, descubriendo que el alma de los seres que caminan por Utopía se llena de podredumbre y corrupción, he visto seres como usted arrastrados hasta los abismos de la desesperanza, llevados a cometer los actos más viles y despiadados, antes, creía poder salvarlos….

Mi espada relucía ahora en mi mano y era iluminada por la luz del fuego que danzaba en su hoja, mis ojos buscaron los de Zan y lo miraron atentamente unos instantes, buscando la razón de que esta vez fuera diferente.

- Sé que es difícil de entender, a los ojos de los demás, soy un monstruo, una bestia que vaga por sendas oscuras, pero de verdad siempre he creído que los salvaba, recuerdo sobre todo a una pequeña niña, estábamos en una misión para destruir a la líder de su aldea, los demás guerreros habían partido a pelear contra nuestros empleadores y ahí, en medio de la nieve, sin ceremonia o aviso, traspase su garganta y la mate, mis compañeros mi miraron con odio y recelo, pero para mí, aquel fue un acto de compasión, aquella niña no vivió lo suficiente para ver a su pueblo consumido, no sufrió el hambre y la desesperación del abandono, no tuvo que perder su alma a cambio de un sustento, pero sé que no lo entenderá, se que a sus ojos es un acto de infinita crueldad, pero he decidido hacer una excepción con usted, he decidido darle la oportunidad de caer por usted mismo en aquellos abismos y cuando lo haya hecho, cuando el mundo le muestre sus horrores, cuando su alma no pueda sustentar un instante más su sonrisa, me encargare de purificar su espíritu, de hacer que todo su odio se vuelque sobre mí, que se olvide del rencor hacia el mundo y se concentre solo en su desprecio por mi persona y ahí, cuando toda la oscuridad sea dirigida hacia mí, apagare la flama de su vida y perdonare su rabia, espero que así su alma pueda ir a donde pertenece, lejos de este infierno de hipocresías y traición.

Me levante del lugar donde hacía guardia, en realidad ahora estaba cansado, las llamas seguían bailando en mi alma, mi sangre seguía hirviendo y mi cabeza seguía buscando respuestas y haciendo preguntas imposibles de responder, le di la espalda a Zan y me dirigí a un lugar donde poder descansar en solitario. ¿Acaso los demás me habían oído?, en realidad no me importaba mucho, aquello era verdad, yo era una bestia impía que debía de ser destruida, pero mi sangre le costaría caro a aquel que intentara tomarla, si mi vida era una error, corregirlo sería la tarea no de un héroe, sino de un mártir, pues no pensaba entregarla sin llevarme la de aquel que viniera a reclamarla.

De nuevo el odio, la desesperación, la angustia, aquella cueva no podía ser más oscura que lo que se gestaba en mi espíritu, de nuevo caia hacia el abismo y esta vez dudaba que alguien fuera capaz de rescatarme, esta vez estaba perdiendo las esperanzas, ¿Por qué?, pues si tuviera que adivinar, era por la inutilidad de mis actos, por la desesperación que adivinaba en las palabras y la actitud de Águeda, por la tristeza que veía en el proceder de Aengus, el cual alejaba a todos con la vehemencia de aquel que ha perdido tanto, que no quiere perder nada más, por el miedo que se dibujaba en los rostros de todos nosotros, pero principalmente, porque al conocer a Zan, me había dado cuenta de que nuestros caminos eran tan distintos, que el hecho de que el destino nos hubiera juntado en este lugar, hacia que mi resolución y mis actos previos se vieran reducidos a insignificantes acontecimientos que no eran siquiera dignos de ser contados, no conocía la historia de los ahí presentes, nadie había querido contarla, pero los atisbos de su alma que se traslucían en sus acciones me evidenciaban que el dolor y la maldad del mundo también atacaba a los más nobles, a los más puros, a los que se esforzaban por mejorar el mundo en lugar de destruirlo, sin embargo mi presencia en ese lugar, obviaba el hecho de sus acciones eran igual de inútiles.

Esta vez sería diferente por un motivo particular, matarlos sería fácil, salvarlos del mundo y de sí mismos sería un acto de compasión, pero sería inútil, un desperdicio de energía, tenía que conseguir el poder, tenía que encontrar la forma de cambiar todo esto, de hacer que las fuerzas que crearon el mundo se arrepintieran del abandono en que nos tenían, tenía que ser fuerte, sin el poder, todo lo demás era un desperdicio.

Sin mirarlo, sin darme la vuelta, solo pronuncie unas últimas palabras al único ser que me había tratado con algo de decencia.

- Aquí abajo, lo considero mi amigo señor Zan, pero le ruego que no se confunda, el mundo y los dioses han olvidado esta parte de Utopía, aquí no importa nada, pero cuando salgamos, una vez que nos encontremos en el mundo, no dudare un instante en cometer ninguna atrocidad con usted.

No espere respuesta, simplemente me dirigí hacia las sombras para perderme de nuevo, alejarme de aquellas personas que habían terminado por dolerme más de lo que esperaba, en ese momento, mi corazón ardía con sentimientos encontrados y el sueño que me envolvió, como siempre, estaba lleno de horrores innombrables-
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Aengus Kean

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MensajeTema: Re: Un Mundo Bajo Las Grandes Estepas   Vie Mar 18, 2011 8:32 pm

Recostado sobre su caballo y los ojos cerrados su respiración era tranquila. Le había tocado descansar dejando la guardia de a sus compañeros. No confiaba en ellos, pero el encuentro con el dragón les había obligado a luchar juntos. Las batallas unen a la gente…pero también las separan. Peligro no sentía con ninguno de los tres: la humana no sabía empuñar un arma y debía de saber hacer algo por haber sobrevivido sola tanto tiempo, el pequeño silfo no era una amenaza aparente solo era un tostón continuo. A Aengus le gustaba el silencio, la tranquilidad, la armonía y con el silfo nada de eso reinaba. Por último, el hombre de negro, valiente, desquiciado y bien preparado. Se notaba la experiencia que tenía con el paso de los años.

Aengus se despertó pero no se inmutó. Quedó tumbado, escuchando el silencio y buscando la tranquilidad que amaba. Por desgracia para él, el silfo también se había despertado. No habló mucho pero con él despierto sabía que le tocaba aguantar. Decidió no moverse, no hasta que Zan y Suspiro terminaran su conversación. No le gustaba importunar conversaciones, y menos zanjar una por su presencia….cuando Suspiro acabo su largo “discurso” Kean bostezó dando por concluido su sueño. Ignoro a los otros dos, alrededor del fuego, y acaricio a su caballo. Era lo único que tenía y ni siquiera se había dignado a ponerle un nombre. Bueno, más bien, nunca encontró uno que le gustara para él. Tras dejar su muestra de afecto sobre su compañero de vivencias, cogió su odre de agua del zurrón y le pegó un pequeño trago. La cueva, gruta o como coño se llamara donde se encontraba le daban sed, por suerte, con el rio estaban provistos de sustancia acuosa para rato, cuando se acabara el odre se volvería a llenar sin problemas.

Aseguró la ballesta para que no se disparara por casualidad mientras estaba cargada. Dejarla sin cargar, era una falta de precaución que el humano nunca se hubiera permitido. Más de una vez, le había sido de utilidad, así que, se las apañaba para mantener su ballesta seguro de accidentes, y preparada para defenderse en un momento de peligro. La grandeza de las ballestas era su poder intimidatorio, no necesitaban colocarse al lado del amenazado, solo a la suficiente distancia como para no fallar el disparo. Aun así, Aengus lo que quería lo hacía por el mismo, no veía justo obligar a alguien a hacer lo que el requería. La belleza de la vida así no se conseguía.

Tras estirarse para quedar completamente libre de sus atrofiados músculos al dormir, se dirigió hacía la hoguera sin importarle nada de lo que le rodeaba, y menos, alguien de ese ambiente. Se sentó frente a Zan, sin mirarlo, ni dirigirle la palabra. Su mirada se centro en el fuego, deseando salir de allí lo antes posible, que la humana y el lord despertara y comenzaran de nuevo el viaje. Maldito el día en el que el suelo cedió dejándolos atrapados en la tierra.
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MensajeTema: Re: Un Mundo Bajo Las Grandes Estepas   Sáb Mar 19, 2011 6:30 pm

La joven había caído en un sueño profundo, el sonido del viento haciendo el vacío por las cuevas y el crepitar del fuego la ensimismaba aun mas dejándose llevar por la congoja.

“Se encuentra de nuevo en una estepa, aunque duda en que sea la misma, caminando en mitad de un desierto infinito hacia ninguna parte.
El sol abrasador hace hervir hasta su sangre y el sudor se desliza por su frente hasta llegar a las cejas para después caer al suelo. No lleva sus zapatos y tiene tantas heridas en los pies que ni los siente, intenta sobrevivir intentando ignorar el dolor, la sed, el hambre, el cansancio y el entumecimiento que siente en cada tramo de su cuerpo.
Seguir caminando para adelante es lo único que puede hacer mientras desea una muerte rápida que acabe con su sufrimiento y desazón.
Pero no puede soportarlo más, abatida cae al suelo de rodillas posiblemente magullándolas aún más y golpea el suelo con el puño gastando las pocas fuerzas que tiene. Lo golpea una sola vez, manteniendo el puño pegado contra la tierra. De pronto, se empiezan a formar unas pequeñas grietas a partir del puño que se van extendiendo rápidamente como raíces y la chica exhala con una sonrisa su último respiro mientras cae al vacío otra vez oyendo el crujir de sus huesos contra el suelo.”

Se despertó agitada por el sueño con sudores fríos. Miró a su alrededor y comenzó a examinar que el suelo de su alrededor fuera seguro. Tras palparlo varias veces se levantó y fue derecha al arroyo para lavarse la cara, se la secó con la manga mientras respiraba hondo para despejarse. Cuando acabó volvió a su sitio de descanso y aunque sabía que no iba a poder dormir las voces de sus compañeros de “aventuras” le hacían estar más relajada.

No atendía a la oscura historia de Suspiro solamente se limitaba a oír sus voces de fondo como un murmullo tranquilizador.
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Zan
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MensajeTema: Re: Un Mundo Bajo Las Grandes Estepas   Dom Mar 20, 2011 3:07 am

Zan escuchó atentamente las palabras de Suspiro, su rostro no mostraba su sonrisa tan común, pero tampoco una mueca de enfado o miedo, mas bien lo que tenia era tristeza, se compadecía por aquel hombre, pero no le importaba lo que hubiese echo malo. Y antes de que se fuese le dedicó unas sabias palabras.

-Suspiro... no importa que puedes haber echo en el pasado, todos podemos cometer errores, todos los hemos cometido, lo que importa es que en esta ocasión no has obrado mal... Dices que lo haces para salvar el alma, que no vea este mundo corrupto, pero piensa, si te hubieran echo eso a ti, tu no podrías haber visto el mal y haberlo corregido, a veces, lo mejor que puedes hacer para ayudar a alguien es dejarlo solo, que vea los errores que ha cometido y se corrija para así valorar realmente lo que tiene... Suspiro, no te consideres un monstruo, decidiste no hacerme daño, y eso es lo importante, aquello que nos deferencia de las bestias, aquello que nos convierte en persona, son las decisiones que tomamos-Dijo Zan mostrando un lado serio, para después añadir con una leve sonrisa de medio lado a lo que dijo mientras se iba.-Se que harás lo correcto, Suspiro...

Suspiro parecía haber pasado una dura vida, parecía haber sufrido las injusticias del mundo, y había intentado eliminarlas por la fuerza, Zan solo esperaba que sus palabras le hubiesen servido de ayuda para poder reformarse, no es que tuviera que obligarle a cambiar, pero el matar a personas solo le hacia daño a el mismo, y se notaba, no le gustaba tener que hacerlo, pero se sentía obligado a ello. Después de que se fuese Zan se volvió a colocar en su actitud normal, alejando los pensamientos malos y pesimistas, y volviendo a su sonrisa alegre a mirar y vigilar.

Pero no tardó en llegar Aengus, sin querer dormir mas se puso delante de Zan, mirando a las llamas que habían tras el, y el silfo se quedó mirando a todos lados, dedicando de vez en cuando una mirada a Aengus, le parecía un poco estresante... su actitud siempre fría, severa, sin sentimientos, era algo que no podía soportar, pero que mantenía oculto... ¿Quien diría que el silfo también podía molestarse? Su aspecto no lo reflejaba, eso si...
Águeda también se despertó, pero Zan no se dio cuenta, siguió vigilando, mientras las horas pasaban, esperaba a que Suspiro descansase, también le tocaba a el descansar, después de eso se iría a dormir de nuevo y dejaría tranquilo a Aengus para dormir un rato mas... y librarse del señor "soy frío e insensible y los demás me importáis una hormiga"

La noche seguía pasando, y las horas con ella... Zan empezaba a volverse a sentir cansado, y sobretodo... aburrido, no le gustaba nada de nada vigilar... pero debía hacerlo, le tocaba a él. Y los minutos siguieron transcurriendo, lentos y pesados... a lo lejos, por la poca luz y la distancia no se podía ver, pero el dragón que habían matado había sido ya devorado casi por completo, quedándose en los huesos con trazos de piel...

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Off: hasta el sábado ^^ Si, estos post se hacen muy tranquilos ¿no? xD
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MensajeTema: Re: Un Mundo Bajo Las Grandes Estepas   Sáb Mar 26, 2011 3:45 pm

Estaba sumido en sus pensamientos, observando las llamas de la hoguera. En realidad no prestaba atención al fuego, recordaba viejos momentos alejados en su mente y que intentaba mantener claros. No quería olvidar su pasado, por duro, negro y mal que lo hubiera pasado. Olvidar nunca era una buena elección, siempre era mejor comprender, analizar y superar para no volver a caer en el error. La experiencia le había llevado a recurrir a esa mentalidad. No era el primer caso que conocía de personas que había muerto por volver a sus raíces, por olvidarlas y no darse cuenta de donde encaminaban su vida. Todo esto era uno de los motivos por su vida apática con los demás. Sin contacto directo, pero comprendiendo los problemas en los que se encontraba. Era un buen método para un mercenario errante.

Ladeó su cabeza para mirar al silfo. No tenía nada que decirle, y por tanto, no se pronunció al respecto. El chapoteo del agua, le hizo volver a girar la cabeza para el rio. Águeda estaba sirviéndose del agua para despertarse, o al menos, espabilarse lo antes posible para darse cuenta de todo lo que ocurría delante de ella. Aengus dejó de mirarla, no había nada de interés en ver a una mujer lavarse la cara, ni aunque se lavase el cuerpo habría interés para él.

Se levanto para dejar al silfo solo. Dio una vuelta por los alrededores, no muy alejado del grupo, para cerciorarse de que todo estaba en orden y paz. Las sorpresas nunca venían bien, y ya habían tenido una nada más llegar. No era su turno de guardia, y no tenía por qué vigilar hasta más tarde, pero en juego estaba su vida y era mejor depender de sí mismo para salvar que depender de otros. No había nada preocupante, o al menos, no le pareció ver nada alarmante y volvió al mismo sitio de donde había venido. Junto a la hoguera.

Se sentó en el mismo lugar donde antes lo hizo. No miro a nadie, solo volvió a ver las llamas, escuchando el chisporroteo de la madera al quemarse lentamente, y volvió a sumergirse en su mundo, en su mente. Su infancia, si es que se le podía llamar infancia a lo que tuvo, le producían escalofríos que muy bien sabía disimular y ocultar con el paso del tiempo. Una vida construida mentira sobre mentira, obligado a creérselo. Tantas mentiras, hacían su verdad. Paso de su infancia al día que descubrió todo el mundo imaginario que se cernía sobre él. No tardo en planear su huida, lo habían tratado y cuidado como a nadie…pero a qué precio. No hizo nada contra ellos, pero lo buscarían para darle muerte por desertor. Cada día al amanecer, recordaba con sumo detalle todo lo que hizo, esperando no encontrar ningún fallo en su empresa precipitada. Hacía muchos años ya de esa noche, pero por muchos que pasaran, seguían buscándolo. Sabía demasiadas cosas como para dejarlo con vida a su libre albedrio. Una día, quizá no muy lejano, decidiera volver y plantar cara a todos ellos, aunque le supusiera la muerte, no era un mal precio para eliminarlos de la faz de Utopía.
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MensajeTema: Re: Un Mundo Bajo Las Grandes Estepas   Mar Mar 29, 2011 8:54 pm

El ambiente estaba algo cargado después de aquella conversación, pude observar como Zan no era el único en moverse en medio de la oscuridad, pero esta vez las conversaciones no formaban parte del sonido de la caverna, era siempre curioso observar a los integrantes de las razas, había conocido hadas con anterioridad y sin duda Zan formaba un ejemplo perfecto de su raza, un extraño silfo sin duda, pero con el espíritu de sus congéneres, era curioso no haber dado en un principio con su raza, sin embargo no era por su raza por lo que me sorprendía y me hacia esbozar una sonrisa mientras me acomodaba para descansar un momento, sino porque al escuchar sus palabras me di cuenta de lo diferente que había sido nuestra vida, me dolía pensar en lo que pudo ser de mí, me dolía estar cerca de aquel que me mostraba lo diferente que era el mundo para todos, pero eso era precisamente lo que me hacia sonreír, el hecho de que me doliera, significaba que seguía vivo, que podía sentir, que no era una espada atada al cuerpo de un Lord.

Siempre hay una primera vez para todo, sin embargo esta ocasión era especial, pues el sonido de la muerte no acompaño mi sueño, por primera vez, después de años de pesadillas sin final, tenía un sueño distinto, uno sin muerte, sin destrucción, sin gritos o llantos, sin lamentos, éramos mi montura y yo, cabalgando por las grandes estepas, sin heridas y sin que nadie me persiguiera, solo disfrutando de la libertad.

Extraña es la forma en la que nos afectan los acontecimientos, redención era la palabra que podría esperar después de aquella experiencia, me imagine que podría levantarme y encarar la vida de una manera distinta, pero aquel sueño solo me dio mucho más en que pensar, yo merecía esas cosas, era mi derecho ser libre, yo también merecía tener un final feliz y lo conseguiría.

Desperté después de una breve siesta, estaba listo, mi sangre manaba por mis venas con la insistencia de aquel que quiere partir de inmediato, recogí mis cosas y sin observar demasiado a mi alrededor simplemente me dirigí al grupo en general con una pregunta.

- ¿Estamos listos?, por mi parte podemos continuar cuando prefieran.


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Zan
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MensajeTema: Re: Un Mundo Bajo Las Grandes Estepas   Sáb Abr 02, 2011 9:28 pm

Tras un tiempo todos se encontraron despiertos, y a pesar de que la noche no había acabado continuaron, volviendo a seguir la luz que se veía en el horizonte, cada vez mas cercana, la luz aun era tenue, indicando que las criaturas del lugar aun disfrutaban de un placentero sueño... algunos temporales, otros eternos...
El grupo continuó su marcha, tranquilamente, sin demasiadas preocupaciones, hasta el momento lo mas peligroso había sido el encuentro con el dragón, no parecía que hubiese nada mas que fuese ofensivo en aquel lugar.
El silfo se hallaba incómodo, subido en su chocobo, removiéndose inquieto, no le gustaba estar tanto tiempo en silencio, al final estalló, sin poder contenerse.

-¡Hablen, kupó! No soporto este silencio... ¡Me taladra la cabeza!

Como si le respondiese, un rugido se escuchó, helando la sangre de todos los allí presentes, ese rígido era idéntico al que había emitido el dragón que se habían encontrado antes... Zan asustado giró su cabeza, buscando el cadáver para sentirse mejor, para decirse a si mismo que había sido su imaginación, que habían matado al dragón y no podía estar allí... pero... no encontró el cadáver... su palidez se notó... su pelaje era blanco, pero se notó mucho mas cuando la rosada carne de debajo también tomó ese color...

Otra vez el rugido... miró al cielo, y quedó horrorizado al ver el esqueleto del dragón, en el aire, batiendo sus alas y manteniéndose en vuelo con su esqueleto.

Dragón:
 

Un aura negra emanó de sus huesos, y de pronto, esta explotó, alcanzando al grupo... que sintió un poderoso mareo cuando la onda expansiva les alcanzó... Zan no podía moverse, se hallaba demasiado asustado, si ya de por si los dragones le daban miedo, uno esquelético, un dragón resucitado... le horrorizaba, no podía moverse, se había quedado estático. Sus piro, Aengus, y Águeda, sentían algo similar, pero menos fuerte, un enorme terror les inundaba, era como si el dragón desprendiese miedo, como si su cuerpo resúmase terror, que les alcanzaba, les era difícil moverse, era el aura de miedo de los dragones...

El alado resucitado se agachó y empezó a volar, cayendo en picado, en dirección a Águeda y los demás, con clara intención de acabar con ellos, les seria complicado enfrentarse a esa bestia con ese aura de terror presente, pero era necesario si querían continuar... Pues, aunque ninguno lo supiese, no se trataba mas que de otra prueba a superar... Y si lograban salir de aquel lugar con vida... saldrían con la experiencia ganada en aquel lugar, sabiduría y el conocimiento de que hay ciertos lugares que aun no se conocen, y que albergan mas de lo que podría parecer...

--------------------------------------------------------------

Off: Por favor... no conviertan el no postearme en una costumbre, no quiero terminar este rol prematuramente... Águeda, lamento lo siguiente, pero... si no me posteas en el proximo turno te sacaré como considere oportuno... no pienso tolerar tantos retrasos... Suspiro, entiendo, aunque podrias haberme avisado...
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