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 Pleniludio en la llanuras

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Gigi Boot

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MensajeTema: Re: Pleniludio en la llanuras   Lun Sep 20, 2010 10:16 pm


Todo parecía gris y lúgubre en el barco, aunque Seda no dejase de repetir que era un estupendo navío y que su tripulación era la mejor, a Gigi le parecía solo una barcaza pesquera teniendo en cuenta quién iba en ella; un rey, legendarios hechiceros... Pero para su alegría, poco después de zarpar comenzó a salir el sol, y con la misma dinámica que los remeros, fue cogiendo poco a poco fuerzas para picar allí donde golpeaban sus brazos. La callejera cerró los ojos disfrutando de la sensación, le gustaba el buen tiempo y las lluvias la volvían melancólica, si todo continuaba así sería un bonito viaje.

Claro que se percató de que Thauron se acercaba a las escalerillas de los camarotes apenándose por su condición, debía ser una lástima tener esa debilidad ante el astro y no poder disfrutar de lo más luminoso de la naturaleza, no sólo beber de sus rayos y dejar que le acariciasen, sino el simple hecho de ver las cosas en su perfecta iluminación, con total claridad, debía ser un precio muy alto el ser szvit. Por segunda vez se compadeció de él.

No tuvo mucho más tiempo para pensar en Kym, pues su vista dio a parar con Jeremy, quien se encontraba sentado en un rincón ocultándose del frío viento salado. También el chico le daba pena, parecía tan solo... ¿no se supone que eran amigos? Ella no había estado con él en esos días, y la avalancha de información y cambios en su vida habían sepultado la voz y presencia del pelirrojo en el grupo, parecía no ser nadie ahora, nadie para Samira, para Lobo, para Gigi...

_ Pobrecillo... debe de sentirse muy solo_ miró de reojo a la exmatrona que se ajustaba el chal volviendo de quién sabe donde_ no lo han tratado muy bien... me temo que la verdadera personalidad de Polgara es la duquesa de Erat...

Se mordió el labio inferior sintiéndose terriblemente culpable por la posición del chico, y quiso ir hacia él para compensar su falta, estarían juntos toda la travesía...

Cuando ya se dirigía hacia la figura agazapada, con mucha dificultad por el choque de las olas contra el casco, interceptó una conversación entre Seda y Polgara y olvidándose fácilmente con su mente voluble de su objetivo, se dirigió hacia ellos dispuesta a saber de qué se trataba esa expresión consternada de la mujer. Tan sólo alcanzó a escuchar la explicación del canal, y el consejo del príncipe que cumplió a rajatabla agarrándose a la baranda de la borda con todas sus fuerzas, pero la agitación no llegaba... miró hacia atrás al hombre comadreja buscando la burla en su rostro.

Y al hacerlo, vio tras él entre la espuma blanca del mar encabritado y las cabezas de la tripulación, un remolino de colosal tamaño que movía sus aguas con furia de un lado a otro. En él parecían estar enterrándose varios artefactos que no llegó a captar, y que sin embargo era demostración suficiente de su fuerza como para que la mercenaria soltase un grito asustado sabiendo que tenían que enfrentarse a ese coloso marino... ¡Pero no directamente! Escuchó el grito de Jeremy entendiendo en ese momento por qué le daba tanto miedo el torbellino: estaban yendo directos hacia él. Giró la cabeza con fuerza tal que sus trenzas se confundieron por un instante por dos salpicaduras de mar, y atisbó hacia el timón encontrando a un Gredlik de mirada firme y puños cerrados sobre dos de los mangos, era su intención dirigirlos a la enorme boca, y Gigi definitivamente declaró locos a ambos; tanto a Seda como al capitán.

Por suerte para sus nervios... “de acero”, no llegó a escuchar el pequeño apunte acerca de sus posibilidades que en cambio el chico pelirrojo sí oyó, quedó aterrado como era de esperar pero no hubo tiempo para respuestas, estaban entrando en el agujero. Entonces la rubia cerró los ojos con fuerza y ya no vio nada más; sólo escuchaba el rugido furioso de las aguas y sentía en su estómago cómo el navío iba perdiendo el paralelismo cayendo su proa en la corriente circular.. Después, un bucle eterno en su cabeza y en sus sentidos, iba muy rápido y con mucha fuerza, tanta, que la presión hizo abrir la boca a la callejera y comenzó a gritar para liberar toda agitación interior. Sus dedos estaban blancos de apretar la baranda y su cuerpo todo agarrotado manteniendo el equilibrio, no sabía cuánto duraría aquello hasta que, de repente, la velocidad cortó su rostro y abrió los ojos a tiempo de ver cómo el barco surcaba las olas casi sin tocarlas por la propulsión creada gracias al torbellino. Atrás quedaba el gigante de agua y frente a ellos dos tierras muy cercanas una a otra les veían atravesar el canal raudos como un ave.

El núcleo de intensidad y la sensación de vueltas aún en su cabeza y en su estómago hicieron caer a la chica de rodillas junto al casco, apoyando la frente contra la baranda fría por la humedad del mar. Respiró agitada y se llevó una mano a la cabeza cuando Seda se acercó a ella preguntando, con una sonrisa de lo más natural. Le miró de reojo y se tiró en el suelo bocarriba estirando los brazos.

_ Creo que voy a vomitar..._ murmuró quejándose. Alzó el rostro hacia atrás y vio en sentido inverso como el szvit salía del camarote.

¿Habría sentido él lo mismo? Al menos no lo había visto, no soñaría con ese enorme torbellino. Quiso ponerse en pie para ir en su búsqueda pero nada más intentarlo las piernas le fallaron temblando por la emoción, debía esperar un poco más.
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Kym Thauron

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MensajeTema: Re: Pleniludio en la llanuras   Mar Sep 21, 2010 4:13 am

Thauron iba subiendo las escaleras cuando vull a Gigi con un ligero tono verdoso conferido por el mareo y quejándose del nefasto viaje, aun con lo poco glamorosa de la situación El Szvit no pudo pensar en lo hermosa y coqueta que se veía con esas trenzas y sus piernas expuestas, como una invitación a ser acariciadas, y sobretodo con ese magnifico inigualable y duro trasero

Recordó cuando la hizo suya en aquella caverna y añoro volver a hacerlo, tambien recordo cuando la acaricio en el palacio de Fulrach, Como la habai sorprendido en la cueva, las piezas encajaban, esa sucia pasión cada todos los dias crecia por ella

Una tentación ambulante, otra cosa que le llama la atención es que la joven era mas invulnerable al frio que los demás, y pro supuesto mucho mas que el, ya que la callejera estaba habituada a no tener ropas y vagas pro l oque el frío nunca fue una preocupación como lo era la comida, justo al Revés que Thauron cuyo ambiente cavernoso cerca de los volcanes y la comida nunca fue problema hasta que su tribu fue tan numerosa que se acabaron todas las raíces

Seda sonrió por su comentario y pronto todos los demás salieron de sus camarotes,

La nave hizo su entrada en el puerto de Alon y quedó amarrada en uno de los muelles cubiertos de hielo.

No había mucho tiempo para platicar tenían prisa

Alon no se parecía a ninguna ciudad sendaria. Sus muros y edificios tenían una antigüedad tan increíble que más parecían formaciones rocosas naturales que obra de la mano del hombre.

Las callejas estrechas y serpenteantes estaban llenas de nieve y, detrás de la ciudad, las montañas se recortaban, blancas e imponentes, contra el cielo oscuro.

En el muelle los esperaban varios trineos tirados por caballos, con cocheros de aspecto feroz y animales muy peludos que pateaban la nieve dura con gesto de impaciencia. En los trineos había varias capas de pieles y Jeremy y Kym los mas vulnerables al frio se envolvieron en ellas mientras esperaba que Seda terminara de despedirse de Greldik y de los tripulantes, Kym Volteo a ver a Gigi a ver si no echaban de menos su capa pero n o temblaba en lo mas mínimo, para ella no hacia frío

Polgara Fulrach y el viejo lobo permanecieron callados en parte de atrás de la carroza mientras que Gigi Seda Jeremy y Thauron iban adelante

Seda: —Vamonos —indicó al conductor

El hombre del pescante lanzó un gruñido, tocó a los caballos con el látigo y el trineo inició la marcha calle arriba, siguiendo la ruta que habia tomado el Carruaje del Rey Fulrach


Las estrechas callejas estaban repletas de guerreros vestidos con pieles. En una esquina, el cochero hubo de detener la marcha mientras dos hombres corpulentos, desnudos de cintura para arriba bajo el frío terrible, estaban enzarzados en una lucha con llaves en plena calle, sobre la nieve, rodeados por una multitud de curiosos que los jaleaba.

El Szvit se impresiono al ver que aquellos hombres andaban sin ropa de lo mas comun ¿Acaso serian parientes de Gigi?

Seda: —Un pasatiempo habitual —explicó el hombre comadreja al Szvit al ver su asombro

El invierno es una época aburrida een Alon.

Jeremy: ¿Eso de ahí enfrente es el palacio? —inquirió interrumpiendo Jeremy. Seda respondió con un gesto de negativa.

Seda: Es el templo de Belar —le informó—. Hay quien dice que el dios Oso reside en él en espíritu, pero yo no lo he visto nunca personalmente, así que no puedo estar seguro de ello.

Cuando los luchadores se apartaron por fin de su camino, el trineo continuó la marcha.

En la escalinata de acceso al templo, una vieja envuelta en unas raídas prendas de lana y con el cabello revuelto y sucio cayéndole en guedejas sobre el rostro, se incorporó ayudada de un largo bastón que sujetaba con su mano huesuda.

Misteriosa Anciana: —Saludos, conde Seda —exclamó la anciana con voz cascada cuando el trineo se acercó a ella—. El Destino todavía te aguarda.

Seda: —Detén el trineo —ordenó al cochero con un gruñido, al tiempo que apartaba la capa de pieles y saltaba al suelo—. Martje —dijo a la vieja con voz atronadora—, tienes prohibido vagar por aquí. Si le cuento a Anteg que le has desobedecido, él hará que los sacerdotes del templo te quemen por bruja.

La anciana le respondió con un graznido que quería ser una risa y Jeremy Kym y Gigi pudieron advertir que advirtió que la desconocida tenía los ojos cubiertos por
un velo lechoso que le impedía ver.

Martje: El fuego no tocará a la vieja Martje —exclamó ésta con una risa que sonó como un aullido—. No es ése el Destino que le aguarda.

Seda: Basta ya de destinos —dijo Enojado—. Aléjate del templo.

Martje: Martje ve lo que ve —insistió la mujer—. La marca del Destino Esta Sobreti y tus acompañantes, sobre el cornudo y sobre la chica de las trenzas y las botas . Cuando te alcance, recordarán las palabras de la vieja Martje.

El Szvit volteo extrañado a ver a Gigi y luego se dirguio a la anciana

Kym: Cual marca? ¿Porque sobre nosotros?

Tras estas palabras, la anciana ignoro las preguntas del Avernus pareció mirar hacia el trineo donde Jeremy seguía sentado, aunque era evidente que sus ojos estaban ciegos. Su expresión cambió de pronto: la sonrisa maliciosa se transformó en una extraña mueca de asombro y respeto.

Martje: Salve a ti, supremo entre los grandes —murmuró con voz ronca al tiempo que efectuaba una profunda reverencia—. Cuando tomes posesión de tu herencia, recuerda que fue la vieja Martje la primera en saludarte.

Seda dio unos pasos hacia la mujer con un rugido, pero ella se escabulló lejos de su alcance, tanteando los peldaños con el bastón....

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Gigi Boot

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MensajeTema: Re: Pleniludio en la llanuras   Vie Sep 24, 2010 11:58 pm


Rodó por la madera húmeda por el oleaje y se incorporó poniéndose de rodillas. Ahora estaba ella ligeramente mojada y olía a sal, algo que a pesar de no ser del todo desagradable, prefería evitar lo más mínimo. Olió una de las mangas de su traje y la apartó con rapidez de su nariz enrojecida por el frío.

_ ¡Puaj! _ masculló_ huelo a pescado..

Al llegar al puerto fue realmente consciente del frío que hacía; el aire pasaba por sus ropas humedecidas y la recorrían los escalofríos, sus mejillas y la punta de su nariz estaban ruborizadas y de sus labios salía vaho, y sin embargo ella no sentía el frío en sus carnes gracias a una temperatura de por sí elevada, sin contar el constante movimiento que mantenía la chica de las trenzas. Desde que el barco atracó en el muelle no dejó de moverse con gestos más o menos necesarios, pero igualmente hiperactivos. Como era de esperar había olvidado su objetivo de acompañar a Jeremy, y sin embargo su sonrisa se ensanchó cuando Kym se acercó al resto del grupo, volviendo a caer de nuevo en ese campo imantado que creaba el szvit cada vez que se acercaba a ella.

Podía escuchar el hielo romperse cuando el casco luchó para poder llegar a su lugar, y se acercó a la proa viendo una fina capa de agua congelada que se partía con facilidad al chocar con la madera, amontonándose a su paso y dejando tras de sí la forma justa del barco. No tuvo mucho más tiempo para contemplar el curioso suceso ya que al parecer tenían prisa. Bajaron con cuidado y se pusieron en marcha caminando por las calles, todo estaba cubierto de un manto blanco puramente invernal.

_ Nieve..._ murmuró Gigi. Y sonrió.

Siempre le había gustado la nieve, jugar con ella y contemplar cómo descendía de los cielos, pero sólo entonces con el estómago lleno, un techo asegurado donde dormir y compañía con la que disfrutar, podía permitirse el lujo de alegrarse por una nevada, las cosas eran muy distintas cuando uno dejaba de vagabundear por las calles. Y aun con todo esa indiferencia entusiasta propia de la joven rubia no mermaba ni por el frío ni por la prisa. Cuando llegaron junto a los trineos los miró con sorpresa, pues jamás había subido a uno comenzando por el hecho de que estuviesen destinado a la aristocracia, y adjunto a ese motivo, la idea de que las calles donde ella vivía no eran demasiado anchas como para que uno de esos transportes cupiese por ellas. Sólo si se sabía ese dato sobre el pasado de la joven podría entenderse por qué al subir al trineo, se colocó de rodillas sobre el asiento mirando hacia la parte trasera, donde un segundo trineo esperaba que se pusiese en marcha la comitiva, y se quedó allí los primeros momentos del viaje.

Movía la mano viendo cómo los patines deslizantes hacían saltar la nieve a un lado y a otro, y hacía que ésta chocase contra sus mitones sintiendo por un instante el frío del hielo para que justo después la lana caliente lo recompensara. Aunque aprovechando su posición de espaldas al grupo, miraba de reojo a sus anchas tanto al chico como al szvit sonriendo enternecida para verlos a ambos envueltos en sus capas tiritando por el frío, aunque solo a uno de ellos le hubiese gustado ayudarle a entrar en calor... “¡basta Gigi!” se dijo “ controlate”. Con estos pensamientos y la mirada perdida en la nieve que dejaban atrás, no se dio cuenta de que el cochero frenaba, y casi se cayó cuando detuvo el trineo interrumpido por una pelea callejera.

Se acercó a ver a un grupo de hombres enzarzados en una acalorada pelea disputando a puñetazos algo que no pudo identificar a pesar de los gritos de ánimo de sus compañeros. El deporte de invierno, o así lo llamó Seda.

_ ¡Que salvajada!_ exclamó desconcertada la mercenaria_ ¿ no tienen nada mejor que hacer?

Siguió con la cabeza y la mirada el grupo que se alejaba mientras ellos se dirigían al corazón de la ciudad. Eran calles antiguas de construcciones casi ancestrales por lo que podía ver, le recordaba mucho a la ciudad donde solía rondar de pequeña, pero era imposible que se tratara del mismo lugar, allí no nevaba de esa manera.. ¿o sí? Se detuvieron por segunda vez al llegar a lo que Seda había nombrado como templo de Belar, y se asomó al exterior del trineo para ver a una anciana que al parecer había llamado la atención del príncipe con su presencia. Se inclinó hacia el cochero y preguntó en un susurro si conocía a la anciana, esperando la respuesta escuchó la conversación...

Era una adivina, o una vieja loca, según se mirase. Hablaba de futuros y destinos, y cubría sus ojos con una fina venda que representaba su ceguera a aquellos que la mirasen, y en cambio habló de cada uno de ellos como si pudiese verlos con la misma nitidez que un elfo.

_ ¡Pero qué mujer!_ murmuró para sí mirando a los demás, quería comprobar que no era la única que estaba alucinando con las revelaciones de la mendiga.

Y entonces miró a ambos y los añadió en su augurio, algo que hizo erizar la nuca de Gigi. Miró preocupada al szvit cuando éste le devolvió la mirada y preguntó, pero no obtuvo respuesta. A lo mejor la mujer también era sorda, pues cambió de tema como si nada centrándose en Jeremy. Saludó al pelirrojo con gran respeto y pronunció unas palabras que inquietaron a la chica más incluso que su propia profecía, y clavó sus ojos en el chico pelirrojo... ¿Quién sería él? Era evidente que no se trataba de un chico más, pero en su mente no encontraba el lugar que correspondía al niño de las mil preguntas.

Cuando la vieja ya se alejaba, se llevó una mano a las trenzas nerviosa y miró a Seda.

_ ¿Quién era esa? Parecía que la conocías de algo... ¿es verdad lo que dice?
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Kym Thauron

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MensajeTema: Re: Pleniludio en la llanuras   Sáb Sep 25, 2010 2:29 am

Seda: ¡Que va a ser cierto! Es una vieja chiflada —replicó la comadreja con el rostro lívido de furia haciendo gestos para que todos regresasen al trineo—. Siempre merodea por el templo, pide limosna y asusta con su palabrería a las mujeres crédulas. Si Anteg tuviera dos dedos de frente, la habría expulsado de la ciudad o la habría hecho quemar hace años.

Saltó al vehículo e indicó con sequedad al cochero que reanudara la marcha.

Pero antes de alejarse dijo la anciana dijo

Matje: Nos volveremos a ver

Todos volvieron la cabeza, al oír esto pero a la anciana ya no estaba por ninguna parte.

El palacio del rey Anteg era un edificio enorme y sombrío situado junto al centro. Unas alas inmensas se extendían a partir del edificio central en todas direcciones; muchas de ellas en ruinas, con sus ventanas sin cristales enmarcando el cielo a través de los techos hundidos.

No parecía haberse seguido ningún plan arquitectónico para la construcción del palacio, que más bien parecía haber sido varias veces ampliado de forma anárquica

Jeremy: ¿Por que tiene tantas partes vacías y convertidas en ruinas? —preguntó el muchacho a Seda mientras el trineo se introducía en el patio central cubierto de nieve.

Seda: Lo que unos reyes construyeron, otros soberanos lo dejan desmoronarse —replicó, lacónico—. Así son los monarcas.

Desde su encuentro con la anciana ciega del templo, el humor de Seda había cambiado por completo.

El resto de los viajeros habían desmontado ya de los trineos y los estaban esperando.

Una gruesa puerta revestida de hierro se abrió en lo alto de los anchos escalones que conducían al palacio, como si alguien detrás de ella estuviese aguardando su llegada. Una mujer de largas trenzas de color pajizo y envuelta en una capa de un intenso tono escarlata guarnecida de ricas pieles apareció en el pórtico que remataba la escalinata y contempló desde allí a los recién llegados.

Merel: Saludos, señor Seda, conde de Trellheim y esposo mío —dijo la mujer con aire ceremonioso.

El rostro de Seda adoptó una expresión todavía más sombría.

Seda: Merel —se limitó a responder con un seco gesto de cabeza.

Merel: El rey Anteg me ha otorgado permiso para acudir a recibirte, mi señor, como es mi derecho y mi deber —continuó la esposa de la comadreja.

Seda: Siempre has sido escrupulosa en el cumplimiento de todos tus deberes, Merel —asintió —. ¿Dónde están mis hijas?

Merel: En Trellheim, mi señor —respondió ella—. No me ha parecido una buena idea que hicieran un viaje tan largo con este frío.

En la voz de la mujer había un cierto tono malicioso. Seda exhaló otro suspiro.

Seda: —Entiendo —murmuró.

Merel: ¿He cometido un error, mi señor? —quiso saber .

Seda: Olvídalo —replicó él.

Merel Si tú y tus amigos estáis preparados, mi señor —dijo entonces la mujer—, os escoltaré hasta el salón del trono.

Seda subió la escalinata, dio a su esposa un solemne abrazo y ambos cruzaron el enorme umbral de la puerta.

Narrador: Resulta trágico —murmuró el viejo lobo sacudiendo la cabeza mientras, en compañía de los demás, ascendía las escalinatas de palacio.

Seda: No hay para tanto
.
Un grupo de guerreros en cota de malla se unió al grupo y lo escoltó por un laberinto de pasadizos, subiendo escaleras anchas y descendiendo por otras estrechas, internándose más y más en el inmenso edificio.

Samira: Siempre he admirado la arquitectura de este lugar —comentó la matrona con ironía—. Resulta tan inesperada...

Fulrach: Ampliar el palacio sirve de ocupación a los reyes débiles —apuntó el rey —. No es una mala idea, en realidad. En Sendaria, los malos reyes suelen dedicar el tiempo a promover obras públicas

Seda sonrió y añadió un nuevo comentario:

Seda: Majestad, siempre ha sido un problema evitar que los malos reyes se metan en líos.

Fulrach: Príncipe Seda —replicó el rey —. No le deseo ningún mal a tu tío, pero creo que sería interesante si la corona terminara por reposar en tu cabeza
.
Seda: Por favor, majestad —respondió Seda con fingida conmoción—, ni siquiera menciones tal posibilidad.

La sala del trono del rey Anheg era una cámara abovedada con un gran hogar en el centro, donde crepitaban ardientes troncos enteros. Al contrario que el salón del rey Fulrach, adornado con profusión de tapices, las paredes de piedra estaban aquí desnudas y las antorchas ardían y humeaban, colgadas de unas argollas de hierro clavadas en la roca. Los hombres que deambulaban junto al fuego no eran los elegantes cortesanos de Fulrach, sino más bien guerreros de largas barbas, relucientes en sus cotas de malla. En un extremo del salón había cinco tronos, cada uno rematado con un estandarte. Cuatro de éstos estaban ocupados y tres mujeres de aspecto regio conversaban junto a los mismos.

—¡Fulrach, rey de Sendaria! —anunció uno de los guerreros que los habían escoltado, tras hacer sonar el extremo de su pica contra el suelo de piedra gastado por el uso.

—Salud, Fulrach —dijo un hombre corpulento de barba negra que ocupaba uno de los tronos, poniéndose de pie. Llevaba una larga y arrugada túnica azul salpicada de manchas, y el cabello revuelto y descuidado. La corona de oro que portaba lucía un par de abolladuras y tenía rota una de sus puntas.

Fulrach: Salud, Anteg —respondió el rey de los sendarios con una ligera reverencia.

—Vuestro trono aguarda, mi querido Fulrach —indicó el hombre de aspecto desaseado con su índice dirigido hacia la enseña de Sendaria tras el trono vacante—. Los reyes de Algaria reunidos en este consejo dan la bienvenida a la sabiduría del rey de Sendaria.

A Jeremy, aquella forma antigua y pomposa de dirigirse le produjo una extraña impresión.

Jeremy: ¿Quién es cada rey, amigo Seda? —cuchicheó mientras se aproximaban a los tronos.

Seda: El gordo de la túnica roja con el reno en la enseña es mi tío, Rhodar uno de los reyes de una provincia Drasniana. El de cara chupada y vestido de negro con la enseña del caballo es Cho-Hag de una provincia Algaria. El grande de rostro torvo vestido de gris y sin corona que está debajo del estandarte con la espada es Brand, el Guardián de Riva.

Jeremy: —¿Brand? —lo interrumpió Garion, desconcertado al recordar las historias de la batalla del viejo lobo

Seda: Todos los Guardianes de Riva se llaman Brand —explicó Seda.

El rey Fulrach saludó a cada uno de los demás reyes con las formulas que parecían ser costumbre y ocupó su lugar bajo la gran bandera verde con la gavilla de trigo dorada, emblema de Sendaria.

—Salud, Mandrake, Discípulo de Aldur —dijo Anteg—, y salud a ti, Dama Polgara, honorable hija de Mandrake, el inmortal.

Narrador: No tenemos tiempo para tantas ceremonias, Anheg —respondió con acritud el señor Lobo, al tiempo que echaba la capa a su espalda y avanzaba unos pasos—. ¿Por qué me han convocado todos los reyes del este de Algaria?

Rodar: Permítenos seguir con nuestro pequeño ritual, Anciano —intervino con voz irónica el obeso monarca —. Rara vez tenemos la oportunidad de actuar como reyes. No tardaremos gran cosa.

El señor Lobo sacudió la cabeza, disgustado.

Una de las tres mujeres de aspecto regio se adelantó entonces. Era una mujer alta y hermosa, de cabello azabache y vestida con un traje largo de terciopelo negro ceñido con un delicado lazo. Hizo una reverencia al rey Fulrach y rozó su mejilla con la de él por un instante.

Islena: Majestad, vuestra presencia honra nuestra casa —dijo la mujer.

Fulrach: —Alteza —replicó con una respetuosa inclinación de cabeza.

Seda: Es la reina Islena —murmuró Seda a Kym Gigi y Thauron —, la esposa de Anteg. Siempre ha sido una niña consentida y malcriada, una vez se enojo conmigo porque le dije que ningún hombre que se precie de serlo se enamoraría de cualquier niñas pesadas, mimadas y creídas, por mas bonita que sea esta, a los verdaderos hombres les gustan las mujeres de verdad, no las niñas bonitas pagadas de si mismas, pero ella cree que pro casarse con un rey gano la discusión —El hombrecillo torció la nariz en una mueca de hilaridad contenida—. Miradla cuando salude a Polgara.

La reina se volvió e hizo una profunda reverencia al señor Lobo.

Islena: Divino Mandrake —exclamó con voz vibrante de respeto.

Narrador: En absoluto divino, Islena —respondió con sequedad el viejo.

Inmortal hijo de Aldur —continuó ella, sin hacer caso de la interrupción—, el más poderoso de los hechiceros del mundo. Mi pobre casa tiembla ante el tremendo poder que acogen sus muros.

Narrador: Una frase muy bonita, Islena —dijo Lobo—. Un poco inexacta, pero bonita de todos modos.

Pero la reina ya se había vuelto hacia Pol.

Islena: Gloriosa hermana... —se dirigió a ella.

Jeremy y Thauron: ¿Hermana? —repitieron los dos pelirrojos al unísono, sobresaltados.

Seda: La reina es una mística —respondió en voz baja—. Sabe algunos trucos de magia y se las da de hechicera. Observen.

Con un rebuscado gesto, la reina hizo aparecer en su mano una joya verde y se la ofreció a tía Pol.

Seda: La llevaba en la manga —cuchicheó alegremente.

Salgara: Un regalo regio, Islena —respondió tía Pol con una voz extraña—. Es una lástima que sólo pueda ofrecerte esto a cambio. —Y le tendió una solitaria rosa de un rojo intenso.

Jeremy: ¿De dónde la ha sacado? —preguntó el niño admirado.

Seda le hizo un guiño.

La reina contempló la rosa sin saber qué hacer y luego la guardó entre ambas manos. La examinó con atención y sus ojos se abrieron de sorpresa. El color desapareció de su rostro y le empezaron a temblar las manos.

La segunda reina se había adelantado hasta donde estaba Islena. Era una mujer rubia y delicada de hermosa sonrisa que, sin ceremonias, besó al rey Fulrach y al señor Lobo, para abrazar luego a Pol con calor. Su demostración de afecto parecía sencilla y desinhibida.

Seda: Es Porenn, orra reian e otra provincia Drasniana —anunció Seda, y Jeremy notó una extraña inflexión en su voz. Se volvió a mirarlo y apareció en su rostro un levísimo asomo de amargura, un parpadeo como burlándose de sí mismo. En aquel preciso instante, con la misma claridad que si lo hubiera iluminado una centella, Jeremy comprendió la razón del comportamiento de Seda, a veces tan extraño. Una oleada de comprensión se le subió a la garganta hasta casi impedirle la respiración.

La tercera reina, Silar de Algaria, saludó al rey Fulrach, al señor Lobo y a tía Pol con unas breves palabras en voz baja.

Cho-Hag, rey de los algarios, habló con una voz extrañamente grave:

—Tenéis conocimiento, inmortal Mandrake, del infortunio que nos ha sucedido. Es por eso que recurrimos a vos en súplica de consejo.

Narrador: Cho-Hag —replicó Lobo en tono visiblemente irritado—, hablas como salido de algún mal cantar de gesta arendiano. ¿De veras es necesario tanto «vos» y tanto «inmortal»?

Cho-Hag, con aire avergonzado, volvió la mirada hacia Anteg.

Anteg: Es culpa mía, Mandrake —dijo el rey de Cherek, apesadumbrado —. He ordenado a los escribas que tomen nota de cuanto se habla en el consejo. Cho-Hag, además de a ti, hablaba para la Historia.

La corona se le había ladeado ligeramente y ahora colgaba sobre una de sus orejas en posición precaria.

Narrador: La Historia es muy tolerante, Anteg —replicó Lobo—. No debes tratar de impresionarla pues, de todos modos, olvidará la mayor parte de cuanto hablemos aquí. —Se volvió hacia el Guardián de Riva y le dijo—: Brand, ¿te ves capaz de explicar todo esto sin excesivas florituras?

Brand: Me temo que yo tengo la culpa, Mandrake —dijo con voz ronca el Guardián, vestido de gris—. El Apóstata ha conseguido llevar a cabo su robo debido a mi negligencia.

Narrador: Se suponía que el objeto se protegía a sí mismo, Brand —le respondió Lobo—. Ni siquiera yo puedo tocarlo. Conozco al ladrón y no tenías ningún modo de impedirle que penetrara en Riva. Lo que me preocupa realmente es que haya sido capaz de ponerle la mano encima al objeto sin ser destruido por su poder.

Brand extendió las manos en gesto de impotencia.

Brand: Una mañana, al despertarnos, había desaparecido. Los sacerdotes sólo fueron capaces de adivinar el nombre del ladrón. El espíritu del dios Oso no reveló nada mas. Como sabíamos de quién se trataba, hemos tenido mucho cuidado en no citar su nombre ni el del objeto que se ha llevado.

Narrador: Muy bien —intervino Lobo—. El ladrón es capaz de captar palabras en el aire a enormes distancias. Yo mismo le enseñé a hacerlo.

Brand: Eso lo sabíamos —asintió Brand—. Lo cual nos lo hizo aún más difícil. Al comprobar que no venías y que mi mensajero tampoco regresaba, pensé que algo había salido mal y envié a mis hombres a buscarte.

Seda carraspeó y, con ademán respetuoso, interrumpió el diálogo.

Seda: ¿Puedo hablar?

Anteg: Desde luego, príncipe

Seda: ¿Creéis prudente continuar esta conversación en público? Los murgos tienen oro suficiente para comprar oídos en muchos lugares, y las artes de los grolims pueden extraer los pensamientos de la mente de los guerreros más leales. Lo que se ignora no puede revelarse, si captáis a qué me refiero....
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Gigi Boot

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MensajeTema: Re: Pleniludio en la llanuras   Miér Sep 29, 2010 6:10 pm


_ Respira Seda_ dijo en tono bromista.

Su única intención era calmar al malhumorado hombrecillo, que ahora subía al trineo con aires fulmimantes como si aquella anciana se hubiese convertido en una espina en su costado. Su rostro estaba levemente enrojecido y su ceño fruncido entre ofendido y meditabundo, no sabía por qué pero quiso conocer el destino que la anciana le tenía reservado al príncipe, y también cuál era el que a ellos les esperaba. Era más supersticiosa que creyente y esas cosas de los destinos, las lecturas de manos y demás tenían un tono intrigante para ella.

_ Nos volveremos a ver...

Gigi giró rápidamente la cabeza para no ver a nadie, era como si la voz de la vieja hubiese surgido del mismo viento. Miró al szvit y al chico y se encogió de hombros sin saber qué decir.

Todos regresaron a sus sitios y el trineo se puso en marcha. No muy lejos de allí se empezaba a ver la impresionante construcción de un palacio-araña, cuyos brazos se expandían hacia todas las direcciones como rayos de sol, o dedos que todo lo querían abarcar. Aluna de las alas estaban más estropeadas y otras dejaban ver su joven edad en la piedra cuidada y la pulcritud de sus molduras. Jeremy preguntó insistente en su eterna curiosidad acerca de es estado neo-antiguo del palacio, a lo que el hombre comadreja respondió con una frase tan sencilla y rotunda que la joven de las trenzas no pudo más que cruzarse de brazos y asentir acorde.

Legaron a la escalinata principal y una mujer de bonitas y largas trenzas rubias como las suyas les esperaba con aire regio y sonrisa bondadosa. Anunció como heraldo a Seda, pero aclaró su matrimonio con él... así que esa era la mujer del hombrecillo, no entendía por qué no le gustaba o no lo aceptaba, parecía muy buena. La conversación fue fría e incómoda para el resto, pero Gigi no se atrevió a intentar de nuevo sus artes para suavizar el ambiente, en lugar de ello aprovechó cuando subían las escaleras interiores para acercarse a Samira:

_ ¿Por qué trata así a su esposa? La vi muy complaciente.._ murmuró intentando que Seda no la escuchara.

Pero parecía que la estructura por la que transitaban traía más preocupada a la hechicera que su pregunta, así que guardó silencio resignada y esperó a encontrar un momento más oportuno donde enterarse de todo. También le hubiese gustado preguntar sobre sus hijas, y por qué le había molestado que no las trajera.. era evidente que se había molestado, por mucho que lo negara. Continuó al comentario de Polgara una breve conversación acerca del entretenimiento de los reyes y, tras la liviana charla, no pudo meter su cuchara pues ya habían llegado a la sala del trono.

Era algo arcaica y parecía más bien de la época de los pequeños reinos que de la Era de la Tarasca, donde predominaban las poderosas ciudades y el comercio, en lugar de los consejos de reyes y sus linajes. Entrar allí era como transportarse en el tiempo para aquellos que conociesen el pasado, Gigi simplemente vio una cámara anticuada y en ella varios reyes con sus doncellas acompañantes. Saludaron ceremoniosamente a Furlach y lo instaron a ocupar su puesto, de una manera tan pomposa que hasta habría que descifrar el mensaje.

_ Tiene pinta de ser una charla amena, ¿eh?_comentó con ironía a Thauron, seguramente él estuviese igual de confuso.

Jeremy tuvo el acierto de preguntar acerca de los reyes y así sin tener que abrir la boca la rubia de las trenzas fue obsequiada con la información que le faltaba acerca del lugar donde todos se habían reunido. Resultaban al parecer tres mandatarios de renombre, pero no había oído hablar de ellos mas allá del viaje que estaba compartiendo. ¿Tan importantes serían? Saludaron del mismo modo a Lobo y Pol, y con una sonrisa Gigi comprobó que el anciano no iba a aceptar esa lentitud de tratos que les hacía perder el tiempo en su caputra. Se cruzó de brazos satisfecha y escuchó; los reyes temían perder sus códigos, esa era la razón del espectáculo que más parecía una parodia.

Se presentó ante ellos una mujer preciosa, de cabello negro como el ónice pulido y brillante, con una silueta escultural y rostro de rasgos claramente nobles. Saludó con el mismo renombre a los dos varones mientras Seda explicaba su conducta, ahora que la miraba de cerca, Gigi se daba cuenta de que sus ojos miraban sin ver, era como una molestia para ella tener que prestarles atención y la curva de sus cejas tal vez sólo hubiese sido un desperfecto, o una intencionada mueca... Aún así lucía hermosa y la chica se descubrió acariciándose las trenzas con nerviosismo mientras veía el juego de las dos “hechiceras” Su intento había quedado aplastado por la magia de polgara, y se demostró en su cara la sorpresa... Hermanas, había dicho el comadreja.... ella no las veía demasiado parecidas.

_ Entonces, ¿es hija de Lobo? Se ve mucho más joven que Polgara, no me salen las cuentas...

La segunda en cambio parecía dulce y afectuosa, y Gigi sonrió al verla abrazar a Pol con esa calidez que Islena había congelado a su paso, la voz de Seda al presentarla se transformó y la rubia lo miró de reojo extrañada. No sabía por qué había alterado su ánimo, pero creyó que tampoco era momento para preguntar.. en lugar de ello se percató de que también Jeremy lo miraba y, a diferencia de ella, parecía comprender muchas más cosas con la mirada del príncipe. A veces se sorprendía y también se llenaba de orgullo ante las demostraciones de la mente avispada del pelirrojo.

Una tercera mujer se acercó a ellos con palabras calmadas y recatadas, pero Seda no le dio más importancia, no era hora de fijarse en las habladurías, se estaba llegando al tema esperado;

_ Tenéis conocimiento, inmortal Mandrake, del infortunio que nos ha sucedido. Es por eso que recurrimos a vos en súplica de consejo.

Según lo que podía interpretar, el objeto del que hablaban era aquel que ella había creído, pero la misma duda que tenía desde que su hipótesis fue confirmada se hizo palabras en la boca de Mandrake. El ladrón había sido capaz de robar el objeto sin dañarse y... ¿cómo? Espera un momento... Lobo había dicho que él mismo le había enseñado al ladrón a captar pensamientos en el aire, ¿cómo era posible que él instruyese al ladrón? No tenía ni pies ni cabeza, tampoco afirmar que alguien pudiese oír a tan largas distancias, las cosas se salían de la leyenda para convertirse en demasiada fantasía.

Gigi se mordió el labio y miró a Seda esperando obtener más información sobre el caso pero, en lugar de ello, evidenció el peligro al que se estaban exponiendo por hablar de lo que no debían delante de los demás. Pero... la callejera miró a un lado y al otro viendo la poca gente que había en la sala. Agarró del brazo a Kym para que se acercase a ella y le preguntó en un murmullo:

_ ¿Se refiere a nosotros?
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Kym Thauron

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MensajeTema: Re: Pleniludio en la llanuras   Miér Sep 29, 2010 9:50 pm

Thauron estaba demasiado interesado en la conversación cuando la hermosa botuda lo tomo del brazo y lo atrajo hacia a si, el Szvit sonrío de buena gana ante su gesto y se quedo cavilando en su pregunta, luego de pensárselo un poco se acerco a ella y pese a que sabia que era de muy mala educación, le susurro al oído...

Kym: Me parece que si... aunque ahora creo saber, el porque de tanto misterio

En tanto la conversación entre los reyes seguía son ellos y prestándoles poca o quizas nula atención

—Los guerreros de Anteg no son tan fáciles de comprar, Seda y aquí no hay un solo grolim.

Seda: ¿También confías tanto en los sirvientes y en las criadas de la cocina? —insistió—. Yo he encontrado grolims en los sitios más insospechados.

Rhodar: Lo que apunta mi sobrino tiene algo de razonable —intervino el rey Rhcon aire pensativo—. Drasnia posee siglos de experiencia en la recopilación de información y Seda es uno de nuestros mejores agentes. Si él cree que nuestros comentarios pueden llegar más lejos de lo que desearíamos, tal vez sería mejor hacerle caso.

Seda: Gracias, tío —dijo Seda con una reverencia.

Anteg: ¿Podrías tú introducirte en este palacio, príncipe? —preguntó el rey Anheg en tono desafiante.

Seda: Ya lo he hecho, majestad —confesó Seda con modestia—. Una decena de veces o más.

Anteg se volvió hacia Rhodar con una mueca inquisitiva. Rhodar carraspeó ligeramente y se disculpó.

Rodar: Hace ya tiempo de eso, Anheg. No era nada serio. Sólo sentía curiosidad por una cosa, nada mas.

Anteg: No tenías más que preguntar —dijo en un tono de voz algo ofendido.

Fulrach: Amigos —interrumpió el rey —, el asunto que tenemos ante nosotros es demasiado importante para correr el albur de verlo comprometido. ¿No sería preferible excederse en la cautela, en lugar de correr riesgos?

El rey Anteg frunció el entrecejo y se encogió de hombros.

Anteg: Como os guste —murmuró—. Continuaremos esta conversación en privado, entonces. Primo, ¿querrás despejarnos el viejo salón del rey Eldrig y montar una guardia de seguridad en los pasadizos de los alrededores?

Guardia: Ahora mismo, Anteg —asintió Barak, quien tomó una decena de hombres y abandonó el salón.

Los reyes se levantaron de sus tronos... todos salvo Cho-Hag. Un soldado poco robusto, y con la cabeza rapada, salvo un mechón largo, se adelantó un paso y le ayudó a ponerse en pie y caminar.

El niño pelirojo o se volvió hacia Seda con aire inquisitivo.

Seda: Sufrió una enfermedad cuando era niño —explicó en voz baja—. Le dejó las piernas tan débiles que no puede sostenerse en pie sin ayuda.

Jeremy: ¿No le impide eso desempeñarse como rey?

Seda: Los de su clase pasan más tiempo montados a caballo que con sus pies en el suelo

Todos los siguieron Kym y Gigi permanecieron en la retaguardia del grupo mientras éste avanzaba por los pasadizos, bajo las corrientes de aire, en dirección al salón del rey Eldrig.

El Szvit pretendia no mirar a la trenzuda, aunque era evidente que no podia dejar de verla...

Justo antes de entrar al salón, El Sdzvit cogio a la trenzuda del brazo

Kym: Espera Gigi necesito decirte algo....

Todos entraron al salón los guardias se habían quedado muy atrás cuidando la entrada del pasadizo, desde luego no era de desconfianza ya que tanto lobo como la matrona Samira, podía escuchar la conversación perfectamente aun desde muy lejos...

Kym : Gigi l oque yo quería decirte es...

El Szvit estaba a punto de decirle algo pero en eso llego Samira con Jeremy de la mano

Samira: Tal vez el consejo se prolongue bastante y Jeremy se va a cansar mucho antes de que termine. Pero tengo miedo de dejarlo solo, por favor Llévenlo a la armeria para que se entretenga

El Szvit asintió obediente y miro a Gigi de reojo

Jeremy: ¿Qué podría hacer yo en una armería? —preguntó en tono protestante

Samira: ¿Acaso prefieres el fregadero?

Replicó tía Pol en tono mordaz.

Jeremy: Pensándolo bien, creo que me gustaría ver la armería.

Samira: Estaba segura de ello. La encontrarás en el fondo de este pasillo.Es la sala de la puerta roja.

Samira: Tengan cuidado de que no se corte ni nada parecido.

Asi pues Gigi, Thauron y Jeremy este ultimo con aire enfurruñado, recorrieron con lentitud el pasillo que le había indicado Samira los centinelas apostados en el pasadizo ante las puertas del salón del rey Eldrig hacían imposible incluso escuchar a escondidas.

El pasadizo por el que avanzaban estaba mal iluminado por un puñado de antorchas instaladas en unos aros de hierro en las paredes. Desde ese corredor partían aquí y allá diversos pasillos secundarios, aberturas lóbregas que se perdían al fondo en las tinieblas más absolutas.

Hasta que por fin llegaron a la armería, El pelirrojo corrió a ver las armaduras...



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Gigi Boot

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MensajeTema: Re: Pleniludio en la llanuras   Vie Oct 01, 2010 9:56 pm


Asintió ante el comentario del szvit y le sonrió con complicidad, sabía que ambos estaban igual de perdidos y en parte eso la reconfortaba. Tenía la sensación de que ante ella se estaba formando un tsunami y no tenía ojos ni oídos para saberlo, era una auténtica ignorante que sólo podía conocer a través del miedo de los demás.

Se cruzó de brazos satisfecha pero la conversación no indicaba el momento de marcharse. Continuaban poniendo peros al consejo de Seda, algo que no entraba en la mente de Gigi.

_ ¡Pero qué testarudos!_ se quedó susurrándole al szvit_ Yo ya he aprendido que es mejor hacer caso de lo que dice Seda siempre, hasta un asno lo haría..

La mala o buena educación eran términos que poco conocía, y que le pillasen hablando a escondidas y- para qué negarlo- mal, de los reyes allí presentes le traía más bien sin cuidado. Esa reunión no estaba más que aportando pruebas a su idea de que los monarcas eran seres incapacitados, un estorbo para la libertad. Había prestado atención en el pequeño debate acerca de las aptitudes que debiera tener un gobernante, y sobre el hecho de que la inteligencia no formara parte de ellas... La rubia creía que debían tener como norma no ser estúpido, simplemente; ella se consideraba una persona poco inteligente, avispada tal vez, pero la sabiduría no iba con ella... en cambio, que una callejera fuese capaz de reconocer un buen consejo y un grupo de reyes... ¡¡de 4 reyes!! no fuese capaz de verlo le hacía hervir la sangre.

Sonrió con una mueca maliciosa cuando Seda dejó entrever sus inserciones en el palacio del rey Anteg, y cómo éste miraba incrédulo a tío y sobrino en busca de una explicación. Así que el comadreja era un agente... la mercenaria arqueó una ceja y lo miró de arriba abajo, ahora que lo decían tenía bastante aspecto de espía. Se preguntó cuántas sorpresas podía esconder una personita de tan reducido interés físico: era príncipe, espía, estaba casado con hijas... ¿era dueño de un rebaño de unicornios? Si Seda lo hubiese afirmado, Gigi se lo habría creído. Ese hombre era capaz de cualquier cosa con las palabras, de eso no cabía duda.

Se decantaron por escuchar al razonable príncipe y se pusieron en marcha. Entre ellos el más anciano de todos necesitó de ayuda para poder caminar, y rápido como una flecha ígnea Jeremy preguntó a Seda para conocer, siempre para conocer.

_ Pobre... No debe haber podido disfrutar demasiado de su vida de rey_ murmuró más para sí que para el resto con cierto aire malicioso.

Por suerte nadie parecía haberla escuchado, y ahora todos se encaminaban hacia la sala indicada.. Gigi y Thauron se habían quedado muy atrás, algo que en absoluto incomodaba a la chica. Miró de reojo al szvit y siguió sus pasos tranquilamente deseando que la charla se prolongase largamente.. Con todo ese caos no habían tenido mucho tiempo para hablar y tras la noche anterior sentía cada vez más deseos de pasar tiempo junto a él, a solas... No se dio cuenta de que sus mejillas la delataban cuando pensaba en ese tipo de cosas pero ¿quién podía saber qué pasaba por la cabeza de la atolondrada trenzuda? Ya comenzaba a pensar en qué decir cuando se quedasen a solas, cuando un contacto cálido la hizo despertar de su meditación llamándola a mirar a los ojos gélidos del cornudo. Lo miró sorprendida por que fuese él quien iniciara el roce, lo veía tan distante.. En cuanto sintió su piel lo quiso abrazar de nuevo, aunque él parecía más bien preocupado por algo, y así se lo hizo saber. Tratando de calmarle, la rubia sonrió amable esperando que encontrara las palabras.

_ ¿Sí...?

_ Tal vez el consejo se prolongue bastante y Jeremy se va a cansar mucho antes de que termine. Pero tengo miedo de dejarlo solo, por favor Llévenlo a la armeria para que se entretenga

Gigi saltó sorprendida por la llegada de Samira y con su gesto brusco se apartó de Kym sin pensar lo que acababa de hacer. Lanzó una mirada furibunda y de reojo al szvit en una disculpa silenciosa, incómoda por la presencia tanto del chiquillo como de la hechicera. Musitó una aceptación casi sin ver a Jeremy y se giró en dirección a la armería. El silencio era vibrante y todos parecían en ascuas, hasta que el chico pelirrojo entró y salió corriendo para ver las armas.

_ Qué chasco..._ le comentó en voz baja a Kym cuando quedaron ambos rezagados en la puerta_ Qué manera de interrumpir las cosas... lo siento ¿qué ibas a decirme?
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MensajeTema: Re: Pleniludio en la llanuras   Sáb Oct 02, 2010 1:44 am

El Hijo de Bairack estaba un poco contrariado por ese atisbo de impertinencia de parte de la matrona pero pensó que en la armería mirándola con cierto desdén, el lugar era polvoriento y olía demasiado a metal, Gig le pregunto sobre que queria decirle pero el Szvit negó con la cabeza, entonces vio al final del salón un corredor que daba a unos jardines...

Con movimientos toscos y carente de la elegante languidez que hbuiera tenido, por ejemplo Seda, el avernus tomo a Gigi del brazo y la condujo por el corredor, mientras Jeremy se entretenía viendo las armas

Kym: No puedo decirte l oque quiero en este lugar, no es apropiado, ven, vamos al jardín

Al final había unas escaleras, y esta a su vez a un jardín una vez afuera había un ambiente distinto al agreste edificio subterráneo

Era un bello parterre, bien cuidado. Las ramas de un enorme tilo arrojaban densas sombras sobre el sendero. El lugar lo embebió de una paz que desplegaba la melancolía de los arbustos de puntas plateadas, brillantes, húmedos y tachonados de llorosas gotas de lluvia

Bajo el intenso claro de luna que caía del cielo. Las estrellas titilaban en lo alto, diamantes desparramados en el velo aterciopelado de la noche

El Szvit suspiro ajeno al frió aquel lugar era como un silencio en mitad del ruido era perfecto para l oque tenia que decir así que comenzó a hablar

Kym: Desde aquel día que me atrapaste, comencé a odiarte y jure que me vengaría de tí... la verdad es que estaba esperando la oportunidad, para estrangularte, pero todo este tiempo que hemos convivido, me has contagiado con tu animosidad y con tu manera de ser, tan nítidamente jubilosa y entusiasta, siempre sabes como alegrarme. Eres como eres porque si, porque ese es tu papel. El brillo de tus ojos, tu sonrisa, la forma como dices las cosas. Creo que conocerte es lo mejor que me ha pasado en la vida, en el libro de mi vida estas en cada pagina

Hizo un pausa reflexivo, tratando de contener su propia desesperación

Kym: La verdad es que n ose que pienses tu pero... yo tengo que decírtelo... antes de que aparecieras mi vida no tenia mucho sentido. Pero ahora cada noche sueño contigo y cada mañana despierto con la ilusión de verte, oírte, de estar contigo. Es difícil que no te quiera toda la gente sólo con verte. Pero amarte de verdad hasta la desesperación.....

En eso se escucho un ruido sordo del interior del edificio

Jeremy: ¡Auxilio, Auxilio, Auxilio por favor ayuda!

Se escucharon los gritos desesperados del pelirrojo del interior de la armería, Kym alarmado se distrajo y corrió en auxilio del niño a ver que le había pasado....
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Gigi Boot

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MensajeTema: Re: Pleniludio en la llanuras   Sáb Oct 02, 2010 1:31 pm

Miró la armería con aburrimiento. Las armas estaban muy bien cuidadas y resplandecían cuajadas de joyas en sus empuñaduras y en vitrinas se mostraban diferentes medallones con el escudo de la casa y versiones más arcaicas del mismo, mostrando la evolución del reino en una urna de cristal. Los estandartes se apilaban en un rincón o bien los más simbólicos se colgaban en las paredes altas a modo de tapiz, los escudos con sus respectivas lanzas, incluso protección para los corceles, negras, plateadas, doradas... Jeremy tenía todo un mundo que ver.

Kym la agarró por el brazo quizás con un poco de fuerza, pero eso sólo hizo que Gigi quisiera seguirlo allá a donde la llevaba esperando que esa intensidad significase algo bueno. No tenía la más remota idea de lo que el szvit podría decirle, pero en su mente resplandecían dos posibilidades como antónimas: la primera, era reconocerla como amiga entablar de una vez por todas las diferencias del pasado... la segunda era todo lo contrario, que definitivamente le declarase su intención de acabar con ella... O... una tercera idea se cruzó haciéndole creer que por fin conocería el secreto de los sueños y realidades. Fuera cual fuere, su corazón latía con mucha fuerza y era increíble que el pelirrojo no pudiese oírlo.

Miró hacia atrás en el preciso instante en que dejó de ver a Jeremy y se preocupó por un instante al dejarlo solo, pero después se tranquilizó pensando que no había modo alguno de que estuviese en peligro, allí no había nadie y oirían el escándalo si llegaba algún soldado. Con este autoconvencimiento salieron al jardín. Era un sitio precioso, aunque el aire frío de la noche recorrió a la rubia erizando su piel y tersando sus pechos. Cruzó los brazos frente a éste para disimular el efecto de la temperatura y miró a Thauron, quien parecía bastante ansioso por hablar.

De nuevo, le sonrió queriendo infundirle ánimos, y un resplandor a su espalda le hizo mirar hacia los arbustos, donde pequeñas gotas escarchadas resplandecían dándole al ambiente un toque mágico. Con una sonrisa, volvió su atención al szvit.

_ Desde aquel día que me atrapaste, comencé a odiarte y jure que me vengaría de tí... la verdad es que estaba esperando la oportunidad, para estrangularte...

“Ya está” pensó la mercenaria borrando de un plomazo su sonrisa “ me ha traído aquí para estrangularme... si es que lo sabía, ahora qué....”

_ pero todo este tiempo que hemos convivido, me has contagiado con tu animosidad y con tu manera de ser, tan nítidamente jubilosa y entusiasta, siempre sabes como alegrarme. Eres como eres porque si, porque ese es tu papel. El brillo de tus ojos, tu sonrisa, la forma como dices las cosas.

Entonces sonrió de nuevo con cariño. Esas palabras quedaban incluso más dulces en el extraño acento del szvit, cerró los ojos aliviada y en parte agradecida por ese pequeño momento, pero eso no era todo...

_ Creo que conocerte es lo mejor que me ha pasado en la vida, en el libro de mi vida estas en cada pagina.

Ahí no pudo evitar ruborizarse y bajar la mirada. ¿Sería Kym consciente de lo que significaban esas palabras...? Su corazón empezó a latir con rabia de nuevo y el calor se extendió a su cuerpo insensibilizándola a la temperatura de la noche. Él también parecía ansioso, y se mordió el labio inferior perdiéndose en sus ojos con una desesperación agónica por preguntar, por saber si...tal vez...

_ La verdad es que n ose que pienses tu pero... yo tengo que decírtelo... antes de que aparecieras mi vida no tenia mucho sentido. Pero ahora cada noche sueño contigo y cada mañana despierto con la ilusión de verte, oírte, de estar contigo. Es difícil que no te quiera toda la gente sólo con verte. Pero amarte de verdad hasta la desesperación.....

Gigi tenía los ojos bien abiertos y lo miraba con los labios despegados en una expresión de ensimismamiento brutal, y es que así estaba, completamente anonadada en los ojos del zvit, escuchando sus palabras atónita e incrédula, pero el calor se había concentrado en su pecho como un bálsamo curativo que le contagió una alegría desconocida.

Por esa oleada de sensaciones tardó un segundo más en ser consciente de que, efectivamente, alguien había gritado. Kym corrió raudo hacia la armería y la mercenaria lo siguió al principio con torpeza, hasta que salió de su burbuja para captar que Jeremy estaba en peligro. Corrió hacia él y buscó en la armería con desesperación, esperando que sólo hubiese sido su imaginación...
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FIN

Continuará...
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Pleniludio en la llanuras
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