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 Cosas del Destino...[Privado]

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Vadallat Salomé

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MensajeTema: Cosas del Destino...[Privado]   Miér Oct 13, 2010 9:58 pm

-Ya he escuchado hablar mucho de los Bosques Eternos.. quiero conocerlos-

Pensaba la lobata aquella cuyo dueño vestía tan extravagantemente, sí, Salomé la Loba Gitana, esa de pelaje marrón a quien siempre le acompañaba su fiel y negro corcel, Sorpio. La joven de piel morena que bailaba en las calles para recolectar algo de dinero mientras su curioso caballo agitaba el pandero.

Salomé había estado viviendo algún tiempo en la Cosmopolita Syael debido al “hogar” de su (de cierta manera) dueño, quien formaba una parte importante en el ejercito imperial de dicha ciudad, un reconocido elfo de nombre Kefka Palazzo quien por cierto tenía una fama un tanto “escandalosa”.

Cierta mañana Salomé había decidido ausentarse de aquel lugar, tal vez por la apatía que sentía ante los presentes pues en su mayoría eran humanos, la raza que menos soportaba la lobezna. Sin haber dado si quiera aviso alguno a Kefka había decidido partir. No se iría por siempre, no, sabía que regresaría, por alguna razón le tenía aprecio a aquel maniático arlequín, realmente no le importaba lo que dijeran los demás, Salomé se sentía cómoda con Kefka pero en esa ocasión simplemente quería alejarse de tan pesada compañía humana, realmente deseaba conocer el tan mencionado Bosque Eterno pues hacía tiempo que no sentía lo que era la “libertad” su libertad.

En un principio cabalgaba sobre Sorpio, después de haber avanzado ya casi un medio día entero, había preferido dejarlo descansar, por lo que tomando su forma lobezna se detuvo en un inmenso paisaje serpenteante de veredas y angostos caminos para cazar una que otra liebre, de ese modo no le haría falta comida. Salomé tenía ganas de convivir con la naturaleza, hacía mucho tiempo que no lo hacía, tanto que sentía que su cuerpo ya despedía el olor de la sangre humana cosa que le era sumamente repulsiva. A la lobata no le gustaba pelear claro esta, si es que no había una buena razón por delante, pero con Kefka las cosas eran al revés… "...La destrucción solamente toma sentido cuando no tiene ningún motivo en especial..." si, esa era una frase muy típica de el que a la chica le parecía irrelevante, fastidiosa y un tanto sátira.

Estando en el bosque se había olvidado por completo de su subordinación hacía con Kefka, lo tenía ahí, muy dentro de la cabeza, pero en ese momento solo quería disfrutar su tan efímera libertad, sabía que tarde o temprano debería regresar a aquel aburrido y apático castillo rodeado de humanos.

Pero por ahora todo el tiempo del mundo era suyo y con lo único con lo que tuvo que lidiar hasta ese momento había sido un simple grupo de bandidos quienes ilusamente intentaron despojar a la loba de su tan amado corcel, había sido tan simple para ella alejarlos y asustarlos, si, definitivamente esos hombres no regresarían. Le era agradable el camino, demasiado, incluso pensaba que por las noches las mismas ramas de los árboles le cobijaban, si, definitivamente no había olvidado lo que era ser una loba, ese vinculo con la naturaleza tan arraigado continuaba incesantemente dentro de su corazón, en cada palpitar.

Ahora la lobata circundaba los derredores del Bosque Eterno. Muy cercano a el había una pequeña aldea, Salomé no se había inmutado en tener relación alguna con los humanos del lugar sin embargo si era necesario darle un lugar adecuado a Sorpio, el no podía quedarse a dormir en el bosque como su ama lo hacía, así que tomando su forma humana y fingiendo ser una joven y muda gitana, la chica le había conseguido ya un establo donde pudiese quedarse, ¿Cómo lo pagaría?... Muy fácil, por algo sabía bailar.
No obstante, a los pocos días de haberse instalado en el recinto los murmullos de la gente llegaban a sus oídos. La gente hablaba sobre cosas que no entendía, hablaba de bestias, hablaban de enfermedades, pero ¿Qué no las bestias eran ellos?¿Los humanos eran una epidemia? Pues si, para la lobata los humanos eran una epidemia andante que acababa con la naturaleza y sus congéneres de forma brutal y salvaje. Así que desde el momento en el que esos murmullos se habían hecho presentes, procuraba no acercarse en su forma lobezna al sitio a pesar de que ella ignoraba por completo a que bestia se referían, y a que epidemia…

_____________________________________________________________

Querido Lietus:
Tu decides la manera de cómo llegar al lugar al igual de cómo entablas relación con los aldeanos existentes. La aldea a la que me refiero no es muy grande, quizás unos 500 metros a la redonda justo en las afueras del bosque. Hasta el momento, tanto tú como Salomé no se han visto jamás en su vida.
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Lietus

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MensajeTema: Re: Cosas del Destino...[Privado]   Dom Oct 17, 2010 11:34 pm

Lietus, el samurai de la lluvia se encontraba viajando por las cercanías del bosque eterno, esta vez su destino iba a ser un pueblo cercano a ese bosque, un pueblo que estaba pasando malos tiempos…

Acababa de llegar, era un lugar pequeño y decidió visitarlo en busca de información sobre gente interesante a la que ayudar, así que comenzó buscando un lugar para dormir. Cualquier persona normal habría ido a dormir a una posada o a algún lugar parecido, pero Lietus no era así, él podía dormir en lugares menos cómodos sin demasiado problema, ya estaba acostumbrado… Se subió al tejado de un edificio al azar, se colocó en un lugar en el que la gente no lo viera y se durmió…

Al día siguiente, el samurai de la lluvia dio una vuelta por el pueblo y fue hablando con la gente, incluso consiguió escuchar un par de rumores algo, bueno… muy incompletos, rumores a los que sin duda alguna decidió no hacer caso, pues lo importante era buscar a alguien a quién ayudar, no buscar problemas que solucionar…

Llevaba ya un par de días por el lugar, lo había visitado casi todo y la mayoría de la gente del pueblo lo conocía como “el extranjero misterioso” pues nadie sabía nada sobre él, algunos ni siquiera lo habían visto, ya que siempre mantenía oculto su rostro entre las sombras y lo más que sabían sobre él era que estaba buscando a alguien…
Mientras saltaba de techo en techo, Lietus llegó a un tejado desconocido para él, lo cuál significaba que aún no había buscado en el interior de aquella casa, así que bajó del techo de un salto y entró por la puerta con la cabeza agachada para que quién quiera que hubiera dentro no le viera los ojos, aquellos verdes ojos que le habían complicado la vida desde su juventud…
De repente, un montón de ruidos diferentes asaltaron sus distraídos oídos, dándole a conocer que acababa de entrar en una taberna o algún lugar similar y que por consecuente, no debía alzar la vista para nada, cualquiera podría ver fácilmente sus ojos y eso supondría muchos gritos, muchos insultos y sobretodo… muchos golpes…
Rápidamente se sentó en una silla y esperó pacientemente a que alguien lo atendiera, ya que estaba allí podría tomar uno o dos tragos de lo que fuera.
Al poco rato se le acercó un chico que rondaría los doce años de edad, seguramente el hijo del encargado del lugar y le preguntó al samurai de la lluvia qué era lo que quería para tomar, a lo que él rápidamente contestaría con un tono de voz algo apático, tono que debería conseguir mantener al niño a raya de sus ojos:
Lietus- Chico, tráeme un vaso con agua fría…

Y no dijo nada más, simplemente se quedó sentado con la cabeza agachada, a la espera de su pedido…
Pasados un par de minutos, el niño volvió y dijo:
Niño- Lo siento señor, mi padre dice: “No queda agua, pide algo más decente o vete”

Tras decir aquello el niño se rió, seguramente le había parecido graciosa la voz que le había salido al intentar imitar la de su padre, cuyas palabras habían tenido un significado oculto, seguramente no le gustaba tener a alguien misterioso por su local y era seguro que lo que más le molestaba era el hecho de tener a alguien misterioso bebiendo cosas gratis… Esas cosas no hicieron más que molestar al samurai, pero se aguantó, no dijo nada, simplemente se quedó callado un par de segundos y de repente le dijo al niño:
Lietus- Chico, dile a tu padre que quiero un trago de la bebida más cara que tenga y que me deje en paz tras traérmela…

Tras decir aquello, el niño se fue corriendo para hacer de mensajero y mientras esperaba, el samurai tenía que seguir con la cabeza bajada, apoyada sobre la mesa, sin poder ver nada de lo que ocurría a su alrededor.
Pero algo cambió, de repente todos los gritos cesaron y dieron lugar a un montón de silbidos y aplausos, seguramente iba a comenzar alguna clase de espectáculo, un espectáculo que Lietus podría ver sin problemas, pues éstos atraían la mirada de todos los presentes, gracias a lo cuál el samurai no tendría que tener miedo alguno de que le descubrieran, todos mirarían el escenario, todos mirarían a aquella bella mujer que había salido al escenario a bailar, todos, incluido él mismo…
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Vadallat Salomé

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MensajeTema: Re: Cosas del Destino...[Privado]   Lun Oct 18, 2010 9:43 am

Por el hecho de haber estado disfrutando si lobuna libertad, Salomé había olvidado que debía pagar en el establo donde Sorpio descansaba, había pasado toda la mañana corriendo por los húmedos y oscuros interiores del bosque eterno, le gustaba la sensación del lodo meterse entre los cojincillos de sus patas. Cuando el hambre le avisaba su llegada, fue entonces cuando emprendió camino al pueblo para volver a dejar a Sorpio ahí, quien pastaba no muy lejano de su presencia.

Mientras caminaba una traviesa sonrisa se dibujaba en su rostro en tanto recordaba “caminata” por el bosque, uno podía imaginarse a una tímida lobata mostrando la lengua de lado, jadeante, después de una jugarreta improvisada, si, algo como eso era la expresión del rostro de la mujer lobo, expresión que se vio trastornada ante una ronca y pesada vos.

-¡Ey tu!- Pronunció una voz en tono molesto. – Llevas aquí ya casi cinco días y no he visto ni una sola corona de la estancia de tu animal –

Salomé estuvo apunto de lanzar un bramido ante el “Ey tu” tan vulgar del hombre sin embargo siendo humana no se podía dar ese lujo, prefería aparentar ser una chica muda antes que responder a un humano si quiera con una monosílaba, por lo que se limitó a asentir con la cabeza casi sumisamente, acción que la asqueo de manera psicológica. Una vez habiéndole dado la espalda al hombre dando lugar a que se marchara, la chica emitió un fúrico gruñido para sus adentros.

- Como si pudiese tratar a cualquiera de esa forma…- Volteó a ver a su corcel. – Esta noche conseguiré dinero para ti Sorpio, lo prometo.-

Una vez citadas dichas palabras Salomé besó la frente de Sorpio con dulzura, lo ató a uno de los postes para cerrar después las rejillas de madera.

-No causes problemas Sorpio, te quiero a salvo y no tengo ganas de morder más traseros humanos…-

Susurró por última vez de manera tajante y un tanto bromista, Sorpio echó un leve relincho como si estuviese riendo para luego bajar la cabeza tranquilo. La lobata salió del recinto algo molesta mientras observaba fúrica al hombre que le había hablado de forma tan vacilante. Tenía sueño, un tanto de cansancio y estaba fastidiada de todo, por lo que había decidido tomar una breve siesta a los pies de un árbol

Pasadas algunas horas sintió que su cuerpo ya había descansado lo suficiente, y era hora de ir por ese dinero para Sorpio, por lo que cedió a lavarse la cara en un riachuelo que circundaba el lugar para dirigirse nuevamente a la aldea. Tomaba en cuenta que los mejores lugares para ganar dinero fácil eran las tabernas del lugar, para su desgracia, lo que más odiaba. Buscó la más cercana y “silenciosa” tocó la puerta trasera con “respeto” para encontrarse con un niñato de unos doce años.

-Hola señorita ¿Busca trabajo?-

Se había sorprendido ante las palabras del niño, se mordió el labio para evitar morderlo a el, no le gustaban los niños, y asintió con la cabeza un tanto tímida.

-Entonces espera aquí…- Pasaron breves segundos para que el chico regresara, junto a el un alto y fornido hombre de apariencia pretenciosa. – Mira papá, es linda, tal vez traiga más clientela –

El niño sonrió de manera inocente, entre tanto el hombre observaba a Salomé de pies a cabeza.

-Si, si… date la vuelta lindura- Eso habría desatado una brutal mordida, pero Salomé se limitó a “obedecer” (todo era por Sorpio) lentamente. – No estas para nada mal, vale, puedes entrar, con que no se te ocurra robarme mujercita, jeje –

La chica entro observando por un momento hacía afuera, cuando giro la cabeza nuevamente se había sorprendido al notar que el tabernero tenía casi como por arte de magia a dos músicos preparados, uno de ellos tocaba unos tamborcillos de corto tamaño el otro una especie de “guitarra” al menos ese era el nombre que Salomé le daba, realmente era un laúd, ambos hombres observaron a la chica meditantes.

-¿Y que quieres que toquemos? Más te vale que improvisemos, no me gusta seguir notas-

Salomé ya se mostraba molesta, instantes después, el chiquillo que habría abierto la taberna pronunció.

-Es la gitana muda, no les responderá, pero de ser gitana, imaginen lo que baila –


Sonriente regresó a sus deberes, la chica se había limitado nuevamente asentir con la cabeza, por lo que los hombres instantáneamente dieron inicio a la música, Salomé salió a lo que según los demás era un “escenario” no era más que una parte vacía de la taberna, sin mesas, sin sillas solo eso. Los gritos y silbidos de los presentes estaban por colmarle los humos por lo que para olvidarse del lugar donde se encontraba dio inició a su danza gitana, elevó el pareo al techo mientras le ondeaba con ambas manos, girando la cintura y caderas suntuosa y graciosamente, haciendo un hipnosis con sus manos ante los demás más no tardo un osado hombre en tomarle por el brazo para acercarla a el por la cintura.

-Pero que jovencita tan bella ¿Te andas sola por estos rumbos?-

La fuerza y rapidez con la que el hombre había tomado a Salomé le había causado un gran shock inestable dejándola por un momento paralizada.


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Lietus

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MensajeTema: Re: Cosas del Destino...[Privado]   Miér Oct 20, 2010 2:31 am

La música comenzó a sonar y la mujer no tardó en comenzar a bailar, su baile parecía complicado, pero a la vez demostraba cierta bella sencillez que Lietus no supo explicar con palabras... Sin duda alguna le estaba gustando aquella danza, se alegraba de haber entrado a ese lugar, quizás pudiera serle de utilidad a la mujer, en aquellas épocas solían ser asaltadas y un buen guardaespaldas no le vendría mal, nada mal.
De pronto, desapareció toda la diversión, la mujer fue tomada de la cintura por un individuo que sin duda alguna se había pasado de la raya e intentaría llevársela a la cama, así que el samurai de la lluvia gritó tras ponerse de pie y dirigirle una fría mirada al hombre mientras acariciaba la vaina de su katana:
Lietus- ¡Suelta a esa mujer y no te cortaré la cabeza…!

Todo el lugar quedó en completo silencio, no sólo por el hecho de que el samurai amenazara con cortarle la cabeza a un hombre que no merecía vivir, sino también por el hecho de que en aquél momento, los ojos de Lietus se veían a la perfección, cosa que sin duda alguna provocaría graves problemas, siempre ocurría lo mismo…
De repente, un golpe por la espalda dejó inconsciente a Lietus, lo golpearon con una silla en la nuca, seguramente fueran los amigos del hombre que agarró a la chica…

Lietus ahora se encontraba en un mundo imaginario creado por sus sueños, no sabía muy bien lo que le había pasado, pero vio que tenía todas sus pertenencias y decidió comenzar a viajar por aquél mundo, a lo mejor ya estaba muerto, él no sabía nada sobre el estado de su cuerpo…

Mientras tanto, los dos hombres que le habían golpeado por la espalda lo lanzaron fuera de la taberna, se quedaron con su katana y decidieron continuar acosando a la mujer rodeándola entre los tres.
Para colmo, el hijo del encargado del local recibió órdenes de su padre de ir y rebuscar entre la ropa de Lietus y robarle el dinero, así que eso era lo que estaba haciendo en aquél momento.


Última edición por Lietus el Mar Oct 26, 2010 10:02 pm, editado 1 vez
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Vadallat Salomé

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MensajeTema: Re: Cosas del Destino...[Privado]   Jue Oct 21, 2010 10:01 am

El tacto del hombre era tosco y desagradable para Salomé, por un momento no había tenido idea ante sus rápidos movimiento sin embargo algo desato un breve silencio en el recinto, un joven de cabellos despeinados negros como el abismo… Salomé le observó por un momento incrédula y un tanto vacilante ante las palabras que había pronunciado “¡Suelta a esa mujer y no te cortaré la cabeza…!”…

-¿Esa cosa va a defenderme?” –

Pensó para sus adentros en el momento que el joven había sido golpeado con una silla, observó como otro hombre lo aventaba alas afueras del lugar, ese percance había distraído al humano que la sujetaba, tiempo en el cual no pensó ni dos veces tomar su lobezna forma. El hombre esbozó una expresión de terror al sentir el pelaje del animal entre sus manos entre tanto los otros dos quedaron petrificados, no había ni dado tiempo a soltarlo cuando la loba le tiro una fuerte y salvaje mordida directamente al rostro, el hombre gritó un fatídico alarido cayendo al suelo de inmediato mientras se llevaba las manos al desgarre sanguinolento que el animal le había hecho.

-¡¡AGARRAD A ESA MALDITA PERRA CON UN DEMONIO!!-

Los curiosos ojos de la loba brillaban ante todos, mostró los dientes en un gruñido amenazante y antes de que todos se lanzaran por ella se escabulló entre el suelo. Por un momento sintió como algo le tomaba una de las patas traseras. Giró la cabeza para encontrarse con uno de los hombres que habían golpeado al “joven del negro abismo”, mostró los dientes en una lobezna y salvaje “sonrisa” mordiendo la mano del que la había agarrado. Casi como un “As” bajo la manga, el hombre saco una daga intentando encajarla en la piel de la loba, un agudo dolor estremeció los músculos de su lomo, el humano le había hecho una cortada algo larga, la cual abarcaba casi cerca de 10cm.

Tras haber salido del recinto se encontró con el joven que, de cierta manera le había permitido escapar, le observaba con severidad un tanto agitada gesticulando un disimulado gruñido entre levantaba su lacerada pata. Había alcanzado a ver como el chiquillo mal educado del tabernero le quitaba algo de entre la ropa.
Al escuchar el gruñido del animal, el niño giró la cabeza asustado, la lobata mostró ampliamente su dentadura incrementando la amenaza del gruñido.

-¡¡U… un… lo… lobo!!- Echose sentado al suelo arrastrándose hacía atrás con las manos. -¡Aléjate…vete!-

El grito del niño había euforizado a la paciente lobata quien ya decidida se lanzaba al niño en ataque… de no haber sido por los gritos escandalosos de los borrachos y pretenciosos hombres de la taberna. Salomé observó nuevamente al joven de los cabellos desaliñados, pensó demasiado antes de acercársele y lamer su cara algo desesperada mientras pensaba a sí misma.

–(Despierta, despierta ¡¡DESPIERTA!!)-

El joven despertó aun afectado por el golpe para encontrarse de frente a varios presentes en el recinto, la loba gruñía fúrica y decidida ante la mirada de todos los hombres. Uno de ellos, el dueño de la taberna aprovechaba el momento para arrebatar al niño el objeto que había cogido del recién levantado.

-Vaya vaya… ¿Acaso sois amiga tuya “ojos raros”? – Entonó en un tono burlón y sarcástico – ¡Pero miradles! Que los dos tenéis los ojos tal para cual… -

Una brutal y salvaje expresión apareció en el hocico de la loba, pudo haber salido corriendo de ahí y retirarse, solo debía ir por Sorpio y largarse… sin embargo ese extraño humano de ojos pálidos le había hecho retroceder, ahora le echaba la culpa a ese joven de la situación en la que se encontraba…

El cielo parecía verse nublado, era una de esas raras ocasiones en las que Salomé deseaba que lloviera ¿Por qué?... bueno, la lluvia le podría facilitar un poco el salir del lugar…





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Lietus

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MensajeTema: Re: Cosas del Destino...[Privado]   Mar Oct 26, 2010 11:30 pm

Lietus seguía soñando, aún estaba viajando por aquella llanura interminable y de vez en cuando se paraba para descansar y observar las nubes que había en aquél claro cielo sin sol. Sin duda alguna era un paisaje precioso, pero todo lo precioso siempre tiene su final… De repente, el samurai de la lluvia se dio cuenta de que: ya no tenía su katana, la nuca le dolía un montón, le faltaba algo de dinero, estaba rodeado por una multitud de gente furiosa y también se dio cuenta de lo más importante… ya no estaba en aquél precioso lugar, ahora estaba en algo similar al infierno y no era el único, a su lado había una extraña loba herida que mostraba odio hacía la multitud que los rodeaba. Seguramente fuera de la raza de los licántropos, raza que aparecía en el libro que tenía guardado en su bolsillo secreto.
Lietus no tardó demasiado en levantarse, escuchó sin demasiado interés las palabras que dijo uno de los presentes, observó velozmente a su alrededor, hizo un rápido análisis y tras ver que el lugar cumplía las condiciones del uso de uno de sus pocos hechizos, el samurai de la lluvia hizo honor a su sobrenombre y provocó una fuerte lluvia artificial que sin duda alguna sería suficiente para escapar.
Lietus- No se si eres una licántropa o una loba algo especial, pero agradezco tu ayuda y espero compensarte con esta lluvia artificial que te dedico. Rápido, sólo tenemos media hora para escapar…

A pesar de hablar de poco tiempo y escapar, lo primero que hizo el samurai al comenzar la lluvia fue echar a correr hacía la multitud y aprovechar la poca visibilidad para golpear a un par de ellos y recuperar su katana para acto seguido echar a correr en dirección contraria, perdiéndose entre la lluvia…

Llevaba corriendo ya un rato y no paraba de pensar en la loba de la otra vez, la había perdido de vista cuando se fue al ataque contra los que le habían robado la katana y estaba bastante preocupado, pues parecía herida…
Mientras corría, salió del alcance de su conjuro, a las afueras del pueblo y decidió buscar un lugar mejor para pasar la siguiente noche, así que se alejó hacía lo que le pareció el oeste y encontró una cueva, entonce pensó:
Lietus pensando- Si entro me podría encontrar con alguna criatura, pero afuera me podrían encontrar los humanos… ¡Entraré!

El samurai entró con la katana alzada por si se topaba con alguna sorpresa, pero al final la cueva resultó estar vacía y Lietus no tardó demasiado en envainar su arma, tumbarse y conciliar el sueño, pues estaba muy cansado y aún le dolía la nuca.
No podía ni imaginarse que no era el único que quería alojarse en esa misma cueva…


Última edición por Lietus el Dom Nov 07, 2010 12:59 am, editado 3 veces
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Vadallat Salomé

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MensajeTema: Re: Cosas del Destino...[Privado]   Sáb Oct 30, 2010 10:35 am

El humano había despertado de una forma extraña ante la licántropa, quien no dejaba de comportarse fúrica ante los humanos del lugar. El chico del “negro abismo” había citado algunas palabras que Salomé no comprendió del todo, se limitó a mirarle soslayadamente cuando unas gotas se asomaban por el cielo, llovía… impresionablemente estaba lloviendo. Por un momento se mostró sorprendida ante el fenómeno natural para instantes después salir corriendo del lugar. Era muy difícil para ella teniendo en cuenta que su pata estaba lastimada, cojeaba dolorosamente en cada paso.

Salomé aun debía regresar por Sorpio, no tenía una idea muy planteada de como lo haría, pero debía hacerlo. El pelaje le pesaba mojado, se había acercado al establo con lentitud levantando la pata lacerada a la altura de sus codos, olfateo el lugar, dándose cuenta de que no había nadie, y el único caballo en el establo era Sorpio, en ese momento parecía que la suerte estaba de su lado, su tamaño le permitía accesar a las puertecillas de madera que se encontraban en cada cubículo, por lo que lenta y sigilosamente se acerco a Sorpio para desamarrar la soga que lo mantenía atado. Para tal acción había decidido tomar su forma humana, pues esta tenía pulgares que le facilitaban ese tipo de cosas. Mientras desataba la soga había escuchado pasos que le parecieron ser del establero, pero como lo había dicho…afortunadamente no.

Una vez desatado su corcel, la chica volvió a tomar su forma lupina, así (ahora) le sería más fácil trotar, pues tenía tres patas para apoyarse en vez de una pierna. Sorpio seguía por detrás a la loba mientras esta intentaba correr lo más rápido posible, no podría tomar su forma humana, no en ese momento y no sabía cuando, pues su ropaje había quedado en aquel repugnante lugar al cual no pensaba regresar.

Había llegado un punto en el que se sentía cansada, ciertamente la herida no era muy profunda, pero la longitud de esta era suficiente como para que la sangre brotara de una forma poco moderada. Salomé comenzaba a sentirse débil y un tanto mareada y había perdido de vista aquel humano en el momento en el que ella corrió por Sorpio. Llevaba ya un rato trotando lastimeramente y hasta ese momento no había divisado a alguien que la siguiera, Necesitaba detenerse para prestar atención a la herida que se cargaba, incluso su caballo parecía preocupado por ella, caminaba con la cabeza y orejas gachas palpando la cola de la lobezna con el hocico para que continuara avanzando.

En breves momentos ambas criaturas se dieron cuenta de que la lluvia ya no les cubría, por instinto, Salomé sacudió el cuerpo entero para deshacerse del exceso de agua en su pelaje, respingó y tambaleó a causa de la debilidad que la herida le causaba cayendo de lado al suelo, Sorpio relincho levantándola con el hocico para que se incorporara. Lentamente la loba emprendió camino nuevamente, se iba a dejar caer a los pies de un árbol, mas sin embargo Sorpio volvió a levantarla elevaba la cabeza simultáneamente, a no muy pocos pasos del lugar se divisaba una cueva no muy amplia, Salomé no tenía la costumbre de quedarse dentro de las cuevas, pero estaba herida y podía pensar por un momento, si estaba vacía se libraría del asunto… si no, se empeoraría, quedó cavilando por un momento hasta que decidió entrar, cojeaba más puesto a que la adrenalina se le había pasado de momento y el dolor iba en breves aumentos. Olfateaba el lugar con cautela mas a los breves segundos de haber entrado un escalofrío le recorrió el cuerpo no había pasado más de cinco pasos a partir de la entrada, instantes después se dejaba caer de lado entrecerrando los ojos poco a poco menos agitada. Sorpio había entrado con ella, doblo las patas delanteras para tomar lugar a un lado de su lobezna ama para rodearle con atención.
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MensajeTema: Re: Cosas del Destino...[Privado]   Lun Nov 08, 2010 5:44 pm

El samurai de la lluvia estaba soñando de nuevo, esta vez se encontraba en un mundo muy extraño, en vez de suelo tan sólo había un montón de agua azul, agua que no proyectaba reflejo alguno, que no se movía ni un sólo milímetro y que era tan sólida que no permitía que Lietus cayera a través de ella… El samurai de la lluvia se cuestionó varias veces si aquello era agua o no, pero sin duda alguna olía a agua de mar, aquél olor a agua salada era inolvidable e inconfundible…
El cielo era completamente blanco, sin nubes flotando, aves volando ni sol alguno…
Lietus era una simple silueta verde que no tenía nada que ver con aquél paisaje, “algo que sobraba” como él ya había pensado varias veces, se sentía completamente inútil…
Pero de repente todo cambió, el monótono silencio desapareció y el blanco cielo desapareció, un enorme relámpago rojo fue el responsable, cayó, impactó y todo desapareció dejando solamente un gran eco como muestra de su poder…
El samurai de la lluvia no lo soportaba y decidió intentar hacer que lloviera, pero le era completamente imposible, ni siquiera sentía su propio cuerpo y cuando ya iba a abandonar toda esperanza de sentirse útil, notó una rara sensación en su cara, algo húmedo y que le provocaba cosquillas, así que de repente abrió los ojos y se llevó tal susto que se volvió a golpear su nuca contra la pared contra la que estaba apoyado, ¡un caballo le estaba lamiendo la cara!
Lietus gritando- ¡Auch… ¿Pero qué demonios, que hace aquí un caballo?!

Cuando el samurai de la lluvia se puso en pie para decirle unas cuantas cosas al caballo sobre modales, se llevó una gran sorpresa, pues vio a la loba que le había ayudado a salir de la taberna, estaba herida y había mucha sangre a su alrededor ¿Estaría muerta?
Lietus lo tomó como una señal de los dioses en los que no creía, esa era la posibilidad de hacerle sentirse útil, salvando una vida.
El samurai no tardó demasiado en coger a la loba con ambos brazos, y con algo de esfuerzo, subirla al caballo, el cuál por alguna misteriosa razón no puso objeción alguna ante el asunto, ¿un caballo que no teme a los lobos…?
Lietus no sabía demasiado sobre curación, pero sí conocía a gente amable que sin duda alguna ayudaría a aquella pobre criatura. Así que le indicó al caballo que le siguiera y emprendió un corto viaje hacía una cabaña cercana, lugar en el cuál con algo de suerte se encontrarían con una anciana que logró conocer días antes…


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Vadallat Salomé

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MensajeTema: Re: Cosas del Destino...[Privado]   Mar Nov 09, 2010 9:25 am

La debilidad de la loba la habían hecho perder el conocimiento, y Sorpio, aparentemente la estaba cuidando. En ese momento pasaban varias cosas por la cabeza de Salomé… el pensamiento principal… “Odio a los humanos… los odio… los odio… “, parecía como si cada día estos le diesen más y más razones para odiarlos, en su mundo soñaba con regresar a aquellos helados montes en donde había nacido, jugar con sus hermanos de los cuales nunca volvería a saber… y menos de sus padres, tan solo el recordar aquel lastimero aullido le hacían entrar en una imponente rabia…

Un extraño olor se le venía a la nariz… algo a fuego lento, el olor era suave, agradable para su olfato, aun se encontraba divagante en un lapso de sueño y realidad, lentamente abría los ojos para percatarse de donde estaba… si ¡Oh sorpresa!.., No estaba en la cueva, un calor intenso le cubría y su vista se encontraba a la altura del suelo, podía saber que estaba acostada sobre algunas telas. Sus orejas dieron un sobresaltante respingo sin todavía virar la cabeza hacía algún lado. Finalmente bostezo mostrando toda la blanca dentadura junto con la lengua, elevó la cabeza ya más centrada, un estremecimiento le recorría la espina dorsal al observar el sitio donde había despertado, una casa humana, su cuerpo se mostraba tenso.. ¡Estaba con humanos!... no de nuevo… divagó… ¿Y Sorpio.. Dónde estaba Sorpio?. En el momento que su cuerpo se esforzaba para levantarse el dolor de su pata trasera regresó, observo lupinamente la herida… mas para encontrarse con un vendaje que le cubría el muslo completo. Rápidamente llevó el hocico a este para empezar a roerlo y podérselo quitar en ese estado le era molesto por el pelaje. Mordía con los ojos entrecerrados, poco antes de percatarse de una voz.

-No es una herida grave, sanará muy pronto, lo que le he puesto funcionara como antiséptico-.

Citaba una voz en tono bajo. Le parecía la voz de una mujer ya grande, sus ojos giraban en torno a la habitación, una cabaña muy simple, le recordaba algo a aquellas donde los gitanos solían andar cuando se mantenían sedentarios, tras ella había una placida fogata cuyo fuego era lento y agradable y en las paredes distintos estantes que sostenían recipientes cristalinos con varias plantas, semillas y demás, por fin se incorporaba para olfatear con más precisión… Si definitivamente el dolor le recordaba algo a su pasado.

-Es sorprendente que el caballo trajera esas extrañas ramas… no son muy conocidas por estos lugares, seguro que la loba tiene dueño, no por nada trae ese collar en el cuello.-

Volvió a citar la misma voz femenina haciendo mensión al collar que Salomé portaba, mismo que mantenía en su forma humana, para ella ese collar significaba mucho... Podía percatarse que la puerta del lugar estaba cerrada con cerrojo manual, unas intensas ganas le daban por escaparse y lo más importante… ¡Saber de Sorpio!. Levantose lento como pudo para caminar pues al cuarto de lado, de donde la voz provenía. Asomó despacio el hocico con las orejas erguidas a un marco cuya puerta no era mas que una manta colgada. Dos personas se situaban en el lugar, de pie, la figura femenina que antes había escuchada, una anciana de más de unos 70 años, rostro amable y caritativo… Salomé la relaciono de inmediato con una de las gitanas que de cachorra (y no tan cachorra) le habían criado; Sentado en un viejo sillón rustico un joven a quien solo la cabellera podía vérsele, pues se encontraba de espaldas a la lupina, había algo “familiar” en esa despeinada cabellera que la lobata reconoció.

La anciana humana preparaba algo en un tarro que después ofrecería al joven sentado, Salomé reconoció por el olor que tratábase de té de canela, lamió sus bigotes bajando la cabeza sin bajar la mirada. Cuando la anciana se acercaba al joven para entregarle el tarro, este se levanto dejando ver su rostro, la lobata abrió los ojos sorprendida al notar que aquel sujeto era el mismo con el que se había topado en el bar, levantó entonces el hocico intentando dar pasos hacía atrás… mas el nulo apoyo de su pata trasera zurda no le ayudaban en nada, había terminado por golpearse torpemente el hocico contra el marco de la puerta bufando. La humana había dádose cuenta mientras giraba súbitamente los ojos a la lobata… seguida del joven acompañante, la loba limitose a mostrar la dentadura sin más ni menos en un y esbozante gruñido.
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Lietus

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MensajeTema: Re: Cosas del Destino...[Privado]   Miér Feb 16, 2011 12:50 am

No le fue difícil a Lietus hacer que el caballo lo siguiera y tampoco le fue nada complicado encontrar la cabaña de la abuela... Lo verdaderamente difícil para él fue convencer a la amable anciana de que la loba no le haría daño alguno tras ser sanada.
Pero aún así consiguió convencerla tras jurar en nombre de la amistad que habían entablado en los pocos días que llevaban conociéndose que la loba no causaría ningún problema.
Tras dejar al caballo pastando libremente en el jardín, encender algo de fuego en la chimenea y atender a la loba, la anciana le ofreció al samurai de la lluvia una manta y le pidió que descansara un rato mientras ella se encargaba de todo. Lietus obviamente aceptó y rápidamente logró conciliar el sueño, pero no dormía en una cama, si no en un viejo sillón rústico...
Pasaron las horas y el samurai de la lluvia despertó preocupado, pues había vuelto a soñar con aquél mundo en el que era inútil y pensaba que era una señal sobre el estado de la loba, pero la amable anciana rápidamente se deshizo de las preocupaciones del "joven".
Anciana- No es una herida grave, sanará muy pronto, lo que le he puesto funcionará como antiséptico.

Lietus asintió aliviado y de repente se acordó del dolor de su nuca, cosa que no disimuló, así que la amable señora agarró un tarro que había sobre la mesa y se puso a hacer algún tipo de brebaje, seguramente uno que aliviara ese dolor que sufría el samurai, un dolor que no era muy potente, pero sí persistente, no se le iba con nada...
De repente la señora volvió a hablar, parecía comenzar a mostrarse interesada por la loba:
Anciana- Es sorprendente que el caballo trajera esas extrañas ramas… no son muy conocidas por estos lugares, seguro que la loba tiene dueño, no por nada trae ese collar en el cuello.

¿Un collar? Lietus comenzaba a recordar algo, simples imágenes aparecían en su cabeza, imágenes simples y complejas, como el baile de aquella chica... ¡La chica! El samurai de la lluvia comenzaba a recordar... ¿Serían acaso sus suposiciones correctas?
Antes de que le diera tiempo a ordenar sus pensamientos y sacar una conclusión sobre el asunto, la señora le interrumpió ofreciéndole la bebida que estaba preparando, parecía una especie de té, pero no caliente, si no frío, se notaba que la anciana le escuchaba mientras conversaban días antes, pues en determinado momento, Lietus le mencionó que prefería las bebidas frías a las calientes por una serie de motivos que le había enumerado detalladamente...
El samurai de la lluvia se levantó para agarrar el té y agradecerle a la señora aquél detalle, pero no pudo hacerlo, pues se vio interrumpido por un ruido, el ruido de un golpe.
La anciana enseguida la vio y Lietus no tardó ni un segundo en verla también, el ruido lo había provocado la loba al golpearse torpemente contra el marco de la puerta, seguramente su pata herida le había fallado al caminar...
Parecía como si se sintiera en peligro, pues mostraba la dentadura de forma amenazante y gruñaba como gruñaría una loba cuyas cachorros están en peligro, pero todo eso le importó poco al samurai de la lluvia, pues finalmente logró recordar algo y habló:
Lietus- Sé que no eres una loba cualquiera y debes saber que no te haremos daño, pues no somos humanos cualquiera...

Tras decir aquello el samurai de la lluvia tiró delicadamente su katana a los pies de la loba, agarró el té frío, se lo bebió entero y se sentó a la espera de la reacción de la loba...
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Vadallat Salomé

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MensajeTema: Re: Cosas del Destino...[Privado]   Sáb Feb 26, 2011 9:43 am

-Tranquila… tranquila pequeña… no voy a hacerte daño… seguro que tienes hambre…-

Comentó la anciana en un tono amable, para acercarse después con un trozo de carne en la mano. Salomé desconfiaba de la carne que los humanos le daban de esa manera... todo le recordaba a su paso, su gruñido se había hecho más fuerte y algo fúrico, tanto que la anciana se colocaba un paso atrás algo atemorizada… sin embargo aun citaba con la voz suave…

-Lobata rara… pobre… seguro que tu dueño debe ser malo contigo… toma pequeña…-

Fue ahí donde el joven tiró su arma a las patas de la loba de una forma que le hizo quedarse quieta, elevó el hocico para olfatear al joven y luego dirigir el hocico al trozo de carne, el olor era agradable y realmente tenía hambre, no sintió nada raro en la carne y procedió entonces a comerla con algo de lentitud y recelo, observaba a los presentes y probablemente creía que a pesar de que le habían dado la comida, se la quitarían, decidió entonces tomar el trozo de carne para irse a comer a una parte de la casa donde no se lo pudieran quitar. Tal vez era algo jocosa la escena, el hecho de ver como se ocultaba bajo una mesa con el trozo de carne en el hocico. Si bien, había escuchado las palabras del joven ella se limitó a bufar bajando la cabeza como en señal de asentimiento, había dejado de gruñir pero no dejaba de mirarlo detenidamente, era verdad… ella no era una loba común si no una vuk, pero su desconfianza hacía los humanos le hacía mantener su distancia, no tomaría su forma humana a menos que fuera necesario.

-¿Qué no es una loba cualquiera? ¿Pues qué clase de loba será entonces? Aun que si, es muy grande para los lobos que suelen andarse por estos lugares, sería mejor sacarla de aquí o de lo contrario los pueblerinos comenzaran a hacer pleito…-


Un estruendo llamó la atención de la lobata haciendo que levantara las orejas en un gruñido, el relinche de un caballo y fue ahí donde se colocó de pie dirigiéndose a la puerta, comenzaba a rascar con desesperación la madera.

-¿Pero que le pasa…? ¿Querrá ir al baño…?- Preguntó algo distraída la abuela. Salomé entonces comenzó a aullar con una fuerza que hizo a la mujer cubrirse los oídos. –Sácala muchacho… sácala de aquí o se liara el sitio…-

Pronunció finalmente con un tono lento y susurrante. Realmente Salomé tenía una razón para aullar, era Sorpio y el hecho de haberlo escuchado relinchar, podría haber sido un simple susto… pero fuera del sitio se escuchaban pasos, carreras y más caballos, las personas de ahí afuera parecían buscar algo… el tumulto de gente podía verse incluso através de la ventana, pero desde ahí adentro no se sabía lo que era.

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MensajeTema: Re: Cosas del Destino...[Privado]   Dom Mar 13, 2011 10:50 am

Lietus observó que la loba ya se estaba tranquilizando, pues a pesar de gruñir un poco más fuerte, acabó aceptando el trozo de carne que la amable anciana le ofrecía. Quizás la loba comprendiera el lenguaje humano, quizás ni si quiera fuera lo que aparentaba ser...

Tras olfatear repetidas veces la comida y observar a los presentes, la loba decidió comer fuera del alcance de sus manos, pues se alejó con la carne y procedió a devorarla bajo una mesa, quizás temiera un ataque por sorpresa o pensara que la estaban cebando, en cualquier caso, aquella criatura era muy astuta...

El samurai de la lluvia ahora recordaba que cuando le dijo aquello a la loba, le pareció verla asentir y de nuevo las dudas comenzaron a rondar su cabeza, lo cual le hizo recordar su dolor de nuca, el cual había menguado considerablemente, asi que Lietus le dio las gracias a la anciana, agarró su katana y se sentó a una distancia prudente en el suelo para ver cómo la criatura comía, le hacía gracia que fuera tan desconfiada, pues de alguna forma se sentía identificado con ella...

La anciana hacía poco que había dicho algo de que el pueblo hiciera pleito, pero tampoco le había prestado mucha atención, se dedicaba a observar a la loba comiendo mientras sonreía sintiéndose identificado con ella, una criatura comiendo escondida, observando detenidamente los alrededores por si corría peligro...

De repente, el caballo que había llevado a la loba relinchó y casi al instante, la loba levantó las orejas, gruñó, se levantó y fue directa a la puerta que no logró abrir a pesar de rascarla desesperadamente.
La anciana pensaba que era cosa de necesidades naturales y Lietus pensó que serían ganas de comerse al caballo, pero descartó esa idea casi al instante, el caballo no tenía miedo de la criatura y ésta parecía desesperada, como si quisiera proteger al caballo de algo. Cuando vio que no lograría abrir la puerta, la loba comenzó a aullar, fue entonces cuando la anciana le ordenó al samurai de la lluvia sacarla del lugar, asi que sin dudarlo ni un instante, Lietus se levantó y abrió la puerta, pero lo que vio no le gustó nada...
Había muchísima gente, quizás incluso el pueblo entero, quizás incluso los que le habían golpeado en la taberna, el samurai no la lluvia no sabía qué hacer, simplemente se quedó allí parado, pensando y mirando de reojo a la loba para ver su reacción.
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Vadallat Salomé

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MensajeTema: Re: Cosas del Destino...[Privado]   Vie Mar 25, 2011 10:01 am

La razón por la que ella se encontraba algo desesperada por querer salir, era muy simple… Salomé odiaba estar encerrada, era una fobia que se le había hecho con el paso del tiempo y definitivamente no la soportaba… y las multitudes, vaya… era algo que le molestaba demasiado, el exceso de ruido, el hecho de no conocer a quienes la rodeaban… y ahora se encontraba encerrada en una casa… con una multitud afuera que no dejaba de protestar por quien sabe que razones que ella desconocía…

-¡Por favor… Elzza… déjenos entrar…!- gritaban desde afuera con una enorme y frustrante euforia a la vez que golpeaban la puerta una y otra vez… -¡Elzza…. Señora Elzza… abra la puerta tenemos heridos aquí afuera… POR FAVOR!-

El rostro de sublime espanto se presentó en la anciana… y Salomé después de haber estado tranquilizada volvió a gruñir a los presentes impidiendo la entrada de estos al sitio, mostraba la dentadura completa en una feroz mueca de amenaza, uno de los hombres situados en el tumulto de gente quiso hacerle frente con una vara de madera… hasta que la anciana, que ahora respondía al nombre de Elzza intervino…

-¡No la golpeéis…! No te ha hecho nada para que hagas algo como eso… toma tu vara y apártate de la puerta de mi casa… ¿Qué buscan dinero, comida…? No tengo nada… y a…-

Las palabras de Elzza fueron calladas por las de una niña de unos 14 años, la cual miraba con miedo a la loba presente…

-“Tía Elzza” Hay un monstruo en la aldea… no hemos podido regresar, la ha tomado como suya y hemos perdido ganado… además… hay muchos heridos y usted es la única que puede ayudarlos…-

Los murmullos entre todos los demás aparecían… y ante la desesperación, la loba optó por salir corriendo del sitio sin prestar atención alguna a los presentes y dirigirse al caballo, el cual para sorpresa de muchos bajó la cabeza como dando una sutil caricia al lomo de la lican, quien aceptó el gesto de la misma manera, aun cojeaba por la herida que portaba, pero era un andar nulo que no le lastimaría tanto… veía con total recelo a quienes le dirigían la mirada… Elzza se acercó al joven de la extraña mirada para dirigirle la palabra.

-¿Ese no es su caballo, jovencito?... vaya cosa más rara, en mi vida llegué a ver a un caballo hacer eso con un lobo…-

Pero de nuevo, esa breve escena tan poco común fue interrumpida por las personas del sitio que a suplicas pedían la ayuda de Elzza… entre el grupo presente se encontraban aquellos que tiempo antes habían hecho pleito con el joven, aquel que se había atrevido a propinarle la herida de su pierna permanecía con la mano vendada… Salomé lo recordaba… y vaya que lo recordaba muy bien, pues tan solo al encontrarse ambos con la mirada, la loba mostró de nuevo los dientes apartándose del caballo, pero en esta ocasión parecía que los hombres no portaban las armas de aquella noche, un aire de intimidación apareció en la faceta del humano escondiéndose como una tonta avestruz detrás de otro… que a su vez colocaba una irrelevante pose de “defensa”….

-Es… el lobo de aquella vez… y tú… tú eres aquel hombre… ¡Ustedes!...-

Al decir esto, la clara intención de lanzarse contra el joven que ahora había dejado su katana en el suelo de la casa… pero una nueva escena apareció… la loba se había situado frente a él con el mismo gruñido y mueca amenazante… parecía, como si lo estuviese protegiendo… aun sin mirarle a los ojos… mientras que los demás esperaban la ayuda de Elzza, la anciana… por que ni ella misma tenía idea de lo que estaba sucediendo… salomé para sí misma simplemente pensaba… “Váyanse… váyanse todos de aquí, déjenme marcharme…. váyanse…”.
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