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 Un Mundo Bajo Las Grandes Estepas

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Suspiro

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MensajeTema: Re: Un Mundo Bajo Las Grandes Estepas   Mar Abr 05, 2011 10:13 pm

Para ser sincero, yo también estaba sorprendido por lo que hice a continuación, no solo por el hecho de que fuera una tontería, también por la innegable cualidad de locura que mis actos entrañaban, pues para el momento en que la enorme bestia se elevó sobre nosotros, era el justo tiempo en que nuestras cosas ya estaban listas para que saliéramos de ahí, fue cuando el enorme rugido despertó a mi corazón del letargo autoimpuesto, las enormes fauces gritaban para mí el eco de la destrucción y en su rugir podía escuchar el sonido de la muerte, repetido mil veces, rebotando en los muros, taladrando las piedras y helando el alma.

Pero aquello era bueno, un aire frio recorrió mi cuerpo, la espalda se erizaba incapaz de contener lo que la mente se negaba a procesar, pues el miedo invadía mi ser de una manera tan veloz y certera, que solo el golpe de adrenalina que siguió a aquella sensación logró hacer que me moviera, que sintiera algo, pero era algo que nunca había sentido, no el miedo, pavor, similar al roce de las cadenas en mi piel, me sentía atrapado y vulnerable, incapaz de hacer algo contra aquella gran bestia, pero no era por mí que le miedo me embargaba, no, eso hubiera sido fácil, pues cuando la desesperación toca a mi puerta, es la forma del animal atrapado la que se encarga de sacarme de cualquier situación, cuando el miedo hace que tema por mi vida, es cuando más peligroso me vuelvo, pero esta vez, ante aquella bestia, no era por mi piel que sufría, sino por la de los demás, si, extraño, nuevo, excitante, preocuparse por otros no era exactamente mi forma de ser, pero ahí estaba yo, envuelto en mi capa, con las riendas de mi caballo en la mano y a punto de hacer la estupidez más grande que se hubiera ocurrido.

No fue una pregunta, así que no espere una respuesta, yo era mucho más fuerte y rápido que ella, además de que la tome por sorpresa, tome a Águeda desde la espalda y la arroje sobre mi montura, entonces le di un golpe en la grupa al caballo.

- Los siento señorita, ¡Vamos animalejo, sal de aquí!

Algo similar ocurrió segundos después con el Chocobo de Zan.

- Señor Zan, yo distraigo a la bestia cuanto pueda, vaya con los demás y busquen una cueva donde no entre la bestia, yo los sigo de cerca.


Otro golpe en la parte trasera de la gran ave me parecieron suficientes para que el animal empezara a avanzar, pero no me percate de ello, después de todo, este animal si tenía un jinete firmemente plantado en la silla que podía detenerlo, por lo que, las palabras dirigidas para Aengus, también lo eran para los demás, en el caso de que quisieran regresar a pelear.

- Aengus, reconozco una persona practica cuando la veo y creo que tu eres uno, con el trabajo que nos costó el ultimo, sabes que no podemos contra este, llévate al silfo y la humana a una caverna donde esta cosa no entre, yo tratare de distraer a esa cosa, sabes que si estamos todos aquí, alguno morirá seguramente, si se van, es más fácil para mí escapar de sus ataques pues ya sabré la intención de ellos, vamos Aengus, sabes que en estas condiciones estamos en desventaja, no tiene caso sacrificarnos todos, llévatelos de aquí.

Lo que ellos terminaran haciendo ya estaba en sus manos, pero para mí, esa era la única opción, yo era un Lord Oscuro, más veloz y fuerte que cualquier humano, si alguno tenia oportunidad de distraerá a esa cosa y salir con vida, ese era yo.

“Maldito Silfo, ayer hubiera tomado mi caballo y habría salido por mi cuenta sin preocuparme de ninguno de ellos, pero no podre estar tranquilo, sin descubrir si en verdad hay algo especial en ellos”


El miedo invadía completamente mi ser cuando me adelante al grupo sin ocuparme de si habían seguido mis consejos, pues incluso Águeda podría haber detenido al caballo, pero yo ya no escuchaba los sonidos detrás mío, ya no veía otra cosa que no fuera a mi enemigo y sin duda, estaba más feliz que nunca de la forma de mis espadas, pues aquella forma hacia que pudieran ser utilizadas como si de un hacha se tratara, lo cual, en el presente caso, serviría mucho más que una espada, pues en realidad el enemigo no tenía demasiada carne para poder cortar, por lo que lo único que podría hacer, seria romper sus huesos, claro, eso solo si conseguía que él no rompiera los míos primero.

Pensamientos como el ultimo surcaban mi mente sin parar, miedo, confusión, desesperación, todo ello se aglomeraba en mi alma y me cortaba con más fuerza que una espada, pero he aquí que la maldición de mi nacimiento daba frutos, toda la vida había vivido con miedo, cada día de mi vida estaba conformada por oscuras imágenes y crueles pensamientos y cada uno de ellos me había dado fuerza, un Lord Oscuro como yo, se fortalece con la desesperanza, la ira, la envidia y el miedo.

- Ruge bestia, ven por mí, atácame monstruo, muéstrame de lo que eres capaz.

El animal esquelético caía en picado contra todos nosotros, solo esperaba que para entonces los demás ya se hubieran movido, que ya no estuvieran ahí, en realidad lo único que podía hacer era confiar en ello, esperar que la gran bestia sintiera seguro el golpe que se disponía a darnos y moverme en el último momento para lograr que se estrellara contra el suelo y de ser posible, contra la pared de la cueva, por lo mismo tomaba carrera contra él, disponiéndome a saltar sobre su gran boca y correr por su espalda, estúpido movimiento, pero de nuevo me encontraba en una situación desesperada, ahora que lo pensaba, tal vez debería haber tomado mi otra espada de las manos de Águeda.

Pero todo fue en vano, el rugir del dragón invadía mis sentidos, empezó como un pequeño sentimiento en la punta de los dedos, pero se esparció por todo mi cuerpo como si se tratara de una enfermedad mortal, pronto mi carrera fue interrumpida, mis pasos se hicieron lentos, empezaba a ver un tanto borroso, era como si la oscuridad del lugar comenzara a acumularse en mis ojos, los sonidos parecían cada vez más lejanos y mis pies perdieron el paso haciéndome caer al suelo, la espada cayó de mi mano y mis rodillas encontraron el suelo, pero seguía sin poder moverme a voluntad, el enemigo se acercaba presuroso y lo único que pude hacer por el momento fue abrazar el suelo y tratar de rodar fuera de la embestida del dragón, acercándome lo más posible a la solida superficie procurando que el enemigo pasara por encima mío, no sabía lo que ocurría, mi cuerpo no respondía y por una vez en mi vida, pude ver mi muerte como una certeza inmediata, el terror que se apoderaba de mis sentidos era mayor que aquel que mi oscuro ser podía ocupar como aliciente, nunca había estado en esa situación y mi desesperado corazón se replegaba en si mismo haciendo de la oscuridad algo incluso más intenso, robándome la voluntad y los sentidos, el miedo y el desasosiego estallaban en mi interior como una flama cada vez más intensa, pero una fuerza desconocida apagaba de inmediato la explosión; las pulsaciones de fuerza y debilidad se aglomeraban en mi pecho y hacían que la inconsciencia amenazara con poseerme mientras me debatía en el suelo por el propio control sobre mi cuerpo.

Un grito desesperado salió de mi garganta con tal intensidad que creí por un momento que desgarraria mi cuerpo en mil pedazos, tal era la sensación que aquel encuentro provocaba en mi ser, pues con cada embestida del poder del dragón, mi miedo natural crecia y me alimentaba y con cada crecida, de nuevo el aura de la bestia me golpeaba y derribaba, incluso para la fuerza mental de un Lord, aquella interminable marea terminaba siendo insoportable, la energía del mundo se convulsionaba haciendo eco en la energia que me conformaba, era como estar atrapado en medio de dos enormes remolinos que tratar de arrancar cada uno la parte del cuerpo que habian reclamado como suya.

Aquello fue lo último que supe de todo, mi mente por fin se rindió y terminé por desmayarme; al despertar, mis espadas se encontraban el suelo, mi caballo me golpeaba con el hocico para despertarme y todos los demás habían desaparecido, no sabía nada de lo que había ocurrido con ellos, pues no había huellas de combate, sangre, ropa o cualquier otro signo que me diera algún motivo para creer que no me hubiera desmayado justo al caer y que solo yo hubiera caído en aquel lugar, solo el hecho de que en mi cuerpo si se encontraban las marcas del combate.

Monte de una vez y decidí no hacerme más preguntas, la luz se veía a lo lejos y la salida ya se encontraba cerca; incluso al llegar al exterior, observe en rededor tratando de encontrar evidencia de los que me habían acompañado, pero nada me indicaba que hubieran pasado por ahí; desconcertado y cansado espolee a mi caballo para que avanzara, de nuevo las estepas eran mías y el conclave del ébano empezaría pronto, aun tenía que asegurarme de que todo estuviera en su sitio para la llegada del nuevo miembro, así que no espera más y me dirigí a mi destino.
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Águeda

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MensajeTema: Re: Un Mundo Bajo Las Grandes Estepas   Jue Abr 14, 2011 5:27 pm

Reemprendieron el camino, por fin, la idea de ver la superficie renovaba sus fuerzas. La caminata resultaba tranquila, silenciosa pero a ella eso le resultaba de lo más ameno. Pronto saldrían de allí y todo lo ocurrido no sería más que una mala pesadilla.

Águeda acariciaba la hoja de la espada pensando en que por lo menos sus extravagantes compañeros le habían enseñado algunas cosas. Zan se quejaba del silencio (rompiéndolo) e intentaba que los demás sacasen conversación, parecía que el silencio le incomodara, tan pequeño y nervioso debía de estar aburrido. La chica sonrió al pequeño silfo pero sin mediar palabra ya que ella si se encontraba a gusto pero había algo que no terminaba de ir bien. Todo debía de estar en orden, ya lo habían recogido todo, sus pertenencias estaban en su bolso… ¿por qué sentía punzadas en el estómago? Algo definitivamente iba mal, Zan también lo había notado, la chica se giró en la misma dirección que el silfo mientras un gruñido gutural inundaba la cueva y de pronto lo vio, una mole de huesos iba directamente hacia ella. Se encogió instintivamente esperando dolor pero en vez de eso, sintió que iba a toda velocidad. Abrió lentamente los ojos y se encontró sentada en la montura de Suspiro, a salvo… definitivamente se había convertido en la damisela en apuros del grupo. Se notó una explosión, a pesar de la velocidad la onda expansiva les alcanzó llenando el ambiente de un aurea lúgubre.

Suspiro la dejó a salvo y volvió de nuevo a la zona donde habían acampado para atacar al fantasma, monstruo o lo que diablos fuera esa cosa. Un sentimiento de depresión inundaba a la joven pero aún así miró sus manos que sostenían la espada y comprendió que quizás por una vez podría ayudarles. Miro a Zan y después salió corriendo tras la “estela” de Suspiro .

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Bruce
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MensajeTema: Re: Un Mundo Bajo Las Grandes Estepas   Jue Abr 14, 2011 5:32 pm

Cierro este tema, ya está calificado.
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